
A continuación presento cronológicamente ordenados los fragmentos
de siete textos que muestran la posición de la Iglesia Católica
respecto a la Shoah. Después de cada texto incluyo un comentario
que indica qué idea me sugiere cada texto.
[1.-]
Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución
contra los hombres, consciente del patrimonio comûn con los judíos,
e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa
caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y
manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona
contra los judíos…
La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de
Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos
de raza o color, de condición o religión…
Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaración han
obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y
Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo,
juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y
establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así
decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios.
Nostra Aetate, 4, 5.
Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html
Si el Estado de Israel fuera árabe, no estaríamos hablando hoy de
él. O hablaríamos de él lo mismo que hablamos de Jordania: poco,
muy poco o nada. Eso es lo que la Iglesia deplora: “los odios,
persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo
y persona contra los judíos”.
[2.-]
Ante la tragedia de la Shoah a nadie le es lícito pasar de
largo. Aquel intento de destruir de modo programado a todo un
pueblo se extiende como una sombra sobre Europa y sobre el mundo
entero; es un crimen que mancha para siempre la historia de la
humanidad. Que esto sirva, al menos hoy y en el futuro, como una
advertencia: no se debe ceder ante las ideologías que justifican
la posibilidad de pisotear la dignidad humana a causa de la
diversidad de raza, de color de la piel, de lengua o de religión.
Dirijo este llamamiento a todos y, particularmente, a los que en
nombre de la religión recurren al atropello y al terrorismo…
En el Yad Vashem, el memorial de la Shoah, y al pie del muro
occidental del Templo, oré en silencio, pidiendo perdón y la
conversión de los corazones…
En efecto, si estamos recordando el drama de las víctimas, no lo
hacemos para volver a abrir heridas dolorosas, ni para suscitar
sentimientos de odio y deseos de venganza, sino para rendir
homenaje a aquellas personas, para mostrar la verdad histórica y,
sobre todo, para que todos se den cuenta de que aquellos hechos
tenebrosos deben ser para los hombres de hoy una llamada a la
responsabilidad en la construcción de nuestra historia. ¡Que jamás
se repita, en ningún rincón de la tierra, lo que sufrieron
hombres y mujeres a quienes lloramos desde hace sesenta años!
Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II con ocasión del
sexagésimo aniversario de la liberación de los prisioneros del
campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.
Vaticano, 15 de enero de 2005.
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/pont_messages/2005/documents/hf_jp-ii_mes_20050127_auschwitz-birkenau_sp.html
Juan Pablo II nos recuerda que no podemos contemplar la historia
como si la Shoah no hubiera existido. Existió, tuvo lugar, y “se
extiende como una sombra sobre Europa y sobre el mundo entero; es un
crimen que mancha para siempre la historia de la humanidad”.
Por eso hay que juzgar los sucesos a la luz de su existencia. Si se
produjo una vez, eso quiere decir que no es imposible que produzca.
Otra vez.
[3.-]
El Concilio reafirmó la convicción de la Iglesia de que,
en el misterio de la elección divina, los inicios de su fe se
encuentran ya en Abraham, en Moisés y en los Profetas. Sobre la
base de este patrimonio espiritual y la doctrina del Evangelio,
exhortó a una mayor estima y comprensión mutua entre cristianos
y judíos, y deploró todas las manifestaciones de odio, persecución
y antisemitismo (cf. Nostra aetate, 4). Al inicio de mi
pontificado, deseo aseguraros que la Iglesia sigue firmemente
comprometida, tanto en su catequesis como en los demás aspectos
de su vida, a aplicar esta enseñanza decisiva.
En los años que siguieron al Concilio, mis predecesores el Papa
Pablo VI y, de modo particular, el Papa Juan Pablo II, dieron
pasos significativos para mejorar las relaciones con el pueblo judío.
Yo tengo la intención de continuar por este camino. La historia
de las relaciones entre nuestras dos comunidades ha sido compleja
y a menudo dolorosa, pero estoy convencido de que el “patrimonio
espiritual” atesorado por cristianos y judíos es de por sí la
fuente de la sabiduría y de la inspiración que puede guiarnos
hacia “un porvenir de esperanza", de acuerdo con el plan
divino (cf. Jr 29, 11).
Al mismo tiempo, el recuerdo del pasado sigue siendo para ambas
comunidades un imperativo moral y una fuente de purificación en
nuestro esfuerzo por orar y trabajar en favor de la reconciliación,
la justicia, el respeto de la dignidad humana y la paz que, en último
término, es don del Señor. Por su misma naturaleza, este
imperativo debe incluir una reflexión continua sobre las
profundas cuestiones históricas, morales y teológicas planteadas
por la experiencia de la Shoah.
Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a un delegación
del Comité Judío Internacional para Consultas Interreligiosas.
Vaticano, 9 de junio de 2005.
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/june/documents/hf_ben-xvi_spe_20050609_jewish-committee_sp.html
Aunque la Santa Sede no entablara relaciones con el Estado de Israel
hasta 1993, parece que, una vez entabladas, no tiene ninguna intención
de interrumpirlas. Benedicto XVI profundiza en la linea de su
predecesor Juan Pablo II: no podemos contemplar la historia como si
la Shoah no hubiera existido.
[4.-]
La historia de las relaciones entre la comunidad judía y la
comunidad cristiana es compleja y a menudo dolorosa. Ha habido períodos
benditos de buena convivencia, aunque también se ha producido la
expulsión de los judíos de Colonia en el año 1424. Después, en
el siglo XX, en el tiempo más oscuro de la historia alemana y
europea, una demencial ideología racista, de matriz neopagana,
dio origen al intento, planeado y realizado sistemáticamente por
el régimen, de exterminar el judaísmo europeo: se produjo así
lo que ha pasado a la historia como la Shoá. Sólo en Colonia,
las víctimas de este crimen inaudito, y hasta aquel momento también
inimaginable, conocidas por su nombre, se elevan a once mil; en
realidad, seguramente fueron muchas más. No se reconocía la
santidad de Dios, y por eso se menospreció también el carácter
sagrado de la vida humana.
Este año se celebra el sexagésimo aniversario de la liberación
de los campos de concentración nazis, en los que millones de judíos,
hombres, mujeres y niños, fueron llevados a la muerte en las cámaras
de gas e incinerados en los hornos crematorios. Hago mías las
palabras escritas por mi venerado Predecesor con ocasión del
sexagésimo aniversario de la liberación de Auschwitz y digo
también: “Me inclino ante todos los que experimentaron aquella
manifestación del mysterium iniquitatis". Los
acontecimientos terribles de entonces han de “despertar
incesantemente las conciencias, extinguir los conflictos y
exhortar a la paz” (Mensaje con ocasión del sexagésimo
aniversario de la liberación de los prisioneros de Auschwitz, 15
de enero de 2005: L’Osservatore Romano, edición en lengua española,
4 de febrero de 2005, p. 7)…
La Iglesia es consciente de que tiene el deber de trasmitir, tanto
en la catequesis a los jóvenes como en cada aspecto de su vida,
esta doctrina a las nuevas generaciones que no han visto los
terribles acontecimientos ocurridos antes y durante la segunda
guerra mundial. Es una tarea especialmente importante porque,
desafortunadamente, hoy resurgen nuevos signos de antisemitismo y
aparecen diversas formas de hostilidad generalizada hacia los
extranjeros. ¿Cómo no ver en eso un motivo de preocupación y
cautela?…
Los adultos tienen la responsabilidad de pasar a los jóvenes la
antorcha de la esperanza que fue entregada por Dios tanto a los
judíos como a los cristianos, para que las fuerzas del mal
“nunca más” prevalezcan, y las generaciones futuras, con la
ayuda de Dios, puedan construir un mundo más justo y pacífico en
el que todos los hombres tengan el mismo derecho de ciudadanía.
Concluyo con las palabras del salmo 29, que son un deseo y también
una oración: “El Señor dé fuerza a su pueblo, el Señor
bendiga a su pueblo con la paz".
¡Que él nos escuche!
Saludo del Santo Padre Benedicto XVI a la comunidad judía
en la sinagoga de Colonia.
Colonia, 19 de agosto de 2005.
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/august/documents/hf_ben-xvi_spe_20050819_cologne-synagogue_sp.html
Benedicto XVI es perfectamente consciente de que el antisemitismo, “una
demencial ideología racista, de matriz neopagana,” que “dio
origen al intento, planeado y realizado sistemáticamente por el régimen
[nazi], de exterminar el judaísmo europeo”, sigue existiendo
hoy en día con la suficiente vitalidad como para constituir un
peligro real e importante que debe ser públicamente denunciado por
el sucesor de Pedro porque “desafortunadamente, hoy resurgen
nuevos signos de antisemitismo”.
[5.-]
Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos
los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor
de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del
pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder
mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de
grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su
importancia, con previsiones de bienestar, y también con la
fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron
de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción
y dominio…
Esta es también la finalidad por la que me encuentro hoy aquí:
para implorar la gracia de la reconciliación; ante todo, a Dios,
el único que puede abrir y purificar nuestro corazón; luego, a
los hombres que aquí sufrieron; y, por último, la gracia de la
reconciliación para todos los que, en este momento de nuestra
historia, sufren de modo nuevo bajo el poder del odio y bajo la
violencia fomentada por el odio…
Elevemos este grito a Dios; dirijámoslo también a nuestro corazón,
precisamente en este momento de la historia, en el que se ciernen
nuevas desventuras, en el que parecen resurgir de nuevo en el
corazón de los hombres todas las fuerzas oscuras: por una parte,
el abuso del nombre de Dios para justificar una violencia ciega
contra personas inocentes; y, por otra, el cinismo que ignora a
Dios y que se burla de la fe en él…
El lugar en donde nos encontramos es un lugar de la memoria, el
lugar de la Shoah. El pasado no es sólo pasado. Nos atañe también
a nosotros y nos señala qué caminos no debemos tomar y qué
caminos debemos tomar…
Los potentados del Tercer Reich querían aplastar al pueblo judío
en su totalidad, borrarlo de la lista de los pueblos de la tierra.
Entonces se verificaron de modo terrible las palabras del Salmo:
“Nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de
matanza". En el fondo, con la aniquilación de este pueblo,
esos criminales violentos querían matar a aquel Dios que llamó a
Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para
orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre.
Si este pueblo, simplemente con su existencia, constituye un
testimonio de ese Dios que ha hablado al hombre y cuida de él,
entonces ese Dios finalmente debía morir, para que el dominio
perteneciera sólo al hombre, a ellos mismos, que se consideraban
los fuertes que habían sabido apoderarse del mundo. En realidad,
con la destrucción de Israel, con la Shoah, querían en último término
arrancar también la raíz en la que se basa la fe cristiana,
sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la
fe en el dominio del hombre, del fuerte.
Discurso del Santo Padre Benedicto XVI en su visita al
campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.
Auschwitz-Birkenau, 28 de mayo de 2006
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/may/documents/hf_ben-xvi_spe_20060528_auschwitz-birkenau_sp.html
Querían “matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando
en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad,
criterios que son válidos para siempre” porque “este
pueblo, simplemente con su existencia, constituye un testimonio de
ese Dios que ha hablado al hombre y cuida de él”. Por eso “ese
Dios finalmente debía morir, para que el dominio perteneciera sólo
al hombre, a ellos mismos, que se consideraban los fuertes que habían
sabido apoderarse del mundo. En realidad, con la destrucción de
Israel, con la Shoah, querían en último término arrancar también
la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola
definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio
del hombre, del fuerte [el super-hombre nietzscheano, ubicado más
allá del bien y del mal]”.
Esta opinión del Santo Padre Benedicto XVI es
compartida por muchos rabinos. Entre ellos el rabino Nossom
Scherman.
http://www.torahmedia.com/downloadlink.php?fid=24993&bw=high
http://www.jewishworldreview.com/jwisdom/scherman_holocaust.php3
Por eso la izquierda apoya todo aquello que sea contrario a
Israel. Sea justo o no sea justo.
[6.-]
Todos los cristianos deben sentirse comprometidos a dar este
testimonio para evitar que la humanidad del tercer milenio padezca
de nuevo horrores semejantes a los que evoca trágicamente el
campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.
Antes de volver a Roma quise visitar precisamente ese lugar,
tristemente conocido en todo el mundo. En el campo de
Auschwitz-Birkenau, al igual que en otros campos semejantes,
Hitler hizo exterminar a más de seis millones de judíos. En
Auschwitz-Birkenau murieron también cerca de 150.000 polacos y
decenas de miles de hombres y mujeres de otras nacionalidades.
Ante el horror de Auschwitz no hay otra respuesta que la cruz de
Cristo: el Amor que desciende hasta el fondo del abismo del mal,
para salvar al hombre en la raíz, donde su libertad puede
rebelarse contra Dios.
La humanidad de hoy no debe olvidar Auschwitz y las demás “fábricas
de la muerte", en las que el régimen nazi trató de eliminar
a Dios para ocupar su lugar. No debe caer en la tentación del
odio racial, que está en la raíz de las peores formas de
antisemitismo.
Audiencia General del Santo Padre Benedicto XVI.
Vaticano, 31 de mayo de 2006
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2006/documents/hf_ben-xvi_aud_20060531_sp.html
Otra vez el Santo Padre Benedicto XVI nos recuerda que la “humanidad
de hoy no debe olvidar Auschwitz y las demás ‘fábricas de la
muerte’, en las que el régimen nazi trató de eliminar a Dios
para ocupar su lugar, porque el “odio racial… está en la raíz
de las peores formas de antisemitismo”. El Santo Padre usa el
presente de indicativo porque no habla del pasado sino del futuro
que constantemente se hace presente: hic et nunc.
[7.-]
En estos días, en los que recordamos el Holocausto, me
vuelven a la memoria las imágenes recogidas en mis repetidas
visitas a Auschwitz, uno de los campos de concentración en los
que se consumó la brutal matanza de millones de judíos, víctimas
inocentes de un ciego odio racial y religioso. A la vez que
renuevo con afecto la expresión de mi plena e indiscutible
solidaridad con nuestros hermanos destinatarios de la Primera
Alianza, espero que la memoria del Holocausto impulse a la
humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando
conquista el corazón del hombre. Que el Holocausto sea para todos
advertencia contra el olvido, la negación o el reduccionismo,
porque la violencia hecha contra un solo ser humano es violencia
contra todos. Ningún hombre es una isla, escribió un conocido
poeta. Que el Holocausto enseñe, tanto a las personas mayores
como a las nuevas generaciones, que sólo el fatigoso camino de la
escucha y del diálogo, del amor y del perdón, conduce a los
pueblos, las culturas y las religiones del mundo a la anhelada
meta de la fraternidad y de la paz en la verdad. ¡Que la
violencia nunca más humille la dignidad del hombre!
Audiencia General del Santo Padre Benedicto XVI.
Vaticano, 28 de enero de 2009
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2009/documents/hf_ben-xvi_aud_20090128_sp.html
Quizá se pueda decir más alto, pero difícilmente se puede decir más
claro: “A la vez que renuevo con afecto la expresión de mi
plena e indiscutible solidaridad con nuestros hermanos destinatarios
de la Primera Alianza, espero que la memoria del Holocausto impulse
a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal
cuando conquista el corazón del hombre. Que el Holocausto sea para
todos advertencia contra el olvido, la negación o el
reduccionismo”.
Ésto es lo que dice la Iglesia: es necesario tener muy en
cuenta la Shoah para interpretar los signos de los tiempos.
Hoy, miércoles 4 de enero de 2009, sigue ejerciendo el sacerdocio y
la docencia el padre Juan Masiá Clavel, autor de este
artículo: La moral no prohibe desconectar a Eluana.
http://blogs.periodistadigital.com/vivirypensarenlafrontera.php/2009/02/03/la-moral-no-prohibe-desconectar-a-eluana