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SECULARIZACIÓN EN
EL SENO DE La otra muerte de Dios Por José Francisco
Serrano Oceja
Hemos vivido confundidos por diferentes muertes de Dios. No es
la muerte de Dios que propugnaron los profetas de la radical secularización
del hombre y de la sociedad la que sobrecoge; no es la que defendían quienes
han querido llevar al hombre a la dimensión de la humanidad plena sin
trascendencia, la que atrae. Es la muerte de Dios hecho hombre, de
Jesucristo, única e irrepetible la que produce estupor. No son pocas las personas que ante la representación estética,
plástica, de los últimos momentos de la muerte de Jesús se topan con un
acontecimiento, con una persona, con la evidencia divina en lo humano; es
algo que ha fundado gran parte de la cultura occidental, escándalo de una
estética que salva al mundo. Una estética que no obvia la más radical
interioridad del hombre, el dolor, el sufrimiento como anticipo de la muerte. La muerte de Dios no es la muerte de la vida. La muerte de
Dios es la muerte del impulso vital de La conciencia ha sido uno de los grandes ejes de la historia
reciente de la humanidad. Desde la conciencia de clase a la conciencia
autónoma, pasando por la conciencia social, el hombre ha ido dando tumbos por
entre las veredas de la historia. El cristianismo, desde la muerte y en
perspectiva de resurrección, había resuelto las relaciones entre conciencia y
vida. ¿Es la conciencia la que determina la vida o es la vida la que
determina la conciencia? Quienes han pretendido erradicar la conciencia del
hombre, alienar al hombre por la ideología, se han empeñado, en los siglos
últimos, por erradicar la conciencia en la historia y de la historia.
Uno de los más escalofriantes síntomas de la pérdida de la
conciencia de Cristo, del significado de su muerte en los cristianos, ha sido
esa soterrada guerra desencadenada contra Cristo en el interior de la
civilización cristiana, esa cristofobia cultural que ha nacido cuando los
cristianos nos hemos convertido a los credos terrestres. Credos sin
conciencia de Dios y de divinidad; credos que confiesan la necesaria
secularización. Benedicto XVI pronunció hace unos días un discurso al
Plenario del Pontificio Consejo para Esta secularización no constituye sólo una amenaza externa
para los creyentes, sino que se manifiesta ya desde hace tiempo en el seno
mismo de Luego se refirió a una deriva hacia la superficialidad y un
egocentrismo que perjudica la vida eclesial. La muerte de Dios nos despierta,
en estos días, del sueño de la superficialidad. Miremos a la cruz; esperemos
la luz. Libertaddigital.com |