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Seguir a
Cristo con pasión: Aquel Jesús que se entregó en la Cruz es el mismo
que nos ha llamado para trabajar por su causa en donde quiera que nos
encontremos pues en todas partes hace falta el mensaje de la fe
cristiana, de hecho, no nada más se necesita llevar el Evangelio a los
países más lejanos sino también a las sociedades más cercanas a
nosotros. Seguir a Cristo con pasión es mantener la fe aún cuando
humanamente no exista ninguna esperanza, es vivir al ritmo del Espíritu
Santo para que sea Él quien nos guíe, es acompañar a los demás en
sus alegrías, penas e ilusiones. “Quien busque salvar su vida la perderá; y quien pierda su vida la conservará”
(Lucas 17.33), por esta razón, vale la pena vivir enamorados de los ideales de
Jesús porque en Él se encuentra nuestra verdadera felicidad. Quien ama
a Jesús llega al grado de perderse en su amor y dejar a un lado sus
prioridades para asumir lo que el Padre Celestial le confíe. Tenemos que vivir apasionados ya que, de
otra manera, terminaremos por olvidarnos de Jesús así como de la
historia que hemos ido escribiendo a su lado. El mundo está cansado de
los cristianos que fingen ser de Cristo porque no transmiten esa pasión
que anima, mueve, transforma y sorprende, por esta razón, animémonos a
“remar mar adentro”
(Lucas
5, 4) hasta dejarnos conquistar por aquel amor misterioso de Jesús
Crucificado. Quien se aburre de las cosas de Dios es
porque no lo ha conocido ya que, de otra manera, se animaría a caminar
a su lado. Es cierto que no es nada fácil mantenernos firmes en Jesús
porque su opción es exigente, sin embargo, cuando en verdad nos dejamos
apasionar por Él tenemos la capacidad de seguir adelante aún cuando
esto nos parezca imposible, de hecho, quien sigue a Cristo con pasión
es capaz de soportar las peores pruebas pues el amor se convierte en su
única y verdadera fortaleza. La pasión por el reino de Dios nos
llevará a interesarnos por los demás pues Jesús nunca fue indiferente
a las personas que se iban apareciendo en su camino. Cristo Sacerdote y
Víctima nos irá apasionando en la medida en que le permitamos ser
quien nos impulse hasta imitarlo con gran amor y entrega. Carlos Díaz, laico de la Familia de la
Cruz
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