GRACIA


Citas de la Sagrada Escritura

1. Necesidad de la gracia.

No es que nosotros seamos capaces de pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia viene de Dios. 2 Cor 3, 5.

Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar. Flp 2, 13.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos... Sin mi nada podéis hacer. Jn 15, 5.

[...] por lo cual os hago saber que nadie, hablando en el espiritu de Dios, puede decir: Anatema sea Jesús, y nadie puede decir: Jesús es el Señor, si no es en el Espiritu Santo. 1 Cor 12, 3.

2. La gracia nos justifica

Y algunos esto erais, pero habéis sido lavados; habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espiritu de nuestro Dios. / Cor 6, 11.

[...] renovaos en el espíritu de vuestra mente. EJ4, 23.

Respondio Jesús y le dijo: En verdad te digo que quien no naciere de arriba no podrá entrar en el reino de Dios. Jn 3, 3.

3. La gracia nos hace partícipes de

la divina naturaleca

Y nos hizo merced de preciosos y sumos bienes prometidos, para que por ellos os hagáis participes de la divina naturaleza, huyendo de la corrupción que por la concupiscencia existe en el mundo. 2 Pdr 1 , 4.

4. La gracia nos hace hijos de Dios

Porque los que son movidos por el Espiritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Que no habéis recibido el espiritu de siervos para recaer en el temor, antes habéis recibido al espiritu de adopción, por el que clamamos: Abba ¡Padre! Rom 8, 14-15.

[...] y si hijos, también herederos; herederos de Dios, coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con El para ser con El glorificados. Rom 8, 17.

5. La gracia nos hace amigos y hermanos de Cristo

Vosotros, dice el Señor, sois mis amigos si hacéis lo que os mando... Ya no os llamaré siervos, sino amigos. Jn 15, 14-15.

A los que son santificados, Jesucristo no desdeñó llamarlos hermanos. Heb 11, 11.

Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre. Jn 20, 17.

El es el primogénito entre muchos hermanos. Rom 8, 29.

6. Por la gracia samos templos de Dios

¿No sabeis que sois templos de Dios, y que el Espiritu Santo habita en vosotros? I Cor 3, 16.

[...] y estableceremos nuestra morada dentro de él. Jn 14, 23.

 


SELECCIÓN DE TEXTOS

El alma en «estado de gracia»

2728 Nos dice San Agustín: «¿Queréis saber lo que vale vuestra alma? Id, preguntádselo al demonio, él os lo dirá. El demonio tiene en tanto a nuestra alma que, aunque viviésemos cuatro mil años, si después de esos cuatro mil años de tentaciones nos ganase, tendría por muy bien empleado su trabajo» (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre Jesucristo).

2729 Ninguna lengua es suficiente para declarar la grandeza del amor que Jesús tiene a cualquier alma que está en gracia (SAN ALFONSO M. a DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento,2).

2730 Si una vez en la vida tuviésemos la suerte de penetrarnos bien de la belleza y del valor de nuestra alma, ¿no estariamos dispuestos, como Jesús, a sufrir todos los sacrificios por conservarla? ¡Cuán hermosa, cuán preciosa es un alma a los ojos del mismo Dios! (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre Jesucristo).

2731 La fe nos dice que el hombre, en estado de gracia, está endiosado. Somos hombres y mujeres, no ángeles. Seres de carne y hueso, con corazón y con pasiones, con tristezas y con alegrías. Pero la divinización redunda en todo el hombre como un anticipo de la resurrección gloriosa (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 103).

2732 Este estado será el nuestro desde el momento en que, a pesar de vivir en la carne, no obremos ya según la carne, porque hayamos empezado a militar en las filas del Señor. Entonces podremos con toda verdad realizar aquella palabra de San Pablo: Somos ya ciudadanos del cielo (Fil 3, 20) (CASIANO, Colaciones, 3, 7).

2733 Yo—dice el Señor—doy la muerte y la vida, para que estemos convencidos de que estar muertos al pecado y vivos en el espiritu es un verdadero don de Dios (SAN GREGORIO DE NISA Hom. 6, sobre el Eclesiastés).

2734 Dios mismo es la vida del alma, como el alma es la vida del cuerpo (SANTO TOMAS, Sobre el Cielo, 8, I.c.).

2735 ¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en si, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, para conseguir el tesoro inestimable de la gracia. Esta es la mercancía y logro último de la paciencia. Nadie se quejarla de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conociera las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres (SANTA ROSA DE L[MA, Escritos. Al médico Castillo, l.c., pp., 54-55).

2736 Puede decirse que, en lo espiritual, hay tanta distancia entre justos y pecadores, como en lo material entre el cielo y la tierra (SAN ACUSTIN, Sobre el Sermón de la Montella, 2, 17).

2737 Comprometeos a vivir en gracia. Jesús ha nacido en Belén precisamente para esto: para revelarnos la verdad salvífica y para darnos la vida de la gracia. Comprometeos a ser siempre partícipes de la vida divina injertada en nosotros por el Bautismo. Vivir en gracia es dignidad suprema, es alegría inefable, es garantía de paz, es ideal maravilloso y debe ser también preocupación lógica de quien se llama discípulo de Cristo. Por tanto, Navidad significa la presencia de Cristo en el alma mediante la gracia.Y si por debilidad de la naturaleza humana se ha perdido la vida divina a causa del pecado grave, entonces Navidad debe significar el retorno a la gracia mediante la Confesión sacramental, realizada con seriedad de arrepentimiento y de propósitos. Jesús viene también para perdonar; el encuentro personal con Cristo es una conversión, un nuevo nacimiento para asumir totalmente las responsabilidades propias de hombre y de cristiano. (JUAN PABLO II, Roma. Hom. a los universitarios, 18-XII-1979).

 

2738 Nuestra alma es algo tan grande, que sólo Dios la excede. Un día Dios permitió a Santa Catalina ver un alma. La Santa hallóla tan hermosa que prorrumpió en estas exclamaciones: «Dios mío, si la fe no me enseñase que existe un solo Dios, pensaría que es una divinidad; ¡ya no me extraña, Dios mío, ya no me admira que hayáis muerto por un alma tan bella! » (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre Jesucristo).

2739 [...] para conocer el precio de nuestra alma, no tenemos más que considerar lo que Jesucristo hizo por ella (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre Jesucristo).

2740 Como el mismo Dios habita en el cuerpo de los justos, los cuerpos de los pecadores se llaman sepulcros de muertos,porque el alma está en el cuerpo del pecador y no puede creerse que viva, porque nada hace sobre el cuerpo que pueda llamarse vivo y espiritual (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. I I I, p . 128).

 

Las gracias actuales

Toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da 2741 por el Padre, a través del Hijo, en el Espiritu Santo (SAN ATANASIO, Carta 1, a Serapion).

2742 Uno de los grandes regalos que en esta vida hace Dios a un alma es darle claramente a entender y sentir tan altamente de Dios, que entienda bien claro que no se puede entender ni sentir del todo (SAN JUAN DELA CRUZ, Cántico espiritual, 7, 9)

2743 Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegido, y que la adornan con profusión (SAN BERNARDINO DE SIENA, Sermón 2, 7).

2744 El don de la gracia eleva al hombre para cosas que están por encima de su naturaleza (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-3, q. 171, a. 2 ad 3).

2745 Mirad que lo puede todo y nosotras no podemos nada sino que El nos hace poder (SANTA TERESA, Camino de perfección, 16, 10).

2746 El poder de la gracia es mayor que el de la naturaleza (SAN AMBROSIO, Trat. sobre el misterio).

2747 El menor bien de gracia es superior a todo el bien natural  del universo (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 113,a. 9)

2748 ¡Qué disparate huir de la luz para andar siempre tropezando! (SANTA TERESA, Vida, 19, 5).

2749 (Y los ladrones desentierran y roban...). Ladrones son los herejes y los demonios, que siempre están dispuestos a quitarnos las gracias espirituales (RABANO MAURO, en Catena Aurea, vol. I, p. 385).

2750 Llama a la gracia agua viva (...), y también la llama agua que salta, para indicar su poder y su fuerza. Para entender bien qué significa todo esto, hay que pensar en la sabiduría de Esteban, en la palabra de Pedro, en el ímpetu de San Pablo. Nada pudo contener o menguar su empuje: ni la cólera del pueblo, ni la violencia de los tiranos, ni el ataque de los demonios, ni los asesinatos cotidianos. Como río impetuoso pasaron sobre todo lo que tenían delante (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Juan, 51, 1).

 

Necesidad de la gracia para hacer el bien

2751 Si de una parte todos estos ejercicios son indispensables para la perfección, de otra son de todo ineficaces para llegar a ella sin el concurso de la gracia (CAS1ANO, Instituciones, 12, 14).

 

2752 Ningún pecado, en efecto, hace un hombre que no pueda hacerlo también otro hombre, si quien hizo al ln,~nbrc no le tiene de su mano (SAN AGUSTIN, Sermón 99).

2753 Así como no debemos confiar demasiado para que no parezca que ensalzamos nuestro propio poder, tampoco debemos desconfiar, para no tratar de ineficaz la ayuda que Dios nos presta (ORIGENES, Trat. sobre el Evang. de S. Mateo, 33).

2754 Cada día y a todas horas nos es absolutamente necesario el auxilio de la gracia (CASIANO, Colaciones, 3, 22).

2755 Ninguna aflicción corporal, ninguna contrición de corazón es digna de conquistar la castidad del hombre interior. Ni es capaz—por el solo trabajo humano, sin la ayuda de lo alto—de obtener esta sublime virtud de la pureza [...]: el obrar el bien depende de la gracia de Dios (CASIANO, Instituciones, 12, 11).

2756 Es imposible conseguir la victoria contra cualquier pasión si no estamos penetrados de esta idea madre: que nuestra industria y propio trabajo no pueden por si solos obtener el triunfo sobre ella (CASIANO, Colaciones, 5, 13).

 

2757El principio de nuestra conversión y de nuestra fe, así como la paciencia en sufrir, son dones de Dios. David, por su parte, abunda en idénticos sentimientos, implorando de la misericordia de Dios dones semejantes: Confirma, oh Señor, lo que has obrado en nosotros (Sa/ 62, 29). Muestra con ello que la gracia de Dios no ha hecho bastante con habernos otorgado las primicias de nuestra salud; hace falta que su misericordia vaya obrando cada día su plena eclosión mediante esa misma gracia (CAIAANo, Colaciones, 3, 14).

2758 También la fortaleza con que resistimos a las tentaciones depende más de la misericordia con que Dios las suaviza que de nuestra propia virtud (CASIANO, Colaciones, 3, 17).

2759Cada gracia que se da a los hombres procede de una triple causa ordenada: de Dios pasa a Cristo, de Cristo pasa a la Virgen, por la Virgen se nos da a nosotros (SAN BERNARDO, Sermón 6 de la Natividad de la B. Virgen Maria).

Gracia.- "El cristiano no es obra de la humana persuasión, sino de la grandeza de la gracia. (S. Ignacio, en la Epist. a los Rom., sent. 3, adic., Tric. T. 1, p. 339.)"

"Las gracias celestiales no se parecen a los beneficios de los hombres, pues estas no tienen límites ni términos, y cuando no las detiene obstáculo alguno, corren sus aguas con inundación por todas partes: sólo requieren que nuestro corazón esté sediento y se abra para recibirlas, entonces lloverán a proporción de nuestra fe. (S. Cipriano, Carta 1ª a Donato, sent. 1, Trie. T. 1, p. 295.)"

"Como una mujer conoce que está en cinta cuando advierte que se mueve el niño, del mismo modo un cristiano verdadero siente que ha recibido el Espíritu Santo en el Bautismo, por los movimientos secretos de su corazón, y por la impresión de una alegría interior que experimenta principalmente en los días festivos, en el tiempo de las solemnidades y en la recepción de¡ sagrado cuerpo y sangre de Jesucristo. (S. Atanasio, ad antioch. Principent., sent. 10, Tric. T. 2, p. 173.)"

"El Espíritu Santo sopla en donde le place, cuando quiere y cuanto quiere. (S. Gregorio Nacian., Orat, 44, sent. 53, Trie. T. 3, p. 361.)"

"Para inclinarse al mal, no necesita el hombre de asistencia alguna: porque el pecado por si mismo, impele nuestra voluntad: mas para volverse a Dios, tiene la voluntad necesidad de los divinos auxilios. (S. Greg. de Nisa, Orat. 4, sent. 10, Tric. T. 4, p. 114.)"

"La razón puede moderar la concupiscencia, mas no quitarla del todo, no es el espíritu dueño de las pasiones, sino gobernador que tiene el freno, y es moralmente imposible que un hombre inclinado naturalmente a la ira no sienta movimientos de este vicio; mas 'puede moderarlos y reprimirlos según lo que dice el Profeta: "Irascimini, et nolite peccare". Permite lo que es propio en la naturaleza, y prohíbe lo que ya es pecado. (S. Ambrosio, de Jacob,, et vit., beata, lib. ), ,,u-ni.. 19, Trie. T. 4, p. 316.)"

Para que los Santos no atribuyesen a sí mismos y a su propia virtud el bien que había hecho en ellos la divina gracia, ha permitido Dios algunas veces que caigan en alguna falta, para que reconozcan por su propia experiencia, que necesitan de la asistencia divina, y se vean precisados a pedir que los gobíerne para llegar a, la salvación. Por otra parte vemos que un San Pablo se gloria en sus flaquezas, porque sabía que muchos Santos que confiaban en la excelencia de su virtud habían caído sin volver en sí. (S. Ambrosio, Apolog. David, e. 2, sent. 29, Tric. T. 4, p. 319.)"

"Nosotros, Señor, cuanto mayores han sido nuestros pecados, más grandes bienes espirituales hemos recibido; porque vuestra gracia nos ha hecho más felices que nuestra inocencia. (S. Ambrosio, in Psalm., 37, sent. 49, Tric. T. 3, p. 323.)"

"Señor, vivificadme según vuestra misericordia. Necesitamos de una continua misericordia de Dios, para que nuestra alma, mientras permanece en este cuerpo mortal, reciba continua vida, y para que el justo pueda todos los días vivir para Dios y morir, por consiguiente, al pecado. (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. 63, Tric. T. 4, p. 325.)"

"El santo rey David nos hizo ver en su persona. que ninguno debe confiar en su propia virtud: porque todos tenemos a la. frente un enemigo muy poderoso, al que no podemos resistir, si no nos sostiene la gracia de Dios. (S. Ambrosio, lib. 3, in c. 5, sent. 78, Tric. 'F. 4, p. 329.)"

"No hay bueno sino lo que es verdaderamente honesto: y solamente se halla la felicidad en el que está exento de pecado, lleno de inocencia y sujeto en todo a la gracia y amistad de Dios. (S. Ambrosio, lib. 2, c. 3, sent. 130, Tric. T. 4, p. 340.)"

"Somos incapaces de caminar por nosotros mismos por la recta senda de la vida, de recibir la palabra de Dios, y abrimos la entrada al reino de los cielos, el que desde el tiempo de Juan Bautista se gana con violencia: si antes del último de nuestros días no nos descargamos de todas las cosas que ocupan nuestra afición y cuidado, o si estas nos detienen en el camino de este mundo, y después no combatimos esfuerzos de nuestras buenas obras y santos deseos de llegar a Jesucristo y estar tan estrechamente unidos a su amor, que jamás nos separemos, así como Jacob abrazaba al Angel, hasta que como por fuerza le hayamos arrancado la divina bendición. (S. Paulino, Ep. 24, ad Sever., sent. 2, Tric. T. 5, p. 329.)"

"Convertir al hombre es obra de Dios, porque El sólo puede restablecer lo que hizo. (S. Paulino, Ep. 38, ad Apr., sent. 18, Tric. T. 5, p. 332.)"

"Cuando el Espíritu Santo bajó sobre los Apóstoles, se oyó un ruido de un viento violentísimo y apareció en lenguas de fuego: si ahora no vemos las mismas señales, recibimos, no obstante, las mismas gracias, figuradas en estas señales. (S. Juan Crisóst., Homil. 11, c. 3, sent. 40, Tric. T. 6, p. 307.)"

"No sólo tenemos necesidad del auxilio de Dios en los peligros que exceden a nuestras fuerzas, sino también en aquellos que nos parecen que no son mayores y que podremos resistir con el valor y constancia que debemos. (S. Juan Crisóst., serm. 62, in Paralyt., sent. 237, Tric. T. 6, p. 348.)"

"Cuando véis alguna acción honesta y útil que excede las leyes y fuerzas de la naturaleza, debéis inferir que ha sido hecho con la virtud y la asistencia de Dios. Ahora, pues, no hay duda que unos simples pescadores, oficiales de tienda de campaña, los publicanos, los ígnorantes, los idiotas, fueron los que vencieron a los oradores, a los sabios y filósofos, y aun los vencieron en poquísimo tiempo entre una infinidad de peligros, a pesar de la resistencia de los reyes y pueblos, de la oposición de la naturaleza, de la larga posesión, de la antigüedad, de la fuerza, de la costumbre y la violencia de los demonios, que todo lo movieron por oponerse. (S. Juan Crisóst., Homl. 3, sent. 301, Tric. T. 6, p. 363.)"

"Dios distribuye la recompensa, no a proporción del buen éxito de nuestras empresas buenas, sino según el espíritu y la intención con que obramos en ellas. (San Juan Crisóst.,ibid., sent. 302, Tric. ibid., p.364.)"

"Así como necesitamos continuamente de la respiración, así tambíén tenemos necesidad del auxilio de Dios; pero si queremos, fácilmente le podremos atraer. (San Juan Crisóst., Homl. 2, c. 1, Matth., sent. 3, adic., Trie. T. 6, p. 45 l.)"

"Aunque tan pobres y necesitados, llegad como el mendigo a la puerta de vuestro Dios; llamad con instancia y no dudéis que os abrirán. (S. Agust., Psalm. 39, sent. 56, Tric. T. 7, p. 459.)"

"Yo os he criado una vez, y ahora os crío de nuevo: yo os he formado y os reformo: yo os he hecho y os vuelvo a hacer: si no fuisteis poderosos para haceros, ¿cómo lo habéis de ser para reformaros? (S. Agustín, Psalm. 45, sent. 62, Tric. T. 7, p. 460.)"

"Cuando erais aún impíos o pecadores os buscó el Señor para redimiros: ¿cómo después de haberos rescatado os había de abandonar para perderos? (S. Agust., Salm. 66, sent. 106, Tric. T. 7, p. 464.)"

"Nunca toméis consejo del hombre sin considerar principalmente al que ilumina al hombre. (S. Agust., Salm. 75, sent. 121, Tric. T. 7, p.466.)"

"El agua de la gracia entra en el valle de la humildad y no puede de~terierse en la altura de la vanagloria. (S. Agust., Salm. 77, sent. 122, Tric. ibid., ibid.)"

"Señor, considerad en mí vuestra obra, y no la mía, porque si miráis a lo que yo he hecho, sin duda me condenaréis, pero mirando vuestra obra me salvaréis. (S. Agust., Salm. 134, sent. 162, Tric. T. 7, p.469.)"

"¿De qué me sirvo yo sin ti, sino de guía para el precipicio? (S. Agust. Conf., lib. 4, c. 1, sent. 3, adic. Tric. T. 7, p. 480.)"

"Cuando Jesucristo está en nosotros, duerme, digámoslo así, la cruel ley de la carne que está en nuestros miembros, y despierta y se aviva la piedad y amor de Dios; amortigua las pasiones borrando las faltas en que hemos incurrido, y sanándonos como a enfermos. (S. Cirilo Alejand., Comment. in Joan., p. 365, sent. 9, Tric. T. 8, p. 99.)"

"Por más que el alma atienda a dirigir las acciones exteriores, entre los mismos cuidados y medidas que toma para sustentar y refrenar su carne, siempre tiene muy cerca la tentación. ¿Quién habrá que de tal modo se guarde del deleite y del dolor del cuerpo, que no llegue el alma a resentirse de lo que exteriormente lisonjea o atormenta? Así el gozo como la tristeza son inseparables, todo en el hombre se enciende con la ira y se disipa con el contento, y todo lo envenena la melancolía. ¿Quién podrá huir del pecado cuando una misma pasión afecta al alma que ruje y al cuerpo que es gobernado? Con razón, dijo el Señor: El espíritu está pronto, pero la carne está enferma. Mas para que no caigamos por desesperación en la torpe desidia, nos promete Dios lo que es imposible al hombre, atendiendo a la flaqueza propia, será posible con la virtud divina. No hay duda que es angosto y estrecho el camino que guía a la vida, y ninguno daría un paso ni pondría los pies en él, si el mismo Jesucristo, haciéndose camino, no abriese la difícil entrada; de tal suerte, que el Autor del camino es la posibilidad del que le anda; porque el mismo Señor que nos introduce al trabajo, nos lleva al descanso. En Aquel que es nuestra esperanza de la vida eterna, está el modelo de nuestra paciencia: y si padecemos  con El, reinaremos en su compañía: porque como dijo el Apóstol: El que dice que vive en Cristo, debe andar como El anduvo. De lo contrario, sólo tenemos la apariencia de una falsa profesión, siempre que no seguimos los preceptos de aquel Señor de cuyo nombre nos gloríamos. Sus preceptos no serían penosos, antes nos librarían de todos los peligros, si solamente amásemos lo que nos manda amar. (S. León, Papa, Serm. 90, c. 1, p. 35 1, sent. 69, Tric. T. 8, p. 400.)"

"Es verdad, como se explica la Escritura, que Dios hace que de algún modo escuchen nuestros oídos el soplo de su ruido sordo, cuando secretamente se introduce en los oídos de nuestra inteligencia por infinitos modos. Porque algunas veces toca nuestros corazones con un sentimiento de amor, y otras con un movimiento de temor: algunas veces representándonos la nada de los bienes presentes, eleva nuestros deseos al amor de los eternos, y otras dándonos a sentir con anticipación el gusto de los bienes eternos, nos inspira el desprecio de todo lo temporal. Algunas veces también nos descubre nuestras mismas miserias y nos excita a compadecernos de las ajenas. (S. Greg. el Grande. -lib. 5, c. 29, p. 161-, sent. 10, Tric. T. 9, p. 233.)"

"Es preciso notar con todo cuidado estas palabras de la Escritura: Vos visitáis al hombre desde la mañana, e inmediatamente le probáis. Porque así como Dios perfecciona nuestro corazón cuando se acerca a El, así también cuando se aleja le deja expuesto a las tentaciones. A la verdad, si después de haber recibido de Dios muchas gracias y virtudes no se padeciera tentación alguna, habría riesgo de gloriarse de estos favores, como si por sí mismo los hubiera merecido; para que cuando Dios nos da estos divinos dones, reconozcamos nuestra miseria y nuestro poco poder. Inmediatamente que la gracia nos ha elevado a las cosas celestiales visitándonos, se retira, al parecer, para que con una favorable experiencia conozcamos lo que somos por nosotros mismos. (S. Greg. el Grande, -lib. 8, c. 19, p. 265-, sent. 36, Tric. T. 9, p. 242.)"

"Implorad en todas vuestras acciones el auxilio de Dios; atribuidlo todo a la gracia y a la liberalidad de Dios, y nada a vuestros propios méritos; evitad la presunción y no contéis con vuestra frágil virtud. (S. Anselmo, Exhort. ad contemptum temporahum, sent. 25, Tric. T. 9, p. 345.)"

"No hay cosa tan dura que no ceda a otra que todavía sea más fuerte. (S. Bemardo, 4, de Com., sent. 4, Tric. T. 10, p. 322.)"

"El que corre sin la luz de la discreción, tropieza. (S. Bem., Serm. de Circumc., sent. 58, Tric. T. 10, p. 325.)"

"La privación de la gracia es argumento de la soberbia. (S. Bem., Serm. 54, in Cant., seiil. 66, Trie. T. 10, p. 326.)"

"Siempre es agradable al hombre la luz; pero más al que sale de las tinieblas. (S. Bern., Serm. 68, in Cant., sent. 70, Tríc. T. 10, p. 326.)"

"El día aclara lo que la noche oculta. (S. Bern., Serm. 75, in Cant., sent. 72, Tric. T. 10, p. 326.)"

"Con mucho descanso nada aquél a quien le sostienen la cabeza. (Serm. 42, in Cant., n. 8, sent. 89, Tric. T. 10, p. 327.)"

"¡Oh Señor, que iluminas mi lámpara con la que veo, y me horrorizan mis tinieblas! Dios mío, ilumina a mis propias tinieblas, para que vea y me alegre de que la caridad esté en mi ordenada, sabiendo y amando lo que merece mi amor; y cuánto, y para qué se ha de amar, no queriendo que me amen, sino en ti, y en cuanto debo ser amado. (S. Bem., -Ep. 85, ad Will. Abbat. S. Theodor.--, sent. 16, Tric. T. 10, p.350.)"