Sin duda la "fidelidad" a la que hacía
referencia significa el hecho de que la gente asista asiduamente a
la proyección de películas previo pago de su localidad.
Pero hay muchos otros casos menos burdos de mal uso de
esta palabra, y tanto más peligrosos, por cuanto no afinar
el significado de los términos del lenguaje lleva consigo un
desajuste en el pensamiento. "El diabético debe ser
fiel a la insulina" quiere decir que ha de inyectarse
la dosis adecuada en el momento preciso, o, lo que es lo mismo, que
el mantenimiento de su bienestar físico depende de ese medicamento.
Pero no significa que el diabético ame la insulina, sino
sencillamente que la necesita para compensar un desequilibrio.
Se da el caso de quienes miden y avalan su fidelidad a
una persona o a una causa por sus muchos años de
permanencia inquebrantable, o incluso, si se quiere, de entrega y de
trabajo. Y sin embargo, en no pocos casos, eso no significa que amen
de verdad a esa persona, a esa patria, a esa causa;
sencillamente se aferran a ella como el enfermo a su medicina,
porque por sí solos no tienen energía para ser personas maduras y
autónomas.
Desde que se casó, hace ya muchos años, jamás tuvo relación con
otra persona, y sólo por eso ya se considera un modelo de
fidelidad; “toda la vida” ha sido de un partido
político y, aunque no sea bueno para el país o la ciudad, lo
seguirá votando por fidelidad; o se opondrá a cualquier cambio o
adecuación a los nuevos tiempos, por fidelidad, aunque ya no tenga
sentido…
En realidad esa persona está comprando, con su mal
entendida entrega, el poderse sentir cómodo y seguro
–con el cónyuge, el partido y hasta la religión–, como el que
paga con su dinero la entrada de cine o el medicamento en la
farmacia. Y el precio no es nunca caro si el beneficio que se
obtiene es mayor. Pero seamos sinceros, ni eso es fidelidad ni eso
es amor. Es puro egoísmo y terquedad. Defiende a su partido político
no porque pueda ser fecundo sino porque es “suyo”; no piensa en
el bien de la sociedad, sino en mantener inalterada su postura. Tal
vez nunca ha pensado seriamente en hacer feliz a su esposo o a su
mujer, pero se ha organizado la vida con esa persona y eso le
resulta ventajoso.
Nos es extraño, en consecuencia, que la fidelidad esté
tan devaluada en la actualidad; no es raro que las parejas
se rompan con tanta facilidad ni que los amigos no sean a menudo más
que compañeros coyunturales. Fidelidad entendida como mero
permanecer, puro aguante, y amor exclusivamente como estímulo de
los sentidos, "química" como se llama actualmente,
carecen totalmente de valor.
Por el contrario, cuando una persona se sitúa generosamente ante
una realidad personal que también se ofrece a ella, ninguna
de las dos pierde su propia identidad; guardan la distancia
precisa de respeto, no intentan adaptar al otro al propio gusto o
conveniencia, sino que lo aceptan como es, con sus virtudes y
limitaciones, pero ayudándolo a mejorar en todos los aspectos. Porque
el auténtico amor supone siempre una entrega desinteresada para el
bien del amado.
En ese clima de generosidad y de intimidad confiada,
surge la promesa de amor que, en sí misma, pide fidelidad.
Mantener un compromiso como el dique mantiene las aguas puede
medirse en tiempo, pues es pura resistencia; pero la fidelidad
rectamente entendida se sitúa en el nivel del verdadero amor, donde
el tiempo ya no es una simple sucesión de segundos porque cada
instante se llena de sentido. La unión íntima entre personas no
queda hecha de una vez para siempre, sino que se va creando a cada
instante de la vida.
"Seré siempre fiel" quiere decir que,
cuando cambien las circunstancias en que realizo la promesa, cuando
esa "química" no sea ya tan estimulante y las
gratificaciones inmediatas estén prácticamente agotadas, seguiré
creando aquel encuentro, aquel ámbito de colaboración entre tú y
yo. "Seré siempre fiel" quiere decir
que, porque te amo de verdad, te quiero libre y autónomo.
"Seré siempre fiel" quiere decir que sobrevuelo
el tiempo y el espacio con soberanía de espíritu, que no hay
pasado ni futuro porque cada instante es todo en plenitud, porque el
vínculo de unión que voy creando contigo y que un día te prometí
va evolucionando y creciendo conmigo. El profesor López Quintás
suele decir que “ser fiel supone cumplir a cada instante
de la vida lo que se prometió en un instante de la vida”.
Quien es capaz de erguirse sobre sí mismo, tener señorío
sobre sus propias pasiones y su egoísmo, elevarse al nivel
del auténtico amor y ser fiel a sus promesas, alcanza la cota máxima
de dignidad como persona.
Si llegamos a comprender, a experimentar así la fidelidad,
entenderemos bien las hermosas palabras del filósofo francés
Gabriel Marcel: "Decir a alguien te amo es decirle tú
no morirás nunca".
por María Ángeles Almacella