LUGARES Y OBJETOS DE CULTO


Citas de la Sagrada Escritura

 

Dignidad de los objetos del culto: Cen 25, 10-20.

Vestiduras sacerdotales: Ex 28,

El altar: Ex 30, 1-10.

El óleo de unción: Ex 30, 22

El tabernáculo: Ex 36, 8-38.

El arca y la mesa de los panes: Ex 37, 1 - 1 6.

El candelabro y el altar de oro: Ex 37, 17-28.

El altar de los holocaustos y el atrio: Ex 38, 1-32.

Despertó Jacob de su sueño, y se dijo: «Ciertamente está Yave en este lugar, y yo no lo sabía»; y atemorizado, añadió: «¡Qué terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos». Levantóse Jabob bien de mañana, y tomando la piedra que había tenido de cabecera, la alzó, como memoria, y vertió óleo sobre ella. Llamó a este lugar Betel, aunque la ciudad se llamó primero Luz. E hizo Jacob voto diciendo: «Si Yavé está conmigo, y me protege en mi viaje, y me da pan que comer y vestidos que vestir, y retorno en paz a la casa de mi padre, Yavé será mi Dios; esta piedra que he alzado como memoria sera para mi casa de Dios, y de todo cuanto a mi me dieres te daré el diezmo». Gen 28, 1 6-22.

Entró Jesús en el templo de Dios y arrojó de allí a cuantos vendian y compraban en él, y derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas, diciéndoles: Escrito está: «Mi casa sera llamada casa de oración», pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.Mt. 21, 12-1 3.

Siempre que entraban en el tabernáculo de la reunión para acercarse al altar, se lavaban, como Yavé se lo habia mandado a Moisés. Ex 40, 32.

Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yavé llenó el habitáculo. Moisés no pudo ya entrar en el tabernáculo de la reunión, porque estaba encima la nube, y la gloria de Yavé llenaba el habitáculo.

Todo el tiempo que los hijos de Israel hicieron sus marchas, se ponian en movimiento cuando se alzaba la nube sobre el tabernáculo, y si la nube no se alzaba, no marchaban hasta el día en que se alzaba. Pues la nube de Yavé se posaba durante el día sobre el tabernáculo, y durante la noche la nube se hacia ígnea a la vista de todos los hijos de Israel, todo el tiempo que duraron sus marchas. Ex 40, 34-38.


SELECCIÓN DE TEXTOS

Piedad y arte cristiano

3429 El arte cristiano tiene un carácter que casi querríamos llamar sacramental: no ciertamente en el significado propio de la palabra, pero si como medio e instrumento del que se sirve el Señor para disponer los ánimos a los prodigios de la gracia. Por él los valores espirituales se hacen como visibles, más cercanos a la mentalidad humana, que quiere ver y tocar: la armonia de las estructuras, las formas plásticas, la magia de los colores son otros tantos medios que intentan aproximar lo visible a lo invisible, lo sensible a lo sobrenatural (JUAN XXIII, Aloc. 27-10-1961).

3430 Me viste celebrar la Santa Misa sobre un altar desnudo —mesa y ara—, sin retablo. El Crucifijo, grande. Los candeleros recios, con hachones de cera, que se escalonan: más altos, junto a la cruz. Frontal del color del dia. Casulla amplia. Severo de lineas, ancha la copa y rico el cáliz. Ausente la luz eléctrica, que no echamos en falta.—Y te costó trabajo salir del oratorio: se estaba bien allí. ¿Ves cómo lleva a Dios, cómo acerca a Dios el rigor de la liturgia? (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 543).

3431 ¡Oh, felices lugares—exclamaban—donde tantos prodigios se realizaron por nuestra salvación! Pero, sin ir tan lejos, sin tenernos que molestar en atravesar los mares y exponernos a tantos peligros, ¿no tenemos aquí, en medio de nosotros, a Jesucristo, no solamente como Dios, sino en cuerpo y alma? ¿No son tan dignas de respeto nuestras iglesias como los lugares santos que visitaban aquellos peregrinos? ¡Nuestra dicha es demasiado grande!, jamás comprenderemos su alcance. ¡Pueblo feliz, el cristiano, al ver cómo cada día se renuevan todos los prodigios que la omnipotencia de Dios obró en otro tiempo en el Calvario para salvar a los hombres! (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el Jueves Santo).

3432 Entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro. Estos, por su naturaleza, están relacionados con la infinita belleza de Dios, que intentan expresar de alguna manera por medio de obras humanas. Y tanto más pueden dedicarse a Dios y contribuir a su alabanza y a su gloria cuanto más lejos están de todo propósito que no sea colaborar lo más posible con sus obras para orientar santamente los hombres hacia Dios.

Por esta razón, la santa madre Iglesia fue siempre amiga de las bellas artes, buscó constantemente su noble servicio y apoyó a los artistas, principalmente para que las cosas destinadas al culto sagrado fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 122).

3433 Más aún, la Iglesia se consideró siempre, con razón, como árbitro de las mismas, discerniendo entre las obras de los artistas aquellas que estaban de acuerdo con la fe, la piedad y las leyes religiosas tradicionales y que eran consideradas aptas para el uso sagrado (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 122).

3434 (La Iglesia ha procurado siempre que los fieles sean) tan cuidadosos del culto y del honor divino que puedan con razón llamarse celosos más que amantes [...], para que imiten al mismo Jesucristo, de quien son estas palabras: el celo de tu Casa me devoró (Jn 2, 17) (Catecismo Romano, III, 2, 27).

3435 Los artistas que, llevados por su ingenio, desean glorificar a Dios en la santa Iglesia, recuerden siempre que su trabajo es una cierta imitación sagrada de Dios Creador y que sús obras están destinadas al culto católico, a la edificación de los fieles y a su instrucción religiosa (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Conciliun, 127).

3436 Revísense cuanto antes [...] los cánones y prescripciones eclesiásticas que se refieren a la disposición de las cosas externas del culto sagrado, sobre todo en lo referente a la apta y digna edificación de los templos, a la forma y construcción de los altares, a la nobleza, colocación y seguridad del sagrario, así como también a la funcionalidad y dignidad del baptisterio, al orden conveniente de las imágenes sagradas, de la decoración y del ornato (CONC. VAT. II, Const. Sacrosantum Concilium, 128).

Respeto hacia los templos y lagares de culto

3437 (Mi casa se llamará casa de oración). Nadie haga cosa alguna en el oratorio, sino aquellas para las que está destinado, y de quien recibe su nombre (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. III, p. 16).

3438 Cualquiera que sea el lugar donde nos encontremos, dirijamos con alegría nuestros pensamientos, nuestros deseos, hacia donde está guardado este adorable Cuerpo, para unirnos a los ángeles que con tanto respeto lo adoran. Guardémonos de hacer como aquellos impíos que no muestran el menor respeto a los templos, tan santos, tan dignos de reverencia, tan sagrados por la presencia de Dios hecho hombre, que día y noche mora entre nosotros (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el Jueves Santo).

Dignidad y veneración por los objetos del culto

3439 Los cálices sagrados y los santos lienzos y todo lo demás que pertenece a la Pasión del Señor [...], por su consorcio con el Cuerpo y la Sangre del Señor, han de ser venerados con la misma reverencia que su Cuerpo y que su Sangre (SAN JERÓNIMO, Epístola 114).

3440 Aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.

—Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco. —Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: «opus enim bonum operata est in me»—una buena obra ha hecho conmigo (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 527).

Imágenes sagradas

3441 Siguiendo la enseñanza divinamente inspirada de nuestros Santos Padres y la tradición de la Iglesia Católica [...], definimos con toda exactitud y cuidado que, de modo semejante a la imagen de la preciosa y vivificante cruz, han de exponerse las sagradas y santas imágenes, tanto las pintadas como las de mosaico y de otra materia conveniente' en las santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y ornamentos, en las paredes y cuadros, en las casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios y Salvador Jesucristo, de la Inmaculada Señora nuestra la santa Madre de Dios, de los preciosos ángeles y de todos los varones santos y venerables. Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor, no ciertamente de latría verdadera que según nuestra fe sólo conviene a la naturaleza divina; sino que, como se hace con la figura de la preciosa y vivificante cruz, con los evangelios y con los demás objetos sagrados de culto, se las honre con la of renda del incienso y de luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos. «Porque el honor de la imagen se dirige al original» (S. Basilio), y el que adora una imagen adora a la persona en ella representada (CONC. II DE NICEA, Ses. VII; Denz 302-304).

3442 A esta causa era tan amiga de imágenes. ¡Desventurados los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran holgáranse de ver su retrato, como acá aun da contento ver el de quien se quiere bien (SANTA TERESA, Vida, 9, 2).

3443 Así como los Angeles son mensajeros de Dios y le presentan nuestras plegarias, así el arte cristiano se alza por encima del velo de lo sensible para unir con Dios, acompañar sus santas inspiraciones, facilitar y orientar nuestras relaciones con El (JUAN XXIII, Aloc. 27-X-1961).

3444 Este, pues, es buen tiempo para que nos enseñe nuestro Maestro, para que le oigamos y besemos los pies porque nos quiso enseñar y le supliquéis no se vaya de con nosotros.

Si esto habéis de pedir mirando a una imagen de Cristo, bobería me parece dejar la misma persona por mirar el dibujo. ¿No lo seria si tuviéramos un retrato de una persona que quisiésemos mucho y la misma persona nos viniese a ver, dejar de hablar con ella y tener toda la conversación con el retrato? ¿Sabéis para cuándo es bueno y caso en que yo me deleito mucho?: para cuando está ausente la misma persona y quiere darnos a entender que lo está con muchas sequedades, es gran regalo ver una imagen de quien con tanta razón amamos. A cada parte que volviésemos los ojos la querría ver (SANTA TERESA, Camino de perfección, 34, 10-11).

Culto.- El sacrificio más acepto a Dios es el arrancar de nuestro corazón los afectos terrenos y los vicios: en esto consiste el verdadero culto. (S. Clemente, sent. 13, lib. 5, Tric. T. 1, p. 125.)"

"El culto divino en aquel que ha empezado a conocer a Dios, consiste en traer un continuo cuidado de su alma, y ocuparse en los afectos de una caridad incesante hacia su Dios. (S. Clemente, sent. 15, lib. 7, Tric. T, 1, p. 125.)"

"Nosotros solemnizamos el día de Pentecostés, y no con menos alegría que la festividad de la Pascua, porque hemos ayunado el sábado precedente, y celebrado la vigilia como antes de la Pascua, y con igual gozo, porque como entonces recibimos a nuestro Señor resucitado, ahora esperamos al Espíritu Santo que baja desde el cielo. (S. Ambrosio, in Psalm. 109, sent. 53, Tric. T. 4, p. 323.)"

"¿Es necesario culto exterior para formar una religión? Sí: es absolutamente necesario, y es bien perceptible la prueba de esta verdad. Los sentimientos de respeto, de reconocimiento y confianza y sumisión a Dios, nacerían con dificultad en los corazones humanos, y no durarían mucho tiempo si no se emplearan signos exteriores para excitarlos, conservarlos y difundirlos entre los demás. Lo que no hiere nuestros sentidos, no hace en nosotros una impresión enérgica y verdadera. Se hace, pues indispensable para el hombre un culto exterior, signos que expresen lo que siente, símbolos y ceremonias. Nosotros no podemos testificar a Dios nuestras afecciones sino por medio de los mismos signos de que nos valemos para hacerlas conocer a nuestros semejantes. (Bergier., T. 2, p. 854.)"

"El culto exterior del cristianismo, es una profesión muy clara de los dogmas de nuestra creencia: en todos tiempos ha servido para mostrar a los herejes la verdadera doctrina de Jesucristo y de los Apóstoles, y para ilustrar, en caso de necesidad, el verdadero sentido de algunos pasajes de la Sagrada Escritura, sobre los cuales se disputaba. Así se opusieron a los arrianos los cánticos de los fieles que atribuían la Divinidad a Jesucristo; a los pelagianos, las oraciones con que la Iglesia implora continuamente el auxilio de la Divina gracia; y el Papa Celestino I remite a estas mismas oraciones a los que quieran discernir la antigua creencia de la Iglesia. Lo mismo se hizo contra los protestantes para hacerles ver que se han separado de la fe primitiva y universal, y se sacó de las antiguas liturgias un argumento contra ellos, para cuya solución no encontraron sólida respuesta. Así que, no debe espantarnos el que hubiesen suprimido el apartado de un culto exterior que los condenaba. (Bergier., ¡bid., p. 857.)"

"Es una lección de moral que recuerda continuamente a los hombres sus deberes hacia Dios, hacia si mismo y hacia sus semejantes; deberes que se siguen naturalmente de los dogmas de que acabamos de hablar. En efecto; si Dios es el único dispensador de los bienes de este mundo, es preciso contentarnos con lo que nos da, y no envidiar lo que se dignó conceder a los demás. Cuando nos prodiga más de lo que exigen nuestras necesidades, es justo dar parte de ello a los que viven en la escasez o en la indigencia; porque es el único árbitro de la vida y de la muerte: no es lícito atentar contra la vida de nadie..."

"El culto exterior es un vínculo de sociedad que reúne a los pies de los altares, les inspira sentimiento de fraternidad, mantiene entre ellas la paz y el orden, y contribuye a la civilización. El culto primitivo formó la sociedad doméstica; el culto mosaico, la sociedad nacional, y el culto cristiano, la sociedad universal de todos los pueblos."

"Es un monumento de los hechos que en la continuación de los siglos han servido para probar la revelación: así la Pascua y la ofrenda de los primogénitos, recordaban a los judíos su milagrosa salida de Egipto: la Pentecostés, la publicación de la Ley sobre el monte Sinaí, etc.: la festividad del Domingo nos asegura la Resurrección de Jesucristo; y todas las demás del discurso del año celebran los principales sucesos de su vida prodigiosa, etc. (Bergier., ¡bid., p. 857 y 858.)"