SÁBADO IV DE PASCUA
Del Comentario de San Cirilo de Alejandría, obispo, sobre la carta a los Romanos
Alcanzó a todos la misericordia divina y fué salvado todo el mundo
GLOSA
El pueblo de Israel debía ser, en medio de las naciones, el testimonio del Dios verdadero. Pero, una vez que se arrogó el padronazgo de la verdad para su propio provecho, Yahvé prefirió abandonarlo a su propio destino, antes que dejar que todo el mundo se perdiera. Nosotros tampoco somos absolutamente necesarios para la expansión del Reino de Dios. Cada uno tiene su propia misión que ha de desarrollar; pero si falla, Dios no falla nunca: su reino conquistará el mundo entero de un modo u otro. Dios no se quiere circunscribir a nosotros solos y se presenta a todos los hombres de múltiples maneras. Todos somos criaturas suyas destinadas a la salvación y cada uno de nosotros no puede salvarse a sí mismo, si no es procurando salvar a sus hermanos.
Nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo y somos miembros los unos de los otros, tal como está escrito, y, es Cristo quien nos une, mediante los vínculos de la caridad: El ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando el muro que los separaba; él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas. Conviene, pues, que tengamos todos un mismo sentir: que, si un miembro sufre, los demás miembros sufran con él y que, si un miembro es honrado, se alegren todos los miembros.
Acogeos unos a otros -dice el Apóstol-, como Cristo nos acogió para gloria de Dios. Nos acogeremos unos a otros si nos esforzamos en tener un mismo sentir; llevando los unos las cargas de los otros, conservando la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Así es como nos acogió Dios a nosotros en Cristo. Pues no engaña el que dice: Tanto amó Dios al mundo que le entregó su Hijo por nosotros. Fue entregado, en efecto, para la redención de la vida de todos nosotros, y así fuimos arrancados de la muerte, redimidos de la muerte y del pecado.
Y el mismo Apóstol explica el objetivo de esta realización de los designios de Dios, cuando dice que Cristo consagró su ministerio al servicio de los judíos, por exigirlo la fidelidad de Dios. Pues, como, Dios había prometido a los patriarcas que los bendeciría en su descendencia futura y que los multiplicaría como las estrellas del cielo, por esto apareció en la carne y se hizo hombre el que era Dios y la Palabra en persona, el que conserva toda cosa creada y da a todos la incolumidad, por su condición de Dios. Vino a este mundo en la carne, mas no para ser servido, sino, al contrario, para servir, como dice él mismo, y entregar su vida por la redención de una multitud.
Él afirma haber venido de modo visible para cumplir las promesas hechas a Israel. Decía en efecto: No me ha enviado Dios sino a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. Por esto, con verdad afirma Pablo que Cristo consagró su ministerio al servicio de los judíos, para dar cumplimiento a las promesas hechas a los padres y para que los paganos alcanzasen misericordia, y así ellos también le diesen gloria como a creador y hacedor, salvador y redentor de todos. De este modo alcanzó a todos la misericordia divina, sin excluir a los paganos, de manera que el designio de la sabiduría de Dios en Cristo obtuvo su finalidad; por la misericordia de Dios, en efecto, fue salvado todo el mundo, en lugar de los que se habían perdido.