El suicidio nunca es una salida.Aunque en antiguas culturas el suicidio podía ser considerado la expresión máxima del ejercicio de la libertad, no es más que un acto cobarde de huir de problemas que de momento pueden parecer insuperables. Y digo de momento, porque siempre luego de una noche oscura sale el sol (y si no en esta vida, en la siguiente). Ha habido personas que habiendo estado a punto de suicidarse, luego de haber pasado la tormenta han agradecido a Dios que algo les hubiera detenido. Y es que en un estado de inmensa depresión siempre deben evitarse tomar decisiones apresuradas, y más todavía, irrevocables, máxime cuando el panorama está borroso, y aunque hay salidas a la vuelta de la esquina, no es posible vislumbrarlas en el momento. Hay otras que no han tenido tanta suerte y pensando que sus problemas no tenían solución se han entregado a la desesperanza acabando con sus vidas, sin poder comprobar que solo hacía falta esperar un poco, y estos se hubieran solucionado. Así fue el caso del popular escritor Stefan Zweig, quien se suicidó juntamente con su esposa antes de acabar la segunda guerra mundial, desesperados ante el futuro de Europa pensando que el nazismo se extendería por todo el mundo. Hoy día con la crisis económicas son muchas las personas que se van a atravesar graves problemas económicos y se verán tentados a acabar con sus vidas. Entre los casos que ya comienzan a escucharse el los medios tenemos:
Ante estas trágicas y dolorosas noticias los cristianos debemos orar más que nunca para que Dios de fortaleza a quienes se ven sometidos a estas duras pruebas y les conceda la gracia para resistirlas. Y si tu que estás leyendo estas líneas, estás pensando suicidarte, DETENTE, recuerda que no estás solo, tienes a un Padre que te ama, y que nunca te va a abandonar. Pero dice Sión: «Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.» ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo nunca me olvidaré de ti. Te tengo tatuada sobre las palmas de mis manos” Isaías 49,14-16
Escrito por José Miguel Arráiz
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