ARTÍCULO II
DEL PRINCIPIO FORMAL DE LAS PROCESIONES DIVINAS
421. Una vez probada la existencia de las procesiones en lo referente a Dios, consta también que el principio que produce, *principium quod+ según se dice, esto es, el supuesto o subsistente del cual tiene el origen el término que procede, es en la generación del Hijo el Padre, y en la procesión del Espíritu Santo el Padre y el Hijo como un solo principio. Sin embargo, en orden a algún entendimiento ulterior de este misterio, puede preguntarse cuál es en las procesiones divinas el principio formal; esto es, el *principium quo+, a manera de virtud productiva; a saber, qué es lo que explica de algún modo la razón de estas procesiones. Esto lo enseña, siguiendo la revelación, la Teología latina acerca del principio formal de las procesiones divinas.
Ahora bien, hay en esta algunos elementos, de los cuales no puede dudarse dogmática o teológicamente, en cuanto que tiene su fundamento cierto en la revelación; en cambio, algunos elementos que contienen una explicación ulterior, solamente alcanzan la calificación de postura teológica, bien cierta, bien probable.[1]
Entre los primeros elementos se enumeran la procesión del Verbo por el entendimiento y la procesión del Espíritu Santo por la voluntad. A la otra clase de elementos pertenece una explicación ulterior de las divinas procesiones por analogía con la palabra y el amor en las creaturas, la cuestión escolástica acerca de la propia razón del principio *quo+ en lo referente a Dios, y la explicación de la diferencia entre ambas procesiones.
Se prueba por separado en las siguientes tesis, que las dos procesiones divinas se dan por el entendimiento y por la voluntad. Y ahora es preferible estudiar brevemente el sentido y la razón general teológica de este capítulo.
422. Los teólogos enseñan comúnmente siguiendo a STO, TOMÁS, q. 27., que las procesiones divinas son según las operaciones propias de la naturaleza divina, lo cual parece que es suficientemente claro, puesto que se da en ellas la actividad de la divinidad ad intra, la cual es necesariamente connatural. Por otra parte, consta en la revelación que las procesiones divinas no son libres, sino necesarias y naturales, lo cual ha sido explicado en multitud de ocasiones por los Padres, en primer término acerca de la generación del Hijo en contra de los arrianos, y después acerca de la procesión del Espíritu Santo en contra de los macedonianos. Por consiguiente, no queda otra cosa más que el que sean *según las acciones que permanecen en el agente+, q. 27. a. 5.; a saber, las operaciones vitales de entender y de querer.
Ahora bien, debe tenerse en cuenta muy bien lo siguiente:
a) La acción de entender y la acción de querer en Dios son algo esencial y no producido, común a las tres personas. Por lo cual, el Verbo en lo referente a Dios, no es acción formal de entender, ni el Espíritu Santo es acción formal de querer, esto es, amor; a saber, no son aquello por lo que el Padre entiende, o por lo que el Padre y el Hijo se aman mutuamente, sino que el Verbo es el término producido por la acción de entender, en virtud de la infinita fecundidad de la naturaleza divina en la razón de entender, y el Espíritu Santo es el término producido por el amor, en virtud de la infinita fecundidad de la naturaleza divina en la razón de amar. La acción de entender y la acción de querer en Dios, se identifican ciertamente de un modo real, pero se distinguen con distinción de razón, lo cual es suficiente para que se explique de alguna forma que son posibles dos procesiones realmente distintas bajo diferente razón formal: q. 27 a. 3; pues en la procesión del Verbo se comunica la naturaleza divina en cuanto que es acción de entender, y en la procesión del Espíritu Santo en cuanto que es amor.
b) Puesto que las producciones divinas, cada una en su línea, tienen término infinito y totalmente adecuado a la virtud o poder productivo, no pueden multiplicarse, sino que ambas son únicas en su propia razón. Por ello, hay solamente dos procesiones en Dios: q. 27 a. 3 y 5.
c) La diferencia esencial entre las procesiones divinas por el entendimiento y la voluntad y las producciones de la palabra mental y del acto de amor entre los humanos, es que nosotros expresamos una palabra para entender, y realizamos la acción del amor para amar. En cambio, en lo referente a Dios, el Padre eterno entiende por sí y esencialmente en el acto identificado consigo mismo, y el Verbo produce porque entiende en virtud de la infinita fecundidad de la inteligencia divina; y el Padre y el Hijo se aman esencialmente con el mismo amor identificado con ellos mismos, y producen al Espíritu Santo en virtud de la infinita fecundidad de la naturaleza divina como es la acción de querer. En este sentido, las procesiones divinas no son operaciones naturales de entender y de amar, sino a manera de lo obrado por estas operaciones.
TESIS 36. EL HIJO O VERBO PROCEDE POR EL ENTENDIMIENTO.
423. Nexo. Puesto que las procesiones divinas son naturales, está claro que el principio formal de ellas, al menos el principio remoto, es la naturaleza. Ahora bien, en ambas procesiones se comunica la naturaleza divina por identidad, y ambas se dan por exigencia de la infinita fecundidad de la naturaleza divina. En esto coinciden las dos procesiones, las cuales, sin embargo, son distintas; por consiguiente, es menester estudiar cuál es el principio formal inmediato de ambas. Y, como quiera que la segunda persona es llamada el Verbo, el cual parece que hace referencia al entendimiento, se pregunta si la razón formal inmediata por la que procede el Verbo es el entendimiento. Esto lo sostiene la sentencia común de los teólogos, los cuales defienden, de igual modo, que el Espíritu Santo procede por la voluntad.
Nociones. Consta, por la palabra de Dios tanto escrita como transmitida por la tradición, que el HIJO y el VERBO es la misma persona en lo referente a Dios. El que esta segunda persona procede por el entendimiento, significa que la procesión de esta persona se da en Dios precisamente porque la naturaleza divina es inteligente; o lo que es lo mismo, que la razón formal por la que es producido, y se le comunica la naturaleza divina, es inmediatamente la acción de entender, de un modo en cierta manera análogo a como se produce la palabra en el entendimiento humano por una operación intelectual. Negamos, por consiguiente, que las procesiones divinas se fundamenten inmediatamente en la naturaleza en cuanto tal, sino que sostenemos que se fundan en la naturaleza según las operaciones inmanentes propias de la naturaleza espiritual; y esto lo afirmamos en la presente tesis acerca de la procesión del Verbo por el entendimiento; después probaremos esto acerca de la procesión del Espíritu Santo por la voluntad.
424. Sentencias. DURANDO, enseña que las procesiones divinas son inmediatamente por naturaleza; esto es, que se fundan en la fecundidad de la naturaleza divina en cuanto tal, principalmente la primera, la cual, en cuanto generación, está fundada en los vivientes, incluso en los intelectuales, en la naturaleza, no en la inteligencia; y ataca expresamente el que las procesiones divinas pueden ser según las operaciones de entender y de amar. Como consecuencia de su teoría, se atrevió a decir que el Hijo no era llamado propiamente el Verbo, sino sólo metafóricamente.
Algo semejante parece que sostienen algunos más modernos, al menos en la parte negativa de la teoría de DURANDO; pues parece que la procesión del Verbo por el entendimiento y más todavía la procesión del Espíritu Santo por la voluntad, la tienen como una mera teoría o explicación analógica, a manera de cierta comparación sin ningún fundamento dogmático; más aún, que con estas explicaciones no se trata nada acerca del modo de cómo son en realidad las procesiones en lo referente a Dios; pues se equiparan estas doctrinas teológicas a restos trinitarios hallados en las creaturas.
Sin embargo, la sentencia común de los teólogos, es que en verdad y en realidad, el Verbo procede por la vía del entendimiento y el Espíritu Santo por la vía del amor, dejando aparte la ulterior comparación con la palabra de la mente humana y con el amor creado, la cual, no obstante, en cuanto común y con fundamente en el nombre mismo del Verbo y del amor, es muy atinada; de tal forma es así, que muchos teólogos y estos de gran nota, califican la teoría de DURANDO con grave censura de temeridad e incluso de proximidad al error.[2]
Doctrina de la Iglesia. Es común esta tesis en la explicación del dogma trinitario, y se da claramente por supuesta en el Catecismo del Concilio Tridentino. LEÓN XII, en la Encíclica Divinum illud, cuando recomienda las apropiaciones trinitarios en virtud de la afinidad que se da entre las obras divinas y las personas, dice: *De forma muy adecuada, la Iglesia ha acostumbrado a atribuir al Hijo... aquellas obras de la divinidad... en las que sobresale la sabiduría+. Pío VI, en la condenación del sínodo pistoriense, aprueba las palabras de S. AGUSTÍN y de STO. TOMÁS: *Hijo en tanto en cuanto Verbo y Verbo en tanto en cuanto Hijo+, y *que el nombre del Verbo lleva consigo la misma propiedad que lleva el nombre del Hijo+ (D 1597).
Valor teológico. La tesis es teológicamente cierta; así la consideran prácticamente todos los teólogos, y juzgamos que hay que mantener absolutamente esta censura.
425. Se prueba por la S. Escritura, por los documentos de la Iglesia y por los Padres, a causa de los nombres de VERBO, de SABIDURÍA y de IMAGEN, con los que se designa a la segunda persona de la Santísima Trinidad; sobre todo a causa del nombre de Verbo.
1. El Verbo es el nombre propio del Hijo de Dios; es así con el nombre del Verbo se da a conocer algo que pertenece al orden del entendimiento y que tiene origen por el entendimiento; luego, la procesión del Verbo es por el entendimiento.
La mayor:
a) S. Jn. 1; Apoc. 19,13 y I S. Jn 1 el Hijo de Dios es llamado el Verbo.
b) También le dan el nombre del Verbo al Hijo de Dios S. DIONISIO ROMANO (D 48 51); S. DÁMASO EN LOS ANATEMATISMOS (D 65 66 70) y el Concilio de Calcedoni (D 148).
c) Los Padres, con muchísima frecuencia, designan a la segunda persona de la Santísima Trinidad con el nombre del Verbo como nombre propio, no menos que con el nombre del Hijo. Así S. IGNACIO (R. 45), S. IRENEO: *El Hijo es el Verbo de Dios+ (R 200 203 205); y es conocido que los Padres anteriores al Concilio de Nicea, más bien tenían como nombre personal el Verbo que el Hijo, por el hecho de que este segundo nombre expresa solamente que aquel fue engendrado. Y aunque los herejes, sobre todo los arrianos, hayan abusado de este nombre y lo interpretaran mal, sin embargo no se apartaron de denominar así a la segunda persona de la Santísima Trinidad los Padres del siglo IV, como S. ATANASIO (R 754 770 787, etc.), los Padres de Capadocia, S. CIRILO ALEJANDRINO (R 2070 2083), S. AGUSTÍN.
La menor, de por sí, está clara, y la enseñan explícitamente los Padres en repetidas ocasiones. Es conocido que los escritores anteriores al Concilio de Nicea, fundamentan toda la doctrina acerca de la generación del Hijo en el hecho de que el Verbo es la expresión de la mente del Padre, el cual nunca ha sido negado o puesto en duda por los Padres posteriores; más aún, incluso ha sido propuesto de forma expresa.
Así, S. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA: *El Verbo de Dios es hijo legítimo de la mente+. S. DIONISIO DE ALEJANDRÍA, dijo que el Verbo era el efluvio de la mente, lo cual lo prueba S. ATANASIO; este Santo dice: *Él mismo es el Verbo del Padre, el cual, por tanto, igual que el Padre debe entenderse que no sufre ningún menoscabo ni puede ser dividido; ya que siendo así que hasta los nombres mismos expresan su propia palabra sin división y sin sufrir ningún perjuicio; por tanto, mucho más Dios manifiesta así su Verbo+ (R 754). S. BASILIO: *)Por qué Verbo? para que quede claro que ha procedido de la mente... al igual que nuestra palabra...+ (R 909). S. GREGORIO NACIANCENO: *Pues bien, el Verbo, el cual es respecto al Padre como la palabra respecto a la mente, no sólo a causa de su generación libre de todo menoscabo, sino también a causa de la unión del Verbo mismo con el Padre y a causa de la fuerza enunciadora+ (R 994); S. CIRILO DE ALEJANDRÍA: *Ahora bien, queridísimo )qué dirás acerca de Juan, el cual llama al Hijo el Verbo, y le atribuye a Él mismo este nombre enteramente propio y especialisimamente indicador de su esencia?... Bastó decir el Verbo para significar la esencia del Hijo+ (R 2070). Por último S. JUAN DAMASCENO, recoge la doctrina de los Padres griegos diciendo que el Hijo es llamado el Verbo, *porque es, respecto al Padre, lo que la palabra es respecto al entendimiento+; *movimiento físico de la mente+. Más aún, manifiestan esto muchas veces en contra de los arrianos y los álogos, a los cuales les acusan de error, ya que el Padre sin el Verbo estaría sin sabiduría.
Así pues, ves con qué fundamento ha podido decirse que la tesis de los latinos de ningún modo puede apoyarse en los Padres griegos, pues que no solamente el argumento, sino la tesis misma ha sido expresada con estas palabras. S. AGUSTÍN, según es conocido, desarrolla este tema mas ampliamente en los libros de Trinitate (R 1667 1678 1816, etc.).
426. 2. Por el nombre de Sabiduría. Si el Hijo procede por el entendimiento, se entiende por qué aparece en los libros sapienciales Prov. 8, Ecl. 24, según explican comúnmente, los Padres y la Iglesia, como la Sabiduría engendrada e hipostática. Así S. ATANASIO (R 787), S. AGUSTÍN, puesto que todas las personas son sabias; más aún, la sabiduría substancial misma, la única razón de por qué el Hijo es llamado especialmente la Sabiduría, es porque con este nombre se da a conocer el modo de su origen; ahora bien, el principio de la sabiduría es el entendimiento.
3. Puede, también, argumentarse con muchos teólogos, como STO. TOMÁS, q.35 a.1.2, por el nombre de Imagen, el cual en la S. Escritura solamente se dice del Hijo. Pues para que algo sea imagen de alguien es necesario que se presente como semejante a él en el aspecto o en la señal del aspecto, de donde, en lo referente a Dios, se dice nocionalmente, y ciertamente acerca del Hijo, el cual procede en cuanto Verbo, de cuya razón es la semejanza de la forma o del aspecto en orden a aquello por lo que procede a causa de la intención de tal semejanza.
427. Razón teológica.
1. La principal razón es la que entresacamos de STO. TOMÁS, q.27 a.1, 3, 5; a saber: que las procesiones divinas deben ser según las operaciones inmanentes propias de la naturaleza espiritual; es así, que la primera operación de esta naturaleza es la inteligencia; luego, la primera procesión en lo referente a Dios es por el entendimiento.
2. La naturaleza intelectual, de suyo, manifiesta o habla aquello que entiende, y es una gran perfección el tener fecundidad en orden a la manifestación, la cual perfección es absolutamente conveniente el que Dios la posea.
SE EXPLICA QUÉ ES EL VERBO EN LO REFERENTE A DIOS. La función propia de la razón teológica en los misterios es, por analogía con aquellos datos que la mente humana ha conocido en otras ocasiones acerca de Dios y de lo creado, el alcanzar algún conocimiento y éste provechosísimo de ellos (D 1796). Esto lo garantiza la teología acerca del Verbo divino (q.27 a.1; q.34 a.1.2)[3].
Así como la mente humana, al entender, forma la semejanza de la cosa que ha entendido la cual se llama palabra, puesto que por ello la mente, en cierto modo, habla consigo misma, así, a su manera, el Padre, en lo referente a Dios, entendiendo con entendimiento infinito, produce el término que es una cierta expresión de la realidad entendida, la cual, con todo derecho, se llama el Verbo, porque *la palabra, en general, por el mismo hecho de que responde a la expresión, es algo producido en la razón de signo intelectualmente representativo, lo cual, por tanto, indica orden respecto a la naturaleza intelectual en cuanto tal, como principio suyo+. Por consiguiente, el Verbo divino coincide con la palabra interna humana en cuanto es espiritual, permanente, inmanente, y en cuanto que representa, naturalmente y en virtud de la procesión, el objeto conocido.
Sin embargo, el Verbo divino se diferencia de la palabra humana:
a) porque la palabra humana es accidental, y el Verbo divino es persona subsistente;
b) la palabra creada, es producida a causa de la necesidad de la persona inteligente y le constituye en el ser de inteligente; en cambio, el Verbo divino es producido a causa de la infinita perfección y a causa de la fecundidad de la acción divina misma de entender, y, por tanto, supone el principio inteligente ya en el acto segundo de entender;
c) la palabra creada en cuanto forma representativa, tiene un ser diferente de la potencia intelectual, la cual es el principio de aquella; sin embargo, en el Verbo divino, la razón formalmente representativa, es el entender divino mismo por el que el Padre entiende y el cual es la razón de producir en éste; puesto que el entender de Dios es su ser mismo; por lo cual, la producción del Verbo es la comunicación del acto puro mismo bajo la razón formal de la acción de entender. Por consiguiente, el Verbo divino indica relación real de origen respecto a la persona del Padre, de la cual procede; en cambio, en cuanto que representa intelectualmente al objeto entendido, indica relación solamente por lo que hace referencia al expresarse en orden a las cosas representadas, así como la formal acción divina de entender.
N.B. La diversidad de sentencias, al explicar la palabra humana, no conduce a aclarar el Verbo divino, puesto que toda entera consiste en la función que ejerce en orden a constituir a la persona inteligente en el acto segundo de entender; ahora bien, el Verbo divino ya presupone esto, o sea, según se ha dicho, no es producido para que el Padre entienda, sino porque entiende; por eso es producido[4].
428. Corolarios:
1. El Verbo, en lo referente a Dios, no se dice sino nocionalmente: q.34 a.1; pues para la razón de Verbo no es suficiente que sea formal representación intelectual, sino que, además, es algo producido en esa línea; esto es, bajo razón formal.
2. Otras palabras que pertenecen al orden del entendimiento, de suyo, se dicen esencialmente; por lo cual, no se atribuyen especialmente al Hijo sino por apropiación. Sin embargo, el nombre la Sabiduría del Padre, si se añade sobre todo engendrada o hipostática, es, según uso de la S. Escritura y de los Padres, nombre personal.
3. El Padre no puede decirse propiamente sabio y sabiduría engendrada, porque esto significaría que el Verbo era el atributo por el que el Padre es formalmente sabio. Y si se hallan en los Padres estas o parecidas expresiones, o bien significan en contra de los arrianos que el Padre solamente es sabio con aquella sabiduría en la cual idénticamente y necesariamente es el Verbo o bien toman el nombre de sabiduría por antonomasia y por apropiación. Lo mismo hay que decir acerca de la idea ejemplar y de la expresión *de que Dios y los bienaventurados ven todo en el Verbo+.
4. La producción del Verbo se llama también decir, principalmente, puesto que el Verbo divino conviene también con la palabra expresada externamente, lo cual se sigue en virtud de la acción de entender. Por lo cual decir se indica por antonomasia y ad intra nocionalmente acerca del Padre. Decirse acerca de la palabra dicha es también nocional y propio del Hijo; como acerca de la cosa dicha es propio de todas las cosas que Dios conoce: q.34 a.1.
429. Objeciones:
1. Los Padres griegos en los textos aducidos, presentan solamente la comparación del Hijo con la palabra humana, a fin de afirmar la inmaterialidad de la generación divina; luego, de ahí nada puede desprenderse en orden a probar la procesión del Hijo por el entendimiento.
Respuesta, niego en absoluto el antecedente, según está claro por los textos aducidos mismos. Afirman, en verdad, y prueban con dichos textos la espiritualidad de la generación divina; mas una vez asumido el fundamento y habiendo enseñado ciertamente de modo expreso que el Hijo es verdaderamente el Verbo de Dios y que procede de la mente. Pues si tomaran el nombre del Verbo de un modo meramente metafórico )qué argumento sería el suyo en contra de los herejes?; por lo cual, no falla el método de argumental del cual usan los Padres en contra de los arrianos y los álogos, de que el Padre sin el verbo existiría sin sabiduría; pues la sabiduría esencial exige identificarse con el Verbo producido.
2. DURANDO pone la siguiente objeción: Las procesiones divinas son en virtud de la fecundidad de la naturaleza divina, y principalmente la generación es llamada por los Padres procesión natural; luego, deben explicarse inmediatamente por la naturaleza.
Respuesta. Distingo el antecedente. Las procesiones divinas son en virtud de la fecundidad de la naturaleza divina, concedo el antecedente; de otro modo, esto es inmediatamente, niego el antecedente, y especialmente la naturaleza divina en cuanto tal no puede ser poder generador o tener este poder independientemente de la operación del entendimiento, ya que no puede propagarse. Los Padres dicen que la generación es procesión natural en oposición a la procesión libre de la creación, la cual sostenían los arrianos. Además, la procesión por la naturaleza y por el entendimiento, en Dios, es la misma: q.30 a.2.
3. Insiste DURANDO: En las creaturas, la generación o producción natural, no es por el entendimiento, ni siquiera en los seres intelectuales, sino inmediatamente por la naturaleza; luego, *a pari+, debe entenderse la generación divina.
Respuesta, niego la paridad. La paridad con las creaturas, si se hiciera demasiado hincapié en ella, debería negar la generación divina, pues ninguna realidad (creada) puramente intelectual puede comunicar su sustancia. Hay que añadir que la generación en las creaturas es por naturaleza, pero mediante un poder especial destinado a esto.
430. 4. La principal dificultad en la cual insiste DURANDO, es que de la doctrina de los teólogos se sigue también el que el Hijo y el Espíritu Santo deben engendrar o producir al Verbo, puesto que también ellos entienden con acción infinita de entender. )Por qué, pues, solamente el Padre produce al Verbo?.
Respuesta:
1) Devuelvo el argumento en contra de DURANDO; también la naturaleza divina es la misma en las tres personas; luego, también las tres personas deberían engendrar. Además, en la teoría de DURANDO no puede explicarse el por qué la naturaleza divina es fecunda en una doble línea, la línea de generación y la línea de insuflación; más aún, sería imposible a causa de la infinidad del término en la primera procesión.
2) Distingo el antecedente. También el Hijo y el Espíritu Santo debería producir al Verbo, si las personas divinas entendieran con distintas acciones infinitas de entender, pase el antecedente; siendo así que entienden con una sola acción de entender, niego el antecedente. La razón de por qué el Padre produce al Verbo, es la fecundidad de la acción divina de entender, a la cual como que la agota la procesión del término infinito en la primera procesión; de donde, no hay ninguna razón de por qué el Hijo y el Espíritu Santo vayan a producir un nuevo verbo; más aún, es imposible, puesto que lo infinito es único en la propia línea.
TESIS 37. EL VERBO PROCEDE PER SE Y FORMALMENTE DE LA CIENCIA NECESARIA DE DIOS; EN CAMBIO, SÓLO PROCEDE POR CONCOMITANCIA DE LA CIENCIA CONTINGENTE.
431. Nexo. Una vez que hemos hablado de la procesión del Verbo por el entendimiento, los escolásticos introducen un tema más sutil acerca de la ciencia por la que procede. Nos parece que debemos tratar brevemente acerca de esta ciencia como complemento de la doctrina.
Estado de la cuestión y nociones. Puesto que el Verbo por la acción divina de entender, la cual es una sola, simplicísima y abarca todas las cosas, está claro que él mismo procede por el conocimiento que alcanza de hecho a toda verdad; y puesto que es propio de la palabra interna el representar los objetos que le son conocidos a la persona inteligente misma, por la cual palabra interna dicha persona inteligente, como que habla consigo misma, dicen los Padres y los Doctores que Dios dice toda la verdad a su Verbo: q.34 a.1. Sin embargo, según es conocido, se distinguen diferentes signos de razón en la acción divina de entender, en cuanto que se refiere a objetos diversos. Se pregunta, por tanto, si el Verbo divino procede propiamente hablando, esto es per se y formalmente, de la ciencia divina total, o mas bien solamente de alguna o algunas de aquellas en las que suele dividirse.
Per se y formalmente procede el Verbo de aquella ciencia que debe entenderse absolutamente y en toda hipótesis para que proceda el Verbo perfectísimo. Solamente procede por concomitancia de aquella ciencia, que aunque por un posible o por un imposible no se diera en Dios, sin embargo, sería producido el Verbo perfectísimo. Esto es, el Verbo procede per se y formalmente de aquella ciencia que es absolutamente necesaria para explicar la procesión del Verbo divino; y sólo por concomitancia de aquella ciencia que no concierne a esta explicación.
Ciencia necesaria en Dios, es el conocimiento de sí mismo; a saber, de la esencia y de las relaciones o personalidades divinas, de la paternidad, de la filiación y de la insuflación, y, además, el conocimiento de los posibles; ciencia contingente es el conocimiento de los futuros y los futuribles.
432. Sentencias. Más común y mucho más probable, es la sentencia que establecemos en la tesis: El Verbo procede per se y formalmente de la adecuada ciencia necesaria; meramente por concomitancia de la ciencia contingente. Admitimos, sin embargo, que el conocimiento de la esencia divina y de la paternidad se refiere primordialmente a la procesión del Verbo; y que el conocimiento de la filiación, de la insuflación y de los posibles, se refiere de un modo secundario, aunque también de modo formal y per se.
Sin embargo, a causa de las dificultades que surgen, hay muchos teólogos que piensan de otro modo. En efecto, todos sostienen que el Verbo procede formalmente del conocimiento de la esencia divina, como es evidente. Sin embargo, ESCOTO niega que proceda por conocimiento de las relaciones y de los posibles, y le siguen muchos escotistas, y otros como VÁZQUEZ; si bien, éste sostiene la tesis acerca del conocimiento de la paternidad y de la filiación. Se funda ESCOTO en la prioridad que parece que se da en la producción del Verbo respecto del conocimiento de Él mismo, al menos un conocimiento intuitivo; por tanto, el Verbo no puede proceder del conocimiento de sí mismo; ahora bien, al ser los relativos simultáneos en el conocimiento, tampoco puede el Verbo proceder por conocimiento de la paternidad; mucho menos por conocimiento de la insuflación y de los posibles.
Movidos por esta dificultad, algunos tomistas dicen que el Verbo procede de un conocimiento cuasi‑abstractivo de sí mismo. No obstante, esto debe rechazarse, pues el conocimiento abstractivo solamente puede admitirse en Dios acerca de aquello que, de suyo, prescinde de la existencia y pueda ser meramente posible.
Por el contrario, algunos, como VALENCIA y RUIZ DE MONTOYA, enseñan que el Verbo procede, per se y formalmente, de la ciencia total de Dios, no sólo de la necesaria, sino también de la contingente.
Valor teológico. La tesis es más probable.
433. Se prueba la primera parte. EL VERBO PROCEDE, PER SE Y FORMALMENTE, DE LA ADECUADA CIENCIA NECESARIA.
El Padre produce al Verbo en virtud de un conocimiento perfectísimo, intuitivo y comprensivo de la divinidad, y, en verdad, per se y formalmente, esto es por exigencia de la producción misma; es así, que el conocimiento comprensivo de la divinidad alcanza intuitiva y perfectísimamente no sólo a la esencia misma, sino también a las relaciones, y, además, alcanza también, con total distinción, a todos los posibles; luego, el Verbo procede de la adecuada ciencia necesaria.
Prueba de la mayor. En efecto, la procesión del Verbo se da en Dios a causa de la fecundidad del entendimiento infinito en cuanto tal, en cuanto que alcanza perfectísimamente a la divinidad misma.
La menor consta por el concepto de conocimiento comprensivo; pues las relaciones se identifican con la esencia, y los posibles están, virtualmente, contenidos en ella.
Sin embargo, primordialmente, el Verbo procede del conocimiento de la esencia y de la paternidad, pues se requiere esto por la razón misma del Verbo producido, el cual es el Verbo del Padre y su imagen perfectísima. En cambio, el conocimiento de la filiación, de la insuflación y de los posibles, se requiere solamente por la quididad del conocimiento comprensivo, por el que procede el Verbo.
Se prueba la segunda parte: EL VERBO PROCEDE SOLAMENTE POR CONCOMITANCIA DE LA CIENCIA CONTINGENTE DE DIOS.
La procesión del Verbo es necesaria; luego, no puede estar fundamentada, per se, en la ciencia contingente. De donde el Verbo divino sería perfectísimo del mismo modo, si la ciencia contingente fuera otra que la que es ahora; a saber, porque Dios hubiese creado otras creaturas distintas de las que, de hecho, han sido creadas.
434. Objeciones. Para la resolución de éstas, debe tenerse en cuenta lo siguiente:
a) el objeto del conocimiento divino, de ningún modo, es el principio de éste.
b) La intuición divina no supone su objeto como existente en todo momento, bien de origen, también de duración, en el que se da el conocimiento, según se ve claro en el conocimiento de los futuros desde la eternidad.
c) Entre las relaciones divinas y entre ellas y la esencia, no se da prioridad perfecta de razón, y la prioridad real misma de origen entre las relaciones persistentes con la simultaneidad de razón; en cambio, la prioridad imperfecta de razón no nos indica nada acerca de la cosa misma.
d) El *principium quo+ no conlleva distinción real ni prioridad perfecta de razón por el término producido.
EN CONTRA DE LA PRIMERA PARTE:
1. La producción del Verbo es anterior al conocimiento de Él mismo, al menos al conocimiento intuitivo; luego, el Verbo no puede ser producido por el conocimiento intuitivo de sí mismo.
Respuesta. Distingo el antecedente. Con alguna prioridad real o perfecta de razón, niego el antecedente; con una prioridad imperfecta de razón, concedo o puedo pasar el antecedente.
2. El principio de producción es anterior al término producido; es así, que el conocimiento del Verbo sería el principio de producción del Verbo mismo; luego, sería anterior al Verbo.
Respuesta. Distingo la mayor. El *principium quod+ es en Dios lo anterior por el origen, pero no por la razón; al término producido, concedo la mayor; el principium meramente quo, niego la mayor, a no ser, a lo sumo, con una prioridad inperfecta de razón.
3. En esta sentencia, el Verbo y el Espíritu Santo, más aún, incluso las creaturas en cuanto posibles, serían principio del Verbo mismo, o, al menos, anteriores al Verbo mismo; pues el objeto del conocimiento es anterior a éste y principio de éste.
Respuesta. Niego el aserto por lo ya indicado; pues el objeto del conocimiento divino no es el principio de éste (q.34 a.3); por tanto, a lo sumo, puede concederse una cierta prioridad imperfecta de razón.
EN CONTRA DE LA SEGUNDA PARTE:
1) El conocimiento de los futuros, pertenece a la perfección de la ciencia divina; es así, que el Verbo procede en virtud de un conocimiento perfectísimo; luego, también procede por conocimiento de los futuros.
Respuesta. Distingo la mayor. Hipotéticamente, en el supuesto de que se den, concedo la mayor; absolutamente, niego mayor y distingo la menor en virtud de un conocimiento perfectísimo y absolutamente necesario, concedo la menor; por un conocimiento contingente, niego la menor.
2) Todo lo que representa al Verbo, le representa en virtud de la procesión; es así, que también representa a las creaturas existentes; luego, procede por conocimiento de ellas.
Respuesta. Distingo la mayor. Bien formalmente, bien idénticamente y por concomitancia, concedo la mayor; precisamente formalmente, niego la mayor.
No va en contra de la tesis en ningún sentido lo indicado en q.34 a.3, pues al hablar STO. TOMÁS del Verbo expresivo y operativo de las creaturas, trata de la ciencia de simple inteligencia.
435. Escolio. DEL VOLUNTARIO EN LA GENERACIÓN DEL VERBO. Ya se ha hablado que consta por la fe, que la generación divina no es libre, sino necesaria, lo cual muchas veces lo enseñaron los Padres en contra de los arrianos. Por otra parte, no hay duda de que el Padre engendra al Hijo no por coacción, sino de un modo totalmente voluntario, como muchas veces los mismos Padres afirman en contra de los mismos herejes. Mas, puesto que el Verbo procede por el entendimiento y no por la voluntad, está claro que la voluntad divina no es el principio formal de la generación.
Reconocido esto, claramente, por todos, preguntaron los teólogos en qué orden de razón debería concebirse la voluntad del Padre en la generación del Hijo, pues, por una parte, parece que debe situarse como anterior a la generación misma, ya que lo esencial se dice que es anterior a lo nocional y el Padre engendra constituido plena y perfectamente, y así lo juzgaron ESCOTO y CAYETANO, juntamente con otros; mas, por otra parte, la acción de entender es anterior a la acción de querer, y la generación como que se sigue inmediatamente de ella, y por tanto la voluntad del Padre parece que es posterior a la producción del Verbo según piensan CAPREOLO, SUÁREZ y otros muchos.
Ambas sentencias, parece que retienen su probabilidad, y no hay dificultad en admitir una cierta mutua prioridad de razón entre la generación y la voluntad de engendrar; pues en esto, apenas puede pensarse, según indicamos al tratar acerca de la prioridad y de la posterioridad en lo referente a Dios más que de una prioridad imperfecta de razón, puesto que entre los datos que se comparan no puede hallarse ninguna otra prioridad.
TESIS 38. EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE POR LA VOLUNTAD.
436. Nexo. Lo que hemos probado en la tesis 36 acerca de la procesión del Verbo; a saber, que el principio inmediato de éste no es la naturaleza divina, sino su operación inmanente; esto es lo que establecemos ahora acerca de la procesión del Espíritu Santo, que la tercera persona procede por la otra operación inmanente de la naturaleza espiritual; a saber: por la voluntad.
Nociones. Por tanto, consta, por lo dicho, el sentido de la tesis; a saber, que la procesión del Espíritu Santo se da en lo referente a Dios en cuanto que se da en Dios una operación volitiva; esto es, que la razón formal por la que se produce la tercera persona es la voluntad, y que se le comunica a ella la naturaleza divina precisamente en cuanto que es acción de querer.
Adversarios. Según hemos dicho, se oponen a la doctrina común DURANDO y otros más recientes, los cuales, al menos, no quieren en esta tesis teológica ver mas que una cierta comparación, y los cuales insisten, también, de una forma especial, en el menor fundamento dogmático que tenga, según dicen ellos, esta parte de la teoría psicológica de las procesiones divinas. Ahora bien, DURANDO, aunque sostiene absolutamente que la procesión del Espíritu Santo no es por operación de la voluntad, sin embargo, a fin de distinguir de algún modo la generación de la insuflación, dice que la primera sólo se da *per modum naturae+, y que, en cambio, la segunda es *per modum voluntatis+; a saber, porque procede de las dos personas; la cual, sin embargo, no es mas que *una razón de nombre+ el por qué se denomine de este modo, según una cierta adaptación a lo que se halla en la imagen creada.
437. Doctrina de la Iglesia. Así como la procesión del Verbo la Iglesia enseña que se realiza por el entendimiento, así la procesión del Espíritu Santo enseña también la Iglesia, que se realiza por la voluntad. El Concilio XI de Toledo repite las palabras de S. AGUSTÍN: *El Espíritu Santo procede de ambos, porque es la caridad o santidad de ambos+ (D 277). El Catecismo del Concilio Tridentino dice que las obras del amor son apropiadas al Espíritu Santo, puesto que *el Espíritu Santo procede de la voluntad divina como inflamada en amor+. LEÓN XIII repite lo mismo en la Carta encíclica Divinum illud, en la cual propone a la Iglesia universal toda la doctrina acerca del Espíritu Santo como fundada en esto: en que el Espíritu Santo procede *del amor mutuo del Padre y del Hijo, y, por tanto, le llama al Espíritu Santo Amor vivificante, caridad divina y caridad entre sí del Padre y del Hijo, Amor increado, el Amor primero y supremo, el Amor sustancial.
Valor teológico. Debe mantenerse la censura prácticamente común de certeza teológica, sobre todo después de la encíclica de LEÓN XIII.
438. Se prueba por la S. Escritura y por la tradición. EN VIRTUD DE LOS NOMBRES CON LOS QUE ES DESIGNADO EL ESPÍRITU SANTO Y AL MISMO TIEMPO EN VIRTUD DE LAS FUNCIONES Y OPERACIONES que se le atribuyen. Los nombres por los que argumentamos con ESPÍRITU SANTO, CARIDAD Y AMOR, DON, y otros semejantes. Al Espíritu Santo se le han atribuido, como funciones, las obras de santificación.
1. El Espíritu Santo es el nombre propio de la tercera persona, si bien, acomodado a esta tercera persona, pues también las otras personas podrían llamarse de este modo (q.36 a 1); ahora bien, de este nombre se deduce la procesión del Espíritu Santo por la voluntad.
Prueba de la menor:
a) LA PALABRA ESPÍRITU, indica la quididad o esencia de la persona a manera de cierto impulso y de fuerza motiva (q.36 a.1 21), y según hemos indicado, basándonos en los Padres tiene un sentido relativo y pasivo, cuasi *spiratum+; es así, que en una naturaleza espiritual, el impulso y el principio motivo es la voluntad y su afecto; pues el amor impulsa a la voluntad del que ama en orden al amado, según está claro por el modo frecuente de hablar, tanto sagrado como profano; luego, con esta expresión, se da a conocer que la tercera persona procede por amor, y que se le comunica la naturaleza divina formalmente en cuanto que es amor.
b) La tercera persona recibe el nombre de Espíritu Santo de tal forma, que se le adjudican las obras de la santificación, e incluso parece que se dice especialmente de Él: el atributo mismo de la santidad y de la perfección moral en la divinidad. Así, después de la S. Escritura, la cual según es conocido, atribuye nuestra santificación al Espíritu Santo, sobre todo los Padres griegos llaman al Espíritu Santo *la santidad+, como S. GREGORIO TAUMATURGO (R 611), *cuya naturaleza es la santidad+, S. BASILIO (R 941), y ciertamente en la enumeración conjunta con las otras personas se le llama *la santidad misma+ ( αύτοαγιότης ) como la denomina S. GREGORIO NACIANCENO (R 914), y de aquí derivan la atribución de las obras de la santificación: *El Espíritu Santo, al ser santo según su esencia, recibe el nombre de fuente de la santidad+ (R 914). Así también, S. AGUSTÍN: *Aunque tanto el Padre como el Hijo son espíritu, y aunque tanto el Padre como el Hijo son santos, sin embargo, propiamente Él mismo, la tercera persona de la Santísima Trinidad, es llamado el Espíritu Santo, como la santidad sustancial y consustancial de ambos+ (R 1750).
Ahora bien, la santidad pertenece formalmente a la voluntad. Por consiguiente, como quiera que con esta expresión se da a conocer que el Espíritu Santo procede de un principio formalmente santo, se indica que procede por la voluntad; pues todo lo que se dice exclusiva o apropiativamente acerca de las divinas personas, expresa de uno u otro modo, la razón del origen. Así argumentan, comúnmente, los escolásticos, como S, BUENAVENTURA: *Insuflar en los seres espirituales es exclusivo del amor y puesto que el amor puede ser insuflado recta y ordenadamente, y así es puro... por ello, aquella persona que es amor, no solamente es llamada el Espíritu, sino también el Espíritu Santo+.
439. 2. CARIDAD, AMOR, DILECCIÓN: Con este nombre no es designado el Espíritu Santo en la S. Escritura, ni tampoco le designan así los Padres griegos; en cambio sí que le llama con este nombre muchas veces S. AGUSTÍN: *Bien sea la unidad de ambos, bien la santidad, bien la caridad, bien por tanto la unidad por ser la caridad, y por lo mismo la caridad por ser la santidad...+ (R 1665), y después de él también le llaman así al Espíritu Santo los Padres Latinos, como S. GREGORIO MAGNO: *El Espíritu Santo mismo es amor+. En la LITURGIA. *Fuente viva, fuego, caridad+; de tal forma que en el modo de hablar del pueblo cristiano, sea como la nota principal por la que se le distingue al Espíritu Santo. Al mismo tiempo S. AGUSTIN le llama bondad, dilección, etc., de donde dice: *La voluntad comienza a manifestar la persona del Espíritu Santo, y él mismo manifiesta la caridad con la que aman mutuamente el Padre y el Hijo; de donde si propiamente alguno de estos tres debe recibir el nombre de caridad )quién más adecuado que el que éste sea el Espíritu Santo? Por ello, se difunde en nosotros la caridad de Dios por el Espíritu Santo, el cual inflama en nosotros la dilección y los dones de la gracia+; es así, que la caridad es propia de la voluntad; luego el Espíritu Santo procede por la voluntad.
3. S. AGUSTÍN llama al Espíritu Santo, muchas veces, DON (R 1561 1670 1678) y S. HILARIO le llama regalo (R 858). A causa de lo cual STO. TOMÁS prueba con hermosas palabras que la procesión del Espíritu Santo es por el amor, porque con este nombre se indica que el Espíritu Santo procede en cuanto que es algo que es dado, y que procede por amor, ya que el don es dado por donación gratuita, de donde el amor mismo es el primer don: q.38 a.2.
440. Se prueba con el argumento de razón teológica en base a la doctrina general ya dada acerca de las procesiones según las operaciones inmanentes propias de la naturaleza divina; es así, que el Verbo procede por el entendimiento; luego, no queda mas que el Espíritu Santo proceda por la voluntad (q.27 a.3).
SE EXPLICA la procesión del Espíritu Santo (q.27 a.3.4; q.36 a.1; q.37 a.1) a semejanza del amor, el cual es a manera de la impresión de la cosa amada en el que ama y el impulso del que ama en el amado en virtud de lo cual se realiza la unión afectiva. En las creaturas se produce ciertamente el amor mismo con el que una persona ama formalmente; en cambio, en lo concerniente a Dios, se produce en virtud de la infinita fecundidad del amor mismo un término subsistente e infinito, al cual se le comunica la naturaleza divina formalmente en cuanto amor, y es a manera de amor subsistente e hipostático[5].
De donde al Espíritu Santo no se le apropia la caridad y el amor divino tanto como si fuera (apropiativamente, esto es, por antonomasia) la persona que ama, la cual en la S. Escritura se dice mas bien que es el Padre (S. Jn. 3,16; Rom 5,5; 2 Cor. 13,13; 1 Jn 3,1) sino que se le apropia mejor el amor mismo de Dios Padre, o el amor mismo del Padre y del Hijo, puesto que el Espíritu Santo es el término que consigna hipostáticamente el amor divino como principio impulsivo.
441. Corolarios:
1. A causa de la escasez de vocablos, como dice STO. TOMÁS, q.37, el AMOR en lo referente a Dios se considera tanto esencialmente como personalmente; esencialmente, en orden a designar el acto mismo del amor; personalmente, respecto al término producido por el amor, el cual es la persona del Espíritu Santo. También otros términos que se refieren a la voluntad, se consideran con más facilidad esencial y nocionalmente, como *diligere+ (amar), con cuyo término puede significarse en lo referente a Dios, tanto el acto mismo del amor, como la producción de la tercera persona.
2. Así puEs, la expresión *el Padre y el Hijo aman en el Espíritu Santo+ suele admitirse; esto es, no considerando el Verbo *diligere+ (amor) esencialmente, con lo que se diría que el Espíritu Santo es el amor formal de ambas personas, sino nocionalmente, como spirare (insuflar) en sentido equivalente a la expresión *el Padre dice al Verbo+: q.37 a.2.
3. El Espíritu Santo procede per se y formalmente del amor necesario de Dios, como dijimos en caso semejante acerca del Verbo. No obstante primordialmente y a manera de nota absolutamente propia, como *dilectio+ común del Padre y del Hijo, y a manera de amor mutuo de ambos. Así lo presenta S. AGUSTÍN (R 1665) y después de él todos los escritores eclesiásticos; y esto concierne a la explicación en sentido más pleno de la procesión del Espíritu Santo de parte de ambos. De ahí, el que se le llame al Espíritu Santo unidad, vínculo, nexo de ambos; más aún, a veces es colocado en situación intermedia entre el Padre y el hijo (si bien, los Padres griegos insisten muchísimo en el orden transmitido por tradición, como S. BASILIO, R 917, y, ciertamente, con razón, a fin de que se entiendan rectamente los orígenes); a saber: el Espíritu Santo, en cuanto que procede por amor, consigna hipostáticamente todas las propiedades del amor y los efectos formales del mismo.
N.B. COMELLAS propuso cierta nueva exposición ulterior de la procesión del Espíritu Santo por el amor, la cual, no obstante, es difícil y parece que no puede admitirse. En efecto, se funda en cierto amor de concupiscencia *en orden a tener un bien+, el cual es el único que entiende como amor *spirativum+; y esto parece que conlleva ya cierta indigencia en lo referente a Dios. Deduce también de ella, que el Espíritu Santo es, en un cierto sentido formal, la unidad del Padre y del Hijo, por una *unidad de transfusión de la entidad+ entre el Padre y el Hijo; lo cual, no puede entenderse. Parece que en esta teoría se confunde la *spiratio activa+ por la que el Padre y el Hijo son verdaderamente una sola realidad, con la *spiratio passiva+, realmente distinta de las personas del Padre y del Hijo; a la cual se le atribuye, ciertamente, la denominación de la unión o de la unidad del Padre y del Hijo; sin embargo, solamente según se ha dicho, como término que consigna hipostáticamente el amor esencial de ambas personas.
442. Objeciones:
1. Lo que dicen los Padres griegos acerca de la santidad en cuanto nota del Espíritu Santo, lo expresan solamente para probar la divinidad de la tercera persona; ahora bien, nunca dicen que el Espíritu Santo procede por la voluntad o el amor; luego, no se prueba suficientemente este modo de procesión.
Respuesta. Distinto el antecedente. De tal forma que por el hecho mismo de que según los modos indicados pongan la santidad como carácter personal de la tercera persona, señalan suficientemente el modo de la procesión concedo el antecedente; de otro modo, niego el antecedente. Debe tenerse en cuenta que prácticamente toda la revelación acerca del Espíritu Santo ha sido hecho por medio de la misión santificadora de éste y por las apropiaciones deducidas por ello. Así, pues, se da un fundamento suficiente para establecer la tesis; en efecto, no es necesario, para que la tesis sea teológicamente cierta, el que se enseñe explícitamente.
2. El Espíritu Santo es llamado el Espíritu de la verdad, S. Jn. 14,17; 15,26; TEÓFILO DE ANTIOQUÍA (R 180), S. IRENEO y otros le llaman, a veces, al Espíritu Santo: Sabiduría; más aún, en la LITURGIA es invocado el Espíritu Santo para pedir la sabiduría y la ciencia juntamente con el entendimiento y el consejo, los cuales se cuentan entre los dones del Espíritu Santo; luego, más bien, se da fundamento para que se diga que procede por el entendimiento.
Respuesta. S. CIRILO DE ALEJANDRÍA, dice que el Espíritu Santo es llamado así porque es el Espíritu del Hijo, el cual es la verdad. Sin embargo, principalmente, según aparece por los textos mismos, se llama así a causa de la función que debe ejercer en su misión en orden a los apóstoles, la cual es obra de la infinita caridad de Dios, según expone de forma preclara, apoyándose en la Tradición, LEÓN XIII. Y, ciertamente, la verdad y la ciencia comunicada por el Espíritu Santo es en virtud de la unión, 1 S. Jn. 2,20.27, de donde los teólogos comúnmente, siguiendo a STO. TOMÁS (2‑2 q.45) unen el don de la sabiduría con la virtud de la caridad, porque esta sabiduría procede de la caridad, en cuanto connatural con ella. Por ello, pedimos la sabiduría celestial y la ciencia celestial al Espíritu Santo. Por otra parte, es conocido que en S. Juan, le verdad significa toda la santidad y la gracia en cuanto opuesta al espíritu engañoso del mundo. Prácticamente, del mismo modo pueden explicarse aquellos poquísimos textos de los Padres, que parece que surgen a causa de la distinción entre el Verbo y la Sabiduría en los libros sapienciales, los cuales, sin embargo, al ser textos singulares, de ningún modo pueden contradecir a la doctrina expresamente enseñada por ellos mismos acerca del Verbo único de Dios.
TESIS 39. EL PRINCIPIO *QUO+ PRÓXIMO EN LAS PROCESIONES DIVINAS, ES LA ACCIÓN DEL ENTENDER Y LA ACCIÓN DEL QUERER.
443. Nexo. Se ha probado ya por las fuentes teológicas, que las procesiones en Dios se dan por el entendimiento y por la voluntad; por tanto, el entendimiento y la voluntad no pueden ser excluidos de la razón de principio formal. Sin embargo, a causa de las dificultades que surgen, estudian los teólogos, además, a ver si la acción de entender y el amor de Dios deben considerarse simplemente como principio *quo+; esto es, como poder productivo propiamente tal, o cómo debe concebirse esta noción cuando se aplica a Dios.
Nociones. Según hemos indicado ya, se distingue en la producción el principio *quod+ y el principio *quo+. Principio *quod+ es el supuesto o subsistente, que produce verdadera y simplemente el término; por tanto, queda incluido en la noción de este principio todo lo que se requiere en orden a que el término producido proceda verdadera y simplemente de él. Principio *quo+, esto es, formal, de la producción en general se dice aquel que explica en el agente la existencia y la naturaleza de tal producción; sin embargo, a manera de principio no de acción, *aquello por lo que el agente obra+ (q.41 a.5 ad 1).
Se subdivide en principio *quo+ remoto y próximo, remoto o radical es la naturaleza del que lo produce, sobre todo en la producción natural, pues la naturaleza es la esencia misma en cuanto principio de producción. Principio *quo+ próximo, es la virtud o cuasi virtud productiva, como son las facultades en la producción de los actos vitales; v.g.: el entendimiento es la razón inmediata de por qué el hombre entiende. En las creaturas, la virtud productiva o principio *quo+ próximo, es parte o cuasi‑parte, bien sustancial, bien accidental, del supuesto que obra.
Y, en realidad, hay que advertir que en las creaturas, el principio *quo+ no se llama así porque sea meramente *