El
Papa Pacelli, cómplice silencioso
Fernando
Magallanes | jem@arcol.org
Dentro
de los importantes aniversarios celebrados este año 2009, se encuentra
el triste inicio del segundo conflicto bélico mundial, el 1 de
septiembre de 1939. Una guerra que cobró cerca de 56 millones de vidas
humanas, de la cuales 6 millones que eran hebreos, fueron exterminadas
por la ideología nazi.
Actualmente
se siguen escuchando voces que culpan a Pío XII, el pontífice católico
de aquella época, de no sólo mostrarse indiferente ante la masacre
mundial, sino de convertirse en cómplice silencioso del exterminio judío
orquestado por el Tercer Reich. ¿Verdaderamente el papa Pacelli
transigió con la terrible matanza de hebreos de nuestro siglo? El libro
“Pío XII. El Papa que se opuso a Hitler” del historiador alemán
Michael Hasemann, propone clarificarlo.
Desde
sus inicios Eugenio Pacelli, nuncio papal en Alemania, se mostró
adverso al partido de Hitler como se demuestra en sus informes enviados
a la Santa Sede. Desde entonces defendió, contrariamente a lo
difundido, al pueblo judío. Hizo que se condenaran las leyes
antisemitas de Polonia, pidió al gobierno alemán que intercediera por
los judíos del Imperio Otomano y ayudó en la consecución de una
patria judía en Palestina.
Colaboró
junto a obispos alemanes en la elaboración de la encíclica Mit
brennender Sorge (“Con gran preocupación”) de 1937, que
condenaba la ideología racista y pagana de la Alemania nazi. Incluso,
como Secretario de Estado de Pío XI se negó a recibir en audiencia a
Hermann Göring, enviado del gobierno “ario” para reivindicar la
condena pública sobre el nazismo por parte de la jerarquía de su país.
Pío
XII trabajó amparado por el silencio. Su objetivo era salvar al mayor número
posible de personas. Un ataque público contra el estado nazi hubiera
aumentado el sufrimiento y la matanza innecesaria de seres humanos.
Robert Kempner, magistrado judío de origen alemán, que tomó parte
importante en el juicio de Nüremberg, declaró: “Cualquier postura
propagandística de la Iglesia contra el gobierno de Hitler no solamente
habría sido un suicidio premeditado, sino que habría acelerado el
asesinato de un número mucho mayor de judíos y sacerdotes”
(Entrevista a Paolo Mieli, historiador y director del diario italiano Corriere
della Sera en L´ Osservatore Romano, edición en lengua española,
17 de octubre de 2008, p. 11).
Gracias
a su pericia diplomática adquirió visados argentinos, brasileños y
dominicanos para prófugos judíos. Es un hecho que judíos romanos
fueron acogidos en Castelgandolfo, palacio pontificio de verano y en los
aposentos papales y que en toda Italia se suspendió la clausura de los
monasterios y conventos para acoger a miembros del pueblo hebreo.
Después
de la guerra, el papa Pacelli fue homenajeado por una serie de
personajes famosos. Basta citar a Chaim Weizmann, primer presidente de
Israel, a Moshe Scharett, segundo presidente del estado hebreo,
Leon Kubowitzky, secretario general del Congreso judío mundial en 1945.
Albert Einstein ya en 1940, escribía en Time: “Sólo la
Iglesia católica se ha atrevido a oponerse a la campaña de Hitler de
suprimir la verdad […] ahora siento un gran afecto y admiración
porque sólo la Iglesia a tenido la valentía y la fuerza constante de
estar de parte de la verdad intelectual y de la libertad moral”. Al
frente de esta Iglesia estaba Pío XII.
La
imagen del papa Pacelli como cómplice silencioso de los nazis se originó
tras la campaña difamatoria pedida por Krushev y llevada a cabo por la
KGB. Esta información la ha revelado el teniente general de los
servicios secretos de Rumanía, Ion Mihail Pacepa, disidente del
comunismo y acogido por Estados Unidos. El fin era desacreditar la
autoridad vaticana en Europa occidental, mostrándola como un bastión
del nazismo. Agentes rumanos enviados a los Archivo Vaticano
fotografiaron documentos pontificios que luego se manipularon, dando
origen a documentación falsa. Sobre estos se inspira la difamadora obra
“El Vicario” (Der Stellevertreter) del joven comunista Rolf
Hochhuth, drama representado en 1963 en la República Federal de
Alemania que alcanzó gran éxito internacional.
Desde
entonces, la prensa pública ha difundido la complicidad y asentimiento
implícito a los nazis, incluso la actuación antisemita de un Pío XII
inexistente. Y son pocos los que tienen interés en acceder a los
documentos históricos del Vaticano, abierto a todos, para corroborar la
historia.
Gary
Krupp, judío estadounidense, fundador y presidente Pave the
way Fondation, fundación de carácter interconfesional ha propuesto
dar el reconocimiento de “Justo entre las naciones” a Pío XII, en
consonancia con la verdad de los hechos. Declaró que “es el momento
de reconocer a Pío XII por lo que hizo, no por lo que dijo”. También
ha dicho: “En interés de justicia, los judíos debemos ser
conscientes de los esfuerzos de un hombre, en un período en que nos había
abandonado el resto del mundo”.
Las
nuevas investigaciones van clarificando los hechos. Tal vez con la
apertura archivos de la KGB, dice Hasemann citando a Pacepa, “salga a
la luz todo el procedimiento con el que los comunistas lograron
descreditar” a Eugenio Pacelli. Porque es la hora de hacer justicia a
“uno de los papas más importantes del siglo XX”.
*Gran
parte de la información fue tomada de la agencia de noticias Zenit,
(16.09.09 y 01.10.09); de los artículos del Piero Gheddo del 25 y 26 de
noviembre de 2009 y de los extractos del Card. Tarsicio Bertone en un
congreso sobre Pío XII en la Universidad Gregoriana el 6 de noviembre
de 2008 publicados en la misma agencia.
|