El
referéndum de los salmones
Arturo Guerra Un
cierto día, reunido el Consejo Mundial de los salmones, en su sede del
Rhin, se llegó al acuerdo de someter a referéndum la conveniencia de
seguir con aquella antiquísima tradición salmónica; o sea, la de
tornar, al final de la vida, al sitio exacto del propio nacimiento para
depositar ahí los huevecillos de las futuras generaciones. "El
referéndum ha demostrado la gran madurez democrática de toda la
población salmónica mundial. Con gran satisfacción hemos
constatado que el salmón se está abriendo cada vez más a nuevas ideas
y nuevos horizontes. Ha demostrado no tenerle miedo al progreso.
La nueva disposición entrará en vigor el primero de enero del año próximo.
Por ahora se ha concedido una prórroga a aquellos salmones que por
motivos de conciencia desean continuar la tradición. Éstos lo
podrán hacer solicitando un permiso anual al Consejo Central.
Este permiso será concedido después de haber estudiado cada caso y sólo
será renovable durante tres años, al término de los cuales el carácter
obligatorio de la nueva medida será universal." Muy
pronto, se extendió el espíritu del referéndum a los ríos más recónditos
del planeta habitados por salmones. Desde entonces, numerosos
salmones han estado enviando sus propias propuestas al Consejo Mundial
sobre aquellos puntos que ellos desean someter a referéndum. He
aquí algunas de las sugerencias recibidas en los últimos seis meses: ·
El derecho a tener una dieta más variada
y sin tanto colesterol ·
La reducción de las horas diarias de
navegación ·
El derecho a ser trasladado a cualquier río
del planeta ·
El derecho a abolir de una vez por todas
la presencia de esos extraños pescadores humanos en las aguas de los ríos
por donde circulan salmones ·
El deber de limitar la cantidad legal de
hijos por pareja ·
El derecho a abandonar los neonatos con
alguna traba física siempre y cuando se haga antes del octavo día de
vida ·
El derecho a adelantar la propia muerte
cuando un individuo salmón sienta que ha perdido el sentido de su vida La
fiebre se esparció. Las demás especies no quisieron quedarse atrás.
Ellas deseaban también dar estos históricos pasos hacia el progreso, a
la libertad, a la democracia, al pluralismo, a la tolerancia...
Pronto, el Sindicato Mundial de las Abejas propuso un nuevo trabajo para
su especie: buscar partículas de plutonio, que son más rentables
que la miel. La Asociación Universal de Águilas convocó un
referéndum para no volar tan alto por no producirse ninguna utilidad
especial de ello. La Organización Mundial de las Hormigas se
propuso reducir la jornada de trabajo y promover un mes al año de total
inactividad. La Internacional Vacuna anunció su deseo de destinar
su producción láctea exclusivamente a los individuos de la propia
especie, para liberarse de toda injerencia extranjera; y promovía una
huelga general en todos los establos del mundo. El Gremio de los
Ruiseñores Enjaulados se proponía cantar en una cantidad proporcional
al alimento recibido. La Unión de Osos Hormigueros exigía un
cambio radical de dieta. El Consejo Supremo de los Gallos,
reclamando su derecho a dormir más horas, sugería a todos sus miembros
renunciar a la milenaria misión de despertador.
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