Quevedo, voz para la justicia en Mindanao

 

 

Por primera vez e la historia, el segundo cardenal de Filipinas proviene de la isla sureña devastada por conflictos. También es tierra de mártires

Giorgio Bernardelli

01/12/2014 
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 Viene de Mindanao (la enorme isla meridional del Archipiélago que desde hace años sufre debido a los conflictos internos) el nuevo cardenal filipino anunciado por Papa Francisco. Monseñor Orlando Beltrán Quevedo, arzobispo de Cotabato, estará al lado del arzobispo de Manila Luis Antonio Tagle desde el próximo 22 de febrero como segundo cardenal elector filipino. No es la primera vez que esto sucede en la mayor Iglesia católica de Asia, pero la novedad es que Bergoglio eligió no otorgar la púrpura al arzobispo de la tradicional sede de Cebú, sino que prefirió a un pastor de “periferia”, como Mindanao. Además, el religioso es conocido en FIlipinas por haber alzado en diferentes ocasiones su voz para pedir justicia y paz.

 

 

Mons. Quevedo nació en Laoag, en la región Ilocos del Norte (en la parte septentrional de las Filipinas), el 11 de marzo de 1939. Es un religioso de los Oblates de María Inmaculada, una de las congregaciones misioneras con mayor presencia en Asia. Estudió en los Estados Unidos, en donde fue ordenado sacerdote en 1964, antes de desempeñarse como joven sacerdote en Cotabato. Era la época en la que Mindanao se convertía en la “tierra prometida” para cientos de miles de filipinos del norte, enviados por el régimen de Ferdinando Marcos con la promesa de una tierra de cultivo.  Un desplazamiento masivo de población que marcó el comienzo del conflicto con la población musulmana y con las comunidades tribales locales que viven en la selva. Y todo para acaparar las riquezas de la isla.

 

 

En 1980 Juan Pablo II nombró obispo a Quevedo, encargándole la pequeña prelatura apostólica de Kidapawan, que más tarde habría sido elevada al rango de diócesis. Una zona de frontera en la que, por ejemplo, el Pime lloraba la muerte del misionero italiano Tullio Favali, asesinado por una formación paramilitar por su defensa de los derechos de las poblaciones locales. De 1986 a 1998, mons. Quevedo habría sido arzobispo de Nueva Segovia, en su natal provincia de Ilocos. Pero en 1988 volvió a Mindanao como arzobispo de Cotabato. Ese mismo año fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal filipina, puesto en el que se mantuvo hasta 2003. Desde siempre ha sido uno de los principales promotores del proceso de pacificación entre el gobierno filipino y los independentistas musulmanes de Mindanao.

 

 

Mons. Quevedo es una figura conocida incluso fuera de las Filipinas, pues fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” y secretario general de la Fabc, la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia. Hace poco más de dos años, su voz volvió a resonar fuertemente con la denuncia de «la muerte de padre Fausto –dijo en esa ocasión el neo-cardenal Quevedo, que conocía personalmente a Tentorio– es un asesinato. Yo lo condeno completamente como un crimen que afrenta al cielo. Si los autores creen que su muerte silenciará a los sacerdotes, religiosos, hermanos y hermanas y obispos y que no proclamarán la justicia del Reino de Dios, se equivocan. La sangre de los mártires, como padre Fausto, sostiene la valentía y la audacia de los que se interesan por la paz y por la justicia lo suficiente como para sacrificarse a sí mismos mientras recorren la vía de la no violencia activa».