FE

Citas de la Sagrada Escritura

Sin fe es imposible agradar a Dios [...]. Heb 11, 6.

El que creyere y se bautizare se salvará; pero el que no creyere será condenado. Mc 16, 16.

Este es su mandato: que creamos en el nombre dc SU Hijo Jesucristo. I Jn 3, 23.

A todo el que me reconociera delante de los hombres, yo también le reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos; y a quien me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre. Mt 10, 32-33.

Tales hombres no tienen disculpa, porque habiendo conocido a Dios [...] devanearon en sus discursos, y quedó su insensato corazón lleno de tinieblas [...]. Rom 1, 21.

Aquellos que, pagados de sí 22, 1-8. mismos, blasfemando, no temen sembrar herejías [...], han dejado el camino recto [...]. Estos tales son fuentes sin aguas y nubes agita das por los vientos, para los cuales está reservado el abismo de las tinieblas. 2 Pdr 2.10.15.17.

No hay otro Evangelio, pero hay algunos que os traen alborotados y quieren trastornar el Evangelio de Cristo, pero [...] cualquiera que os anuncie un Evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema. Cal 1, 7 y 9.

La idolatría, consecuencia del pecado de soberbia: Rom 1, 23.

En los últimos días sobrevendrán tiempos peligrosos, se levantarán hombres amadores de sí mismos [...]; éstos resisten a la verdad, hombres de corazón corrompido, réprobos en la fe. 2 Tim 3, 1-8.

Testimonio de fe de Eleazar: 2 Mac 6, 1 8-3 1.

Fe de Abrahan: Cen 15, 1-8;

Fe de la viuda de Sarepta: I Re 17, 10-16.

Testimonio de los mártires de Sebaste: 2 Mac 7, 2-41.

(Fe de una mujer cananea): Entonces le dijo Jesús: Mujer, grande es tu fe [...]. Mt 15, 28.

(Fe de una mujer que padecía flujo de sangre): Jesús se volvió y, al verla, le dijo: Animo, hija, tu fe te ha sanado. Mt 9, 22.

(Fe de los amigos de un paralitico): Viendo Jesús la fe de ellos (de los amigos), dijo al paralítico: Tus pecados te son perdonados [...]. Mt 9, 2; Lc 5, 20.

(Fe de un centurión): Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose a la muchedumbre que le seguía, dijo: En verdad, os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande. Lc 7, 9.

Dijéronle los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. El Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza diríais a este sicomoro: «Arráncate y échate al mar», y os obedeceria. Lc 17, 5-ó.

(...A los discípulos). No habéis podido echarlo (al demonio) por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte [...] y nada os será imposible. Mt 17, 20.

(A dos ciegos). Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en vosotros según vuestra fe. Mt 9, 29.

 

SELECCIÓN DE TEXTOS

Origen sobrenatural de la fe

2255 No es la sabiduría terrena quien descubre esta fe, ni la opinion humana quien puede conseguirla: el mismo Hijo único es quien la ha enseñado y el Espiritu Santo quien la instruye (SAN LEÓN M AGNO, Sermón 75 de Pentecostés).

2256 Dios es luz sobrenatural de los ojos del alma y sin ella está en tinieblas (SAN JUAN DELA CRUZ Cántico espiritual, 10, 8).

2257 El verdadero y auténtico católico es el que ama la verdad de Dios y de la Iglesia, Cuerpo de Cristo; aquel que no antepone nada a la religión divina y a la fe católica: ni la autoridad de un hombre, ni el amor, ni el genio, ni la elocuencia, ni la filosofía; sino que, desprendiendo todas estas cosas y permaneciendo sólidamente firme en la fe, está dispuesto a admitir y a creer solamente lo que la Iglesia siempre y universalmente ha creído (SAN V1CENTE DE LERINS, Conmonitorio, 20).

2258 ...Si un experto afirmase algo dentro de su competencia, y un ignorante dijese que no era como enseñaba el experto porque él no le entendía, sería considerado bastante estúpido el ignorante. Pero es sabido que el entendimiento de un ángel supera al entendimiento del mejor filósofo más que el de éste al de un ignorante. Por tanto es estúpido el filósofo que no quiera creer lo que afirman los ángeles; mucho más si no quiere creer lo que dice Dios (SANTO ToMAs, Sobre el Credo, 1. c., p. 32).

 

2259 Nadie debe dudar acerca de la fe, sino creer las cosas de la fe más que las que puede ver, porque la vista del hombre puede engañarse, pero la sabiduría de Dios jamás se equivoca (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 1. c., p. 34).

2260 Nuestro conocimiento es tan débil que ningún filósofo pudo jamás investigar totalmente la naturaleza de una mosca, y así se cuenta que un filósofo vivió treinta años en soledad tratando de conocer la naturaleza de la abeja. Si nuestro entendimiento es tan débil, ¿no es necedad empeñarse en creer de Dios tan sólo lo que el hombre puede averiguar por sí mismo? (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 1. c.,p. 32).

2261 Mi madre me decía cuando era ya mayor: De pequeño estuviste muy malo; tuve que llevarte de un médico a otro y velar noches enteras; ¿me crees? ¿Cómo habría yo podido decir: Madre, no te creo? Pero sí que creo, creo lo que me dices, mas te creo especialmente a ti. Y así ocurre con la fe. No se trata sólo de creer lo que Dios ha revelado, sino a El, que merece nuestra fe, que nos ha amado tanto y tanto ha hecho por nuestro amor (JUAN PABLO I, Aloc. 13-IX-1978).

2262 (La fe en Dios comporta tres dimensiones que S. Agustín enunció con esta expresión): «credere Deo, credere Deum, credere in Deum», creer en Dios, creer a Dios—aceptar todo lo que El ha revelado—y creer a Dios (SAN AGUSTIN, Sermón 144).

2263 La fe nos da y nos comunica al mismo Dios, pero cubierto con plata de fe; pero no por eso no nos lo da en la verdad. El que da un vaso de oro plateado, no porque el vaso esté plateado deja de ser de oro (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 12, 4).

 

2264 Si uno no quisiera creer más que lo que conoce, ni siquiera podría vivir en este mundo. ¿Cómo podría vivir sin crcer a alguien? ¿Cómo creeria, por ejemplo, que fulano es su padre? Por consiguiente, es necesario que el hombre crea a alguien acerca de las cosas que no puede saber totalmente por si solo. Pero a nadie hay que creer como a Dios; por tanto, los que no creen las enseñanzas de la fe no son sabios, sino estúpidos y soberbios, como dice el Apóstol: Soberbio es, nada sabe (I Tim 6, 4) (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 1. c., p. 33).

Propiedades de la fe

2265 Abrazar la fe cristiana es comprometerse a continuar entre las criaturas la misión de Jesús (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 183).

2266 Gran apoyo es la fe integra, la fe verdadera, en la cual na- da puede ser añadido o quitado por nadie; porque la fe, si no es única, no existe en modo alguno (SAN LEÓN, Sermón 24, en la Natividad del Señor).

2267 Por diversos que sean los lugares, los miembros de la Iglesia profesan una misma y única fe, la que fue transmitida por los Apóstoles a sus discípulos (SAN IRENEO, Trat. contra las herejías, 1, 10).

2268 Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación. Dichosos los que sin ver han creído. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que le guardamos en nuestra mente sin haberle visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 26 sobre los Evang.).

2269 ¿Te persuades de cómo ha de ser nuestra fe? Humilde. ¿Quién eres tú, quién soy yo, para merecer esta llamada de Cristo? ¿Quiénes somos, para estar tan cerca de El? Como a aquella pobre mujer entre la muchedumbre, nos ha of recido una ocasión. Y no para tocar un poquito de su vestido, o un momento el extremo de su manto, la orla. Lo tenemos a El. Se nos entrega totalmente, con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Lo comemos cada día, hablamos íntimamente con El, como se habla con el padre, como se habla con el Amor (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 199).

2270 La fe no es propia de los soberbios, sino de los humildes  (SAN AGUSTiN, en Catena Aurea, vol. VI, p. 297).

 

 

Frutos de la fe

2271 La fe es la escalera que lleva al conocimiento; el conocimiento es el premio de la fe (SAN AGUSTIN, Sermón 126).

 

2272 La fe nos proporciona cuatro bienes:

1.° por la fe el alma se une a Dios [...].

2. ° por la fe se incoa en nosotros la vida eterna; pues la vida eterna no es otra cosa que conocimiento de Dios [...]. 3.° La fe dirige la vida presente [...].

4.° Con la fe vencemos las tentaciones.(SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 1. c., pp. 29-31).

2273 Unicamente la fe puede captar estos misterios, esta fe que es el fundamento y la base de todo aquello que excede la experiencia y el conocimiento natural (SAN MÁXIMO, Centuria 1, 8).

2274 Es imposible penetrar en el conocimiento de las Escrituras si no se tiene previamente infundida en sí la fe en Cristo, la cual es como la luz, la puerta y el fundamento de toda la Escritura. En efecto, mientras vivimos en el destierro lejos del Señor, la fe es el fundamento estable, la luz directora y la puerta de entrada de toda iluminación sobrenatural (SAN BUENAVENTURA, Breviloquio, prólogo).

2275 La fe, si es fuerte, defiende toda la casa (SAN AMBROSIO, Coment. sobre el Salmo 18, 12, 13).

2276 ...Ningún filósofo antes de la venida de Cristo, aun con todo su esfuerzo, pudo saber acerca de Dios y de las cosas necesarias para la vida eterna lo que después de su venida sabe cualquier viejecilla por medio de la fe (SANTO ToMAs, Sobre el Credo, 1. c., p. 31).

2277 El primer beneficio de los que creen consiste en recibir del Espiritu Santo el perdón de los pecados (SAN AGUSTIN, Sobre el Sermón de la Montaña, 11).

2278 La fe se asemeja a una antorcha, porque por ella se ilumina la marcha del hombre interior (SAN REMIGIO, en Catena Aurea, val. I, p. 390).

El «depositum fidei» (contenido de la fe). Errores doctrinales

2279 Pero, ¿qué es un depósito? El depósito es lo que te ha sido confiado, no encontrado por ti; tú lo has recibido, no lo has excogitado con tus propias fuerzas. No es el fruto de tu ingenio personal, sino de la doctrina; no está reservado para un uso privado, sino que pertenece a una tradición pública. No salió de ti, sino que a ti vino: a su respecto tú no puedes comportarte como si fueras su autor, sino como su simple custodio. No eres tú quien lo ha iniciado, sino que eres su discípulo; no te corresponderá dirigirlo, sino que tu deber es seguirlo. Guarda el depósito, dice; es decir, conserva inviolado y sin mancha el talento de la fe católica. Lo que te ha sido confiado es lo que debes custodiar junto a ti y transmitir. Has recibido oro; devuelve, pues, oro. No puedo admitir que sustituyas una cosa por otra. No, tú no puedes desvergonzadamente sustituir el oro por plomo, o tratar de engañar dando bronce en lugar de metal precioso. Quiero oro puro, y no algo que sólo tenga su apariencia (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 22).

2280 Y ni el que posee dotes oratorias, entre los que presiden las Iglesias, enseñará algo diverso a lo que hemos dicho (ya que nadie está por encima de su maestro), ni el que está privado de esas dotes aminorará por ello el contenido de la tradición. En efecto, siendo la fe única e idéntica para todos, ni la amplia el que es capaz de hablar mucho sobre ella, ni la aminora el que no es capaz de tanto (SAN IRENEO, Trat. contra las herejías, 1, 10).

2281 Que la religión de las almas imite el modo de desarrollarse los cuerpos, cuyos elementos, aunque con el paso de los años se desenvuelven y crecen, sin embargo permanecen siendo siempre ellos mismos. Hay gran diferencia entre la flor de la infancia y la madurez de la ancianidad; no obstante, quienes ahora son viejos son los mismos que fueron adolescentes. El aspecto y el porte de un individuo camblará, pero se tratará siempre de la misma naturaleza y de la misma persona (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 29).

2282 Quizá alguien diga: ¿ningún progreso de la religión es entonces posible en la Iglesia de Cristo?Ciertamente que debe haber progreso, ¡y grandisimo! ¿Quién podría ser tan hostil a los hombres y tan contrario a Dios que intentara impedirlo? Pero a condición de que se trate verdaderamente de progreso por la fe, no de modificación.Es característica del progreso el que una cosa crezca, permaneciendo siempre idéntica a si misma; es propio, en cambio, de la modificación que una cosa se transforme en otra.Asi pues, crezcan y progresen de todas las maneras posibles la inteligencia, el conocimiento, la sabiduría, tanto de la colectividad como del individuo, de toda la Iglesia, según las edades y los siglos; con tal de que eso suceda exactamente según su naturaleza peculiar, en el mismo dogma, en el mismo sentido, según una misma interpretación (SAN VICENTE DE LERINS, Conm. Conmonitorio, n. 27).

 

2283 Siempre resultará provechoso csiorzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal (SAN ATA NASIO, Carta I a Serapión, 28-30).

2284 Los católicos han tenido siempre la costumbre, y la tienen todavía, de determinar la verdadera fe de dos maneras: con la autoridad de la Escritura divina y con la tradición de la Iglesia católica. No porque la Escritura, por si sola, no sea suficiente en todos los casos, sino porque muchos,interpretando a su capricho las palabras divinas, acaban por inventar una cantidad increíble de doctrinas erróneas. Por este motivo es necesario que la exégesis de la Escritura divina vaya guiada por la única regla del sentir católico, especialmente en las cuestiones que tocan los fundamentos de todo el dogma católico (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 29).

2285 Velad, pues, hermanos, y conservad cuidadosamente la tradición que ahora recibís y grabadla en el interior de vuestro corazón.
Poned todo cuidado, no sea que el enemigo, encontrando a alguno de vosotros desprevenido y remiso, le robe este tesoro, o bien se presente algún hereje que, con sus errores, contamine la verdad que os hemos entregado. Recibir la fe es como poner en el banco el dinero que os hemos entregado; Dios os pedirá cuenta de este depósito (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis 5, sobre la fe y el símbolo).

2286 Lo que todos, o al menos la mayoría, han afirmado claramente, a modo de concilio de maestros perfectamente unánimes, y que han confirmado al aceptarlo, conservarlo y transmitirlo, eso es lo que debe ser mantenido como indudable, cierto y verdadero. Al contrario, todo lo que fuera de la doctrina común, e incluso contra ella, haya pensado uno solo, aunque sea un santo y un docto, un obispo, un confesor, un mártir, debe ser relegado entre las opiniones personales, no oficiales, privadas, que no tienen la autoridad de la opinión común pública y general; no nos suceda, con sumo peligro para nuestra salvación eterna, que abandonemos la antigua verdad de la doctrina católica para seguir el error nuevo de un solo individuo, según la sacrílega costumbre de los herejes y cismáticos (SAN VICENTE DE LERINS,conmonitorio, n. 27).

2287 Es legitimo que los antiguos dogmas de la filosofía celestial, al correr de los siglos, se afinen, se limen, se pulan; pero seria impío cambiarlos, desfigurarlos, mutilarlos. Adquieran, al contrario, mayor evidencia, claridad, precisión; pero es necesario que conserven siempre su plenitud, integridad, propiedad (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 23).

2288 La Iglesia, habiendo recibido esta predicación y esta fe, aunque esparcida por todo el mundo, la guarda con diligencia, como si todos sus hijos habitaran en una misma casa; y toda ella crce estas mismas verdades como quien predica, las enseña y las transmite como quien tiene una sola boca. Porque si bien en el mundo hay diversidad de lenguajes, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.

Y lo mismo creen y transmiten las Iglesias fundadas en Germania, así como las de los iberos, las de los celtas, las del Oriente, las de Egipto, las de Libia y las que se hallan en el centro del mundo; pues, del mismo modo que el sol, creatura de Dios, es uno e idéntico en todo el mundo, así también la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los hombres que quieren llegar al conocimiento de la verdad (SAN IRENEO, Trat. contra las herejías, 1, 10).

2289 [...] las verdades de fe y de moral no se determinan por mayoria de votos: componen el depósito—deposita». fidei— entregado por Cristo a todos los fieles y confiado, en su exposición y enseñanza autorizada, al Magisterio de la Iglesia (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Hom. El fin sobrernatural de la Iglesia, 28-V-1972).

 

2290 Todo lo que halle que, no por uno o dos solamente, sino por todos juntos de pleno acuerdo, haya sido mantenido, escrito y enseñado abiertamente, frecuente y constantemente, sepa que él también lo puede creer sin vacilación alguna (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 3).

2291 Así, pues, el sábado próximo, en que celebraremos la vigilia, si Dios quiere, habréis de dar no la oración (el Padrenuestro), sino el símbolo (el Credo): porque si ahora no lo aprendéis de memoria, después, en la iglesia, no se lo habéis de oir todos los dias al pueblo. Y, en aprendiéndole bien, decidle a diario para que no se os olvide; al levantaros de la cama, al ir a dormiros, dad vuestro símbolo, dádselo a Dios, procurando hacer memoria de ello, y sin pereza de repetirlo. Es cosa buena repetir, para no olvidar. No digáis: «Ya lo dije ayer, y lo digo hoy, y a diario lo digo: téngale bien grabado en la memoria». Sea para ti como un recordatorio de tu fe y un espejo donde te mires. Mírate, pues, en él: examina si continúas creyendo todas las verdades que de palabra dices creer y regocíjate a diario en tu fe. Sean ellas tu riqueza: sean a modo de vestidos para el aderezo de tu alma (SAN AGUSTIN, Sermón 58).

 

Poder de la fe

2292 Un poco de fe puede mucho (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 269).

2293 Jesucristo pone esta condición: que vivamos de la fe, por- que después seremos capaces de remover los montes. Y hay tantas cosas que remover... en el mundo y, primero, en nuestro corazón (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 203).

2294 No solamente hombres, sino también mujeres, niños pequeños y muchachas han combatido por ella (por la fe) en todas las partes del mundo hasta derramar su sangre. Esta fe ha puesto en fuga a los demonios, desterrado las enfermedades, resucitado a los muertos (SAN LEÓN MAGNO, Sobre la Ascensión del Señor).

2295 Si tuvierais fe [...1, diréis a este árbol: Arráncate de raíz y trasplántate en el mar, y os obedecerá (Lc 17). Si los Apóstoles no llegaron a trasladar ningún árbol, no los acuséis; porque no dijo: trasladaréis, sino podréis trasladar; pero no lo hicieron porque no era necesario, habiendo hecho cosas de mayor importancia (SAN JUAN CRISÓSTOMO en Catena Aurea, vol. Vl, p. 269).

2296 Les invita a la fe con la parábola del grano de mostaza; y les hace ver que, de todos modos, se propagará la predicación del Evangelio. Es necesaria la fe para comprender esto: los más pequeños, los más débiles entre los hombres eran los discípulos del Señor; pero como habia en ellos una eficacia divina grandiosa, esa fuerza se desplegó y se difundió por todo el mundo. Con esto quiso dar el Señor una prueba de su grandeza (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 46).

2297 Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados (Mc 2, 1 ss.). Es digno de consideración cuánto debe valer para Dios la fe propia de cada uno, cuando vale tanto la ajena que por ella se levanta un hombre curado de repente interior y exteriormente, y por el mérito de unos se perdonan a otros sus pecados (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. IV, p. 51).

2298 «Si habueritis fidem, sicut granum sinapis!»—¡Si tuvierais fe tan grande como un granito de mostaza!...—¡Qué promesas encierra esa exclamación del Maestro! (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 585).

 

Seguridad de la fe

2299 Aquí, en Roma, hubo un gran poeta, Trilussa, que trató también él de hablar de la fe. En cierta poesía suya dejó dicho: «aquella viejecita ciega, que encontré / la tarde que me perdí en medio del bosque / me dijo: Si el camino no lo sabes / te acompaño yo, que lo conozco. / Si tienes el valor de acompañarme, / de vez en cuando te daré una voz: hasta allá en el fondo, donde hay un ciprés; / hasta allá en la cima, donde hay una cruz.Yo respondí: Bueno... pero encuentro extraño / pueda guiarme quien no ve... / La ciega, entonces, me cogió la mano / y suspiró:—Camina—. Era la fe». Como poesía, graciosa; como teología, defectuosa. Defectuosa, porque cuando se trata de la fe, el gran conductor es Dios (JUAN PABLO I, A loc. l 3 -IX- 1978).

 

2300 Nada es demasiado difícil de creer acerca de Aquel para quien nada es demasiado difícil de hacer (CARD. J. H. NEWMAN, Sermón sobre Dom. IV después de Epifonia —Cat. S. Chand 1848).

2301 ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Si hubieran tenido una idea clara de su omnipotencia habrían estado seguros de que El podía sacarlos del peligro. Pero como lo veían dormido en la barca, no pudieron crcer que estaban a salvo, no comprendieron que El, despierto o dormido, era omnipotente.Esta idea es muy importante para nosotros hoy, porque será un medio de sostener nuestra fe. ¿Por qué creéis todos los hechos extraños y maravillosos recogidos en la Escritura? Porque Dios es omnipotente y puede hacerlos. ¿Por qué creéis que una Virgen concibió y dio a luz un Hijo? Porque es un acto de Dios y El puede hacer cualquier cosa. Como el Angel Gabriel dijo a la Santísima Virgen: Nada es imposible para Dios. (CARD. J. H. NEWMAN, Sermón sobre el Dom. l V después de Epifania).

2302 No seré reacio, no dudaré, porque creo en aquello que aleja toda duda. Todos los actos de poder divino caen dentro y son ejemplo de este atributo universal en el cual yo creo: la omnipotencia. Si Dios puede hacerlo todo, puede hacer esto. Puede hacer mucho más que esto. Por más maravilloso que esto o aquello pueda ser para nuestras limitadas inteligencias, si conociéramos todo, veríamos que esto, sea lo que fuere, es solamente una cosa entre muchas (CARD. J. H. NEWMAN Sermón sobre el Dom. I V después de Epifunia).

2303No quieras que te llene nada que no sea Dios. No desees gustos de Dios. No desees tampoco entender de Dios más de lo que debes entender.La fe y el amor serán los lazarillos que te llevarán a Dios por donde tú no sabes ir.

La fe son los pies que llevan a Dios al alma.El amor es el orientador que la encamina (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 1, 11).

2304 Esa certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 144).

2305 No somos sólo náufragos a los que Dios ha prometido salvar, sino que esa salvación obra ya en nosotros. Nuestro trato con Dios no es el de un ciego que ansía la luz pero que gime entre las angustias de la obscuridad, sino el de un hijo que se sabe amado por su Padre (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 142).

2306 En esto consiste, en efecto, la fuerza de los espíritus verdaderamente grandes, esto es lo que realiza la luz de la fe en las almas verdaderamente fieles; creer sin vacilación lo que no ven nuestros ojos, tener fijo el deseo en lo que no puede alcanzar nuestra mirada. ¿Cómo podría nacer esta piedad en nuestros corazones, o cómo podríamos ser justificados por la fe, si nuestra salvación consistiera tan sólo en lo que nos es dado ver? (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 2, sobre la Ascensión).

Deber de confesar externamente la fe

2307 Cuando el honor de Dios o la utilidad del prójimo están en peligro, no debe contentarse el hombre con estar unido con su fe a la verdad divina, sino que debe confesarla exteriormente (SANTO TOMÁS Suma Teológica, 2-2, q. 3, a. 2 ad l).

 

2308 Alégrate cada día de tu fe. Sus articulos sean tus riquezas, y como los vestidos de cada día para tu alma. Cuando te levantas, ¿no te vistes? Asi también, recordando el Credo, viste tu alma, para que el olvido no te desabrigue y quedes desnudo. Hemos de vestirnos con nuestra fe (SAN AGUSTIN, Sermón 58).

2309 No sólo niega a Cristo quien dice que no existe, sino también quien niega su condición de cristiano (RABANO MAURO, en Catena,4urea, val. III, p. 340).

2310 No se contenta el Señor con una fe interna, sino que pide una confesión exterior de ella, urgiéndonos a una mayor confianza y a un mayor amor (SAN JUAN CRiSÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 35).

2311 Si hubiese sido Jesucristo un puro hombre, ¿cómo se hubiera podido pensar que habían de preferirle los padres a sus hijos, los hijos a sus padres, los maridos a sus mujeres, y no en una casa o en ciento, sino en todo el mundo? Y no sólo lo predijo, sino que se ha cumplido con hechos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 118).

2312 El Señor pregunta a los apóstoles qué piensa la gente acerca de El, y su respuesta concuerda en cuanto que expresa la desorientación de la ignorancia de los hombres. Pero tan pronto como interroga a sus discípulos sobre la convicción que ellos tienen, el primero entre ellos en dignidad es el primero también en confesar al Señor (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 4).

 

Pecados contra la fe

2313 No tienen fe.—Pero tienen supersticiones. Risa y vergüenza nos dio aquel poderoso que perdía su tranquilidad al oír una determinada palabra, de suyo indiferente e inofensiva —que era, para él, de mal agüero—o al ver girar la silla sobre una pata (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 587).

2314 (La infidelidad es el mayor de los pecados, ya que es) lo que más aleja de Dios, porque priva hasta de su verdadero conocimiento, y el conocimiento falso de Dios no acerca, sino que aleja al hombre de él (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 10, a. 4).

2315 (La apostasía es un pecado de infidelidad que) nace de la soberbia, por la que el hombre no se somete a las reglas de la fe (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 10, a. 1).

Los que le niegan son primeramente los que pospusieron la 2316 fe por temor a una inminente persecución, y después los doctores de la herejía y sus discípulos (SAN CIRILO en Catena Aurea, val. Vl, p. 70).

2317 [...] y les tributaron honores divinos y culto: tales son los cuerpos celestes, el sol, la luna y las estrellas. A éstos les ocurrió lo que a uno que va a la curia regia, y queriendo ver al rey piensa que es el monarca todo lo que encuentra bien vestido o con cargo (SANTO TOMAS, Sobre el Credo, 1. c., p. 36).

2318 Debemos considerar en todas las señales que fueron dadas tanto al nacer como al morir el Señor, cuánta debió ser la dureza de corazón de algunos judíos, que no llegaron a conocerle ni por el don de profecía, ni por los milagros. Todos los elementos han dado testimonio de que ha venido su Autor. Porque, en cierto modo, los cielos le reconocieron como Dios, pues inmediatamente que nació lo manifestaron por medio de una estrella. El mar le reconoció sosteniéndole en sus olas; la tierra le conoció porque se estremeció al ocurrir su muerte; el sol le conoció ocultando a la hora de su muerte el resplandor de sus rayos; los peñascos y los muros le conocieron porque al tiempo de su muerte se rompieron; el infierno le reconoció restituyendo a los muertos que conservaba en su poder. Y al que habian reconocido como Dios todos los elementos insensibles, no le quisieron reconocer los corazones de los judíos infieles y más duros que los mismos peñascos (SAN GREGORIO, Hom. 10 sobre los Evang.).

2319 La infidelidad nace de la soberbia, por la cual el hombre no somete su entendimiento a las reglas de la fe y a las enseñanzas de los Padres (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2,q. IO,a. 1).

 

2320 No es pequeña acusación contra los judíos el hecho de que estos ciegos, sin ojos, por sólo el oído, reciban la fe; mientras aquellos que contemplaban los milagros de Jesús y tenian por testigos de sus hechos no menos que sus propios ojos, hacían todo lo contrario (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 82).

2321 Si se cede en cualquier punto del dogma católico, después será necesario ceder en otro, y después en otro más, y así hasta que tales abdicaciones se conviertan en algo normal y licito. Y una vez que se ha metido la mano para rechazar el dogma pedazo a pedazo, ¿qué sucederá al final, sino repudiarlo en su totalidad? (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 23).

2322 De la misma manera que la luz presente está ausente a los ciegos y a los que cierran los ojos, así el reino de Dios, aunque nunca se ausenta de la tierra, está sin embargo ausente a quienes lo ignoran (SAN AGUSTIN, Sobre el Sermón de la Montaña, 2, 20).

 

Fe y dificultades

 

2323 En otros tiempos se incitaba a los cristianos a renegar de Cristo; en nuestra época se enseña a los mismos a negar a Cristo. Entonces se impelía, ahora se enseña; entonces se usaba de la violencia, ahora de insidias; entonces se oía rugir al enemigo, ahora, presentándose con mansedumbre insinuante y rondando, difícilmente se le advierte. Es cosa sabida de qué modo se violentaba entonces a los cristianos a negar a Cristo: procuraban atraerlos a sí para que renegasen; pero ellos, confesando a Cristo, eran coronados. Ahora se enseña a negar a Cristo y, engañándolos, no quieren que parezca que se los aparta de Cristo (SAN AGUST;N, Coment. sobre el Salmo 39).

 

2324 Enhorabuena vuele lejos la paja de una fe superficial y li- gera, en cuanto sienta el soplo de la prueba; tanto más limpio será así el montón de trigo que se habrá de guardar en los graneros del Señor (TERTULIANO, De praescriptione haereticoram, 3).

2325 Amenazas, lisonjas, esperanza de vida, temor a la muerte, guardias, corte, emperador, autoridades, no sirvieron de nada: hombres y demonios fueron impotentes ante ellos. Su tenaz firmeza en la fe recibida los hizo dignos, a los ojos del Señor, de una gran recompensa. Por medio de ellos, El quiso levantar las Iglesias postradas, volver a infundir nueva vida a las comunidades cristianas agotadas, restituir a los sacerdotes las coronas caídas. (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 5).

2326 Como ciego que oye las pisadas de Cristo que pasa [...], cuando haya comenzado a realizar estos pasos (que me acercan a Cristo), mis parientes, vecinos y amigos comenzarán a bullir. LOS que aman el siglo se me ponen enfrente. ¿Te has vuelto loco? ¡Qué extremoso eres! ¿Por ventura los demás no son cristianos? Esto es una tontería, esto es una locura. Y cosas tales clama la turba para que no clamemos los ciegos (SAN AGUSTIN, Sermón 88).

2327 Hay personas muy sensibles a las dificultades de la religión; yo soy también sensible a ellas como cualquiera; pero nunca he podido ver la conexión entre percibir estas dificultades, por vivas que sean y mucho que se multipliquen, y la duda, por otra parte, sobre las doctrinas a que van inherentes. A mi entender, diez mil dificultades no hacen una duda; dificultad y duda son cantidades inconmensurables (CARD. J. H. NEWMAN, Apología «pro vita sua», p. 187).

2328 Esta fe, aumentada por la ascensión del Señor y fortalecida con el don del Espíritu Santo, ya no se amilana por las cadenas, la cárcel, el destierro, el hambre, el fuego, las fieras ni los refinados tormentos de los crueles perseguidores. Hombres y mujeres, niños y frágiles doncellas han luchado, en todo el mundo, por esta fe, hasta derramar su sangre (SAN LEÓN MACNO, Sermón 2 sobre la Ascensión).

 

2329 He aquí lo que es la fe: rendirse a Dios, pero transformando la propia vida. Agustín contó el itinerario de su fe. Especialmente en las últimas semanas fue terrible; leyéndole se siente su alma como estremecerse y retorcerse en conflictos interiores.Aquí Dios que le llama e insiste; y allí, las antiguas costumbres. «Viejas amigas —escribe— me tiraban dulcemente de mi vestido de carne y me decían: Agustín, ¿cómo?, ¿nos abandonas? Mira que no podrás ya hacer esto, no podrás ya hacer aquello otro, ¡y para siempre!». ¡Difícil! «Me encontraba—dice—en el estado de uno que está en la cama por la mañana. Le dicen: Fuera, Agustín, levántate. Yo, a mi vez, decía: Sí, pero más tarde, todavía un poquito. Finalmente, el Señor me dio un empujón, me echó fuera».

Así, pues, no hay que decir: Sí, pero...; sí, pero más tarde. Hay que decir: ¡Señor, sí! ¡Ahora mismo! Esto es la fe. Responder con generosidad al Señor. Pero ¿quién dice este sí? Quien es humilde y se fía completamente de Dios (JUAN PABLO 1, Aloc. 13-IX-1978).

2330 Aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su Maestro curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 26 sobre los Evang.).

2331 Sabéis que la verdadera religión ha de estar llena de misteríos, y por esta razón se aplica al catolicismo más que a cualquier profesión o grupo de hombres en general el proverbio que dice que un necio puede hacer cien preguntas que un hombre sensato no puede contestar (CARD. J. H. NEWMAN, Sermón en la inauguración del Seminario de S. Bernardo, 3-X-1873).

2332 Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran, mien- tras luchamos por la fe. Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo (SAN CIPRIANO, Carta 58).

Fe y milagros

2333 Si un rey enviara una carta sellada con su sello, nadie osaría decir que aquella carta no provenia de la voluntad del rey. Ahora bien, todo lo que los santos creyeron y nos transmitieron sobre la fe de Cristo, está sellado con el sello de Dios. Este sello son las obras que ninguna criatura puede hacer, es decir, los milagros, con los que Cristo confirmó las palabras de los Apóstoles y de los santos (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 1. c., p. 33).

2334 Los milagros fueron precisos al principio para confirmar con ellos la fe. Pero, una vez que la fe de la Iglesia está confirmada, los milagros no son necesarios (SAN JERÓNIMO, Coment. Evang. S. Marcos).

Fe y oración

2335 Si Dios juzgase que resucitando a los muertos había de ve- oir alguna utilidad a los vivos, no lo omitiría, porque todo lo hace en beneficio nuestro; pero si los muertos resucitasen con frecuencia, esto se depreciaría a su vez con el tiempo; porque el diablo introduciria con facilidad doctrinas perversas, imitando esto mismo por sus oráculos, no resucitando verdaderamente a los muertos, sino engañando a los hombres con alucinaciones, o enseñando con ingenio a algunos a fingir la muerte (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 25B).

2336 Cuando insistimos en la oración con toda vehemencia, Dios se detiene en nuestro corazón y recobramos la vista perdida (SAN GREGORIO MAGNO en Catena Aurea, vol. Vl, p. 326).

2337 (En ocasiones) tenemos cerrados los ojos del corazón y pasa Jesús para que clamemos (SAN AGUSTIN, Sermón 88).

 

2338 Si la fe falta, la oración es inútil. Luego, cuando oremos, creamos y oremos para que no falte la fe. La fe produce la oración, y la oración produce a su vez la firmeza de la fe (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. VI, p. 297).

2339 El ciego contestó al punto: Señor, que yo vea. El ciego no pide al Señor oro, sino el ver. Poco le importa cualquier otra cosa fuera de la vista, porque aunque puede tener el ciego alguna cosa, sin la vista no puede ver lo que tiene. Imitemos, pues [...], al que acabamos de oír que fue curado de cuerpo y de alma. No pidamos al Señor falsas riquezas, ni bienes terrenos, ni fugaces honores, sino la luz [...] que no tiene principio ni fin. El camino para alcanzar esta luz es la fe (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).

2340 Es necesario, pues, que nuestra fe sea viva, que nos lleve realmente a creer en Dios y a mantener un constante diálogo con El (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 116).

 

Fe y vida de fe

2341 No intente saber el porqué de las obras divinas, cierre el ojo de la razón y abra sólo el de la fe, porque éste es el instrumento con que se han de tantear las obras de Dios. Para mirar las obras humanas muy bueno es el ojo de la razón humana; mas para mirar las divinas, no hay cosa más desproporcionada que él (SAN PEDRO ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2, 4, av. 4°).

2342 La fe y la vocación de cristianos aPectan a toda nuestra existencia, y no sólo a una parte. Las relaciones con Dios son necesariamente relaciones de entrega, y asumen un sentido de totalidad. La actitud del hombre de fe es mirar la vida, con todas sus dimensiones, desde una perspectiva nueva: la que nos da Dios.(J.ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 46).

2343 Todas tus obras se deben basar en la fe, porque el justo vi- ve de la fe y la fe obra por el amor (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 32).

2344 Seguir a Cristo no significa refugiarse en el templo, enco- giéndose de hombros ante el desarrollo de la sociedad, ante los aciertos o las aberraciones de los hombres y de los pueblos. La fe cristiana, al contrario, nos lleva a ver el mundo como creación del Señor, a apreciar, por tanto, todo lo noble y todo lo bello, a reconocer la dignidad de cada persona, hecha a imagen de Dios, y a admirar ese don especialisimo de la libertad, por la que somos dueños de nuestros propios actos y podemos —con la gracia del Cielo—construir nuesto destino eterno (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 99).

2345Vosotros no conocéis vuestra ventura cuando tenéis la dicha de presentaros delante de vuestro Padre, que os ama más que a si mismo, y os llama al pie de sus altares, como en otro tiempo llamó a los pastores, para colmarlos de toda suerte de beneficios. Si estuviésemos bien penetrados de esto, ¡con qué amor y con qué diligencia vendríamos aquí como los Reyes Magos, para hacerle ofrenda de todo lo que poseemos, es decir, de nuestros corazones y de nuestras almas! ¿No vendrían los padres y madres con mayor solicitud a ofrecerle toda su familia, para que la bendijese y le diese las gracias de la santificación? ¡Y con qué gusto no acudirían los ricos a of recerle una parte de sus bienes en la persona de los pobres! (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el misterio).

2346 Si no sabes leer, no estás excusado de oir, diciendo que no te lo han enseñado. La fe es una posesión no de los sabios de este mundo, sino de aquellos que lo son según Dios; y se enseña también sin letras. Su libro, popular y al mismo tiempo divino, se llama caridad: es un código espiritual. Se puede escuchar la sabiduría divina, se la puede poner por obra; es más, no se nos prohibe ocuparnos santamente, se gún Dios, de los asuntos terrenos (CLEMENTE DE ALEJANDRIA, Pedagogo, 3, 11).

Medios para conservar y aumentar la fe

2347 Si nuestra fe es débil, acudamos a Maria. Cuenta San Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en El sus discípulos (Jn 2, 11). Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 285).

 

 

2348 ¡ Desde el momento en que un cristiano abandona las lágrimas, el dolor de sus pecados y la mortificación, podemos decir que de él ha desaparecido la religión! Para conservar en nosotros la fe, es preciso que estemos siempre ocupados en combatir nuestras inclinaciones y en llorar nuestras miserias (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la penitencia).

2349 Como serpientes—dice—. Asi como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal de conservar la cabeza, así también tú—dice—debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal de que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 33).

2350 Las buenas obras mueven la fe del corazón, y dan confianza al alma para dirigirse a Dios (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, val. 1, p. 345).

2351 La verdad conviene aprenderla allí donde están los carismas del Señor; en aquellos que en la Iglesia poseen la sucesión desde los Apóstoles y que han conservado la palabra sin corromper ni adulterar (SAN IRENEO, Trat. contra las herejías, 4, 26).

2352 De la Iglesia recibimos la predicación de la fe, y bajo la acción del Espiritu de Dios la conservamos como un licor precioso guardado en un frasco de buena calidad (SAN IRENEO, Trat. contra las herejías, 3, 3).

 

2353 Lo que ayuda a nuestra fe es el temor y la paciencia, y nuestra fuerza reside en la tolerancia y la continencia. Si estas virtudes perseveran santamente en nosotros, en todo lo que atañe al Señor, poseeremos además la alegría de la sabiduría, de la ciencia y del perfecto conocimiento (Epistola de Bernabé, 1).

2354 Por lo tanto, hermanos, tratad de conservar la enseñanza de la fe que ahora se os entrega y grabadla profundamente en vuestro corazón.

Observadla con fidelidad para que no os la arrebate el enemigo, si os encuentra abúlicos e indolentes, y para que tampoco ningún hereje deforme algo de lo que se os ha enseñado.

La entrega de la fe es como ingresar en el banco un dinero que se nos ha prestado. Día vendrá en que Dios nos pedirá cuenta de este tesoro entregado. Te recomiendo—como dice el Apóstol—en la presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que esta fe que se os entrega la conservéis sin tacha hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Ahora se te ha hecho entrega del tesoro de la vida, mas el Señor buscará este préstamo el día de su Manifestación. Manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el bienaventurado y único soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni lo puede ver. A él la gloria, el honor y el poder por los siglos de los siglos. Amén. (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis 5, sobre la fe y el símbolo).

2355 Estoy lejos de negar que los conocimientos científicos se hallen en efectivo crecimiento, pero es a tontas y a locas; las hipótesis se levantan y caen; es difícil prever cuáles se mantendrán y cuál será el estado de los conocimientos respecto a ellas de un año a otro. En estas condiciones me ha parecido realmente indigno de un católico lanzarme al trabajo de cazar algo que puede convertirse en un fantasma, y devanarme los sesos para inventar una teoría en respuesta a algunas objeciones especiales, teoría que, antes de es tar acabada, tendrá que dar paso a otra más nueva, por razón de que las viejas objeciones habrán sido reducidas a nada por otras recién nacidas. Me ha parecido ser éste un tiempo especialmente en que los cristianos están llamados a tener paciencia, y en que no tienen otra manera de ayudar a quienes están alarmados sino exhortándolos a tener un poco de fe y de fortaleza y «a guardarse—como dice el pacta— de dar pasos peligrosos» (CARD. J. H. NEWMAN, Apologia «pro vita sua», 1. c., p. 207).

Fe y pureza interior

 

2356 Dios se deja ver de los que son capaces de verle, porque tienen abiertos los ojos de la mente. Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienen bañados en tinieblas y no pueden ver la luz del sol. Y no porque los ciegos no la vean deja por eso de brillar la luz solar, sino que ha de atribuirse esta oscuridad a su defecto de visión. Así, tu tienes los ojos entenebrecidos por tus pecados y malas acciones (SAN TEÓI:ILO DE ANTIOQU jA, Libro 1, 2, 7).

2357 Quien cree ya en Jesucristo pero se deja dominar por la avaricia, se ensoberbece con los honores, se abrasa con la envidia, se contamina con la inmundicia de los deleites y desea las prosperidades mundanas, no quiere seguir a Jesús en quien creyó (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).

2358 Entre los que no conocen a Cristo hay muchos hombres honrados que, por elemental miramiento, saben comportarse delicadamente: son sinceros, cordiales, educados. Si ellos y nosotros no nos oponemos a que Cristo cure la ceguera que todavía queda en nuestros ojos, si permitimos que el Señor nos aplique ese lodo que, en sus manos, se convierte en el colirio más eficaz, percibiremos las realidades terrenas y vislumbraremos las eternas con una luz nueva, con la luz de la fe: habremos adquirido una mirada limpia (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 71).

2359 El ayuno es sólo una parte de un deber grande e importante: nuestra subordinación a Cristo (CARD. J. H. NEWMAN, Sermón sobre el Dom. I de Cuaresma: Entrega a Dios).

 

Fe con obras

2360 La fe no es la consecuencia de las buenas obras, sino que la fe debe estar en el comienzo de toda obra verdaderamente buena (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea, vol. IV, p. 29).

2361 Deben basarse todas tus obras en la fe, porque el justo vive de la fe y la fe obra por el amor. Que tus obras tengan por fundamento la fe, porque creyendo en Dios te harás fiel (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 32).

2362 Porque ni la fe sirve sin obras, ni las obras sin fe, a no ser que se hagan para alcanzar la fe, como Cornelio, que antes de ser creyente mereció ser oído por sus buenas obras (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. sobre Ezequiel, 1).

2363 Asi como el cuerpo está muerto cuando carece de espiritu, la fe está muerta cuando carece de obras (RABANO MAURO, en Catena Aurea, val. lil, p. 431).

2364 Mira que ni siquiera le pregunta el Señor (a Bartimeo) si tiene fe, como solia hacer otras veces, pues sus gritos y su abrirse paso entre la gente ponia bien de manifiesto su fe a los ojos de todos (SAN JUAN CR;SÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 66).

2365 ¿De qué sirve invocar con la voz a quien niegas con las obras? (SAN JERÓNIMO, Hom. sobre los Evang.).

2366Al punto vio (Bartimeo), y le seguía. Ve y sigue quien obra el bien que entiende; ve, pero no sigue, quien no quiere ejecutar el bien que comprende (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. sobre los Evang.).

2367 Seguirle en el camino. Tú has conocido lo que el Señor te proponia, y has decidido acompañarle en el camino. Tú intentas pisar sobre sus pisadas, vestirte de la vestidura de Cristo, ser el mismo Cristo: pues tu fe, fe en esa luz que el Señor te va dando, ha de ser operativa y sacrificada (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 198).

2368 Hablan de El como si fuesen ángeles; pero después hay que trabajar por Dios, sufrir, mortificarse, enseñar a los pobres, ir en busca de la oveja perdida, conformarse gustosamente cuando falta algo, aceptar las enfermedades y cualquier desgracia [...]. No, no, no nos engañemos; toda nuestra tarea consiste en pasar a las acciones.

Y esto es de tal manera verdad que el apóstol S. Juan nos declara que a la otra vida solamente nos acompañarán nuestras obras(cfr. Ap 14, 13). Reflexionemos sobre esto: sobre todo habiendo tantos en este mundo que parecen virtuosos, y que en efecto lo son, pero que prefieren un camino dulce y blando, más que una devoción trabajosa y sólida (SAN VICENTE DE PAUL, Entretiens spirituels aux Missionnaires, pp. 905-907)

2369 No cree verdaderamente sino quien, en su hogar, pone en práctica lo que cree. Por eso, a propósito de aquellos que de Ia fe no poseen más que palabras, dice San Pablo: profesan conocer a Dios, pero le niegan con las obras (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 26 sobre los Evang.)..

2370 Es enterrar el talento que se ha recibido, el ocupar el ingenio recibido en asuntos puramente terrenales, el no buscar el lucro espiritual y el no levantar jamás el corazón de los pensamientos terrenos (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 9 sobre los Evang.).

 

Fidelidad en la transmisión de la fe

2371 En la Iglesia Católica hay que poner el mayor cuidado para mantener lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos. Esto es lo verdadera y propiamente católico, según la idea de universalidad que se encierra en la misma etimología de la palabra. Pero esto se conseguirá si nosotros seguimos la universalidad, la antigüedad, el consenso general. Seguiremos la universalidad, si confesamos como verdadera y única fe la que la Iglesia entera profesa en todo el mundo; la antigüedad, si no nos separamos de ninguna forma de los sentimientos que notoriamente proclamaron nuestros santos predecesores y padres; el consenso general, por último, si, en esta misma antigüedad, abrazamos las definiciones y las doctrinas de todos, o de casi todos, los Obispos y Maestros (SAN V!CENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 2).

 

2372 Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la-antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los Santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe (la que predica la Iglesia) deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal (SAN ATANASIO, Carta I a Serapión, 28).

2373 La misma naturaleza de la religión exige que todo sea transmitido a los hijos con la misma fidelidad con la cual ha sido recibido de los padres; y que, además, no nos es licito llevar y traer la religión por donde nos parezca, sino que más bien somos nosotros los que tenemos que seguirla por donde ella nos conduzca (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 6).

2374 En los decretos y en las.definiciones de todos los obispos de la Santa Iglesia, herecleros de la verdad apostólica y católica, es en lo que han creído, prefiriendo exponerse a si mismos a la muerte antes que traicionar la fe universal (SAN V¡CENTE DE LER¡NS, Conmonitorio, n. 5).

2375 La verdadera actividad ecuménica significa apertura, acercamiento, disponibilidad al diálogo, búsqueda común de la verdad en el pleno sentido evangélico y cristiano; pero de ningún modo significa ni puede significar renunciar o causar perjuicio de alguna manera a los tesoros de la verdad divina, constantemente confesada y enseñada por la Iglesia (JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis, 1, 6).

Actos de fe

2376...A quien me niegue ante los hombres, yo le negaré... (Lc 12, 8-9). Puesto que hay tantos modos de negar, es claro que hay otros tantos de confesar; y practicados por el hombre, le harán digno de oir aquella voz beatisima con la que Jesucristo alabará a todos los que le hubieren confesado (SAN JUAN CR~sosToMo, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 70)

2377 Siendo la fe la gracia fundamental que Dios nos da, es una prueba de la fe la disciplina necesaria que nos impone. No podemos tener fe sin un ejercicio de dicha fe (CARD J. H. NEWMAN, Sermón sobre el Dom. de Quincuagésima: Prejuicio y fe).

2378 Como no tardó en creer (se refiere al leproso de Cafarnaún), tampoco tardó en sanar; y como no dilató la confesión de la fe, tampoco se hizo esperar la curación (ORIGENES, en Catena Aurea, vol. I, p. 467).

 

2379 La expresión exterior tiende a manifestar lo que se cree en el corazón (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 3, a. 1).

2380 Cuando asistís al Santo Sacrificio del Altar y os arrodilláis en la elevación, y cada vez que hacéis un acto de fe en Dios, meditando cuidadosamente todo lo que el Evangelio nos dice que El ha hecho por nosotros, recordad que Dios es omnipotente, y ello os ayudará y os animará a hacerlo. Decid: yo creo esto y aquello, porque Dios es omnipotente. No adoro a una criatura. No soy siervo de un Dios de poder restringido. Puesto que Dios puede hacer todas las cosas, yo puedo creer todas las cosas. Nada es demasiado difícil para que El lo haga, y nada es demasiado difícil para que yo lo crea (CARD. J.H. NEWMAN, Sermón sobre el Dom. I V después de Epifania).

Fe.- La fe es el principio de la verdadera vida. Ambas virtudes juntas proceden de Dios, las demás conducen para la perfección. (S. Ignacio, carta a los de Efeso, n. 14, sent. 1, Trie. T. 1, p. 3 l.)"

"Nosotros no probamos la verdad de la fe por el mérito de los que la profesan; antes bien, probamos el mérito de las personas por la fe que siguen: así ningunos son más sabios, fieles y grandes como los cristianos, mas sólo son verdaderos fieles los que perseveran hasta el fin. ('I'ertuliano, lib. de las prescrip, cont. Hereg., e. 3, sent. 23, Trie. T. 1, p, 202.)"

"Aquella mujer de quien nos dice el Evangelio que tocó la extremidad de la ropa de Jesucristo, no había puesto su esperanza simplemente en aquella ropa, sino en el invisible poder del que estaba revestido con ella. Es preciso juzgar del mismo modo de los que se acercan al santo altar, le abrazan y saludan con un profundo respeto; pues no esperan en las piedras ni en los leños, sino solamente en la gracia que estas mismas piedras y leños les representan. (S. Anastasio, adv. eos, qui human. in Christ., sent. 9, Tric. T. 2, p. 172.)"

"La fe tiene por objeto verdades simples y puras, y Dios no nos llama a la vida bienaventurada con cuestiones difíciles, ni se sirve de artificios de elocuencia para atraemos, sino que ha reducido el camino de la eternidad a unos conocimientos breves, claros y fáciles de concebir. (S. Hilario, lib. 10, sent. 5, Tric. T. 2, p, 247 y 259.)"

"San Pablo dice que es pecado lo que no viene de la fe: así podemos nosotros afirmar, que las palabras obras y pensamientos, que no miran a Jesucristo, se deben contar con lo que es contrario a Jesucristo. ¿Qué deberá hacer, pues, el que tiene el gran nombre de Cristo, sino explicar, lo que ha pensado, lo que ha dicho y lo que ha hecho, y juzgar si todas estas cosas han mirado a Cristo, o son ajenas al Señor? (S. Gregorio de Nisa, de perfect. Christ., sent. 13, adic., Tric. T. 4, p. 362.)"

"El que desea las honras humanas en lugar de las del cielo, no es fiel, porque como dice el Señor: ¿Cómo podéis creer los que pretendéis la humana gloria unos de otros, y no buscáis la honra que sólo Dios puede dar? (S. Gregorio, ibid., sent. 15, adic., Tric. T. 4, p. 363.)"

"Yo soy el Alfa y Homega, el principio y el fin: en estas palabras se nos advierte que nuestra alma debe estar siempre unida a Jesucristo, y que todo debe empezar por El y acabar en El; porque así como nuestra salud eterna empieza creyendo en El, e imitándole, así es necesario perseverar hasta el fin de esta imitación y en esta fe. (S. Ambrosio, de Abrah., lib. 2, c. 5, sent. 14, Tric. T. 4, p. 315 y 316.)"

"¡Oh hombre! Es una cosa muy superior a tu capacidad conocer la profundidad de la sabiduría divina: para ti debe ser suficiente el creer. (S. Ambrosio, in Psalm. 1, sent. 36, Tric. T. 4, p. 320.)"

"Creyó Abraham a Dios, y esto se le contó por justicia, porque no buscó la razón, sino que creyó con la fe más obediente: lo que importa es que la fe preceda a la razón, no parezca que para creer a Dios le pedimos la razón como si fuera algún hombre; porque sería indignidad dar fe al testimonio de un hombre en lo que nos dice de otro, y no creer a los oráculos de un Dios, cuando habla de sí mismo (S. Ambrosio, de Abrah., c. 15, sent. 7, adic., Tric. T. 4, p. 395.)"

"No solamente debemos considerar como martirio la sangre que se derrama por la confesión de la fe: también deberán contarse por un martirio continuado los incesantes servicios que hace a Dios el alma pura sacrificada al Señor. (S. Jerón., Ep. ad. Eutoch., c. 108, sent. 25, Tric. T. 5, p. 243.)"

"Con dificultad se sujetan a la fe los grandes, los nobles, los niños y aún con mayor dificultad los sabios y los oradores. (S. Jerón., in Joan., c. 3, sent. 87, Tric. T. 5, p. 254.)"

"Abraham creyó y esperó contra toda esperanza: esto es, contra toda esperanza humana, puso en Dios su esperanza, y esta todo lo puede y todo lo vence. (S. Juan Crisóst., lib. 4, in eos qui scandl., susnt., sent. 235, Tric. T. 6, p. 348.)"

"No demos fe a los presagios vanos, porque todos son falsedad. Y si sucede ¿me diréis lo que dicen? Sucederá, sin duda, para castigo de vuestra credulidad. Os habéis dejado prender en las redes del espíritu maligno, pero el Señor es dueño de vuestra vida y el árbitro de vuestra suerte. (S. Juan Crisist., Homl. 8, c. 3, ad Timoth., sent. 374, Trie. T. 6, p. 38 l.)"

"Si deseamos tener bien radicada la fe, es necesario que sea puro nuestro modo de vivir: este mantiene el espíritu que da toda la fuerza a la fe. A la verdad, es imposible que no vaciles en la fe si tu vida es impura. No hay duda que los que hablan de la fatalidad, burlándose, y no creen a las saludables palabras acerca de la resurrección, se precipitan en este abismo de incredulidad por su mala conducta y deprava.das costumbres. (S. Juan Crisóst., in terremot. Serm. 6, sent. 16, adic., Tric. T. 6, p. 456.)"

 

"La intención es la que hace buenas las obras, y la fe es la que dirige y arregla la intención. (S. Agustín, Salm 7, sent. 20, Tric. T. 7, p.456.)"

"Caminando por la fe, poniendo en Dios vuestra alegría, practicando las buenas obras, y procurando purificaros continuamente de las faltas leves con el ayuno, oración y limosnas, y diciendo todos los días con sinceridad de corazón: perdónanos nuestras deudas, caminad con seguridad, por el camino recto, avanzad con alegría y no temáis la venida de vuestro Juez. (S. Agustín, Salín, 66, sent. 105, Tric. T. 7, p. 464.)"

"El objeto de la fe cristiana, es la resurrección de Jesucristo. (S. Agust., Psalm. 116, sent. 158, Tric. T. 7, p. 408,)"

"Cuando admitimos la fe, no por esto excluimos de¡ todo la razón; por el contrario, procuramos con ella adquirir algún conocimiento, aunque oscuro, de los misterios; pero con justo motivo preferimos la fe a la razón, porque la fe es la que precede, y la razón no hace más que seguirla, según este lugar de la Escritura: Si no creéis, no conoceréis. A la verdad, si no sentáis los fundamentos de la fe excluyendo toda duda, jamás podéis levantar el edificio fundado sobre el conocimiento de Jesucristo, y por consiguiente, ni llegar a ser hombre espiritual. (S. Cirilo Alejandrino, Comment. in Joan, cap. 20, sent. 2. Tric, T. 8, p. 79.)"

"Un Dios, una fe, un bautismo. Un Dios y padre de todos, el cual es sobre todos, cuya providencia a todos se extiende y está en todos nosotros. Permaneced inseparables, de esta unidad, amados míos: seguid en ella toda santidad, obedeced en ella a los preceptos del Señor, pues sin fe es imposible agradar a Dios. Sin la fe nada es santo, casto ni vivo, porque el justo vive de la fe. El que la perdiere, engañado del demonio, aun viviendo, ya está muerto. (S. León Papa. Serm. 24, cap. 6, sent. 17, Tric. T. 8, p. 384.)"

"Hermanos, la paz de nuestro corazón está expuesta a grandes peligros: no debemos tenernos por seguros con la libertad de la fe: nadie se glorie de esta libertad, si es esclavo de los vicios: el corazón de¡ hombre se conoce en la calidad de sus obras: las acciones son caracteres en que se leen las disposiciones del alma. Hay algunos, dice el Apóstol, que hacen profesión de conocer a Dios, y le niegan con los hechos. Sin duda se niega a Dios cuando no está en la conciencia el bien que suena en las palabras. (S. León, Papa. Serm. 36, c. 4, sent. 27, Tric. T. 8, p, 387 y 388.)"

"Amados míos, la virtud y sabiduría de la fe cristiana, son el amor de Dios y el del prójimo: a ninguna obligación de piedad falta el que procura dar culto a Dios y ayudar a su hermano. (S. León, Papa, Serm. 45, sent. 40, Tric. T. 8, p. 392.)"

"El bienaventurado Apóstol San Pedro, cuya fe era muy fervorosa, y se sentía con valor para acompañar a su Maestro en los trabajos y el suplicio hasta morir con El, se ablandó, y aun se asustó con la voz de una criada que te acusó de que era discípulo de Jesucristo, y negó a su Maestro por flaqueza. Permitió Dios esta caída, como es muy verosímil, con el fin de que la cabeza de la Iglesia fuese un modelo de penitencia, y para que ninguno en adelante, confiase en su propia virtud, al ver que tan grande Apóstol manifestó poca constancia. (S. León, Papa, Serm. 58, sent. 48, Tric. T. 8, p. 391.)"

"No se ha de profundizar mucho con el humano discurso en las cosas dignas de admiración que la fe nos obliga a creer; pues si nuestra razón pudiera comprenderlas, ya no serían dignas de admiración. Mas cuando sucede que nuestro espíritu fluctúa por alguna duda que nos trae la tentación en punto de la creencia que debemos tener; tal vez es necesario para confirmarse, traer a la memoria las cosas que el uso y la experiencia le han dado a conocer, aunque no las pudiera descubrir por la razón: para que se confirme con el ejemplo de un efecto semejante a aquella fe que empezó a balancear de algún modo por la grande confianza que habíamos puesto en nuestro espíritu y razón. (San Gregorio el Grande, lib. 5, c. 14, p. 1 SO, sent. 20, Tric. T. 9, p. 236.)"

"Se arrojan los malos pensamientos y vienen los buenos, imitando la conducta del Centurión para con los soldados y sus siervos. Decía al uno que se ausentase, y se ausentaba: al otro, que viniese y venía. Otro modo de arrojarlos es manifestarlos en la confesión. (San Anselmo, Novo Supplem., Tract. Ascet., sent. 55, Ti-¡c., T. 9, p.357 y 358.)"

"Así como se dice: Si no creyéreis no entenderéis, así también se puede decir justamente: si no deseáis, no amaréis justamente. El entendimiento pues, es el fruto de la fe, y la perfecta caridad lo es del deseo. Entre tanto, el justo vive de fe, y el bienaventurado del entendimiento. Entre tanto, el justo desea ir a Dios, con el ciervo a las fuentes de las aguas: pero el bienaventurado ya está bebiendo con gozo de las fuentes del Salvador, es decir, se está deleitando en la plenitud de la caridad. (S. Bern., Ep. 18, ad Petrum Cardin., sent. 9, adic., Tric. T. 10, p. 348.)"