SÁBADO VI DE PASCUA
De las Homilías de San Gregorio de Nisa, obispo, Sobre el Cantar de los cantares
Yo les he dado la gloria que tú me diste
GLOSA
En esta homilía 15 sobre el Cantar de los cantares, San Gregorio de Nisa, sirviéndose de la figura M matrimonio, nos habla de la unión amorosa entre Dios y el alma, queriéndonos ilustrar acerca de la estrecha relación que se da entre el Creador y la criatura. Esa unión se realiza en el amor, en el Espíritu, que es el amor del Padre y el Hijo. Cada lino se hace partícipe de ese Espíritu en la medida en que se libera de toda esclavitud de los vicios para unirse a Cristo. La madurez consiste en conseguir que nuestra intimidad sea de una sola pieza, de modo que las situaciones mas diversas de la vida podamos contemplarlas siempre a través de una sola y única luz: el amor que es Dios. Cuando el hombre ha alcanzado en su interior una tal unidad, se convierte en apóstol en medio de los demás hombres,
Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se convierte en amor; entonces llega a comprenderse que la unidad es lo que alcanza la salvación, cuando estamos todos unidos, por nuestra íntima adhesión al solo y único bien, por la perfección de la que nos hace participar la paloma mística.
Algo de esto podemos deducir de aquellas palabras: Es única mi paloma, mi perfecta; es la única hija de su madre, la predilecta de quien la engendró.
Pero las palabras del Señor en el Evangelio nos enseñan esto mismo de una manera más clara. Él, en efecto, habiendo dado, por su bendición, todo poder a los discípulos, otorgó también los demás bienes a sus elegidos, mediante las palabras con que se dirige al Padre, añadiendo el más importante de estos bienes, el de que, en adelante, no estén ya divididos por divergencia alguna en la apreciación del bien, sino que sean una sola cosa, por su unión con el solo y único bien. Así, unidos en la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz, como dice el Apóstol, serán todos un solo cuerpo y un solo espíritu, por la única esperanza a la que han sido llamados.
Pero será mejor citar literalmente las divinas palabras del Evangelio: Para que todos sean uno -dice-;para que, así como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, sean ellos una cosa en nosotros.
El nexo de esta unidad es la gloria. Nadie podrá negar razonablemente que este nombre, gloria, se atribuye al Espíritu Santo, si se fija en las palabras del Señor, cuando dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste. De hecho, dio esta gloria a los discípulos, cuando les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
Y esta gloria que él poseía desde siempre, antes de la existencia del mundo, la recibió él también al revestirse de la naturaleza humana; y, una vez que esta naturaleza humana de Cristo fue glorificada por el Espíritu Santo, la gloria del Espíritu fue comunicada a todo ser que participa de esta naturaleza, empezando por los apóstoles.
Por esto dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en la unidad. Por esto, todo aquel que va creciendo de la niñez hasta alcanzar el estado de hombre perfecto llega a aquella madurez espiritual, capaz de entender las cosas, capaz, por fin, de la gloria del Espíritu Santo, por su pureza de vida, limpia de todo defecto; éste es la paloma perfecta a la que se refiere el Esposo cuando dice: Es única mi paloma, mi perfecta.