LIBRO II

 

DE LA FE

 

Aquellos cosas que se han de tratar de modo especial de la virtud de la fe, aparecerán suficientemente, por aquellas cosas que trataremos del acto de la fe. Pero para investigar teológicamente ese mismo acto seguiremos en especial al Conc. Vaticano s.3 c.3, en el cual, aun cuando no se contengan todas las cosas, las que pertenecen plenamente al tratado teológico, las principales están ciertamente, las que por otros documentos de la Iglesia completaremos en sus propios lugares.

 

C A P I T U L O    I

 

DE LA NATURALEZA DEL ACTO DE FE.

 

46. El elemento principal para describir la naturaleza del acto de fe es puesto por el Concilio el asentimiento por la autoridad de Dios que revela. El cual elemento ciertamente esencial por una parte supone que es un acto intelectual, como la Iglesia católica siempre sostuvo, y por otra envuelve muchas consectarias para determinar mejor la naturaleza del mismo acto de fe. Pero porque el acto de fe está en orden de nuestra tendencia a un fin sobrenatural, no puede no ser sobrenatural. De aquí aparecerá la vía para establecer el análisis del acto de fe.

 

ARTICULO I

Asentimiento por autoridad

 

Tesis 4. El acto de fe es el acto del entendimiento que asiente.

 

Sto. Tomás escribiendo S.Th.,2.2 q.4 a.1-2; q.2 a.1; lennerz, 106-116.141-143; pesch, 124,135.

 

47. Nociones. El acto de fe, como veremos, es acto psicológicamente complejo en el cual tienen sus partes el entendimiento y la voluntad. Afirmamos pues en la tesis que este acto es producido por el entendimiento, es decir por la facultad cognoscitiva superior (no por la voluntad, ni por cierto sentido religioso); prescindiendo ahora de una cuestión ulterior del posible influjo de otras facultades en el aspecto de este acto intelectual. De hecho el acto, puesto por el entendimiento, esencialmente debe ser imperado por la libre voluntad.

 

48. El entendimiento que asiente. El entendimiento tiende a lo verdadero de un doble modo. Primer modo aprehendiendo lo verdadero, ya sea esta aprehensión simple (si su objeto es tan sólo una idea), ya sea indicativa o comparativa (si su objeto son dos ideas de las cuales se percibe la identidad o la diversidad). El segundo modo asintiendo o afirmando la conformidad o la diformidad entre el objeto y el predicado. Decimos pues que el acto de fe no es formalmente un acto de aprehender o percibir una verdad, sino un acto de juzgar que ella es verdad (después de lo cual, como está claro, recibe la aprehensión de los términos).

 

49. La fe, de la cual tratamos es aquella fe, a la cual en la revelación se atribuye la justificación; no ciertamente sólo a ella misma, sino en cuanto es fundamento y raíz de toda la vida religiosa sobrenatural. No se ha de negar, que en las fuentes de la revelación la voz fe se toma también en otros sentidos; por ejemplo la fe de los milagros (Mt 17,20) o como conciencia (Rom 14,22) etc.

 

50. Adversarios. 1. Los Protestantes. Se han de distinguir tres períodos en la evolución del concepto de fe entre los protestantes:

 

a) Los primeros protestantes. Para ellos la justificación no es sino una apropiación subjetiva fiducial, la cual el hombre se la apropia de la justicia de Jesucristo. A esta la llamaban fe fiducial y especial. Es confianza (por tanto procede de la voluntad), no asentimiento. En la misma, la cual es personal e interna experiencia religiosa, se encuentra la raíz de los conocimientos religiosos; así se da el asentimiento ciertamente en la religión, pero se sigue a la confianza la cual es la única fe que justifica.

 

b) Los protestantes posteriores. Schleiermacher († 1834) describió la fe en el sentido de cierta dependencia acerca de Dios. Rischl († 1889) según éste dice que es una aprehensión de cierta realidad extramundana, nacida de una íntima y subjetiva experiencia de Cristo. Estos autores ejercieron un inmenso influjo hasta nuestros tiempos.

 

c) Escuela de Teología Dialéctica, fundada en nuestros tiempos por K.Barth se propone oponerse a la "experiencia religiosa", y así volver al primitivo protestantismo al que reconoce como único ortodoxo. Dios siempre permanece incógnito toda vez que nuestros conceptos no puedan expresar la palabra de Dios. Por tanto define la fe "la reverencia ante un Dios desconocido".

 

51. 2. Los Modernistas. La fe es un sentimiento ciertamente íntimo, que por la indigencia de lo divino se origina en nosotros. Esta indigencia de lo divino permanece en el subconsciente, ahora bien, ella misma  en presencia del Incognoscible, sin juicio precedente, conmueve un sentido peculiar que de algún modo lo conecta con Dios. Esta es la fe. La que después debe pensarse (y entonces entra un elemento intelectual); porque por la fe Dios confusamente se pone ante el hombre; por donde el hombre debe después hacer un análisis, para que resulte claramente Dios.

 

3. Los antiintelectualistas modernos hoy niegan de una manera especial la relación vital y personal la cual es la adhesión del hombre a Dios por la fe, que puede validamente ser expresada por fórmulas abstractas, no admiten que el sentido religioso se pueda encontrar alguna vez en una genuina expresión en las categorías intelectuales las cuales por la autoridad de la Iglesia son impuestas en las definiciones dogmáticas. De igual manera piensan no pocos existencialistas que además, defienden que toda la realidad e incluso la misma humanidad se mantienen en una perpetua evolución con vehemencia se oponen a la concepción de verdades inmutables a las cuales tengamos que adherirnos.

 

52. Doctrina de la Iglesia. El Conc. Tridentino s.6 c.6 (D798). El acto de fe descrito allí (el cual sin duda es acto de fe justificante) trata acerca de la verdad revelada, de la cual afirma; además antecede un movimiento fiducial de la voluntad. En el canon 12 (D822) expresamente se condena la fe fiducial de los protestantes.

 

El Conc. Vaticano s.3 c.3 (D1789 y 1792). También allí el acto de fe se refiere acerca de lo verdadero que afirma. Del mismo modo en el canon 2 (D 1881). Y en el cn.5 (D 1814), donde se llama asentimiento. Según el cn.4 (d 1795), pertenece al orden del conocimiento ya sea en el principio, ya en el objeto; en los cuales se compara a la razón.

 

S.Pio X en la Encíclica "Pascendi" (D 2078) condena la doctrina del sentimiento religioso. En el juramento antimodernístico (D 2145) enseña además que la fe es asentimiento  intelectual.

 

Valor dogmático. Que la fe es un acto del entendimiento, es de fe divina y católica definido; que es asentimiento intelectual, es al menos definido implícitamente.

 

53. Se prueba por la sagrada Escritura. Es de notar "creer" en la sagrada Escritura muchísimas veces contiene cierta idea de total adhesión a la voluntad de Dios. Pero esta adhesión es verdadero asentimiento, al cual se junta la devoción del alma. De donde de uno a otro en ningún modo se opone junta la devoción del alma. De donde de uno a otro en ningún modo se opone.

 

Según S.Juan la fe que justifica tiene como objeto hechos, o lo que es revelado, o aquello que es predicado (no solamente las promesas), al cual objeto se ha de adherir. Es así que tal fe es acto del entendimiento que asiente. Luego la fe es acto del entendimiento del que asiente.

 

La Mayor: El objeto de la fe es de origen divino de Cristo y su misión (16,27; 17,8), de la mesianidad de Cristo (1,49s), de la mesianidad y filiación divina (20,31; 8,24ss), de los atributos de Cristo (20,25.29), de las palabras de Cristo (3,11ss; 5,38; 6,68s; 8,45). Luego la fe tiene como objeto los hechos revelados y predicados.

 

La Menor: Está clara, porque la facultad que se refiere a la verdad que se ha de afirmar es del entendimiento en cuanto asiente.

 

54. Del clásico lugar Hebreos  11,1.  a)  EL CONTEXTO: La parte parenética de la carta (10,19-13 17) toda ella trata de la fe y de la perseverancia, Los motivos, sin embargo, de esta perseverancia en la fe son éstos: Mediador (10, 19-25), de la pena que hay que evitar (10, 26-31), de los premios que se han de merecer (10,32-39), los eximios ejemplos de los mayores (c.11). de donde viene la exhortación a la paciencia por el ejemplo de Cristo (12,1-3), y de las otras virtudes (12, 4-13, 17). Epílogo (13, 18-25). En este complejo de ideas, pues, el contesto inmediato es el siguiente:

     

Acordaos del día de vuestra iluminación... (10, 32-35) y de la remuneración (b.35).          

 

Todas estas cosas porque aún no están presentes, sostenerlas en la paciencia (b. 36); Vendrá, pues, el Señor para la remuneración (b.37).

 

Entretanto vuestra vida debe ser vida de fe, con la cual vive el justo (b. 38).

 

Porque (si el justo), si vosotros, por el miedo y el temor desertáis en la fe, Dios no os aprobará o no se complacerá en vosotros (b.38).

 

Por tanto no debéis desertar de la fe, sino vivir de la fe (b. 39).

 

Esta fe, pues, con la cual debéis vivir para que agradéis a Dios, es... (11,1).

 

b) EL TEXTO puede ser entendido de doble manera, pero el sentido permanece siempre el mismo:

 

έλπιζομένων ύπόστασις πραγμάτων - έλεγχος ού βλεπομένων.

 

έλπιζομένων ύπόστασις – πραγμάτων έλεγχος ού βλεπομένων.

 

Existe paralelismo entre:

 

έλπιζομένων y ού βλεπομένων

 

por una parte:

 

ύπόστασις έλεγχος

 

En la primera interpretación se trata de las cosas que se esperan (que todavía no se poseen) y que no se ven porque son todavía sobrenaturales). En la segunda έλεγχος significa claramente argumento, probación, o acto de probar; todas las cuales cosas pertenecen al entendimiento. De aquí hipóstasis por el paralelismo tiene el mismo sentido intelectual, que por supla la voz no puede convencer. Porque etimológicamente significa substancia, o fundamente; De aquí la realidad, objeto; por tanto firma fiducia, convicción.

 

Por donde la fe es:

 

La realidad de las cosas que se esperan:

 

Es decir, por la misma (fe) se hace existente en nosotros aquello que todavía no existe en presente (así especialmente los Padres Griegos);

 

La prueba de las cosas que no se ven:

 

Es decir, por la misma ellas (las cosas) se demuestran como ciertas y verdaderas, las cuales de otra manera no se podrían conocer con el sentido y la razón.

 

c) EL ARGUMENTO: en esta definición se trata de la fe necesaria para la salvación, es así que está descrita como un acto de fe intelectual, luego la fe es un acto del entendimiento.

 

La Mayor: cf. 10,.39; 11,6...

 

La Menor: Por el análisis hecho de las palabras en el paralelismo; además del contexto subsiguiente, porque en el Capítulo entero 11 se trata de fe intelectual (3,6.7), a la cual alguna vez se junta la esperanza (v.11) por razón del objeto que se cree.

 

55.  Se prueba por la tradición.  a) SS Padres: según ellos la fe es "el asentimiento racional del alma libre" (R421), " el asentimiento dogmático del alma (R 820), "el sustentáculo de la inevidencia de las cosas que se esperan" (R 1057), "la visión de las cosas que no se ven", la cual lleva a la persuasión que tienen las cosas que se ven  (R 1223), " pensar con asentimiento (R 1890), "el asentimiento voluntario del alma o la contemplación de la cosa que no se ve, o en aquello, que es verdad, el conocimiento fijo y la comprensión de las cosas invisibles" (R 2144). De una manera semejante exponen y explican las verdades, que son objeto de la fe.

 

b) En la primera escolástica: por ABELARDO la fe se define: "la estima de las cosas que no aparecen" por HUGO de S. VICTOR: la voluntaria "certeza del alma de las cosas ausentes constituídas sobre la razón y por debajo de la ciencia". De cierta nota marginal del maestro de las sentencias se introdujo en la escolástica la definición citada de S. AGUSTIN: "creer es pensar con asentimiento". Después tanto la definición de Hugo como también la agustiniana son explicadas por los más grandes escolásticos y es propio de Sto. Tomás introducir la fe en la concepción aristotélica de los diversos estados de la mente.

 

56.  Objeciones.  1. El acto de fe es meritorio. Es así que el acto meritorio no es propio sino de la voluntad. Luego el acto de la fe es de la voluntad.

 

Concedida la mayor se distingue la menor. Que es de la voluntad ya produciendo o imperando el acto, se concede la menor; tan sólo de la voluntad que produce el acto, niego la menor. De modo semejante se distingue la consecuencia.  Luego el acto de la fe proviene de la voluntad imperante, se concede; de sólo la voluntad producente, se niega la consecuencia.

 

2.  Atribuir al entendimiento el acto de la fe es hacer una vivisección en la vida religiosa Luego a él no se ha de atribuir.

 

Se distingue el antecedente. Atribuir solo al entendimiento, paso el antecedente; atribuirlo al entendimiento como productor del asentimiento y juntamente a la voluntad como imperante, niego el antecedente.

 

Tesis 5. El acto de la fe es un asentimiento por causa de la autoridad de Dios que revela.

 

57.  Conexión.  Siendo así que el acto de la fe sea un asentimiento intelectual, preguntamos qué cosa especifica a ese acto entre los varios asentimientos intelectuales. La fórmula de la tesis contiene dos partes; porque el acto de fe en primer lugar es cierta tendencia del entendimiento, que se dice creer (y como tal, es motivo que especifica la  autoridad del que habla, o autoridad del testigo); sino que además el acto de la fe no es cualquier fe, sino fe divina (y como tal, el motivo es la autoridad de Dios que habla).

 

58.  Nociones.  POR LA es la partícula que denota el MOTIVO, o aquello que mueve al entendimiento o determina al asentimiento.

 

El motivo, sin embargo, conocido primeramente. Determinamos, pues, ahora el motivo del acto de fe, precisa y formalmente como tal; no los motivos que remotamente imperan el asentimiento, o de los juicios de credibilidad o de los que se han de creer.

 

ASENTAMIENTO POR LA AUTORIDAD (del que habla). En esto precisamente se diferencia cualquier fe de la ciencia. Es decir, el motivo del asentimiento puede ser doble: la evidencia de la cosa (y entonces se da la ciencia), el testimonio del que habla (y entonces se da la fe), decimos, pues, que en la fe el entendimiento es movido al asentimiento conocida la autoridad de aquel que atestigua la verdad, o de la autoridad del testigo. Se dice que la autoridad del testigo cierta fuerza moral que reside en el que atestigua, por la cual es digno de fe; la cual generalmente consiste en que sepa lo que dice (como quien sabe) y hable lo que sabe (como veraz).

 

AUTORIDAD DE DIOS QUE REVELA. En esto difiere formalmente la fe divina a cualquiera otra fe. Como no se da fe humana sin la locución del testigo humano así ni la fe divina puede darse sin la locución de dios estrictamente tal, esto es sin revelación.

 

59.  Adversarios.  Los Racionalistas, los cuales hablan de la fe religiosa, pero la entienden una ciencia racional de las cosas que se refieren a dios y que pertenecen a la religión.

 

Los semiracionalistas, que dicen que la fe es una persuasión de dios y de las cosas divinas, aun cuando nazcan de una perspectiva intrínseca de las ideas. Aún dicen que el mismo conocimiento natural de la existencia de Dios lo llaman fe en un sentido sublimísimo.

 

60.  Doctrina de la Iglesia.  Concilio Vaticano s.3 v.3 (D17889) y cn. 2 (D 1811). El Concilio tiene la intención de definir la verdad católica contra los racionalistas y semirracionalistas, que pertenecen a la misma noción de la fe. Enseña, pues, que la ciencia religiosa y la fe propiamente dicha se diferencia esencialmente. Difieren pues en el motivo ("por la autoridad de Dios"). Porque el motivo de la ciencia es la intrínseca verdad de las cosas conocidas por la luz natural de la razón; el motivo, en cambio, de la fe es la autoridad de Dios que revela.

 

El juramento antimodernístico enseña lo mismo: por la autoridad de Dios sumamente veraz (D 2145).

 

61. Valor dogmático.  Es de fe divina y católica definida, tanto en cuanto a la diferencia esencial entre la fe y la ciencia, como en cuanto a la determinación del motivo referente a la fe.

 

62.  Se prueba por la sagrada Escritura.  Juan, 3, 11s 

 

a) EL CONTEXTO: Nicodemo con una preparación imperfecta aun cuando de buena voluntad, viene a Jesús, pensando que podía satisfacerse si cierta confesión de J.C. sin un pleno obsequio de sí mismo (v. 1 s). Jesús quiere llevarle a él a entregarse plenamente. Para esto le enseña que no es suficiente lo que hasta ahora ha hecho, sino que algo menor se requiere (es decir, la fe). Lo cual para conseguirlo, le propone el misterio de nuestra regeneración (v.3), este misterio en su misma proposición es mal entendido por Nicodemo (v.4). Desde aquí Jesús le propone el misterio con palabras más claras, para que no permanezca la ambigüedad (v. 5-8). Ante la proposición de tal misterio (supuesta ya la credibilidad de la cual en v.2), único modo correcto de proceder es la fe. Pero Nicodemo, maestro en Israel busca la ciencia  del misterio (v. 10).

 

Pero Jesús abiertamente y nuevamente exige la fe (v. 11-13).

 

b) De donde así: en el texto es lo mismo creer (no creísteis) y recibir el testimonio (nuestro testimonio no lo recibisteis); lo cual es el testimonio de cristo que habla (dije cosas terrenas, hemos hablado, y hemos dado testimonio), el que sabe y es veraz (lo que conocemos lo hablamos y de lo que vimos damos testimonio). Es así que esto es asentir por la autoridad de Dios que revela. Luego el motivo de la fe es la autoridad de Dios que revela.

   

63.  Jn 3, 31-36. También aquí creer en el Hijo (v. 36) es recibir su testimonio (v. 33), Del que conoce y es veraz (v. 32s).

 

La AUTORIDAD DEL HIJO, como testigo, es autoridad del mismo Dios (v. 34). Por tanto creer es firmar como con sello la adhesión propia a la veracidad de Dios "así como cuando alguien cuenta las cosas que sólo él mismo ha visto si alguno tiene fe en sus dichos la misma credulidad es signo y cierto sello, con el cual el que cree confirma que le tiene por veraz porque si esto no juzgara no tendría fe en sus palabras".

 

Este pasaje es casi paralelo al de 1 Jn 5, 9-12. También allí "creer en Hijo de Dios" (v.10) es "recibir el testimonio de Dios" (v.9), "tener el testimonio de Dios en sí" (v.10). Así como en el anterior texto al creyente se decía firmar la veracidad de Dios, así en el presente texto el que no cree se dice que hace a Dios mentiroso (v.10), porque no creyó en el testimonio del mismo Dios.

 

64. Se prueba por la tradición. a)  SS. Padres comparan la fe con la adhesión, que el hombre confía a quien habla (R 173, 562, 1303, 1321); ella expresamente la oponen a la ciencia (R 417 963 1275); y ciertamente por aquello que en la fe no se hace indagación e inquisición sobre el mismo objeto del crédito, como se hace en la ciencia (R 1181 2065), sino que simplemente nos adherimos a la locución del que tiene ciencia del mismo objeto (R 1466  2197).

 

b) En la escolástica, si se excluye a Guillermo Parisiense (el cual parece que negó el motivo intelectual, reduciéndolo todo a la voluntad del que obedece), Todos los teólogos defendieron que el motivo de la fe es la autoridad de Dios la que llamaban "la primera verdad", ciertamente tanto en el conocer como en el decir.

 

Esta cuestión es tratada ya por el Maestro de las sentencias, con ocasión del texto del Apóstol argumento de las cosas que no aparecen; porque esta cuestión la tratan aquí todos los comentadores. En Sto Tomás se ha de ver además 2.2 q. 1 a.1, cuya fórmula "la primera verdad" permaneció en la escolástica posterior de una manera semejante acerca de la virtud q. 14 a. 8. Los teólogos posteriores sostienen, el motivo de la fe divina es la "verdad primera". Pero esta fórmula, sin embargo, para explicarla pusieron cuestiones ulteriores, como veremos después.

 

65. Razón teológica.  La fe humana es el asentimiento rendido al que habla por su dignidad, no por la demostración de las cosas de las cuales habla. Luego a par la fe divina y la fe humana se diferencian en muchas cosas, sin embargo coincidan en esto, que la una y la otra es fe. Pues si la tendencia psicológica del acto en la fe humana es que sea asentimiento rendido por la autoridad del que habla, y por eso se dice fe, del mismo modo la tendencia psicológica del acto en la fe divina será que sea asentimiento rendido por la autoridad del que habla y por tanto será verdadera fe.

 

66. Objeciones. 1.  El motivo de la fe debe influir como conocido en todos los actos de fe. Es así que muchos creyentes no conocen la autoridad de Dios. Luego esta no es el motivo de la fe.

 

Se distingue la mayor. Como conocido con conocimiento o explícito o implícito, concede la Mayor; con conocimiento necesario explícito se niega la mayor. Se contradistingue la menor.

 

2.  Cristo asigna a los milagros como motivo de fe (Jn 14, 11ss). Luego el motivo de la fe no es la autoridad de Dios que revela.

 

Distingue el antecedente. Como motivo prueba su credibilidad, se concede el antecedente; como motivo inmediato del mismo asenso de la fe se niega el antecedente.

 

3. La autoridad de dios que revela es algo extrínseco al hombre. Es así que el entendimiento no puede ser perfeccionado a no ser por algo que le sea inmanente. Luego el entendimiento no se puede mover por la autoridad de dios que revela

 

Se distingue la mayor. Algo extrínseco al hombre, que sin embargo le propone los supremos bienes con los cuales pueden ser saciadas las tendencias íntimas del hombre de un modo sobrenatural, se concede la mayor; extrínseco al hombre y que además no le pertenece simplemente, se niega la mayor. Contradistingo la menor. A no ser que sea inmanente al hombre, en cuanto a sus tendencias y facultades sean tontamente contenidas, niego la menor.

 

4. La fe es un acto de obediencia a Dios (Rom 16, 26). Es así que el motivo de la obediencia no es la autoridad del que habla, sino la autoridad del que manda. Luego el motivo de la fe no es la autoridad de Dios que habla.

 

Distingo la Mayor. La fe es un acto de obediencia igualmente tomada es un acto de obediencia, concedo la mayor; la fe es un acto de obediencia formalmente tomada, niego la mayor. Concedo la menor. De manera semejante distingo la consecuencia; el motivo de la fe nos la autoridad de Dios que habla concedo la consecuencia; el motivo de la fe formalmente tomado, niego la consecuencia.

 

El acto de la fe puede ser considerado formalmente, en cuanto es producido por el entendimiento y adecuadamente, en cuanto es imperado eficazmente por la voluntad. Pero bajo cada una de esta consideración el motivo diverso a cada una de ellas debe ser también asignado.

 

Aquí tratamos solamente de la fe tomada formalmente, en cuanto es asentimiento intelectual. Por tanto buscamos un motivo intelectual que mueva al entendimiento al ascenso en la línea intelectual.

 

5. Si el motivo de la fe es la autoridad de Dios que habla, del mismo modo creeremos a Dios y al hombre. Es así que no creemos a Dios y al hombre del mismo modo. Luego el motivo de la fe no es la autoridad de Dios que habla.

 

Distingo la mayor. Del mismo modo, es decir, en los dos casos creeremos por la autoridad del que habla, concedo la mayor; Del mismo modo, es decir con la misma firmeza y adhesión, niego la mayor. Contradistingo la menor.

 

La fe, que se rinde a Dios, no es como la fe, que se rinde al hombre. No porque en esta el motivo sea la autoridad del que haba y en aquella no tal motivo, sino por lo que la autoridad de Dios que habla supera infinitamente a la autoridad del hombre que habla.

 

6. Dios, supremo Señor, no se le honra suficientemente, si no le creemos ciegamente, sin ulterior inquisición, sino por un obsequio a el mismo. es así que, si el motivo de la fe es la autoridad de Dios que habla, no le creemos ciegamente y simplemente por obsequio a El mismo. Luego el motivo de la fe no es la autoridad de Dios que habla.

 

Distingo la mayor. Si no Le creemos ciegamente, es decir, si no escrutamos intimamente sus palabras para creer, conc. la mayor; si no le creemos ciegamente, es decir, si rendimos el asentimiento por la autoridad del Mismo que habla, niego la mayor. Contradistinguen la menor.

 

67  Corolario  1.  Por lo dicho aparece, como por la fe se hace un obsequio a Dios. Porque le creemos a El mismo, no exigiéndole alguna demostración de la cosa que nos habla; lo cual también vale de modo especialísimo cuando se trata de creer un misterio estrictamente tal. Esta es fe de autoridad, totalmente diversa a la fe científica, con la cual creemos a alguno, no haciéndoles obsequio por su autoridad, sino por la evidencia que nos resplandece en su testimonio, que aquí y ahora evidentemente no puede ser falso.

 

Así cree el historiador a los documentos, o el juez al reo que confiesa el crimen. También esta fe de autoridad, o fe estrictamente dicha, se diferencia esencialmente del asentimiento que se rinde al maestro, como tal Al cual ciertamente se rinde algún obsequia, pero tal cual se rinde en la fe. Es propio del discípulo seguir la dirección del maestro, pero no creer al maestro. El maestro guía al discípulo proponiéndole razones, para que el finalmente en cuanto sea posible, encuentre y perciba la verdad intrínseca de la cosa. Por tanto el discípulo no asiente al maestro por su autoridad, sino pag.741 que estas razones merecen el asentimiento. Pero en la fe el sentimiento se da por la sola autoridad del que hable; por tanto en cuanto esta autoridad merece el asentimiento. Por tanto es un verdadero obsequio que se presta el que habla. Ciertamente, por nuestra fe, prestamos a Dios este obsequio del entendimiento; el cual, como veremos, es necesariamente también obsequio de la voluntad. Cf. conc. Vat. s.3 c.3 al comienzo (D 1789).

 

2. Por otra parte el motivo de la fe en la línea intelectual. Por tanto de este motivo, que probaremos en la tesis, manan todas las propiedades el acto de fe, como veremos en lo que sigue.

 

68. Escolio 1.  Acerca de la ulterior determinación de la autoridad divina en el motivo de la fe.

 

Cual sea el sentido "verdad primera motivo de la fe lo han investigado los teólogos, distinguiendo: la verdad primera en cuanto ES (la Deidad), en cuanto al conocer (Omnisciente), al hablar (Infinitamente veraz). Está claro que la autoridad del Testigo, como testigo, abarca esencialmente la ciencia y la veracidad; por tanto la autoridad de Dos que habla resuelve el Vaticano (D 1789) como de aquel que no puede ser engañado ni engañar. Esto supuesto, preguntaron los teólogos, acaso para esto, a que Dios no pueda ser engañado ni engañador,  se requiera y sea suficiente siempre y formalmente tener ante sí, Su ciencia y Su veracidad. A esta cuestión  la generalidad de los teólogos, responde afirmativamente. No concuerdan Ripalda, Vivay Schifini.

 

a) Ripalda distingue por diversos objetos creídos así:

 

1º  Si se cree alguna afirmación o testificación de Dios, el motivo es la ciencia y la veracidad.

2º  Si se cree alguna promesa de Dios, el motivo es la fidelidad y la omnipotencia.

3º Si se cree algún propósito externo de Dios, el motivo es la veracidad, constancia y la omnipotencia.

4º Si se cree algún decreto o juicio interno de Dios particular, el motivo es sola la veracidad, o sola la fidelidad.

 

Además defiende Ripalda la excelencia de la Deidad, como distinta de los atributos, ya sean en su conjunto ya sean separados de otros, que son suficiente motivo de fe; porque la majestad misma de Dios por si misma da autoridad al testimonio de Dios.

 

b) Viva sostiene que la ciencia y la veracidad son generalmente motivo de la fe, aun cuando se trate de promesas Pero es este último caso, piensa que se deba añadir la fidelidad, pero en modo alguno la omnipotencia.

c) Schiffini, admite como motivo de la fe, la ciencia y la veracidad solas, en sus propias locuciones, pero añade la fidelidad y la omnipotencia en las promisorias. 

 

69. Sin embargo estas no pueden admitir. Porque en estas sentencias se confunden el fundamento ontológico de la cosa testificada y el motivo lógica del asentimiento. Porque aquel se requiere que simplemente  exista como una cosa en la naturaleza de las cosas; este en cambio como algo que aquí y ahora pueda ser creído. Sea pues que el evento esté pendiente de una condición o de otra, basta que de hecho conozca Dios que es futuro y diga verdaderamente lo que sabe; es decir son suficientes la ciencia y la veracidad. Las cuales se  requieren siempre, de otro modo no tenemos un testimonio estrictamente dicho, sin el cual no se da la fe. Porque si alguna vez solamente la dignidad del que habla (para el caso sola la Deidad) parezca inducir la fe, es por aquello que allí subyace implícita la afirmación de la ciencia y de la veracidad, la cual de por sí es acogida a tal dignidad, con la cual no llevan la mentira o la liviandad en el hablar.

 

70.  Escolio 2.  De lo que pertenece a la revelación en cuanto al motivo de la fe . La revelación se dice interna (o activa), si se entiende el mismo acto divino que decreta comunicar algo; Externa (o pasiva), si se entiende el efecto inmediatamente producido por dios para esto que sea comunicación de aquello que decretó comunicar; completa (o formal) cuando se designan las dos cosas.

 

La revelación, ciertamente formal,  en cierto sentido se requiere para el motivo de la fe está claro por el Vaticano (D 1789), donde se enseña que la fe responde a la revelación y que es por la autoridad de Dios que revela. Pero se pregunta  como se requiera: ya es decir como causa o con causa al mismo tiempo con la autoridad de Dios constituyendo un único motivo adecuado de la fe o como una condición necesaria para que la autoridad de dios pueda mover al entendimiento. Sise dice lo primero, la revelación verdaderamente, aunque no sola, determinará el asentimiento; si lo segundo, nos aplicará solamente la autoridad de Dios para que por esta sola demos el asentimiento.

 

Que es solamente condición, lo sostienen muchos escotistas, como Mastrio. Que es solo motivo, aunque inadecuado, lo sostienen comunmente los teólogos como Sto Tomás ( De veritata q,14 a.8 ad 16); así ciertamente como la revelación sea un elemento material, lo que por la autoridad del testigo, como por elemento formal, se determina a formar el motivo.

 

Esta sentencia más común de los teólogos se prueba. Porque el motivo de la fe es testimonio, como tal; lo que ciertamente de parte del objeto determina al entendimiento a asentir, así y no de otra manera, no es el testigo solo o solo el ser justificado, sino el ser justificado precisamente por tal testigo. Ahora bien, el testimonio, como tal, está constituido por la locución como la materia y la autoridad del testigo como la forma. Por donde el motivo adecuado de la fe es la autoridad de Dios que revela al mismo tiempo con la revelación formal.

 

Sin embargo puede objetarse: que el motivo de la fe teológica deba ser algo divino. Es así que la revelación formal no es algo divino. Luego la revelación formal no es motivo de la fe.

 

Respondo: distingo la mayor. Debe ser algo divino o adecuado, o al menos en el elemento formal y determinante, concedo la mayor.: también en el elemento material y determinable,  niego la mayor. Pase la menor porque es divina también la parte de la cual contiene la revelación activa. A pari dist. la cons.no es motivo inadecuado material y determinable, niego la cons.

 

Tesis 6. El acto de la fe es un asentimiento esencialmente oscuro, pero cierto con certeza  de adhesión y de infalibilidad.

 

71.  Conexión. Porque el asentimiento de la fe no es por causa de ver con claridad la verdad intrínseca, sino por causa de la autoridad, se sigue que ello es oscuro. Sin embargo la oscuridad no es obstáculo para la suma certeza del mimo; lo que de allí se sigue es porque el acto de fe no es asentimiento por causa de cualquier autoridad, sino por la autoridad de Dios que revela.

 

72. Nociones. OSCURO se dice del asentimiento en cuanto no es evidente. La evidencia se dice propiamente e inmediatamente del objeto, como la certeza propiamente e inmediatamente se dice de la mente del que conoce. Pero en ambos casos estas nociones se extienden, de tal manera que evidencia se diga de la mente del que conoce, como se dice también certeza del mimo objeto. De aquí que la  evidencia, una es  objetiva, la cual es una clara y necesaria inteligibilidad del objeto; y otra  subjetiva, la cual es la clara percepción del objeto donde se conjuga la evidencia de ambas, por lo cual, porque la percepción clara del objeto se funda en la necesaria y objetiva inteligibilidad del mismo, se da la evidencia  formal; la cual es la clara y necesaria inteligibilidad del objeto, la cual de hecho aparece así al entendimiento decimos que el asentimiento de la fe carece de esta evidencia. Pero la evidencia una es interna y otra externa la evidencia  interna tiene algún asentimiento, si afirma el nexo entre el sujeto y el predicado porque aparece inmediatamente evidente al entendimiento (p. ej. el todo es mayor que su parte), o mediatamente 8 p. ej. el hombre es libre porque es intelectual). La evidencia  externa tiene el asentimiento, si firma el nexo entre el sujeto y el predicado porque aparece evidente al entendimiento no en sí mismo, ni por medio extrínsecamente conectado con los término, sino por medio extrínsecamente conectado con ellos (p. ej. existe Roma porque tantos y tales testigos me lo dijeron así que no podían mentir. El asentimiento es  simplemente oscuro, cuando carece de evidencia ya sea interna ya sea externa.

 

ESENCIALMENTE: Es propia de la noción del asentimiento de la fe que sea oscuro, de tal manera que no se pueda dar un acto de fe que no tenga aquella oscuridad.

 

73. Cierto se dice del asentimiento que goza de certeza. Certeza se dice propiamente e inmediatamente del estado de la mente del que conoce, el cual es firme no teniendo temor de lo opuesto. Si pues se da tal estado de mente, y se prescinde de los motivos de aquel, tenemos la certeza subjetiva. Pero por parte de la cosa se dan verdades, que de por si exigen tal asentimiento firme; esta se la certeza objetiva. Ahora bien la verdad de certeza existe cuando se conjugan los dos elementos. Entonces se tiene la certeza  formal, que es el asentimiento firme de la mente por causa del motivo infaliblemente conexo con la verdad de la cosa. Esta certeza se compone pues del elemento subjetivo, que consiste en la adhesión firme del entendimiento; el elemento objetivo, el cual está en la infalibilidad de este asentimiento y en su concesión con la verdad. La cual conexión ciertamente no es solo de hecho, sino y también de derecho.

 

CERTEZA DE LA ADHESIÓN designa la firmeza, con la cual el entendimiento en el asentimiento se adhiere a la verdad sin duda o temor de errar. Esta firmeza del mismo asentimiento difiere de la firmeza de la voluntad que impera el firme asentimiento.

 

CERTEZA DE LA INFALIBILIDAD designa la conexión con la verdad, por razón del motivo del asentimiento. se tiene en el asentimiento cuando el motivo de este excluye la posibilidad de error. En nuestro caso el asentimiento de la fe se dice cierto con certeza de infalibilidad, porque nunca puede ser falso, porque se pone por la autoridad de Dios que revela.

 

PARTE 1ª.: EL ASENTIMIENTO DE LA FE ES ESENCIALMENTE OSCURO.

 

74.  Doctrina de la Iglesia.  a)  La oscuridad esencial de la fe, no se enseña explícitamente por los documentos de la Iglesia. Se supone sin embargo en el Conc. Vaticano s.3 c.4 (D 1796), donde se habla de la "oscuridad de la fe", con la cual los misterios permanecen oculto aun después de la revelación; las cuales palabras se desprenden de la carta de Pio IX contra Frohschammer (D 1673), y parecen indicar que es propia de la fe, encubrir el objeto creído con cierta oscuridad. Aquella formula alude a 2 Pd. 1,19. La oscuridad esencial de la fe también se concluye de la doctrina del Concilio, según la cual el motivo de la fe no es la verdad intrínseca del objeto creído, sino la autoridad de Dios que revela. (D 1789).

 

b) Con frecuencia se enseña la oscuridad especial de la fe: D 422 1616 1642 1682 1709).

 

Valor Dogmático. Es al menos teológicamente cierto por todo lo ya dicho; y ciertamente en cuanto afirmamos cierta oscuridad esencial de la fe en oposición a la ciencia.

 

75.  Se prueba por la Escritura.  a)  2 co. 5,6 (vivimos en el reino de la fe, no en el de la visión o presencia) y 1 Co. 13,12 (conocemos por espejo o mediatamente; en un conocimiento enigmático u oscuro; entonces conoceremos como si estuviéramos frente a frente o inmediatamente) de  donde así: La fe se opone a la claridad del conocimiento inmediato; y se describe como lo que tiene en sí oscuridad, la que es esencial al enigma (lo cual se dice obscuramente). Luego la fe es esencialmente oscura.

 

Nota por estos textos se puede colegir bien la oscuridad de la fe, si se comparase con la ciencia.

 

b) Más claramente quizás contiene la oscuridad esencial de la fe la definición de S. Pablo Hb. 11,1 argumento de las cosas que no se ven. Porque allí se trata de alguna nota esencial de la fe divina, como quiera que este puesta en su definición su objeto se describe así, como cosas que "no aparecen, es decir que no se ven; o de otra manera por paralelismo, cosas "que se esperan". Ahora bien las cosas que se esperan, están ausentes, no presentes, y por tanto no se pueden ver, como el mismo S. Pablo lo dice:  "porque la esperanza de las cosas que se ven, no es esperanza; no es esperanza; porque lo que alguien ve, que cosa espera? (Rom. 8,24). Porque "Ver" según S. Pablo, se dice de cualquier conocimiento, también de científico., (cf. 1 Co. 13,12). Luego el objeto de la fe, en cuanto tal, no tiene la claridad y la evidencia de la ciencia.

 

76.  Se prueba por la Tradición  a)  SS. Padres dicen que la fe es el asentimiento de la cosa que no aparece por oposición a la evidencia de la ciencia (417);  que es contemplación de la cosa oculta (R 2144); por la misma no se ve la cosa que cree (R 1223 1498 1826 2318): permanece inevidente (R 1057); ser ignorada (R 869); que la fe no tendría mérito, si a ella la razón humana le presentara un experimento (R 2331); que la fe es de aquellas cosas, que no están sometidas a la visión.

 

b) Para una edad posterior sea suficiente S. Bernardo, quien afirma hermosisimamente: la fe es una voluntaria y cierta ofrenda hecha con anticipación a los dioses de una todavía no divulgada verdad.

 

c) Los teólogos tratan la oscuridad de la fe en conexión con HB. 11,1. De aquí buscaban a ver si el objeto de la fe pudiera ser algo visto, como Sto. Tomás (2.2 q.1 a 4), en cambio los teólogos posteriores admitida y supuesta la esencial oscuridad de la fe.

 

77. La razón teológica. a)  El asentamiento de la fe esencialmente es por la autoridad del que habla. Es así que la autoridad del que habla como tal, no ofrece evidencia alguna del objeto testificado. Luego el asentimiento de la fe es esencialmente oscuro.

 

La Menor: La evidencia sería ya intrínseca, inmediata o mediata, ya extrínseca. Es así que ninguna de las dos ofrece la autoridad del que habla como tal. Luego la autoridad del que habla como tal, no ofrece la evidencia del objeto testificado en el acto de la fe.

 

La menor.: Sola la autoridad del que habla afirma ciertamente la conexión entre el sujeto y el predicado, pero el modo de aquella conexión no lo ilustra. Luego por aquella no se esclarece la conveniencia del entendimiento respecto al sujeto con el predicado, ya sea en sí misma, ya se a en un tercero. Luego la autoridad del que habla no ofrece la evidencia intrínseca del objeto.

 

La evidencia extrínseca puede bien ofrecer la autoridad sola del que habla. Pero entonces tendríamos la fe científica, no la fe de la autoridad; Porque el asentamiento se pondría en aquel caso por la evidencia del consecuente, no por sola la autoridad del que habla.

 

Luego la autoridad del que habla, como tal, en el acto de fe estrictamente dicha no ofrece evidencia alguna del objeto testificado.

 

b) Probada la oscuridad que se da esencialmente en todo acto de fe; porque fluye, como vimos, del motivo de la fe el cual especifica cualquier acto de fe. Pero además se da una oscuridad especial en el acto de fe, el cual se refiere al objeto principal de la fe. Tales son ciertamente los misterios. Es así que los misterios de tal manera se creen que en ellos no se entienda la conveniencia entre el sujeto y el predicado (D 1796). Luego por este capítulo cierta nueva y especial oscuridad se presenta al asentimiento de la fe.

 

78. Nota: Hemos explicado la oscuridad esencial de la fe por la necesaria y esencial evidencia, que tiene todo objeto creído formalmente porque el motivo de la fe como tal, nunca da evidencia del objeto creído. La función pues del motivo no está en determinar el entendimiento al asentimiento por la evidencia propuesta; sino que moverlo suficientemente en la línea intelectual, para que si de alguna otra parte se determinara (es decir por la libre voluntad), pueda darse el asentimiento.

 

Pero existen autores, que buscan una ulterior explicación, pensando que la esencial oscuridad de la fe es mayor. Y porque en el mismo asentimiento de la fe podría considerarse no sólo aquello que se cree en cuanto se cree (es decir el objeto material en cuanto cae bajo el motivo, o la cosa atestada en cuanto cae bajo el testimonio del que atesta), en lo cual nosotros hemos puesto nuestra explicación, sino también el mismo motivo (del que atesta) y aquello que se cree en sí mismo y tomado materialmente (la cosa atestada), por las dos partes con este capítulo se dan diversas soluciones en pro de la oscuridad de la fe, las cuales consideraremos en los escolios.

 

79. Objeciones. 1. La fe en la escritura se dice luz, claridad, iluminación (2 Cor 3,18; 4,6...). Luego no es oscura.

 

Distingo el antecedente. Porque nos hace conocer muchas cosas con plena certeza, Concedo el antecedente.; porque nos las dan a conocer evidentemente, niego la may. Contradistingo la menor.

 

80. Escolio 1. De la evidencia en el que atesta. La evidencia en el que atesta o atestaste, se tiene entonces cuando el objeto de la fe hace evidente porque el motivo de la creencia es evidente y su conexión necesaria con la verdad. Pues la primera solución de otros autores en pro de la oscuridad de la fe para ser explicada se disminuye por aquello que el motivo de la fe en sí mismo no puede ser evidente. Luego en la inevidencia del atestaste del que atesta se da necesariamente en la fe. Las cuales cosas por estos autores se pone de una manera especial en la evidencia del acto de la revelación.

 

a) Dicen por tanto estos teólogos: si es evidente que dios dijo algo, y por otra parte que Dios no puede fallar o decir lo falso (es decir, si se da evidencia en el atestaste), por eso mismo es evidente lo que dijo; luego cae por tierra la oscuridad de la fe.

 

Se ha de sostener por lo tanto, que debe haber una evidencia esencial y total en pro de la fe en el atestaste. Así Vitoria, Báñez, Suárez, Lugo Kilber, finalmente Franzalin. Pero la sentencia contraria es más común.

 

b) Es de notar que alguna evidencia en el que atesta ha de ser admitida ahora por todos, porque ha de admitirse la certeza previa acerca al acto de la revelación antes del acto de fe. si pues la certeza, y ésta natural, también necesariamente se da la obediencia; siendo así que el asentimiento aquel no sea de fe sino de ciencia. Por donde se excluye toda duda prudente con la cual es imposible la certeza pero la cuestión es de algo ulterior, de una plena y absoluta evidencia, la cual de tal manera atraiga al entendimiento para que el asentimiento acerca de la revelación de tal manera que excluya toda duda aun imprudente.

 

c) Esta sentencia contradice los hechos, y no se apoya en ningún argumento positivo, aún más trabaja en algún equívoco fundamental. Porque no puede ser negado que la B. Virgen María tuviese fe del misterio de la Encarnación; para ella pues no dejó de existir en ese caso presente la evidencia del hecho de la revelación.

 

Cosa semejante se ha de decir de los Apóstoles en muchos casos. Pero las evasiones pensadas por estos autores, para explicar estos casos son tales, que por sí solos confirman nuestra sentencia.

 

Pero el equívoco de esta sentencia consiste en que suponga que el asentimiento de la fe es conclusión de algún silogismo, cuyas premisas son la autoridad de Dios y el hecho de la revelación. Si pues estas premisas son evidentes (con la evidencia en el que atesta), la conclusión (el asentimiento de la fe) necesariamente será evidente. Pero la respuesta es que el asentimiento de la fe no es conclusión de algún silogismo. Porque puede ser deducida aquella conclusión; pero sería fe de autoridad, este acto se pondría en ese caso, con evidencia, por evidencia del motivo; no por una evidente consecuencia, sino por el motivo en si mismo, lo cual ahora per accidens se conoce evidentemente.

 

81. Escolio 2.  De la composibilidad de la fe y de la ciencia del mismo objeto y del mismo sujeto. La segunda solución por la oscuridad de la fe que se ha de explicar se toma de que el objeto creído, no solo reduplicativamente como creído (esta es nuestra solución), sino también simplemente y absolutamente no puede ser al mismo tiempo evidente y en el mismo sujeto.

 

a) Esta cuestión es antiquísima en la teología bajo estos términos: "acaso algo podría ser al mismo tiempo creído y sabido". Y, como está claro, se trata del mismo sujeto. Esta cuestión, para la cual había sido preparada la vía por el maestro de las sentencia (3 D. 23), es tratado expresamente por el Maestro Huberto en el siglo XII; el cual lo resolvió negativamente, como también Sifón Tornacense, Prepositino y Guillermo Altisiorense. El siglo XIII, la escuela franciscana y la escuela domínica primitiva hasta S. Alberto Magno defienden la solución afirmativa, la cual sostienen después Tomás Argentinas, Auréolo y Durando. Pero S. Tomás (2.2 q.1 a.4-5), defiende la incompatibilidad de la fe con la ciencia, esta sentencia la introdujo en la escuela domínica; la cual introdujeron en la escuela franciscana Ricardo Meavilla y Scoto. En la escolástica más reciente la sentencia negativa es defendida por los domínicos y los franciscanos, a los cuales siguen Molina, Villot, y otros; la afirmativa por teólogos comúnmente jesuitas, a quienes se juntas Estius, Malder, Wiggers, Herinckx, y otros.

 

b) La sentencia afirmativa nos parece más probable y más en la línea de la doctrina de la Iglesia. Y ciertamente tratamos de actos no de hábitos; y prescindimos de la cuestión sutil acaso por un único acto se pueda al mismo tiempo creer y saber acerca de diversos motivos. Pero todavía se ha de distinguir entre la visión estrictamente dicha (es decir, el conocimiento inmediato por sí mismo, o mediato por una vía y fácil deducción a priori), y la ciencia (es decir por el conocimiento cierto e inmediato ya sea a priori y a posteriori) afirmamos pues que la oscuridad de la fe por si por razón de sí no excluye en el mismo sujeto el acto de la ciencia y del mismo objeto. Decimos per se y por razón de sí, porque per accidens y por razón de algún objeto en particular quizás pueda darse incomposibilidad. Decimos que el acto de la ciencia porque es acto diodo visión estrictamente dicha ciertamente se excluye por la oscuridad de la fe.   

 

c) La razón principal para esta sentencia es la siguiente. Entre los objetos de la fe que deben ser creídas por todos muchas cosas se proponen las cuales se pueden saber, y además de hecho se saben por muchos; así por ejemplo según la profesión de fe tridentina, creemos todas y cada una de las cosas que se contienen en el Símbolo" (D 994), entre las cuales se tienen la existencia de un solo Dios, omnipotente, creador del cielo y de la tierra, etc. cosas semejantes se tienen en la profesión de fe vaticana (D 1782). Además del Concilio Vaticano s. 3 (D 1789) enseña que deban ser creídas  todas las cosas reveladas, como tales entregadas por la Iglesia; entre las cuales muchas son conocidas naturalmente, como el mismo Concilio enseña. Ahora bien en la sentencia contraria estas cosas no se pueden entregar a todos para ser creídas, sino a aquellas tan sólo que no tuvieran conocimiento de ellas. Además (Heb. 11,6), propone como objetos que deben ser creídos la existencia de Dios y la remuneración; que también pueden ser conocidas por la ciencia.

 

d) Responden ciertamente a estos argumentos.

 

Cuando en los símbolos se nos manda a creer ciertas cosas que son también naturalmente conocidas: aquellas cosas naturalmente conocidas es suficiente creerlas en común. Pero la profesión tridentina dice que deben ser creídas todas y cada una.

 

La existencia de Dios se cree "in subiecto"; es decir porque el que cree que Dios es trino por lo mismo cree que El existe. Por eso no se puede creer por ejemplo que Dios es creador del cielo y de la tierra.

 

En estos artículos se creen muchas cosas, a las cuales la razón humana no alcanza a percibir; como por ejemplo en el artículo de la unidad de Dios ("creo en Dios Uno") se creen al mismo tiempo la omnipotencia, la Providencia, la Unicidad, etc. Y esas cosas que se citan también se pueden conocer naturalmente, aún cuando los filósofos gentiles no llegaran a percibir la ciencia de aquellos pero el argumento responden los apóstoles: lo que dice el apóstol vale en general de los hombres, no especialmente de los sabios. Pero esta restricción no está en el tacto, ni en su interpretación eclesiástica o patrística.

 

El texto se h a de entender de Dios, como fin de la gracia, no como fin de la naturaleza. Y lo mismo vale lo que decíamos hace poco.

 

El texto se ha de entender de Dios que se manifiesta por una revelación sobrenatural y el objeto de la fe de la cual habla el apóstol, no es Dios que revela, sino Dios que existe.

 

e) Finalmente estos ponen la objeción contra nuestra sentencia: la fe es de las cosas no vista. Es así que las cosas que se saben naturalmente se ven. Luego las cosas que se saben naturalmente no se pueden creer. Respondo, Concedo la Mayor, Distingo la menor Algunas cosas naturalmente sabidas se ven,  Concedo la menor; todas las cosas se ven, Niego la menor De una manera parecida distingo la consecuencia Las cosas sabidas naturalmente no se pueden creer, Conc. la consec.; ninguna puede ser creída, Niego la consec.

 

Nuevamente, donde el entendimiento perfectamente se aquieta no puede al mismo tiempo no aquietarse acerca del mismo objeto. Es así que donde se da la ciencia del entendimiento perfectamente se aquieta. Luego no puede tener al mismo tiempo el conocimiento acerca del mismo objeto con el cual no se aquiete como sería la fe se responde, conc. la may.; distingo la men. Donde se da la visión estrictamente tal, Conc. la men. Donde esta no se da, Niego la ment. De modo parecido Distingo la consec. No se puede tener la fe del objeto estrictamente visto, conce. la consec.; del objeto conocido, pero no visto estrictamente,  niego la consec.

 

PARTE  2ª: EL ASENTAMIENTO DE LA FE ES ESENCIALMENTE CIERTO

 

82.  Adversarios.  Se suele traer a ABELARDO, el cual definió la fe "estimación"; la cual palabra sin duda suena a opinión, no certeza. Pero en la mente de Abelardo esta palabra designaba tan sólo, como perece, que la fe era un conocimiento no evidente.

 

83 Doctrina de la Iglesia a) Exige la certeza subjetiva en la fe: el Concilio Vaticano s.3 c.3 (D 1789) habla del pleno obsequio del entendimiento. En las profesiones de fe y documentos similares se aplica esta fórmula: "firmemente creo". (D 40 343 428 468 480 703 706 708 711 714 810 994 2145).

 

b) Propone que el  motivo infalible de esta certeza es Dios, el cual no puede engañarse ni engañar (D 1637 1689), Dios sumamente veraz (D 2145).

 

c)  Define que la fe de tal manera es cierta que entre la fe y la razón a priori no se puede dar nunca oposición;  porque de otra manera se negaría Dios a sí mismo: Conc. Lateranense V (D 738) y el Vaticano s. 3 c. 4 (D 1797); y cn. 2 (D1817). La cual doctrina es explicada por PIO IX en la Encíclica  "Qui pluribus"( D 1635 - 1639) Valor dogmático- Es el asentimiento fiel de esa certidumbre es de fe divina y católica, al menos por el magisterio ordinario.

 

84. Se prueba por la Sagrada. Escritura.  a) Hbr. 11,1: la fe es argumento (elenjos). La cual palabra significa no cualquier razón, sino aquella que conduce a una convicción cierta. Cf. Io 8, 46, 16, 8, y S. Juan Crisóstomo (R 1223).

 

b) Rm. 4,16-22: es alabada la fe de Abraham porque no se enfermó no dudó con desconfianza, fue confortado por la fe, plenísimamente convencido (pleroforezeis) de la locución divina. De aquí se tiene el elemento de  adhesión.

 

c) La veracidad de Dios  es traída muy frecuentemente por la sagrada Escritura: Ex 34,6; Ps. 85,15; Jn, 3,33 8,26; Apc. 19,11. Lo mismo también con algunas notas propias de Dios en oposición a los hombres, los cuales son mentirosos: Rom 3,4. Añadir las cosas de la infinita ciencia de Dios que se traen en el tratado de Deo Uno. De aquí se tiene el elemento de la infalibilidad.

 

85.- Se prueba por la Tradición  a) SS. Padres enseñan la fe debe ser sin ninguna duda (R 846 1686) es una afirmación sin perplejidad (r 972); es una disposición fuera de duda (R 2144); que no da lugar a indagación (R 1181); lo que la fe dice, hay que mantenerlo firmísimamente y de ningún modo debe dudarse de ello (R 2270 - 2275). Luego la adhesión es firme.

 

Contra los Priscilianistas S. AGUSTIN, vindicó la absoluta veracidad de Dios. Y ciertamente los padres insisten en la omnímoda verdad del testimonio divino: a la voz de Dios no se puede contradecir (R 417); dudar de la veracidad de la locución divino es no conocer completamente a Dios (r 562); si no creemos a Dios ¿a quién creemos? (R 1303); Es suficiente la persona que habla para que sea creída (R 2055); la suprema razón para echar de sí toda duda es la autoridad divina (R 2197). Luego la infalibilidad es total.

 

b)  los teólogos desde el principio han defendido "que la fe no puede soportar lo falso" (2.2 q.1 a.3), La razón, pues, da a la fe emotivo, de que es la primera verdad. Solamente los  nominalistas después defendieron que Dios de potencia absoluta podía mentir, así OHICOT, BIEL ALMAIN , y otros. Contra los cuales resurgieron todos los demás teólogos posteriores.

 

86 Razón Teológica. La certeza formal contiene dos elementos esenciales: la firme adhesión de la mente (certeza de la adhesión), y el motivo infaliblemente unido con la verdad (certeza de infalibilidad). Es así que ambos elementos se dan esencialmente en la fe divina. Luego la fe divina es esencialmente cierta.

 

a) La certeza de adhesión. La adhesión del entendimiento se mide por el motivo. Es así que en el asentimiento de la fe el motivo es sumo. Luego el asentimiento de la fe es cierto con certeza de adhesión.

 

Nota a la may.: La adhesión del entendimiento puede depender de solo el motivo intelectual (como en la ciencia), y puede depender del motivo al mismo tiempo con el imperio de la voluntad (como en la fe). En este último caso, si la voluntad impera imprudentemente, está claro que el asentimiento no es medido por el motivo. Pero si la voluntad prudentemente impera al asentimiento no para suplir el defecto del motivo de por sí insuficiente para el asentimiento cierto sino para mover al entendimiento por el motivo de por sí suficiente por su naturaleza (porque no es evidente y que no determina al entendimiento, esta claro que el asentimiento se mide por el motivo. Y este es el caso de la fe.

 

Nota a la may.: El motivo en el asentimiento de la fe que es la autoridad de Dios que revela en cuanto en si misma, es así que la tal autoridad en cuanto a sí misma, es infinita, increada y suma. Luego el motivo es sumo.

 

87.  b) La certeza de infalibilidad. El asentimiento de la fe se pone por el motivo siempre innecesariamente unido con la verdad. Luego es cierto con certeza de infalibilidad.

 

Antec.: Dios, que revela es omnisciente e infinitamente veraz. Luego el motivo de la fe siempre y necesariamente está unido con la verdad. La omnisciencia de Dios la suponemos por el tratado De Deo Uno.

 

La veracidad se prueba: Dios no puede mentir (porque el mentir es intrínsicamente que es sabiendo El que no es, y ciertamente obligando a los hombres a que se acomodaran su intelecto y su vida toda esto que es falso); luego Dios al revelar necesariamente es veraz.

 

Nota. Podría darse el caso, en el cual alguien asintiera porque  piensa que dios lo ha revelado, lo cual de hecho no ha revelado. En aquel asentimiento falta ciertamente la certeza de infalibilidad. Pero aquel asentimiento no es verdadero de fe divina, aun cuando sea estimado como tal. La razón es porque aquel asentimiento de hecho no se pone por la autoridad de Dios que revela en cuanto es en sí; luego no es asentimiento de fe divina. Tiene ciertamente por parte de la voluntad lo que se