Por un nuevo bloque social, cultural y político: 60 tesis
Josep Miró i Ardèvol

Algo grave le sucede a un país cuando se publica sin critica -al contrario: "¡qué bien encontrado!"- un anuncio a toda página, con la discreta firma de una multinacional del deporte, Adidas, un eslogan "El valor de tener valores", que se expresa iconográficamente con dos “pebrots” (en catalán “pebrots” (pimientos) puede tener la acepción popular de testículos) grandes y redondeados pegados uno al otro, de color azul y grana. Es el símbolo elegido por el propio FC Barcelona, una de las grandes instituciones catalanas, para conmemorar el éxito de volver a ganar la Liga de fútbol. Cuando el valor de los valores son los “pebrots”, por cierto una idea incierta para referirse hoy a la psicología colectiva de los Catalanes, hay algo muy grande que no encaja.

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Sólo 0,4 de cada 10 estudiantes se sitúa en los niveles máximos de la clasificación PISA. Casi 2 de cada 10 jóvenes o adolescentes será adulto bajo alguna drogadicción legal o ilegal, que lo hará dependiente. 6 de cada 10 jóvenes de 15 a 29 años tiene problemas de salud causados por sus hábitos. Si es chico, casi 4 de 10 será un fracasado escolar, y 2 más alcanzarán la titulación sin los conocimientos mínimos. 3 de cada 10 de edades comprendidas entre los 20 y 24 años no tiene título de Bachillerato o FP. Casi 4 de 10 está en el paro. El 38,5% de las familias catalanas tienen escasa capacidad para educar a los hijos. En definitiva, 4 de cada 10 jóvenes alcanzarán la plenitud adulta en condiciones personales y de socialización bastante malas. Es un hecho histórico inédito de efectos demoledores. A pesar de su gravedad, la atención que se le otorga es fraccionada, inexistente o incluso negacionista.

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La realidad

 

1.  Los problemas de nuestro tiempo que están en la raíz de todo son la pérdida de la noción del bien y del interés por buscar la verdad.

2.  Ambos tienen dos causas relacionadas con el mismo fenómeno de desvinculación. Una religiosa, la otra filosófica.

3.  La causa religiosa es el olvido de Dios, su desprecio, su reducción a un ídolo humano. La ignorancia de la cultura religiosa es una de sus consecuencias seculares.

4.  La causa filosófica es la destrucción de nuestra tradición cultural, la ceguera de sus fuentes. Desde la extraordinaria construcción ético-filosófica de la Antigüedad grecolatina, hasta el esfuerzo desmesurado por la primacía o exclusividad de la razón, todo está dañado, tanto que si la cultura religiosa ha desaparecido de la escuela pública, las humanidades todavía lo han hecho en mayor medida, y es que entre una y otras hay una fuerte relación de fondo. La desaparición del sentido religioso no ha ido acompañado de un crecimiento de la racionalización, sino un aumento extraordinario del mundo oscuro de las supersticiones. Posiblemente MacIntyre en Tras la Virtud, haya sido quien mejor y antes (1984) ha explicado el porqué.

5.  La pérdida del sentido religioso ha sido definida como secularización. En realidad, la secularización es la manifestación en el plano religioso de un proceso mucho más amplio: la desvinculación, que ha afectado, en una medida muy variable según el país, al conjunto de la sociedad occidental, con especial intensidad en Europa, con una gran velocidad en España, de una forma demoledora en Cataluña.

6.  La cultura desvinculada se configura por la convergencia de ideas que tienen en parte un origen en el siglo XVIII, pero que eclosiona con fuerza y como cultura de masas a partir del "Mayo 68". Hay que reseguir atentamente a Taylor y sus Orígenes del Yo para ver cómo acaba configurándose esta nueva ideología cultural, que no surge de ningún propósito explícito, de ningún concepto holístico, ni siquiera de un proceso de racionalización. Es el resultado del progresivo deslizamiento, que Freud ya denunciaba en 1915: "Allí donde la comunidad se abstiene de toda desaprobación cesa también la jugulación de los impulsos perversos".

7. La desvinculación tiene la pretensión de que la realización personal plena sólo es posible por la satisfacción del deseo. Ningún compromiso o vínculo personal, íntimo, social, colectivo; ningún deber, obligación; ninguna norma, tradición, creencia filosófica, fe religiosa, puede limitarlo o negarlo. Si lo hace el vínculo, el compromiso, debe ser transformado hasta hacerlo adaptativo, débil, o de lo contrario debe ser destruido.

8. Se ha descuidado la idea de que el ser humano lo es precisamente en relación con sus vínculos, alcanzados voluntariamente o por nacimiento, que comienza en lo más elemental como es el compromiso con su corporeidad. Sin vínculos nacemos cada día, y así nos vemos forzados a un esfuerzo imposible de reconstrucción cotidiana de los horizontes de sentido, o bien, más fácil, el prescindir de todo sentido.

9. Mejor que nadie, las generaciones actuales de jóvenes y adolescentes manifiestan esta actitud, porque ellas son las primeras herederas de la sociedad desvinculada en su plenitud. Sus padres, que han vivido la intensidad del proceso, guardan aún la impronta, poca o mucha, de otra sociedad, fruto de una civilización basada en el vínculo, y que se remonta a más de dos mil años.

10. A lo largo del tiempo las sociedades han cambiado, han reordenado su jerarquía de valores, pero siempre bajo el común denominador del vínculo, no por ninguna razón ideológica, sino antropológica, natural. El humano se hace por el vínculo y en el vínculo. Desde Aristóteles lo sabemos razonadamente.

11. No conocemos otro modelo, no hay otro modelo. Del compromiso ético con la polis, el empeño cristiano, la fraternidad de la Revolución Francesa, el imperativo categórico kantiano, la concepción tradicionalista, conservadora, marxista, el personalismo comunitario, el comunitarismo. El tronco fundamental de nuestra filosofía moral y política está basado en el vínculo, porque él es expresión de la naturaleza humana.

12. La ética sin compromiso se transforma en un hacinamiento de prescripciones particulares, formuladas en función de cada circunstancia, y así termina siendo un cuerpo caótico y contradictorio de normas al servicio del poder, porque él es el que se impone cuando no hay límites objetivos forjados en la historia y la razón.

13. La vinculación es la consecuencia de las leyes que rigen las relaciones humanas, y regulan el funcionamiento de las sociedades en términos no deterministas pero sí probabilísticos.

14. La cultura desvinculada ha dado lugar a las grandes rupturas históricas que por acumulación desmenuzan personas y sociedades.

 

 

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos