CIELO


Citas de la Sagrada Escritura

 

Habiendo quedado libres del pecado y hechos siervos de Dios, cogeis por fruto vuestro la santificaci6n y por fin la vida eterna. Rom 6, 22.

 

Dios ha de pagar a cada uno segun sus obras, dando la vida eterna a los que, por medio de la perseverancia en las buenas obras, aspiran a la gloria. Rom 2, 7.

 

Justificados por la gracia de Nuestro Sehor Jesucristo, vendremos a ser herederos de la vida eterna, conforme a la esperanza. Doctrina es esta certisima; y deseo que arraigues bien en ella a los que creen en Dios a fin de que procuren aventajarse en practicar buenas obras. Tit 3, 7-8.

 

Ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó a hombre por pensamiento las cosas que Dios tiene preparadas para aquellos que le aman. I Cor 2, 9.

 

La vida eterna consiste en conocerte a Ti, solo Dios verdadero. Jn 1 7, 3.

 

Ya no podran (los justos) morir otra vez, siendo iguales a los angeles e hijos de Dios. Lc 20, 36.

 

Os hago saber que sus angeles en los cielos estan siempre viendo la cara de mi Padre celestial. Mt 18, 10.

 

Al presente no vemos (a Dios) sino como en un espejo, y bajo imagenes oscuras: pero entonces le veremos cara a cara. I Cor 13, 12.

 

En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. Jn 14, 2.

 

Cada uno recibira su propio salario a medida de su trabajo. I Cor 3, 8.

 

Una es la claridad del sol, otra la claridad de la luna y otra la claridad de las estrellas, y aun hay diferencia en la claridad entre estrella y estrella: asi sucedera tambien en la resurreccion de los muertos. I Cor 15, 41-42.

 

Quien escasamente siembre, cogera escasamente; y quien siembre a manos llenas, a manos llenas cogera. 2 Cor 9, 6.

 

Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparacion con la gloria que ha de manifestarse en nosotros. Rom 8, 18.

 

Yo en justicia contemplare tu faz, y me saciare, al despertar, con tu imagen. Sal 16, 15.

 

No padeceran hambre ni sed, ni les afligira el viento solano ni el sol, porque los guiara el que de ellos se ha compadecido, y los llevara a manantiales de agua. Is 49, 10.

 

Entonces los justos brillaran como el sol en el reino de su Padre. Mt 13, 43.

 

Carisimos, ahora somos hijos de Dios, aunque aun no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es. I Jn 3, 2.

 

Alegraos y regocijaos, porque grande sera en los cielos vuestra recompensa, pues asi persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros. Mt 5, 12.


SELECCION DE TEXTOS

 

Con Cristo en el Cielo

893 Puede decirse que nadie sube al cielo sino Cristo solo, porque los santos no suben mas que en cuanto miembros de El, que es la cabeza de la Iglesia (SANTO TOMAS' Sobre el Credo, 6,1. c., p. 80).

 

894 Cuando conozcas a Dios tal cual es, tendras un cuerpo inmortal e incorruptible como el alma, y poseeras el Reino de los cielos. Puesto que, durante la vida terrestre, has reconocido al Rey celestial, seras el familiar de Dios y el coheredero de Cristo, y no mas esclavo de las pasiones, de las codicias y de las enfermedades (SAN HIPOLITO, Refutacion de todas las herejias, libro 10, 33-34: PG 163, 3452-3453).

 

Aqui en la tierra, la caridad es ya un comienzo de cielo

 

895 Es de notar que la bienaventuranza se otorga en proporcion a la caridad y no en proporcion a cualquier otra virtud (SANTO ToMAs, Sobre la caridad, 1. c., 204).

 

896 El amor humano, el amor de a-tui abajo en la tierra cuando es verdadero, nos ayuda a saborear el amor divino. Asi entrevemos el amor con que gozaremos de Dios y el que mediara entre nosotros, alla en el cielo, cuando el Senor sea todo en todas las cosas (I Cor 15, 28). Ese comenzar a entender lo que es el amor divino nos empujara a manifestarnos habitualmente mas compasivos, mas generosos, mas entregados (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 166).

 

897Aqui la caridad es ya un comienzo de la vida eterna, y la vida eterna consistira en un acto ininterrumpido de caridad (SANTO TOMAS, Suma Teologica, 1-2, q. 114, a. 4).

 

898 Reinar en el cielo es estar intimamente unido a Dios y a todos los santos con una sola voluntad, y ejercer todos juntos un solo y unico poder. Ama a Dios mas que a ti mismo y ya empiezas a poseer lo que tendras perfectamente en el cielo. Ponte de acuerdo con Dios y con los hombres—con tal de que estos no te aparten de Dios—y empiezas ya a reinar con Dios y con todos los santos. Pues en la medida en que estes ahora de acuerdo con la voluntad de Dios y de los hombres, Dios y todos los Santos se conformaran con la tuya. Por tanto, si quieres ser rey en el cielo, ama a Dios y a los hombres como debes, y mereceras ser lo que deseas (SAN ANSELMO, Carta 112 a Hugo el recluso, texto latino en Opera omnia volt 3, Nelson, Edimburgo 1946, pp. 245

 

Solo Dios saciara el corazon humano para siempre y sin termino

899 Aquellos tesoros de sabiduria y ciencia, aquellas riquezas divinas, son llamados asi porque ellos hos bastaran. Y aquella gran bondad es llamada asi porque nos saciara. Muestranos, pues, al Padre, y eso nos bastara.

Ya en uno de los salmos, uno de nosotros, en nosotros y por nosotros, le dice al Sefior: Me saciare cuando aparezca tu gloria [...]. Cuando se vuelva a nosotros, nos mostrara su rostro; y seremos salvados y quedaremos saciados, y eso nos bastara (SAN AGUSTIN, Sermon 194).

900 La vida perdurable consiste primariamente en nuestra union con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el termino de todas nuestras fatigas (SANTO TOMAS, Sobre el Credo, 1. c., 1 10).

901 La pena del infierno es insufrible, es verdad; pero si alguno fuera capaz de imaginar diez mil infiernos, nada seria el sufrimiento en comparacion de la pena que produce el haber perdido el cielo y ser rechazado por Cristo (SAN JUAN CRISOSTOMO, Catena Aurea, volt I, p. 447).

902 Vamos a pensar lo que sera el Cielo. Ni ojo vio, ni oido oyo, ni paso a hombre por pensamiento cuales cosas tiene Dios preparadas para los que le aman. ¿Os imaginais que sera llegar alli, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me pregunto muchas veces al dia: ,,que sera cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello del Apbstol: ni ojo vio, ni oido oyo... Vale la pena, hijos mios, vale la pena (J. ESCRIVA DE BALAGUER, en Hoja informativa n. I, de su proceso de beatificacion, p. 5).

903 Consiste asimismo en la perfecta satisfaccion de nuestros deseos, ya que alli los bienaventurados tendran mas de lo que deseaban o esperaban. La razon de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el ceseo ae~ nomore. bUIU Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito (SANTO TOMAS Sobre el Credo, 1. c., III).

 

La contemplacion de Dios

 

904 Los hombres, pues, veran a Dios y viviran, ya que esta vision los hara inmortales, al hacer que lleguen hasta la posesion de Dios. Esto, como dije antes, lo anunciaban ya los profetas de un modo velado, a saber, que veran a Dios los que son portadores de su Espiritu y esperan continuamente su venida. Como dice Moises en el Deuteronomio, aquel dia veremos que puede Dios hablar a un hombre y seguir este con vida (SAN IRENEO, Trat. sobre las herejías, 4, 20).

 

905 Cuando ya contemples a Dios tal cual es, tendras un cuerpo inmortal e incorruptible, como el alma, y poseeras el reino de los cielos, tu que, viviendo en la tierra, conociste al Rey celestial; participaras de la felicidad de Dios, seras coheredero de Cristo y ya no esteras sujeto a las pasiones ni a las enfermedades, porque habras sido hecho semejante a Dios (SAN HIPOLITO, Trat. refut. de las herejias, 10).

 

906 Sus ovejas encontraran pastos, porque todo aquel que le sigue con un corazon sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cual es el pasto de estas ovejas, sino el gozo intimo de un paraiso siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstaculo algun~^, sacia para siempre el espiritu con el alimento de vida (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 14 sobre los Evang.).

 

907Los que se quieren, procuran verse. Los enamorados solo tienen ojos para su amor. ¿No es logico que sea asi? El corazon humano siente esos imperativos. Mentiria si negase que me mueve tanto el afan de contemplar la faz de Jesucristo. Vultum taum, Domine, requiram, buscare, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos, y pensar que llegara el momento, cuando Dios quiera, en que podre verle, no como en un espejo, y bajo imagenes oscuras... sino cara a cara. Si, hijos, mi corazon esta sediento de Dios, del Dios vivo. ¿ Cuando vendre y vere la faz de Dios? (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Hoja informativa n. I de su proceso de beatificacion, p. 1).

 

La esperanza del cielo

908 Para nosotros el Alleluia es el cantico del viandante; nos dirigimos por un camino penoso hacia el descanso de la patria, donde no tendremos otra ocupacion que repetir incesantemente el Alleluia (SAN AGUSTIN, Sermon 255, sobre el <<alleluia>>).

909 Nosotros, que conocemos los gozos eternos de la patria celestial, debemos darnos prisa para acercarnos a ella por el camino mas corto (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. I sobre los Evang.).

910 Ya no habra enemigo y no perecera ningun amigo. Alli Dios sera alabado. Aqui tambien Dios es alabado. Pero aqui lo es por hombres sumergidos en preocupaciones, alli por hombres que viven en paz; aqui por mortales, alli por seres definitivamente vivos; aqui en esperanza, alli en realidad; aqui de camino, alli en la patria (SAN AGUSTIN, Sermon 256).

911 Quien tiene su ojo malo [...], tiene su cuerpo en tinieblas. No resiste a la carne cuando desea las cosas malas, porque no tiene esperanza en el cielo, que es la que nos concede el valor para resistir a las malas pasiones (SAN JUAN CRISOSTOMO en Catena Aurea, volt 1, p. 388).

912 Prometio la salvacion eterna, la vida bienaventurada y sin fin en compaiiia de los argeles, la herencia imperecedera, la gloria eterna, la dulzura de la contemplacion de su rostro, su templo santo en los cielos y, como consecuencia de la resurreccion, la ausencia total del miedo a la muerte (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 109).

913 Debemos pensar y meditar, que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en el somos como extranjeros y peregrinos. Deseamos con ardor aquel dia en que se nos asignara nuestro propio domicilio, en que se nos restituira al paraiso y al reino [...]. El que esta lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraiso; alli nos espera un gran numero de seres queridos, alli nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solicitos aun de la nuestra (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la muerte, 18).

 

914 Y con ir siempre con esta determinacion de antes morir que dejar de llegar al fin del camino, si os llevare el Senor con alguna sed en este camino en esta vida, daros ha de beber con toda abundancia en la otra y sin temor que os ha de faltar (SANTA TERESA, Camino de perfeccion, 20, 2).

 

La felicidad de los bienaventurados

 

915 El mana era saboreado por todos los que lo comian, pero con diferente sabor segun los diversos deseos de los que lo tomaban, y jamas fue saboreado por completo, pues tenía mas sabores que gustos había en Israel. Nosotros veremos y saborearemos en el cielo a toda la Divinidad, pero ninguno de los bienaventurados, ni todos juntos, la veran y saborearan por completo. La esencia divina cuenta con tal excelencia que sobrepasa nuestra capacidad de gozo. Pero nosotros sentiremos gran placer al saber que, despues de haber saciado todos los deseos de nuestro corazon y despues de haber satisfecho toda nuestra capacidad con el goce del bien infinito, quedaran aun en la infinita esencia perfecciones infinitas para ver, gozar y poseer, perfecciones que solo la divina Majestad entiende y ve perfectamente, pues solo ella se comprende a si misma (SAN FRANCISCO DE SALES, Trat. del amor de Dios, 3, 15).

 

916 En cuanto estemos intimamente unidos a esta pura y perfectisima Bondad, ya no tendremos necesidad de atender a estas necesidades del cuerpo, seremos felices y no estaremos faltos de nada, poseyendo mucho y no teniendo que buscar nada (SAN AGUSTIN, Sermon 255, sobre el <<alleluia>~).

 

917La vida eterna consiste: En primer lugar en la union con Dios. Dios mismo es el premio y fin de todos nuestros trabajos: Yo soy tu protector, y tu galardon grande sobremanera (Gen 15, I).

A la vez, esta union consiste en vision perfecta: Ahora vemos en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara (I Cor 13, 12). Y tambien en una excelsa alabanza.

En segundo lugar, la vida eterna consiste en una perfecta sociedad de los deseos, porque en ella todos los bienaventurados tendran mas de lo que anhelan y esperan [...].

En tercer lugar, la vida eterna consiste en una seguridad total [...].

En cuarto lugar en la feliz compatlia de todos los bienaventurados, compania que sera la mas agradable, porque seran de cada uno los bienes de todos (SANTO TOMAS, Sobre el Credo, I.c., p. 110).

918 jAh!, si amais tanto una gota de agua, ¿que sera de la misma fuente? (SAN AGUSTIN, Sermon 255, sobre el <<alleluia>>).

919 Alli esta la sociedad de los ciudadanos de la patria celestial; alli es donde todo es fiesta; alli esta el descanso verdadero y seguro; alli es donde reinan la paz y tranquilidad perpetuas (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 30 sobre los Evang.).

920 No creamos que quienes desprecian al mundo hacen gran sacrificio, porque toda la tierra vale muy poco en comparacion del cielo; por lo tanto, aun cuando fuesemos duenos de todo el mundo y renunciaremos a el, nada hariamos que fuese digno en comparacion del reino de los cielos (SAN ATANASIO, en Catena Aurea, volt VI, p. 311).

921 La alabanza desborda de un corazon demasiado lleno. Y si alabamos lo que creemos, lcomo alabaremos cuando veamos? (SAN AGUST;N, Sermon 255, sobre el <<alleluia>>).

922 ¿Que discurso podre representar lo que luego ha de seguirse: el placer, la dicha, el jubilo de la presencia y el trato con Cristo? No hay lengua que pueda explicar la bienaventuranza que goza ni la ganancia de que es duena el alma que ha tornado a su propia nobleza y que puede en adelante contemplar a su Señor. Y no solo se goza de los bienes que tiene en sus manos, sino de saber con certidumbre que esos bienes no han de tener fin jamas (SAN JUAN CRISOSTOMO, Exhortac. a Teodoro, 1).

 

923 No padeceras alli limites ni estrecheces al poseer todo; tendras todo, y tu hermano tambien tendra todo; porque vosotros dos, tu y el, os convertireis en uno, y este unico todo tambien tendra a Aquel que os posea a ambos (SAN AGUSTiN, Coment. sobre el Salmo 36).

 

924 De tres cosas descansaremos entonces: de los trabajos dela vida presente, del agobio de las tentaciones y de la esclavitud del diablo (SANTO TOMAS, Sobre los mandamientos, 1. c., p. 240).

 

925 El gran bien que me parece a mi hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en si mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una santificacion grande en si mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Sehor, y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y asi le amariamos aca, aunque no en esta perfeccion, ni en un ser; mas muy de otra manera le amariamos de lo que le amamos, si le conociesemos (SANTA TERESA, Camino de perfeccion, 30, 1-5).

 

926 Pues toda la riqueza de esta vida, comparada con la felicidad eterna, no es ni un auxilio, es una carga. La vida temporal, comparada con la eterna, debe llamarse muerte y no vida (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 37 sobre los Evang.).

 

927 Y por encima de todo ello, el trato y goce sempiterno de Cristo, de los argeles..., todos perpetuamente en un sentir comun, sin temor a Satanas ni a las asechanzas del demonio ni a las amenazas del infierno o de la muerte (SAN JUAN CRISOSTOMO, Epistola I a Teodoro, 11).

 

928 Eso haremos en el cielo: gozarnos con la grandeza de Dios. Nuestra felicidad radicara en un pasmo dichoso, en el que no se distinguen el amor, la accion de gracias, la glorificacion: jGracias, Sei~or, porque eres grande—agimus tibi gratias propter magnam gloriam tuam—: Santo, Santo Santo!

El bienaventurado agradece: ama, glorifica, se goza en la bondad y belleza divinas. Por eso el agradecimiento, la alegria de quien se sabe beneficiado, deudor, es prenda de salvacion. (J.M. PEROSANZ ELORZ, La hora sexta, pp. 269-270).

929 Este Bien, que satisface siempre, producira en nosotros un gozo siempre nuevo. Cuanto mas insaciablemente seais saciados de la Verdad, tanto mas direis a esta insaciable Verdad: amen; ;es verdad! Tranquilizaos y mirad; sera una continua fiesta (SAN AGUSTIN, Sermon 362).

 

La felicidad en esta vida no puede ser plena

930 El gozo en esta vida no puede ser pleno. Lo sera cuando —en la patria—poseamos de modo acabado el bien perfecto: entra en el gozo de tu Seflor (Mt 25, 21) (SANTO ToMAS, Trat. Evang. S. Juan, 15).

 

Cumplir la voluntad de Dios, condicion para entrar en el cielo

931 Esta es la llave para abrir la puerta y entrar en el Reino de los Cielos: <<-tui facit voluntatem Patris mei qui in coelis est, ipse intrabit in regnum coelorum>>—el que hace la voluntad de mi Padre... dese entrara! (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 754).

 

La compañia de los santos en el cielo

932 Tanto para ellos como para nosotros significa una gran alegria poder llegar a su presencia y abrazarlos; la felicidad plena y sin termino la hallaremos en el reino celestial, donde no existira ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin. Alli esta el coro celestial de los apostoles, la multitud de los profetas, la innumerable muchedumbre de los martires, coronados por el glorioso certamen de su pasion; alli las virgenes triunfantes, que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo; alli los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes, los que, obedeciendo el consejo del Seflor, trasladaron su patrimonio terreno a los tesoros celestiales. Deseemos avidamente, hermanos muy amados, la compahia de todos ellos (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la muerte, 18, 24).

 

933 [...]ciertamente, los bienaventurados gozaran de la gloria, no solo de aquella que ultimamente hemos mostrado ser la felicidad esencial, o la mas unida a su naturaleza, sino tambien de aquella que consiste en el conocimiento claro y evidente que cada uno ha de tener de la grande y excelente dignidad de los demas. Pues, a la verdad, ¿cuan grande no se ha de estimar la honra que les dara el Seflor al llamarlos, ya no mas siervos, sino amigos, hermanos o hijos de Dios?[...]

Por otra parte, si en todos los hombres ha impuesto la naturaleza el deseo comun del honor, que dan los varones insignes en sabiduria, por creer que estos seran los testigos mas valiosos de su virtud, ',cuanto creemos que se acrecentara la gloria de los bienaventurados al honrarse con muy grandes alabanzas unos a otros? (Catecismo Romano, 1, cap. 13, n. 11).

 

934 Lo mismo que la salud destierra muchos deseos que atormentan a los enfermos, asi la inmortalidad los desecha todos porque ella misma es alli nuestra salud. Recordad al Apostol y ved que hace falta, dice el, que lo corruptible —este cuerpo—se revista de incorruptibilidad y que lo mortal se revista de inmortalidad. Entonces seremos iguales a los argeles. Pero los argeles, `,son infelices por no comer? (SAN AGusTiN, Sermon 255, sobre el <<alleluia>>).

 

935 Para los buenos sera motivo especial de gloria el hecho de tener sus cuerpos gloriosos, adornados de cuatro dotes. La primera es la claridad: Brillaran los justos como el sol en el reino de su Padre (Mt 13, 43). La segunda es la impasibilidad: [...] Secara Dios toda lagrima de sus ojos y no hatera mas muerte, ni hatera mas llanto ni lamentos ni dolores, porque lo de antes paso (Apoc 21, 4). La tercera es la agilidad: Brillaran los justos, y avanzaran como chispa en cañaveral (Sab 3, 7). La cuarta es la sutileza: Es sembrado un cuerpo animal, resucitara un cuerpo espiritual (ICor 15, 44); no quiere decir que sea por completo espiritu, sino que estera totalmente sometido a este (SANTO ToMAs, Sobre el Credo, 1. c., p. 108).

 

La gracia de la Confirmacion y el aumento del estado de gloria

936 Quienes tienen nitros a su cargo, han de ocuparse diligentemente de que sean confirmados, porque es grande la gracia que proporciona este sacramento. Si mueren, tendra mayor gloria el confirmado que el que no lo ha sido, porque aquel recibio mas gracia (SANTO TOMAS' Sobre el Credo, 1. c., p. 101).

 

Hemos nacido para el cielo

937 La meta que se nos ha señalado no consiste en algo de poca monta, sino que nos esforzamos por la posesion de la vida eterna. Por esto, en la profesioh de fe, se nos enseha que, despues de aquel articulo: La resurreccion de los muertos, de la que ya hemos disertado, creamos en la vida del mundo futuro, por la cual luchamos los cristianos (SAN CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis, 18).

938 Hemos nacido para las cosas presentes y renacido para las futuras (SAN LEON MAGNO, Sermon 7 en /a Natividad del Señor).

939 No son pequehos los objetivos que nos hemos propuesto, nuestra pretension consiste nada menos que en la consecucion de la vida eterna (SAN CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis, 18).

940 ¡Que necedad tan grande es amontonar donde se ha de dejar, y no enviar alli donde se ha de ir! Coloca tus riquezas donde tienes tu patria (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, volt I, p. 386).

941 Endeble criatura, ¿por que te extravias buscando los bienes de tu alma y de tu cuerpo? Ama el unico bien en el que estan contenidos todos los bienes: eso te bastara... Cuerpo mio, ¿,que es lo que tu amas? Alma mia, ¿que es lo que tu deseas?unicamente allá,en lo alto,se encuentra todo cuanto podeis amar y desear (SAN ANSELMO, Proslogion, 25-26).

 

La intercesion de los bienaventurados remedia nuestra debilidad

 

942 La union de los viadores con los hermanos que se durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe, antes bien, segun la constante fe de la Iglesia, se robustece con la comunicacion de bienes espirituales. Por lo mismo que los bienaventurados estan mas intimamente unidos a Cristo, consolidan mas eficazmente a toda la Iglesia en la santidad, ennoblecen el culto que ella ofrece a Dios a-tui en la tierra y contribuyen de multiples maneras a su mas dilatada edificacion (cfr. I Cor 12, 12-27). Porque ellos habiendo llegado a la patria y estando en presencia del Seflor (cfr. 2 Cor 5, 8), no cesan de interceder por El, con El y en El a favor nuestro ante el Padre, ofreciendole los meritos que en la tierra consiguieron por el Mediador unico entre Dios y los hombres, Cristo Jesus (cfr. I Tim 2, 5), como fruto de haber servido al Seilor en todas las cosas y de haber completado en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia (cfr. Col 1, 24). Su fraterna solicitud contribuye, pues, mucho a remediar nuestra debilidad (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 49).

 

 

Cielo.- "¿Cómo podré subir a los cielos? El camino es el Señor: es verdad que es angosto, pero viene de los cielos; es verdad que es estrecho, pero es camino que lleva a los cielos. (S. Clemente, sent. 1, adic. Tric. T. 1, p. 349.)"

"Que las viñas o las olivas engañen la esperanza del labrador, que la yerba y los trigos mueran de sequedad en el campo, todo esto, ¿qué puede afligir a los cristianos y siervos de Dios que esperan toda especie de bienes y delicias en el reino celestial? Estos se regocijan y saltan de alegría en el Señor, su Dios: y cuando ponen los ojos en el premio que está por venir, no hay adversidad que no sufran con valor. (S. Cripiano, lib. contra Demetr., sent. 26, Tric. T. 1, p. 302 y 303.)"

"Cada día nos vemos oprimidos de tantos males, así de alma como de cuerpo, y expuestos a tantos peligros, y con todo eso hallamos placer en estar largo tiempo en esta vida entre tantas espadas desnudas, con las que el demonio nos amenaza todos los instantes, cuando debiéramos desear salir con una muerte pronta, para llegar a Jesucristo. (S. Cipriano, Tratado de la inmortalidad, sent. 29, Tric. T. 1, p. 303.)"

" ¿No es una cosa bien fuera de razón y de justicia orar y pedir que se haga la voluntad de Dios, y al mismo tiempo no obedecerle sin repugnancia, cuando quiere sacarnos de este mundo? Nosotros resistimos, nos hacemos fuertes, y como siervos obstinados, vamos, a pesar nuestro, y llenos de pena a la presencia de nuestro Señor: no dejamos voluntariamente la vida sino por necesidad, y a más no poder, y con todo eso queremos que aquel Señor a quien vamos a ver contra nuestro gusto nos premie con sus bienes celestiales. ¿Para qué es pedir a Dios que llegue a nosotros el reino de los cielos, si tanto nos agrada la cautividad en que vivimos sobre la tierra? Para qué es pedir con súplicas tan instantes y frecuentes que acelere el tiempo al establecimiento de su reino en nosotros, si parece que queremos más servir aquí al demonio, que reinar con Jesucristo en el cielo? (S. Cipriano, ¡bid., sent. 30, Tric. ídem, p. 304.)"

"Debemos considerar que ya hemos renunciado al mundo, y que vivimos en él como pasajeros y extraños. Abracemos, pues, aquel

dichoso día que ha de introducir a cada uno de nosotros en su tranquila habitación: aquel día que, librándonos de¡ mundo y rompiendo los lazos de la carne, nos restituirá al paraíso y nos dará entrada al reino celestial. ¿Qué extranjero hay que no se dé prisa por volver a su patria? ¿Qué pasajero en el mar no suspira por un viento favorable para volver a ver cuanto antes los amigos y parientes? El paraíso es nuestra patria, los Patriarcas nuestros padres; ¿cómo, pues, no corremos por volver a visitar nuestra patria, y abrazar a nuestros padres? Grande es el número de amigos, hijos y hermanos nuestros, que nos esperan allá, seguros de su salud eterna, pero con gran cuidado de la nuestra. ¡Qué gozo será para ellos y para nosotros el vernos juntos y abrazarnos! ¡Qué placer será gozar de un reino celestial sin temor de la muerte y con seguridad de vivir para siempre, y poseer una felicidad eterna y soberana! (S. Cipriano, ibid., sent. 7 1, Tric. ibid. ídem.)"

"¿Quién habrá que no tome de buena gana, y aun con ansia, el cáliz de la salud? ¿Quién será el que no abrace con gusto y alegría la ocasión que se le presente de hacer alguna cosa por su Señor? ¿Quién no recibirá con valor y constancia una muerte preciosa en la presencia de Dios? Una muerte con que agrademos a los ojos de aquel que volviendo su vista hacia nosotros desde lo alto de los cielos ve el peligro a que nos exponemos por su nombre, acepta nuestra resolución, nos auxilia en el combate, y después de la victoria, nos da la corona merecida, recompensando en nosotros por la bondad y afecto paternal con que nos ama, lo mismo que él nos ha dado, y honrando en nosotros lo que ha hecho en nuestras almas, supuesto que el mismo Señor declara, que hemos recibido de su mano la fortaleza para vencer y merecer el premio en el combate para postrar al enemigo: esto es lo que nos enseña en estas palabras del Evangelio: Cuando os entregaren, no busquéis en vuestro pensamiento lo que habéis de decir, ni cómo habéis de hablar, porque entonces se os dará lo que habéis de decir. (S. Cipriano, sent. 37, Tric. T. 1, p. 307.)"

"Los que ponen su descanso en esta vida, no deben esperarle en la eternidad, porque el reino del cielo no es para los que aquí viven ociosos: sólo los que pasan una vida llena de tribulaciones tienen lugar a pretenderle. Y a la verdad, es un premio que no se recibirá de valde, y todos los que le han merecido le han conseguido con grandes trabajos. Poco nos importa cuáles hayan sido nuestros males y fatigas en este mundo; pues en entrando en el descanso inefable en donde Dios nos llenará de toda suerte de bienes, se olvidarán todos los

dolores sufridos durante esta vida, que toda es miseria y vanidad. (S. Anastasio, de Sanctiss. Deipara, sent. 7, Tri(,. T. 2, p. 173.)"

"¿Quién es el hombre de juicio que no quiere ser del pequeño número de los que van al cielo por la senda estrecha del evangelio, más bien que juntarse con la multitud de los otros, que corriendo por el camino ancho van a caer en el eterno precipicio? (San Atanasio, sent. 8, Trie. T. 2, p. 173.)"

"No debemos buscar las cosas que no nos han de acompañar después de esta vida: aficionémonos únicamente a los bienes que nos han de seguir inseparablemente, y adornar para siempre nuestros cuerpos y nuestras almas. (S. Basilio, Homl. 33, sent. 21, Tric. T. 3, p. 354.)"

"Cada una de nuestras acciones, o nos acerca al infierno, si lleva el peso de la culpa, o nos habilita, si es virtuosa, para subir a Dios. (S. Basilio, in Psalni. 29, sent. 2, adic. Tric. T. 3, p. 380.)"

"No se ha de buscar en este mundo el gozo de los placeres, sino contentarse con el que nos da la esperanza de gozar de Dios en el cielo. (S. Gregorio Nacian., orat. 8, sent. 17, Tric. T. 3, p. 354.)"

"Yo pienso que el Patriarca Jacob supo por la visión de aquella escala misteriosa, que llegaba desde la tierra al cielo, que no hay otro camino para llegar a Dios como el de tener siempre la mira puesta en las cosas celestiales, y elevar continuamente sus deseos hacia el Señor, de suerte, que ninguno se ha de contentar con vivir en el grado de virtud a que ha llegado, sino que debe considerar como pérdida y detrimento, no subir a otro estado más sublime y perfecto. (S. Greg. de Nisa, Orat. 5, sent. 16, Tric. T. 4, p. 115.)"

"Yo viviré, dice David, como si todavía no viviera, porque en este cuerpo mortal llevamos una sombra de vida que es imagen, y no la verdad de la vida del cielo. (S. Ambrosio, in Psaim. 118, sent. 56, Trie. T. 4, p. 324.)"

"El qtie se conocía heredero de Abraham, dice: Yo soy extranjero en la tierra, y peregrino como todos mis Padres, porque el que es aquí peregrino, es ciudadano en el cielo; pero el que piensa poner en esta tierra todos los bienes de su alma, y se alegra de adquirir la herencia de este mundo, será excluido del reino de Dios. (S. Ambrosio, de Abr., lib. 2, c. 9, sent. 12, adic. Tric. T. 4, p. 396.)"

"Reflexioné en mis caminos, y volví mis pasos. Cuando llegas a donde se cruzan muchos caminos, reflexiona sobre cuál es el que debes tomar, y nunca te resuelvas sin haber decidido interionnente

qué camino de aquellos lleva a la ciudad. Cuanto más debes consultar contigo mismo tú que caminas al reino celestial, pues no todos guían a la Jerusalén del cielo. Hay caminos, Psalm. 118, que tienen mala salida: el diablo los ha procurado trillar, y así pasan en la muerte. De estos se verifica: Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero sus fines dan vista a lo profundo del infierno. El camino es aquel más estrecho que lleva a Dios. Si quieres ir por el camino que lleva a Dios, no mires los que ves alrededor, no sea que te dejes llevar fácilmente de algún afecto, y convidado de la anchura de¡ camino entres en el que para en el infierno. (S. Ambrosio, in sent. 34, adie. Tric. T. 4, p. 403 y 404.)"

"Entrad por la puerta estrecha, porque el camino ancho lleva a la perdición. El camino ancho es la sensualidad del siglo que los hombres buscan; el camino estrecho está lleno de ayunos y de trabajos. Muchos van por el camino ancho, y pocos hallan el camino estrecho: no hay que buscar el camino ancho, porque el mismo se nos presenta, y es el de los que se extravían y se pierden; pero el camino estrecho no todos lo hallan, y los que le encuentran no van desde luego por él: porque hay muchos que después de haber descubierto el camino de la verdad, y haberse adelantado en él, se hallan detenidos en los placeres de este mundo, y vuelven atrás. (S. Jerón., lib. 1, in Matth., c. 7, sent. 94, Trie. T. 5, p. 255.)"

"No creamos que es suficiente un fervor pasajero de la fe, porque es preciso que cada uno lleve continuamente su cruz, para dar a entender de este modo, que es incesante nuestro amor a Jesucristo. (S. Jerón., in c. 10, Matth., sent. 96, Tric. T. 5, p. 256.)"

"No nos hemos de separar de los Profetas; debemos investigar, y preguntar por los caminos antiguos, trillados con las pisadas de muchos santos, cual es la senda buena del Evangelio, y caminar por ella. (S. Jerón., adv. Vigil., c. 6, sent. 8, adic. Tric. T. 5, p. 354.)"

"Ahora vamos por un camino muy estrecho y estamos como titubeando sobre una cuerda en el aire, de suerte, que si no aseguramos nuestros pasos con el contrapeso de la continua circunspección, nos hará caer nuestro enemigo fácilmente hacia un lado o hacia otro. (S. Paulino, Ep. 40, ad Sanct. et Amand., sent. 14, Tric. T. 5, p. 3 3 l.)"

"Cuanto hacemos y cuanto decimos corresponde precisamente al camino ancho o al camino estrecho. (S. Paulino, Ep. ad Celantiam, in Append., sent. 22, Tric. T. 5, p. 332.)"

"En este mundo sois huéspedes y pasajeros: el cielo es vuestro

país; allá debéis trasladar todo cuanto tenéis, y antes de llegar a la divina Patria, recibiréis en este mundo una especie de recompensa. Porque el qué en esta vida se alimenta con la esperanza de los bienes celestiales, y vive lleno de confianza de conseguirlos, ya gusta de antemano la felicidad del reino eterno. (S. Juan Crisóst., Homl. 2, ad popul. Antioch., sent. 4, Tric. T. 6, p. 301.)"

"El Reino de los cielos se consigue con la violencia. Los que son cobardes y perezosos no pueden conseguirle, pues solo se logra trabajando con mucho cuidado y diligencia. Por ser muy estrecho el camino del cielo, se necesita mucha constancia y valor para llegar a él. (S. Juan Crisóst., Homl. 54, sent. 82, Tric. T. 6, p. 315.)"

"Todo lo hacemos por atenciones humanas, y solamente trabajamos por lo presente. (S. Juan Crisóst., Homi. 62, in Joann., sent. 86, Tric. T. 6, p. 316.)"

"Llamó Jesucristo, estrecho y difícil a su camino, y también le llamó yugo suave y carga ligera; porque aunque sea pesada por su naturaleza, se hace muy ligera con el afecto, con la alegría y con el fervor de los que la llevan. Así vemos que los que han abrazado el camino estrecho, van más alegres y contentos que los que caminan por el más ancho; no porque muchas veces no se vean afligidos, sino porque como están ya superiores a las aflicciones, no sienten tanto sus golpes como las gentes del mundo que los tienen por insoportables. (S. Juan Crisóst., lib. de Virgin., c. 4, sent. 176, Tric. T. 6, p. 334.)"

"¿No podrá suceder, me diréis, que se goce en este mundo y en el otro una entera paz y un perfecto reposo? No, eso es imposible, y en vano buscáis semejante estado entre los hombres. (S. Juan Crisóst., Conc. 3, de Lazar., sent. 193, Trie. T. 6, p. 338.)"

"Supuesto que el Evangelio dice: Que el camino que lleva a la vida es áspero y estrecho, ¿cómo en otra parte dice: Mi yugo es suave y fácil? Las primeras palabras pertenecen a la naturaleza de las aflicciones, y las últimas denotan la alegría y sumisión de la voluntad para sufrirlas, porque lo que por su naturaleza parece duro e insufrible, se hace suave y fácil con la disposición de la voluntad del que padece. De este modo, los Apóstoles, cuando los Judíos los azotaron, volvieron llenos de gozo por considerarse dignos de haber padecido esta ignominia por el hombre de Jesucristo. (S. Juan Crisóst., ¡bid., sent. 193, Trie. T. 6, p. 338.)"

"¿Cuántos os parece que habrá en esta, ciudad de los que se han de salvar? Puede ser que no os agrade lo que os tengo de decir en este

punto: mas no dejaré de explicar mi pensamiento. No creo que entre tantos millones de cristianos haya de ciento uno que se haya de salvar, y aún dudo de la salud de este corto número. Porque, ¡cuánta malicia, cuántos excesos hay en los jóvenes! ¡Cuánta flojedad, pereza y falta de devoción hay en los ancianos! Y de este modo en todos los estados y condiciones. (S. Juan Crisóst., Homl. 24, c. 11, sent. 270, Tric. T. 6, p.355.)"

"El camino es estrecho y difícil para el que camina por él con pena y pesadumbre; pero es ancho y fácil para el que camina con amor. (S. Agust., Psalm. 30, Sent. 13, tric. T. 7, p. 455.)"

"Me alegro yo con la esperanza de la eterna felicidad, mas suspiro y gimo porque no me veo todavía en la posesión. (S. Agust., Psalm. 30, sent. 24, Tric. T. 7, p. 456.)"

"Si esperáis la felicidad de] cielo, debéis estar alegres; mas como es preciso esperarla con paciencia, debéis gemir y suspirar mientras os dura la vida. (S. Agust., ibid., sent. 25, Tric. ibid. ibid.)"

"Elevémonos con nuestros deseos a las cosas del cielo, en donde diremos: aquí estoy, ya no deseo más: aquí amo a todos y no temo a ninguno. ¡Oh deseo bueno! ¡Oh deseo santo! (S. Agust., Psalm. 38, sent. 45, Tric. T. 7, p. 458.)"

"El camino ancho es mortal, y su misma latitud y facilidad agrada por algún tiempo; pero su fin será estrecho y penoso para toda la eternidad. (S. Agustín, Psalm. 39, sent. 51, Tric. ibid. ídem.)"

"En el cielo todo es grande, todo verdad, todo es santo, todo es eterno. Allí será nuestro alimento la justicia; nuestra bebida, la sabiduría; nuestro vestido, la inmortalidad; aquella celestial casa será nuestra habitación, y en ella hallaremos verdaderamente la paz, el descanso, el gozo y la justicia. (S. Agustín, Psaim. 49, sent. 67, Tric. T. 7, p. 460.)"

"¿Cuál será en el cielo nuestro empleo, sino amar y alabar a Dios? ¿,Alabarle amándole, y amarle alabándole? (S. Agustín, Psalm. 146, sent. 171, 'Frie. T. 7, p. 470.)"

"El que aquí no suspira como el caminante que está distante de su patria, jamás tendrá el contento de habitar en ella como ciudadano. (S. Agust., Psalm. 148, sent. 176, Tric. T. 7, p. 470.)"

"Con razón dijo el Salvador del mundo, que El era el camino; porque ninguno va a Jesucristo sino por el mismo Jesucristo; es decir, que es indispensable caminar por las sendas de la humildad y la paciencia. Este camino es áspero y escabroso, porque en él nos fatigará el trabajo; a cada paso se ven tristes nublados, y la agitación de los

temores continuos. (S. León, Papa, Serm. 65, sent. 52, Tric. T. 8, p. 395.)"

"No abatan los terrenos deseos a unas almas llamadas al cielo; no ocupen las cosas perecederas a los que están escogidos para gozar de las eternas; no retarden los engañosos atractivos a los que han entrado en el camino de la verdad: pasen los fieles por lo temporal, de modo que se conozca que son peregrinos en el valle de este mundo, en el que, si algunas comodidades lisonjean, no se han de abrazar con culpa, sino despreciar con fortaleza. A esta devoción nos exhorta el bienaventurado San Pedro, y a proporción de aquel amor que concibió con la confesión de su amor a jesucristo, nos suplica y dice: Carísimos, os ruego como a peregrinos y extranjeros, que os abstengáis de los deseos camales que pelean contra el alma. (S. León, Papa, Serm. 73, e. 5, sent. 63, Tric. T. 8, p. 398.)"

"Pronto nos resolvió esta cuestión la misma verdad, porque el camino de Dios es angosto para los que empiezan, y ancho para los perfectos. Lo que proponemos espiritualmente al alma contra sus costumbres es duro, y no obstante, es ligera la carga de Dios en empezando a llevarla: en tanto grado, que hasta la persecución por su amor es agradable, y toda aflicción por el Señor es dulzura del entendimiento, así como se alegraban los Apóstoles cuando por El sufrían los azotes. La puerta estrecha, pues, es ancha para los amantes, los mismos caminos ásperos se hacen suaves y llanos para los que corren señaladamente: cuando sabe el alma que recibe gozos eternos por los dolores temporales, empieza a gustar de lo mismo que la aflige. (S. Greg. el Grande, Homl. 17, sent. 25, adie. Tric. T. 9, p. 387 y 388.)"

"Los que atesoran en el cielo, no tienen que temer a los ladrones. (S. Bemardo, de Convers. ad Cler., n. 41, sent. 17, Tric. T. 10, p. 323.)"

"¿Acaso es el camino útil, pero intransitable? Más fácilmente llegarás despreciando todo, que consiguiéndolo. (S. Bem., Tract. de Cont. Mun., n. 33, sent. 166, Tric. T. 10, p. 332.)"