PARA ENTENDER UN POCO LA TRINIDAD DE DIOS


  Comprender el misterio de Dios nos sobrepasa. Es como intentar ver de frente al sol: la intensidad de la luz quemaría nuestras débiles retinas. Sin embargo, después de lo que nos reveló Jesucristo, podemos vislumbrar bastante. Ahora sabemos que Dios no es un ser solitario, sino un ser trinitario: tres personas distintas que viven en perfecta comunión de amor. El Papa Benedicto XVI escogió como título de su primera encíclica unas sencillas palabras de la Biblia que expresan ese misterio: Dios es amor.
  Y esto sí que lo entendemos. Juan Pablo II se refirió en varias ocasiones al amor conyugal como reflejo del amor trinitario de Dios. En efecto, el hombre y la mujer han sido creados a imagen y semejanza de Dios, y están llamados a realizar una comunión de personas indisoluble y fecunda: precisamente el fruto del amor matrimonial es una tercera persona.
   Se trata de una analogía. Es decir, de un ejemplo que sirve en parte, y en parte no sirve, porque Dios trasciende todas las comparaciones que podamos imaginar. Pero no cabe duda de que es analogía muy hermosa que nos ayuda a atisbar un cierto conocimiento de la vida íntima de Dios... y también del matrimonio.