|
Religión: los prejuicios del periodismo
Imprecisiones, manipulación de la información,
tergiversaciones, falta de especialización y en muchos casos
hostilidad, calumnias u ofensas, son algunas de las características
de determinados medios de comunicación cuando se trata de hablar
del catolicismo
Jorge Enrique Mújica, LC
04/10/2010 Que
la información religiosa suscita interés tanto por parte de
creyentes como por parte de quienes no lo son, es una realidad
constatable por los espacios a ella concedidos en los medios de
comunicación occidentales. Sin
embargo, la calidad del periodismo sobre este tipo de informaciones
varía según el medio que publica y, en la mayoría de los casos,
denotan una deficiente gestión de las noticias o una deliberada
manipulación de los hechos. Si además se trata del catolicismo en
particular, a la mala gestión y manipulación se le suman la
hostilidad, el prejuicio, la calumnia, e incluso la mentira. No
es necesario remontarse años atrás para evidenciar estos modernos
vicios del ‘periodismo’ religioso. Imprecisiones
culpables En
las semanas previas al viaje de Benedicto XVI a Gran Bretaña diversos
medios (véase, por ejemplo, el diario español El
País) refirieron que el Papa cobraría la entrada a las misas
que celebraría en Escocia e Inglaterra. La
realidad era bien diversa: se trataba de una aportación voluntaria, y
por tanto no obligatoria, para ayudar a sufragar los gastos de la
visita pontificia. En ese mismo contexto, la coordinación para la
visita del Papa ofreció los así llamados ‘pasaportes del
peregrino’, un paquete que incluye información, comida, hospedaje y
transporte y que ciertamente implicaba una cooperación de bajo coste,
pero no para ‘entrar a las misas’ que, por lo demás, fueron al
aire libre. Tergiversaciones Una
tergiversación reciente fue el error de traducción en unas
declaraciones de monseñor Agostino Marchetto (por entonces secretario
del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes) a la agencia
I-Media. En la entrevista
del 26 de agosto de 2010 el prelado italiano fue interrogado en francés
sobre la expulsión de gitanos en Francia. Una parte de la respuesta
–también dada en francés– fue traducida en presente por la
prensa italiana, lo que daba un matiz distinto a la respuesta
original, en pasado, y que tocaba el sensible tema del holocausto. Las
reacciones contra monseñor Marchetto no se hicieron esperar. Otra
tergiversación reciente fue la inadecuada interpretación del mensaje
del Papa para la Jornada Mundial de la Juventud (el texto íntegro se
puede leer aquí).
Programas de radio y televisión criticaron palabras que Benedicto XVI
nunca pronunció. Concretamente se le adjudicaban al Papa palabras
como “Dios está antes que un puesto de trabajo”, queriendo
‘evidenciar’ lo lejano que estaría el Pontífice de la realidad
de las personas. La
invención valió una reflexión del director del diario italiano
Avvenire, Marco Tarquino, pidiendo a los periodistas respeto y
comprensión hacia la verdad de lo que el Papa dice y hace. En
el contexto del viaje de Benedicto XVI a Gran Bretaña, el diario El
País suplantó una palabra de un servicio de prensa de la agencia EFE
(cf. 17.09.2010). Publicaba El País: “En el lugar donde Tomás Moro
fue condenado a muerte en 1535 por adjurar de la fe católica, la
llamada Westminster Hall, la parte más antigua del Parlamento británico,
pronunciará un discurso ante una amplia representación del mundo político
y eclesiástico con presencia de miembros de las Cámaras de los
Comunes y los Lores, ex primeros ministros y líderes religiosos,
informa Efe”. En realidad EFE informó –y también con una palabra
equivocada– que Tomás Moro “abjuró” (abjurar: retractarse,
renegar, a veces públicamente, de una creencia o compromiso que antes
se ha profesado o asumido), no que “adjuró” (adjurar: rogar
encarecidamente).
Acentos
sospechosos y manipulaciones Es
notorio y significativo que los temas que implican una dosis de imagen
negativa para la Iglesia sean exprimidos hasta la saciedad. Es el caso
específico del tema de los abusos, pero no sólo. A
inicios de septiembre el diario británico Independent
publicó una nota según la cual en los últimos 50 años más de 10
mil personas sufrieron violación por parte de un sacerdote católico.
Desde la revista Spiked, su
editor, Brendan O´Neill (quien además es ateo), explicó en una
columna que el dato es una mentira y cuestionó la manipulación de
las cifras por parte de ese periódico. Días
antes, a finales de agosto, la Conferencia Episcopal Belga dio a
conocer el triste informe sobre los abusos por parte de sacerdotes en
aquel país europeo. Desde luego las noticias se decantaron por los
datos negativos del informe, pero apenas si se dio cobertura a la
iniciativa de la misma Conferencia Episcopal sobre la constitución de
una institución de ayuda para las víctimas. La
cobertura dada a este caso difiere mucho de la que ofreció a los
registros ‘danbrownianos’ del 24 de junio pasado, cuando policías
belgas registraron el arzobispado de Malinas-Bruselas, retuvieron
injustificadamente a los obispos reunidos en asamblea (privándolos de
comida y comunicación), e incluso abrieron dos tumbas de cardenales
difuntos en la catedral, bajo el pretexto de buscar pruebas. La
Justicia belga invalidó recientemente los registros y los ha
declarado ilegales. Otra
‘noticia’ reciente fue el caso del Instituto para las Obras de las
Religiones (IOR) a los que algunos llaman equivocadamente ‘banco del
Vaticano’. Las cabeceras de los diarios dispararon titulares (por
ejemplo el diario La Repubblica)
que apuntaban a reflejar o sugerir que el Vaticano ‘blanqueaba’
dinero y que el actual presidente, Ettore Gotti Tedeschi, estaba
impulsando esa práctica. Ya
el planteamiento estaba viciado, precisaba contexto y un vocabulario
correcto. Viciado porque el procedimiento de la fiscalía romana no
significaba una sentencia sino una acción cautelar; contexto porque
se trató de una transacción por tesorería hacia instituciones
crediticias no italianas (cuyo destinatario es el IOR), además que
apenas si se ha mencionado que el Instituto para las Obras de las
Religiones está por entrar en la así llamada white
list que acredita a instituciones financieras limpias del tipo de
operaciones de las que se le acusan; y vocabulario adecuado porque,
como está dicho, la Santa Sede no tiene un banco. Por
si eso no fuera suficiente, los datos informativos necesarios han
estado disponibles en la oficina de correspondiente de la Banca de
Italia, además que el proceder es ordinario en otros institutos de crédito
italianos. Gianni Alemano, alcalde de Roma, ha salido al paso
destacando la seriedad de Gotti Tedeschi. Por su parte, el mismo Gotti
refería al diario financiero Il
Sole 24 ore (cf. 24.09.2010): “Se está usando un error de
procedimiento como una excusa para atacar al instituto, a su
presidente y al Vaticano en general”.
Disparidad
de trato y necesidad de especialización en periodismo religioso La
cobertura no siempre transparente de algunos acontecimientos
relacionados con la vida de la Iglesia contrasta con la omisión de
otros eventos que precisarían al menos de una mención de una línea
en la hoja menos atractiva de un diario generalista. A
mediados del mes de julio de 2010 una estudiante paquistaní de
enfermería, Magdalena Asraf, fue golpeada, violada y despeñada desde
el cuarto piso del Jinnah
Postgraduate Medical Center. El autor del ultraje fue un médico
musulmán. Las mujeres cristianas, como es el caso de Magdalena, son
el grupo más expuesto a vejaciones y violencia en un país de mayoría
islámica como Pakistán. Salvo en la prensa católica, la noticia no
tuvo repercusión en la prensa laica. El
desinterés por los casos de cristianofobia, como el de Magdalena, no
es único. No siempre implican agresiones físicas, es verdad, otras
veces conllevan la vida.
Se
echa de menos un profesionalismo auténtico en el quehacer periodístico.
“La especialización –dice Niceto Blázquez en La
nueva ética en los medios de comunicación– es un imperativo
del progreso científico y cultural de nuestro tiempo y los
informadores tienen que hablar a veces sin conocimiento suficiente de
los asuntos que constituyen el objeto de sus informaciones. Cada vez
se hace más necesaria la especialización de informadores en campos
específicos”. Y, desde luego, la información religiosa es uno de
esos campos en los que urge esa especialización. De otro modo queda
la duda si la persona es incapaz de informar adecuadamente, es decir,
contando la verdad, o si una vez más el prejuicio anti-católico
sigue siendo el último prejuicio aceptado. Jorge
Enrique Mújica, LC es editor del blog independiente http://actualidadyanalisis.blogspot.com
|