TRATADO III

 

DEL SACRAMENTO DE LA UNIDAD CRISTIANA


o
 

SANTÍSIMA EUCARISTÍA

 

 

por el Padre José A. de Aldama, S. J.

 

 

LIBRO I

 

DEL ORIGEN O INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA



 

CAPITULO I

DE LA INSTITUCIÓN MISMA DE LA EUCARISTÍA

 

4.- Los racionalistas más recientes y los modernistas discuten mucho el tema sobre el origen de la Eucaristía. Al decir de todos éstos, la Eucaristía, según se realiza hoy en la. Iglesia, no fue directamente instituida por Jesucristo. Una vez hecha esta afirmación, están estos racionalistas en la obligación de explicar sobre todo dos cosas. La primera es, cuál fue el auténtico significado de la última Cena realizada por nuestro Señor Jesucristo; la segunda, cómo esta Cena a lo largo de su desarrollo histórico ha venido a parar en la Eucaristía actual. Para explicar estos punto se han elucubrado innumerables teorías y sistemas que cada día se multiplican más. Las líneas generales de estos sistemas son prácticamente los siguientes:

 

5.- a) Hay una triple tendencia entre las teorías de estos autores al pretender explicar la Cena realizada por Jesucristo Nuestro Señor.

 

La primera tendencia es puramente simbólica. Según esta tendencia la Cena es una cierta comparación real o parábo­la que significa el amor de Cristo para con sus discípulos, sobre todo en la fracción del pan (Goetz, Haupt, Goguel, Clemen), o incluso la muerte violenta de Cristo (Jülicher, Weizsacker).

 

La segunda tendencia es simbólico-dinámica, según la cual, la Cena no, sólo significaba, sino que en cierto modo realizaba también ya sea la santificación de la comida y la bebida en los discípulos de Cristo a causa de la promesa de Su presencia (Harnack), o bien la caridad fraterna entre los discípulos de Cristo (Hoffmann, Revine, Heitmüller, Brandt, Wellhausen), o bien la nueva alianza que se va a establecer entre Dios y su pueblo (Holtzmann, Katenbusch), o la última voluntad salvífica de Cristo (Dibelius).

 

Por último la tercera tendencia es escatológica. Según esta tendencia la Cena fue una alusión y a modo de anticipación de la cena mesiánica, ya inminente (Spitta, Andersen, Loisy).

 

6.- b) La Transformación de esta Cena en nuestra Eucaristía la explican del siguiente modo. Al principio estaban en uso las cenas de los cristianos, en las cuales se celebraba «la fracción del pan» en memoria de la última Cena de Cristo y como signo de fraternidad cristiana. En esta celebración, dicen, todavía no se daba conmemoración de la pasión ni fe en la presencia de Cristo. Mas en las epístolas de San Pablo ya aparece la evolución. Ya se ha realizado el cambio (tal vez debido a Pablo mismo) de aquella cena corriente en la cena sacramental; y se atribuye ya la institución de esta cena a Cristo que muere, resucita y Se da en comida. La evolución se lleva a cabo bajo el influjo de las religiones helenísticas, de forma especial de las religiones mistéricas. Ahora bien, las explicaciones concretas se subdividen en muy diversas direcciones.

 

Unos sostienen que Pablo, habiendo conocido los misterios eleusinos, introdujo las cenas sagradas en la comunidad cristiana y adaptó a ellas la narración de la última cena (Gadner, Loisy).

 

Otros, después de afirmar el hecho universal de estas cenas religiosas en el helenismo, sostienen que no pueden concretarse ulteriormente las fuentes, de las que usó Pablo (Heitmüller, Goguel).

 

7.- A otros finalmente les pareció que no bastaban estas soluciones; por lo que buscaron nuevos elementos de soluciones. Y así Wetter piensa que el aspecto «misterioso» de la Eucaristía se explica adecuadamente por el sincretismo helénico; pero que el aspecto sacrificial proviene de la evolución de algún rito judaico, a saber, de la presentación de los alimentos para la cena. A esta presentación, que al principio la hacían los cristianos que poseían medios económicos y luego todos los cristianos, se añadieron preces y ritos sagrados los cuales, junto con el carácter misterioso de la cena cristiana, por evolución natural vinieron a ser una oblación sacrificial.

 

Lietzmann, en cambio, explica el hecho del siguiente modo. En un principio se dan dos formas de celebración eucarís­tica: la alejandrina y la romana. La forma alejandrina (que aparece en la Anáfora de Serapión y antes en la Didajé), proviene de las iglesias palestinenses; en éstas la cena cristiana no tenía ningún vínculo histórico con la Cena de Cristo, sino con las comidas ordinarias de Cristo con los discípulos, añadida la esperanza escatológica; y era una cena corriente, en la cual se partía el pan y se hacía alguna bendición; pero después, por influjo del helenismo, se celebró poco a poco como una cena sacrificial, en la cual se comía pan sagrado. La forma romana (que aparece en la Tradición apostólica y antes en la 1 Cor.) proviene de las iglesias paulinas; en éstas la cena cristiana tenía relación histórica con la última Cena de Cristo (la cual, dice Lietzmann, fue sólo símbolo de la futura pasión), y de ahí extrajo su carácter memorial de la muerte dé Cristo; después par influjo del helenismo se celebró como un convite sacrificial, en el cual mediante la acción física de comer se realizaba la participación mística con Cristo. Esta fórmula paulina, lentamente modificada mediante elementos judaicos, llegó a ser general fuera de Egipto.

 

8.- c) Según los seguidos de la escuela histórica de las formas la narración de la última Cena de Cristo se debió a la comunidad cristiana a causa de la necesidad de explicar la cena eucarística. La narración primitiva contenía sólo las palabras: de Cristo: «esto es mi Cuerpo» (todavía no «que será entregado por vosotros», añadidos después por Pablo), «este cáliz es el nuevo Testamento en mi sangre» (aún no «que será derramada por vosotros») y «cuantas veces... etc.,». De donde la cena eucarística primitiva era símbolo de la unión de los fieles con Cristo, un símbolo tan fuerte que Cristo pudo decir: «Esto es mi Cuerpo». Los otros elementos se añadieron después por influjo del helenismo (Dibelius). Loisy sostuvo recientemente que la perícopa a los Corintios no es auténtica sino que pertenece al posterior desarrollo del misterio cris­tiano, anterior ciertamente a S. Justino y a la redacción de los evangelios sinópticos, pero posterior a Pablo mismo y la edad apostólica. Así la cena primitiva, que era un símbolo corriente de unión (a causa del mismo alimento participado en común por todos y a causa del sentido de la presencia espiritual de Cristo que vendría), pasó a ser primeramente símbolo religioso («misterio») de esperanza y de unidad cristiana en Cristo (así en la Didajé), y des­pués símbolo religioso que conmemora y comunica la muerte reparadora (así en 1 Cor).

 

9.- En oposición a todas estas teorías de los racionalistas y modernistas la constante doctrina de la Iglesia es la siguiente: Nuestro Señor Jesucristo en la Ultima Cena «ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las, especies de pan y de vino, y bajo los símbolos de las mismas realidades se los entregó a los Apóstoles en comida y bebida; y les ordenó a ellos mismos y a sus sucesores en el sacerdocio que los ofrecieran» (Canc. Tridentino, sess. 22 c.1: D 938). En estas palabras están contenidas tres cosas:

 

a) Jesucristo en la Cena dio a los Apóstoles su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y de vino.

 

b) Ofreció a su Padre su mismo Cuerpo y su misma Sangre bajo las mismas especies.

 

c) Mandó que se hiciera perpetuamente en la Iglesia lo que Él mismo había hecho.

 

Todos estos apartados los iremos estudiando en otras tantas tesis.

 

TESIS 1ª. Jesucristo en la última Cena entregó a los Apóstoles para que lo comieran y bebieran su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino.

 

10.- Nociones. En la última Cena, esto es, cuando dijo a los Apóstoles: «tomad y comed, esto es mi Cuerpo; bebed todos de él, porque esto es mi Sangre».

 

Entregó su Cuerpo y su Sangre. Les dio verdadera y realmente su Cuerpo y su Sangre. Por tanto decimos que estas palabras deben entenderse en sentido propio y real, no simbólico o parabólico,

 

Sin embargo, no decimos nada en esta tesis de otras cuestiones, a saber: si la substancia del pan y del vino se, mantiene juntamente con el Cuerpo y la Sangre de Cristo o, por el contrario, no se mantiene; si las especies de. pan y vino, después de la consagración, son reales. En esta tesis «bajo las especies de pan y de vino» significa solamente: dando a los Apóstoles aquello que antes era pan y vino.

 

11.- Adversarios. 1) En general todos los que niegan que se da en la Sagrada Eucaristía el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Cristo; sobre estos adversarios hay que tratar después:

 

2) En concreto los Racionalistas más recientes, los cuales no admiten en la Cena del Señor más que una cena corriente con la promesa de la presencia espiritual de Cristo entre los suyos, o bien una alusión simbólica a la muerte de Cristo o a la cena celestial.

 

12.- Doctrina de la Iglesia. El  Conc. Tridentino en la sess. 13 c. 1 dice: «Después de la bendición del pan y del vino manifestó [Jesucristo] con expresivas y claras palabras que Él les daba su mismo Cuerpo y su misma Sangre» (D 874), Sess. 13 c.3: «Todavía no habían recibido los Após­toles la Eucaristía de manos del Señor, cuando a pesar de ello Él mismo aseguraba que lo que ofrecía era en verdad su propio Cuerpo» (D 876). Sess, 13 c.14: «Y puesto que nuestro Redentor Jesucristo dijo que aquello que daba bajo la especie de pan era su Cuerpo verdaderamente...» (D 877). Sess. 21 c.1: «Pues aunque Nuestro Señor Jesucristo en la última Cena instituyó este venerable Sacramento en las especies de pan y de vino y se lo entregó a los. Apóstoles...» (D 930). De forma semejante en la sess. 21 c.3 <D 932) y en la sess. 22 c.1 (D 938).

 

La Iglesia enseña con estas palabras lo siguiente:

 

a) Jesucristo en la Ultima Cena dio a los Apóstoles su Cuerpo y su Sangre;

 

b) esto lo encontramos en las palabras de Jesucristo mismo como nos las han conservado los Evangelistas y S. Pablo,

 

c) estas palabras siempre las han entendido así los SS. Padres y la Iglesia y por tanto no pueden interpretarse de otro modo.

 

Debemos tener en cuenta también la proposición 45 de los Modernistas condenada por S. Pío X (D 2045).

 

Valor dogmático. De fe divina y católica definida.

 

13.- Prueba de la Sagrada Escritura. Mt 26,26s; Mc 14,22s; Lc 22,19s; 1 Cor 11,23-29.

 

Prenotando. El orden cronológico de la composición de estas cuatro narraciones parece ser: 1 Cor, Mt, Mc, Lc. Ahora bien, si se comparan entre sí, al menos aportan dos tradiciones distintas: 1 Cor-Lc y Mt-Mc. Hemos dicho «al menos», porque a pesar de las semejanzas entre 1 Cor y Lc, este último tiene algunas peculiaridades, que parecen indicar una fuente independiente.

 

En la recensión de Lc no es la misma en todos los códices la tradición de los versículos 17-20. El texto más amplio, que es el texto alejandrino, texto que es el aceptado, lo tenemos en todos los códices griegos, a excepción del códice D, y en muchos códices latinos. Pero en el códice D y en muchos códices latinos y en las versiones sirias se encuentra el texto más breve, el cual sin embargo no aparece de un solo modo en cada uno de estos códices. Pues en el códice D y en algunos códices latinos se omiten los versículos 19b y 20; por el contrario, en la versión peshita se omiten los versículos 17 y 18; por último en las versiones syrcur y syrsyn se cambia el orden de los vesículas (16-19-17-18), sin embargo de forma qua en la versión syrsyn de los dos versículos 18 y 20 resulta uno solo. Debe mantenerse el texto más amplio, único y constante; ya que en el texto más breve, se notan múltiples conatos de simplificación y de adaptación.

 

Por lo demás, por lo que respecta a esta tesis no hay ninguna diferencia en las cuatro narraciones en cuanto al pan (a no ser la adición en Mt de φάγετε); en cuanto al cáliz hay dos modos de expresarse: τούτο έστιν τό αίμά μου τής δι αθήκης (Mt-Mc). Τούτο το ποτήριον, ή καινή δι αθήιη έν τώ αιματι μοι (lc) τούτο τό ποτέριον, ή καινή διαθήκη έστιν έστιν έν τώ έμώ αίματι (1 Cor.)

 

En la segunda fórmula el sentido es el siguiente: este cáliz, en mi sangre (esto es, que contiene mi sangre) es el nuevo testamento; o sea, este cáliz es el nuevo testamento, puesto que contiene mi sangre. Esto mismo expresa la primera fórmula: ésta es mi sangre, el nuevo testamento. Luego todas las fórmulas contienen la afirmación de la sangre de Cristo.

 

14. ARGUMENTO, Jesucristo, al decir que Él daba a los Apóstoles su Cuerpo y su Sangre, hablaba de su verdadero y propio Cuerpo y de su verdadera y propia Sangre; es así que estas palabras no serían verdaderas si no les hubiera dado en verdad su propio Cuerpo y su propia Sangre; luego Jesucristo dio a los Apóstoles verdaderamente su propio Cuerpo y su propia Sangre.

 

La mayor: El Cuerpo, que da Jesucristo a los Apóstoles es el Cuerpo mismo que será entregado a la Cruz; la Sangre, que da, es la Sangre misma que será derramada en la Cruz.

 

La menor: Las palabras de Cristo no pueden interpretarse en un sentido metafórico; luego deben entenderse en sentido propio, es así que no serían verdaderos en sentido propio si Cristo no hubiese dado a los Apóstoles en verdad su propio Cuerpo y su propia Sangre; luego:

 

Este antecedente: Las palabras de Cristo no pueden entenderse en sentido metafórico ni por la naturaleza de la co­sa (puesto que el pan n o es un signo natural respecto al cuerpo ni el vino respecto a la sangre), ni por el uso admitido ( ya que no existe tal uso) ni por una previa advertencia (pues no la hubo). Luego de ningún modo pueden, interpretarse metafóricamente.

 

15.- Prueba de la tradición. a) La persuasión de la Iglesia desde la antigüedad cristiana acerca de la realidad objetiva de las palabras de Jesucristo se ve clara en muchísimos documentos, muchos de los cuales aparecerán en las tesis siguientes. Podemos aportar también ahora algunos: En los siglos II-III San Ireneo (R 240, 232), Tertuliano (343), Cipriano (R 581); cf. también 582 es. En los siglos IV-V, en la Iglesia alejandrina S. Atanasio, S. Cirilo (R 2101) ; en la Iglesia palestinense S. Cirilo de Jerusalén, S. Epifanio, (R 1084) ; en la Iglesia antioquena S. Crisóstomo (R 1179), Teodoro Mopfsuesteno (R 1035), Macari o Magne,.t . (R 2166); en la Iglesia siria Afrates (R 689), S. Efrén (R 707s), Jacobo Sarugense; en la Iglesia romana S. Jerónimo; en la Iglesia de Milán S. Ambrosio; en la Iglesia de Brescia S, Gaudencio; en la Iglesia africana S. Agustín CR 1464); en la Iglesia de la Galia Fausto, En los siglos VII-VIII, S. Isidoro de Sevilla, Anastasio Sinaita, Pedro de Laodicea, S. Juan Damasceno CR 2371). En estos textos se urge la necesidad y la obligación de creer en las palabras: de Cristo, se enseña expresamente la verdad de la expre­sión de Jesucristo, incluso cuando los SS. Padres hablan exponiéndonos doctrina de los misterioso (S. Epifanio. S. Agustín,), desaparece toda ambigüedad y toda duda.

 

16.- b) Lo mismo se deduce en el s. IX de la controversia eucarística. Esta controversia, entre Pascasio Radberto por una parte y Rabano Mauro y Ratramno por otra, versaba preferentemente acerca de la relación entre el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía y el Cuerpo de Cristo en el cielo, No obstante todos coinciden en afirmar la verdad, de las palabras de Cristo en la Ultima Cena, Así Pascasio Radberto dice: «Y no dijo cuando. partió y les dio el pan: esto es o en este misterio está la virtud o la figura de mi Cuerpo; sino que dice con verdad: esto es mi Cuerpo». Y Ratramno dice: «Por tanto si nada se ha cambiado aquí, no hay otra cosa diferente de lo que hubo antes. Sin embargo sí que hay otra cosa diferente, puesto que el pan se ha convertido en el Cuerpo de Cristo y. el vino en la Sangre de Cristo. En efecto Jesucristo mismo se expresa así: recibid…» Y Rabano Mauro dice: «Sino que en realidad igual que de ningún modo padeció entonces en su Cena, cuando por primera vez Jesucristo se dignó del pan y del vino crear su verdadero Cuerpo y su verdadera Sangre, con­sagrarlo y dárselo a sus discípulos...»

 

De donde: A lo largo de toda la época patrística, tanto en Oriente como en Occidente, incluso en lugares muy distantes; y lo mismo posteriormente, sin exceptuar el tiempo de la primera controversia eucarística de la Edad Media, hubo en la Iglesia la persuasión universal de que debían entenderse en sentido propio las palabras de Cristo en la última Cena,, al entregar a los Apóstoles su Cuerpo y su Sangre. Está claro que lo mismo puede decirse de los siglos posteriores de la Edad Media. Por ello el Concilio Tridentino pudo decir que estas palabras de Cristo muestran ostensiblemente aquella significación propia y enteramente manifiesta, según la cual fueron entendidas por los SS. Padres y la cual significación se atiene al sentido universal de la Iglesia <D 874).

 

17.- Objeciones. 1. En la Escritura se emplea muchas veces la palabra «es» en lugar de «significa» (Gen 41,26; Dan 4,17; Mt 13,38s; Gal 4,24). Luego también aquí ha de in­terpretarse así.

 

Respuesta: Dist. el antec. Cuando el tropo puede ser conocido o bien por la naturaleza de la cosa o bien por una aclaración del que habla, conc. el antec.; en otro caso, ni eso el antec. En los ejemplos aducidos el tropo se cono-ce suficientemente por la naturaleza misma de la cosa. Se trata, en efecto, de la explicación de algún sueño simbólico (Gen y Dan), o bien de alguna parábola (Mt), o bien de alguna alegoría, que se afirma expresamente (Gal). Ahora bien, en estos ejemplos la palabra «es» no puede entenderse en virtud del contexto mismo más que por, «significa».

 

2. En las palabras de Cristo que se han aducido en la prueba de la tesis se encuentran muchas cosas que necesariamente deben interpretarse en sentido figurado (cáliz, testamento, se derrama). Luego la narración entera debe interpretarse de forma semejante.

 

Respuesta: Dist. el antec. Muchas cosas que constan suficientemente por la naturaleza de la cosa y por el contexto de la narración, conc. el antec.; en otro caso, niego el antec. Las figuras usadas en la consagración del cáliz son claras y comprensibles; pero en la consagración del pan serían totalmente incomprensibles y muy obscuras.

 

3. Cristo, que hablaba en arameo, no usó el vocablo «es», sino que es más probable que usara la expresión «he aquí»; luego no se puede argumentar tomando como base el vocablo «es».

 

Respuesta: Dist. El antec. De tal manera que el único sentido de la expresión usada se traduce muy atinadamente con el verbo «es», conc. el antec; en otro caso, niego el antec.

 

4. Pero los Apóstoles ya habían sido anteriormente advertidos por Jesucristo, a fin de que interpretaran Sus palabras en el sentido auténtico, en el sermón eucarístico Jn 6,52 (el pan, que yo daré es mi carne para la vida del mundo). Luego Sus palabras deben interpretarse en sentido figurado.

 

Respuesta: Dist, el antec. Los Apóstoles habían sido anteriormente advertidos por Jesucristo de que Él les daría su carne en comida, conc. el antec.; habían sido anteriormente advertidos de qua Él les: daría su carne bajo las especies de pan material niego el antec.

 

18.- 5. El vocablo «esto», cuando lo pronuncia Jesucristo, indica el pan; es así que el pan en realidad no es el Cuerpo de Jesucristo; luego o. bien la proposición es falsa, a bien debe interpretarse figuradamente en base a la naturaleza misma de la cosa.

 

Se dan varias soluciones a esta dificultad clásica. Por tanto decimos que el pronombre «esto» según lo expresa Jesucristo indica el cuerpo, que aún no está físicamente presente, no obstante está presente en la mente y en la intención del que habla puesto que ya se le muestra éste como inmediatamente futuro. Luego hay que negar la mayor. Y la menor sin duda debe concederse. Queda claro también así que la proposición de ningún modo es falsa; lo cual sucede en todas las proposiciones prácticas. Y tampoco es tautológica. Pues el cuerpo es considerado en el sujeto en relación a las especies (aquel cuerpo que estará bajo las especies), en cambio en el predicado se considera como es en sí. Así pues de este moda el sentido es el siguiente: Esto, a saber, el cuerpo que estará inmediatamente bajo las especies, ya no es pan (según es generalmente), sino que es mi Cuerpo.

 

TESIS 2. Cristo en la última Cena ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y de vino.

 

19.- Nociones. Ofrecíó: realizó una acción estrictamente sacrificial, esto es, hizo un auténtico sacrificio.

 

Sacrificio: es un acto especial de culto externo, por el que una cosa sensible sufriendo cierto cambio de sí misma es entregada legítimamente a Dios como señal de reconocimiento de Su suprema majestad.

 

Explicación: a) Culto es un testimonio de la excelencia de otro acompañado de sumisión para con él. Religión es la virtud, que inclina al hombre a tributar el culto debido a Dios. Sacrificio, por tanto, es un acto externo y público de la virtud de la religión; y en verdad es el principal acto de esta virtud.

 

b) Se llama externo el acto del culto, por el que se manifiesta mediante algún signo sensible el reconocimiento interno de la excelencia del otro.

 

c) Una cosa es sensible. Los actos del culto externo se llevan a cabo bien mediante acciones (v.gr. una genuflexión, una oración vocal), o bien usando una cosa permanen­te, que se presenta o se entrega (se ofrece) a Dios.

 

d) Sufriendo cierto cambió de si misma. Puesto que la cosa no se entrega a Dios para que comience a estar bajo el dominio de Él mismo, debe hacerse en la cosa misma algo, con lo que se dé a entender que la cosa se consagra a Dios y es separada de los usos profanos. Tal cambio puede ser o meramente consecratorio (cambio a mejor), o destructivo (cambio a peor). Discuten los teólogos si es de esencia del sacrificio el que la acción sea destructiva. Por ahora prescindimos de esto.

 

e) Como señal de reconocimiento. El sacrificio se halla en el género de signo. Ahora bien el signo se forma a base de la unión de dos elementos: de materia y de forma. Materia es la cosa misma que e ofrecida, y la cual se considera o bien en cuanto es anterior a la acción sacrificial (materia remota; v.gr. un animal vivo), o bien en cuanto ha experimentado un cambio mediante la acción sacrificial (materia próxima; v.gr. el animal ya ofrecido en sacrificio). Forma es la acción ponla que se realiza el cambio de la cosa ofrecida. Y la significación de este signo, el cual es el sacrificio, es la manifestación externa de nuestro interno reconocimiento de la excelencia de Dios. Esta significación no conviene a la acción sacrificial por la naturaleza de la cosa; por ello se requiere una institución, que en el orden natural podría realizarla, el hombre, pero. En el orden sobrenatural la realiza Dios mismo. Por ello en la definición decimos «legítimamente».

 

20.- De lo dicho queda manifiesto que el sacrificio se diferencia de:

 

a) la adoración, que es un acto interno del culto;

b) otros actos externos del culto, ya que se realiza mediante alguna cosa permanente.

c) las simples oblaciones, puesto que se lleva a efecto a base de algún cambio de la cosa.

 

Así pues decimos que Jesucristo en la última Cena ofreció al Padre un verdadero sacrificio; o sea, que la acción, por la que Jesucristo convirtió el pan y el vino en Su Cuerpo y en Su Sangre, fue una oblación estrictamente sacrificial. Ahora bien, puesto que no vamos a estudiar en este momento la naturaleza íntima del sacrificio, nos es suficiente mostrar en esta tesis que Cristo realizó en la última Cena una acción, que no es menos sacrificial, que el sacrificio de la Cruz o los sacrificios del Antiguo Testamento; cualquiera que sea en último término la verdadera relación existente entre todos estos sacrificios.

 

21.- Adversarios. Aparte de los autores que hemos citado antes negó el carácter sacrificial de la última Cena Wieland, católico, Según éste, no hay nada en el Nuevo Testamento que dé a entender que se realizó un sacrificio en la última Cena. Las palabras, dice, que parecen exigir-lo han de interpretarse haciendo referencia al sacrificio de la Cruz. La última Cena fue solamente un convite con una acción de gracias en el Cuerpo y en la Sangre de Cris­to realmente presente que tiene en consideración el sacrificio futuro de la Cruz. S. Ireneo, concluye, fue el pri­mero que introdujo la doctrina del sacrificio eucarístico.

 

En el Concilio Tridentino algunos teólogos negaron el carácter sacrificial de la última Cena o dudaron de éste.

 

22.- Doctrina de la Iglesia. Se encuentra principalmente en el Tridentino sess. 22 c.1 (D 938). A fin de que conste suficientemente acerca de la mente del Concilio, presentamos a continuación unos trazos acerca de la historia de esta doctrina en el decreto tridentino.

 

a) Ya en el año 1552, en el examen de los artículos de los herejes, trataron los PP. Conciliares sobre si Jesucristo en la última Cena ofreció un sacrificio, y la mayor parte lo afirmaron, sólo algunos lo negaron. De aquí que en el primer esquema del decreto Cato 1552), se decía: «Nuestro Señor Jesucristo desempeñó también la función de este sacerdocio, cuando Se ofreció en la última Cena a su Padre bajo los signos sensibles de pan y de vino...».

 

b) El tema no quedó ultimado en la segunda congregación del Concilio. Pero el afta 1562 de nuevo fueron reunidos los artículos de los herejes para ser examinados. Una vez estudiados éstos por los teólogos, el día 6 de agosto se presenta un nuevo esquema del decreto, en el cual no se decía nada acerca del carácter sacrificial: «Se ha de afirmar que Nuestro Señor Jesucristo instituyó el (sacrificio de la Misa) cuando en la última Cena al convertir el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre, Se entregó a Sí mismo a los Apóstoles bajo los símbolos de las mismas cosas para ser comido, bebido y ofrecido, y les ordenó con estas palabras: haced esto en memoria mía». En el estudio de este esquema (11-27 de agosto) se suscitó la cuestión acerca del valor sacrificial de la Cena, afirmando este valor sacrificial la mayor parte con mucho de los Padres conciliares, los cuales deseaban que se incluyera en el esquema esta doctrina; muchos de los cuales soste­nían esto, sin entrar en una ulterior declaración acerca del valor propiciatorio del sacrificio de Cristo. Hubo sin embargo algunos que se opusieron y hubo más que deseaban que estudiaran antes este tema los teólogos.

 

c) El día 5 de septiembre se presenta el esquema reformado, en el cual se cumplía el deseo de los PP. Conciliares con estas palabras: «Para mostrarse a Sí mismo constituido para toda la eternidad sacerdote según el orden de Melquisedech y para dejar a su amada esposa la Iglesia un sacrificio visible (según lo pide la naturaleza de los hombres), en el cual estuviera representado el sacrificio cruento que se iba a realizar una sola vez en la Cruz y en el que permaneciera Su recuerdo hasta el fin del mundo y se aplicara el poder salvífico de aquél para remisión de los pecados que cometemos a. diario; en la última Cena, la noche en que iba a ser entregado ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y de vino y los entregó en comida y bebida bajo los símbolos de las mismas cosas a los Apóstoles (a los cuales constituía entonces sacerdotes del Nuevo Testamento)...». El nuevo esquema pareció bien en general, aunque a algunos no les agradaba. De aquí que posteriormente ya sólo se hiciera alguna corrección de estilo.

 

23.- Consta por tanto que la voluntad del Concilio fue enseñar expresamente el carácter sacrificial de la última Cena; y ciertamente definirlo dogmáticamente. Esta voluntad de definición dogmática consta por el arzobispo de Granada, por Salmerón, por el cardenal Hosio, legado. De donde el que los teólogos al instante valoraran como de fe el hecho de que Cristo ofreció un sacrificio en la última Cena, Así Toledo el alío 1565, el cardenal Alano el a. 1574, Tomás de Chaves el año 1575, etc.

 

Valor dogmático. La tesis parece ser de fe divina y católica definida.

 

24.- Prueba de la Sagrada Escritura. Mt 26,26ss; Mc 14,22ss; Lc 22,19ss; 1 Cor 11,23-29; Lc.

 

Prenotando. Las diferencias, que nos conciernen ahora, en estas cuatro narraciones, son éstas:

 

a) En el pan:

Τό ύπερ ύμών διδόμενον ------ (Lc)

Τό ύπερ ύμών --------------------- (1 Cor)

 

Mt-Mc omiten esto.

 

b) En el cáliz:

Τούτο το πτήρίον, ή Ηαι νή διαθήκη (έστίν) έν τώ αίματίμον (Lc – 1 Cor) ; Το ύπερ ύμ ών έκχυννόμενον (Lc); Τούτο έσκιν τό αίμά μου, τής διαθήπης (Mt – Mc); Το περί πολλών εκχυννόμενον είς άφεσιν αμαρτιών (Mt); Το έκΧυννόμενον ύπερ πολλών (Mc).

 

No existe ninguna duda seria sobre la autenticidad de t das estas expresiones.

 

25.- Argumento. En estos abundantes textos se habla de un verdadero sacrificio; es así que se habla no sólo del sacrificio que iba a tener lugar en la Cruz, sino del sacrificio que en ese momento se está realizando; luego estas narraciones enseñan que Cristo ofreció en la última Cena un verdadero sacrificio.

 

La mayor. a) El Cuerpo no sólo se entrega a los Apóstoles, sino que se entrega por (ύπερ) los Apóstoles; la Sangre se derrama por (ύπερ, περί) ellos, por muchos; es así que este modo de hablar indica un verdadero sacrificio; luego... Y para esta última menor véanse los textos Rom 8,32; Tit 2,14; Gal 2,20; los cuales coinciden con Mt 20,28; Mc 10,45; 1 Tim 2,6; y con Rom 5,8; 1 Tesal 5,10; Gal 3,13; 2 Cor 5,14.15.21.

 

b) La Sangre de Cristo es derramada «para remisión de los pecados»; lo cual significa igualmente acción sacrificial. Cf. Rom 345; Hebr 13,12; 9,11-14.

 

c) La unión de este derramamiento de Sangre con la nueva alianza indica también sacrificio. Lo cual se ve sobre todo comparándolo con Ex 24,8; cf. Hebr 9,15-22.

 

La menor. a) διδόμενον, επχυννόμενον son participios de presente, los cuales no se usan para indicar una acción futura; sobre todo cuando el verbo del que dependen está también en presente (έστίν).

 

b) Si el participio επχυννόμενον, (Lc) , según piensan algunos, hay que unirlo con ποτήριν, no con αίματι , el argumento en favor del carácter sacrificial de la última Cena resulta más fuerte; en efecto, de este modo se designaría de un modo más claro el derramamiento de sangre, en cuanto que contenida en el cáliz. Sin embargo esto es dudoso, ya que puede efectuarse la unión de ποτήριον de otro modo, incluso bajo el punto de vista gramatical.

 

N. B. Parece que no puede argumentarse de un modo totalmente apodíctico basándose exclusivamente en las palabras de la Escritura.

 

26.- Prueba de la tradición. a) Los Santos Padres dicen que Jesucristo Se inmoló a Sí mismo en la última Cena: Hesiquio de Jerusalén, Eutiquio de Constantinopla; b) que Se ofreció a Sí mismo: S. Cipriano (R 581), Frocopio; c) que nos enseñó cómo deberíamos hacer el sacrificio: S. Ireneo (R 232), S. León Magno, S. Isidoro; d) que ofreció el sacrificio según Melquisedech: S. Cirpriano (R 581), Eusebio de Cesarea (R 671), S. Jerónimo (R 1390), Teodore­to de Ciro, Arnobio; e) que completó la figura del sacri­ficio del cordero pascual: S. Gregorio Niseno (R 1063), Teófilo Alejandrino.

 

Esta antífona transmite el pensamiento de la liturgia: «Nuestro Señor Jesucristo, Sacerdote para siempre según orden de Melquisedech ofreció el pan y el vino».

 

27.- Objeciones. 1. S. Pablo dice que Cristo se ofreció una sola vez (Hebr 7,27); es así que esto sucedió en la Cruz; luego no se ofreció en la Cena.

 

Respuesta. Dist. la may. Jesucristo Se ofreció una sola vez con oblación cruenta y perfecta, conc. la may; también con oblación incruenta que guardaría relación esencial con la cruenta, niego la mayo. Y contradist. la men. En la Cruz se llevó a cabo cualquier clase de oblación de Cristo, niego la men. Se llevó a cabo una oblación incruenta que guarda una relación esencial con la oblación cruenta, conc. la men.

 

2. S. Pablo dice que Cristo con una sola oblación perfeccionó para siempre a los santificados (Hebr 10,14); es así que ésta fue la oblación de la Cruz; luego en la Cena no hubo oblación santificadora de los hombres.

 

Respuesta. Dist. la mayo.: que Cristo perfeccionó para siempre a los santificados con una sola oblación cruenta y perfecta, conc. la may. con una oblación bien cruenta bien incruenta, y bien perfecta o bien con una oblación que guarda relación con la perfecta, nieg. la may. Contradist. la men. La oblación de la Cruz fue una oblación cruenta y perfecta, conc. la men. fue una oblación incruenta que guarda una relación esencial con la oblación cruenta, nieg. la men.

 

3. Si en la última Cena Cristo realizó un sacrificio en favor de nosotros, luego ya había sido llevada a cabo la redención antes del sacrificio de la Cruz; es así que esto no es verdad; luego Cristo en la última Cena no realizó un sacrificio.

 

Respuesta: Dist. la may. Si Jesucristo hubiese realizado un sacrificio plenamente independiente del sacrificio de la Cruz, conc. la mayo. si realizó un sacrificio que guarda relación esencial con el sacrificio de la Cruz, subdist.: ya había sido llevada a cabo la redención de modo incoativo conc. la may. de modo perfecto, niego la mayor. Contradist. la men. Es falso que antes del sacrificio de la Cruz se. llevó a cabo la redención de modo incoativo niego la men.; que se llevó a cabo la redención de modo perfecto, concedo la men. Igualmente dist. la, consec. Cristo en la última Cena no realizó un sacrificio plenamente independiente del sacrificio de la Cruz, cono. la consec. no realizó un sacrificio que guarda relación esen­cial con el sacrificio de la Cruz, niego la consec.

 

28.- Escolio. 1. Del carácter pascual de la última Cena. Se pregunta si la Cena celebrada por Cristo con los Apóstoles, en la cual instituyó la Eucaristía, fue en realidad la Cena pascual. Esto lo han negado muchos racionalistas y también muchos católicos. Según los cuales sólo fue una cena fraterna, que se celebraba la vigilia de la fiesta con un especial rito de santificación (qiddoush), bendiciendo no sólo el pan y el vino, como siempre, sino también un segundo cáliz y añadiendo preces especiales.

 

Hay que distinguir aquí dos cosas. La primera es, a ver si la Cena de Cristo fue de hecho la cena pascual: la otra es, cuándo se celebró. Esta segunda cuestión referida al tiempo no hay por qué tratarla aquí. En la primera la cuestión debemos afirmar absolutamente que la Cena del Señor fue en realidad la cena pascual. Los discípulos prepararon la cena pascual por mandato de Cristo (Mt 26,17ss; Mc 14,12-16; Lc 22, 7-13), lo cual celebró Jesús con ellos (Mt 26,20; Mc 14,17; Lc 22,14), expresando su deseo de ce­lebrarla (Lc 22,15). S. Pablo indica esto mismo de un modo suficiente, ya que por una parte dice que la última Cena sucedió en la noche en que Cristo iba a ser entregado (1 Cor 11,23) y por otra parte llama a Cristo «nuestra Pascua» (1 Cor 5,7). En este sentido se expresa también el Con. Tridentino en la sess. 22 cp.1d: «celebrada la anti­gua Pascua..., instituye la nueva Pascua» (D 938).

 

29.- Escolio 2.De la plenitud del sacrificio de la última Cena. Es claro que se da una cierta relación esencial entre el sacrificio de la Cena y el sacrificio de la Cruz. Sin embargo esta relación ha sido expuesta por algunos teólogos de tal modo que ambos sacrificios sólo formen un único sacrificio pleno, esto es, formado a base de la unión de ambos sacrificios. Así piensan P. de la Taille y los que le siguen en su criterio acerca de la esencia del sacrificio de la Misa. Según éstos el sacrificio está constituido propiamente de dos elementos: la oblación y la inmolación. Y no basta para determinar el estado de la víc­tima ni la sola oblación ni la sola inmolación sino que se requieren ambas. Ahora bien, la oblación que se requiere, no es cualquier clase de oblación, sino la oblación ritual, esto es, manifestada sensible y externamente. En la Cruz se da evidentemente la inmolación de la víctima; pero en ella de ningún modo aparece la oblación ritual.

 

Esta oblación ritual tuvo lugar en la última Cena. La Cena, por tanto, por sí sola no es sacrificio; sino sólo en cuanto su oblación se consuma por la inmolación de la Cruz. Así pues, se da una unidad numérica en el sacrificio del Señor; el cual sacrificio se ofrece en verdad de un modo litúrgico en la última Cena y se continúa durante toda la pasión hasta la muerte en la Cruz.

 

Esta teoría salva el carácter sacrificial de la última Cena y por tanto está dentro de la ortodoxia católica. Sin embargo es menos acorde con la doctrina del Con. Tridenti­no sess. 22 cp.1 (D 938): «Si bien Jesucristo Se iba a ofrecer a Dios Padre muriendo una sola vez en el arca de la Cruz... en la última Cena.., ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y de vino.»

 

TESIS 3. Jesucristo en la última Cena dio a los Apóstoles y a los sucesores de éstos el mandato y el poder de consagrar, de ofrecer y de administrar su Cuerpo y su Sangre, igual que lo había hecho El mismo.

 

30.- Nexo. Hemos probado en las tesis anteriores que Jesucristo convirtió en la última Cena el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre, y que dio su Cuerpo y su Sangre a los Apóstoles en comida y en bebida y que al mismo tiempo con esta misma acción ofreció. a su Padre el sacrificio verdadero y auténtico de su propio Cuerpo y de su propia Sangre bajo las especies de pan y de vino. Ahora añadimos que Jesucristo quiso y mandó que se realizara en la Iglesia de modo permanente estas tres cosas. De donde se sigue como consecuencia evidente la institución divina del misterio eucarístico en la Iglesia.

 

31.- Nociones. MANDATO. Jesucristo ordenó inmediata y directamente a los Apóstoles, que realizaran también ellos perpetuamente estas mismas cosas que había hecho El mismo. Por consiguiente, instituía de este modo un nuevo sacrificio, cuya materia próxima sería su propio Cuerpo y su propia Sangre bajo las especies de pan y de vino y que guardaría una relación esencial con el sacrificio de la Cruz.

 

PODER. Puesto que no puede darse sacrificio sin sacerdote, instituía al mismo tiempo un nuevo sacerdocio y constituía como sacerdotes a los Apóstoles. El poder de éstos se extendería no sólo en orden a ofrecer el sacrificio, sino también a transubstanciar el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo; en efecto, esto era necesario para que pudiera ofrecerse el sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y de vino, según lo había instituido El mismo. Por último, el poder de los Apóstoles y de sus sucesores se extendería también a dar a los fieles el Cuerpo y la Sangre del Señor en comida y en bebida, como consecuencia de este sacrificio.

 

De aquí se sigue que Jesucristo instituyó inmediatamente en la última Cena el misterio de la Eucaristía como sacrificio y como sacramento.

 

32.- Adversarios. Todos los anteriormente citados, de forma especial los que niegan que Jesucristo quiso que se realizara perpetuamente en la Iglesia la repetición de la última Cena; o, lo que es lo mismo, ……………………………     

 

33.- Doctrina de la Iglesia. ......................................................................................

anatema". De forma semejante la sesión 23 c.1 CD 957) y el cn. 1 CD 961); sesión 13 c. l (D 874) y el c. 2 (D 875). En estas palabras se indica:

 

a) que Cristo instituyó la Eucaristía en la última Cena como sacrificio <sesiones 22 y 23) y como sacramento (sesión 13);

 

b) que esto está contenida en las palabras: haced esto en memoria mía (sesión 22). Tengamos en cuenta, no obstante, que los Padres Tridentinos en la preparación de esta sesión 22 habían visto con más claridad el que Cristo instituyó en la Cena la Eucaristía como verdadero sacrificio, que el que El mismo hizo un sacrificio verdaderamente en la Cena.

 

Valor dogmático. De fe divina y católica definida.

 

34.- Prueba de la sagrada Escritura. 1 Cor 11,24s; Lc 22,19.

 

PRENOTANDO. Las palabras que contienen el .mandato de repetir perpetuamente el misterio eucarístico, se encuentran solamente en 1 Cor y en Lc y en verdad con estas palabras:

 

a) En el pan:.............................................................................(1 Cor-Lc).

b) En el cáliz:……………………………………………………(1 Cor).

La autenticidad de estas palabras la niegan muchos racionalistas; sin embargo no hay ninguna razón objetiva para poderlas negar.

 

35.- ARGUMENTO. Jesucristo manda a los Apóstoles que hagan en memoria de El lo mismo que había hecho El en la última Cena; es así que El había consagrado el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre, había ofrecido el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre bajo las especies de pan y de vino y había dado a los Apóstoles su Cuerpo y su Sangre en comida y en bebida bajo las mismas especies; luego Cristo manda a los Apóstoles que se hagan estas tres cosas perpetuamente en memoria de El.

 

La mayor. a) …………… significa todo lo que antecede, tanto palabras como acciones significa "memorial", esto es, aquello por lo que alguien renueva con afecto la memoria de alguna cosa o de alguna persona.

 

b) Así entiende estas palabras San Pablo en los versículos 26-29. Ahora bien, cuando refiere esto, no descubre una teoría propia, sino -que afirma expresamente que esta doctrina era conocida en la predicación cristiana ("lo que yo os he transmitido", vers.23) y que procedía de Cristo mismo ("pues yo lo he recibido del Sefíor", vers.23), de cualquier modo que se entienda en último término esta expresión final.

 

c) La Iglesia ha definido que es éste el verdadero sentido de estas palabras (D 949). Por consiguiente no queda al libre albedrío de los teólogos el afirmar o negar esto.

 

36.- Prueba de la tradición. a) Testimonios litúrgicos. Reviste solemnidad en las liturgias el establecer una conexión histórica entre la celebración de la última Cena y la existencia del misterio eucarístico en la Iglesia. He aquí algunos ejemplos:

 

El Misal Romano: "Te rogamos, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios, que Jesucristo mismo, el cual ordenó a Sus discípulos con esta tradición propia del día de hoy que hicieran esto en memoria de El, haga que te sea grato nuestro sacrificio..." "Así pues esta oblación..., que te ofrecemos con motivo del día, en el que nuestro Señor Jesucristo entregó a Sus discípulos los misterios de su Cuerpo y de su Sangre para ser celebrados..."

 

El Sacramentario Gelasiano: trae estas dos oraciones.

 

El Sacramentario Gregoriano: también tiene ambas oraciones.

 

La Liturgia Mozárabe antigua: "Estos sacramentos, que instituyó hoy el que iba a aparecer, no os los otorgue cuando vayáis a recibirlos para juicio sino para salud..." El Libro Mozárabe de los Sacramentos: "Con aquella inefable piedad, con la que en otro tiempo, habiendo celebrado con tus discípulos la Cena la noche de tu Pasión, al bendecir y partir el pan, diste a los discípulos para celebrar a través de los tiempos y para comer los sacramentos de tu Cuerpo en memoria de Ti, santifica con la misma bendición que entonces, estos panes de las proposiciones que se encuentran sobre la mesa sacratísima..."

 

Misal Francés Antiguo: "Así pues esta oblación, que Te ofrecemos con motivo del día del ayuno de la Cena del Señor, en la que nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, instituyó el rito de ofrecer el sacrificio en el Nuevo Testamento, al transformar en el sacramento de Su Cuerpo y de Su Sangre el pan y el vino (que había ofrecido como sacerdote Melquisedec en la prefiguración del futuro misterio)…

 

Oraciones semejantes a éstas encontramos en las liturgias orientales.

 

37.- b) Testimonios de los Santos Padres. Los encontramos ya desde el comienzo de la edad patrística. Así S. JUSTINO encuentra el origen de nuestra Eucaristía en el hecho de que "los Apóstoles en sus comentarios, que se llaman evangelios, nos transmitieron que Jesús se lo había ordenado así: a saber, que El, tomando el pan, habiendo dado gracias, dijo: "Haced esto en memoria mía" (R 128; véase también R 135). S. IRENEO dice que Cristo en la última Cena enseñó la nueva oblación, "que la Iglesia habiéndola recibido de los Apóstoles la ofrece a Dios en el mundo entero" (R 232d). Según TERTULIANO, el sacramento de la Eucaristía es "el mandato del Señor" (R 367). San CIPRIANO sostiene que Cristo Se ofreció a Sí mismo en sacrificio al Padre y ordenó que se hiciera esto en memoria de El (R 584), de donde deduce que es lo que debe hacer el sacerdote. ADAMANCIO, según la doctrina conocida y admitida por todos, arguye así: "Pero si Cristo, según dicen ellos, no tenía carne ni sangre, ¿de qué carne en último término o de qué cuerpo o de qué sangre dio como imágenes el pan y el cáliz y ordenó a sus discípulos que se acordaran de El mediante estas cosas?".

 

Desde el siglo IV al V pueden citarse muchísimos. Así EUSEBIO DE CESAREA enseña: "Y después de todas las cosas, habiendo sacrificado a manera de una víctima admirable y habiendo hecho a Su Padre un sacrificio excelente, lo ofreció en favor de nuestra salvación y la de todos los hombres e instituyó la memoria de esta acción, a fin de que nosotros mismos la ofreciéramos como sacrificio a Dios". S. EFREM explica las palabras de Cristo: "Cuando os congreguéis en mi nombre en la Iglesia en cualquier lugar, haced lo que yo hice.. en memoria mía: comed mi Cuerpo y bebed mi Sangre, testamento nuevo y antiguo" <R 708). S. AMBROSIO dice "que no es propio de un don humano sino divino el sacramento que recibimos, creado por Aquél, que bendijo al padre de la fe, Abraham". S. JERONIMO, después de decir a Cristo: "Así como Melquisedec, rey de de Salem, ofreció el pan y el vino, así también Tú, ofrecerás Tu Cuerpo y Tu Sangre, verdadero y verdadero vino", añade: "Este Melquisedec nos dio estos misterios, que poseemos". Según S, CRISTOSTOMO, la oblación "es la misma que Cristo dio a Sus discípulos y que ahora realizan los sacerdotes" (R 1207). Para S. CIRILO DE ALEJANDRIA la acción de Cristo en la Cena nos muestra "la figura de aquella oración, que deberíamos expresar cuantas veces fuéramos a ofrecer la gracia del don místico y vivificante, lo cual solemos hacer en realidad TEODORETO DE CIRO dice "que nosotros no ofrecemos otro sacrificio, sino que realizamos la memoria de aquel único y saludable sacrificio; pues esto ordenó el Señor mismo", Según S. LEON MAGNO, "al tratarse en el atrio de Caifás sobre el modo como podría matarse a Cristo, El, ordenando el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, enseñaba qué víctima debería ser ofrecida a Dios".

 

De donde tanto por el testimonio de las antiguas liturgias, como por las palabras de los Padres más antiguos consta que en la Iglesia existió la persuasión de que Cristo instituyó en la última Cena el misterio eucarístico; y lo instituyó precisamente en virtud de las palabras con las que ordenó: haced esto en memoria mía.

 

38.- Corolario. En virtud del mandato anterior de Cristo queda claro ya "a priori" que nunca pudo faltar en la Iglesia la Eucaristía, Pues este mandato en el que se instituía el sacrificio y el sacerdocio en la Iglesia de Cristo, pertenecía sin duda a los constitutivos esenciales -de la nueva sociedad religiosa fundada por Cristo. Ahora bien, estos constitutivos deben permanecer perpetuamente sin cambios. De aquí que, para los teólogos, ya consta suficientemente el origen divino de la Eucaristía en contra de la opinión de racionalistas y modernistas. Veremos después en el escolio que esto puede probarse también históricamente.

 

39.- Escolio. Sobre la celebración de la Eucaristía en la primitiva comunidad cristiana, Entre las palabras de Cristo que manda celebrar el misterio eucarístico en memoria de El y la persuasión general de los Santos Padres y de las liturgias de que ellos cumplían el mandato divino en la celebración de la sagrada Eucaristía, se dan testimonios inmediatos, por las que consta históricamente que la sagrada Eucaristía se celebró de hecho ya desde el principio en las comunidades cristianas. Ahora mostraremos esto.

 

a) Hechos. Se celebra la Eucaristía en Jerusalem: Act 2,42-47. "La fracción del pan" (vers, 42) parece que significa la Eucaristía. Se dice que los cristianos (se ejercitaban asiduamente) en estas cosas, por las que se distinguen de los demás: predicar la doctrina de los Apóstoles, conservar la unión fraterna, participar en la Eucaristía, la cual consuma aquella unión, y recitar unas determinadas preces, Se ve menos claro el que. "la fracción del pan"` del versículo 46 también se refiera a la Eucaristía; en efecto, aquella sola-.fórmula. no es suficiente. Pues si se tratara también en el vers. 46 de la Eucaristía, aparecería ya ésta en conexión con los ágapes, como después de hecho apareció.

 

Se celebra también en en Tróade hacia el ato 58: Act 20,7-11. El domingo los discípulos se reúnen (hay ), y esta reunión es en verdad para celebrar la "fracción del pan". Los Actos, que se conmemoran, son: la predicación apostólica, la fracción del pan, la comunión.

 

Se celebra en Corinto: d 1 Cor 11,17-34; 10,16-22. S. Pablo habla de "la cena dominical". Esta, con justicia o sin ella, constaba entre los Corintios del ágape y de la Eucaristía. Hemos visto en las tesis anteriores, al examinar el texto de la epístola a los corintios, que en Corinto se celebraba la Eucaristía. Por lo demás S. Pablo designa expresamente la conexión histórica con la última Cena y la institución de la Eucaristía, mediante el mandato del Señor.

 

40.- Se celebra en Siria hacia los años 100-150: Didaché c.9. 10.14s (R 6-9). Estos capítulos deben entenderse de una sola y misma cosa, de tal modo que en el c.14s se hable de la obligación de celebrar la Eucaristía.y en. el c.9s del modo litúrgico de realizar esto. En el c.14 se nombran la     la fracción del pan y la acción de gracias; en las cuales se realiza el sacrificio puro, que exige por tanto una preparación interna del alma. Estas las realizan los encargados de la liturgia. Acerca de la misma fracción del pan se habla en el c.9, El conjunto de estos ritos se llama "Eucaristía"; con este vocablo se designa también lo que allí se come y se bebe (c, 9), y que es santo. Evidentemente se trata de la comida y de la bebida del sacrificio. Las fórmulas de los c.9s parece que se refieren a la comunidad, no a los encargados de la liturgia; de aquí la omisión de la consagración. En todo esto aparece no solo la permanencia de la sagrada Eucaristía en la Iglesia, sino también su carácter sacrificial.

 

Se celebra en el Asia Menor hacia el año 110; S. Ignacio en la epístola a los Efesios 20,2 (R 43), a los Tralianos 2,3 (R 48), a los de Filadelfia 4 (R 56), a los de Esmirna 7,1 y 8,1s (R 64s). Los cristianos se reúnen para celebrar la Eucaristía, lo cual también recibe el nombre de celebración del ágape, En esta Eucaristía se da el pan y el cáliz. En hacia "la fracción del pan" con las preces. Y la Eucaristía misma es la Carne y la Sangre de Cristo. Se celebra por encargados especiales de la liturgia (entre los que diáconos son llamados ministros de los misterios); y en verdad se celebra sobre el altar, como verdadero sacrificio. El efecto de la Eucaristía es la santificación del alma.

 

Se celebra en común por los cristianos a mediados del siglo II: S. Justino en la 1 Apología 65s (R 128s) y en el Diálogo con Trifón 41 (R 135). La descripción de la cena eucarística es clara, incluso con la inserción de las palabras de la institución y el mandato de la repetición. El elemento sacrificial aparece en el Diálogo con Trifón.

 

Por consiguiente, los elementos de la Eucaristía que hemos visto fueron instituidos por Jesucristo como esenciales, estos mismos aparecen históricamente ya desde el principio.

 

41.- b) Modo de la celebración. El rito, según está claro, no fue uno solo desde el principio en todas las iglesias. Aquí debemos recordar especialmente la cuestión acerca de los ágapes.

 

A saber, se pregunta si se celebraría la Eucaristía en la cena, esto es antes o después del ágape, como Jesucristo haba hecho en la Cena pascual.

 

Parece que esto debe afirmarse de la primitiva comunidad de Jerusalem (Act 2,42-46), pero se niega con más razón acerca de la celebración de la Eucaristía en Tróade por el Apóstol (Act 20,7-11). Sin embargo debe afirmarse enteramente acerca de la iglesia de Corinto (1 Cor 11). No obstante todavía se cuestiona por lo que se refiere a la iglesia de Corinto, si esto se hacía en aquella iglesia según derecho o cometiendo algún abuso que S. Pablo condena en la epístola. Estas dos teorías las defienden los católicos. Parece más probable la primera explicación, según la cual el abuso condenado por el Apóstol no era la celebración de la Eucaristía en el ágape, sino él modo desordenado introducido poco a poco por los Corintios.

 

CAPITULO II

DE LA PROMESA DE LA EUCARISTÍA

 

42.- Con la cuestión acerca de los orígenes de la Eucaristía está conexionada íntimamente la promesa de ella hecha por Dios. Ciertamente podemos considerar esta promesa tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; y en verdad bien en las palabras expresas o bien en los símbolos y figuras. Pero puesto que esta materia es enormemente abundante, solamente veremos aquellos datos que parecen de mayor importancia.

 

TESIS 4. Jesucristo en el sermón del pan de vida prometió lo que cumplió en la Cena dando a los Apóstoles su Cuerpo y su Sangre.

 

43.- Nociones. SERMÓN DEL PAN DE VIDA, a saber Jn 6,22-71. PROMETIO LO QUE CUMPLIÓ EN LA CENA, a saber, que El daría Su propio Cuerpo en comida y Su propia Sangre en bebida; sin embargo no decimos que Cristo en aquella promesa hubiera dicho expresamente todas las cosas que de hecho realizó en la última Cena. Y así no sólo no dijo nada sobre el sacrificio, sino que tampoco habló acerca del modo como daría Su Carne en comida, bajo las especies, etc.

 

Por tanto afirmamos que las palabras de Cristo en Jn 6, en las que habla de Su Carne que había de ser comida y de Su Sangre que había de ser bebida en tiempo posterior, deben entenderse en sentido propio, no en sentido metafórico. Sería sentido metafórico, si esta comida se entendiera de poseer a Cristo dentro de nosotros por la fe en El, lo cual suele recibir el nombre de comida espiritual.

 

44.- Adversarios. Los protestantes, según los cuales Cristo. Se llama a Sí mismo pan vivo sólo en sentido metafórico, y dicen también que en todo aquel sermón habla solamente de una comida espiritual.

 

Muchos Padres Tridentinos decían expresiones semejantes por motivaciones de índole polémica. A saber, para responder fácilmente a los herejes usitas, los cuales pretendían probar en virtud de este sermón la necesidad de la comunión bajo las dos especies.

 

También algunos teólogos, incluso después del Concilio Tridentino, a partir del cual esta explicación desapareció cada día más entre los católicos.

 

45.- Doctrina de la Iglesia. 1, El Concilio Tridentino en la sesión 21 c.1 (D 930). Acerca de la historia de este texto téngase en cuenta que en el concilio hubo una gran variedad al exponer este capítulo 6 de S. Juan. Sin embargo en realidad la mayor parte de los teólogos entendían este capítulo o bien solamente acerca de la comida sacramental, o bien acerca de la espiritual y la sacramental al mismo tiempo. En el primer esquema del decreto se decía: "Pero ni siquiera aquellas palabras del Señor: Si no comiéreis..., deben entenderse de forma que se ordene a los laicos mismos la comunión bajo ambas especies. Pues aunque, siguiendo a muchos Padres Griegos y Latinos, haya que conceder que las palabras de aquel capítulo se refieren al sacramento de la Eucaristía, sin embargo no puede deducirse de las palabras citadas que el Señor haya mandado comer el pan y beber el cáliz..." A muchos padres conciliares les pareció que esto había sido dicho demasiado categóricamete. De aquí que en el segundo esquema se decía: "Pero tampoco de aquel sermón del Señor que encontramos en el capítulo 6 de S. Juan se infiere rectamente que el Señor haya preceptuado la comunión bajo las dos especies.

 

En efecto  (trozo de cinta estropeado por el dictáfono) "De donde en la forma definitiva se afiadió : "Como quiera que sea según las distintas..." El Concilio por tanto no dice nada acerca del sentido de las palabras del capítulo 6 .de S. Juan; solamente declara que en cualquier hipótesis, incluso si se admite el sentido eucarístico y real, no puede concluirse de aquellas palabras la institución divina de la comunión bajo las dos especies,

 

2. LEON XIII en la Encíclica "Mirae caritatis" enseñó de modo manifiesto el sentido eucarístico del capítulo 6 de S. Juan.

 

Valor teológico. Común y cierta.

 

46.- Se prueba por las palabras mismas. PRENOTANDO. Dos son las principales interpretaciones de los católicos. Según algunos el sermón entero se divide en dos partes; la primera de las cuales (35-47) trata acerca de la comida espiritual por medio de la fe, y la segunda (48-60) acerca de la comida real y eucarística, esto es sacramental. Según otros el sermón entero trata acerca de la Eucaristía en sentido propio. Esta cuestión no plantea acerca del sentido eucarístico del capítulo 6 (el cual todos lo admiten), sino sobre la unidad literaria de éste. Por lo que se refiere a nuestra argumentación esta unidad es indiferente, ya que nos es suficiente el que se mantenga el sentido eucarístico en la segunda parte. Sin embargo se recomienda absolutamente la unidad literaria del sermón entero. Lo cual se muestra ciertamente del siguiente modo:

 

a) Cristo quiere dar un pan mucho mejor que el pan que El mismo ha multiplicado; para entender esta comida excelente en grado sumo se requiere una gran fe (vers. 26-29).

 

b) Al oír hablar de este alimento admirable, los judíos piensan en otra comida maravillosa que les había sido dada por Moisés, gran profeta, Y esta alusión al maná la aprovecha Jesús para llevar a los judíos al conocimiento del nueva pan. Pues será como el maná dado por Moisés; pero mucho más excelente. El maná era una comida celestial y era una comida vivificante; ambas cosas tendrá Su pan de una forma más excelsa (vers. 30-34).

 

c) En primer lugar será auténticamente celestial, esto es bajado del cielo, no como el maná. De este modo se señala el origen divino de Cristo (puesto que el pan prometido es El mismo); el cual, origen debe ser creído absolutamente aunque les parezca esto difícil a los judíos (vers. 35-47).

 

d) Será además verdaderamente vivificante; no como el maná. De este modo se indica el efecto resultante de la comida de este pan; el cual es en realidad la Carne de Cristo mismo; que debe ser comida absolutamente, aunque les parezca esto imposible a los judíos (vers. 48-60).

 

47.- ARGUMENTO. Cristo promete que El dará un alimento (vers. 27), un pan (vers. 52), el cual es El mismo (vers. 33.35,48.52), Su Carne (vers. 52), más aún es alimento y es bebida, a saber Su Carne para ser comida y Su Sangre para ser bebida (vers. 54-59); es así que esto debe entenderse en sentido real y físico; luego Cristo promete que El dará Su propio Cuerpo verdadera y realmente en comida y Su propia Sangre verdadera y realmente en bebida; es así que de nuevo en la última Cena dio verdaderamente Su Cuerpo en comida y verdaderamente Su Sangre en bebida; luego Cristo en el sermón de la vida promete lo que cumplió en la última Cena.

 

La menor. a) No en sentido metafórico. La expresión "comer la carne de alguien" o "comer a alguien" tiene a veces en la Escritura el sentido de causar la ruina o de oprimir a alguien (Job 31,31); ahora bien este único sentido tropológico es totalmente imposible en el contexto.

 

b) No en sentido espiritual simbólico. La fe que se exige en el contexto mismo (vers. 35-47), es distinta de la acción de comer la carne y de la acción de beber la sangre: aquélla debe testimoniarse ya ahora (vers. 29.36-65), éstas se realizarán después (vers. 27. 52); aquélla la otorga Dios (vers. 37s.44.45.66), éstas las dará Cristo, mismo (vers. 27.52). Por otra parte si se tratara de la fe, diría ahora con palabras más obscuras lo mismo que ya había explicado antes con más claridad.

 

c) El sentido real y físico lo exigen las palabras mismas (vers. 56), este sentido lo exige también la comparación con el maná; así es entendido por los judíos que escuchaban a Jesucristo, los cuales por esto mismo discutían entre sí (vers. 53.61), sin que Jesús corrigiera el sentido, sino que lo confirmaba con palabras cargadas de expresión (vers. 62s), el cual en otras ocasiones corregía el sentido falso que habían dado los oyentes indicando el sentido correcto (véase Jn 3,3-13; 4,32ss; 8,32-36).

 

48.- Prueba de la tradición, a) Por las Santos Padres. Los Padres, al hablar de la sagrada Eucaristía, usan de palabras y expresiones tomadas del c.6 de S. Juan, texto al que aluden evidentemente en sus palabras. Así S. IGNACIO (R 64, 43), S. IRENEO (R 234), CLEMENTE ALEJANDRINO (R 408) entre los más antiguos. Además los Padres entienden expresamente el c.6 de S. Juan referido a la Eucaristía. Así ORIGENES (R 491), S. ATANASIO, S. CIRILO DE JERUSALEM, S. BASILIO (R 916), S. GREGORIO NICENO, S. JUAN CRISOSTOMO, S. CIRILO DE ALEJANDRIA (R 2131), ANASTASIO SINAITA, PEDRO DE LAODICEA, S. JUAN DAMASCENO, entre los griegos; TERTULIANO, S. CIPRIANO (R 559), S. HILARIO (R 870), S. AMBROSIO (R 1270), S. GAUDENCIO BRICIENSE, S. JERONIMO, S. LEON MAGNO (R 2214), S. MAXIMO DE TURIN, S. ISIDORO DE SEVILLA, entre los latinos.

 

b) Por el uso de los Concilios. En el Concilio II de Nicea, para probar la realidad del Cuerpo de Cristo en la sagrada Eucaristía, se adujeron las palabras de Jn 6,54s .juntamente con las palabras de la institución. Un uso semejante encontramos en el Concilio IV de Letrán