Palabras dirigidas a Jesús 

¡Oh Jesús mío y amor mío, qué irme esperanza me infunde vuestra Pasión! ¿Cómo puedo temer no alcanzar el perdón de mis pecados. el paraíso y todas las gracias, que me son necesarias, si considero que sois el Dios omnipotente que dio por mí su sangre? (San Alfonso Mª de Ligorio) 

Estamos, Señor, gustosamente en tu mano llagada. ¡Apriétanos fuerte!, ¡estrújanos!, ¡que perdamos toda la miseria terrena! ¡que nos purifiquemos, que nos encendamos, que nos sintamos empapados en tu Sangre! - Y luego, ¡lánzanos lejos!, lejos. con hambres de mies, a una siembra cada día más fecunda, por Amor a Ti. (Forja, n. 5) 

Veo tu Cruz, Jesús mío, y gozo de tu gracia, porque el premio de tu Calvario ha sido para nosotros el Espíritu Santo... Y te me das, cada día. amoroso -¡loco!- en la Hostia Santísima... Y me has hecho ¡hijo de Dios!. y me has dado a tu Madre. No me basta el hacimiento de gracias, se me va el pensamiento: Señor, Señor, ¡tantas almas lejos de Ti! (Forja, n. 27) 

Señor, que desde ahora sea otro: que no sea "yo", sino "aquél" que Tú deseas. Que no te niegue nada de lo que me pidas. Que sepa orar. Que sepa sufrir. Que nada me preocupe, fuera de tu gloria. Que sienta tu presencia de continuo. Que ame al Padre. Que te desee a Ti, mi Jesús. en una permanente Comunión. Que el Espíritu Santo me encienda. (Forja, n. 122) 

¡Señor, sólo quiero servirte! ¡Sólo quiero cumplir mis deberes, y amarte con alma enamorada! Hazme sentir tu paso firme a mi lado. Sé Tú mi único apoyo. (Forja, n. 449) 

Jesús, si en mí hay algo que te desagrada, dímelo, para que lo arranquemos. (Forja, n. 108) 

Todo lo espero de Ti, Jesús mío: ¡conviérteme! (Forja, n. 170) 

¿Qué te he hecho, Jesús, para que así me quieras? Ofenderte... y amarte. - Amarte: a esto va a reducirse mi vida. (Forja, n. 202) 

¡Jesús, hasta la locura y el heroísmo! Con tu gracia, Señor, aunque me sea preciso morir por Ti. ya no te abandonaré. (Forja, n. 210) 

Señor, mira que estoy enfermo; Señor, Tú, que por amor has muerto en la Cruz por mí, ven a curarme. (Forja, n.213) 

Jesús, si alguna vez se insinúa en mi alma la duda entre lo que Tú me pides o seguir otras ambiciones nobles, te digo desde ahora que prefiero tu camino, cueste lo que cueste. ¡No me dejes! (Forja, n. 292) 

Jesús, sabiendo que te quiero y que me quieres. lo demás nada me importa: todo va bien. (Forja, n. 335) 

¡Oh, Jesús! Si, siendo como he sido -pobre de mí- has hecho lo que has hecho... Si yo correspondiera, ¿qué harías? (Forja, n. 388) 

Jesús, que en tu Iglesia Santa perseveren todos en el camino, siguiendo su vocación cristiana, como los Magos siguieron la estrella: despreciando los consejos de Herodes..., que no les faltarán. (Forja, n. 366) 

Jesús mío, quiero corresponder a tu Amor, pero soy flojo. ¡Con tu gracia, sabré! (Forja. n. 383) 

Si he de hacer algo de provecho, Jesús, has de hacerlo Tú por mí. Que se cumpla tu Voluntad: la amo, ¡aunque tu Voluntad permita que yo esté siempre como ahora, penosamente cayendo, y Tú levantándome! (Forja, n. 390) 

Jesús, en tus brazos confiadamente me pongo, escondida mi cabeza en tu pecho amoroso, pegado mi corazón a tu Corazón: quiero, en todo, lo que Tú quieras. (Forja, n. 529) 

Señor, que nos haces participar del milagro de la Eucaristía: te pedimos que no te escondas, que vivas con nosotros, que te veamos, que te toquemos, que te sintamos, que queramos estar siempre junto a Ti, que seas el Rey de nuestras vidas y de nuestros trabajos. (Forja. n.542) 

Señor mío Jesús: haz que sienta, que secunde de tal modo tu gracia, que vacíe mi corazón..., para que lo llenes Tú, mi Amigo, mi Hermano, mi Rey, mi Dios, ¡mi Amor! (Forja. n. 913) 

Jesús: que mis distracciones sean distracciones al revés: en lugar de acordarme del mundo, cuando trate Contigo, que me acuerde de Ti, al tratar las cosas del mundo. (Forja, n. 1014) 

"Obras son amores y no buenas razones". ¡Obras, obras! -Propósito: seguiré diciéndote muchas veces que te amo- ¡cuántas te lo he repetido hoy!- pero, con tu gracia, será sobre todo mi conducta, serán las pequeñeces de cada día -con elocuencia muda- las que clamen delante de Ti, mostrándote mi Amor. (Forja, n. 497) 

Señor, espero en Ti; te adoro, te amo, auméntame la fe. Sé el apoyo de mi debilidad, Tú, que te has quedado en la Eucaristía, inerme, para remediar la flaqueza de las criaturas. (Forja, n. 832)

Palabras dirigidas al Espíritu Santo 
Repite de todo corazón y siempre con más amor. más aún cuando estés cerca del Sagrario o tengas al Señor dentro de tu pecho: -que no te rehúya, que el fuego de tu Espíritu me llene. (Forja, n. 515) 

Divino Huésped, Maestro, Luz, Guía, Amor: que sepa agasajarte, y escuchar tus lecciones, y encenderme, y seguirte y amarte. (Forja. n. 430) 

Espíritu Santo. Amor del Padre y del Hijo, inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, lo que debo escribir, cómo debo actuar, lo que debo hacer para procurar tu gloria, el bien de las almas y mi propia santificación. (Cardenal Vredier) 

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad... He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después... mañana. Nunc coepi! ¡Ahora! no vaya a ser que el mañana me falte. (San Josemaría Escrivá) 

Ven, Espíritu Santo. llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. (San Josemaría Escrivá) 

Espíritu de amor, creador y santificador de las almas, cuya primera obra es transformarnos hasta asemejarnos a Jesús, ayúdame a parecerme a Jesús, a pensar como Jesús, a hablar como Jesús, a amar como Jesús, a sufrir como Jesús, a actuar en todo como Jesús. (A. Riaud) 

Espíritu Santo, quiero hacerme dócil a tu enseñanza y vivir fiel a los más pequeños toques de tus inspiraciones divinas. Sé mi luz y mi fuerza. Tú que hablas en silencio del alma, dame el espíritu de recogimiento. Tú que desciendes a las almas humildes. dame espíritu de humildad. enséñame a vivir de tu amor y enséñame a repartir amor a mi alrededor. (A. Riaud) 

¡Envía, Señor, tu Espíritu y renueva la faz de la tierra! Lo pedimos junto a María, junto a la que ha concebido por obra del Espíritu Santo y que -Esposa y Madre de Dios- es la esperanza del hombre y del mundo. Renueva la faz de la tierra. Esta tierra que sólo se puede renovar desde el hombre, en sus corazones, en las conciencias de los hombres. (Juan Pablo II, 26-V-1985) 

¡Ven Espíritu Santo, y envíanos desde el cielo un rayo de tu luz! La Iglesia espera tu ayuda. Ven, haz que ella no se pierda por los caminos del mundo, sino que, apoyada por el calor de tu luz, camine segura hacia el Esposo, por el que suspira con todo el Ímpetu de su corazón. ¡Ven Espíritu divino! (Juan Pablo II. 30-V-1979) 

¡Espíritu de verdad. cumple en nosotros la misión para la cual el Hijo te ha mandado! Llena de Ti todo corazón y suscita en muchos jóvenes el anhelo de lo que es auténticamente grande y hermoso en la vida: el deseo de santidad y la pasión por la salvación de las almas. Haz nuestros corazones completamente libres y puros, y ayúdanos a vivir con plenitud el seguimiento de Cristo, para gustar como tu último don. del gozo que no tendrá jamás fin. (Juan Pablo II, 4-II-1990)