Servicio divino:

Disponible los 365 días del año, las 24 horas del día

 

Dios es un ser eternamente disponible porque nunca estará lo suficientemente ocupado como para hacernos esperar o darnos cita para otro día. Muchas veces, no nos damos cuenta del privilegio de tener al Todopoderoso siempre dispuesto a darnos su ayuda para que podamos seguir adelante a pesar de las dificultades del camino.

 

Dios nos ama con locura, es por esto, que no desea dejarnos sin su presencia compasiva y entusiasta. A Jesús le podemos llamar de día y de noche porque su poder le permite estar con nosotros a todas horas sin tener ninguna limitante.

 

Podríamos estar en el espacio exterior e invocar al Espíritu Santo porque Dios es parte de nosotros, es decir, nos acompaña a donde quiera que vayamos. Para un astronauta que sea creyente debe ser maravilloso saber que, aunque está fuera de su planeta, tiene la posibilidad de seguir apoyándose en el Dios de la vida que no solo rodea la Tierra sino toda la creación.

 

El Espíritu Santo nos invita a tener momentos de oración para dejarnos llevar por su amor, siendo verdaderos constructores de su reino en el mundo. Dios está en todas partes, sin embargo, es en el Sagrario donde se encuentra presente de una forma muy especial puesto que ahí reside para seguir consolando, amando y salvando, de hecho, nuestros momentos de oración fuera del templo tienen sentido gracias a nuestros instantes delante de Jesús Eucaristía.

 

Cuando estemos en un lugar donde no exista un Sagrario invoquemos, desde el fondo de nuestro corazón, al Señor y el acudirá a nuestro llamado. Dios nos ama profundamente y no ha querido establecer barreras físicas pues desea estar con nosotros y llenarnos de su amor sacerdotal, un amor gratuito y abierto a todos.

 

Termino con un fragmento del Salmo 139 que nos recuerda la presencia del Señor en toda la creación pues no hay sitio del universo en el que Él no esté dispuesto a llenarnos de su amor:

 

¿A dónde iré lejos de tu Espíritu? ¿A dónde escaparé de tu mirada? Si subo hasta el cielo, allí estás tú; si en el abismo me acuesto, allí te encuentro”.

 

Carlos Díaz, miembro de la Familia de la Cruz