CAPITULO IV
DE LAS COSAS QUE SE SIGUEN DE LA UNIÓN
 

Articulo 1
COSAS QUE CONVIENEN A CRISTO EN SI MISMO

 

TESIS 16. EN CRISTO HAY QUE ADMITIR LA VERDADERA COMUNICACIÓN DE IDIOMAS (PROPIEDADES). DE ELLA DEDUCIMOS QUE HAY QUE GUARDAR CIERTOS PRECEPTOS EN CUANTO A LA RECTA PREDICACIÓN DE LOS IDIOMAS COMUNICADOS EN CRISTO.

 

370. Nexo. Explicado el misterio de la Encarnación en cuanto a la unión y en cuanto a los extremos asumidos, y en cuanto a los consumidos, considera S.Tomás las cosas que se siguen de la unión. Las cosas, pues que desde la q.2 a la q.15 se contienen, son principios de los que por proceso demostrativo, se deducen lógicamente ahora unas conclusiones virtualmente contenidas en esos principios.

 

En primer lugar se deducen conclusiones en cuanto a aquellas cosas que convienen a Cristo en sí mismo (q.16-q.19); en segundo lugar, en cuanto a aquellas cosas que le convienen por comparación con el Padre (q.20-q.24); en tercer lugar, en cuanto a aquello que le conviene por comparación con nosotros (q.25s).

 

De aquellas cosas que convienen a Cristo en sí mismo, consideramos expresamente en esta tesis las que convienen a Cristo según el ser y el fieri (q. 16). Pero, puesto que el uno sigue al ser, debemos con S.Tomás considerar enseguida las cosas que convienen a Cristo en cuanto a la unidad (q.17-q.19). Y por eso, en el escolio de esas tesis, después, n.405, trataremos de la unidad de Cristo en cuanto al ser (q.17), dejando para las dos tesis siguientes las demás cuestiones sobre la unidad de Cristo.

 

371. Nociones. IDIOMA (181~). Por la fuerza de la palabra es propiedad o naturaleza propia de cualquier cosa. Teológicamente en esta cuestión, idioma es ya la naturaleza misma, ya cualquier cosa que pertenece a la naturaleza, sea que le pertenece como propiedad estrictamente dicha, es decir, aquello que necesariamente se sigue de la esencia de la cosa, sea que pertenece a la naturaleza como propiedad en sentido lato, es decir, aquello que de cualquier modo es de la naturaleza.

 

En Cristo, pues, idioma es no sólo la naturaleza misma divina y la naturaleza humana misma, sino, además ya, v.c., la inmensidad y el poder de hablar, que son propiedades estrictas, ya v.c., ser creador y padecer hambre.

 

372. COMUNICACION o comunión (αντδοσις) de IDIOMAS es aquella participación o permutación de propiedades, por la cual la persona subsistente se une a otra naturaleza, de tal manera tiene como propias la otra naturaleza y las cosas que son de la otra naturaleza, que también recibe con razón la denomina­ción por ellas.

 

Concretamente: El Hijo Unigénito de Dios, persona divina subsistente en la naturaleza divina, de tal manera tiene también como propias la naturaleza humana y las cosas que son de la naturaleza humana, que con razón también es denomina­do por ellas, v.c., hombre, padeció, crucificado. Por el contrario, Jesús persona divina subsistente en la naturaleza humana, de tal manera tiene como propias la naturaleza divina y las cosas que son de la naturaleza divina, que con toda razón es también denominado por ellas, v.c., Dios, omnipotente, creador.

 

373. Tan estrictamente apenas se dice la comunicación de idiomas, puesto que la persona no subsistente en una y otra naturaleza, v.c., Cristo, tiene como propias una y otra naturaleza y aquellas cosas que son propias de una y otra para que con razón sea denominado por ellas. Fácilmente el mismo Nestorio admitía la comunicación de idiomas en la que a Cristo se atribuían atributos divinos y humanos (cf. antes, tesis 3, n.30-35).

 

374. La raíz o principio de esta comunicación es ya la unión de naturalezas en la misma hipóstasis, ya la diferencia de las mismas perfectas e íntegras como son, permaneciendo así en el compuesto; ya, por último, aquella circuminsesión que se sigue de ellas, o sea, la existencia de las naturalezas mutuamente en sí.

 

375. PREDICACION DE LOS IDIOMAS. Es una expresión lógica de esta realidad ontológica en la que definimos como comunicación de idiomas.

 

Tan íntimamente están conexas la comunicación y la predicación, que no hay que admirarse si muchas veces los autores apenas distinguen entre una y otra. También nosotros, para definir claramente la misma comunicación, hemos debido hacer mención de la predicación (cf. antes, n.372s).

 

376. POR ELLO DEDUCIMOS QUE HAY QUE GUARDAR CIERTOS PRECEPTOS. Como la predicación de los idiomas no es sino una expresión lógica de la comunicación ontológica de idiomas, es claro que las normas que hay que guardar en el recto modo de predicar los idiomas, se derivan de la realidad ontológica de tal comunicación.

 

Cuáles son estos preceptos lo consideraremos en la otra parte de la tesis.

 

377. Adversarios. Por exceso, los monofisitas, juntamente con los ubiqüistas, de los cuales hablamos antes, tesis 2, n.18s. Todos éstos, de uno u otro modo, de tal manera exageran la comunicación de idiomas, que llegan a afirmar la unidad de naturaleza.

 

Por defecto, los nestorianos, de los cuales tratamos antes en la tesis 3, n.30-32. Estos, como admitiesen la unión de naturaleza en Cristo pero no la verdaderamente hipostática, fácilmente concedían los nombres que pueden pertenecer a una y otra naturaleza, como Cristo o Señor recibía los predicados de una y otra naturaleza. Sin embargo, rehusamos absolutamente decir de Dios las cosas que pertenecen a la naturaleza humana y decir del hombre las que pertenecen a la naturaleza divina. De donde concedían que Cristo nació de la Virgen y que existió ab aeterno, sin embargo no decían que Dios nació de la Virgen o que el hombre existió ab aeterno. También en este punto S.Tomás muestra una gran proximidad con la cristología griega, la cual se preocupaba más de la comunicación ontológica misma, mientras que los escolásticos latinos atendían más bien a la predicación lógica.

 

378. Doctrina de la Iglesia. 1) Teóricamente. Condena la separación o división de idiomas en Cristo como entre dos personas: D 116.

 

2) Prácticamente. Se atribuyen los idiomas divinos al hombre y los humanos a Dios. Así ya en los símbolos y principalmente en el Concilio de Efeso, como expusimos antes, tesis 3, n.33s. Cf. también D 480.

 

379. Valor teológico. A. La comunicación de idiomas en el sentido propuesto en la tesis es al menos verdad teológicamente cierta, como conclusión necesaria del dogma revelado de una persona en dos naturalezas en Cristo, teniendo en cuenta el magisterio ordinario, ya manifestado claramente en los SS.PP., parece que hay que decir que es de fe.

 

B. Los preceptos de hablar en este misterio tienen diverso valor, dependien­do de la mayor o menor conexión con la comunicación objetiva de idiomas y del mayor o menor consenso de los teólogos que apoye cada uno de los preceptos.

 

380. A. Se prueba por la sagrada Escritura. Del argumento expuesto antes, tesis 3, n.35-37, y tesis 2, n.21s, se deduce inmediatamente que el Hijo Unigénito de Dios participa o recibe en sí los idiomas humanos y que el hombre Jesús recibe en sí los idiomas divinos, quedando a salvo, sin embargo, la perfecta integridad de cada una de las naturalezas. Ahora bien, esta es la comunicación de idiomas que sostenemos.

 

381. Se prueba por la tradición. 1) Supuestas las precedentes pruebas de la tradición en las tesis 3, n.38s y 2, n.23s, el argumento se hace del mismo modo que en el argumento de la sagrada Escritura.

 

2) Los Santos Padres exponen el hecho de la comunicación de idiomas explícita o teóricamente. ORIGENES: *Y por esta causa, a lo largo de toda la Escritura, tanto a la divina naturaleza se la llama con palabras humanas, como la humana naturaleza se adorna con insignes nombres de la divina+ (R 460). S.GREGORIO NICENO: *De tal manera que por la conjunción y la unión natural, ambos se hagan comunes de uno y otro, tomando el Señor para sí mismo los golpes serviles y el glorificado siervo por el honor del Señor+ (R 1044). S.AMBROSIO: *... porque el mismo Dios el mismo hombre, Dios por la divinidad, el hombre Jesucristo por la recepción de la carne, el Señor de la majestad se dice crucificado+ (R 1267).

 

382. S.AGUSTIN: *Esta unidad de la persona de Cristo Jesús Señor nuestro, que consta de una y otra naturaleza, a saber, divina y humana, de modo que cualquiera de ellas dé también el nombre a la otra, la divina a la humana y la humana a la divina, como lo muestra el bienaventurado apóstol+ (R 1859). S.CIRILO ALEJANDRINO: *Son, pues, hechas propias del Verbo las que son de la humanidad y propias de la humanidad las que son del Verbo mismo. Porque así se entiende un solo Cristo Hijo y Señor+ (R 2130). S.JUAN DAMASCENO expone claramente todo el asunto, principalmente en su obra De fide orthodoxa, al fin del capítulo tercero y a lo largo de todo el capítulo cuarto del libro tercero, el cual precisamente se titula: ΙΙερι του τροπου της αντιδοσεως (Del modo de la mutua comunicación). Cf. v. gr., R 2361.

 

383. Razón teológica. En Cristo no hay sino una hipóstasis de una y otra naturaleza, divina y humana, como consta por la prueba de la tesis 3 en contra de Nestorio. Luego, ya se considere esa hipóstasis en la naturaleza divina, ya se considere en la naturaleza humana, sin embargo, esa única hipóstasis posee una y otra naturaleza con las propiedades de una y otra. El hecho es por el argumento claro ab absurdo. Si esta hipóstasis, subsistiendo, v. gr., en la naturaleza divina, no tuviese los idiomas humanos, estos idiomas humanos pertenecerían a la otra hipóstasis. En Cristo habría, por tanto, dos hipóstasis: una subsistiendo en la naturaleza divina, otra de la que serán propios los idiomas humanos.

 

384. B. Preceptos de hablar en este misterio. Hay que traer a la memoria algunas nociones tomadas de la lógica antes de la exposición de los preceptos.

 

1) Hombres abstractos y concretos. Abstractos son los que significan formas simples, o los que la forma y determinación de la cosa la expresan como que se mantiene per se sin sujeto, v. gr., humanidad, blancura. Concretos son los que significan cosas subsistentes o los que expresan la cosa simultáneamente con la forma o determinación de la que es afectado, v. gr., hombre, lo blanco.

 

385. 2) Significación o importación *in recto+ e *in obliquo+. Se dice que algo es significado in recto, cuando se significa directamente o en nominativo; *en oblicuo+ cuando se significa indirectamente o en otro caso que no sea el nominativo.

 

386. Qué cosa de hecho en cada hombre se exprese in recto y qué in obliquo, depende de la naturaleza de los hombres. Los nombres abstractos significan necesariamente in recto forma, ya que ninguna otra cosa más que ésa importan: así "humanidad".

 

Los nombres concretos adjetivos, esto es, los que significan algo a modo de accidente que está inherente en el sujeto, importan al sujeto in recto; pero la forma "en oblicuo", así, "justo" es lo mismo que "sujeto (v. gr., hombre) que tiene justicia".

 

387. Los nombres concretos substantivos, es decir, los que significan algo a modo de substancia, se disputa qué importan en recto y qué en oblicuo.

 

Hablando del misterio de la encarnación, la sentencia absolutamente más común es que *in recto+ se importa la persona o supuesto, y *en oblicuo+ la naturaleza o forma, v. gr., hombre significa en Cristo no la naturaleza humana en el supuesto, sino el supuesto que tiene naturaleza humana.

 

Se ha de mantener este tan común modo de hablar, puesto que expresa mucho más exactamente la realidad de la unión hipostática y la comunicación de idiomas.

 

388. 3. Identidad afirmada entre sujeto y predicado. En las proposiciones se afirma solamente la identidad entre lo recto del sujeto y lo recto del predicado. Con la sentencia muy preponderante de los teólogos, parece que hay que decir que basta la identidad en sentido real entre lo recto del sujeto y lo recto del predicado y no es necesaria la identidad también en sentido formal, como se verá más claro después, n.398. En nuestro caso , la proposición *Dios es hombre+ afirmaría la identidad entre la persona o supuesto que tiene naturaleza divina y la persona o supuesto que tiene naturaleza humana.

 

389. Preceptos que se han de observar en la predicación de los idiomas. 1) El fundamento es éste: En Cristo ya constituido la recta predicación de los idiomas exige, a) que se prediquen simplemente nombres concretos acerca de los concretos; b) pero no nombres abstractos de los abstractos, c) ni, en general, nombres abstractos de los concretos o viceversa.

 

390. a) Los idiomas humanos enunciados en concreto se dicen verdadera y propiamente de Dios y del Hijo de Dios, Dios es hombre, el Hijo de Dios padeció.

 

Pero los idiomas humanos que proceden de modo que envuelven no a la naturaleza sola, sino también la persona humana, como contradistinta de la persona divina, no pueden atribuirse al Hijo de Dios. Así se diría mal: Cristo o el Hijo de Dios es distinto de Dios, o es criatura, o empezó a ser. Siempre que un idioma humano no da a entender claramente si, además de la naturaleza, incluye también la persona humana, hay que añadir la explicación, v.c., Cristo o el Hijo de Dios es menor que el Padre según la naturaleza humana. Lo mismo acerca de la fórmula: Cristo o el Hijo de Dios está sujeto al Padre o es siervo del Padre (cf. más adelante, n.507s).

 

391. Los idiomas humanos enunciados en concreto se dicen de Dios no sólo absolutamente, sino también denominativa o adjetivamente: Dios es inhumanado. La razón es porque en Cristo la persona no se constituye simplemente por la naturaleza humana, sino que únicamente se hace mediante la asunción de ella, algo que antes no era, de aquí que el modo de predicción tomado por esta naturaleza humana puede ser el mismo que aquel que se toma por la forma adventicia.

 

392. De forma semejante, los idiomas divinos enunciados en concreto se dicen verdadera y propiamente de Cristo y del hombre: el hombre es Dios, Cristo es creador. Pero los idiomas divinos se predican de Cristo y del hombre sólo substancial o absolutamente, no denominativa o adjetivamente. En rigor se diría mal: Jesús es hombre del Señor. Porque *cuando se dice Cristo hombre Jesús, se designa el supuesto eterno que es la persona del Hijo de Dios... y de la persona del Hijo de Dios se predica Dios y Señor esencialmente y, por tanto, no debe predicarse denominativamente porque esto deroga la verdad de la unión, luego, como del Señor se dice denominativamente respecto de Señor, no puede verdadera y propiamente decirse que este hombre sea del Señor, sino más bien que es Señor+. Sin embargo, no se diría tan mal: hombre divino, porque esta denominación no es necesariamente accidental, puesto que a la naturaleza o esencia de Dios la llamamos divina. Con cautela, sin embargo, se ha de emplear esta expresión.

 

393. Históricamente, en verdad, la expresión hombre del Señor se encuentra en muchos Padres y escritores orientales y occidentales del siglo IV y principios del V. Y no hay que condenarla de origen apolinarista. Pero, una vez propuesto el problema de la unidad de Cristo, esta fórmula empezó a ser tenida como menos exacta y fue abandonada.

 

394. No se predican simplemente nombres concretos cuando se predicen en sentido reduplicativo. Por eso aquella proposición: *Cristo en cuanto hombre es Dios+, hay que negarla más que afirmarla porque *el término puesto a reduplicación más propiamente se toma por la naturaleza que por el supuesto+. En Cristo permanecen dos naturalezas perfectas e íntegras. Por la misma razón parece, por el contrario, más bien admitida que rechazada que rechazada esta otra proposición: *Cristo en cuanto hombre es criatura+. Luego, en cada caso hay que examinar diligentemente la denominación para que los concretos pertenecientes a una naturaleza no se prediquen de la otra en sentido reduplicativo.

 

395. Esta predicación en concreto debe además hacerse para que sea recta acerca de Cristo ya constituido. Porque la comunicación de idiomas se funda en la unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en el supuesto del Verbo. Por tanto, las predicaciones significan que no tanto la predicha unión, en cuanto la vía u orden a ella no caen bajo estas reglas de la predicación de los idiomas.

 

Tales proposiciones viales son, v.c.: *Dios se ha hecho hombre+ y *el hombre se hecho Dios+. La primera es reconocida necesariamente como verdadera por los católicos, puesto que muchas veces se encuentra ya en la sagrada Escritura, v.c., en Jn 1,14; Rom 1,3.

 

La razón de S.Tomás es óptima: *cada cosa se dice que es aquello hecho que empieza a ser predicado de ella. Se predica de Dios con verdad que es hombre... de tal manera, sin embargo, que no conviene a Dios ser hombre desde la eternidad, sino en el tiempo, por asumpción de la naturaleza humana+ (3 q.16 a.6 c)

 

396. Pero la otra proposición: *El hombre se ha hecho Dios+, comúnmente se rechaza si se toma en rigor. La razón es que *hombre+ se dice determinadamente por la persona de Cristo que es el mismo Dios o el mismo Verbo. Esta persona es esencialmente Dios y tiene el ser Dios independiente a toda terminación temporal. Esta proposición o una equivalente se encuentra varias veces en los Santos Padres. Querían estos autores expresar que en el misterio de la encarnación sucedió que el hombre era simultáneamente verdadero Dios y no conviene buscar siempre en los Padres el rigor dialéctico. El texto de S.Pablo, Rom 1,3, solamente mal entendido daría lugar a la objeción.

 

397. b) Los abstractos no se predican rectamente de los abstractos, como v.c., la divinidad es humanidad, la mortalidad es inmortalidad. Puesto que los abstractos sólo significan forma o naturaleza sin sujeto, se seguiría de tal predicación de los abstractos, que las naturalezas mismas eran en Cristo idénticas o que fueron en El una sola naturaleza. Y si alguna vez expresiones semejantes se leen en escritores ortodoxos, hay que explicarlas por cierta licencia de la palabra, por lo cual, los abstractos se emplean en lugar de los concretos, como divinidad por Dios.

 

398. c) Ni generalmente los abstractos de los concretos o viceversa. Porque la mutua predicabilidad únicamente está vigente entre aquellos nombres que pueden designar la persona única del Verbo encarnado; ahora bien, los nombres abstractos expresan la naturaleza o forma sin sujeto. Por tanto mal se diría: Humanidad es Dios, el Hijo de Dios es mortalidad.

 

Dijimos que tal predicación en general no es recta. Sin embargo puede suceder, si no en sentido formal, pero ciertamente al menos en sentido real, que los idiomas divinos abstractamente significados de concretos de la naturaleza humana, pueden predicarse por identidad: La Omnipotencia se ha encarnado, el hombre es eternidad. Porque, como estos abstractos divinos se predican en verdad del Hijo de Dios, también a lo que parece se podría predicar del hijo del hombre que está por la divina persona del Verbo.

 

399. Mayor dificultad suscita y gran controversia levantó la expresión: *Cristo es divinidad y humanidad simultáneamente consideradas+. Sin embargo, si Cristo se toma no precisamente por el solo supuesto o persona, sino por el compuesto de las dos naturalezas unidas substancialmente en una sola persona, parece que tal expresión tiene sentido recto.

 

400. A los nombres abstractos equivalen los nombres concretos que se emplean con partículas reduplicativas. Se diría mal: Jesús en cuanto hombre es Dios, porque tales nombres se ponen más por la naturaleza que por el supuesto. Cf. antes, n.394.

 

401. A los abstractos también equivalen aquellos nombres concretos que designan partes integrantes de la naturaleza humana. Así suena mal: El Hijo de Dios es cabeza y sangre. Porque las partes integrantes no se toman por el supuesto del todo, sino por sí mismas, como si se considerasen separadamente o abstractamente. Lo mismo habría que decir de las partes esenciales, ya que tampoco éstas se ponen por el supuesto del todo, a no ser que acaso el alma o el cuerpo se tomasen por sinécdoque por todo el cuerpo.

 

402. 2) Los concretos verdaderamente negativos, que quitan alguna propiedad de una naturaleza, no pueden predicarse absolutamente de Cristo ni de los concretos de la naturaleza. Por tanto, son falsas las proposiciones: Cristo es incorpóreo, es decir, no corpóreo, o Cristo es desigual al Padre; la ciencia de Cristo o el poder de Cristo es no-divina. La razón es que la negación simplemente aparta del sujeto aquello que niega y, por tanto, simplemente apartaría de Cristo lo que le conviene según una naturaleza, aunque no según la otra. Sin embargo, en la misma sagrada Escritura se dicen de Cristo expresiones negativas que se emplean para que el preeminente lugar del Padre se ponga en luz más clara, o bien la cosa está clara ya por el contexto, v.c., Mc 13,32 (cf. antes tesis 15, escolio 2, n.359); Jn 7,16.

 

403. 3) Hay que evitar aquellas predicaciones de idiomas que, aunque en sí pudieran tener sentido recto, han sido distorsionadas por los herejes en sentido perverso. Porque *con los herejes ni siquiera los nombres debemos tener en común para que no parezca que favorecemos su error. Así dice S.Tomás de la sentencia: Cristo es criatura.

 

404. 4) Finalmente, en la predicación de los idiomas debemos atender más al modo corriente de significar y al uso de la Iglesia, que fiarnos del propio ingenio. Porque por la variación del modo de significar y por las palabras desordenadas se incurre en error.

 

Las objeciones casi están ya tratadas en lo anterior. Se puede consultar, v.c., en MUNCUNILL, n.566-575.

 

405. Escolio. De la unidad de Cristo en cuanto al ser. Intimamente conexionada con la cuestión de lo que conviene a Cristo según el ser y el hacerse, como indicamos antes en el n.370, S.Tomás propone la cuestión de las cosas que pertenecen a la unidad de Cristo (q.17).

 

Se distingue una doble unidad, una en común, otra en especial. Se dice unidad en común cuando se contrapone a perfecciones especiales, v.c., acerca de la gracia y de la ciencia, de cuya unidad o pluralidad había tratado el S.Doctor en sus propios lugares.

 

Y porque en cualquier viviente hay que distinguir el ser y el obrar, por eso trata S.Tomás de la unidad en cuanto a las dos cosas. Pero como el ser es anterior al obrar, primeramente trata de la unidad en cuanto al ser. De éste también tratamos nosotros en este escolio.

 

406. Cristo es el uno (unus) y lo uno (unum), tanto masculino como neutro. Que Cristo es uno en masculino, no dos, es de fe definida contra los nestorianos (cf. antes, tesis 3, n.33s). La razón es que, como el uno designa a la persona, aquél ha de ser dicho uno en quien la persona es solamente una. Cristo, pues, no es uno y otro.

 

Que Cristo es uno en neutro, no dos en neutro, es sentencia común entre los teólogos en contra de algunos antiguos que ponían en Cristo dos supuestos pero una sola persona. La razón es que, si *dos+ en neutro pudiera predicarse de Cristo, eso sería por razón de las naturalezas. Pero como las naturalezas divina y humana no se predican de Cristo en abstracto, sino solamente en concreto, a saber, por razón del supuesto que en una y otra subsiste, es necesario que Cristo también en neutro sea uno y no dos. De aquí que, aunque en Cristo se dé doble naturaleza y, por tanto, lo uno y lo otro, Cristo mismo no debe sin alguna adición ser dicho lo uno y lo otro.

 

407. En Cristo hay únicamente un ser. Por lo precedente consta que en Cristo hay dos naturalezas y un solo supuesto. Ahora pues, la cuestión es de si en Cristo hay también dos *ser+ o uno solamente.

 

*El ser (esse)... pertenece a la naturaleza y a la hipóstasis ciertamente, como aquello que tiene ser; a la naturaleza, en cambio, como aquello por lo que algo tiene ser (esse)... Por o tanto, el esse mantiene la unidad según la unidad de hipóstasis más que el que tenga dualidad según la unidad de naturaleza+. Luego, al Hijo de Dios no le conviene según la naturaleza humana *un nuevo ser (esse) personal, sino únicamente un nuevo comportamiento del ser personal que existe antes que la naturaleza humana+ (S.Tomás, 3 q.17 a.2 c y al 1).

 

TESIS 17. EN CRISTO HAY QUE RECONOCER DOS VOLUNTADES Y DOS OPERACIONES NATURALES.

 

408. Nexo. De lo que conviene a Cristo en sí mismo, consideramos en la tesis precedente, tanto lo que a Cristo conviene según el ser y el hacerse, como lo que pertenece a la unidad de Cristo en común en cuanto al ser. Ahora hay que tratar de distinguir dos cosas: el principio de la acción o voluntad (q.18) y la operación misma (q.19).

 

Aunque éste sería el lugar de tratar del libre albedrío de Cristo como rectamente hace S.Tomás (q.18 a.4), sin embargo, por la singular importancia del asunto y por la notable amplitud de la materia, reservamos para este punto la tesis siguiente.

 

También en este lugar trata S.Tomás del mérito de Cristo (q.19 a.3s). Nosotros, después, en la tesis 24, trataremos ex profeso de este asunto, donde con el S.Doctor (q.48 a.1), consideraremos cómo la pasión de Cristo causó nuestra salvación a manera de mérito.

 

409. Nociones. Las entendemos en el sentido en que esta verdad ha sido propuesta por la Iglesia en los documentos que después aduciremos contra los monotelitas.

 

VOLUNTADES ( θελησεις ητοι θεληματα : D 291 al comienzo), designa las potencias mismas o facultades de querer, ya principalmente, según parece, los actos o voliciones de estas potencias.

 

VOLUNTADES NATURALES, o voluntades que dicen orden inmediato no a la hipóstasis, sino a la naturaleza. Con otras palabras, por el hecho de que en Cristo confesamos dos naturalezas íntegras, también debemos confesar en El dos voluntades naturales.

 

410. Las OPERACIONES (ενεργειαι) designan, aunque la cosa no está del todo clara, las operaciones mismas o actos, más bien que las potencias activas.

 

Por lo demás, se tiene evidentemente la dualidad de potencias o facultades si se da la dualidad de actos. Luego las palabras θελημα (voluntad) y  γενεργεια (operación), de acuerdo con la doctrina definida, se han de traducir en latín por voluntad y energía como facultades o potencias; sin embargo, con un poquito menos detalle, parecerían ponerse esos términos como fueron empleados por la Iglesia en aquella controversia.

 

411. Aunque históricamente se trató la cuestión de la operación de Cristo antes que la de su voluntad, y aunque lógicamente el término operación parezca comprender en él la volición misma, en la enunciación de la tesis ponemos el orden inverso, que es el orden en que los documentos de la Iglesia proponen el asunto. De hecho estos documentos fueron redactados en el tiempo en que existía la controversia de la voluntad de Cristo y la doctrina de la unicidad o dualidad de voluntades es, en el orden real, el capítulo fundamental del que dependen los demás.

 

412. Adversarios. Monotelitas suelen, en general, llamarse los que están contra nuestra tesis. Históricamente, sin embargo, otro error de la misma tendencia aparece nacido antes del monotelismo propiamente dicho.

 

Razones políticas, a saber, de la unidad que había que obtener en el imperio, dieron el principal origen a esta controversia que durante 60 años íntegros (619-679) turbó a la Iglesia. Por esto se explica bien por qué de manera tan variada fue propuesta su doctrina por los herejes, puesto que todo el negocio fue más político que doctrinal. Con razón se dice que esta herejía fue la más mudable entre todas las herejías.

 

Se buscó, por tanto, una fórmula de unión que pudieran admitir tanto los monofisitas como los católicos. SERGIO, Patriarca de Constantinopla, desde el año 619 quería mantener en Cristo una y otra naturaleza y solamente tratar de una energía o de una operación. Así se llamó monoenergismo. Bajo esta fórmula obtuvo la unión con los monofisitas el año 633 CIRO, Patriarca de Alejandría.

 

Después, por los argumentos de los católicos, esta doctrina fue abandonada, pero empezaron los heréticos a hablar de una sola voluntad en Cristo, lo que constituye el monoteísmo propiamente tal.

 

413. Con dificultad se dice en qué sentido entendían esta una operación o una voluntad. No parece que faltaron entre los monoenergetas los que denegaron a la humanidad de Cristo todo poder de obrar. Concebirían esta humanidad como substancia inerte. La palabra sería un solo principio activo y, por tanto, una sola sería la operación, a saber, operación de este divino principio. La humanidad sería movida por el Verbo, como el cuerpo recibe del alma la vida y el movimiento.

 

414. Sin embargo, la explicación más común de SERGIO y de los monotelitas parece ser la que admite en Cristo potencias humanas y la voluntad misma ciertamente activa, pero solamente el impulso de la divina voluntad. Esta divina voluntad mueve esas potencias a la acción, mientras que la voluntad humana, ella misma también movida por la divina voluntad, transmite simplemente a las demás potencias su divino impulso. Propiamente, pues, habrían negado, no la actividad, sino el movimiento espontáneo de las potencias humanas y principalmente de la voluntad humana.

 

415. Doctrina de la Iglesia. El principio fundamental lo había expuesto S.LEON I: *Porque obra una y otra forma... lo que le es propio...+ (D 144). Después había propuesto la doctrina de las dos voluntades y operaciones naturales (D 262, 272, 288), S.MARTIN I con el Concilio Lateranense (a.649) y S.AGATON con el Concilio Romano (a.680), pero principalmente el Concilio Constantinopolitano III definió el asunto: *Proclamamos dos voluntades naturales en El y dos operaciones naturales de manera indivisa...+ (D 291s).

 

Hay que notar que en el Constantinopolitano III no solamente se define la existencia de dos voluntades y operaciones en Cristo, sino también la espontaneidad misma de la voluntad humana.

 

Porque aunque la forma del verbo sea pasiva (κινηθηναι D 291), se permite gramaticalmente el sentido de la voz media y es exigido por la oposición con el verbo siguiente: υποταγηναι δε. La traducción, pues, es exacta: porque convenía que la voluntad de la carne se moviera a sí misma, pero obedeciera a la voluntad divina...

 

416. Se confirma esta interpretación auténticamente por los mismos Padres de este Concilio, que en esta misma acción decimoctava leyeron y subscribieron el sermón aclamatorio o profonético en el cual la precedente definición se explica de este modo: *Si cediéramos en decir que la naturaleza humana del Señor es sin voluntad y sin operación, )dónde queda salvado lo perfecto en la humanidad? Porque ninguna otra cosa constituye la integridad de la substancia humana, sino la voluntad esencial por la que se designa en nosotros el vigor del libre albedrío, así también la operación substancial+. Tan espontánea es definida por los Padres la voluntad humana de Cristo, que se la entiende libre.

 

Valor dogmático.   De fe divina y católica definida (D 291s).

 

417. Se prueba por la sagrada Escritura. a) La existencia de dos voluntades o voliciones en Cristo se puede probar por textos muy generales. Así Mt 26,39: Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieras tú. (Cf. Lc 22,42: Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya). Como la voluntad divina de Cristo fuera una sola numéricamente con la del Padre, se trata en este texto de su voluntad humana contradistinta de la divina. Y si se trata directamente de actos de la voluntad, deducimos necesariamente de ellos la existencia de la potencia misma. Cf. también Jn 6,38.

 

b) La espontaneidad de la voluntad humana quedará patente principalmente por los datos que hemos de aportar en la tesis siguiente, n.454-457, para demostrar la libertad de Cristo.

 

418. c) La existencia de operaciones humanas en Cristo está ya suficientemente clara por las acciones por las que antes, tesis 7, n.118,120, probamos el cuerpo carnal de Cristo y el alma racional. Porque esto no se puede referir sino a su naturaleza humana.

 

d) La espontaneidad de las operaciones humanas consta principalmente del hecho de que Cristo tuviese tristeza espiritual del mismo objeto material del que en la naturaleza divina tenía un gran gozo. Esto prueba que había pasiones en Cristo no tales que se anticipasen al juicio de su razón y, sin embargo, que no esperaban el previo movimiento de la naturaleza divina, ya que el movimiento de tristeza en la naturaleza humana de Cristo es opuesto al movimiento de gozo en su divina naturaleza tenido acerca del mismo objeto material.

 

419. La misma espontaneidad de las operaciones humanas se indica en Heb 4,15: No es nuestro pontífice tal que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas: antes fue tentado en todo a semejanza nuestra, fuera del pecado. Como la tentación de que aquí se trata lleva consigo cierta moción contra la voluntad divina, ni tal tentación ni los afectos de tristeza, etc., excitados por la tentación, pudieron producirse en la naturaleza humana como consecuencia del impulso de la naturaleza divina del Verbo, sino que se producían espontáneamente en la naturaleza humana de Cristo, como entre nosotros *por semejanza+.

 

Por lo demás, el modo como Jesús aparece obrando en los evangelios es totalmente humano y, por tanto, falsamente fingiríamos en El aquella carencia de espontaneidad de que hablan los monotelitas.

 

420. Se prueba por la tradición. A. Antes de surgir el monotelismo. a) La existencia de dos voluntades que obran espontáneamente se muestra por los Padres, principalmente con ocasión de la oración del Señor en Getsemaní. S.ATANASIO: *Cuando [Cristo] dice: Padre, si es posible..., muestra allí dos voluntades, una humana que es de la carne, otra divina que es de Dios, y si en verdad la humana, por la enfermedad de la carne, trata de evitar con súplicas la pasión, pero la divina voluntad está pronta...+ (R 790). S.JUAN CRISOSTOMO: *Porque no significan únicamente agonía estas palabras, sino también dos voluntades... opuestas entre sí+ (R 1133). S.LEON I MAGNO: *El mismo [Señor], suplicando al Padre dice: Padre, si es posible..., la primera petición es de debilidad, la segunda de fortaleza, aquello lo deseó por lo nuestro, esto lo eligió por lo propio+ (R 2203).

 

La espontaneidad de la voluntad humana no podían los Padres expresarla más claramente que exponiendo los movimientos en alguna manera opuestos de una y otra voluntad.

 

421. b) Existencia de dos operaciones que sean espontáneas. 1) La operación humana se distingue expresamente de la divina. TERTULIANO: *Vemos un doble estado, no confundido sino unido en una sola persona... y de tal manera queda a salvo la propiedad de una y otra substancia, que el espíritu obró sus acciones en él... y la carne desempeñó sus pasiones, teniendo hambre bajo el influjo del diablo, teniendo sed en presencia de la Samaritana, llorando a Lázaro, estando triste hasta la muerte, finalmente muriendo+ (R 379). S.EFREN: *... por eso, aquellas dos naturalezas expresaban sus afectos, para que por los afectos de las dos, los hombres discernieran que eran dos... (R 705). S.CIRILO DE JERUSALEN: *Cree que este unigénito Hijo de Dios... descendió, asumida esta humanidad sujeta a los mismos afectos que nosotros... en cuanto hombre, comiendo verdaderamente como nosotros (porque tenía afecciones del cuerpo semejantes a nosotros), pero como Dios, nutriendo a cinco mil hombres con cinco panes+ (R 817). Cf. R 759, 773, 1080.

 

422. 2) La operación humana se opone a la divina. S.AMBROSIO: *Como hombre, pues, duda [Cristo], como hombre se turba. No se turba su virtud, no se turba su divinidad, sino que se turba el alma... (R 1267). S.CIRILO ALEJANDRINO: *... de tal manera que hubo conmoción de perturbación en la naturaleza humana, en cambio, en la divina, constancia en todas las cosas. Ciertamente, la imagen presente de la muerte turba a Jesucristo, pero la fuerza de la divinidad en seguida apacigua la pasión y la convierte en firme confianza+ (R 2103).

 

423. B. Después de nacido el monotelismo.1) S.SOFRONIO, Patriarca Jerosomilitano (H 638), defendió la doctrina católica de las dos energías, principal­mente en la epístola sinófica a Sergio (de la cual hablamos antes, n.412). En ella se conoce plenamente la unidad del agente y simultáneamente la dualidad de operaciones: *el cual [el Verbo encarnado] las mostraba por sí mismo naturalmente una y otra operación inseparable e inconfusamente según sus naturalezas (R 2289).

 

424. 2) S.MAXIMO, llamado CONFESOR (a.580-662), que sucumbió en el destierro por la defensa de la doctrina católica sobre las dos voluntades y operaciones en Cristo. Expone la verdad ortodoxa más filosóficamente con íntima dependencia de LEONCIO BIZANTINO (H ca. 543), al cual, sin embargo, fue superior.

 

S.MAXIMO se dedica por entero a defender la recta síntesis de la naturaleza divina y humana y de la persona de Cristo. De dos naturalezas se siguen necesariamente dos operaciones y dos voluntades. Distingue él el querer natural (θελημα φυσικον, y el querer gnómico (θελημα γνωμικον). Aquel querer humano natural en Cristo es demostrado de muchas maneras por Máximo. El otro querer gnómico, cuyo principio no es solamente la naturaleza o una propiedad esencial de la naturaleza, sino un hábito formado libremente de una múltiple deliberación y juicio, es propio de la persona humana y en él se puede encontrar un pecado, en Cristo no se da este querer gnómico. El querer humano natural de Cristo, libre, siempre existe conforme con la divina voluntad del Verbo. S.JUAN DAMASCENO: *... más aún, El tiene, como es conveniente a las dos naturalezas, propiedades naturales dobles, de las dos naturalezas, esto es, dos voluntades naturales, divina y humana, dos operaciones naturales, divina y humana, dos libertades naturales del arbitrio, divina y humana+ (R 2365). Cf. R 2362, 2366, 2383.

 

426. Razón teológica. El principal argumento que trae S.Tomás para probar las dos voluntades y las dos operaciones naturales en Cristo, es aquél especialmente querido, sobre todo por la tradición, es decir, la perfección de una y otra naturaleza en Cristo.

 

427. Objeciones. 1. Se recibió en la tradición de una fórmula de la operación de Cristo: la operación Deiviril  (θεανδρικη ενεργει) . Es así que con esta fórmula se significa un único operar de Cristo, luego la tradición parece estar por el único operar de Cristo.

 

1) Distingo la mayor. Esta fórmula fue introducida por la primitiva tradición y simplemente admitida por los Padres posteriores, niego la mayor; está fórmula fue introducida durante el s.V por el Pseudo Dionisio Areopaguita (cf. R 2279), y ya en el s.VII fue rechazada o, al menos, explicada en el recto sentido, concedo la mayor. Pase la menor. Contradistingo la consecuencia. Si la tradición simplemente hubiese admitido esta fórmula, pase la consecuencia; si en seguida la rechazó o la explicó en sentido recto, niego la consecuencia.

 

2) Pase la mayor. Distingo la menor. Fue entendido de este modo por el autor de la fórmula, pase la menor; por la tradición católica, niego la menor. Distingo igualmente la consecuencia.

 

La declaración auténtica fue dada por el Concilio Lateranense (a.649). Cf. D 268).

 

428. Este término se hizo clásico en la teología católica para designar ciertas operaciones de Cristo. Porque hay que distinguir operaciones simplemente divinas que son hechas por el Verbo sin ninguna cooperación de la naturaleza humana, esto es, operaciones nocionales ad intra y operaciones ad extra comunes al Verbo con el Padre y el Espíritu Santo. Otras son operaciones humanas que son realizadas por la sola naturaleza humana, como principio quo (principio por el cual), como comer, entristecerse, orar, obedecer. Otras, finalmente, son operaciones mixtas, que son hechas por una y otra naturaleza como principio quo (principio por el cual), como andar sobre el mar, hacer milagros por contactos físicos de la mano o mediante las palabras.

 

429. Las operaciones simplemente divinas no son teándricas. Porque la operación sigue a la naturaleza como principio elicitivo quo (principio por el cual), y a la persona sólo como principio (quod). Ahora bien, estas operaciones simplemente divinas siguen a la naturaleza divina y a la persona; luego de ningún modo se pueden atribuir propiamente al hombre y, por tanto, no se pueden decir teándricas.

 

430. Las operaciones humanas pueden ser dichas, si bien, menos propiamente teándricas. Como la operación es específica por la propia naturaleza, la operación humana no puede ser dicha estrictamente algo divino, porque las naturalezas perseveran en Cristo íntegras e inconfusas. Sin embargo, en este sentido algo de divino pertenece a la operación humana, en cuanto que esta operación procede como de principio quod de la persona divina. Más aún, la naturaleza divina misma no es, en cierto sentido, totalmente ajena a las operaciones humanas, en cuanto a ellas concurre con concurso divino y las quiere. Cf. más adelante, objeción 4, n.435s.

 

431. Las operaciones mixtas se llaman propiamente teándricas. En ellas una y otra naturaleza cooperan a manera de principio elicitivo quo (principio por el cual), para producir el efecto total. El andar sobre el mar, en cuanto es andar, esto es, de modo milagroso, es algo que proviene de la cooperación de la naturaleza divina.

 

432. 2. Hay que estimar en muy alto grado la autoridad de S.Cirilo Alejandrino en la cuestión de la unidad de Cristo. Es así que S.Cirilo dice expresamente que en Cristo se da *una y la misma actividad+, luego el argumento de tradición en pro de las dos operaciones en Cristo queda muy debilitado.

 

Concedo la mayor. Distingo la menor. De tal manera que S.Cirilo admite dos operaciones y voluntades naturales en Cristo, concedo la menor; de otra manera, niego la menor. Distingo igualmente la consecuencia.

 

433. Aunque se disputa entre los católicos la interpretación positiva de esta sentencia, hay consentimiento en admitir la plena ortodoxia de S.Cirilo.

 

Entre otras explicaciones parece que ha de ser preferible aquélla, según la cual, en las palabras citadas, la palabra ενεργεια (actividad), ha de ser entendida en sentido objetivo y significa efecto, es decir, la resurrección de la niña producida por el Salvador, de una parte la omnipotencia divina, de otra por el contacto de la mano. Se designaría, pues, una actividad doble de Cristo por parte del sujeto, puesto que son dos en Cristo las operaciones naturales, lo cual nosotros pretendíamos probar en la tesis, en cambio una sola actividad por parte del término o por parte del efecto.

 

434. 3. Las operaciones son de los supuestos. Es así que en Cristo hay un solo supuesto, luego también una sola operación.

 

1) Pase la mayor y la menor; niego el consecuente y la consecuencia. Porque el argumento, según las reglas del silogismo, hay que proponerlo de este modo: las operaciones son de los supuestos. Es así que en Cristo el supósito es único, luego las operaciones en Cristo son de un solo supuesto. Esto se dice rectamente.

 

2) Distingo la mayor. Las operaciones son de los supuestos, de tal manera que el supuesto seas el principio quod, pero la operación, que se especifique por la naturaleza, que es el principio quo por el cual el supuesto opera, concedo la mayor, de tal manera que el supuesto sea el principio quod y el principio quo por el qué de las operaciones, niego la mayor. Concedo la menor. Contradistingo la consecuencia. Sería Cristo una sola operación si ésta precediese del supuesto como del principio quod y como de principio especificante quod por el cual, concedo la consecuencia; de otra manera, niego la consecuencia.

 

435. 4. Por la unión hipostática el Verbo hizo suya la naturaleza humana. Es así que si la naturaleza humana ha sido hecha propia del Verbo, la actividad humana misma será también del Verbo, luego la actividad de la naturaleza humana será también del Verbo.

 

Distingo la mayor. El Verbo hizo suya la naturaleza humana en el orden de la persona, de tal manera que, de una y otra naturaleza, divina y humana, no haya sino una sola persona, concedo la mayor; en el orden de la naturaleza, de tal manera que la naturaleza humana haya sido absorbida o físicamente cambiada por la naturaleza divina del Verbo, niego la mayor. Distingo igualmente la menor. La actividad humana misma es también del Verbo en el orden de la persona, concedo la menor; en el orden de la naturaleza, niego la menor.