Santa sin embargo mezclada con pecadores: la Iglesia del Papa teólogo
Estalla la polémica sobre los pecados de la Iglesia. He aquí cómo
Ratzinger, siendo joven profesor, explicaba por qué "manos
indignas nos presentan a menudo lo divino". Una página escrita
hace más de cuarenta años, pero muy útil
por Sandro Magister
ROMA, 6 de mayo del 2010 – El servicio de www.chiesa de hace una
semana sobre el concepto de "Iglesia pecadora" ha suscitado
vivos consensos y discrepancias.
Entre los que disienten está Joseph A. Komonchak, sacerdote de la
arquidiócesis de Nueva York, historiador y teólogo, curador de la
edición estadounidense de la "Historia del Vaticano II"
dirigida por Giuseppe Alberigo, firma de prestigio de la revista
"Commonweal".
Ha escrito:
*
Estimado Sandro Magister,
En su reciente post usted afirma que el actual Papa nunca ha hecho suya
la idea de que la Iglesia pueda ser definida pecadora. Pero en realidad,
en su "Introducción al cristianismo", naturalmente escrita
antes de convertirse en Papa, él usa esa fórmula. Más aún, habla del
Vaticano II como "muy tímido" al hablar ya no sólo de la
Iglesia santa sino también de la Iglesia pecadora, estando nosotros
"tan convencidos del pecado de la Iglesia". Creo que él sigue
aquí la visión de san Agustín, retomada en santo Tomás de Aquino,
según el cual la Iglesia no estará "sin mancha ni arruga"
hasta el fin de los tiempos. Ambos grandes santos citan la primera carta
de san Juan 1,8: "Si decimos que estamos sin pecado, nos engañamos
a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros". Y cada día la
Iglesia reza en todas partes: "Perdona nuestras ofensas". El
cardenal Biffi es acertado en el uso de la frase "casta
meretrix", pero naturalmente la cuestión no se reduce a esto. En
todo caso, al menos en una ocasión, en una visita a Fátima, el Papa
Juan Pablo II habló de la Iglesia como "santa y pecadora".
Atentamente,
Joseph A. Komonchak
*
El Padre Komonchak tiene razón cuando cita a Juan Pablo II. En el
primero de sus tres viajes a Fátima, el de 1982, y en el primero de los
siete discursos que pronunció en aquella ciudad, efectivamente dijo
haber llegado allí "peregrino entre peregrinos, en esta asamblea
de la Iglesia peregrina, de la Iglesia viva, santa y pecadora".
Pero se debe notar que en la inmensa mole de discursos de este Papa,
esta es la única vez en que se encuentra el adjetivo
"pecadora" aplicado directamente a la Iglesia. Una prudencia
mucho más que remarcable en cuanto que es adoptada por un Papa que ha
pasado a la historia como el que pidió repetidamente y públicamente
perdón por los pecados de los hijos de la Iglesia.
Tanto Juan Pablo II como su prefecto de doctrina, el cardenal Joseph
Ratzinger, consideraban la fórmula "Iglesia pecadora"
peligrosamente equívoca, por su no resuelta contradicción con la
profesión de fe del Credo en la "Iglesia santa".
La prueba de este temor está en la nota sobre "La Iglesia y las
culpas del pasado" publicada el 7 de marzo del 2000 por la comisión
teológica internacional bajo la guía de Ratzinger, como comentario y
aclaración de las solicitudes de perdón realizadas por Juan Pablo II
en aquel año jubilar.
En dicha nota hay un pasaje dedicado precisamente a explicar por qué la
Iglesia "es un cierto sentido también pecadora" y sugerir cómo
expresar este concepto con palabras no equívocas.
Es el párrafo inicial de la tercera parte de la nota, dedicada a los
fundamentos teológicos" del pedido de perdón:
*
"Es justo que, mientras el segundo milenio del cristianismo llega a
su fin, la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus
hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la
historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su evangelio,
ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los
valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran
verdaderas formas de antitestimonio y de escándalo. La Iglesia, aun
siendo santa por su incorporación a Cristo, no se cansa de hacer
penitencia: ella reconoce siempre como suyos, delante de Dios y delante
de los hombres, a los hijos pecadores" (Tertio millennio
adveniente, 33). Estas palabras de Juan Pablo II subrayan cómo la
Iglesia se encuentra afectada por el pecado de sus hijos: santa, en
cuanto hecha tal por el Padre mediante el sacrificio del Hijo y el don
del Espíritu, es en un cierto sentido también pecadora, en cuanto
asume realmente sobre ella el pecado de aquellos a quienes ha engendrado
en el bautismo, análogamente a como Cristo Jesús ha asumido el pecado
del mundo (cf. Rom 8,3; 2 Cor 5,21; Gal 3,13; 1 Pe 2,24). Por otra
parte, pertenece a la más profunda autoconciencia eclesial en el tiempo
el convencimiento de que la Iglesia no es sólo una comunidad de
elegidos, sino que comprende, en su seno, justos y pecadores, del
presente y del pasado, en la unidad del misterio que la constituye. De
hecho, tanto en la gracia como en la herida del pecado, los bautizados
de hoy son convecinos y solidarios con los de ayer. Por ello se puede
decir que la Iglesia, una en el tiempo y en el espacio en Cristo y en el
Espíritu, es verdaderamente "santa al mismo tiempo y siempre
necesitada de purificación" (Lumen gentium, 8). De esta paradoja,
característica del misterio eclesial, nace el interrogante de cómo
conciliar los dos aspectos: de una parte, la afirmación de fe de la
santidad de la Iglesia; de otra parte, su necesidad incesante de
penitencia y de purificación.
*
En el párrafo citado se cita también el pasaje en el cual el Concilio
Vaticano II habla de los pecados de los hijos de la Iglesia. Es en el párrafo
8 de la constitución "Lumen gentium". Donde de nuevo se evita
definir "pecadora" a la Iglesia en cuanto tal:
"Mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Heb, 7,26), no
conoció el pecado (2Cor., 5,21), sino que vino sólo a expiar los
pecados del pueblo (cf. Heb, 21,7), la Iglesia, recibiendo en su propio
seno a los pecadores, santa al mismo tiempo que necesitada de purificación
constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación".
¿Y entonces por qué el teólogo Ratzinger, en su "Introducción
al cristianismo" de 1968 que hoy es todavía su libro de teología
más leído en todo el mundo, lamentó – como recuerda Komonchak –
que el Concilio Vaticano II haya sido "muy tímido" al hablar
"del pecado de la Iglesia", del cual "estamos tan
convencidos"?
Para responder a esta pregunta no nos queda sino volver a leer lo que
Ratzinger escribió en aquel libro suyo, en el último capítulo,
dedicado precisamente a explicar por qué la Iglesia es
"santa" aún siendo hecha de pecadores.
En efecto, es precisamente en su relación con el pecado y la
"suciedad" del mundo que resplandece más la santidad de la
Iglesia. Escritos hace más de cuarenta años, estos argumentos de
Ratzinger son de una utilidad sorprendente. También en recordar el
sentido y el límite de las acusaciones contra la Iglesia, en ese
entonces como ahora.
A continuación los pasajes principales, tomados del último capítulo
de "Introducción al cristianismo". Pasajes en los cuales, una
vez más, no aparece nunca la fórmula "Iglesia pecadora".
__________
"CREO LA SANTA IGELSIA CATÓLICA"
por Joseph Ratzinger
La santidad de la Iglesia consiste en el poder por el que Dios obra la
santidad en ella dentro de la pecaminosidad humana. Éste es el signo
característico de la "nueva alianza": en Cristo Dios se ha
unido a los hombres, se ha dejado atar por ellos. La nueva alianza ya no
se funda en el mutuo cumplimiento del pacto, sino que es un don de Dios,
una gracia, que permanece a pesar de la infidelidad humana. Es expresión
del amor de Dios que no se deja vencer por la incapacidad del hombre,
sino que siempre es bueno para él, lo asume continuamente como pecador,
lo trasforma, lo santifica, lo ama.
Por razón del don que nunca puede retirarse, la Iglesia siempre es la
santificada por él, la santificada en la que está presente entre los
hombres la santidad del Señor. Lo que en ella está presente y lo que
elige en amor cada vez más paradójico las manos sucias de los hombres
como vasija de su presencia, es verdaderamente la santidad del Señor.
Es santidad que en cuanto santidad de Cristo brilla en medio de los
pecados de la Iglesia. Por eso la figura paradójica de la Iglesia en la
que manos indignas nos presentan a menudo lo divino. […] La
emocionante yuxtaposición de la fidelidad de Dios y de la infidelidad
del hombre expresada en la estructura de la Iglesia, es también la dramática
figura del la gracia. […] Podría decirse que la Iglesia en su paradójica
estructura de santidad y pecado es la figura de la gracia en este mundo.
Sigamos adelante. El sueño humano del mundo sanado e incontaminado por
el mal presenta la Iglesia como algo que no se mezcla con el pecado.
[…]
En la crítica actual de la sociedad y en sus acciones se revela
claramente esta característica inexorable e inherente al ideal humano.
Por eso los contemporáneos de Cristo se escandalizaban sobremanera al
ver que a la santidad de Cristo siempre le faltase esta nota judicial:
no era fuego que destruía los indignos ni celo que arrancase la cizaña
que ellos veían crecer. Por el contrario, su santidad se mostraba en el
contacto con los pecadores que se acercaban a él, hasta el punto que él
mismo se convirtió en "pecado", en maldición de la ley en la
cruz, en plena comunidad con el destino común de los perdidos (cf. 2Cor
5,2; Gal 3,13). Él atrajo los pecadores a sí, los hizo partícipes de
sus bienes y reveló así lo que era la "santidad". Nada de
separación, sino purificación, nada de condenación, sino amor
redentor. ¿No es acaso la Iglesia la continuación de este ingreso de
Dios en la miseria humana?, ¿no es la continuación de la participación
en al misma mes de Jesús con los pecadores?, ¿no es la continuación
de su contacto con la necesidad de los pecadores, de modo que hasta
parece sucumbir?, ¿no se revela en la pecadora santidad de la Iglesia
frente a las expectaciones humanas de lo puro, la verdadera santidad de
Dios, el amor que no se mantiene en la distancia aristocrática de lo
puro e inaccesible, sino que se mezcla con al porquería del mundo para
eliminarla? ¿Puede ser la Iglesia algo distinto de un sobrellevarse
mutuamente que nace de que todos son sostenidos por Cristo? […]
Cuando la crítica en contra de la Iglesia es biliosamente amarga y
comienza a convertirse en jerigonza, late allí un orgullo operante. Por
desgracia a eso se junta a menudo un gran vacío espiritual en el que ya
no se considera lo propio de la Iglesia, sin una institución con miras
políticas; se considera su organización como lamentable y brutal, como
si lo propio de la Iglesia estribase en su organización y no en el
consuelo de la palabra y de los sacramentos que conserva en días buenos
y aciagos. Los verdaderos creyentes no dan mucha importancia a la lucha
por la reorganización de las formas cristianas. Viven de lo que la
Iglesia siempre fue. Y si uno quiere conocer lo que es la Iglesia, que
entre en ella. La Iglesia no existe principalmente donde está
organizada, donde se reforme o se gobierna, sino en los que creen
sencillamente y reciben en ella el don de la fe que para ellos es vida.
[...]
Esto no quiere decir que hemos de quedarnos en el pasado y que hemos de
soportarlo tal y como es. El sobrellevar puede ser también un
acontecimiento altamente activo, una lucha para que la Iglesia siempre
sea quien lleve y soporte. La Iglesia sólo vive en nosotros, vive de la
lucha entre el pecado y la santidad, de la misma manera que esa lucha
vive del don de Dios sin el que no podría existir; pero esa lucha será
útil y constructora cuando esté vivificada por el espíritu que
sobrelleva, por el amor real. Así llegamos al criterio que siempre debe
medir esa lucha crítica por una santidad mayor, y que no contradice la
resignación, sino que la exige. La medida es la construcción. La
amargura que destruye se juzga a sí misma. Una puerta cerrada puede
convertirse en signo que azota a quienes están dentro; pero es una
ilusión creer que aislados podemos construir más y mejor que en
equipo, como también es una ilusión colocar la Iglesia de los
"santos" en lugar de la "Iglesia santa" que es santa
porque el Señor le da graciosamente el don de la santidad.
__________
El servicio de www.chiesa que ha dado origen a la discusión:
>
¿Iglesia pecadora? Una leyenda que desmentir por completo
(26.4.2010)
__________
El texto completo de la nota de la comisión teológica internacional
del 7 de marzo del 2000:
>
Memoria y reconciliación: la Iglesia y las culpas del pasado
__________
En la ilustración: Rembrandt van Rijn, El regreso del hijo pródigo,
1666, San Petersburgo, Museo del Ermitage.
__________
Traducción en español de Juan Diego Muro, Lima, Perú.
__________
Los últimos tres artículos de www.chiesa:
3.5.2010
>
La gran "apuesta". Cómo refundar la Legión desde la cabeza
Las culpas de Maciel. El sistema de poder que encubría su vida indigna.
Las autoridades vaticanas acusan, y dictan la agenda de la reconstrucción,
con los plenos poderes confiados a un cardenal delegado del Papa
30.4.2010
>
Pasión de Cristo, pasión del hombre
Es el eslogan de la ostensión de la Sábana Santa, en Turín. A los
millones de peregrinos de todo el mundo se une también el Papa el 2 de
mayo. En paralelo, una gran exposición sobre el cuerpo y el rostro de
Jesús en el arte
26.4.2010
>
¿Iglesia pecadora? Una leyenda que desmentir por completo
La fórmula está cada vez más de moda, pero es ajena a la tradición
cristiana. San Ambrosio llamó a la Iglesia "meretriz"
precisamente para exaltar su santidad. Más fuerte que los pecados de
sus hijos
__________
6.5.2010
|