Seis preguntas para hablar con Jesús Para agradarme a Mí no es preciso saber mucho, sino amar. Háblame sencillamente, con el corazón, como hablarías a tu padre o a tu hermano, o al más íntimo de tus amigos. "al orar, no seáis como los gentiles que piensan ser escuchados por decir muchas palabras... porque vuestro Padre conoce las cosas de que tenéis necesidad antes que se las pidáis". "Hola Jesús, aquí me tienes otra vez para hacerte un rato de compañía..." - ¿Necesitas pedirme algo en favor de alguna persona? Dime de quiénes se trata y qué bienes quieres para ellos. Acuérdate de lo que dije y han recogido los evangelios: "Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá." Pide, pide mucho, que a mí me agradan los corazones generosos que olvidándose de sí mismos se preocupan de las necesidades de los demás. Háblame de tu familia, de tus amigos. ¿Quieres que les ayude en algo? - ¿Y para ti no necesitas nada? Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades y ven a leerla en mi presencia. Háblame de lo que te cuesta, de tus flaquezas y debilidades. Cuéntame cuándo has sentido el aguijón de la soberbia o de la sensualidad, la tentación de la comodidad o del egoísmo... y pídeme luego que venga en ayuda de esos esfuerzos que haces -pocos o muchos- para luchar contra esas miserias. No te avergüences: hay en el cielo tantos santos que tuvieron esos mismos defectos que tú tienes... y lucharon... y recomenzaron esa lucha muchas veces... y poco a poco fueron mejorando. No vaciles en pedir cualquier tipo de bienes, que te concederé lo que más convenga para tu santificación. ¿Qué puedo hacer por tu bien? - Cuéntame qué planes tienes. ¿Qué te preocupa? ¿En qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué cosas llaman hoy especialmente tu atención? ¿Cuáles son tus ilusiones? - ¿Sientes acaso tristeza por algún motivo? Cuéntame tus tristezas con todo detalle. ¿No os dije: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que Yo os aliviaré?" ¿Quién te ha ofendido? Acércate a mi Corazón, tantas veces lastimado por los hombres, y encontrarás consuelo y remedio para las heridas que haya en el tuyo. Cuéntamelo todo y verás cómo es fácil perdonar y hacer el bien a los demás. ¿Temes algún mal? Ponte en mis brazos y en los de mi Madre, que tanto te quiere. Contigo estoy, aquí a tu lado me tienes. Todo lo conozco y nunca te abandonaré. - ¿Y no tienes alguna alegría que comunicarme? Cuéntame lo que desde la última vez que hablamos te ha salido bien o ha hecho sonreír a tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas, has recibido muestras de cariño, has vencido dificultades o has salido de apuros... ¿Pensabas que Yo no tenía nada que ver con todo eso? ¿Por qué entonces has tardado tanto en agradecérmelo? También a mí me gusta alegrarme con tus alegrías. Cuando dais gracias os resulta más fácil caer en la cuenta de que Yo estoy pendiente siempre de vosotros. - ¿Concretamos algún propósito? Sabes bien que nuestra intimidad será mayor en la medida en que te esfuerces por amarme y mejorar con mi ayuda. Es el momento de la sinceridad ¿Tienes la firme resolución de evitar toda ocasión de pecado? ¿Volverás a ser amable con aquellas personas que te cuesta tratar? ¿Deseas elegir siempre el camino del amor aunque implique sacrificios? ¿Te esforzarás por trabajar mejor? ¿Procurarás tenerme presente en todas tus acciones? ¿Volverás a mí siempre, pase lo que pase? ¿Seguiremos hablando mañana? Ahora vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu trabajo... pero no olvides la conversación que hemos tenido aquí los dos, procura vivir en todo la caridad, ama a mi Madre, que lo es tuya también, y cuenta con mi ayuda para portarte como un buen hijo.
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