FRUTOS


Citas de la Sagrada Escritura

Yo soy la vid y mi Padre el labrador. Todo sarmiento que en Mi no lleve fruto, lo cortará; y a todo aquel que diere fruto, lo podará para que dé todavía más fruto. Jn 15, 1-2.

(Jesús) tuvo hambre; y viendo una higuera junto al camino se acercó a ella, y no hallando más que hojas, le dijo: nunca jamás nazca fruto de ti. Y la higuera quedó seca al instante. Mt 21, 18-19.

Cada árbol por su fruto se conoce; no se cogen higos de los espinos, ni de las zarzas racimos de uvas. Lc 6, 43.

Voy a cantar a mi amado el canto de mi amigo a su viña: Tenía mi amado un viña en un fértil recuesto. La cavo, la descontó y la plantó de vides selectas. Edificó en medio de ella una torre, e hizo en ella un lagar, esperando que le daria uvas, pero le dio agrazones.Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad entre mi y mi viña. ¿Qué más podia hacer yo por mi viña que no lo hiciera? ¿Cómo, esperando que diese uvas, dio agrazones? Is 5, 1-5.

Y dijo esta parábola: Tenia uno plantada una higuera en su viña y vino en busca del fruto y no lo halló. Dijo entonces al viñador: van ya tres años que vengo en busca del fruto de esta higuera y no lo hallo; córtala; ¿por qué ha de ocupar la tierra en balde? Le respondió y dijo: Señor, déjala aún por este año que la cave y la abone, a ver si da fruto para el año que viene...; si no, la cortarás. Lc 13, 6-9.

[...] Si el grano de trigo, después le echado en tierra, no muere, ~ueda infecundo; pero si muere, ~roduce mucho fruto. Jn 12, 24.

[...] Has sido puesto en la balanza y hallado falto de peso Dan 5, 27.

[...1 Otras (semillas) cayeton en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras cien. Mc 4, 8.

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. Mt 7, 15-16.

[...] Es semejante el reino de los cielos a uno que sembró en su campo buena semilla. Pero mientras su gente dormía, vino el enemigo y sembró cizaña entre el trigo y se fue. Cuando creció la hierba y dio su fruto, entonces apareció la cizaña. Mt 13, 24-26.

Parábola del grano de mostaza: Mt 13, 31-32.

Es semejante el reino de los cielos al fermento que una mujer toma y lo pone en tres medidas de harina hasta que todo fermenta. Mt 13, 33.

Como el sarmiento no puedc dar fruto si no está unido a la vid, tampoco vosotros si no permaneciereis en mi. Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en mi y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mi no podéis hacer nada. Jn 15, 4-5.

En esto será glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así seréis discípulos mios. Jn 15, 8.

 


SELECCIÓN DE TEXTOS

Dios espera abundantes frutos de nuestra vida

2671 Aprovéchame el tiempo. —No te olvides de la higuera maldecida. Ya hacía algo: echar hojas. Como tú..

—No me digas que tienes excusas.—No le valió a la higuera—narra el Evangelista—no ser tiempo de higos, cuando el Señor los fue a buscar en ella.—Y estéril quedó para siempre (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 354).

2672 Quien da socorros temporales a los que tienen dones espirituales es cooperador también de estos dones espirituales (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 20 sobre los Evang.).

2673 Estas vírgenes no sólo eran necias porque descuidaron las obras de misericordia, sino también porque creyeron que encontrarían aceite en donde inútilmente lo buscaban. Nada más misericordioso que aquellas vírgenes prudentes que por su caridad fueron aprobadas; sin embargo, no accedieron a la petición de las necias. De aquí aprendemos que a nadie podrán servirle otras obras que no sean las propias (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 79).

2674 Dicen las prudentes: No suceda que falte para nosotras y para vosotras, porque de nada sirve el testimonio ajeno en la presencia de Dios, que ve los secretos del corazón; y apenas a cada uno le basta el testimonio de su conciencia (SAN AGusTiN, Sermón 22).

2675Las lámparas que llevan en las manos (las vírgenes prudentes) son las buenas obras (SAN AGUSTIN, Sermón 22)

2676 El que tiene, pues, talento, procure no ser perro mudo; quien tiene abundancia de bienes, no descuide la caridad; el que experiencia de mundo, dirija a su prójimo; el que es elocuente, interceda ante el rico por el pobre; porque a cada uno se le contará como talento lo que hiciere, aunque haya sido por el más pequeño (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 9 sobre los Evang.).

2677Asi como hay peligro de que los doctores oculten el talento del Señor, también los oyentes pueden incurrir en la misma falta cuando se les exijan los réditos de lo que se les enseñó (SAN GR£GORIO MAGNO, Hom. 9 sobre los Evang.).

Necesidad de la gracia para dar fruto

2678No hacemos nuestro apostolado. En ese caso, ¿qué podriamos decir? Hacemos—porque Dios lo quiere, porque así nos lo ha mandado: id por todo el mundo y predicad el Evangelio (Mc 16, 15)—el apostolado de Cristo. Los errores son nuestros, los frutos, del Señor (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 267).

2679¿Por qué el Señor da el nombre de agua a la gracia del Espiritu? Porque el agua es condición necesaria para la pervivencia de todas las cosas, porque el agua es el origen de las plantas y de los seres vivos... Y, del mismo modo que el árbol seco, al recibir el agua germina, así también el alma pecadora, al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce frutos de santidad (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis 16, sobre el Espfritu Santo).

2680 El no necesitó de nosotros para salvarnos, nosotros sin él nada podemos hacer; él, a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid; nosotros, separados de él, no podemos tener vida (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 84).

Hay frutos que tardan en llegar

2681 Que se hagan ricos en buenas obras, dice el Apóstol. Que se hagan ricos en esto, que siembren en esto. De estas obras hablaba el mismo Apóstol, cuando decia: No nos cansemos de practicar el bien, que a su tiempo cosecharemos. Siembren: aún no ven lo que recogerán, pero que tengan fe y sigan sembrando. ¿Acaso el labrador al sembrar, ve ya recogida su mies? (SAN AGUSTIN, Sermón 11, sobre las bienaventuranzas).

Frutos para Dios

2682 Me veo precisado a deciros que temáis con mucho cuidado por las buenas obras que hacéis, no sea que por ellas busquéis algún favor o alguna gracia humana, no sea que se despierte en vosotros el deseo de alabanzas, y lo que manifestáis al exterior se quede interiormente vacio de retribución (SAN GREGORIO MAGNO, llom. 12 sobre los Evang.).

2683 Lo que se hace por Dios, se ofrece a Dios y El lo recibe; lo que se hace por los hombres, se convierte en aire (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. I, p. 338).

2684 Vosotros no veis ahora la importancia del bien que hacéis; tampoco el labriego, al sembrar, tiene delante las mieses; pero confia en la tierra. ¿Por qué no confías tú en Dios? Un día llegará el dueño de nuestra mies. Imagínate que nos hallamos ahora en las faenas de la labranza; mas labrarnos para recoger después, según aquello de la Escritura: Iban andando y lloraban, arrojando sus simientes; cuando vuelvan, volverán con regocijo, trayendo sus gavillas (Sal 125) (SAN AGUSTIN, Sermón 102).

 

2685 Y vuestro fruto permanezca. Todo cuanto hacemos en este mundo apenas tiene duración hasta la muerte; y llegando ésta, arranca el fruto de nuestro trabajo. Pero cuando trabajamos de cara a la vida eterna, el fruto de nuestro trabajo permanece. Cuando se ha llegado al conocimiento de las cosas eternas, dejan de tener importancia los frutos temporales (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 27 sobre los Evang.).

2686 Como los árboles buenos no dan fruta venenosa aunque si verde y a veces agusanada, y en ocasiones se recubren de muérdago y musgo, los grandes santos nunca cometen pecado mortal, pero pueden producir obras inútiles, sin madurar, ásperas y mal sazonadas. Hay que confesar que esos árboles son fructíferos, pues de otro modo no serian buenos, y reconocer que algo de su fruta no es bueno, pues nadie afirmará que el muérdago y el musgo son fructuosos. ¿Quién entonces negará que los enfados breves y los pequeños excesos de alegría, de risa, de vanidad y otras pasioncillas semejantes son movimientos inútiles e ilegitimos? Sin embargo, el justo los tiene siete veces al día, es de~cir, muy a menudo (SAN FRANCISCO DE SALES, Trat. del amor a Dios, 10, 5).

2687 ¿No adviertes cómo los árboles sin frutos son vigorosos, bellos, esbeltos, graciosos y sublimes? Pero si nos fuera dado poseer un jardín, de seguro que preferiríamos ver en el granados y olivos cubiertos de frutos. Los árboles estériles están en el jardín para recreo, no para utilidad. Y, aunque en cierto sentido pueden ser útiles, su utilidad es minima. Los que sólo se preocupan de sus intereses son como estos árboles (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 20 sobre los Hechos, 3-4).