Otra
vez la píldora
Max
Silva Abbott
msilva@ucsc.cl
El
autor es Doctor en Derecho y Profesor de Filosofía del Derecho en
Universidad
Católica de la Ssma. Concepción en Chile
Nuevamente
la píldora del día después está levantando polémica.
En
realidad, el problema de la píldora es un buen reflejo de nuestro
tiempo, que aboga por una libertad individual sin límites, que es capaz
de pasar sobre los demás sin consideraciones de ninguna especie.
En
efecto, al menos existen fundadas sospechas de su eventual carácter
abortivo, puesto que uno de sus posibles efectos es impedir la anidación
del embrión en el útero, lo que ocurre alrededor de una semana después
de la concepción. Dicho carácter abortivo no se debe a un defecto de
esta sustancia, sino que depende solamente del momento en que sea
ingerida.
Mas
como esta evidencia viene a ser una limitación a este afán de libertad
sin límite que impera hoy, la solución es negar la realidad y cambiar
el sentido de los términos. De esta manera, o se dice que el producto
de la concepción no es un ser humano, o que el embarazo –o incluso la
vida– no comienza con la concepción, sino con la anidación.
Así,
en el primer evento se introduce una condición que diferencia entre
personas y no personas, en este caso, su desarrollo intrauterino, con lo
cual se rompe la esencial igualdad del género humano. En el segundo, se
va contra el más elemental sentido común, pues es en la concepción
donde se completa la información genética de ese nuevo ser humano y
además, ella es indispensable para que se produzca la anidación.
Así,
se manipulan los argumentos para obtener el fin deseado a como dé
lugar. Sin embargo, aunque resulte impopular, esta actitud (igual como
ocurre con el aborto) atenta directamente contra el derecho a la vida,
el primero de los derechos humanos.
Claro,
para salvar este molesto escollo se niega la realidad, según se ha
visto. Pero, ¿son realmente derechos humanos aquellos que pueden ser
negados a sus titulares en caso de que estorben las ansias de libertad y
poder de algunos que pretenden pasar sobre ellos? ¿Puede depender su
acatamiento sólo de quien está obligado a respetarlos?
¿Qué
es una situación molesta? Precisamente los derechos humanos surgieron
para estos casos: cuando el poderoso quiere y puede de facto destruir al
débil. Es aquí donde se prueba realmente quién cree verdaderamente en
estos derechos, que deben ser respetados siempre, aunque nos moleste o
no nos convenga. En caso contrario, no son verdaderamente derechos
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