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Santa Maravillas, esperanza en la hora actual de España
La ironía de Dios, frente al laicismo de brocha gorda![]() Canonización de la Madre Maravillas, junto con Pedro Poveda, José María Rubio, Madre Genoveva Torres y Sor Ángela de la Cruz, por Juan Pablo II, en la madrileña Plaza de Colón, el 4 de mayo de 2003 O santa, o placaNumerus stultorum infinitus est. De aquellos tiempos en los que todos los alumnos de Secundaria teníamos que estudiar latín, recuerdo en ocasiones esta frase, cuya traducción es El número de tontos es infinito. La frase me vino a la memoria cuando, a instancia de varios diputados de izquierdas -no sé si eran una ingente muchedumbre o más bien pocos pero influyentes, en ningún caso infinitos-, el Presidente del Congreso decidió, lamentándolo sin duda, no seguir adelante con el acuerdo de la Mesa del Congreso de dedicar una placa a la Madre Maravillas, elevada a los altares por Juan Pablo II en el año 2003, en un solemne acto en la Plaza de Colón de Madrid, donde, por cierto, me tocó estar sentado justo detrás de don José Bono. La presión de estos diputados -no sé si de origen espontáneo o nacida de alguna oscura tenida entre las columnas de Jokim y Boaz- constituye, en todo caso, un ejemplo, a la vez, de radicalismo excluyente y de torpeza política. Torpeza notoria porque, al igual que ocurre con tantas placas que existen en nuestras calles y edificios, la de la Madre Maravillas hubiera pasado inmerecidamente desapercibida, con lo que lo único que han conseguido estos genios de la estrategia política es generar un debate que ha puesto de manifiesto su sectarismo laicista, inhabitual en otros países del mundo occidental. ![]() La Madre Maravillas La misma coherencia laicista exigiría retirar de las banderas y escudos de la Comunidades Autónomas todo símbolo o figura que tenga un origen religioso. Esto afectaría, por ejemplo, a las banderas o escudos de Galicia, Asturias, País Vasco y Aragón, Comunidades en cuyos Gobiernos participa la izquierda laicista. ¿Van a adoptar esas medidas? Seguro que no. ![]() Su rincón de trabajo en el Carmelo de La Aldehuela Por cierto que don Enrique Tierno Galván, que gobernó el Ayuntamiento de Madrid con un equipo en el que estaba la flor y la nata del socialismo y del comunismo madrileños, mantuvo el crucifijo en la mesa presidencial del Salón de Plenos alegando que era un símbolo de paz y de amor. Y no pasó nada. Tampoco van a pedir estos partidos de la izquierda laicista en el Parlamento europeo o en el Consejo de Europa que once Estados europeos modifiquen sus banderas porque en ellas aparece la cruz: Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Reino Unido, Suiza, Eslovaquia, Malta, Grecia y Georgia. Al final, es más fácil negarle una modesta placa en su lugar de nacimiento a una monja que entregó su vida a los más necesitados que afrontar las consecuencias -políticas y sociales- de mantener una coherencia laicista en contra de las raíces cristianas de Europa y de los profundos sentimientos y convicciones de muchos europeos. Y por supuesto, con placa o sin placa, santa Maravillas de Jesús seguirá siendo objeto de la devoción, por su vida ejemplar, de muchas personas, incluyendo a mi madre, con independencia del partido al que voten. Luis Peral Guerra www.alfayomega.es |