El
periodista
Dr.
Jorge Lobo Aragón
jorgeloboaragon@hotmail.com
Se
concibe el periodismo sólo como la posibilidad de poner por escrito la
curiosidad por la vida. Allí, en las aulas, y en el camino de la vida
recién se entiende lo que es el periodista; una vocación que empalmaba
muy bien con el temperamento y afanes, porque sin duda alguna al
periodista le mueve una pulsión batalladora, de lucha, de escrutinio,
de cuestionamiento de por qué las cosas son así y no de otra manera.
El
periodismo es una actividad vital, que necesita de energía y valentía,
porque es búsqueda de lo que está desordenado, oscuro, oculto.
Organiza la realidad para que otros la entiendan, saca a la luz lo que
otros quieren que quede velado, celebra también la vida y sus logros,
aunque de esto se ocupen ya muy pocos. Esta tarea no es fácil, sobre
todo en nuestro país donde la miseria humana ha ganado tanto espacio en
todas las instancias.
El
periodista tiene un compromiso con la sociedad. Cuando se olvida de ella
y se adosa a otros intereses se corrompe. Asumir este reto no es fácil
para un periodista al que le bordean otros imperativos, no sólo de su
propia actividad (la estresante rapidez de la publicación, la escasez
de tiempo y recursos para investigar, entre otros) sino anexos a ella,
como ganarle a la competencia o tener el mejor rating o ventas, ventajas
que al periodista le darán crédito o prestigio como buen profesional
que sabe su oficio. A ello se suma para el desánimo: los sueldos a ras
de suelo y las inacabables jornadas de trabajo.
A
pesar de todo lo dicho, en nuestro país y en estos momentos, el
periodismo es una de las actividades profesionales más apreciadas por
cualesquiera. La razón es muy simple, el periodismo es distinguido con
una importante credibilidad ante los públicos, y la sociedad toda.
También
debemos entender que como el que suscribe esta nota hay muchos
"improvisados" que están en los medios de comunicación
fungiendo de periodistas: sociólogos, psicólogos, economistas,
abogados, ingenieros; profesionales -y caras bonitas- que tendrán su
valor pero que sólo intuyen lo que es el periodismo, razón por la cual
lo que para un periodista es claro, se vuelve borroso y difuso para
ellos.
Pero
lo triste y deleznable, son aquellos que reducen la actividad periodística
a una mecánica de mercadeo: la información es un producto de oferta y
demanda. Que vende lo espectacular, lo morboso, lo escandaloso, pues eso
se oferta.
Otra
razón de inestabilidad se produce a veces dentro de las propias
empresas de medios, de parte de directivos, que dirigen no sólo el
estado de cuentas de la empresa, sino que acartonan la información y la
opinión de los periodistas, y solamente se sostienen por intereses políticos,
económicos, de clase, y otros, que son los cernideros de todo lo que el
periodista lleva a la sala de redacción.
Y,
finalmente, está la actitud de algunos periodistas poco combativos para
luchar por la verdad fáctica, que es conocimiento. Aquellos
conformistas que sólo se convierten en meros vehículos de lleva y
trae, sin que se mojen en un compromiso por esclarecer las situaciones,
los grandes problemas, sobre las que el lector está desorientado.
El
buen periodista es acucioso en la investigación de las fuentes, que son
las que muchas veces le dan cebo de culebra para desorientarle y
manejarle a su antojo. Sólo el conocimiento de la vida y el hombre nos
vuelve zahoríes, a no ser que la necedad haya nacido con nosotros. Pero
el periodista, sobre todo, será honesto con respecto a su propia
percepción de la realidad. Él, que la vive y la palpa.
Son
periodistas, el caldero de la profesión, otros, como el que escribe,
tratando de mostrar su experiencia de vida y profesional, pero todos,
creo yo, con la misma vocación para que la realidad se torne en
mensajes útiles que le sirvan al ciudadano para mantenerse enterado de
lo que le rodea, sobre todo de aquello que le incumbe para saber decidir
en torno a su vida y a su comunidad.
Gracias
señor periodista, por todo los que nos dan, y más que nada para
aquellos que viven esa pasión inquietante por quitar los velos que
ponen todos aquellos que maquiavélicamente nos quieren ocultar o
disfrazar lo que es de nuestro interés
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