CAPITULO II
DEL SACRIFICIO EUCARÍSTICO
146.- Habiendo dejado sentado el fundamento necesario de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, la cual se realiza en la Iglesia a manera de la acción llevada a cabo por Jesucristo en la última Cena y por mandato de El, vamos a estudiar la índole sacrificial de nuestra, Eucaristía. Esta se da en verdad por la misma institución de Jesucristo, que realiza en la última Cena esto mismo y ordena que se haga en Su memoria. Mas ahora debemos estudiar con más amplitud su realidad, su esencia, su fin, teniendo siempre a la vista lo que nos enseña la Iglesia. A saber:
a) Nuestra Eucaristía es sacrificio verdadero y propio.
b) Sin embargo es un sacrificio especial, de cuya esencia es el representar y el perpetuar el sacrificio de la Cruz. De aquí resulta una expresa unión y en cierto modo una unidad del sacrificio eucarístico con el sacrificio de la Cruz.
c) Y en verdad en ambos sacrificios la víctima es la misma y el oferente es el mismo.
d) Solamente es distinto el modo de ofrecerlo, esto es la acción sacrificial.
e) Por último son también idénticos los fines de ambos sacrificios.
Así pues todo esto tenemos que estudiarlo ahora por partes.
De la verdad del sacrificio eucarístico
TESIS 11. En la Misa se ofrece a Dios un sacrificio verdadero y propio.
147.- Nociones. La. MISA es aquella acción sagrada, en la cual en medio de muchas preces y ceremonias se realiza la Eucaristía mediante la transubstanciación. Así describimos la Misa siguiendo a Belarmino. Pues no podemos dar por ahora su definición esencial.
Por consiguiente decimos que en la Misa SE OFRECE UN SACRIFICIO, esto es, que en aquel. conjunto litúrgico se da alguno o algunos elementos (lo cual ciertamente no lo concretamos ahora), en los cuales se verifica la noción de sacrificio.
El vocablo Misa, referido a las ceremonias eucarísticas, designó primeramente el hecho de irse los fieles después de terminar la ceremonia, añadida la bendición. Después designó el oficio mismo de la Eucaristía. Muchos otros nombres se han usado para designar esto mismo, como fracción del pan, colecta, dominical, acción.
148.- Entretanto entendemos por SACRIFICIO el acto del culto externo que debe llamarse con la misma verdad y propiedad «sacrificio», así como los sacrificios del Antiguo Testamento y el sacrificio de la Cruz.
VERDADERO Y PROPIO, esto es, no sólo metafórico.
149.- Adversarios. Los petrobrusianos, llamados así por PEDRO DE BRUIS, en los últimos decenios del siglo XII, negaron que en la Iglesia se ofrece verdaderamente el sacrificio del Cuerpo y de la Sangre del Sellar; diciendo que este sacrificio no era absolutamente nada y que no debía ofrecerse a Dios.
VICLEFF se dice que sostuvo: «no está fundado en el Evangelio el que Cristo haya ordenado la Misa» (D 585).
Los protestantes, para los cuales la Misa no es un sacrificio ofrecido a Dios, sino sólo un beneficio recibido de Dios (un testamento). Así se expresaba ya Lutero. Según los protestantes no se da ningún sacrificio propiciatorio a excepción de la muerte de Jesucristo. Cuando los Padres hablan del sacrificio en la Eucaristía, siguen diciendo los protestantes, ha de entenderse de un sacrificio de alabanza, a saber, de una acción de gracias. Así se expresaba MELANCHTON. En general los reformistas atacaron mucho a la Misa.
Niegan también el carácter sacrificial de la Misa todos aquellos racionalistas, de los cuales hemos tratado antes en los números 5 al 8.
150.- F. WIELAND pretendió encontrar poco más o menos estos estadios en el desarrollo del carácter sacrificial de nuestra Eucaristía:
a) Antes de la mitad del siglo II la celebración de la Eucaristía, dice él, no era más que un convite eucarístico. Ahora bien se llamaba sacrificio en sentido lato, en cuanto que por la acción de gracias Jesucristo se hacía presente con relación al sacrificio de la Cruz; pues se realizaba en memoria Suya. Por consiguiente no se ofrecía nada propiamente a Dios, sino que se recibía un don de Dios.
b) Hacia la mitad del siglo II poco a poco la Eucaristía comenzó a ser considerada como una oblación hecha a Dios por los cristianos, por la que se presentaba a Dios un don, a saber el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esto, dice él, sucede por influjo de los misterios de los paganos y del Antiguo Testamento.
c) 5.IRENEO es el primero que habla expresamente acerca de la Eucaristía como de un don, que es ofrecido en sacrificio por nosotros a Dios.
151.- Doctrina de la Iglesia. El Concilio Tridentino: En la primera convocatoria del Concilio los teólogos, después de estudiar los artículos que les habían sido presentados, quisieron que se añadiera también, entre otras cosas, la condenación de esta proposición: «La Eucaristía no es verdadero sacrificio». Sin embargo esta cuestión fue devuelta por los Legados a fin de que se tratara posteriormente de acuerdo con su dignidad. Y en verdad comenzó a tratarse en: el mes de Julio del año; 1547; una, vez presentado este artículo de los herejes: «La Eucaristía en la Misa no es sacrificio ni oblación por los pecados, sino sólo conmemoración del sacrificio realizado en la Cruz; y el no ofrecerla es obra buena o meritoria».
Hasta finales del año 1551 en la segunda convocatorio del Concilio no continúa este tratado acerca del sacrificio de la Misa que había sido comenzado anteriormente. Entonces al comienzo del año 1552 se realizó un primer esquema del decreto acerca del cual los Padres no pudieron tratar a causa de la suspensión del Concilio. Por último en la tercera convocatoria el ano 1562 los teólogos y los Padres hablaron durante largo tiempo sobre el sacrificio de la Misa, redactando muchos esquemas del decreto. De este modo por último fue promulgado el decreto definitivo de la sesión 22, el cual por lo que atarse a nuestro tema enseña lo siguiente:
En el preámbulo afirma que la Eucaristía es un verdadero y singular sacrificio y que pertenece al depósito de la fe cristiana (D 937a; véase D 947).
En el capítulo 1 (D 938s) se enseña: a) Jesucristo sacerdote según el orden de Melquisedec consumó (perfeccionó) el antiguo sacrificio Levítico. b) Jesucristo ofreció un Sacrificio en la Cruz. c) Ahora bien el sacerdocio de Jesucristo debía perpetuarse. d) De donde Jesucristo mismo instituyó un sacrificio visible, por el que se representara y perpetuara aquel primer sacrificio. e) Esta institución sucedió cuando Jesucristo en la última Cena ofreció su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y de vino y ordenó que se hiciera en la Iglesia esto mismo perpetuamente. f) De este modo se da una plena armonía entre el sacerdocio antiguo y el sacerdocio nuevo, así como Jesucristo celebró primeramente la Pascua antigua y después instituyó la nueva Pascua, g) Esta doctrina está contenida en la profecía de Malaquías, en la epístola 1 -Cor 10,21, en los antiguos sacrificios que representaban este sacrificio. Hay que tener en cuenta en este capítulo la descripción de la Misa que hace el Concilio: «la inmolación de Cristo por la Iglesia por medio de los sacerdotes bajo signos visibles en memoria de la pasión y muerte de El».
En el canon 1 (D 948) se enseña «que en la Misa se ofrece un sacrificio verdadero y propio»; en el canon 2 (D 949) se enseña su institución por Jesucristo en la última Cena; en el canon 3 (D 950), se enseña en contra de los protestantes que el sacrificio de la Misa no es solamente un sacrificio de alabanza y de acción de gracias. Por último las enseñanzas de los restantes capítulos y cánones de esta y de la siguiente sesión suponen enteramente la verdad del sacrificio de la Misa. Lo cual aparece después solemnemente en la profesión tridentina de fe (D 997).
Acerca de la verdad del sacrificio de la Misa véase también la proposición 45 de Balo (D 1045). Las obras de F.Wieland fueron incluidas en el Índice de libros prohibidos.
Valor dogmático. De fe divina y católica definida.
152.- Prueba de la sagrada Escritura. También esta tesis puede probarse por una doble vía, según hemos visto antes en el n. 81. La primera vía es indirecta, o sea se apoya en lo ya probado, y ciertamente de un doble modo. Del primer modo se basa en las tesis segunda y tercera formulando el argumento así: Jesucristo en la última Cena ofreció en sacrificio Su Cuerpo y Su Sangre bajo las especies de pan y de vino y ordenó que se hiciera esto mismo en la Iglesia perpetuamente; luego en la Iglesia se ofrece el-sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y de vino (pues esta voluntad de Jesucristo no puede dejar de ser eficaz, ya que se trata de algo esencial en la constitución de la Iglesia, a saber del sacrificio visible); es así que tal sacrificio no se ofrece en ninguna otra parte, si en realidad no se ofrece en la Misa; luego se ofrece en la Misa un sacrificio verdadero y propio. Y del segundo modo puede probarse también indirectamente basándonos en la tesis sexta y formulando así el argumento: En Malaquías se promete eficazmente un verdadero sacrificio puro para todo tiempo y para todo-lugar, el cual sacrificio: según la. exposición de los Padres es ciertamente- el sacrificio que está unido a la Eucaristía; es así que este sacrificio no se ofrece si no se ofrece en la Misa; luego en la Misa se ofrece un sacrificio verdadero y propio.
153.- La segunda vía es directa y se toma de 1 Cor 10, 14-22.
PRENOTANDO. Véase todo lo que hemos dicho antes en el n.82.
ARGUMENTO. En este texto se hace una comparación de semejanza entre la cena eucarística y los convites sacrificiales; es así que esto supone el que la cena eucarística tiene un carácter sacrificial; luego en la celebración de la Eucaristía, esto es en la Misa, se da un verdadero sacrificio.
La menor. En otro caso caería por tierra toda la argumentación del Apóstol.
La mayor. a) La comida eucarística se asemeja a la comida de las víctimas en los sacrificios judíos (θναία) y a la comida de los ídolos en los sacrificios gentiles. b) La participación del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo se asemeja a la participación d l altar entre las judíos y a la participación de los demonios entre los gentiles; ahora bien esta comunicación se realiza inmediatamente con la víctima y mediante ella con el altar y a través del altar con Dios, al cual se sacrifica la víctima en el altar. c> Se asemejan el altar de los judíos (..σ.αστ.ρ.ov), el altar de los gentiles (τραπε.α δα.μονίων) y el altar de los cristianos (τραπε.α κ.ρ…).
154.- Prueba de la tradición. a) Antes de San Ireneo: En la Didaché (R 8) la Eucaristía es llamada el sacrificio (θ.σ.α) que había sido predicho por Malaquías. San CLEMENTE ROMANO. (R 19ss) habla de los sacrificios de los cristianos, que substituyen a los sacrificios judíos. San JUSTINO <R. 135) enseña que la sagrada Eucaristía está representada en la oblación de la flor de harina y preanunciada por Malquías; conoce además «los sacrificios que mandó hacer Jesucristo, esto es, en la Eucaristía del pan y del cáliz, que han acostumbrado a hacer los cristianos en todo lugar».
b) San IRENEO (R 232) enseña del mismo modo y en el mismo sentido que la Eucaristía es una oblación, que es preanunciada por Malaquías y que substituye a los antiguos sacrificios.
c) Los restantes Padres anteriores al Concilia de Nícea: ORIGENES sostiene que nosotros ofrecemos a Dios la Eucaristía así como los gentiles ofrecen sacrificios a los demonios en acción de gracias; que el misterio eucarístico es verdaderamente propiciatorio así como en la antigua Ley había sacrificios propiciatorios. Según TERTULIANO la comunión es participación del sacrificio (R 301); la Eucaristía es la oblación imitada por los seguidores de Mitra en sus sacrificios a instancias del diablo (R 299). Sn. HIPOLITO en la Tradición Apostólica describe el modo de la oblación eucarística al comienzo del siglo III. Sn. CIPRIANO (R 581-584) enseña que Jesucristo realizó el ofertorio en el pan y en el vino como lo había hecho Melquisedec y que nosotros sacrificamos del mismo modo.
d) Los otros Padres: Designan a la liturgia eucarística con términos sacrificiales. Así San CESAREO NACIANCENO (R 806), San CIRILO DE JERUSALEM (R 851), San GREGORIO NACIANCENO (R 1019), San JUAN CRISOSTOMO (R 1118, 1183, 1192, 1222), San AMBROSIO (R 1260), San AGUSTIN (R 1424), San FULGENCIO (R 2270), San GREGORIO MAGNO (R 2323). Dicen que la sagrada Eucaristía es la nueva pascua y la inmolación del nuevo cordero: San GREGORIO NICENO (R 1063), San JERONIMO (R 1390), San LEON MAGNO. Dicen también que la Eucaristía ha substituido a los sacrificios de la Antigua Ley: San CRISOSTOMO (R 1193), San AGUSTIN (R 1866), San LEON MAGNO, San FULGENCIO (R 2270). Y que en la Eucaristía se ha cumplido la figura de Melquisedec y la profecía de Malaquías: véase el n.57ss y 71. También dicen que en la Eucaristía y se renueva el sacrificio de la Cruz: San AMBROSIO (R 1270), San AGUSTIN (R 1604), Sn. FULGENCIO (R 2270).
e) Esta perpetua tradición aparece en todas las Liturgias, las cuales emplean siempre las palabras sacrificiales como ofrecer, sacrificio, oblación, inmolación.
155. Razón teológica. No hay ninguna religión que carezca de sacrificio visible que puede repetirse; luego también era necesario que existiera tal sacrificio en la religión cristiana; es así que en la religión cristiana cualquier sacrificio necesariamente era oblación de una sola víctima, de Jesucristo, en cuanto que este únicamente podía aplacar a Dios; luego en la religión cristiana debía haber un sacrificio visible y que pudiera repetirse, por el que Jesucristo mismo se ofreciera a Dios; el cual es el sacrificio eucarístico.
156.- Objeciones. 1. En el Nuevo Testamento al culto sacrificial de Jerusalem le substituye el culto en espíritu y en verdad (Jn 4,21-24); es así que de este modo queda excluido él sacrificio visible; luego en el Nuevo Testamento no se da sacrificio visible.
Respuesta. Distingo la mayor. En un culto en espíritu, esto es un culto meramente interno, niego la mayor; un culto en espíritu, esto es un culto sincero, el cual también se da en verdad en cuanto que no será más figura de cultos futuros, sino que es una realidad presente, concedo la mayor y contradistingo la menor. Queda excluido un sacrificio visible, si el culto del Nuevo Testamento será un culto meramente interno, concedo la menor; si el culto del Nuevo Testamento será un culto sincero y que existe en verdad, niego la menor.
2. Los escritores antiguos, sobre todo los Apologetas, no admiten ningún sacrificio en la Iglesia, luego la Misa no es sacrificio.
Respuesta. Distingo el antecedente. No admiten ningún sacrificio, que sea ofrecido a Dios como si necesitara de ellos y en rito cruento, concedo el antecedente; no admiten ningún sacrificio absolutamente, niego el antecedente.
3. Si la Misa es sacrificio, el sacrificio dé-la Cruz no hubiese sido suficiente; es así que fue enteramente suficiente; luego la Misa no es sacrificio.
Respuesta. Distingo la mayor: Si la Misa fuera un sacrificio en el que se ofreciera una nueva víctima añadida a una anterior, el sacrificio de la Cruz no sería suficiente, concedo la mayor; si es un sacrificio en el cual se ofrece la misma víctima con una nueva oblación para la aplicación de los frutos de la Cruz, niego la mayor y concedida la menor distingo igualmente la consecuencia. La Misa no es un sacrificio de una nueva víctima, concedo la consecuencia; no es un sacrificio que ofrece la misma víctima con una nueva oblación, niego la consecuencia.
Otras objeciones pueden verse anteriormente en los n. 61 y 72.
De la naturaleza especial del sacrificio eucarístico
157.- El Concilio Tridentino dice que Cristo dejó a la Iglesia un sacrificio visible, a saber el sacrificio eucarístico, por el que fuera representado aquel sacrificio cruento que se iba a realizar una sola vez en la Cruz y permaneciera su recuerdo hasta el fin del mundo»; a saber el recuerdo de Su paso de este mundo al Padre, cuando por el derramamiento de Su Sangre nos redimió y nos arrebató del poder de las tinieblas y nos transportó a Su reino» (D 938). Con estas palabras se designa el sacrificio eucarístico como teniendo una relación esencial con el sacrificio de la Cruz. Por tanto al preguntar nosotros qué clase de sacrificio es éste, debemos comenzar por esta relación con el sacrificio de la Cruz, para después dar un paso ulterior a fin de definir más concretamente esta relación según sus distintos elementos.
TESIS 12. El sacrificio de la Misa es esencialmente representación y renovación del sacrificio de la Cruz.
158.- Nociones. REPRESENTACIÓN, a saber objetiva y real, no simple recuerdo subjetivo.
RENOVACIÓN, esto es, no una vacía y pobre conmemoración, sino una verdadera y admirable, aunque incruenta y mística, renovación del sacrificio de la Cruz.
ESENCIALMENTE, a saber la esencia de la Misa en cuanto sacrificio, no se da sin esta- objetiva representación y mística renovación del sacrificio de la Cruz. Pues así quiso Jesucristo instituir este sacrificio.
De aquí que en el sacrificio de la Misa hay que considerar dos cosas. En efecto es en sí misma un sacrificio y es al mismo tiempo la representación objetiva de otro sacrificio. En cuanto a la primera consideración es un sacrificio absoluto; y en cuanto a la segunda un sacrificio relativo. Ahora bien ambas cosas lo tiene esencialmente; y ciertamente de forma que éstas no sean dos realidades sino dos formalidades. Ahora bien qué relación se da entre estas dos formalidades, no hay por qué concretarlo aquí, sino que concierne a problemas posteriores.
Afirmamos en esta tesis el hecho, prescindiendo entretanto de su interpretación, la cual hoy la discuten mucho los teólogos, sobre todo a causa de la teoría caseliana.
159.- Adversarios. Hay que citar a los protestantes no porque negaran que la Misa es representación del sacrificio de la Cruz, sino porque concebían esta representación de tal modo que destruían sencillamente el carácter de verdadero sacrificio en la Misa.
160.- Doctrina de la Iglesia. Se encuentra en el Concilio Tridentino, sesión 22 c. l (D 938); donde se enseña que por medio de la Misa se representa el sacrificio de la Cruz y que esto se realiza por voluntad expresa de Jesucristo al instituirla. Se enseña más expresamente en el cn.3 (D 950), en consecuencia con la doctrina el canon 1 (D 948) que esta representación no es una simple conmemoración del sacrificio realizado en la Cruz, sino que es tal que es en sí misma un verdadero y propio sacrificio.
LEON XIII: Por el sacrificio de la Misa «se renueva de modo admirable el sacrificio supremo en el Calvario». El sacrificio de la Misa «no es una vacía y pobre conmemoración de la muerte de Jesucristo sino que es una verdadera y admirable renovación, si bien incruenta y mística». «El sacrificio (de la Cruz] se continúa en el sacrificio eucarístico... Pues ya que era menester que el rito sacrificial acompañara siempre a la religión, fue decisión enteramente propia de la divinidad del Redentor el que se hiciera perpetuo y perenne el sacrificio consumado una sola vez en la Cruz. Ahora bien la razón de' esta perpetuidad se da en la sacratísima Eucaristía, la cual no aporta una semejanza vacía o solo un recuerdo del hecho, sino la verdad misma, si bien en especie distinta».
PIO XI: El sacrificio cruento de la Cruz «se renueva de modo incruento en nuestros altares sin interrupción alguna».
PIO XII: «.Así pues el augusto sacrificio del altar no es una mera y simple conmemoración de los tormentos ,y de la muerte de Jesucristo, sino un sacrificio verdadero y propio, por el que el Sumo Sacerdote realizó ciertamente mediante su inmolación incruenta lo que ya hizo en la Cruz ofreciéndose a Sí mismo como víctima muy agradable al eterno Padre». «Como quiera que el sacrificio eucarístico representa y renueva a diario el sacrificio [de la Cruz]», Valor dogmático. De fe divina y católica definida.
161.- Prueba de la sagrada Escritura. a) Jesucristo en la institución del sacrificio eucarístico manda que se haga éste en memoria suya (α.αμ..σ); es así que esta memoria no es un cierta recuerdo subjetivo, sino que es objetiva y real; luego el sacrificio de la Mis es esencialmente representación y renovación del sacrificio de la Cruz.
La menor. Así lo explica Sn. Pablo en 1 Cor 11, 26. A saber siempre que participáis de la víctima de este sacrificio, anunciáis la muerte del Señor; sin duda porque el sacrificio mismo, de la víctima participada es objetivamente y en sí representación de aquella muerte.
b) Jesucristo instituyó un sacrificio eucarístico, que reprodujera el sacrificio ofrecido en la última Cena por El mismo; es así que el sacrificio de la última Cena guardaba relación esencial y en sí mismo con el sacrificio de la Cruz; luego también el sacrificio eucarístico guarda esta misma relación; es así que no puede guardar esta relación si no es renovación incruenta de aquél; luego el sacrificio de la Misa es representación del sacrificio de la Cruz.
La 1ª. menor. En tanto se da sacrificio en la última Cena, en cuanto se da derramamiento místico de. sangre (véase anteriormente n.25); es así que este místico derramamiento no puede entenderse sin la esencial relación con el derramamiento sucedido realmente en la Cruz; luego el sacrificio de la última Cena guardaba relación esencial con la Cruz.
La 2ª. menor. La relación esencial con la última Cena en el sacrificio eucarístico debe ser una inmólación mística como la inmolación real de la Cruz; pues debe haber tal relación que guarde la índole de verdadero sacrificio; luego será una renovación incruenta de aquél.
162.- Prueba de la tradición. Los Santos Padres dicen que el sacrificio eucarístico debe responde a la pasión del Señor: S. CIPRIANO (R 582); dice que es verdadera memoria de la muerte de Cristo a causa de la identidad de la víctima inmolada: S. CRISOSTOMO (R 1222); dice que es memoria del sacrificio de la Cruz, así como los sacrificios de la Antigua Ley eran figura del mismo: S. AGUSTIN (R 1604); dice que se anuncia por él el hecho de que Cristo fue matado por nosotros: Sn. FULGENCIO (R 2270); porque de nuevo Le inmolamos a El: S. GREGORIO MAGNO (2323). Muchos más testimonios se aducirán en las tesis siguientes.
163.- Razón teológica. En el sacrificio eucarístico, como veremos después, es la misma víctima numéricamente y el mismo oferente principal que en el sacrificio de la Cruz, cambiando solamente el modo del ofrecimiento; es así que el sacrificio eucarístico representa y renueva de este modo esencialmente el sacrificio de la Cruz; luego el sacrificio de la Misa es renovación del sacrificio de la Cruz.
164.- Escolio 1. De la unidad del sacrificio eucarístico y del sacrificio de la Cruz. De la representación objetiva del sacrificio de la Cruz que ya ha quedado probada, la cual se da esencialmente en el sacrificio eucarístico, que es renovación y repetición de aquél, se sigue que existe una esencial unidad entre ambos.
Esta unidad la enseña ciertamente el Concilio Tridentino kD 940) en la víctima y en el oferente principal. Donde se trata, según está claro, de la unidad esencial. Pues también pueden hallarse en el sacrificio eucarístico y en el sacrificio de la Cruz ciertas diferencias accidentales. Sin embargo el mismo Concilio enseña que se da una diferencia esencial entre ambos sacrificios, a saber en el modo de ofrecer; la cual consisten en que en la Misa «se inmola de modo incruento el mismo Jesucristo, que en el ara de la Cruz se ofreció una sola vez a Sí mismo de modo cruento».
De aquí se sigue que aquella unidad no puede concebirse como numérica, según el criterio de los teólogos que defienden «la presencia de los misterios». Todo lo cual resulta más claro si tenemos en cuenta la doctrina contenida en la Encíclica «Mediator Dei».
Preguntan los teólogos si aquella diferencia esencial en el modo de ofrecer es tal que pueda llamarse diferencia verdaderamente específica, Es más adecuada la respuesta afirmativa que es la que da Suárez; puesto que los sacrificios se diferencian específicamente entre sí cuando difieren esencialmente en la misma acción sacrificial externa. Sin embargo otros teólogos piensan de distinto modo.
165.- Escolio 2. De la unidad del sacrificio de la Misa y del sacrificio de la Cena. Entre el sacrificio de la Cena y el sacrificio de la Misa hay una diferencia menor, puesto que la acción sacrificial externa y visible es esencialmente la misma, permaneciendo la misma víctima y el mismo oferente principal. Sin embargo está claro que entre ambos sacrificios se dan múltiples diferencias accidentales y que ambos se distinguen numéricamente.
De la victima y del oferente del sacrificio eucarístico
166.- Tres « elementos pueden tenerse en el sacrificio eucarístico, así como en cualquier otro sacrificio: la víctima ofrecida, el sacerdocio oferente y la oblación misma, El elemento principal de éstos es ciertamente la oblación misma, esto es la acción sacrificial. Ahora bien acerca de ésta trataremos de un modo especial posteriormente, porque. en ella se encuentra la diferencia esencial entre este sacrificio y el sacrificio de la Cruz. Por consiguiente ahora trataremos acerca de los otros dos elementos, en los cuales hay identidad de ambos sacrificios.
TESIS 13. La víctima del sacrificio de la Misa es Jesucristo mismo.
167.- Nociones. VICTIMA es aquello que se ofrece en un sacrificio, esto es lo que se inmola en el mismo. Se llama también hostia del sacrificio.
JESUCRISTO MISMO, esto es la víctima de la Misa es la misma víctima de la Cruz. Está claro que la diferencia radica en que en la Cruz se ofreció Jesucristo pasible y .en especie propia; en cambio en la Misa se ofrece Jesucristo mismo ya impasible y en especie ajena, a saber bajo las especies de pan y de vino.
168.- Doctrina de la Iglesia. El Concilio IV de Letrán CD 430): «el sacerdote mismo es el sacrificio, Jesucristo».
El Concilio Tridentino en la sesión 22 enseña lo siguiente: a) «Jesucristo ofreció bajo las especies su Cuerpo y su Sangre y ordenó a los Apóstoles y a los sucesores de éstos en el sacerdocio que ofrecieran bajo los símbolos de las mismas cosas...» (c.1: D 938); b) Jesucristo «instituyó la nueva Pascua, para inmolarse a Sí mismo por la Iglesia mediante los sacerdotes bajo signos visibles» (el mismo capítulo anterior); c) «Está contenido y es inmolado de modo incruento el mismo Jesucristo, el cual en el ara de la Cruz se ofreció a Sí mismo una sola vez de modo cruento» (c.2: 940); d) «Una sola y la misma es la víctima» en la Misa y en la Cruz (el mismo capítulo citado); e) Los sacerdotes ofrecen «el Cuerpo y la Sangre» de Jesucristo (cn.2: D 949).
Según la sesión 23 c.1 CD 957) es ofrecido el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Lo mismo encontramos en el cn.1 CD 961).
Luego es lo mismo decir que en la Misa la víctima es Jesucristo mismo o que es Jesucristo mismo bajo las especies de pan y de vino o que es el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo (ciertamente bajo las especies).
PIO XII: «De igual modo es idéntica la víctima, a saber el divino Redentor, según su naturaleza humana y en la verdad de su Cuerpo y de su Sangre».
Valor dogmático. De fe divina y católica definida.
169.- Prueba de la sagrada Escritura. a) La víctima del sacrificio de Cristo en la última Cena fue Su Cuerpo y Su Sangre, esto es Jesucristo mismo bajo las especies de pan y de vino; es así que en la Misa se ofrece la misma víctima que en la última Cena; luego la víctima del sacrificio de la Misa es Jesucristo mismo.
La menor. Porque Jesucristo mandó que se hiciera lo mismo que El había dicho.
b) 1 Cor 10,14-22: Los que participan en el sacrificio eucarístico participan del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo; es así que esto supone que la víctima del sacrificio eucarístico es Jesucristo mismo; luego Jesucristo es la víctima del sacrificio eucarístico.
170.- Prueba de la tradición. a) Sn. CIPRIANO enseña expresamente que nosotros ofrecemos e la Misa lo mismo que Jesucristo ofreció en la última Cena, a saber Su Cuerpo y Su Sangre (R 581-584).
b) Los Padres dicen que en la Eucaristía es ofrecido Jesucristo: ORIGENES, S. CRISOSTOMO (R 1193, 1222), S. AXBROSIO (R 1260), S. MAXIMO; dicen que Jesucristo es inmolado: S. CRISOSTOMO (R 1118), Sn. JERONIMO, S. AGUSTIN (R 1424), S. GREGORIO MAGNO (R 2323); dicen que Jesucristo es sacrificado: S. CIRILO DE JERUSALEM (R 853), S. CRISOSTOMO (R 1183); dicen que el Cuerpo y la Sangre del Señor es la víctima de este sacrificio: S. LEON MAGNO; que es destrozado de modo incruento por medio de la palabra en vez de la espada: S. GREGORIO NACIANCENO (R 1.019).
c) En la Liturgia constantemente aparece esta idea, no sólo en el Canon de la Misa, sino también en otras oraciones, v.gr.: «Te rogamos Señor que mires propicio los dones de tu Iglesia, en los que se te ofrece no ya el oro, el incienso y la mirra sino lo que se indica, se inmola y se come en estos dones, Jesucristo tu Hijo…».
171.- Razón teológica. En el Nuevo Testamento la única víctima sacrificial es Jesucristo (lo cual se enseña muchas veces en la epístola a los Hebreos v.gr. 10,12; véase 7,27; 9,12ss; 25-28; 10,19s); es así que la Eucaristía es el verdadero sacrificio del Nuevo Testamento; luego en la Eucaristía la víctima es Jesucristo mismo.
172.- Objeciones. 1. La víctima del sacrificio sensible debe también ser sensible; es así que Jesucristo en la Eucaristía no es sensible; luego no puede ser la víctima de este sacrificio.
Respuesta. Distingo la mayor. Debe ser sensible bien mediata bien inmediatamente, concedo la mayor; sólo hay necesariamente de modo inmediato, niego la mayor y contradistingo la menor. Jesucristo en la Eucaristía .no es inmediatamente sensible, concedo la menor; no es sensible tampoco mediatamente, niego la menor. Es en efecto sensible por razón de las palabras eficazmente prácticas y por razón de las especies que demuestran la presencia real de El.
2. La víctima, que se ofrece en el sacrificio, se presupone que está antes de la acción sacrificial; es así que antes de la acción sacrificial no está Jesucristo en la Eucaristía pues la acción sacrificial es la transubstanciación misma); luego Jesisto no es la víctima del sacrificio eucarístico.
Respuesta. Distingo la mayor. Se presupone que la víctima está anteriormente por naturaleza, concedo la mayor; anteriormente también en cuanto al tiempo, subdistingo: si la acción sacrificial fuera solamente oblativa e inmolativo, concedo la mayor; si al mismo tiempo constituye a la víctima como presente, niego la mayor y contradistingo la menor. No está Jesucristo en la Eucaristía anteriormente en cuanto al tiempo, concedo la menor; anteriormente por naturaleza, subdistingo: no está antes de la acción sacrificial en cuanto constituye a Cristo presente, concedo la menor; antes de la acción sacrificial en cuanto oblativa e inmolativa, niego la menor.
3. Es víctima del sacrificio lo que se cambia por la acción sacrificial; es así que en la Eucaristía por la acción sacrificial se cambia el pan y el vino y no se cambia Jesucristo; luego la víctima del sacrificio eucarístico es el pan y el vino, no Jesucristo.
Respuesta. Distingo la mayor. Es víctima del sacrificio lo que se cambia por la acción sacrificial materialmente considerada, niego la mayor; luego lo que se cambia por la acción sacrificial formalmente considerada, subdistingo: lo que se cambia bien física bien místicamente, concedo la mayor; lo que se cambia necesariamente de un modo físico, niego la mayor y contradistingo la menor. Se cambia el pan y el vino por la acción sacrificial materialmente considerada, concedo la menor; por la acción sacrificial considerada formalmente, niego la menor. A la inversa, Jesucristo no se cambia físicamente por la acción sacrificial formalmente considerada, concedo la menor; no se cambia místicamente, niego la menor.
173.- Escolio 1. De la oblación del pan y del vino. Parece cierto por las distintas expresiones litúrgicas que el pan y el vino se ofrecen de alguna manera. Sin embargo esto no debe entenderse de tal modo que se ofrezca la substancia de pan y de vino como materia «ex qua» transeúnte, en cuanta que se destruye en la realización misma del sacrificio; sino porque las especies sacramentales de pan y de vino pertenecen intrínsecamente a lo ofrecido en el sacrificio. De donde la víctima adecuadamente no es solamente Cristo simplemente considerado, sino en cuanto constituye con las especies un único compuesto sacramental. Este modo de expresarse parece que está más de acuerdo con la doctrina reciente de la Iglesia en la Encíclica «Mediador Dei».
174.- Escolio 2. De la oblación de la Iglesia y de los fieles. Puesta que Jesucristo se ofrece en la Misa en cuanto que es Cabeza de la Iglesia, también la Iglesia misma, o Cuerpo Místico de Cristo, participa moralmente de la naturaleza victimal de su Cabeza. No ciertamente porque los fieles sean la víctima propiamente dicha en la Misa igual que' Jesucristo, ni tampoco porque estén físicamente en el altar juntamente con Jesucristo; sino porque «el sacrificio sensible del Cuerpo de Jesucristo eucarístico es la expresión litúrgica en primer término del sacrificio interior de Jesucristo mismo, y en segundo término del sacrificio interior de los fieles, a saber por identidad de afectos de piedad y de religiosidad con Jesucristo Cabeza en cuanto que es víctima física y propiamente dicha de este sacrificio.
Esta doctrina nos la enseñan sobre todo los últimos Sumos Pontífices. Pío XI dice: «Con este augustísimo sacrificio eucarístico debe unirse la inmolación de los ministros y de los otros fieles, a fin de que ellos mismos se muestren también como hostias vivientes, santas, agradables a Dios». Y Pío XII se expresa -así: «Y al igual que el divino Redentor al morir en la Cruz se ofreció al eterno Padre como Cabeza de todo el linaje humano, así igualmente ten el sacrificio eucarístico] no sólo se ofrece al Padre celestial como Cabeza de la Iglesia, sino que en Sí mismo ofrece también a sus miembros místicos puesto que encierra amorosísimamente en su Corazón a todos éstos, incluidos los más débiles y enfermos». «Ahora bien para que la oblación, por la que en este sacrificio los fieles cristianos ofrecen al Padre celestial la víctima divina, alcance su efecto pleno, es. menester que añadan también otra cosa: a saber es necesario que se inmolen a sí mismos como víctima. Que se consagren todos y cada uno de los fieles a procurar la gloria divina y deseando ardientemente asemejarse muy estrechamente a Jesucristo, que padeció dolores cruelísimos, se ofrezcan como víctima espiritual juntamente con el Sumo Sacerdote mismo y por medio de El». «Así pues todos los elementos de la liturgia se dirigen a que nuestra alma sea un trasunto en sí misma de la imagen del divino Redentor a través del misterio de la Cruz, según la expresión del Apóstol de las gentes: estoy clavado con Cristo en la Cruz; vivo yo, más no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Por lo cual nosotros nos hacemos juntamente con Cristo como víctima para aumentar la gloria del Padre eterno».
175.- La misma doctrina está contenida en la Liturgia: «Te rogamos, Señor Dios, nuestra, que santifiques por la invocación de tu santo nombre la- víctima de esta oblación. y que. mediante ella nos.. perfecciones a nosotros mismos como don eterno ofrecido a Ti». «Señor, que nuestro Mediador Jesucristo Te haga agradables estos dones y nos muestre juntamente con El como hostias gratas a Ti».
Esta doctrina también la enseñan los SS. Padres, los cuales insisten en el simbolismo de la mezcla del agua con el vino para designar la unión de los fieles en Cristo y bajo Cristo como Cabeza (véase R 582; D 698, 945). Eusebio de Cesarea: «Sacrificamos conforme a la nueva costumbre según el Nuevo Testamente la hostia pura... Por una parte ciertamente celebrando la memoria de aquel grande sacrificio, según los misterios que nos transmitió El mismo…; y otra parte consagrándonos a nosotros mismos a El y a su Pontífice, que es el Verbo, como estando inmolados en cuerpo y alma delante de El misma». San Cirilo de Alejandría dice: «Pues en nuestros sacrificios inmolamos en cierto modo nuestras almas como en imagen y se las ofrecemos a Dios, mientras que morimos al mundo y a la sabiduría de la carne y soportamos la mortificación de los vicios y nos venimos a clavar juntamente con Cristo en la Cruz, a fin de que convirtiéndonos a una vida santa y pura vivamos según la voluntad de El». Sn. Gregorio Magno: «Es necesario que, cuando hacemos esto, nos inmolemos a Dios en la contrición de nuestro corazón; porque los que celebramos los misterios de la pasión del Señor debemos imitar lo que hacemos». Sobre todo Sn. Agustín, al hacer hincapié en que la Iglesia es el Cuerpo místico de Cristo, que responde de modo invisible al sacrificio visible (R 1745, 1519, 1524),
A fin de que esta oblación de los fieles alcance su efecto pleno, Pío XII advierte con palabras muy elocuentes que es necesario que los fieles se inmolen a sí mismos como víctima, no sólo al asistir al sacrificio mismo, sino a lo largo de toda su vida cristiana; lo cual la sagrada Liturgia lo lleva adecuadamente a efecto con todos los elementos litúrgicos. Así pues deben los fieles avivar esto que han visto y fomentarlo de múltiples formas y maneras.
TESIS 14. Jesucristo es el principal oferente en el sacrificio de la Misa.
176.- Nociones. JESUCRISTO se entiende como Jesucristo hombre, esto es como hombre especificativamente.
OFERENTE, esto es sacerdote; a saber legítimamente constituido para ofrecer a Dios este público sacrificio de la Nueva Ley. Así como Jesucristo ofreció el sacrificio en la última Cena (véase anteriormente n.19-29) y en la Cruz.
Se dice PRINCIPAL porque no es único. Pues consta que hay en la Iglesia un sacerdocio verdadero y propio, cuya función esencial entre otras cosas es ofrecer este sacrificio (D 957, 961). Por tanto llamamos a Jesucristo oferente como causa principal, mientras que los otros sacerdotes ofrecen como causas ministeriales.
Afirmamos el hecho, esto es que Jesucristo ofrece en realidad el sacrificio de la Misa, aunque no ofrezca El sólo. Ahora bien cómo se explica ulteriormente esta principalidad de Jesucristo en el ofrecimiento, lo diremos después en el escolio.
177.- Doctrina de la Iglesia. El Concilio IV de Letrán CD 430) enseña: En la Iglesia «el mismo Sacerdote en persona es el sacrificio, esto, Jesucristo, cuyo Cuerpo y Sangre está contenido verdaderamente en el sacramento del altar bajo las especies de pan y de vino».
El Concilio Tridentino en su sesión 22 c.2 CD 940): «El que ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes (es] el mismo, que Se ofreció a Sí mismo entonces en la Cruz». En estas palabras se afirma que Jesucristo ofrece y que los sacerdotes ofrecen ministerialmente. De donde Jesucristo ofrece principalmente. De donde también, cuando se dice que Jesucristo ordenó que ofrecieran los sucesores de los Apóstoles en el sacerdocio y cuando se dice que ellos mismos inmolan a Jesucristo CD 938), se debe entender ministerialmente.
PIO XI: EL sacerdote «ofrece una víctima totalmente agradable a la eterna Majestad de Dios en nombre del Divino Redentor».
PIO XII: «Así pues el augusto sacrificio del altar no es una mera y simple conmemoración de los tormentos y de la muerte de Jesucristo sino un sacrificio verdadero y propio; por el cual el Sumo Sacerdote realiza ciertamente mediante una inmolación incruenta aquello que ya hizo en la Cruz, al ofrecerse a Sí mismo como víctima muy agradable al eterno Padre...Así pues el mismo sacerdote, Jesucristo, cuyo ministro hace ciertamente las veces de Su sagrada persona. Puesto que éste, por la consagración sacerdotal que ha recibido se asemeja al Sumo Sacerdote y goza de la potestad de obrar por el poder y por la persona de Jesucristo mismo. Por lo cual Jesucristo con su acción sacerdotal presta en cierto- modo su lengua, extiende su mano».
Valor dogmático. De fe divina y católica definida.
178.- Prueba de la sagrada Escritura. Hebr 7,23-27. Según S. Pablo una diferencia esencial entre la Antigua y la Nueva Ley consiste en que en la Antigua Ley eran necesarios muchos sacerdotes, en cambio en la Nueva es suficiente un solo sacerdote, Jesucristo; luego o bien en la Nueva Ley no se da ningún sacrificio a excepción del sacrificio de la Cruz o si se da otro sacrificio, debe ser ofrecido por Jesucristo mismo; es así que según la sagrada Escritura misma se da otro sacrificio en la Nueva Ley, a saber el sacrificio de la Misa; luego en la Misa el sacerdote oferente es Jesucristo mismo.
179.- Prueba de la tradición. Los SS. PP. dicen que Jesucristo mismo santifica la oblación eucarística: S. CRISOSTONO (R 1207; véase R 1157); que Él en persona ofrece en nosotros: Sn. AMBROSIO (R 1260); que Él mismo es sacerdote y oferente: S. AGUSTIN (R 1745); Sn. MAXIMO (S 2,459).
180.- Razón teológica. El sacrificio, que es renovación del sacrificio de la Cruz, no puede ser ofrecido a no ser por Jesucristo mismo; es así que tal sacrificio es el de la Misa; luego en la Misa el oferente es Jesucristo.
La mayor. El sacrificio de la Cruz es verdaderamente sacrificio de Jesucristo, en razón del oferente, en razón de la víctima y en razón de la oblación interior de amor; es así que todo esto no puede renovarse verdaderamente sino por Jesucristo en persona; luego el sacrificio, que es verdadera renovación del sacrificio de la Cruz, no puede ser ofrecido a no ser por Jesucristo mismo.
181.- Objeciones. La acción sacrificial en la Eucaristía es la transubstanciación misma; es así que Jesucristo hombre no realiza la transubstanciación de modo principal; luego tampoco realiza principalmente la acción sacrificial; luego no es el principal oferente.
Respuesta. Distingo la mayor. La acción sacrificial es la transubstanciación misma, en cuanto es acción conversiva, niego la mayor; en cuanto que es oblativa y realiza el cambio, concedo la mayor y contradistingo la menor. Jesucristo hombre no realiza de modo principal la transubstanciación en cuanto conversiva, concedo la menor; en cuanto, oblativa y que realiza el cambio, niego la menor, A, saber Jesucristo hombre realiza la transubstanciación en cuanto tal por la potestad de excelencia; y ofrece el sacrificio (y por tanto realiza la acción sacrificial y consiguientemente la transubstanciación en cuanto que es acción sacrificial formalmente) como causa principal.
182.- Escolio 1. En qué sentido Jesucristo es oferente principal en la Misa. Cuando menos hay que sostener que Jesucristo es oferente principal en el sacrificio eucarístico porque lo instituyó eficazmente, porque este sacrificio puede ofrecerse en la Iglesia solamente en nombre de Jesucristo, porque la institución de Jesucristo perdura perpetuamente en su influjo. Si se admite todo esto, se salva suficientemente la doctrina tridentina. Pero preguntan además los teólogos, si hay que admitir en cada uno de los sacrificios de la Misa un mayor influjo de Jesucristo y por tanto si es Jesucristo de un modo más amplio y más verdadero el oferente principal en nuestro sacrificio.
La primera sentencia es negativa, la cual no admite ningún otro influjo de Jesucristo en la oblación de la Misa que no sea virtual, cual es el que hemos descrito poco ha. Así se expresan Escoto, Vázquez, D'Alés, y otros. Esta sentencia la defiende con fuerza De la Taille, según el cual Jesucristo es realmente oferente en nosotros y por nosotros, que somos suyos y no ofrecemos sino en dependencia de Su potestad sacerdotal. Sin embargo la oblación es nuestra, no suya; y esta oblación participa en su fuerza oblativa toda la que tiene de la oblación de Él realizada una sola vez en la última Cena.
La segunda sentencia es afirmativa, y sostiene que Jesucristo en la Misa ofrece actualmente, en cuanto que quiere en acto y ofrece todas y cada una de las Misas que se celebran en toda la tierra. Así se expresan Juárez, los salmanticenses y entre autores más recientes Lepin, Garrigou-Lagrange, Filcgrassi, Lercher-Dander, Alastruey y otros.
Lugo dice que la cuestión apenas se plantea en términos que afecten a la realidad sino que es sólo cuestión de nombre. Pues afirma que ambas sentencias conceden el que no se requiere que Jesucristo concurra físicamente a la oblación o que tenga voluntad actual, existente físicamente, por la que ofrezca ahora. De donde piensa que debe explicarse el que Jesucristo es el principal oferente del siguiente modo: «verdaderamente ahora ofrece Jesucristo, porque el sacerdote por institución de Cristo ofrece en nombre de Jesucristo; lo cual es suficiente para que esta acción moralmente hablando se diga acción se Jesucristo así como la reverencia que el legado real muestra al Pontífice es moralmente la reverencia del rey para con el Pontífice». Esta explicación sería admitida ciertamente por lo menos por muchos autores de la primera sentencia; pero no por los autores de la segunda sentencia, los cuales de hecho exigen mucho más.
Por consiguiente esta segunda sentencia parece más probable. La cual puede explicarse así siguiendo a Suárez. Jesucristo es el principal oferente en el sacrificio de la Misa, no sólo porque la instituyó o porque este sacrificio tiene su eficacia a causa de Él, a porque en nombre de Él se ofrece este sacrificio como por- un legado que representa a Jesucristo; sino porque además Jesucristo hombre concurre físicamente a aquella acción por la que se realiza este sacrificio, esto es a la transubstanciación, no de cualquier nodo, sino en cuanto que esa acción sacrificial, obrando Él mismo como supremo adorador de Dios e intercesor en favor de los hombres y ordenando toda esta acción al culto de Dios y presentándola al Padre en memoria de su pasión, a fin de que el Padre sea propicio a los hombres.
Ahora bien que Jesucristo puede hacer ahora todo esto, está claro por el hecho de que también ahora es verdadero sacerdote e intercede en favor de nosotros y mira atentamente todas las acciones de sus ministros y quiere honrar a Dios en todos y por todos. Y no suponemos una multiplicación de actos de la voluntad en Jesucristo que responda a las múltiples Misas. Sino que con una sola oblación que perdura ininterrumpidamente quiere y ofrece cada uno de los sacrificios eucarísticos, que Le son bien conocidos por la ciencia beatífica y también por la ciencia infusa.
Si se admite esto, no sólo se salva mejor la doctrina tridentina acerca de la identidad del oferente principal en la Misa y en la Cruz, sino que se explica también de un modo más adecuado la dignidad y el valor del sacrificio eucarístico por parte no sólo de la víctima sino también del oferente actual y próximo.
183.- Escolio 2. Del sacerdote que ofrece ministerialmente. Hemos dicho que Jesucristo en la Misa es el oferente principal. Ahora bien Jesucristo ofrece «por ministerio de los sacerdotes» (D 940), «por medio de los sacerdotes» CD 938), Para que el sacerdote ofrezca verdaderamente con Jesucristo el sacrificio de la Misa está claro que no basta de ningún modo el que él mismo, adornado del carácter sacerdotal, asista a la Misa. Más aún ni siquiera es suficiente el que se una en lo interior de su alma a otro sacerdote que realiza la consagración. Se requiere absolutamente el que, haciendo las veces de la persona de Jesucristo, él mismo pronuncie también las palabras de la consagración. De aquí que los sacerdotes que asisten a Misa, pero no pronuncian con la debida intención las palabras de la consagración, no puede decirse en sentido estricto «que concelebren» el sacrificio de la Misa; puesto que en este caso «de ninguna manera representan y hacen las veces de la persona de Jesucristo que realiza el sacrificio y hay que comparar a estos sacerdotes a los fieles de Jesucristo seglares que asisten al sacrificio». Por esta razón también no puede decirse de ningún modo «que la celebración de una sola Misa, a la que asisten con piadosa devoción cien sacerdotes sea lo mismo que cien Misas celebradas por cien sacerdotes», En efecto en el último caso hay realmente cien consagraciones, esto es cien oblaciones estrictamente sacrificiales, u otras tantas acciones de Jesucristo Sumo Sacerdote que Se ofrece a Sí mismo por ministerio de los sacerdotes; en cambio en el otro caso no se da sino una sola oblación estrictamente sacrificial, a la que acompafía la piadosa devoción de cien sacerdotes. Esta doctrina la enseñó expresamente PIO XII, condenando a la contraria como «error de opinión»,
184.- Escolio 3. De la Iglesia que ofrece el sacrificio de la Misa: a) El hecho. El Concilio Tridentino enseña que las Misas, incluso las privadas, «son tenidas verdaderamente como comunes..., porque son celebradas por un ministro público de la Iglesia no solamente en favor de él, sino en favor de todos los fieles que pertenecen al Cuerpo de Jesucristo» (D 944).
PIO XI enseña: «Pues no sólo disfrutan de la participación de este misterioso sacerdocio y de la función de satisfacer y de sacrificar aquellos, de los que nuestro pontífice Jesucristo usa como ministros para ofrecer en todo lugar desde la salida del sol hasta el ocaso una oblación pura a la divinidad, sino que también todo el pueblo cristiano, llamado con todo derecho por el Príncipe de los Apóstoles nación elegida y sacerdocio real, debe ofrecer por los pecados tanto en favor de él mismo como en favor de todo el género humano, no de otro modo poco más o menos que todo sacerdote y pontífice, sacado de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres en aquello que se refiere a Dios».
PIO XII enseña: En el sacrificio eucarístico «los ministros de lo sagrado no sólo hacen las veces de nuestro Salvador, sino también de todo el Cuerpo místico y de cada uno de los fieles e igualmente en este sacrificio eucarístico los fieles cristianos mismos, unidos por votos y oraciones comunes, presentan al eterno Padre por medio de las manos del sacerdote en favor de las necesidades de toda la Iglesia como víctima ciertamente muy agradable de alabanza y de expiación el Cordero inmaculado constituido presente en el altar por las solas palabras del mismo sacerdote». Según el mismo Pontífice, «se debe decir que los fieles cristianos ofrecen también la hostia divina»; se dice «que todos los cristianos, principalmente los que asisten al altar, ofrecen»: éstos «ofrecen en cierto modo el sacrificio no sólo por las manos del sacerdote, sino también juntamente con él»; el ministro del altar hace las veces de la persona de Cristo como Cabeza que ofrece en nombre de todos los miembros»; se dice con todo derecho que toda la Iglesia «presenta la oblación de la víctima por medio de Jesucristo»; «aquel supremo sacrificio de la Nueva Ley significa el obsequio (del culto interno], por el que el oferente principal mismo, que es Jesucristo, y juntamente can Él y por Él todos Sus miembros místicos ensalcen y adoren a Dios con el honor debido». Por consiguiente es doctrina cierta de la Iglesia que el sacrificio de la Misa es ofrecido no sólo por los sacerdotes sino también por la Iglesia y por cada uno de los fieles.
185.- Esta doctrina la supone de modo manifiesto la Liturgia. «Y de este modo nuestro sacrificio sea realizado en tu presencia... A fin de que mi sacrificio y el vuestro sea agradable a Dios... Por los cuales Te ofrecemos y ellos mismos te ofrecen... Te rogamos pues que aceptes Señor esta ofrenda de nuestro servicio (a saber el del sacerdote] y de toda tu familia santa... Por eso, Señor, nosotros, tus siervos y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial, ofrecemos a tu preclara Majestad... De aquí resulta el que la hostia eucarística sea llamada «dones de tu Iglesia», «regalos de la Iglesia suplicante», «regalos de' la Iglesia que salta de júbilo», etc.
De forma semejante hablan los SS. PP:, según los cuales «todos nosotros ofrecemos esta víctima» (R 851); la Iglesia Cuerpo de Cristo «aprende a ofrecerse a sí misma por Él» (R 1745); los cristianos son llamados verdadero pueblo sacerdotal porque ofrecen a Dios el sacrificio eucarístico (S. Justino); el sacrificio eucarístico es la «ofrenda de la Iglesia», la cual «la Iglesia la ofrece con sencillez» (S. Ireneo). Pues, según dice S. Pedro Damiano, «aquel sacrificio de alabanza es ofrecido por todos los fieles no sólo varones sino también mujeres, aunque parezca que es ofrecida especialmente por un solo sacerdote, ya que lo que éste tiene en sus manos al realizar la oblación, esto mismo lo encomienda con devoción interiormente atenta la multitud de los fieles». Están de acuerdo los teólogos. Así Inocencio III antes de ser elegido Papa: «No sólo ofrecen los sacerdotes, sino también todos los fieles. Pues lo que se cumple especialmente por el ministerio de los sacerdotes, esto es realizado universalmente por el voto de los fieles». De aquí que Suárez escribe: «Acerca de los fieles es unánime la sentencia de los católicos afirmando que pueden ser oferentes los fieles en este sacrificio».
Y la razón es, porque el sacrificio público es ofrecida por aquella comunidad, de la que es el sacrificio; ahora bien la Misa es sacrificio público de la Iglesia; luego debe ser ofrecida por la Iglesia.
186.- b) Explicación del hecho. En la explicación de esta doctrina hay que salvar absolutamente la diferencia esencial entre los sacerdotes elegidos oficialmente mediante el sacramento del Orden para ofrecer el sacrificio y los restantes fieles (D 957, 960s). Por consiguiente éstos de ningún modo han podido ser equiparados a aquéllos al realizar el sacrificio o al llevar a cabo la oblación del verdadero sacrificio.
De aquí también el que la acción sacrificial misma sea realizada por un solo celebrante. «Aquella inmolación incruenta, por la que Jesucristo, una vez pronunciadas las palabras de la consagración, se hace presente sobre el altar en estado de víctima, es realizada únicamente por el sacerdote mismo, en cuanto que asume la persona de Jesucristo, no en cambio en cuanto que hace las veces de la persona de los fieles cristianos». De donde la oblación estrictamente tal, a saber en cuanto que es acción estrictamente sacrificial, no es realizada por los fieles; y no debe decirse por tanto que ofrezcan el sacrificio de la Misa por el hecho de que participen verdaderamente en la realización de la oblación estrictamente tal.
Sin embargo la oblación de un modo más amplío puede decirse la acción, por la que la víctima y a presente se ofrece a Dios para alabanza y propiciación; o el acto por el que «el sacerdote pone sobre el altar la víctima divina, presenta a Dios Padre la misma víctima en cuanto oblación para gloria de la Santísima Trinidad y para bien de toda la Iglesia». Acerca de esta oblación considerada en sentido lato deben entenderse las expresiones que antes hemos extraído del Canon de la Misa.
Así pues los fieles de Cristo participan a su modo de esta oblación por un doble motivo. El primero, porque ofrecen el sacrificio por las manos del sacerdote, ya que el sacerdote «actúa haciendo las veces de la persona de Cristo, en cuanto Cabeza, que ofrece en nombre de todos los miembros»; de aquí que «se dice con todo derecho que toda la Iglesia ofrece la oblación de la víctima por medio de Jesucristo». El segundo, porque el pueblo ofrece en cierto modo el sacrificio juntamente con el sacerdote; a saber «porque une sus votos de alabanza, de súplica, de expiación y de acción de gracias juntamente con los votos o intención mental del sacerdote, e incluso con los del Sumo Sacerdote mismo, a fin de que éstos sean presentados a Dios Padre en la oblación misma de la víctima incluso por el rito externo del sacerdote».
187.- De donde hay que decir:
1º. La Iglesia, en cuanto organismo social, Cuerpo místico de Cristo, ofrece verdaderamente el sacrificio de la Misa, puesto que la oblación estrictamente tal de ésta es realizada principalmente por Jesucristo en cuanto Cabeza de la Iglesia y ministerialmente por los sacerdotes que son miembros peculiares de este Cuerpo místico de Cristo y que están constituidos para esta finalidad.
2º. La Iglesia, igualmente como organismo social, ofrece también el sacrificio de la Misa, porque presenta a Dios por las manos del sacerdote la oblación de este sacrificio considerada en un sentido lato, en cuanto que el sacerdote hace sus veces y en la medida que exalta y venera oficialmente a Dios con el honor debido por medio del sacerdote, su ministro público.
3º. Cada uno de los fieles de ninguna manera se dice que ofrezcan el sacrificio porque participen próxima y directamente en la oblación misma estrictamente considerada (pues tampoco en esto los sacerdotes hacen las veces de los fieles); sino sólo porque presentan a Dios la oblación de la víctima considerada en sentido lato por medio de las manos del sacerdote, que hace las veces de los fieles en esto; y porque participan con afecto interno en los votos de alabanza, de súplica, de acción de gracias, cuyo signo externo es el rito visible del sacrificio.
4° Esta participación puede ser mayor y menor. En efecto se da como habitualmente en todos los que pertenecen al Cuerpo místico de Cristo, ya que se juzga con razón que quieren participar en el culto oficial y supremo, que ofrece a Dios este Cuerpo místico y sociedad religiosa. Es mayor en los que están presentes al sacrificio, coma en aquellos que ayudan a este sacrificio o piden que sea celebrado el mismo. Y se da la participación máxima en los que están presentes al sacrificio de tal modo, que fomenten afectos conformes a la oblación, bien recitando las mismas preces litúrgicas, o bien de otro modo cualquiera.
188.- c) Una ulterior cuestión es, a ver si por esta participación de los fieles en la oblación considerada en sentido amplio del sacrificio eucarístico se explica «el sacerdocio real», que compete a todos los bautizados en razón del bautismo mismo según la 1ª. Pe 2,9 (véase 2,5). La sentencia afirmativa, que ya la defendían muchos teólogos bastante recientes, queda ahora respaldada en alto grado por las palabras de Pío XII: «Y no tiene nada de extraño el que los fieles de Cristo sean elevados a esta dignidad. Pues por el lavatorio del bautismo, a título general, las cristianos en el Cuerpo místico son hechos miembros de Cristo sacerdote; y por el carácter, el cual como que se esculpe en el alma de los cristianos, son elegidos para el culto divino; y de tal modo participan según su condición del sacerdocio de Jesucristo mismo». En este mismo sentido había escrito Pío XI: «También todo el pueblo de los cristianos, llamado con todo derecho por el Príncipe de los Apóstoles nación elegida, sacerdocio real, debe ofrecer por los pecados bien en favor de sí mismo bien en favor de todo el género humano sobre poco más o menos del mismo modo que todo sacerdote y pontífice sacada de entre los hombres es constituido en favor de los hombres en aquello que se refiere a Dios».
Sin embargo no por esto los cristianos gozan de la potestad sacerdotal. ni tampoco las sacerdotes jerárquicos obran al realizar el sacrificio por función delegada de la comunidad; sino que solamente puede decirse que los sacerdotes hacen las veces del pueblo, porque representa la persona de Jesucristo, en cuanto que es la Cabeza de todos los miembros que se ofrece a Sí mismo por ellos. Mientras que por el contrario el pueblo, al no ostentar por ningún motivo la persona de Jesucristo, tampoco es mediador entre el mismo y Dios y no goza de ningún modo del derecho sacerdotal.
Por consiguiente los fieles pueden llamarse verdaderamente sacerdotes, no de un modo metafórico, porque en realidad «ofrecen», esto es participan activamente en la oblación del sacrificio eucarístico. Ahora bien entre los fieles y los sacerdotes. Jerárquicos no se. da univocidad en el sacerdocio; pues tampoco coinciden al realizar una oblación, que sea unívocamente la misma... Se da solamente entre ellas una analogía, cual es la que existe entre la oblación estricta y la oblación considerada en sentido lato. De donde los fieles son llamados sacerdotes analógicamente.
De la acción sacrificial del sacrificio eucarístico
189.- Considerados los elementos, en los cuales el sacrificio eucarístico coincide con el sacrificio de la Cruz (la víctima y el oferente>, vamos a estudiar el elemento en el que se diferencian ambos sacrificios esencialmente. Este elemento consiste en la naturaleza de la oblación, esto es en la acción sacrificial misma. Acerca de la cual, hemos de establecer en primer lugar en qué parte de la Misa se halla esta acción esencial del sacrificio; a saber la cual debe situarse exclusivamente en la consagración. Después hemos de pasar a estudiar, cuál es la razón formal bajo la cual la consagración es acción sacrificial. Una vez dejado esto sentado, tendremos la esencia del sacrificio eucarístico.
TESIS 15. La representación del sacrificio de la Cruz se da formalmente en la Misa en la consagración de ambas especies; por tanto en ella sola debe situarse esencialmente la acción sacrificial de este sacrificio.
190.- Nociones. REPRESENTACIÓN DEL SACRIFICIO EUCARÍSTICO, la cual hemos dicho que es esencial en el sacrificio eucarístico, según fue instituido éste por Jesucristo.
SE DA EN LA CONSAGRACIÓN: la acción muestra en sí misma esta representación objetiva es la consagración.
DE AMBAS ESPECIES, a saber la objetiva representación del sacrificio de la Cruz no se da en la consagración en cuanto tal, sino en las dos consagraciones consideradas en conjunto.
FORMALMENTE, a saber las dos consagraciones, en cuanto tales, tienen la virtud objetiva de representar el sacrificio de la Cruz.
EN ELLA SOLA, excluidas todas las otras ceremonias que se realizan en la Misa: la oblación verbal, la fracción y la mezcla de las especies y principalmente la comunión.
ESENCIALMENTE, esto es toda la esencia de la acción sacrificial está contenida en las dos consagraciones; aunque puedan añadirse otras acciones, que se requieran para la integridad, a saber la comunión del sacerdote ofererente.
LA ACCIÓN SACRIFICIAL es la acción por la que el sacerdote sacrifica formalmente, esto realiza el sacrificio.
191.- Adversarios. Muchos teólogos exigían para la esencia de la acción sacrificial además de la consagración también la comunión, por lo menos la del sacerdote oferente. Los más antiguos de éstos exigen la comunión a fin de que quede representada la inmolación de la Cruz; la cual piensan que no se representa suficientemente por la sola consagración. Así opinan D. SOTO, M. CANO, VALENCIA, HENRIQUEZ. Otros en cambio exigen la comunión para se dé la destrucción de la víctima inmolada, la cual piensan que es esencia del sacrificio. Así piensan S. BELARMINO, YSAMBERT, MASTRIO, LOS SALMANTICENSES, LUGO, S. ALFONSO MARIA DE LIGORIO y otros.
Algunos teólogos exigían además o bien la oblación verbal (SOTO, CANO, VALENCIA, HENRIQUEZ), o también la fracción y la mezcla (CANO, VALENCIA, ESTIO).
Todos estos autores defendían que la consagración pertenece esencialmente, aunque de modo inadecuado, a la acción sacrificial. Se dice sin embargo que negaron esto ESCOTO, GABRIEL y algunos tomistas. Sin embargo lo sostuvieron ciertamente de modo especial algunos más recientes según los, cuales la razón del sacrificio eucarístico consiste más bien en la cena de la comunidad fraterna; y por tanto debe situarse su esencia de un modo adecuado en la comunión del sacerdote y de los fieles hecha en común.
192.- Doctrina de la Iglesia. PIO XII enseña: «El sacrificio eucarístico por su propia naturaleza es la inmolación incruenta de la víctima divina, la cual aparece ciertamente de un modo místico por la separación de las sagradas especies, y por la oblación de éstas hecha al eterno Padre. Ahora bien la sagrada comunión pertenece a la integridad y mientras es absolutamente necesaria la comunión al ministro que realiza el sacrificio, debe ser sólo encarecidamente recomendada a los fieles cristianos». Con estas palabras se enseña lo siguiente: a) La esencia del sacrificio de la Misa, que consiste en la inmolación incruenta de la víctima, hay que situarla en la separación de las sagradas especies, la cual es la inmolación mística y la cual se da en verdad formalmente por ambas consagraciones. b) La oblación de las especies separadas pertenece a la esencia de la misma inmolación; sin embargo no la oblación verbal, sino la que se da en la consagración misma. c) La comunión del sacerdote oferente pertenece a la integridad del sacrificio, no a la esencia de éste. d) La comunión de los fieles ni siquiera es necesaria para la integridad. Está claro que, excluida la comunión de la esencia del sacrificio eucarístico, mucho más quedan excluidas todas las otras acciones, que se realizan en la Misa.
El mismo Sumo Pontífice explica: «Por la transubstanciación del pan en el Cuerpo de Jesucristo y del vino en Su Sangre, así como está realmente presente Su Cuerpo así también Su Sangre: ahora bien las especies eucarísticas, bajo las cuales está presente, representan la separación cruenta del Cuerpo y de la Sangre. Por consiguiente la demostración memorial de Su muerte, que sucedió realmente en el Calvario, se repite en cada uno de los sacrificios del-altar, puesto que por las distintas señales de la muerte Jesucristo y se muestra en estado de víctima». En estas palabras se enseña que la, representación objetiva del sacrificio de la Cruz, que es esencial en el sacrificio eucarístico, se da en ambas consagraciones, porque por medio de las distintas especies se indica por una parte el Cuerpo de Cristo y por otra parte Su Sangre, como místicamente separados, así como por Su pasión y muerte estuvieron realmente separados en la Cruz.
Valor dogmático. La tesis, que ya era tenida como común y cierta entre los teólogos, hoy debe calificarse como doctrina católica por las palabras citadas, con las que Pío XII explica esto con especial interés.
193.- Prueba. a) La consagración de ambas especies representan adecuadamente de modo objetivo la inmolación del sacrificio de la Cruz. Para tener esta representación se requiere alguna acción, que signifique en sí misma el derramamiento de la Sangre ocurrido en la Cruz, esto es su separación del Cuerpo; es así que esto se da por las dos consagraciones consideradas en conjunto; luego las dos consagraciones representan adecuadamente de modo objetivo la inmolación del sacrificio de la Cruz.
La menor. La consagración significa lo que se expresa por medio de las palabras; luego la consagración del pan significa solamente el Cuerpo de Jesucristo presente y la consagración del cáliz solamente la Sangre de Jesucristo presente; por tanto las dos consagraciones, por el hecho de ser dos y no una sola, significan la Sangre en cuanto separada del Cuerpo, esto es la Sangre derramada en la Cruz.
b) La comunión no se requiere para la representación objetiva. La significación litúrgica de la comunión se conoce por las palabras con las que es introducida en la liturgia; es así que estas palabras tratan siempre de la unidad del que la reciba, de la oblación que se ha de hacer a Dios; luego la comunión no se requiere para la representación de la Cruz. Sta. TOMAS se expresa así: «La comunión pertenece a la naturaleza del sacramento, en cambio la oblación pertenece a la naturaleza del sacrificio» (3 q. 79 a. 7).
c) La comunión no se requiere esencialmente para la necesaria destrucción de la víctima. La comunión litúrgicamente tiene el carácter de participación dentro de un convite en la víctima ya sacrificada (1 Cor 10,16-21); lo cual se expresa muchas veces en las preces litúrgicas que siguen a la comunión. Ahora bien esta participación no se da por parte del hombre que aplaca a Dios, sino por parte de Dios que ha aplacado, el cual santifica sacramentalmente haciendo al hombre Su comensal. Luego no puede pertenecer a la esencia del sacrificio, el cual más bien lo supone ya realizado. Sin embargo el convite sacrificial en este sacrificio eucarístico es el complemento natural del sacrificio mismo, porque fue instituido bajo la índole de comida y de bebida, y por tanto con la ordenación intrínseca al convite sacrificial. Por consiguiente la comunión del sacerdote se requiere por derecho divino para la integridad de este sacrificio.
d) Las otras acciones no pertenece a la esencia. Todas las otras acciones litúrgicas se omiten en ciertos casos, quedando en pie el sacrificio. Luego no son de esencia del sacrificio.
194.- Objeciones. 1. La comunión del sacerdote es a manera de la destrucción por el fuego en los holocaustos; es así que la destrucción por el fuego pertenecía a la esencia de aquellos sacrificios; luego la comunión del sacerdote pertenece a la esencia del sacrificio.
Respuesta. Niego la mayor. La comunión es a manera de la participación de un convite en la víctima del sacrificio.
2. S. Pablo (1 Cor 11,26) -pone en la comunión, y ciertamente en la comunión de los fieles, la representación objetiva del sacrificio de la Cruz; luego la comunión pertenece a la esencia del sacrificio eucarístico.
Respuesta. Niego el antecedente. Sn. Pablo en esas palabras explica solamente en qué sentido en el sacrificio eucarístico se da la memoria de Cristo. Ahora bien cuál es el verdadero sentido de la comunión lo explica en la misma epístola 10,16-21.
3. La acción sacrificial presupone la presencia de la víctima; es así que en el sacrificio eucarístico la víctima no está presente más que por la consagración; luego la acción sacrificial del sacrificio eucarístico no puede ser la consagración misma.
Respuesta. Distingo la mayor. La acción sacrificial presupone la presencia de la víctima por lo menos anteriormente por naturaleza, concedo la mayor, anteriormente también en cuanto al tiempo, niego la mayor y distingo también la menor. La víctima no está presente más que por la consagración en cuanto que esta es una acción que transubstancia, concedo la menor, en cuanto que esta es una acción oblativa y que inmola, niego la menor y distingo igualmente la consecuencia. La acción sacrificial no puede ser la consagración en cuanto que es acción que transubstancia, concedo la consecuencia; en cuanto que es acción oblativa y que inmola, niego la consecuencia.
4. Es así que la consagración de ningún modo es acción oblativa y que inmola; pues la consagración sólo hace lo que se indica por medio de las palabras y de las especies; es así que por medio de las palabras y de las especies se indica solamente la transubstanciación; luego la consagración es una acción que solamente transubstancia, de ningún modo es una acción oblativa o que inmola.
Respuesta. Niego la menor subsiguiente. En cuanto a la prueba pase la mayor y distingo la menor. Por cada una de las consagraciones consideradas separadamente se indica solamente la transubstanciación, concedo la menor o pase la menor; por ambas consagraciones consideradas en conjunto, niego la menor y distingo igualmente la consecuencia. Cada una de las consagraciones consideradas por separada son una acción que solamente transubstancia, conceda la consecuencia