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Por un nuevo bloque social, cultural y político: 60 tesis (IV):
¿qué hacer?, ¿qué podemos hacer?
Josep Miró i Ardèvol
32 La respuesta necesaria y urgente pasa por un sólo punto: el renacimiento de una sociedad vinculada. Renacimiento porque no puede ser un simple intento de recuperación del pasado, ni tampoco afrontar la anomia y la alienación sin recuperar nuestra cultura forjada a lo largo de la historia. 33 La advertencia de Charles Taylor es fruto de la evidencia: ninguna sociedad puede afrontar los problemas con los únicos recursos de su época. Este renacimiento del compromiso y del fuerte empeño, del renacimiento de los vínculos con las comunidades, tiene dos planes diferentes que mantienen vínculos de complementariedad fruto de la matriz histórica. 34 Uno es la fe religiosa, centrada en el cristianismo. 35 El otro, la dimensión cultural entendida como concepción mayoritariamente compartida del sistema de valores y virtudes. Lo que hace posible la amistad civil aristotélica, necesaria para que la polis cumpla bien con su función. 36 El Cristianismo triunfó porque dio respuesta material a las necesidades sociales de la época, al tiempo que aportaba un sentido trascendente a las desgracias y al sufrimiento humano. 37 Una parte de los creyentes ha olvidado esta segunda dimensión, la de la trascendencia, mientras que otra parte continua creyendo que la preocupación material por prójimo se limita a la solidaridad interpersonal, olvidando los causas estructurales, es decir, olvidando la política. 38 Juan Pablo II y Benedicto XVI han reiterado que para un cristiano la política es la más alta manifestación del amor. El Papa actual reclama con urgencia la incorporación de cristianos en la política, capaces de ser testigos de la fe, dotados de discernimiento cultural, espíritu de servicio, calidad profesional y absoluta honestidad. 39 ¿Por qué los cristianos pasaron de ser unos pocos miles a ser la mayoría del Imperio en menos de cuatro siglos? Fue la del compromiso personal de cada uno de ellos intensamente vivido. Abarcó todas las dimensiones de la vida de los seres humanos pero se fundamentó siempre en el testimonio y la experiencia. 40 Austeridad, sencillez. Eran como los otros, pero a la vez manifestaban matices, diferencias importantes en la vida cotidiana, su honestidad, veracidad, capacidad de donación y servicio. Capacidad también para atender a los más necesitados. 41 Pero sobre todo capacidad de crear estupor con su fe. Es el caso de los mártires, pero también de otros ejemplos de vida cotidiana. La gente no era cristiana, pero quedaba estupefacta ante el tipo de testimonio siempre pacífico que ellos daban. Era el encuentro con alguien que te acompañaba para contemplar un misterio tan grande que provoca el estupor, el paso previo necesario para la experiencia de Dios. No son la burocracia clerical, el sociologismo, los humanistas sin Cristo, los que promoverán la Evangelización. 42 El Cristianismo con su actitud y con su tarea obligó a justificar el uso que se hacía del poder. Éste deja de ser imperturbable ante el ciudadano, se empezaron a crear las condiciones para que tuviera que rendir cuentas ante sus súbditos. Y ésta es una diferencia histórica muy sustancial entre la raíz cristiana transformada en cultura, y la del Islam o la tradición china. 43 El Estado ya no puede negar la individual. Cuando el cristiano se negaba a presentar una ofrenda divina al César, sin que ello signifique restar nada a la fidelidad política, estaba diciendo que el poder imperial tenía unos límites, y que él no estaba dispuesto a que fueran sobrepasados. La erradicación de la conciencia cristiana es condición necesaria para las grandes dictaduras, por la hegemonía del pensamiento políticamente correcto. 44 Todo esto nos lleva a unas conclusiones. Lo decisivo en nuestros días, lo ha sido siempre, es el esfuerzo evangelizador, que sale a las villas y plazas a buscar a las personas y anunciarles que Jesucristo es el camino para la vida en abundancia, y lo hace con hechos que la palabra se enmarca pero no sustituye. Es la capacidad de transmitir la Buena Nueva a las otras personas y hacerlo en la vida cotidiana. El ejemplo es San Pablo. Caminó, navegó, convivió, predicó y escribió, buscando lo gentil, toda la vida, pero nunca incurrió en la tentación de confundirse con él. 45 Un cristiano es un seguidor de Cristo, el Hombre en su máxima manifestación. ¿Qué humanismo pueden generar los cristianos, cuando oculten la realidad de Cristo? Y éste es el problema de muchas escuelas católicas, que en nombre de extrañas razones, diluyen a Jesucristo en lugar de convertirlo en el centro de su actividad docente. 46 La prioridad de la Iglesia y de sus miembros es evangelizar, pero no sobre el papel, en reuniones de los convencidos. Hay que salir de las cuatro paredes de la parroquia o llevarla a vecindad. Representa que la escuela, la universidad que se declara cristiana, las organizaciones diocesanas de jóvenes adultos, del ocio, de la salud, todas las dimensiones organizadas del pueblo de Dios, actúen de manera que se hagan transparentes para mostrar el Cristo, que creen espacios para vivir la experiencia de fe, y eduquen en ella. 47 ¿Qué sentido tienen las organizaciones diocesanas que se comporten como aconfesionales? ¿Es una confusión desordenada de los roles, cuando no un uso de fruto indebido de un potencial en el servicio de causas por las que no han estado constituidas? Si toda la organización diocesana no vive en la centralidad visible de Jesucristo la apelación a la evangelización es simple retórica banal. 48 La centralidad de la evangelización está en los jóvenes. No en ellos solamente, pero sí necesariamente en ellos. Y esto no sólo para salvar el futuro, sino porque abordarla hace necesaria resolver muchas cuestiones. Enumero algunos: la pastoral familiar, la escuela cristiana, todas las organizaciones dedicadas al ocio, la capacidad eclesial, parroquial y diocesana de crear estructuras y significantes, el papel de las universidades cristianas y el de los cristianos en la universidad pública, la clase de religión, su calidad en la escuela concertada, el reintroducir y evitar su suspensión en la escuela pública. Incluso debe preocuparnos la absoluta desaparición de la asignatura alternativa de cultura religiosa no confesional en la escuela pública. 49 Y por revangelitzar es vital resolver tres problemas graves. Recuperar el respeto por la Iglesia en la vida pública; ganar en confianza ciudadana –sólo los partidos políticos, los bancos, los multinacionales y los dos sindicatos tienen una valoración igual o peor-; y normalizar la presencia cristiana en el espacio público. 50 Hasta aquí lo fundamental, lo que es decisivo para los católicos, y también los que no siéndolo creen que es mejor una sociedad donde los cristianos se esfuercen por serlo. 51 Pero, ¿y el otro ámbito de la cuestión que afecta todos? Se trata de los marcos de referencia que hay en nuestra sociedad, aquellos conjuntos de principios que voluntaria o involuntariamente utilizamos para formar el juicio, emitir opiniones, adoptar actitudes, tomar decisiones. 52 La ideología de la desvinculación ha conseguido la hegemonía cultural, consiguiendo la superioridad sobre los demás, y con la pretensión de no ser discutida. Han conseguido por medio de instrumentos de poder, las leyes, las subvenciones, y los intelectuales orgánicos, organizar el consentimiento en todos los terrenos, hasta incluso el administrativo. Han conseguido que las masas aceptaran aquellas ideas como si fueran de sentido común, incluso en contra de sus intereses. 53 Para utilizar los mismos términos de Gramsci, bastante claros a pesar de su lenguaje específico "Dentro de la superestructura, el elemento ideológico predomina sobre lo institucional". También Marx afirma en su prefacio de Contribuciones a la Crítica de la Economía Política "Los hombres adquieren conciencia del conflicto y luchan por resolverlo a través de formas ideológicas, es decir, jurídicas, políticas, religiosas, artísticas y filosóficas". Unos han comprendido bien esta evidencia, la prevalencia de la ideología y su lucha y otros han prescindido de ella. Lo que vivimos es el resultado de la hegemonía de la cultura desvinculada. 54 Esta hegemonía hace más difícil la evangelización, por una parte. Por otra, imposibilita un buen discernimiento cultural, destruye los fundamentos de las personas y de las instituciones que hacen posible una sociedad civil sólida y cohesionada no por las virtudes cívicas. 55 La desvinculación construye sociedades sin personas bien configuradas -capital humano- ni instituciones del vínculo -capital social-. En ellas la prosperidad económica sostenida es una entelequia o un estado pasajero, excepto para las minorías privilegiadas que en una u otra posición, el vértice o la base, formará parte del proceso que produce la hegemonía cultural y el consentimiento en torno a ella. 56 Hay que afrontar decididamente esta situación no como reacción, sino como alternativa, por medio de un proyecto cultural que muestra el fracaso, contradicciones y consecuencias de la cultura de la desvinculación, al tiempo propone un nuevo proyecto cultural que para ser completo debe concretarse secuencialmente en acción política. En definitiva, es necesario un combate cultural en el terreno de las ideas, y hay que darlo de acuerdo con las reglas de la táctica y estrategia de toda confrontación. 57 Para actuar hay que construir un nuevo bloque social y político, formado por los cristianos de fe y de cultura, que puedan articular todos los sectores de la población maltratados por la desvinculación. Un bloque que sabe hacer frente a las cuatro formulaciones políticas en las que hoy se asienta el bloque político de la desvinculación: la sexualidad, convertida en proyecto político, la ideología de género y su derivada del homosexualismo político, el laicismo de la exclusión religiosa, y la injusticia manifiesta del capitalismo de la especulación financiera, motor principal de la crisis y de la inestabilidad económica, y principal benefíciado de aquella ideología que promueve la enajenación. 58 Hay que entender que hay una estrecha relación objetiva, de coincidencias, llena de interés entre el capitalismo de la especulación financiera y aquellas otras ideologías vinculadas a la sexualidad y el laicismo de la exclusión. Estas últimas formulaciones debilitan las capacidades reivindicativas, especialmente de las generaciones jóvenes, los alienan de la relación que deberían tener con la resolución de sus necesidades, promover políticas que presentadas como signo de progreso dejan al margen toda consideración de transformación socioeconómica. Hoy es evidente, igualdad no significa justicia social, sino matrimonio homosexual. Derechos de la mujer no quiere decir para todas las mujeres, las madres, las viudas, las prostitutas son mujeres de segunda clase, porque en estos casos hacer frente a su discriminación significa incidir sobre el meollo del asunto de unos cuantos aspectos del poder establecido. Hay que mostrar estas contradicciones e interrelaciones para favorecer a la conciencia de la realidad. 59 Construir ese bloque, acabar con la hegemonía política de estas concepciones, es la tarea de trascendencia histórica porque está en juego la civilización tal y como la conocemos. 60 Hay que recuperar el sentido de ser humanos. Un ser creador que encuentra en la realidad histórica que la envuelve los límites de la necesidad, y de ella extrae el estímulo y los medios para construir la libertad, en la que se realiza por medio del compromiso, del vínculo con los demás miembros de su comunidad, trascendiendo a sí mismo hacia los otros, y para algunos también hacia Dios, que conoce el bien y el promueve, y busca la verdad y la práctica.
Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos
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