CAPITULO II

 

SOBRE LA REVELACIÓN

 

44.- Para demostrar el hecho de la revelación divina obligatoria, que se propone por la religión cristiana, un paso preparatorio fue el tratado del capítulo precedente, donde hemos disputado sobre la noción y la naturaleza de la religión y de su obligación­ para con nosotros. Ahora igualmente se pretende el paso propedéutico, tratado de la revelación, porque si se demostrase que el concepto de revelación es contradictorio, si se demostrase su imposibilidad, si se le enseñase como incognoscible para nosotros en vano investigaríamos sobre su realidad de hecho.

 

Y porque la religión católica que se ofrece a cualquiera, aunque la considere como de paso, como probablemente verdadera, tiene como primario el concepto de revelación, es necesario sopesar este concepto y legitimarlo anta la razón.

 

Para demostrar el hecho de la revelación divina y para demostrar la misma posibilidad de la revelación, podríamos exponer los mismos hechos de aquellas cosas que conocemos desde el Génesis hasta el Apocalipsis acerca de las locuciones divinas para con los hombres, admitiendo como probada en la Introducción a la Sagrada Escritura, la historicidad de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento. Pero para prevenir con una luz más evidente las dificultades que se suelen poner en contra y para que después se aplique más fácilmente la especulación abstracta en el orden concreto, preferimos empezar exponiendo la teoría misma de la revelación.

 

Artículo I

 

LA NOCIÓN DE REVELACIÓN

 

45.- Como en Ontología se trata de la razón más uni­versal del ente -el ser- (la cual se embebe en todo el objeto de las otras partes de la Filosofía) y de sus causas, así en la Teología fundamental, se trata de la razón más universal de la revelación que se embebe en todo el objeto de las otras partes de la Teología, porque todas consideran sus objetos como revelados por Dios y conocidos por la fe.

 

Tratamos de la revelación según lo entiende la Iglesia porque procuramos probar el hecho de la revelación propuesto por ella. Y esto pide antes que el concepto de este hecho, es decir, el concepto de la revelación que tiene la Iglesia, lo legitimemos filosóficamente en este artículo y en el siguiente.

 

46.-  1) REVELACIÓN  indica etimológicamente remoción de un velo o manifestación de una cosa ocultó.

 

En el Nuevo Testamento, se habla de la revelación con las palabras... con la significación de manifesta­ción de la verdad salutífera (el reino mesiánico, el misterio de Cristo...), hecho por Dios por medio de Cristo o de los apóstoles.

 

En el uso eclesiástico es la manifestación hecha por Dios al hombre de una verdad oculta (D 1634-1636-1785) . Así la revelación, tanto según el Nuevo Testamento, como en el uso de la Iglesia, es una locución de Dios a los hombres ( Heb. 1,1; D.1785).

 

47.  2 ) Esta es la revelación divina, de la cual tratamos. Si se hace por un hombre la manifestación de la verdad, la revelación es humana.

 

Si se hace por un ángel, se tiene como divina, porque los ángeles, en sus revelaciones a los hombres revelan en cuanto forman una misma causa con Dios, porque Dios, o lo manda, o lo permite positivamente. La revelación demoníaca propiamente es nula, porque siendo espíritus mendaces, no pretenden propiamente y de suyo, comunicar ninguna verdad.

 

48.  3 ) La revelación divina puede considerarse activamente o en la acción de Dios que revela pasivamente, o sea, en la percepción de la cosa revelada, o en el signo creado por el que Dios manifiesta directamente su mensaje a otro objetivamente, o sea, en las verdades u objetos que se reve­lan.

 

Si se pregunta por la naturaleza de la revelación considerada activamente, debemos hablar como de la­ naturaleza de la acción de Dios ad extra (fuera de sí mismo), ya se trate de una acción creativa, si Dios crea algo al revelar, ya de una acción edu­cativa, si, como ocurre más frecuentemente, educe algo de la potencia de la materia.

 

Por estas acciones Dios no se muda intrínsecamente, sino que extrínseca y terminativamente se denomina creando actualmente, educiendo y de modo semejante revelando actualmente si estas acciones las consideramos más probablemente como formal (no sólo virtualmente) transeúntes[1].

 

49.-   4) La revelación divina puede ser natural o sobrenatural. La revelación divina natural es la manifestación de la verdad de Dios que viene al hombre de parte de Dios, en cuanto de la naturaleza y por la misma naturaleza creada ( Cfr. Rom. 1,19 s 18,2).

 

Y porque ya vamos a tratar de la revelación sobrenatural y se emplea frecuentemente la mención de este concepto en este tratado y en los­ siguientes, conviene, ya desde el principio, enuclear y declarar el concep­to de lo sobrenatural . Sin embargo, se pospone un concepto más amplio de lo sobrenatural para los tratados de “Deo elevante” y de “Gratia Christi”.

 

50.- DECLARACIÓN DEL CONCEPTO SOBRENATURAL

 

Se llama sobrenatural a los que supera lo que es natural.

 

Natural es lo que pertenece a la naturaleza.

 

Naturaleza, etimológicamente, se entiende lo que nace y significa realmente:

 

a)     la sustancia en cuanto es principio de sus obras,

b)     la esencia de una cosa (así se dice de la '"naturaleza de los accidentes"),

c)      el conjunto de las cosas creadas.

 

Una cosa pertenece a la naturaleza o es natural

 

      1) porque constituye a la misma naturaleza ( v. gr., es natural para el hombre tener alma, cuerpo y partes integrantes).

 

      2) porque es consecuencia (se sigue) de la misma naturaleza (así las potencias del alma y todo lo que la misma naturaleza pueda conseguir con sus propias fuerzas.

 

      3) porque es exigido por la misma naturaleza para que no sean estériles e inútiles ella misma o sus propias fuerzas (p.ej.,­ los medios necesarios, para alcanzar su final: el aire, los alimentos en­ general, para la vida orgánica, la familia, la sociedad, la autoridad, para la vida social, la conservación, el concurso divino, alguna providencia de Dios ....)

 

Estas cosas son naturales porque pertenecen a alguna naturaleza creada o constititutivamente o consecutivamente, o exigitivamente.

 

Sobrenatural indica una cosa positiva que supera la naturaleza:

 

      1) o porque la perfecciona constituyéndola en un estado superior (así, la gracia santificante que se añada como accidente a la­ naturaleza creada, constituyéndola en partícipe de la naturaleza divina),

 

      2) porque supera las fuerzas y capacidades activas de la naturaleza creada ( p,ej., ver intuitivamente a Dios).

     

      3) porque supera las exigencias de la misma naturaleza creada (P.ej., el mismo ver a Dios, tener el dominio perfecto de la concupiscen­cia en la criatura corporal, de modo que no prevenga al dictamen de la razón, asimismo, la inmortalidad y la impasibilidad del cuerpo).

 

Por lo tanto, se puede definir lo sobrenatural: aquello que no pertenece a la naturaleza ni constitutiva ni consecutiva, ni exigitivamente.

 

Así considerada la misma naturaleza que es elevada, o sea, el término de donde parte la elevación, lo sobrenatural es lo que es totalmente indebido a la naturaleza elevada, pero contemplada la naturaleza a la cual es elevada, o sea el término al cual se realiza la elevación, lo sobrenatural es: la participación de una naturaleza superior.

 

51.- DIVISIONES DE LO SOBRENATURAL

 

Sobrenatural puede ser (simpliciter) simplemente tal y (secundum quid) en alguna manera sobrenatural.

 

Lo simplemente sobrenatural se tiene cuando se refiere a toda naturaleza creada y creable, y que, por lo tanto, supera las capacidades y exigencias de toda naturaleza creada, y por lo tanto, se refiere a una cosa propiamente, divina, como es la misma intuición divina y el amor que de ella resulta. Así lo sobrenatural simplemente tal puede ser reconocido por el orden a la visión beatífica y a la última bienaventuranza del hombre, cual es en este orden de providencia. Por eso, la gracia santificante, las virtudes teologales, los dones del Espíritu Santo..., son seres simplemente sobrenaturales.

 

Lo sobrenatural en alguna manera (secundum quid o preternatural), se tienen cuando se refiere solamente a alguna naturaleza creada. Así, lo que para una naturaleza es sobrenatural, puede ser natural para alguna naturaleza superior a la anterior. Para la naturaleza sensitiva del hombre, son dones preternaturales o sobrenaturales en alguna manera, la­ integridad o dominio perfecto de la concupiscencia, la inmortalidad y la impasibilidad.

 

2- Lo sobrenatural puede ser intrínsecamente sobrenatural o en cuanto a su propia identidad, y sobrenatural por analogía de atribución externa.

 

Lo sobrenatural en cuanto a la identidad o intrínseca­mente sobrenatural, es una perfección, pues a modo de accidente inhiere en la naturaleza creada: la gracia santificante, los dones del Espíritu Santo ...

 

Sobrenatural, por analogía de atribución externa, se dice de una cosa que es en sí natural, que es causa o efecto o signo de una cosa sobrenatural en cuanto a la entidad, la cual es ciertamente el analegado principal.

 

            3- Sobrenatural en cuanto a la cosa (sustancia) y sobrena­tural en cuanto al modo. Lo sobrenatural en cuanto a la sustancia, es una cosa intrínsecamente sobrenatural. Se dice sobrenatural, en cuanto al modo, por analogía de proporción, una cosa natural en sí. v.gr., la restitución de la vista en un ciego, pero por el modo como se hace es sobrenatural, v.gr., si se hace de repente, por las palabra, así guarda cierta relación de proporción.

 

52.- REVELACIÓN SOBRENATURAL

 

Es la manifestación que se hace al hombre por Dios fuera de la exigencia y de la capacidad natural. Puede hacerse:

 

a) por hechos milagrosos si p.ej., Dios por obra de milagros, manifiesta la santidad de algún siervo de Dios o las riquezas de su gloria y de su bondad.

 

b) por infusión de ciencia, si alguien, p. ej., sabe algo nuevo por­ ciencia recibida de Dios.

 

c) Pero en sentido propio y estricto se entiende aquella manifestación que se hace al hombre por Dios mediante una locución propiamente dicha ( D 1785, Heb. 1,1).

 

53.- Locución propiamente dicha, es la acción por la que un ser inteligente manifiesta su mente inmediata y directamente a otro.[2]          

 

54.- La locución puede ser docens, locución que enseña, si pretende que alguien sepa las cosas por sus razones internas, y puede ser attestans ( testimoniante, atestiguante),  si pretende que alguien las crea, por la autoridad del que habla. Dios hace las dos cosas en su locución a nosotros, pero esta es primariamente y se la conoce como atestante (D 1789). Y además, porque el objeto primario de la revelación divina es el misterio divino escondido desde los siglos en Dios, que únicamente se conoce por el testimonio de Dios.

 

A la locución docente corresponde la ciencia, la locución atestante, la fe.

 

Luego, el fin primario de la revelación, es que el hombre crea las verdades reveladas por la autoridad de Dios que habla.

 

55.- AUTORIDAD, es una fuerza moral, por la cual alguien ejerce un influjo en otro. Puede ser doctrinal y científica, que consiste en la ciencia y veracidad conocida de algún testigo, y puede ser moral y jurídica, o sea, el derecho de imponer obligatoriamente algún acto, p. ej., el asentimiento a las cosas dichas.

 

En Dios hay una y otra autoridad, es decir,­ una autoridad plena. Tiene la autoridad doctrinal y científica, en cuanto que es la infinita sabiduría y tiene sumo amor a la verdad, por lo tanto, es la primera verdad en cuanto al conocimiento y la locución, a quién la razón creada puede y debe prestarle al obsequio de asentir a lo que dice. Tiene también la autoridad moral y jurídica, en cuanto que es el Señor supremo, que puede imperar el asentimiento.

 

Pero la fe, en cuanto tal, no se presta por la autoridad moral y jurídica del que habla, sino inmediatamente por su autoridad científica, es decir, por su ciencia y veracidad reconocidas. Porque es propio de la virtud de la fe el asentir inmediatamente por esta autoridad científica de Dios, y asentir por la autoridad moral, inmediatamente es propio de la virtud de la obediencia.

 

56.- DIVISIONES DE LA REVELACIÓN SOBRENATURAL

 

1) Por razón de la persona que recibe la revelación, la revelación es inmediata si el hombre recibe directamente la revelación de Dios que habla, mediata si el hombre recibe la revelación mediante otro hombre, legado de Dios.

 

Si es por medio de los ángeles, se dice que es inmediata. La revelación hecha a los apóstoles por Jesús es inmediatamente divina, pues las acciones de Jesús son divinas.

 

2) Por razón de la facultad humana que es afectada inmediatamente en aquél que recibe la revelación, la revelación puede ser sensitiva (la voz en el bautismo de Jesús, las palabras Manes, Tecel, Phares, en el­ banquete de Baltasar); imaginaria (la escala de Jacob); e intelectiva. La revelación intelectiva puede ser puramente intelectual, si no coopera el fantasma, o por el contrario no puramente intelectual.

 

Pero siempre se requiere en la revelación la luz intelectual, para juzgar acerca de las cosas recibidas, porque siendo locución, es necesario entender que Dios habla.

 

3) Por razón del destinatario la revelación es privada si se dirige a personas particulares, pública, si se dirige para que sea creída por todo el género humano ( D 1785), o al menos a un pueblo íntegro (p.ej., al israelítico) o sociedad perfecta.

 

Acerca de las revelaciones privadas, se debe hacer notar, que aquellos a los que no se dirige alguna revelación, no están obligados a mantener y afirmar por fe divina aquella revelación con un acto positivo, por más que conozcan que se ha hecho la revelación, pero aquellos que recibieron estas revelaciones y a los que se dirigen las revelaciones, pueden y deben afirmarlas y sostenerlas con fe divina, si les consta con certeza que Dios les ha hablado a ellos mismos, lo que también pueden hacer los que llegasen a la certeza de esta locución divina. Tales revelaciones privadas deben ser juzgadas prudentemente según las reglas de discreción de espíritus y de la sana crítica histórica, sin admitirlas temerariamente, ni rechazarlas con una oposición pertinaz.

 

Las revelaciones hechas a Santa Margarita María sobre el culto del Sacratísimo Corazón, eran revelaciones privadas, porque la revelación pública acabó con el último apóstol, como se di­rá expresamente en el tratado del Magisterio de la Iglesia. Pero ciertamente el culto del Sacratísimo Corazón, se dirigía, según el Señor a todo el género humano. Por lo tanto, también las revelaciones privadas, como  otros carismas, no raramente tienen una función social, y no se dirigen solamente al bien particular de unos poco.

 

SOBRE LA APROBACIÓN DE LAS REVELACIONES - Las revelaciones privadas no son aprobadas por la Iglesia con una aprobación canónica, la cual se refiere a la revelación pública (contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición), pero ciertamente pueden ser aprobadas con aprobación permisiva, si se permite su lectura, o con aprobación negativa, si se declara. que en ellas no se contiene nada contra la fe o las costumbres, con aprobación negativa solemne, si antes de la incoación del proceso de beatificación de un siervo de Dios, se declara que en sus escritos no se contiene nada contra la fe o las costumbres, o por último, con aprobación positiva, si se enseña claramente el origen divino de alguna revelación ( p. ej., las revelaciones hechas a Santa Margarita María, sobre las cuales se habla frecuentemente, y las afirma Pío XI en la Encíclica "Miserentissimus Redemptor", es decir, en un documento del Magisterio, o también otras, como las de la B. Virgen Lampurdense). En estas aprobaciones positivas no se da de hecho el magisterio sumo y absolutamente infalible de la Iglesia acerca de la realidad de las revelaciones, sin embargo, sería temerario e imprudente negarlas sin razón suficiente.[3]

 

4) Por razón de las verdades que se revelan, la revelación puede ser sobrenatural en cuanto al modo, si las verdades que se revelan son accesibles a la razón, y por lo tantos pueden conocerse naturalmente, y sobrenatural en cuanto a la sustancia y si las verdades que se revelan son naturalmente incognoscibles.

 

5) Por razón del objeto revelado, se le llama formal y virtual, según que se conozca la verdad revelada inmediata o mediatamente ya través de una conclusión.

 

57.- LA SOBRENATURALIDAD DE LA REVELACIÓN

 

a) De la revelación divina propiamente dicha, por locución, no se puede decir que pertenezca a la naturaleza humana ni constitutiva, ni consecutiva ni exigitivamente. De aquí que no es algo natural para el hombre, sino sobrenatural.

 

            b) Además, toda revelación propiamente dicha por locución, puesto que es una libérrima intervención de Dios, que debe ser reconocida por aquél que la recibe por una señal extraordinaria, supone, pues, un suceso fuera del orden de la naturaleza, luego es milagrosa (cfr. n. 147-153).

 

            c) Se puede preguntar si esta revelación es sobrenatural, simplemente, esto es, si supera la capacidad y las exigencias de toda la natura­leza creada que ordena a la visión beatífica, o si es sobrenatural en alguna manera (secundum quid) (o preternatural), de modo que no está necesariamente ordenada a la visión beatífica.

 

Parece que se debe responder que por su concepto, la revelación no está necesariamente ordenada a la visión beatífica y que, por lo tanto, por su concepto, no es sobrenatural simplemente, porque se puede entender bien que Dios puede proponer algunas verdades que se deben creer para alguna prueba. Más aún, la revelación de los misterios que exceden todo entendimiento credo, a algunos nos le parece que por su concepto y naturaleza sea simplemente sobrenatural. De hecho, sin embargo, la revelación de que habla la Iglesia, se ordena a la visión beatífica y es, por lo tanto, simplemente sobrenatural. La Iglesia habla de la revelación que tiene conexión con el fin último del hombre simplemente sobrenatural, porque en el Concilio Vaticano I se habla de la revelación sobrenatural sin ninguna añadidura: haberle agradado a Dios revelarse a si mismo por vía sobrenatural ( D 1785) y la revelación se llama sobrenatural (D 1787), donde se habla de sobrenatural sin más añadidura, se entiende en el mismo Concilio simplemente sobrenatural (D 1786-1789).

 

58.- Diferencia entre la revelación y otras operaciones divinas.

 

1) La revelación se distingue de la inspiración porque la revelación es locución de Dios, de ahí que el que recibe la revelación, no sólo es elevado a percibir las cosas divinas, sino que también tiene conciencia de que Dios habla con él y que le­ manifiesta algo a él. La inspiración, en cambio, es solo la acción de Dios como autor principal del libro para lo cual basta en el hagiógrafo una ilustración sobrenatural del entendimiento, una moción de la voluntad y la ejecu­ción para que escriba lo que Dios quiera que escriba, pero no se tiene necesariamente conciencia de ese influjo sobrenatural, como no se tiene conciencia ordinaria de las ilustraciones y nociones de la gracia.

 

Pero la inspiración se tiene para escribir lo que Dios quiere comunicar, por eso, todo lo que es inspirado es palabra y sentencia de Dios para nosotros de donde Dios nos manifiesta algo por ello , luego esta palabra de Dios es revelada para nosotros, al menos mediatamente, si por algún legado que recibió la revelación inmediata, nos consta que Dios escribió eso para nosotros. Por eso, para el acto de la inspiración no se requiere propiamente que exista revelación, pero todo lo que es inspirado canónicamente contiene una revelación mediata para nosotros.

 

            2) Para la inspiración profética o profecía no se requiere conciencia de que Dios habla o revela, si se trata de mero instinto profético (Caifás), lo contrario, si se trata de un verdadero profeta en sentido pleno, es decir, de aquél que habla por instinto de Dios y en nombre de Dios, entonces se da revelación.

 

            3) La profecía estricta, si se recibe de Dios que habla, es una revelación de futuro, luego se distingue de la revelación como la parte del todo o como la especie­ del género, porque la revelación no solo puede ser de futuro, sino también de alguna cosa pretérita y presente.

 

4) El profeta que habla en nombre de Dios es verdadero legado de Dios o enviado por Dios (n. 416), pero no todo legado es profeta.

 

5) La revelación tomada objetivamente se distin­gue de la luz sobrenatural por la cual alguno­ conoce el origen divino de alguna noticia infusa, en que esta luz no es la misma noticia recibida, sino el principio de ella, por el cual es conocida, ni es un principio permanente sino cualidad transeúnte.

 

            6) Es la ciencia infusa propiamente Dios no habla ni testifica como en la revelación, por lo cual, en la ciencia infusa se manifiestan cosas, pero no en cuanto y porqué están en la mente divina.

 

            7) En la asistencia divina Dios no habla ni mueve a hablar, sino solamente está presto para que no yerre alguno.

 

            8) La revelación se distingue de la visión intuitiva de Dios, en cuanto por la revelación no es elevada la mente al orden divino, como ocurre en el concepto intuitivo de

Dios, sino que la mente permanece en el orden de los conceptos analógicos.

 

9) La revelación es visión (intelectual o imaginaria o sensitiva), pero no toda visión es revelación, es decir, si el sentido de la visión no se entiende (v. gr. Dn 5,5, Act. 10,10-17, donde se dice que San Pedro ha tenido una mera visión, cuyo sentido y por lo tanto la revelación la recibió después).

 

59.- FALSAS NOCIONES DE REVELACIÓN

 

Generalmente excluyen de ella todos los elementos verdaderamente sobrenaturales. Así cono suelen, los racionalistas que no admiten nada sobrenatural, puesto que supera a la razón, afirman que todo puede y daba explicarse por la razón.

 

Los antiguos racionalistas (Reimanus, Lessing...) entienden con el nombre de revelación el conocimiento natural del objeto religioso.

 

Kant entiende por revelación la voz de la conciencia...

 

Los Protestantes liberales y modernistas entienden por revelación la experiencia religiosa, que subyace al sentimiento peculiar con que aprehendemos a Dios, especialmente si esta experiencia es más viva y casi pasiva.

 

60.- NOCIÓN MODERNÍSTICA DE LA REVELACIÓN

 

EL MODERNISMO indica una tendencia moderna, esto es, del fin del siglo XIX y principios del XX, de explicar a interpretar muchas cosas de la religión por el subjetivismo inmanentista y el relativismo, presuponiendo como fundamentos el evolucionismo radical y el agnosticismo subjetivista. Muchas son las formas del modernismo, sea en cuanto a la misma religión y su esencia, y noción, sea en cuanto a la inspiración de los libros sagrados y su interpretación, sea en cuanto a la historia religiosa y la evolución del dogma, sea en cuanto a la misma fe y revelación y la defensa y apologética de las mismas. De aquí el modernismo filosófico, exegético, dogmático...

 

El conjunto de todas las doctrinas modernistas propuesto sistemática y claramente, se encuentra en el Decreto "Lamentabili" (3 de Julio 1907) (D 2001 - 2065) y en la Encíclica "Pascendi" (8 de Septiembre 1907) (D 2071 - 2109)

 

Entre los principales modernistas se cuentan: Alfredo Loisy que escribió “L’Evangile et l’Eglise” (1902), “Autour d’un petit livre” (1903); George Tyrrell (1861-1909) y Edouard Le Roy (“Dogne et Critique”, 1907), el cual, sin embargo, no dejó la Iglesia.

 

Sobre la noción modernista de la religión, hemos tratado más arriba n, 22-23. La religión, según el modernismo, no debe exponerse como un concepto intelectual de Dios, sino que, como es un fenómeno vital, debe explicarse por la misma vida del hombre. Pero el primer impulso de cualquier fenómeno vital se debe tomar de cierta indigencia o de un cierto movimiento del corazón que se llama sentimiento. Por lo tanto, la fe, que es el principio y fundamento de cualquier religión se debe colocar en un ciervo sentimiento íntimo, que nace de la indigencia de lo divino. Y esta indigencia se encuentra en el subconsciente y de él emana (D 2074),

 

61.‑ Supuestas estas nociones de la religión y de la fe, los modernistas pervierten fácilmente la noción de revelación. La Revelación, según los modernistas, no es la manifestación intelectual de alguna verdad que provenga del exterior, sino que es algo que viene del interior del hombre por el sentimiento religioso. La revelación, o al menos, el nacimiento de la revelación, es ese mismo sentimiento religioso que aparece en la conciencia, o la experiencia religiosa por la cual Dios es sentido y se manifiesta en el mismo hombre ( D 2075). Así se dice que tienen revelaciones los hombres que poseen ese sentimiento religioso más evolucionado y más vivas experiencias religiosas. Por lo tanto, "la revelación -dicen- no pudo ser otra cosa que la conciencia adquirida por el hombre de su relación para con Dios". ( D 2020).

 

Y como la revelación se concluye en la misma conciencia de los hombres y se desarrolla con ella, queda sujeta al progreso y a la mutación de ningún modo, pues, quedó cerrada con el último Apóstol, la revelación pública (D 2021), sino que se perfecciona en la conciencia de los fieles.

 

Cuando el hombre religioso piensa su fe y elabora su pensamiento por la reflexión, se llega a las fórmulas religiosas y a los dogmas, los cuales no pueden ser inmutables sino perfectibles y evolutivos. (D 2022, 2078, 2080) .

 

La revelación, pues, es algo natural que procede de la naturaleza y se desarrolla con la naturaleza, de ningún modo es sobrenatural, La revelación es algo que proviene del interior del hombre, por lo tanto, sus criterios no deben ser buscados desde el exterior, sino internos y subjetivos.

 

Artículo II

 

POSIBILIDAD Y CONVENIENCIA DE LA REVELACIÓN

 

Una vez que expusimos la noción que la Iglesia tiene de la Revelación, venimos a demostrar en primer lugar, la posibilidad de tal moción.

 

TESIS 2 .- LA REVELACIÓN DIVINA SOBRENATURAL, SEA INMEDIATA (I) SEA MEDIATA (II), ES POSIBLE.

 

62.- NOCIONES - POSIBILIDAD es la aptitud para existir.

 

Posibilidad interna o metafísica consiste en la socialilidad de las notas que constituyen la esencia o definición de aquella cosa que se dice posible.

 

Posibilidad externa es la aptitud para existir por una razón externa de causa eficiente, que puede hacer pasar a la existencia aquella cosa.

 

Esta posibilidad se dice física, si existen las fuerzas y condiciones físicas que se requieren para que la causa eficiente pueda poner en la existencia tal cosa.

 

La posibilidad se llama moral, si según el modo acostumbrado de obrar, no existe una dificultad tan grande que impida el que la fuerza física existente pase al acto.

 

63.- ESTADO DE LA CUESTIÓN

 

En Dios no se puede hablar de una gran dificultad que le impida hacer algo, puesto que es omnipotente, por lo tanto, no podemos tratar de imposibilidad moral, a no ser en sentido traslaticio, es decir, si existiera una dificultad o repugnancia a causa de que Dios no pudiera tener unos fines dignos de sí y una razón final en la revelación, esto es, si la revelación fuese inconveniente para Dios. De esta no repugnancia y de la conveniencia de la revelación o de su posibilidad moral, tanto por parte de Dios, como por parte del hombre, aunque se deben tocar muchas cosas sobre ello en esta tesis, especialmente lo trataremos en la tesis siguiente.

 

En cuanto a la posibilidad física de la revelación, bastará probar que la cosa es metafísicamente posible, es decir, que no repugna, porque, si consta de esto, fácilmente consta que Dios puede hacerla fácilmente.

 

Por lo tanto, ahora tratamos directa y especialmente de la posibilidad metafísica de la revelación, aunque sobre su posibilidad física y moral será necesario decir algo también.

 

Pero porque los elementos que forman la definición de revelación son: a) la causa eficiente divina y su modo de proceder, b) el sujeto humano (racional, vital) que la recibe, y c) el objeto que se revela, será necesario atender a estas tres cosas, para que se excluya la repugnancia por parte de todas éstas y excluida positivamente, la repugnancia, queda demostrada positivamente la posibilidad. ( cfr. n.110).

 

64.- ADVERSARIOS - Niegan la posibilidad de la revelación:

 

1) de parte del agente, o sea, de Dios, todos los que niegan, o su existencia, o que El pueda hablar, o el que de hecho, El haya hablado con los hombres. Así, los ateos materialistas, panteístas, deístas. ( Dios no obra: en el mundo con una acción diversa a la creación primera), y en general, los naturalistas y todos los que niegan el orden sobrenatural.

 

            2) de parte del sujeto pasivo, o seas del hombre, niegan la posibilidad de la revelación, los racionalistas (D 1703 s), según los cuales, la razón humana es la única fuente de conocimiento humano, por­que toda Revelación desde el exterior destruiría la vitalidad de nuestra razón y acabaría con su autonomía.

 

Según los modernistas, la experiencia vital es la única fuente del conocimiento religioso, luego, la fe no puede ser impuesta desde el exterior del hombre mismo (D 2074 s.).

 

65.- DOCTRINA DE LA IGLESIA

 

Frecuentemente se refieren los documentos de la Iglesia al hecho de la revelación ( v. gr. D 1785‑1787), Luego, implícitamente se dice que la re velación a nosotros es posible, tanto la mediata como la inmediata que se presupone en la mediata

 

Mía aún, explícita mente, está definida la posibilidad de la revelación, "es posible que por la revelación divina sea enseñado el hombre" (D 1807). Si la revelación se toma aquí como la revelación mediata, en esta se implica el hecho, y por tanto, la posibilidad de la revelación inmediata.

 

La posibilidad de la revelación mediata es afirmada en el Símbolo, puesto que el Espíritu Santo "habló por los profetas" y todo el Magisterio de la Iglesia y la predicación de la palabra de Dios, se funda en la revelación hecha a nosotros, e implícitamente es afirmada.

 

VALOR DOGMÁTICO - De fe divina y católica solemnemente definida (D 1807) y en el símbolo. Ni se puede dudar que se contiene en la revelación divina (Hebr. 1,1...) y, por lo tanto, que es de fe divina lo que se presupone en toda doctrina que sea de fe divina y católica, ni exis­te duda de que la Iglesia, en su magisterio ordinario y en el símbolo, propone esta doctrina como revelada por Dios.[4]

 

66.- SE PRUEBA – 1ª Parte:

 

1) A posteriori se probaría por la revelación ya hecha.

 

            2) A priori excluyendo la repugnancia que existiría de parte de los elementos que se consideran en la revelación.

 

Puesto que la posibilidad consiste en la sociabilidad o no repugnancia de las notas o elementos que entran en la definición de una cosa, el camino para demostrar a priori esta posibilidad estará en la exclusión de cualquier repugnancia que pueda encontrarse en asociar estos elementos. Así se demuestra positivamente esta sociabilidad de las notas o posibilidad aunque sea por vía de exclusión ( cfr. n.110).

 

La Revelación inmediata repugnaría, a) o por parte de la causa eficiente y por el modo como se hiciese, es decir, de parte de Dios, b) o por parte del sujeto en el que se recibiría la revelación, es decir, por parte del hombre, c) o por parte del objeto o cosa revelada.

 

Ahora bien, no se puede admitir ninguna de estas cosas :

 

A) Porque, por parte de Dios y de sus atributos, repugnaría, si a) Dios careciese de los conocimientos que revela, o b) careciese de fuerza para revela, o c) del modo como revelar, d) del fin para qué revelar.

 

Pero Dios a) es sapientísimo, b) es potentísimo, ni obsta el que deba mudarse el orden de la naturaleza previamente establecido según las leyes de la misma naturaleza, porque tales leyes no son absolutamente necesarias, como las leyes metafísicas y matemáticas, sino hipotéticamente necesarias, de donde no se le hace ninguna fuerza a la criatura si la misma criatura (de la que lo más íntimo de su propia naturaleza es el que se someta a su Creador) si se la somete a la voluntad preternatural del mismo Creador (cfr. nº. 5) - c) Dios tiene también el modo de comunicarse con los hombres por una locución externa o por una locución interna, por la fantasía o inmediatamente en el entendimiento, pues Dios puede servirse siempre de una luz interior para que el entendimiento perciba el origen divino de la noticia recibida, de lo contrario, Dios estaría en peores condiciones que los hombres, que pueden comunicarse mutuamente, d) por fin, Dios tiene fines dinos para revelar, para manifestar su gloria como en toda acción ad extra, porque puede manifestar su omnipotencia y sabiduría­ y su amor para con los hombres, porque el género humano puede ser ayudado­ por la revelación, puesto que necesita de un auxilio especial de Dios para conocer congruamente la misma religión natural (Cfr. más abajo n.76 ss.).

 

A esto se añade que Dios es esencialmente comunicable, en primer lugar, porque es esencialmente ser, de donde también es esencialmente la verdad irradiante en todas direcciones, además, porque es esencialmente maestro no sólo dotado de ciencia y arte para acomodarse a la inteligencia de los­ discípulos, sino que tiene también celo por enseñarles y sobre todo, goza­ de suma autoridad y capaz de arrastrar al asentimiento de sus palabras.

 

Negativamente. Dios puede comunicarse con los hombres, porque de Dios sólo se puede negar lo que­ envuelva una imperfección. Ahora bien, el comunicarse no envuelve ninguna imperfección. Porque comunicarse supone estar en acto y difundir el propio bien (el conocimiento propio).  Ahora bien, Dios está siempre en acto purísimo y es esencialmente bueno que tiende a la difusión de sí. Si el hombre puede comunicarse con otros, ¿Porqué no podría con Dios?.

 

Ni Dios se muda al revelar, como tampoco se muda al crear y conservar las cosas y al producir otros efectos. Porque decretó desde la eternidad hacer eso en el tiempo y no recibe intrínsecamente nada de estos efectos ad extra, sino que más bien comunica.

 

B) Por parte del hombre se excluye la repugnancia sopesando las propiedades del hombres es decir, porque sea: a) ser inteligente, b) racional evolutivo, c) vital, d) personal.

 

Pero a) no ha repugnancia porque el hombre no pudiese entender algo propuesto por Dios, porque el objeto del entendimiento humano es cualquier ser, con tal de que se le proponga rectamente, pues teniendo la noción de ser, la noción de lo verdadero, da la sustancia, del accidente, de la persona y otras nociones semejantes..., podrán proponérsele muchas verdades si se le exponen suficientemente. Además, si el hombre con su mente puede recibir algo de otros hombres. ¿Porqué no podrá recibirlo de Dios? Porque éste puede o coordinar las mismas especies intelectuales del hombre, o infundirle otras nuevas y confirmar el entendimiento con su luz para que juzgue rectamente de ellas.

 

b) No repugna por el hecho de que pudiese ser turbada por la reve­lación la armonía de la evolución del entendimiento, humano, porque se turbaría también por el magisterio humano y por la fe humana, por otra parte es propio del mismo concepto del ser sobrenatural (como se supone la revelación), el perfeccionar la naturaleza.

 

c) No repugna por el hecho de que el hombre sea un ser vital y que, por lo tanto, obra inmanentemente, porque el hombre puede recibir pasivamente una especie infusa o la acción divina, como recibe del exterior la determinación para conocer y puede reaccionar después cooperando activamente y haciendo (él mismo) aquel conocimiento. Además, en el juicio sobre la significación de la cosa representada, de su origen divino, no se da sino la reacción vital propia del hombre,

 

d) No repugna por el hecho de que el hombre sea un ser personal “sui iuris” y que goza de la autonomía de la razón, porque esta autonomía, se juzgue como se juzgue, debe apetecer la conformación con la verdad, la cual se obtiene en grado sumo, por la manifestación divina de la revelación. Por lo demás, la sana autonomía de la razón se obtiene en los adultos después de que recibieron muchas verdades por el magisterio y la autoridad de testigos.

 

C) POR PARTE DE LA COSA REVELADA, no repugna la revelación, si el hombre no conoce todavía la cosa revelada, porque aprende lo que­ ignora. Pero si ya conoce la cosa, entonces a lo más, se podría pensar en una repugnancia, no de la misma revelación, sino de la extensión de lo que se pueda revelar. Por otra parte, también podemos hablar y escuchar al que nos habla de cosas conocidas y afirmarlas por un acto nuevo y un motivo nue­vo de certeza.

 

Se excluye, pues, la repugnancia, si se trata del conocimiento de verdades naturales, sea adquirido por demostración o por autoridad. En cuanto a los misterios, los consideramos más abajo, con más cuidado y detenimiento.

 

Luego, la revelación divina inmediata es posible.

 

67.- PRUEBA DELA 2ª. Parte, excluyendo la repugnancia (de la revelación) por parte de aquellas cosas que provienen de la revelación mediata.

 

a) No habría repugnancia por parte de Dios. Dios puede ejercitar su derecho de proponer la revelación por medio de otros, si lo quiere así, especialmente porque es propio de la divina providencia gobernar a los inferiores por los superiores y conducir a unos hombres por otros, no porque le falte poder a El, sino por su bondad. Dios puede prestar un auxilio sin que se altere la verdad revelada.

 

b) Por parte del legado habría repugnancia porque no pudiese ser reconocido como legado, pero podrá serlo por los signos credenciales que le garanticen o (podría repugnar la revelación) porque la verdad al ser transmitida, se tuviese que corromper, pero se puede proteger y cus­todiar, la verdad por documentos, y sobre todo, por la asistencia divina.

 

            c) Por parte del destinatario, no hay dificultad; cualquiera puede recibir la verdad de otros hombres, si consta de su ciencia y vera­cidad y puede constar por señales divinas, entonces es propio de sabios el creer.

 

            d) Por parte de la verdad que se transmite no habrá repugnancia porque la verdad que se comunica para la salvación de los hombres, estará también acomodada a la inteligencia humana; ya se perciba la verdad­ por sus razones internas, ya se perciba por autoridad y se puede conservar­ también incorrupta gracias al auxilio divino.

 

De otro modo. Para que sea posible la revelación divina mediata, sólo se requiere que pueda transmitirse fielmente todo lo revelado, y además, pueda constar con certeza que se propone la revelación en nombre de Dios.

 

Ahora bien, es posible que los hombres entiendan rectamente alguna verdad recibida de Dios y decir  otros recta y verazmente lo que entendieron. Especialmente si, es una larga serie de transmisiones, son ayudados por Dios. Además, es posible a los otros hombres conocer ciertamente, en las debidas circunstancias, la ciencia y la veracidad del testigo, especialmente, si Dios sella con alguna señal suya a aquél a quién propone la revelación, como a un legado suyo (de Dios).

 

Existe también la misma tradición incorrupta de las verdades naturales cognoscibles por ciencia humana, pero para las verdades reveladas con certeza del hecho de la revelación. Pero este hecho histórico, (de la revelación) se podrá conocer por los testimonios o por otros y nuevos signos de credibilidad.

 

Luego, la revelación divina mediata es posible.

 

68.- OBJECIONES DE PARTE DE DIOS

 

1) La revelación es imposible si Dios se muda al revelar, Ahora bien, Dios se muda al revelar, Luego ......

           

Distingo la mayor: La Revelación es imposible si Dios se muda intrínseca y entitativamente, concedo la mayor, si se muda extrínseca y terminativamente, niego la mayor, Contradistingo la menor.

 

            2) Ahora bien, Dios al revelarse, muda intrínsecamente.

                       

Lo pruebo: Una mutación extrínseca y terminativa, supone en el agente la adquisión de un acto nuevo y una mutación intrínseca. Luego, Dios, por una mutación extrínseca y terminativa, a causa de la revelación, se muda también intrínsecamente.

 

Niego la menor subsunta, y distingo el antecedente de la prueba. La mutación terminativa del agente supone un acto nuevo y una mutación intrínseca en un agente creado, concedo el antecedente, (porque