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Palabras dirigidas a María Señora, Madre nuestra, el Señor ha querido que fueras tú, con tus manos, quien cuidara a Dios: ¡enséñame -enséñanos a todos- a tratar a tu Hijo! (Forja , n. 84) Madre mía. Refugio de pecadores, ruega por mí; que nunca más entorpezca la obra de Dios en mi alma. (Forja, n. 178) ¡Madre mía! Las madres de la tierra miran con mayor predilección al hijo más débil, al más enfermo, al más corto. al pobre lisiado... -¡Señora!. yo sé que tú eres más Madre que todas las madres juntas... -Y, como yo soy tu hijo... Y, como yo soy débil, y enfermo... y lisiado... y feo... (Forja, n. 234) No me dejes. ¡Madre!: haz que busque a tu Hijo; haz que encuentre a tu Hijo: haz que ame a tu Hijo... ¡con todo mi ser! -Acuérdate, Señora, acuérdate. (Forja, n. 157) Madre, Vida, Esperanza mía, condúceme con tu mano... y si algo hay ahora en mí que desagrada a mi Padre-Dios, concédeme que lo vea y que, entre los dos, lo arranquemos. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen Santa María!, ruega por mí, para que, cumpliendo la amabilísima Voluntad de tu Hijo, sea digno de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesús. (Forja, n. 161 ) Virgen María. Madre de la, Iglesia, tú, que por tu mismo divino Hijo, en el momento de su muerte redentora, fuiste presentada como Madre al discípulo predilecto, acuérdate del pueblo cristiano que en ti confía. Acuérdate de todos tus hijos y apoya sus peticiones ante Dios: conserva sólida su fe, fortifica su esperanza y aumenta su caridad. Acuérdate de aquellos que viven en la tribulación, en las necesidades. en los peligros, especialmente de aquellos que sufren persecución (...) Templo de la luz sin sombra y sin mancha, intercede ante tu Hijo Unigénito, para que sea misericordioso con nuestras faltas y aleje de nosotros la desgana, dando a nuestros ánimos la alegría de amar. Finalmente encomendamos a tu Corazón Inmaculado todo el género humano: condúcelo al conocimiento del único y verdadero Salvador, Cristo Jesús: aleja de él el flagelo del pecado y concede a todo el mundo la paz verdadera, en la justicia., en libertad y en el amor. (Pablo VI, discurso pronunciado durante el Concilio Vaticano II. 21-XI-1964)
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