MIME-Version: 1.0 Content-Location: file:///C:/AA4342CE/Poderdelaoracion.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii" Poder de la oración

Poder de la oración

La oración era entonces, como hoy, la única ar= ma, el medio más poderoso para vencer en las batallas de la lucha interi= or: ¿ hay entre vosotros alguno que est&a= acute; triste? Que se recoja en oración (Sant 5, 13). Y San Pablo resum= e: orad sin interrupción (I Tes 5, 17), no os canséis nunca de implorar (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 242).<= /o:p>

Orad, orad, orad; la oración es la llave de los tesor= os de  Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda lucha por el bien y contra el mal. ¿Qué no puede la oración, adoran= do, propiciando, suplicando, dando gracias? (Pio XII, Aloc. 4-9-1940).

Elías, después de estar cerrado el cielo a los impíos durante  tres años y tres meses, lo abrió = de nuevo con su palabra divina; y esto mismo hace siempre el que con su oración obtiene para el alma la lluvia antes denegada a los hombres = por sus pecados (ORÍGENES, Trat. sobre la oración, 14).

Con la oración todo lo podéis, sois dueñ= ;os, por decirlo asi, del querer de Dios (SANTO CURA DE ARS, Sermón so= bre la perseverancia)

Cuando hablamos con Dios en la oración el Hijo está unido a nosotros, y cuando ruega el cuerpo del Hijo lo hace uni= do a su cabeza; de este modo, el único Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tie= mpo es a El a quien dirigimos nuestra oración.
Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nues= tra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios. (SAN AGUSTÍN, C= oment. sobre el Salmo 85).

Los grandes prodigios que Samuel realizó, según las Escrituras, mediante la oración, los pueden realizar tambi&eacut= e;n ahora cualquiera de los que están verdaderamente dedicados a Dios (ORÍGENES, Trat. sobre la oración, 13).

Sin la oración de Esteban, la Iglesia no tendr&i= acute;a a Pablo (SAN AGUSTÍN, Sermón 382). <= /p>

No nos extrañe, pues, que el demonio haga todo lo pos= ible para movernos a dejar la oración o a practicarla más, pues sa= be mejor que nosotros cuán temible sea ella al infierno y cómo es imposible que Dios pueda denegarnos lo que le pedimos al orar. ¡Cuántos pecadores saldrían del pecado, si acertasen a recurrir a la oración! (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).