Por
qué se fomenta la experimentación con células madre embrionarias
Agustín
Losada | bioeticahoy.com.es En
España, la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida y la de
Investigación Biomédica autorizan que los embriones sobrantes puedan
usarse para investigación. También está autorizada la clonación
humana con fines terapéuticos. La Comisión Nacional de Reproducción
Asistida ha autorizado ya varios casos de selección preimplantacional
de embriones, con el fin de descartar a los enfermos o no-compatibles
con un hermano enfermo para el que servirá de donante. No
hay, sin embargo, ningún ensayo clínico autorizado en nuestro país
con embriones humanos sobrantes de fecundación in vitro o clonados,
debido a los estrictos controles de seguridad que se exigen, y que las células
embrionarias humanas no logran alcanzar. Resulta
difícil comprender la fijación de algunos, como el ex ministro de
Sanidad Bernat Soria, por fomentar la investigación con embriones, que
está siendo abandonada en todo el mundo como herramienta para la
terapia celular, a favor de las células madre adultas. Además del
problema ético que plantea destruir seres humanos, las células
embrionarias, al dividirse sin el control del útero materno, no frenan
su desarrollo, sino que se multiplican rápidamente, porque son intrínsecamente
carcinogenéticas y difíciles de instruir para producir únicamente un
tipo de célula. Aunque pudieran curar inicialmente el órgano dañado,
terminarían causando un tumor. Este problema no lo plantean las células
adultas, mucho más fáciles de utilizar y dirigir. En
todo el mundo hay en desarrollo sólo seis estudios con células
embrionarias, en EUA e Israel, todos no iniciados excepto uno, que acaba
de conseguir la aprobación de la FDA para iniciar el ensayo clínico,
cuyo objetivo de confirmar que la terapia no es peligrosa. Por contra,
de los 3.045 ensayos clínicos con células adultas o inducidas
–adultas devueltas a su estado «embrionario»– que hay en el mundo,
76 de ellos están ya en fase IV avanzada de ensayo clínico. Es
evidente que la razón por la que algunos se empeñan en investigar con
embriones reside puramente en los intereses económicos. La producción
de células inducidas no sólo consigue resultados superiores a la que
prevé el uso de embriones, sino que se fundamenta en técnicas
totalmente nuevas, que escapan al control de las patentes que
actualmente explotan el uso de células madre embrionarias. Seguro
que si preguntamos a la mayoría de la gente, todos afirmarán conocer
que Obama, el liberal, autorizó a su llegada al poder la investigación
con células madre embrionarias, que Bush, el retrógrado, había
paralizado. Probablemente muchos se alegrarán de esta decisión, que
permitirá poder curar muchas enfermedades en el futuro. Sin embargo, la
realidad es algo diferente. Lo que hizo en realidad Obama al llegar al
poder fue solamente permitir la financiación pública al trabajo con células
madre derivadas de embriones humanos producidos por fecundación in
vitro, siempre que se tratase de embriones sobrantes, que hubieran sido
producidos a propósito solamente con fines reproductivos. Los
investigadores tienen que documentar que los padres habían donado
voluntariamente los embriones, sin presiones y sin influencia del
investigador interesado. Quedan excluidos de la financiación pública
los trabajos con células madre procedentes de embriones creados
exclusivamente para investigación, sea por métodos estándares de
fecundación in vitro o por transferencia nuclear. Igualmente se excluye
la financiación para las líneas derivadas de partenogénesis, una
forma de reproducción asexual por la que se obtienen embriones
directamente desde óvulos no fecundados. Ahora
acaba de saltar a la luz que el Juez Federal del Distrito de Columbia,
Royce C. Lamberth, ha paralizado, por los daños irreparables que puede
producir, este programa de financiación pública de la investigación
con células madre procedentes de embriones humanos. Según
la
resolución del juez,
“la investigación con células madre implica claramente la destrucción
de embriones humanos”, lo que es contrario a la “The Balanced Budget
Downpayment Act” (conocida como “Dickey-Wicker Amendment”),
aprobada por el Congreso de los Estados Unidos en 1996, que prohíbe
utilizar fondos federales para la destrucción de embriones humanos.
Porque, evidentemente, cuando se utiliza un embrión para investigar con
él, se le destruye, impidiendo de forma definitiva cualquier
posibilidad de desarrollo futuro. Abro
un paréntesis, para manifestar que siempre me ha resultado paradójico
que se sea tan escrupuloso con las condiciones para poder investigar con
embriones humanos. Si se fuera consecuente, la única limitación debería
ser técnica, para garantizar la seguridad en los tratamientos que se
obtuvieran a partir de esta práctica. Pero poner límites filosóficos,
y autorizar la utilización de embriones si estos son sobrantes de FIV,
a la par que se prohíbe la de embriones que hayan sido producidos a
propósito para investigar con ellos, me parece de una hipocresía
supina: Es como darle una aspirina al reo de muerte antes de darle el
tiro de gracia, o despertar al enfermo porque es la hora de tomarse la
pastilla de dormir. En mi opinión, o se está a favor de utilizar
embriones humanos o se está en contra. Y si uno es favorable, lo
debe ser con todas sus consecuencias: La misma dignidad, o ausencia de
ella, tiene un embrión producido con una finalidad que con otra. Si se
le puede manipular en un caso, debería poderse hacer en todos. Centrándonos
en el caso que nos ocupa, la situación en nuestro país es parecida a
la americana. En España la ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas
de reproducción humana asistida autoriza que los embriones sobrantes de
dichas técnicas puedan ser utilizados para investigación. Igualmente,
la ley 14/2007, de 3 de julio, de investigación biomédica, si bien en
su artículo 33.1 establece taxativamente que “se prohíbe la
constitución de preembriones y embriones humanos exclusivamente con
fines de experimentación” afirma sin embargo, en el siguiente punto
(art. 33.2) que “se permite la utilización de cualquier técnica de
obtención de células troncales humanas con fines terapéuticos o de
investigación, que no comporte la creación de un preembrión o de un
embrión exclusivamente con este fin, en los términos definidos en esta
Ley, incluida la activación de ovocitos mediante transferencia
nuclear.” Es decir, en nuestro país también se pueden utilizar
legalmente para investigación embriones humanos, si son sobrantes de
las clínicas de FIV. Y además, está autorizado, bajo condiciones
estrictas, la clonación humana con fines terapéuticos (eso, y no otra
cosa, es la activación de ovocitos mediante transferencia nuclear). La
Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida ha autorizado ya
varios casos de selección genética de embriones antes de ser
implantados, con el fin de descartar a los embriones enfermos o a los
no-compatibles con un hermano enfermo para el que el bebé seleccionado
servirá de medicina. Andalucía lidera hoy por hoy los ensayos en
laboratorio con células madre embrionarias humanas. Pero no existe aún
ningún ensayo clínico autorizado en nuestro país con base de
embriones humanos sobrantes de FIV o clonados, debido a los estrictos
controles de seguridad que se exigen, y que las células embrionarias
humanas no logran alcanzar. Resulta
difícil comprender la fijación de algunos, como el ex ministro de
Sanidad Bernat Soria, por fomentar la investigación con células madre
embrionarias, cuando éstas están siendo abandonadas en todo el mundo
como herramienta para la terapia celular, en favor de las células madre
adultas. La razón, además de los problemas éticos que plantea la
destrucción de seres humanos en estado embrionario, es que las células
embrionarias, al dividirse sin el control que les proporciona
encontrarse en el medio natural (el útero materno), no frenan su
desarrollo, sino que se multiplican rápidamente, porque son intrínsecamente
carcinogenéticas y difíciles de instruir para producir únicamente el
tipo de célula que se quiere utilizar. Y así, aunque pudieran curar
inicialmente el órgano dañado, terminarían provocando un mal peor, al
resultar ser el origen de un tumor. Este problema no lo plantean las células
madre adultas, que resultan mucho más fáciles de utilizar y dirigir. En
todo el mundo hay hoy en día tan sólo 6 estudios sobre la base de células
madre embrionarias, todos ellos aún no iniciados (excepto uno, que
acaba de conseguir la aprobación de la FDA para iniciar el ensayo clínico
en fase I, y con el único objetivo de confirmar que la terapia no es
peligrosa, por la temida proliferación de tumores), localizados en EEUU
e Israel. Por el contrario, a nivel mundial hay 3.045 ensayos clínicos
registrados sobre la base de células madre adultas o IP’s (células
similares a las embrionarias, conseguidas mediante reprogramación de células
madre adultas), 76 de ellos en fase IV de ensayo clínico. Siendo
esto así, resulta evidente que la razón por la que algunos se empeñan
en seguir investigando con embriones humanos es puramente de intereses
económicos. La producción de estas nuevas células IP’s, no sólo
consigue resultados superiores a la que prevé el uso de embriones
humanos, sino que se funda en técnicas totalmente nuevas, que escapan
al control de las patentes que actualmente explotan el uso de células
madre derivadas de embriones.
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