"Santísimo Padre, en esta era de barbarie irracional…"
El llamamiento a Benedicto XVI "para volver a un Arte sacro auténticamente
católico". Primer firmante es el gran escritor alemán Martin
Mosebach. En el interín, está cerca el encuentro entre el Papa y los
artistas en la Capilla Sixtina
por Sandro Magister
ROMA, 5 de noviembre de 2009 – A pocos días del anunciado encuentro
del 21 de noviembre entre el Papa y los artistas en la Capilla Sixtina,
ya ha llegado a la mesa de Benedicto XVI un pedido que anticipa el
motivo principal.
El llamamiento es "por el retorno de un arte sagrado auténticamente
católico" y ha sido suscrito no por artistas, sino por
especialistas y personas entusiasmadas en diversas formas por los
destinos del arte cristiano. Entre todos: Nikos Salingaros, Steven J.
Schloeder, Steen Heidemann, Duncan G. Stroik, Pietro De Marco, Martin
Mosebach, Enrico Maria Radaelli.
Mosebach es un afianzado escritor alemán, a quien Joseph Ratzinger
conoce bien. Su último libro es "Eresia dell'informe. La liturgia
romana e il suo nemico [Herejía de lo informe. La liturgia romana y su
enemigo]", y ha sido publicado este año también en Italia,
editado por Cantagalli. Es una apología deslumbrante del gran arte
cristiano, e inclusive de la misma liturgia católica como arte, y
presenta además punzantes inventivas contra el iconoclastismo que
impera hoy en la misma Iglesia católica.
Radaelli, discípulo del gran filólogo y filósofo católico Romano
Amerio, es un refinado especialista en estética teológica. Su obra
maestra es "Ingresso alla bellezza" [Ingreso a la belleza],
publicado en el 2008, un magnífico recorrido de ingreso en el misterio
de Dios a través de su "Imago" que es Cristo. La belleza como
aparición de la verdad.
El llamamiento ha nacido también de seminarios celebrados en los meses
pasados en la biblioteca de la Pontificia Comisión para los Bienes
Culturales de la Iglesia, auspiciados por el vicepresidente de
esta Comisión vaticana, el abad benedictino Michael J. Zielinski. Han
tenido participación en los encuentros don Nicola Bux y el padre Uwe
Michael Lang, consultores de la Oficina de las Celebraciones litúrgicas
y papales, y el segundo a su vez funcionario de la Congregación para el
Culto Divino. Pero entre los promotores del llamamiento no figura ningún
eclesiástico, mucho menos algún responsable vaticano. Los firmantes
son laicos, de diversa idoneidad y profesión.
Luego de una breve introducción, el texto se articula en siete pequeños
capítulos dedicados a las causas de la actual fractura entre la Iglesia
y el arte, a las referencias teológicas, a los mecenas, a los artistas,
al espacio sagrado, a la música sagrada y a la liturgia. Y concluye con
el verdadero y propio llamamiento, formulado de esta manera:
"Por todas las razones aquí expuestas, con la seguridad de recibir
de Su Santidad la escucha paterna y por ello la atención misericordiosa
del Vicario de Cristo, os suplicamos, Beatísimo Padre, que queráis
leer en este sincero llamamiento la más apremiante preocupación por
las terribles condiciones en las que se encuentran hoy todas las artes
que han acompañado siempre a la sagrada liturgia; además de una
modesta, humildísima petición de auxilio a Su Santidad:
– para que el arte y arquitectura sacras puedan volver a ser y a
mostrarse como verdadera y profundamente católicas;
– para que así las multitudes de fieles - también los más sencillos
e ignorantes - puedan volver a asombrarse y a deleitarse con esta noble
y penetrante belleza aún y siempre presente en la casa del Señor, y de
ella volver a guardar en el corazón las más altas y nuevas enseñanzas;
– para que en definitiva la Iglesia pueda revelarse - también en esta
era de mundanas, irracionales y deseducativas barbaries - la única
verdadera, concienzuda y atenta promotora y custodia de un arte nuevo y
verdaderamente 'original', en condiciones también hoy - como siempre ha
aflorado en tiempos precedentes- de retomar el vigor de la antigüedad,
de su ínclito y eterno Origen, es decir, del sentido más íntimo de la
Belleza que resplandece en la Verdad de Cristo".
El texto íntegro con la lista de los firmantes puede ser leído, en
varios idiomas, en el sitio web creado a tal fin:
> Pedido al
Beatísimo Padre Benedicto XVI por un arte auténticamente católico
A continuación, un pequeño capítulo para saborear:
VI. MÚSICA SACRA Y CÁNTICO LITÚRGICO
Santidad, la Iglesia tiene hoy la oportunidad de apropiarse de su papel
"altamente" magisterial en materia de música sacra y
principalmente en el campo de la música y del canto litúrgicos, que
deben necesariamente responder a las categorías de lo "bueno"
y de lo "justo" para su íntima coincidencia - y no sólo
correspondencia - con la propia liturgia (Pablo VI, Discurso a los
cantores de la Capilla pontificia, 12 de marzo de 1964).
En la milenaria historia del Cristianismo, la relación dialéctica
entre música sacra y música profana ha producido numerosas veces la
intervención de la Autoridad eclesiástica para "volver a limpiar
el edificio de la liturgia romana" (perífrasis expresamente usada
por muchos pontífices) de las intrusiones secularistas que justamente
la música llevaba a las iglesias y que, con el transcurso de los siglos
y el progresivo desarrollo técnico-musical, se han convertido en cada
vez más graves y desbordantes respecto del correcto uso litúrgico,
terminando a menudo por arrogarse roles auto-referenciales de naturaleza
profana.
Desde los tiempos de la Constitución Apostólica "Docta
Sanctorum" del Papa Juan XXII (1324), el magisterio ha indicado
siempre los modos correctos de entender la música al servicio del
culto, aprobando poco a poco las novedades técnicas que eran
compatibles con la liturgia, pero señalando siempre y constantemente
hasta nuestros días (incluido el Magisterio del Concilio Vaticano II y
de todo el post-conciliar) el canto gregoriano como la raíz primigenia,
la fuente de inspiración constante, la más alta – porque es
sencillamente "nobilissima" – forma de música que puede
encarnar el ideal litúrgico católico en el modo más perfecto, también
en virtud de su objetivante anonimato metahistórico y de su veraz
universalidad estética, verbal y sensible.
Es cierto que no podemos hoy establecer unos estilos o formas musicales
preconcebidas, pero la recuperación del canto gregoriano, de la buena
polifonía y música organística - antiguas, modernas y contemporáneas
- servirían sin duda, después de décadas de absoluto desconcierto y
probabilismo musical, para recuperar unos "vocabularios" litúrgicos
que la Tradición artística y musical católica nos ha ofrecido durante
siglos: han funcionado – utilizando una eficaz expresión del Papa
Pablo VI en la encíclica "Mysterium fidei" – como auténticas
"teselas de la Fe" católica, la cual se ha sustentado siempre
en datos sensibles, dotados de verdad y belleza, ajenos a
intelectualismos estériles o amanerados o a arqueologismos que conviene
evitar a toda costa (como indicó el Papa Pío XII en la encíclica
"Mediator Dei", de la que surgió la reforma litúrgica de la
segunda mitad del siglo XX).
Entre las artes devueltas al servicio del culto, quizá la música es la
más fuerte, por ese constante sentido "catequético" que el
Magisterio ha reconocido en ella de modo ininterrumpido; y al mismo
tiempo, quizá es el arte más delicado, por su naturaleza y - al
contrario que las otras disciplinas artísticas - su necesidad de un
"tertium medium" entre el autor y el destinatario: el intérprete.
Por esas razones, la atención de la Iglesia debe, como en el pasado,
dirigirse a la formación tanto de los autores como de los intérpretes.
Sin duda, el esfuerzo exigido es infinitamente más grave que en la Baja
Edad Media, en el Barroco o en el siglo XIX, pues se trata de fuerzas
que hoy provienen de una sociedad que, a diferencia del pasado, tienen
poco de cristiano. En ese sentido, la catequesis debería recomenzar en
los "fundamentales", donde los músicos – cuando tengan la
profesionalidad adecuada – recuperen el "sensus Ecclesiæ" y
también el "sensus Fidei".
__________
A propósito del encuentro entre el Papa y los artistas...
El anunciado encuentro entre Benedicto XVI y los artistas tendrá lugar
durante la mañana del sábado 21 de noviembre de 2009, en la Capilla
Sixtina.
El programa del encuentro será el siguiente. Luego de un preludio
musical, el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo
Pontificio de la Cultura, dirigirá un saludo al Papa en nombre de los
presentes. Posteriormente se leerán algunos pasajes de la "Carta a
los Artistas" de Juan Pablo II, del 4 de abril de 1999. Por último,
el Papa Joseph Ratzinger pronunciará su discurso. El encuentro concluirá
con un segundo momento musical.
La Capilla Sixtina tiene una dimensión limitada y, en consecuencia, los
artistas presentes serán ciento cincuenta como máximo, de todo el
mundo y de todas las disciplinas: pintores y escultores, arquitectos,
escritores y poetas, músicos y cantantes, hombres del cine, del teatro,
de la danza y de la fotografía. Las invitaciones las ha cursado el
Consejo Pontificio de la Cultura.
Además de la carta de Juan Pablo II de 1999, otro precedente importante
es de hace cuarenta y cinco años. Es el encuentro celebrado el 7 de
mayo de 1964 entre Pablo VI y los artistas, también en la Capilla
Sixtina.
Lo que ha motivado el nuevo encuentro es que "desde hace tiempo, la
alianza entre la fe cristiana y el arte se ha agrietado". Así lo
ha expresado monseñor Ravasi al anunciar el evento, el pasado 10 de
setiembre.
La alianza entre fe y arte constituye un todo único con la identidad de
la Iglesia. El judaísmo prohibía las imágenes sacras, pero la fe en
el Dios encarnado ha llevado rápidamente a la Iglesia a asumir como
lenguaje propio al arte griego y romano.
Esta boda genial de la Iglesia con el arte ha dado lugar periódicamente
a respuestas iconoclastas. En el primer milenio en Oriente y en el
segundo milenio en Occidente, primero con el protestantismo y hoy con la
general tendencia antifigurativa no sólo del arte, sino también de los
responsables eclesiásticos.
Al encontrarse con los artistas en ese lugar supremo del arte cristiano
que es la Capilla Sixtina, Benedicto XVI propone justamente detener esta
decadencia y reanudar un diálogo, con la esperanza que resurja una
alianza fecunda entre el arte y la Iglesia.
En un tiempo "en el que en vastas zonas de la Tierra la fe está en
peligro de apagarse como una llama que ya no encuentra más
sustento", quizá viene a la mente del Papa Ratzinger lo que dijo
san Juan Damasceno en medio de la tempestad iconoclasta:
"Si un pagano viene y te dice: ¡Muéstrame tu fe!, tú llévalo a
la iglesia y muéstrale la decoración con la que está ornamentada y
explícale la serie de los cuadros sacros".
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La doble presentación oficial del encuentro del 21 de noviembre entre
Benedicto XVI y los artistas, hecha en las respectivas presentaciones
del arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la
Cultura, y del profesor Antonio Paolucci, director de los Museos
Vaticanos:
>
Conferencia de prensa del 10 de setiembre de 2009
>
Conferencia de prensa del 5 de noviembre de 2009
__________
La homilía de Pablo VI a los artistas, en la Capilla Sixtina, el 7 de
mayo de 1964:
>
"Cari signori e figli ancora più cari..."
__________
La Carta de Juan Pablo II a los artistas, del 4 de abril de 1999:
> "A los que con apasionada entrega..."
__________
En www.chiesa, la presentación del ensayo teológico de Enrico Maria
Radaelli "Ingresso alla bellezza", con una cita interesante de
Benedicto XVI sobre el sentido del arte cristiano:
>
Todos a ver el "sagrado teatro celestial". Un teólogo hace de
guía
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Todos los artículos de www.chiesa sobre el tema:
>
Focus on ART AND MUSIC
__________
Traducción en español de José
Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.
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5.11.2009
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