Artículo II

DE LA OBRA DE JESÚS NAZARENO

 

TESIS 37. LOS FRUTOS DE SANTIDAD QUE PROVIENEN DE LA DOCTRINA CRISTINA PRUEBAN LA REVELACIÓN DIVINA DE ESTA.

 

669. Después del criterio interno consistente en el examen de la doctrina en si, pasamos también a tratar como criterio interno, el examen de la doctrina en cuanto que produce algunos frutos o efectos en aquéllos que la han aceptado.

 

Estos frutos de santidad de los cuales vamos a tratar no se consideran ahora como cumplimiento de las profecías de Jesucristo (S.Juan 4,23; S.Mateo 13,33), sino como un milagro moral, esto es como un hecho que supera las leyes psicológicas por las que se rigen las costumbres de los hombres y la actividad de éstos.

 

De este modo tendremos un criterio válido para comprobar la legación y la religión de Jesús; y si bien estos criterios internos en general no son los primordiales, sin embargo nada impide el que alguna vez, a saber, cuando se muestra de un modo manifiesto como milagro externo per accidens (según decíamos en el n.157b nos curase) sean considerados como criterios primordiales y suficientes.

 

En la comprobación de este milagro está la fuerza de este argumento en favor de la doctrina y de la religión cristiana, a saber de la religión católica; en esto se diferencia de la demostración de la religión católica mediante la nota de la santidad, la cual nota debe estudiarse (en el tratado de Ecciesia); en efecto en dicho tratado no se recurre al milagro, sino que en contra de los protestantes del siglo XVI se muestra que a la Iglesia verdadera le tiene que convenir la nota de santidad (y las otras notas de unidad, de catolicidad, y de apostolicidad), las cuales solamente se hallan en la Iglesia romana.

 

670. ADVERSARIOS. Deben citarse como adversarios los que pretenden explicar naturalmente la enmienda de costumbres, y la fecundidad en obras buenas introducida por la doctrina cristiana.

 

671. DOCTRINA DE LA IGLESIA. EL CONCILIO VATICANO I considera "la santidad eximia y la fecundidad inagotable en toda la clase de bienes" como motivo de credibilidad y como testimonio de su legación (D. 1794); sin embargo, según parece, este motivo, del cual habla el Concilio Vaticano I se constituye en virtud de la propagación, de la santidad, de la fecundidad, de la estabilidad y de la unidad de la Iglesia consideradas en su conjunto, a saber, en virtud del hecho de la Iglesia.[1]

 

Y PÍO IX, enumerando los motivos de credibilidad de la fe, recuerda como esta fe "maestra de vida, señal de salvación, rechazadora de todos los vicios y madre fecunda y nodriza de las virtudes... preclara e insigne en el más alto grado por la gloria del número tan elevado de Santos..s una vez derrotada la superchería de los ídolos... ha iluminado a todos los pueblos... con la luz del conocimiento divino, y los ha sometido al yugo suavísimo de Jesucristo mismo..." (D.1638).

 

Los Padres han recurrido con mucha frecuencia a este argumento (véase R. por lo que respecta al Índice teológico al final n.29s; y más adelante los n.675ss).

 

672. VALOR TEOLÓGICO. Esta tesis considerada conjuntamente con las tesis de la propagación de la unidad y de la estabilidad de la Iglesia, según el Concilio Vaticano I (D.1794) debe considerarse como un argumento irrefutable y contiene al menos doctrina católica. Digo, al menos, por si a alguien le pareciera que no constaba con toda certeza acerca de la intención de definir en el Vaticano I las razones de por qué la Iglesia por sí misma es un motivo grande y perpetuo de credibilidad (véase n.65 en la nota). Ahora bien si la tesis se considera por separado, el valor teológico de la misma no está suficientemente claro (según D.1794. 1638); no obstante es apologéticamente cierta.

 

673. PRUEBA. En virtud de la doctrina cristiana brotaron eximios frutos de santidad y se dio una gran enmienda de costumbres

 

a) en los individuos,

b) en la sociedad familiar,

c) en la sociedad civil;

 

Es así que esto prueba una causa proporcionada -sobrenatural- la cual no puede otorgarla Dios para confirmar una doctrina que se dijera de un modo falso que era revelada;

 

Luego los frutos de santidad que provienen de la doctrina cristiana prueban la revelación divina de la misma.

 

674. PRUEBA DE LA MAYOR. a) ENMIENDA DE LAS COSTUMBRES: EN LOS INDIVIDUOS.

 

1. Hay que considerar en primer lugar los vicios de los paganos de aquella época, esto es el término desde el que se produjo aquel cambio.

 

Respecto a la corrupción de las costumbres en el paganismo hablan los escritores cristianos.

 

Léase que es lo que dice San Pablo (Rom. 1,23-32) acerca de los vicios horrendos de aquellos que, a pesar que decían que eran sabios, en realidad se convirtieron en necios; y también San Pablo en esta epístola (V.29­31) realizó un catálogo de los pecados que se daban entre los paganos; así como también posteriormente de forma semejante, al decir que algunos de los corintios se habían comportado de este modo antes de su conversión: 1 Cor. 6,9-11.

 

Los Padres oponen también con mucha frecuencia por lo que se refiere a esto, como que se trata de algo totalmente evidente, los vicios de los paganos a las virtudes de los cristianos, así v.gr. TERTULIANO, CIPRIANO, MINUCIO FÉLIX, AGUSTÍN. Por vía de ejemplo vamos a exponer solamente lo que dice EUSEBIO DE CESAREA, al enumerar los antiguos crímenes paganos en distintos lugares: ..desde que-los oídos humanos comenzaron a ser inspirados por las palabras y las predicaciones de la doctrina misma (de Nuestro Salvador) extendida a lo largo de todo el orbe, sucedió inmediatamente el que aquellas costumbres de todas las naciones las cuales antes habían sido inhumanas y bárbaras, ésas mismas costumbres se apaciguaron con instituciones más suaves y más humanas. Y Así sucedió con los persas, los cuales una vez que dieron su nombre a la doctrina y a la religión cristiana, ya no cometen más incestos. Y los Escitas, al haber penetrado también en su nación la palabra de Cristo, ya no se alimentan de carne humana; ni tampoco otros pueblos bárbaros se manchan con pecados carnales e incestuosos; ni dejándose llevar por una loca pasión de lujuria caen en el homosexualismo, ni van ya tras los otros deleites carnales, que violan las leyes de la naturaleza, ni ponen al alcance de los perros y de las aves los cadáveres de sus deudos y familiares, la cual costumbre tenían en otro tiempo; ni tampoco ahorcan ya, como lo hacían antes, a los que están agotados por la vejez, ni se nutren según una costumbre antigua con la carne de sus más entrañables amigos una vez que han muerto éstos; ni inmolan según uso de sus antepasados personas humanas a los demonios como a ídolos, ni degüellan a las personas que les son más queridas, como hacían antes engañados por una falsa ilusión de piedad. En efecto estas y otras acciones del mismo estilo en número casi incontable son aquellas, que realizaban en otro tiempo las gentes llevando un género de vida abominable... [sigue diciendo qué obras inmorales habían llevado también a cabo los Masagetas, los Derbicos, los Tibarenos, los Hircanos, los Caspios y los Batrios]".

 

Y no solamente los cristianos, en cuanto a adversarios de esta clase de vida, se expresan así; son también los paganos mismos, los que reconocen la relajación de costumbres totalmente evidente.

 

Así TÁCITO, al narrar que costumbres había en Roma en época de Nerón, dice: "además las costumbres patrias abolidas paulatinamente han venido a caer por tierra a causa de la corrupción extranjera, de tal modo que lo que en alguna ocasión puede corromperse y corromper se ve con frecuencia en la ciudad, la juventud está degenerada dejándose llevar por modas traídas de fuera, acudiendo a los gimnasios atraídos por el ocio y las pasiones vergonzosas, siendo los responsables el príncipe y el senado, los cuales no solamente han caído en la permisividad respecto de los vicios, sino que ejercen influencia en los mismos".

 

Y fue así, sobre todo por el hecho de que el lujo y las riquezas, que provenían de la prosperidad pública, trajeron la corrupción. Según indicó Juvenal: "ahora estamos padeciendo los males derivados de un prolongado ocio. La lujuria, que es más cruel que las armas, ha caído sobre nosotros, y se venga del orbe derrotado;, -no falta ningún crimen, ni tampoco el crimen de la lujuria, por el que perece la miseria romana... -el dinero amigo de lo obsceno es el primero que nos ha traído costumbres extranjeras -y las muelles riquezas con su lujo indecente han destrozado las costumbres seculares...".

 

Y SÉNECA dice: todo está lleno de crímenes y de vicios; se cometen más delitos de los que se podrían remediar con la reprensión; se lucha para ver quien puede ser más perverso; aumenta cada día el deseo de pecar y disminuye la vergüenza. Sin consideración al bien y a la justicia, el capricho se lanza a donde le parece, y ya no se trata de que queden encubiertos los crímenes, sino que se ponen éstos a la vista de todos­ y hasta tal punto la maldad ha sido sacada al público y se ha enseñoreado de los corazones de muchos, que la inocencia no es que sea rara, sino que no se la ve".

 

675. 2. Acerca del término al que ha llegado la conversión, testifican en primer lugar los escritores eclesiásticos, los cuales no hubieran recurrido con tanta confianza a estas virtudes de los cristianos, a no ser que fueran totalmente manifiestas de forma que dieran garantía incluso en causa propia.

 

Los Hechos de los Apóstoles 4,32-37 testifican acerca de la concordia y de la pobreza voluntaria de los cristianos de la iglesia primitiva.

 

San Pablo ensalza los bienes que la conversión ha aportado a los cristianos: 1 Cor 6,11; Efesios 2,1-10.

 

Entre los otros escritores eclesiásticos oigamos en primer lugar de una forma resumida, lo que contiene la Epístola a Diogneto (siglo II), ensalzando las virtudes de los cristianos mediante bellas antítesis:

 

"Los cristianos... habitan sus propias patrias, pero como inquilinos; todo tienen en común con los demás como ciudadanos, y padecen toda clase de sufrimientos como extranjeros; toda nación extranjera es su patria, y toda patria es para ellos nación extranjera. Se casan como todos, tienen hijos; pero no abandonan la prole. Tienen mesa común, no lecho. Están dentro de la carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero tienen su patria en el cielo. Obedecen a las leyes constituidas, y con la clase de vida que llevan están por encima de dichas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Son desdeñados y se les condena; se les castiga con la muerte, y alcanzan una vida nueva. Son mendigos y enriquecen a muchos; carecen de todo, y les sobran todas las cosas. Son deshonrados, y en medio de las deshonras encuentran honra y alabanza; su fama se siente herida, y aparece a la vista el testimonio de su vida justa. Son fallidos y responden bendiciendo, se les trata ignominiosamente, y devuelven una respuesta de honor. Cuando obran el bien, son castigados como réprobos; al ser castigados se llenan de gozo, como si fueran vivificados; los judíos hacen en contra de ellos la guerra como si se tratara de extranjeros, y los griegos los persiguen; y los que les odian no pueden dar razón de por qué les tienen enemistad. Y para resumir todo en una sola expresión, lo que es en el cuerpo el alma, esto son en el mundo los cristianos, el alma está en todos los miembros del cuerpo, y los cristianos a lo largo y a lo ancho de las ciudades del mundo. El alma habita ciertamente en el cuerpo, pero no es del cuerpo; y así también los cristianos habitan en el mundo sin ser del mundo...".

 

SAN JUSTINO también ensalza el mismo cambio admirable de costumbres:

 

"Los que antes nos gozábamos con liviandades, ahora únicamente abrazamos la pureza; los que 'vivíamos entregados a la mafia nos hemos consagrado al Dios bueno e increado; los que apreciábamos por encima de todo los medios de enriquecernos y adquirir posesiones, ahora ponemos en común los mismos bienes que poseemos y los compartimos con los pobres de todas las clases; los que luchábamos antes mutuamente con odio a muerte y no compartíamos nuestro hogar con los de otras tribus por razón de las diversas instituciones de cada pueblo, ahora, después de haber aparecido Cristo, vivimos bajo un mismo techo y oramos por los enemigos...".

 

Asimismo podrían aducirse otros muchos testimonios, que nos han transmitido otros escritores, v.gr. SAN CLEMENTE ROMANO, ATENAGORAS, TERTULIANO, MINUCIO FELIX, LACTANCIO, SAN CIPRIANO, SAN AGUSTÍN.[2]  

 

677. De forma semejante podemos extraer textos de autores paganos, como PLINIO EL JOVEN, el cual escribiendo a TRAJANO indicaba la causa de por qué los cristianos se reunían antes del amanecer: "entonan a coro un himno a Jesucristo como a Dios, y no solamente no se obligan bajo juramento a cometer crimen alguno, sino que ni siquiera cometerían hurtos, ni robos, ni adulterios, ni faltarían a la palabra dada, ni habiéndoseles reclamado algo que tuvieran en depósito se negarían a devolverlo". También LUCIANO, al tratar sobre la muerte de Peregrino, narra la caridad de los cristianos. Y del mismo modo JULIANO EL APOSTATA; pues como "pensara que la principal fuente de recomendación de la religión de los cristianos partía de la vida y de las costumbres de los que seguían dicha religión", queriendo alcanzar un efecto semejante escribió a Arsacio, sacerdote pagano de la Galacia, diciéndole por qué no prestaban atención a "qué es lo que la religión de los Cristianos daba mayor importancia: a saber el trato humanitario con los peregrinos, la diligencia cuidadosa en enterrar a los muertos, y la austeridad de sus costumbres. Todo lo cual juzgo que nosotros debemos realizarlo en verdad... en efecto sería vergonzoso el que de entre los judeo-cristianos ninguno mendigara; y que en cambio, sigue diciendo Juliano el Apóstata, los Galileos impíos con nuestras deidades, además de a sus pobres, también alimentaban a los nuestros...".

 

678. 3. Entre las virtudes características, que brillaron en medio de aquellas tinieblas de corrupción, y las cuales en cuanto ignoradas en otro tiempo resplandecían con una luz más brillante, pueden enumerarse: el amor a los prójimos en la hermandad y en la caridad para con los enemigos, el amor a Dios, la castidad y la virginidad...

 

Podemos aducir acerca de éstas virtudes documentos especiales y manifestaciones singulares.

 

Acerca de la caridad de los cristianos escribía SAN AGUSTÍN: "La caridad es la virtud a la que se le atiende de una forma especial; a la caridad se adapta el género de vida que se lleva, se adapta también a la caridad la conversación; a la caridad se adapta igualmente el atuendo con el que nos mostramos, y a la caridad se adapta la presencia externa de los cristianos; hay una unión y una mutua armonía exclusivamente en orden a la caridad: el mancillar ésta se considera como un pecado execrable contra Dios; si algo se opone a la caridad, esto es eliminado y rechazado; si algo ofende a la caridad, no se consiente que permanezca "eso" ni un solo día. Saben los cristianos que Jesucristo y los apóstoles han encomendado la caridad de tal forma que si falta esta sola, todo lo demás es inútil; y si se da la caridad, todo lo demás encuentra su plenitud".[3]

 

Los historiadores escriben y alguno proclama que se trata de algo verdaderamente admirable, respecto a la hermandad entre los cristianos en el ejercicio de las obras de misericordia, en el hecho de reunir y distribuir limosnas, en ser hospitalarios, en prestar socorro a las comunidades, incluso a las que se encuentran, en lugares muy apartados, en fomentar relaciones verdaderamente fraternas...

 

679. Respecto al amor a los enemigos observaba acertadamente Atenágoras: "Así pues, ¿cuales son aquellos deseos, en los cuales nos nutrimos? yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os persiguen, para que seáis de vuestro Padre, que está en los cielos... (S.Mateo 5,44). En virtud de este texto permítaseme el estallar por causa de nosotros con amplia libertad en un discurso que va a ser escuchado en medio de un gran griterío, al defender yo la causa en presencia de los reyes filósofos. En efecto ¿quiénes de aquellos que explican los silogismos y refutan las expresiones con palabras antiguas, y exponen los vocablos de donde provienen dichas expresiones; o quiénes de aquéllos que enseñan las palabras homónimas y las sinónimas y las categorías lógicas y los axiomas, y qué es el sujeto y el predicado, y con éstas y otras explicaciones parecidas prometen que van a hacer dichoso al oyente; quiénes, digo, de éstos viven una vida tan pura e inocente, que no solamente no odien a los enemigos, sino que incluso les amen, y que aquéllos que anteriormente les maldijeron, no solo no les maldigan lo cual no obstante parecería mesurado en extremo, sino que incluso les bendigan y recen por aquéllos que ponen asechanzas a su vida misma? ... Ahora bien entre nosotros hallareis hombres rudos y obreros y ancianas, los cuales, en el caso de que no sepan probar verbalmente aquella utilidad que se experimenta y se conoce con certeza que se deriva de nuestra doctrina, no obstante con sus obras pueden demostrar la utilidad, que tiene su origen en la resolución de su ánimo. En efecto no gritan, sino que muestran sus obras hechas con rectitud; no devuelven la herida al que les ha herido, no pleitean con el que les roba, dan a los que les piden, aman al prójimo como así mismos".

 

680. Ahora bien este amor del prójimo brotaba del amor de Dios, lo cual es todavía mas sublime.

 

El Amor de Dios era tan desconocido entre los paganos, que Aristóteles llegó a escribir: "en efecto sería extraño, el que alguien dijera que él ama a Júpiter". Y así mismo Cotta en una obra de Cicerón se expresa así: "¿Acaso alguno, por el hecho de que fuera un varón honrado, ha dado jamás gracias a las deidades?". En cambio las pruebas que los cristianos han dado movidos por este amor purísimo, las testifican los mártires con el derramamiento de su sangre, acerca de los cuales hablaremos después (n.740ss), ya que el martirio en cuanto imitación de cristo, y en cuanto unión con Cristo, era considerado como el ideal de la perfección. Lo testifican también las vírgenes, acerca de las cuales pasamos a tratar.

 

681. La virginidad y la castidad siempre han sido tenidas entre los cristianos en gran aprecio. Tertuliano se expresaba acertadamente al decir: "en verdad, y hace bien poco tiempo, al condenar a una doncella cristiana al egocinio, antes que a los leones, habéis confesado públicamente que la mancha que supone el pecado en contra de la pureza es considerada entre nosotros como algo más atroz que todo castigo y que toda clase de muerte".

 

Se ha visto en la virginidad como el ideal y como el estado de perfección. -El triunfo conseguido mediante el cristianismo sobre una pasión ampliamente universal y vehemente, y además en medio de los atractivos del mundo, lo cual continúa sucediendo ciertamente también hoy día, es  luz en medio de las tinieblas, pureza en grado sumo en medio de un pueblo depravado y perverso...

 

682. 4. Y no hay que pensar que todo esto, que estamos tratando, ha sido solamente algo antiguo y ya pasado, y que de ningún modo es actual y de nuestros días. Pues toda la historia de la Iglesia Romano­ Católica en ningún momento deja de mostrar ejemplos sumamente preclaros de santidad. Pensemos en el monacato extendido a lo largo y a lo ancho por toda la Iglesia; pensemos en el sacerdocio católico que guarda el celibato, a fin de hallar en Dios su misión y su heredad, y a fin de dedicarse exclusivamente a todo lo que concierne a Cristo y a su Iglesia; pensemos en las ordenes militares las cuales llevaban los asuntos eclesiásticos con fortaleza y al mismo tiempo con piedad; pensemos en las ordenes mendicantes las cuales contribuían con el ejemplo de su pobreza al efecto intentado en su predicación; pensemos en las restantes ordenes religiosas distribuidas en distintas funciones y obras de misericordia, bien sea dedicadas al cuidado de los enfermos, bien a la educación de los pobres y de los rudos, bien a otros trabajos en favor de la gloria de Dios tanto en la propia patria como en naciones extranjeras e incluso pasando esta vida terrenal en territorios de misión, en leproserías... más aún tenemos que agregar también las congregaciones religiosas y los institutos seculares...: todas estas congregaciones e instituciones y ordenes a las que nos hemos referido, mostraran la fuerza santificadora de la Iglesia y de la doctrina de los consejos evangélicos...

 

Añádanse también a los varones y a las vírgenes que se dedican a la contemplación y asimismo a la penitencia, a los que atienden a los pobres y abandonados, llevados en aras del celo de la salvación de las almas hasta a las regiones más apartadas de la tierra.... Hay que agregar a los laicos que colaboran con el apostolado jerárquico abnegada y denodadamente... Y podemos ver santos que han sido canonizados que pertenecían a toda clase y a toda condición, santos que han sido canonizados poco a y que han vivido su vida terrenal en época muy reciente...

 

Aquél-que considere en su interior todo esto, confesará en verdad la santidad maravillosa y totalmente extraordinaria que proviene de la doctrina de Jesucristo.

 

683. b) ENMIENDA DE LAS COSTUMBRES EN LA SOCIEDAD FAMILIAR. Acerca de los hijos, el término desde el que se realizó el cambio, consta por las palabras de autores antiguos. Así ARISTÓTELES establecía: "Ahora bien tiene que haber una ley en orden a acabar con los fetos o por el contrario a criar a éstos, de forma que no salga adelante nada defectuoso y débil. Y a causa de la multitud de los hijos es menester no dar paso (a ciertos) fetos, a no ser que prohíban esto las instituciones de la nación: pues es menester que halla un número concreto de hijos a procrear. Y si algunos tuvieren algo engendrado a parte de éstos convendrá realizar el aborto, antes de que el feto tenga sentido y vida". Lo cual lo introdujo también Lycurgo entre los griegos.

 

Y entre los Romanos la ley de las doce tablas se expresaba así: "el Padre que mate pronto a un niño que se distinga por su deformidad". Y SÉNECA decía también: "matamos a los fetos monstruosos, y ahogamos también a los hijos, si han nacido débiles y monstruosos: no es una acción iracunda, sino razonable el separar a los inútiles de los sanos".

 

684. Y el término ad quem [al cual] llevó la conversión mediante el cristianismo encuentra su comienzo en las palabras de Jesús acerca de la atención cuidadosa y el ejemplo con los que deben ser tratados los hijos de familia. Y Jesús dio un ejemplo singular: S.Marcos 10,14; S.Mateo 18,5-15 ... y lugares paralelos. Ahora bien cualquiera puede mostrar sin esfuerzo alguno con qué abnegación de las religiosas y de los religiosos la Iglesia Católica se dedica a la educación de los niños, en naciones católicas y en naciones de misión. Y con qué solicitud la Iglesia católica vigila todo lo que concierne a la educación de los bautizados, y finalmente con qué eficacia se puede ver entre los católicos incluso en la tierna edad la gracia de una santidad madura.

 

685. Respecto a las mujeres se le otorgó mediante el cristianismo al vínculo matrimonial una perpetuidad más segura y firme, desapareció la poligamia, y de este modo se atendió de un modo más rico a la dignidad de la mujer.

 

Por lo que concierne a los esclavos es conocida la antigua mancha de los paganos. En cambio la religión cristiana en primer lugar suavizó este hecho; se preocupó de que se les diera un trato humano a los esclavos y de que sus dueños les concedieran la carta de libertad mediante la manumisión; por último la religión cristiana acabó con la esclavitud. Hoy día los criados son considerados como parte de la familia.

 

La Iglesia elevó a antiguos esclavos al sacerdocio, e incluso al pontificado supremo (a SAN CALIXTO) y ennobleció el trabajo manual.

 

686. c) ACERCA DE LA ENMIENDA DE LAS COSTUMBRES EN LA SOCIEDAD CIVIL. Es conocido como la religión cristiana fue muy útil a la sociedad civil; igualmente cómo promovió la genuina libertad de los súbditos en contra de la tiranía y el despotismo; como introdujo la caridad en contra de la crueldad de hombres sin misericordia los cuales hacían basar los espectáculos en las personas mismas en los juegos de circo; cómo el verdadero y genuino derecho de gentes, ciertamente internacional, encontró su fundamento en la doctrina y en la filosofía cristianas, apartándose de las relaciones que se daban entre los pueblos bárbaros; cómo también la Iglesia nunca ha cesado de promover las obras de beneficencia y las obras sociales...

 

687. PRUEBA DE LA MENOR. TODO ESTO SUPONE UN AUXILIO DE DIOS QUE SUPERA EL CURSO COMÚN DE LA NATURALEZA, UN AUXILIO SOBRENATURAL. Sin duda alguna la filosofía y las otras religiones nunca han conseguido tales efectos tan sublimes. Y nada tiene de extrañar. Pues si se requiere un auxilio sobrenatural en la situación actual al menos respecto a una gran multitud en orden al conocimiento congruo y conveniente de la religión natural, este auxilio se requerirá mucho más en orden a la praxis o practica de la religión natural; y mucho más en orden a la praxis o práctica tan sublime, que se ha dado y se da en un número tan grande dentro de aquéllos que han abrazado la doctrina cristiana.

 

En la cual praxis o práctica sublime de la doctrina cristiana y en los frutos de santidad producidos por ella hay que tener en cuenta el equilibrio y la armonía en la asociación de virtudes distintas y en cierto modo opuestas entre sí. Lo cual es en verdad más sublime y más: a saber, como podría unirse la austeridad de vida con la alegría, la prudencia, con la sencillez, la obediencia con la dignidad, la humildad con la magnanimidad, la firmeza con la suavidad, la bondad con la eficacia...

 

Los frutos de esta santidad, a pesar de los deseos y de los esfuerzos que han puesto en ello, de ningún modo se halla donde no se da la doctrina cristiana (en efecto, ¿cuando la filosofía o las otras religiones han dado frutos tan sublimes?). Esta es la razón por la que argumentamos con todo derecho para demostrar la impotencia e incapacidad moral de una gran multitud dejada a su solo esfuerzo, para poder llegar a esta santidad.

 

Más aún la consideración de una sola virtud cristiana, como es la castidad y la virginidad de tantos hombres y mujeres, los cuales a manera de ejército triunfador se han vencido a sí mismos y han vencido al mundo que está colocado en el maligno y lo derrotan continuamente, para abrazarse a un sacrificio perpetuo en aras de un cierto amor ideal, en verdad no podrá explicarse con las solas fuerzas naturales.

 

Luego si tales frutos de santidad se encuentran en alguna parte, hay que suponer que allí se da un auxilio sobrenatural de Dios. Ahora bien este auxilio no puede darse en confirmación de una doctrina que se dijera de una forma falsa que ha sido revelada. Por consiguiente con razón dice ORÍGENES: "¿Quién podría decir que se consigue en base a un engaño el que la vida se enmiende y disminuya la malicia cada día más?" y de nuevo dice: "son testigos de la divinidad de Jesucristo tantas iglesias de hombres, que habiéndose apartado de la corrupción de los vicios, se entregan totalmente a su Creador, y ponen su empeño en agradarle en todas las cosas".

 

688. OBJECIONES.

 

1. Hay quienes niegan el hecho de la santidad en la religión católica, sobre todo en ciertos individuos o sociedades o en algunas circunstancias.

 

Dejémoslo pasar de momento: ni tenemos que defender en esta tesis que la Iglesia es santa, lo cual lo haremos después (en otro tratado); sino que hay que explicar el hecho de alguna santidad la cual demuestra un auxilio sobrenatural.

 

Respondemos: También con TERTULIANO: los que obran mal, obran no según la doctrina cristiana sino en contra de los preceptos cristianos. Y "es menester que en un cuerpo por más apuesto y sin tacha que sea, el que aparezca en él algún lunar o salga alguna verruguita o le ensombrezca una peca, al firmamento mismo le purifica una claridad tan limpia, que no desparece con los hilachos de alguna nubecilla...".

 

2. El hecho de alguna santidad no indica un auxilio sobrenatural, v.gr. a causa de la virginidad de muchos; pues los paganos también tuvieron las vírgenes vestales.

 

RESPUESTA: No hay que oponer a las vírgenes cristianas las vestales; en efecto

1) éstas, las vestales, fueron muy pocas (al principio cuatro y después seis), aquéllas como las cristianas, fueron innumerables;

2) la virginidad de las vestales estuvo recompensada con menores y con ventajas que les venían por su estado, en cambio la virginidad de las vírgenes cristianas estuvo expuesta a injurias y al martirio;

3) la virginidad de las vestales no fue perpetua; podían después de pasar un determinado tiempo (a los 30 años) contraer matrimonio. La virginidad de las vírgenes cristianas fue perfecta;

4) la virginidad de las vestales fue obligada y sometida a castigos, en cambio la virginidad de las vírgenes cristianas fue totalmente libre y expuesta a toda seducción".

Y a aquéllas semi-vestales puedes oponer, por favor, el ejército de tantos sacerdotes y religiosos, tanto varones como mujeres, los cuales observan castidad voluntaria y perpetua...

 

TESIS 38. LA PROPAGACIÓN ADMIRABLE DE LA RELIGIÓN CRISTIANA CONFIRMA EL ORIGEN DIVINO DE ESTA.

 

689. Esta propagación no se entiende aquí

 

a) como cumplimiento de las profecías de Cristo; ni

 

b) como testimonio de una gran multitud acerca de unos hechos históricos, cuya razón suficiente no pueda ser más que la verdad objetiva misma de las cosas que testifican; sino que,

 

c) se considera como un milagro moral, en cuanto que sin medios naturales proporcionados se da un hecho que supera las leyes psicológicas de las costumbres, por las cuales se rige la actividad de los hombres. Y principalmente consideramos los tres primeros siglos, hasta la paz de Constantino (año 314), ya que los obstáculos que había entonces, y el no tener a penas ayuda externa humana muestran con toda evidencia la necesidad de un auxilio divino sobrenatural.

 

Este argumento clásico y solemne se da entre los apologetas antiguos, los cuales consideraron los tres momentos que hay en él, a saber, de profecía que se ha cumplido, de testimonio de verdad, y de milagro.

 

Este criterio, según nosotros lo empleamos ahora, en orden a probar la digna legación de Jesús, parece que guarda conexión con el criterio interno de la doctrina mediante el examen de los efectos de ella, lo cual poco a lo estudiábamos en los frutos de santidad producidos por la doctrina misma. En efecto esta admirable propagación de la doctrina cristiana, a saber, su aceptación teórica y práctica, puede concebirse como cierto modo de frutos y de efectos que han surgido mediante la doctrina misma.

 

690. ADVERSARIOS. Son adversarios los racionalistas, los cuales pretenden explicar naturalmente este hecho de la difusión extraordinaria, el cual no puede ser negado por ser mas claro que la luz del día. Así E.GIBBON, LECKY, F.G.BAUR, y los siguientes: RENAN, HARNACK.

 

E.RENAN afirma que más bien hay que extrañarse de que la religión cristiana haya vencido al imperio romano en tanto tiempo y no antes.

 

HARNACK pretendía explicar la difusión mediante los diversos elementos de esta doctrina religiosa, a saber

a) por el monoteísmo;

b) por la buena nueva, esto es por el evangelio de Jesús, evangelio de amor y que promovía el obrar el bien;

c) por los multiformes aspectos bajo los que podía ser considerada esta religión;

d) por su admirable capacidad de adaptación. Y así era una religión sencilla, respecto a los hombres sencillos y rudos; intelectual y digna de admiración respecto a los sabios; y respecto a todos ganándose en virtud de la benevolencia y de la caridad a todos... Y de aquí pretende deducir que el cristianismo fue un sincretismo el cual hubiera empleado en beneficio propio todas las fuerzas del mundo y la preparación hecha por otras religiones: así, dice Harnack, abandonando el nacionalismo judío, se atraía hacia sí a pueblos muy diversos; y así, sigue diciendo, se apropió elementos del culto de otras religiones, y la filosofía helenista... Por consiguiente no hay que plantear el problema, dice Harnack, acerca de cómo el cristianismo se ganó a tantos griegos y romanos que fue la religión más numerosa y más poderosa; sino que dice que hay que plantearlo de otro modo: cómo se formó y desarrolló a fin de venir a ser una religión universal y exclusiva; y esto, termina diciendo, lo resolverán la historia de los dogmas y del culto y no solamente la historia de las misiones de aquella época.

 

691. DOCTRINA DE LA IGLESIA. El Concilio Vaticano I considera "la admirable propagación" de la Iglesia como un motivo de credibilidad grande y constante (D.1794); más según parece, tal motivo está formado a base de la propagación, de la santidad, de la fecundidad, de la estabilidad y de la unidad de la Iglesia, consideradas en su conjunto; esto es en virtud del hecho de la Iglesia.

 

Pío IX, al hacer una bella enumeración de los argumentos con los que se prueba que la fe cristiana es obra de Dios, dice lo siguiente: "esta fe... adquiriendo fuerzas de día en día mayores..., ha penetrado en todo el orbe por tierra y por mar, desde el oriente hasta el occidente, haciendo uso solamente del estandarte de la Cruz..." (D.1638).

 

692. VALOR TEOLÓGICO. Si esta tesis se considera juntamente con otras acerca de la santidad y de la estabilidad... de la Iglesia, es al menos doctrina católica.

 

En cambio la tesis considerada por separado es apologéticamente cierta y venerable en la tradición apologética.

 

693. PRUEBA. La religión cristiana fue propagada

 

a) de una gran extensión geográfica, y al mismo tiempo numérica;

b) en todas las clases sociales,

c) rapidísimamente,

d) en medio de obstáculos gravísimos.

 

Es así que esto demuestra una causa proporcionada sobrenatural, la cual no puede darse por Dios en confirmación de una religión falsamente revelada;

 

Luego la propagación admirable de la religión cristiana confirma el origen divino de ésta.

 

694. PRUEBA DE LA MAYOR. a) EXTENSIÓN GEOGRÁFICA Y AL MISMO TIEMPO NUMÉRICA. En tiempo de los apóstoles. Según los Hech. Apóst. consta la extensión de la religión cristiana en Jerusalén por Samaria, Damasco, Antioquía, que es donde primeramente fueron conocidos los discípulos con el nombre de cristianos (Hech.Apost. 11,26); igualmente por Asia...; y se narran los viajes de San Pablo de forma que pudo decir: desde Jerusalén hasta la Ilyria y en todas las direcciones he predicado cumplidamente el evangelio de Cristo (Rom. 15,19). Y escribiendo a los romanos les decía: vuestra Fe es conocida en todo el mundo... (Rom. 1,8; véase lo mismo en Colos. 1,6-23) y manifiesta a los mismos romanos su propósito de marchar a España (Rom. 15,28) y de predicar allí el evangelio. El mismo escribía también cartas a las comunidades cristianas geográficamente muy apartadas, a saber, a los Romanos, a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, a los Tesalonicenses; e igualmente al obispo Tito en la isla de Creta; y también hace mención de las comunidades de Macedonia y de Acaia (1 Tes. 1, 7s)

 

Y San Pedro, escribía: "a los elegidos procedentes del Ponto, de Galacia, de Capadocia, de Asia y de Bitinia" (1 S.Pedro 1,1).

 

San Juan dirigía el Apocalipsis "a las siete iglesias que están en Asia", a saber, "a Efeso, a Esmirna, a Pergano, a Diatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea" (Apoc. 1,4.11).

 

Consta la dispersión de los apóstoles por la historia de Eusebio: "a Santo Tomás, según nos ha sido transmitido por tradición, le. correspondió Partos; a San Mateo, Etiopía; a San Bartolomé, la- India Citerior; a San Andrés Escidia; a San Juan, Asia, de donde pasó a Efeso y allí residió y murió. A San Pedro el Ponto, Galacia, Bitinia, Capadocia y las otras provincias limítrofes...

 

Con esta extensión geográfica se daba un enorme incremento en número: así en Jerusalén había al principio 120 (ciento veinte) (Hech.Apóst. 1,15), 3.000 (tres mil) (Hech.Apóst. 2,41), 5.000 (cinco mil) varones (Hech.Apóst. 4,4); después se aumentaba también el número de varones y mujeres que creían en el Señor (Hech.Apóst. 5,14)... Y los más ancianos decían a Pablo: "ya ves, hermano, cuantos millares de creyentes hay entre los judíos" (Hech.Apóst. 21,20).

 

Y en Roma había "una enorme multitud" de cristianos, acerca de la cual habla Tácito, cuando trata acerca de los martirios en tiempo de Nerón; y según dice S.Clemente Romano, "una gran multitud de elegidos se agregó a S.Pedro y a S.Pablo que-llevaban una vida santa, los cuales elegidos habiendo padecido a causa de su celo muchos suplicios y tormentos, vivieron entre nosotros dejando un ejemplo extraordinario".

 

695. En la época inmediatamente posterior a los apóstoles (siglo II) aparece una gran extensión del cristianismo según se puede apreciar por el modo de hablar de los autores:

 

Así en Bitinia hacia el año 111-113 la mayor parte era cristiana, puesto que Plinio consultó a Trajano respecto a los cristianos "sobre todo a causa del número de los que se encontraban en peligro. En efecto muchos de toda edad, de toda clase social, de ambos sexos también corren y correrán peligro". Y sigue diciendo que la religión cristiana no solamente se había extendido por las ciudades, sino también por las aldeas y campos.

 

En la Epístola a Diogneto (siglo II) se decía en resumen: "lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo...".

 

SAN JUSTINO hacia el año 155, afirmaba: "Está a la vista que no hay nadie que nos espante y nos reduzca a esclavitud a los que creemos a lo largo de todo el orbe de la tierra en Jesús...". Y de nuevo, aplicando a los cristianos la profecía de Malaquías, acerca de todo lugar en que va a ser ofrecido un sacrificio puro (Malaquías 1,11), dice: "en efecto no hay ningún pueblo en absoluto bien entre los bárbaros, bien entre los griegos, bien entre aquéllos que reciban cualquier nombre que sea, tanto de los hamaxobios que viven en carretas, como de los nómadas que no tienen casa fija, al igual que entre los escitas que apacentando sus ganados viven en tiendas, ningún pueblo de éstos, digo, hay, en el cual no se hagan oraciones y se den acciones de gracias al Padre y Creador de todas las cosas en el nombre de Jesús crucificado...".

 

Y SAN IRINEO ensalzaba en el mismo siglo la unidad de la predicación y de la tradición de la Iglesia en el mundo entero: "en efecto aunque en el mundo hay idiomas diferentes, sin embargo la virtud de la tradición es una sola y la misma y estas iglesias que han sido fundadas en Germánia no creen de distinto modo o no trasmiten por tradición otras cosas; ni las que han sido fundadas en Hispania, ni las que lo han sido entre los celtas, ni las que están en oriente, ni las de Egipto, ni las que tienen su residencia en la Libia ni las que han sido constituidas en el centro del mundo: sino que así como el sol, creatura de Dios, es uno sólo y el mismo en el universo, así también la luz, la predicación de la verdad, brilla en todas las partes, e ilumina a todos los hombres que quieren venir al conocimiento de la verdad...".

 

Y en las Actas del martirio de Carpo, de Papilo, de Agatón (probablemente entre los años 161-180), se le pregunta a Papilo: "dijo el procónsul: ¿tienes hijos? Papilo respondió: ciertamente que tengo muchos por la misericordia de Dios. Entonces alguno de entre el gentío gritó y dijo: dice que tiene muchos hijos según su fe cristiana.... el procónsul dijo: ¿por qué mientes y dices que tienes hijos? Papilo dijo: ¿quieres saber que yo no miento, sino que digo la verdad? en toda provincia y en toda ciudad tengo hijos por la misericordia de Dios...".

 

Y en fin por la controversia ocurrida a finales del siglo II respecto al tiempo de celebrar la Pascua consta que hubo cinco sínodos provinciales.

 

Por último TERTULIANO, el año 197, podía escribir estas expresiones llenas de elocuencia en su obra el Apologético: "somos de ayer y llenamos el mundo y todo lo vuestro: ciudades, islas, castillos, municipios, consejos, los mismos campamentos, tribus, decurias, el palacio, el senado, los soldados de vuestros ejércitos; en una sola provincia somos nosotros más numerosos. ¿Para qué lucha no estaríamos prontos y capacitados, aun desprovistos de provisiones, quienes nos dejamos tan gustosamente matar si no fuese porque nuestra ley nos induce a recibir la muerte más que a darla?... Sí, pues, un número tan grande de hombres nos separásemos de vosotros en una región cualquiera..., os quedaríais, sin duda, espantados ante vuestra soledad, ante el silencio del mundo circunstante, y victimas de un estupor como si el orbe hubiese sucumbido. Buscaríais a quién mandar, y os encontraríais con que os habían quedado más enemigos que ciudadanos". Y el mismo Tertuliano dice: "...y son tantos los cristianos, cuantos somos también designados. Vociferan a una ciudad asediada, vociferan los Cristianos en los campos, en las fortalezas, en las islas...".

 

696. En el siglo III, el mismo TERTULIANO, escribiendo su obra Contra los judíos (años 200-206), recordaba la predicación de los apóstoles, de tal forma que en toda la tierra se escuchaba el sonido de su voz, y hasta los últimos confines de la tierra habían llegado sus palabras (Salmos 18,5; véase Rom. 10,18), y "de modo que las tribus de los Getulos y muchos territorios de la Mauritania, y todos los límites de España y las distintas regiones de las Galias y los lugares de Bretaña inaccesibles a los romanos y sometidos a Cristo, la Sarmacia, la Dacia, la Germania, la Escidia y los territorios de muchos pueblos alejados y de muchas provincias e islas desconocidas para nosotros" ya han creído en Jesucristo. Y en el año 212 en el África la mayor parte era cristiana: "una multitud tan grande de personas, casi la mayor parte de cada una de las ciudades, vivimos en paz y en humildad modestia..." Este hecho le parecía también admirable a ORÍGENES, que escribía a mediados del siglo III en contra de Celso: "¿acaso Jesús al querer extender su doctrina, pudo sin la ayuda de Dios en estos pocos años llevar a cabo una obra tan grande, que en muchos lugares de este nuestro orbe ha ganado para su doctrina a muchos griegos y bárbaros, a muchos sabios e ignorantes, y les ha persuadido de tal forma que, lo que nunca se ha oído de otra religión, han preferido soportar suplicios hasta la muerte martirial en favor del cristianismo antes que apostatar de él?...".

 

HARNACK mismo, el cual, distingue, como conclusiones de sus estudio, al comienzo del siglo IV, distintas categorías de regiones en la extensión de la cristianización prueba la gran extensión del cristianismo en el siglo III:

 

1) Regiones en que prevalecía francamente el cristianismo, como era en Asia Menor, el Sur de Tracia, Armenia, Edesa, Chipre, Numidia y Tanger.

 

2) Regiones en que era cristiana una gran parte del pueblo, de modo que ejercía verdadero influjo social y podría enfrentarse con cualquiera de las otras religiones, cuales eran África proconsular, Antioquía, Celesíria, Alejandría, Egipto, Tebadi, Roma, Italia meridional y parte de la Central, Sur de España, las costas de Cesarea, Acadia, Macedonia y sus islas vecinas, así como la Galia mediterránea juntamente con el valle del Ródano y ciertas ciudades palestinenses.

 

3) Provincias en que la difusión, según los conocimientos de Harnack, no podía llamarse grande: campos de Palestina, Fenicia, Arabia, algunas parrtes de Mesopotamia; partes interiores de Acata , de Tesalia, de Macedonia; el Epiro, Dardania, la Dalmacia, Mesia, partes del norte y del interior de Italia central, y la Italia superior oriental, la Galia meridional y regiones que se encontraban junto a las vías romanas y en sus grandes ciudades hasta Bélgica, hasta la Germania y hasta Grecia; la Mauritania y Trípoli; algunas partes de España, que no pertenecen a la categoría anterior.

 

4) A la cuarta categoría pertenecen aquéllas regiones en las cuales, según los conocimientos que tiene Harnack, había pocos cristianos: así las ciudades de Filistea, las costas septentrionales del Mar Negro; la parte occidental de Italia superior; la Galia septentrional y central;. Bélgica, Germania, Grecia, exceptuando aquéllas regiones que entre éstas hemos señalado en la tercera categoría. Así mismo fuera de las provincias romanas, Persia, India, Escitia; y en verdad la Persia occidental probablemente hay que adscribirla a la tercera categoría.

 

697. b) DIFUSIÓN SOCIAL. Ya antes TERTULIANO, ORÍGENES... han indicado con sus testimonios el hecho de la difusión social.

 

Y en concreto ya S.Pablo recuerda a los cristianos que viven EN LA CORTE: os saludan todos los santos, y principalmente los de la casa del Cesar (Filipenses 4,22); y en la epístola a los Rom.( 16,10ss) cita a muchos nobles. Se menciona a Acilio Glabrio y a Flavio Clemente, cuya mujer Domitila ella misma era pariente de Domiciano. También se citan otros, como Carpo Foro, varón fiel de la familia del Cesar, cuyo esclavo, Calixto, después llegó a ser Papa.

 

Los POBRES sin duda alguna fueron muchos los evangelizados; sin embargo también LOS RICOS Y LOS NOBLES, además de aquéllos anteriormente citados, como el procónsul Sergio Paulo (Hech.Apóst. 13,7-12); y de entre los judíos "una gran cantidad de sacerdotes" (Hech.Apóst. 6,7), como Crispo (Hech,Apóst. 18,8); igualmente Apolo (Hech.Apóst. 18,24s)... De entre los griegos Dionisio Aeropagita (Hech.Apóst. 17,34)... igualmente Pomponia Grecina y muchos otros, según señalan de modo patente las inscripciones funerarias en el cementerio de Calixto.

 

Entre los SOLDADOS se cuentan, además de Cornelio (Hech.Apóst. 10,1s), la legión fulminata, el centurión Marino, Nereo y Aquileo, Marcelo, Maximiliano, Teodoro, los cuarenta mártires de Sebaste, Juliano, Sebastian...

 

Y no faltaron los SABIOS, como Dionisio Areopagita, Clemento Romano, Quadrato, Arístides, Justino, Atenágoras, Ireneo, Tertuliano... y todos los apologetas. Por este motivo San Jerónimo pudo escribir: "así pues que aprendan Celso, Porfirio, Juliano, perros rabiosos contrarios a Cristo, y que aprendan también los seguidores de éstos (los cuales opinan que la Iglesia no ha tenido ningún filósofo ni ningún orador ni ningún doctor) cuántos y que clases de varones la han construido, la han levantado y la han engalanado; y que cesen ya de argüir a nuestra fe de una simplicidad solamente rústica, y que reconozcan más bien el desconocimiento que tienen de ella".

 

698. c) TODO ESTO SE REALIZO RAPIDÍSIMAMENTE, 0 SEA EN BREVE TIEMPO. Lo cual consta por los muchos testimonios ya citados como el de Orígenes, y por toda la historia cristiana primitiva. Por ello también ensalzan esto los apologetas al recurrir a este nuestro argumento presente.

 

Así Arnobio (muerto hacia el año 327) celebraba este motivo de credibilidad: "¿Acaso al menos estos argumentos no os dan motivo para creer, a saber el que los sacramentos de este nombre inmenso han sido difundidos ya a través de todas las tierras en tan breve espacio de tiempo?; el que ninguna nación hay ya de costumbre tan bárbara y que desconozca la mansedumbre, la cual cambiada en virtud del amor de la doctrina cristiana no haya apaciguado sus aspereza y habiéndose pacificado no haya convertido apacible sus sentimientos; el que oradores dotados de tan grandes ingenios, gramáticos, retóricos, abogados y médicos, y también los que escudriñan las profundas enseñanzas de la filosofía anhelan vehementemente este magisterio de la doctrina cristiana, despreciando los magisterios en los que antes ponían su confianza?".

 

Por lo cual SAN JERÓNIMO cantaba, exultante el triunfo cristiano:-"el paganismo sufre la soledad e incluso en la ciudad, las deidades de otro tiempo de las naciones se han quedado con los búhos y las lechuzas sobre los tejados desiertos. Los lávaros de los soldados son insignias condecoradas con la cruz. La señal salvadora del patíbulo de la cruz condecora también las púrpuras de, los reyes y las brillantes piedras preciosas de las diademas. Ya Egipto, que antes veneraba a la deidad de Serapis se ha hecho cristiana. Marnas llora encerrado en Gaza y tiene un enorme y constante temor de que sea destruido el templo. Recibimos a diario cantidades de monjes de India, de Persia, de Etiopia. Ha abandonado las algabas Armenio, los unos están aprendiendo el salterio, los fríos de la estipia hierven ante el calor de la fe: el ejercito rutilante y rubicundo de los gétulos propagan las tiendas de campaña de las iglesias; y tal vez por ello luchan contra nosotros con resultado incierto, ya que confían en la misma religión que nosotros.

 

699. d) EN MEDIO DE GRAVÍSIMOS OBSTÁCULOS. Había obstáculos por parte de la doctrina, por parte de los evangelizadores, por parte de los evangelizados, y por parte del medio atmósfera en la que se desarrollaba la predicación.

 

El autor de la doctrina: era judío ("la porción más despreciada de los esclavos", dice Tacito), y muerto en el suplicio de la cruz, el más ignominioso, "y que el nombre mismo de la cruz esté ausente no solo del cuerpo de los ciudadanos romanos, sino también de su pensamiento, de sus ojos, de sus oídos...; y por ello esa "en verdad escándalo para los judíos y necedad para los gentiles" (1 Cor. 1,23).

 

La doctrina teórica: este crucificado debía ser adorado como Dios; otros capítulos y muy importantes por ciertos de la doctrina, eran misterios que no estaban al alcance de la razón; el cristianismo era y es una doctrina exclusivista. En no raras ocasiones había herejías y divisiones entre las formas de presentar la doctrina.

 

Doctrina práctica: era difícil, en contra de los deseos carnales; exigía una constante resistencia a los vicios; el abandonar los placeres impuros; cultivar la castidad; perdonad las injurias; amar a los enemigos; despreciar los puestos honoríficos...; abstenerse de las solemnidades paganas y de los espectáculos y de los juegos de los romanos.

 

Los evangelizadores: no eran conocidos, tenían gran temor, se les consideraba como judíos aborrecidos, y la mayor parte de los apóstoles eran rudos.

 

Los evangelizados: los judíos esperaban un Mesías político, nacionalista; no querían la unión con los pueblos paganos; estaban tenazmente adheridos a las prescripciones ceremoniales del culto y de la religión de Moisés; encontraban un enorme estorbo en las calumnias propagadas en contra de Jesús; por ello también las sinagogas de los judíos fueron llamadas por Tertuliano "fuentes de persecuciones".

 

Y los paganos debían abrazar una ley difícil, la pureza del matrimonio, la castidad incluso de pensamiento y de deseo, el amor a los enemigos, el martirio... Todo lo cual era para ellos especialmente difíciles.

 

El medio social era muy adverso: los emperadores, dada su forma de vida y de obrar, eran forzosamente enemigos terribles de los cristianos, ya que debían dejar su dignidad suprema y el supremo pontificado; el imperio, las magistraturas... eran contrarios al cristianismo ya que se apoyaban en una religión contraria a la religión cristiana, de ahí que a partir de Nerón la religión cristiana fue odiada y prohibida como un crimen social. Los sacerdotes paganos avaros y ambiciosos eran forzosamente adversarios de la buena nueva de la religión cristiana, de ahí que el pueblo, formándose una animadversión masiva a causa de la opinión de sus jefes, era terriblemente enemigo de los cristianos, por ello pensaban: "que los cristianos eran la causa de todo desastre público y de todo lo que ocurría contrario al Pueblo. Si el Tiber sube hasta las murallas, si el Nilo no riega las vegas, si el cielo permanece seco, si la tierra tiembla, si irrumpen el hambre y la peste, inmediatamente gritan: los cristianos a los leones".

 

La cultura entera: Si entre los bárbaros su fiereza sirvió de dificultad para abrazar el cristianismo, entre las personas cultivadas y doctas, su filosofía era un inconveniente; en efecto los primeros conversos no fueron filósofos. Hubo que cambiar totalmente la cultura: la jurisprudencia, el arte, la religión, la filosofía... y muchas veces la economía (véase Hech.Apóst. 19,23ss).

 

El sincretismo vigente, y el gnosticismo y las otras sectas filosóficas constituyeron un enorme obstáculo para el cristianismo que es religión exclusivista;[4] Había también un gran peligro para el dogma y para las instituciones de la religión cristiana, no fuera que fallara en su pureza y en su fuerza interna.

 

700. PRUEBA DE LA MENOR. ESTA PROPAGACIÓN RECLAMA UNA CAUSA PROPORCIONADA, A SABER SOBRENATURAL. En efecto las causas proporcionadas, que expliquen tal propagación, o son exteriores a la doctrina o internas a las misma; ahora bien ni unas ni otras pueden ser naturales, luego se requieren causas proporcionadas sobrenaturales.

 

En efecto, las causas externas naturales, como serían aquéllas en las que se puede pensar, las sinagogas dispersas por el mundo romano, la unidad de la lengua (si bien consta que hubo necesidad de intérpretes), la unidad del imperio... éstas eran comunes, y también servían a los adversarios, y eran muy adecuadas para la persecución de los cristianos.

 

Otras causas externas, como la elocuencia, las armas, la nobleza y las riquezas, las cuales ciertamente en muchas ocasiones tienen mucha fuerza para persuadir; e igualmente el número y la organización, el poder...: estas causas externas se daban en una dimensión muchísimo mayor en los adversarios.

 

Luego estas causas, así como también la filosofía vigente y el menosprecio de la superstición pagana y otras causas que pueden elucubrarse, ciertamente no aportan la razón suficiente de la propagación de la religión cristiana: son causas favorables para la predicación u ocasiones de esta propagación, a incluso a lo sumo causas que disponen, pero de ningún modo y de una forma adecuada son causas eficientes y eficaces de la aceptación de la religión cristiana.

 

701. Y tampoco las causas internas a la doctrina, como sería la sublimidad de ésta, su armonía con la razón, la satisfacción de las tendencias superiores, pueden explicar "la aceptación de aquélla". En efecto no se explica así respecto a tantos convertidos -en tan breve tiempo; si algunas de las razones alegadas parece que tienen bello aspecto para unos pocos convertidos, ciertamente no aportan la razón suficiente de la aceptación de la religión cristiana -que encierra misterios que deben ser creídos con firmeza y con constancia -y que en cuanto a la doctrina práctica exige una ley difícil -con previsión del martirio. Por tanto la aceptación constante de una doctrina tan contraria a las pasiones, aceptación muy rápida y por muchos ciertamente va en contra de las leyes psicológicas por las que se rige la actividad humana. Luego es necesario recurrir a la intervención sobrenatural de Dios, intervención extraordinaria, la cual no puede otorgarla en confirmación de una doctrina que se dijera "falsamente, que ha sido revelada".

 

702. Y no se diga que dicha aceptación se explica por los milagros que acompañaron a la predicación primitiva. Pues si se sostiene que aquellos milagros serán verdaderos, entonces ya se admite una obra sobrenatural que confirma la religión divina de Jesús; si por el contrario se afirma que eran falsos, entonces no se entiende ciertamente como el mundo ha admitido esta religión sin signos de credibilidad, y hay que dar una explicación a un prodigio tan grande. Sin embargo, incluso supuestos los milagros, no se da en este hecho una razón suficiente de la aceptación por la fe de una doctrina teórica y prácticamente contraria a las ambiciones rastreras de los hombres.[5]

 

Por ello SAN AGUSTÍN recurría a este argumento de la Iglesia entonces presente: "fijaos en mí, os dice la Iglesia, fijaos en mí, a quien estáis viendo, aunque no creáis verme. En efecto quienes fueron los fieles en aquellos tiempos en la tierra judía, conocieron el nacimiento admirable de las entrañas de la Virgen María, la Pasión, la Resurrección y la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, estando presentes con su presencia personal a todas las palabras y a todas las obras divinas de Jesús. Vosotros no habéis visto estos hechos y por eso no queréis creer. Así pues fijaos en esto, prestad atención a esto, pensad en esto que estáis viendo, lo cual no os es narrado como algo pasado, ni os es anunciado de antemano como algo futuro, sino que se os demuestra como presente. ¿O es que os parece inútil o de poca importancia y juzgáis que es un milagro divino de ningún o de poco aprecio el que todo el linaje humano corre tras el nombre de un solo crucificado?".

 

703. ESCOLIO. EN QUE CONSISTÍA EL AUXILIO EXTRAORDINARIO, SOBRENATURAL, OTORGADO POR DIOS PARA LA PROPAGACIÓN DEL CRISTIANISMO. En primer término la providencia sobrenatural de Dios ordenaba las circunstancias favorables para la predicación y los elementos externos del mundo a fin de que cooperaran (si bien solamente de una forma inadecuada) a aquella propagación. Además distintos hechos sobrenaturales en si eran ordenados inmediatamente a la confirmación de la predicación del evangelio: tales hechos eran la conversión admirable de los apóstoles, en concreto la de San Pablo, los carismas concedidos a ellos mismos y a los primeros cristianos, la excelencia de la doctrina, como un verdadero milagro intelectual, otros signos y virtudes y milagros realizados por los apóstoles y por los cristianos; en muchísimos cristianos y sobre todo en los mártires una virtud heroica y constante; todas las virtudes cristianas, que se daban en concreto en la caridad mutua y en los ejemplos en orden a la edificación. Y además de todo esto, se requería la gracia interna sobrenatural para abrazar la fe, a saber para el acto mismo de la fe y para la anterior ordenación libre de la voluntad, y para los juicios de credibilidad y de credentidad al menos próximamente últimos. Todo esto consta por Teología dogmática. Véase también el n.183, d.

 

Y si este auxilio es necesario para la fe mucho más lo será para el ejercicio práctico de una fervorosa vida religiosa.

 

704. OBJECIONES.

 

1. Esta propagación admirable puede explicarse por el celo de los apóstoles y en concreto por el fervor de San Pablo.

 

Respuesta: Distingo en antecedente. Así puede explicarse la aceptación formal de esta doctrina, niego; así puede explicarse la comunicación de la doctrina, subdistingo: como si esta fuera la causa total, niego el antecedente; como una causa parcial, subdistingo de nuevo: como una causa natural, niego; como una causa sobrenatural, concedo. En efecto los predicadores apostólicos al principio eran pocos, después ciertamente muchos; sin embargo este celo ardiente sin ventaja alguna de orden humano, mas aún con muchos inconvenientes en la mayor parte de los predicadores, este celo, sigo, en favor de la extensión de ésta religión, no es natural.

 

2. Esta propagación se explica por el favor de los emperadores, y en concreto por el favor de Constantino.

 

Respuesta: Distingo el antecedente. En los tres primeros siglos, que es respecto a los que formulamos de forma especialísima el argumento, niego; en otros siglos, subdistingo: a veces (no siempre) como causa parcial que favorece la predicación, concedo; como causa que explica la aceptación de la religión, niego.

 

3. Esta aceptación se explica por el prurito de creer y por el apego a lo supersticioso.

 

Respuesta: Niego. Pues había en aquella época muchos escépticos, ateos...; y con mucha dificultad cree alguno en una religión que va en contra de las pasiones.

 

4. El hecho se explica porque esta religión es más conforme con las verdades de la razón.

 

Respuesta: Niego. Pues aunque es verdad que la religión cristiana tiene una conformidad sublime con la razón, con las aspiraciones del corazón..., sin embargo una cosa es considerar en teoría algún hecho, y otra cosa es aceptar aquello que, a pesar de ser demasiado difícil, hay que llevarlo a la práctica: "veo lo mejor y lo apruebo; sin embargo sigo lo peor".

 

5. La dispersión de los judíos y la unidad del imperio romano explican esta propagación.

 

Respuesta: La difusión del cristianismo entre los judíos no fue fácil; y además los cristianos a partir ya de las proximidades del año 64 eran bien distinguidos por todos de los judíos. Por otra parte tanto las dispersión de los judíos como la unidad del imperio romano dan explicación, a lo sumo, según se ha dicho, de ocasiones o de causas favorables para la predicación, pero de ningún modo dan la razón suficiente de la aceptación de esta religión por parte de tantos hombres en tan breve tiempo.

 

6. La jerarquía y la organización del imperio romano fue la causa ejemplar de la organización y de la propagación del cristianismo, la cual debe explicarse a partir de estos datos.

 

Respuesta: Distingo el antecedente. En lo accidental, puede pasar; en lo esencial, niego; en efecto se prueba que todo esto ya había sido fundado por Jesucristo y que ya estuvo en vigor en Jerusalén y en Asia.

 

7. La unidad de Dios, que se predicaba, favoreció a la propagación.

 

Respuesta: Distingo el antecedente. Respecto a algunas personas sensatas, pudo intervenir como una causa favorable, concedo; respecto a muchos, niego; pues el politeísmo entonces vigente era un obstáculo.

 

8. La caridad mutua de los primeros Cristianos explica aquella propagación.

 

Respuesta: Distingo el antecedente. Como ocasión de reflexionar sobre aquella religión, por lo que se refiere a algunos de corazón más sano y de juicio más sensato, concedo; como causa suficiente de aceptar la religión cristiana, niego; ya que esta religión no solamente quiere que se acepten los actos de caridad y de amor, sino también que se lleven a la práctica, y exige una negación total de sí mismo y esto no se acepta de un modo natural.

 

9. La santidad de los primeros cristianos juntamente con las caridad y los actos de beneficencia mutua y para con los pobres, explica la propagación.

 

Respuesta: Distingo el antecedente. Como ocasión de reflexionar sobre la religión cristiana y de amarla, o incluso como causa favorable parcial, puede pasar; como explicación adecuada, niego. Debe tenerse en cuenta además que aquella santidad no fue natural, según consta por la tesis anterior, y que tampoco aquella tan admirable caridad mutua y los actos de beneficencia fueron naturales. Además, incluso supuestos los ejemplos más santos, la naturaleza humana no se mueve eficazmente a la virtud sin el auxilio divino.

 

10. La esperanza de que la injusticia y los pecados encontrarían redención, y al mismo tiempo la esperanza de la bienaventuranza eterna, explica aquella propagación.

 

Respuesta: Aquella esperanza de redención y aquella esperanza de la bienaventuranza eterna, que se dan en el corazón humano, ya habían sido antes conocidas, según consta por los escritores y filósofos antiguos, y sin embargo no fueron capaces de atraer hacia sí eficazmente una tan gran multitud. Además aquellas esperanzas en el sentido específico de la religión cristiana no podían ser persuadidas naturalmente a tantos hombres incultos, a no ser que constara con toda certeza acerca de la autoridad de aquella religión; a lo sumo unos pocos filósofos podrían de un modo natural ser atraídos a alguna aproximación a la doctrina cristiana; sin embargo éstos no hubieran tenido autoridad a fin de imponerla a todo el mundo en orden a que creyeran en ella y la confesaran.

 

11. El sincretismo entonces vigente y el modo de obrar de una forma sincretista, a saber asimilando elementos de toda religión y todas las tendencias favorables favorecieron a la difusión de la nueva religión y explican esta difusión.

 

Respuesta: El sincretismo vigente no favoreció, sino mas bien era un obstáculo a la religión cristiana, que era tan exclusiva, que tenía como principios la unidad y la integridad: un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios... (Efesios 4,5ss); y los cristianos debían tener cuidado de no apartarse de lo que les había sido transmitido: mirad que nadie os engañe con filosofías falaces y vanas, fundadas en tradiciones humanas, en los elementos del mundo y no en Cristo (Colos. 2,8); y de nuevo: manteneos, pues, hermanos, firmes y guardar las enseñanzas que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta. (2 Tes. 2,15).

Téngase en cuenta además que esta religión cristiana había sido prohibida como un crimen ya desde el tiempo de Nerón; y que en cambio el sincretismo había presentado a todos los reformadores religiosos como de igual autoridad y que había permitido la observancia de la práctica antigua.

Y si se dan analogías rituales entre las religiones antiguas y la cristiana, en primer lugar hay que distinguir rectamente donde se encuentra el analogado principal; y después interesa tener en cuenta que estas analogías no son unívocas, sino que se diferencian específicamente, a saber por la distinta intención y por el distinto dogma de que son informadas.

 

12. Todas las causas precedentes (a causa de las dificultades presentadas) consideradas en conjunto dan la razón suficiente de esta admirable propagación.

 

Respuesta: Niego. En efecto si cada una de las causas no tienen ningún fundamento para dar la razón suficiente de la aceptación constante de esta religión, tampoco todas ellas consideradas en conjunto explicaran este hecho. Y téngase en cuenta que fueron mucho más poderosos los obstáculos por parte de la doctrina y por parte de los evangelizadores y de los evangelizados, y por parte del medio social y de la cultura... (según consta por la prueba), que aquellos otros elementos que hubieran podido favorecer la propagación.

 

13. El Mahometismo y otras sectas, como el Budismo, el Protestantismo, el Arrianismo, el Mitracismo... también se propagaron muy rápidamente.

 

Respuesta: Distingo el antecedente. Con unos medios de sobrenaturales y de un modo sobrenatural, niego; con unos medios naturales, concedo; por tanto la propagación no es admirable como sucede en el cristianismo.

El Mahometismo fue propagado por la fuerza de las armas y prometiendo ganancias temporales ­y dejando camino ancho a las pasiones.

El Budismo obtuvo el favor de los príncipes como sistema filosófico; y además no contiene prácticamente ningún dogma estable. También quitó la diferencia de clases, en contra del brahmanismo. Promete la felicidad en el apartarse del trabajo y por último el nirvana... Y con el paso del tiempo se dividió en sectas muy diversas, más que las cristianas entre sí.

El Protestantismo, obtuvo desde el principio el favor de los príncipes temporales y la recomendación de éstos, ya que quienes tenían el poder, imponían la religión siguiendo el axioma "cuius regio, eius et religio"; y no tiene aquél cuerpo doctrinal compacto y exclusivo que tiene la religión católica. -Y se extendió apoyándose en la política y por las ambiciones y pasiones de los príncipes, por la ignorancia del pueblo y por las calumnias contra la Iglesia; a lo cual hay que añadir también la corrupción de costumbres en muchos eclesiásticos y monjes.

El Arrianismo, obtuvo el favor de los príncipes y si San Jerónimo dice: "gimió todo el orbe, y se extrañó de ser arri