JESÚS


Citas de la Sagrada Escritura

1. Nombres

Cordero de Dios: Jn 1, 29-36. Alfa y Omega: Apoc 1, 8. Nuestro abogado: I Jn 2, 1. El que ha sido, el que es y el que será: Apoc 1, 8. Cristo Señor: Lc 2, 11. Emmanuel: Mt 1, 23. Hijo de Dios: Lc 1, 35. Hijo del Altísimo: Lc 1, 32. Hijo de David: Lc 1, 32. Hijo del hombre: Jn 1, 51. Jesucristo: Mt 16, 20; Rom 1, 3.

El Justo: I Jn 2, 1. La Luz: Jn 1, 8. El único Maestro: Mt 23, 8. Mesías: Jn 1, 41. Nuestro Señor: Rom 1, 3. Buen Pastor: Jn 10, 14. Padre de familia: Lc 13, 25. Maestro: Jn 20, 16. Resurrección y Vida: Jn 11, 25. Rey: Jn 18, 37; Mt 2, 2. Cabeza del cuerpo de la Iglesia: Col 1, 18. Salvador del mundo: Jn 4, 42. Señor de la gloria: I Cor 2, 8. Sacerdote Eterno: Heb 5, 6. Sumo Sacerdote: Heb 3, 1. Cordero Inmaculado: I Pdr 1. Cordero Inmolado: Apoc 5, 6.

Autor de la vida y de la salud: Heb2, 10.

Consolación de Israel: Lc 2, 25.

Hijo de Dios vivo: Mt 16, 16; ~ 11, 27.

Hijo Unigénito del Padre: Jn 1, 14.

Gloria de Israel: Lc 2, 32.

Imagen de Dios: 2 Cor 4, 4; Col 1, 15.

Luz del mundo: Jn 8, 12.

Mediador: Tim 2, 9.

Pan de Dios, Pan de vida: Jn 6, 33-35.

Piedra angular: Mt 21, 42.

Camino, Verdad y Vida: Jn 14, 6.

 

2. Vida de unión con Dios Padre.

Jesús tiene la vida unida al Padre, por quien vive: Jn 6, 58; Jn 5, 26-27.

Está en el Padre y el Padre en El; por eso, quien le ve a El, ve también al Padre: Jn 14, 9-10, 20.

Hace siempre lo que es deseo del Padre: Jn 14, 31.

Juzga según oye al Padre, por eso su juicio es justo, porque no busca hacer su voluntad sino la del que le envió: Jn 5, 30.

Está siempre con el Padre y hace siempre lo que agrada al Padre: Jn 8, 29.

 

3. Vida de oración

Se retiraba de madrugada a un lugar solitario para orar: Mc 1, 35.

En la soledad hacia sus oraciones: Lc 5, 16; 9, 18; 11, 1; Mt 26, 36; 14, 23.

Ora antes de elegir a los Apóstoles: Lc 6, 12.

Elevaba sus afectos a Dios, en todos sus actos más importantes:

— al resucitar a Lázaro: Jn 11, 41, 42.

— en la multiplicación de los panes: Jn 6, ll; Mt 14, 19.

— al instituir la Eucaristía: Mc 14, 23; Lc 22, 19.

Ora con perseverancia durante la agonía en el huerto: Lc 22, 40-45

 

4. Sentimientos interiores de Jesús

Se anonadó tomando forma de siervo: Flp 2, 7.

No vino a ser servido, sino a servir y dar su vida por nuestra redención: Mt 20, 28.

Es modelo de mansedumbre y humildad: Mt 11, 29.

Se compadecía de las muchedumbres, viéndolas como ovejas sin pastor: Mt 9, 36; 14, 16; 15, 32.

Se compadece de los enfermos: Mc 1, 41.

De la viuda de Naím: Lc 7, 13.

Al ver la tristeza de las hermanas de Lázaro: Jn 11, 35-36.

Se compadece de la adúltera: Jn8, 11.

De la caida de Pedro: Lc 22, 61.

Del buen ladrón: Lc 23. 43.

Del mismo Judas, llamándole amigo: Mt 26, 49-50.

Pedía perdón por los que le crucificaban: Lc 23, 34.

Nos ama como le ama a El el Padre, y nos pide correspondencia: Jn 15, 9.

Nos amó hasta el extremo: Jn 13, 1.

Hasta darnos la mayor prueba, dando su vida por nosotros: Jn 15, 13.

Quiere que nos amemos mutuamente como El nos ha amado: Jn 13, 34.

Llama amigos a sus discípulos, como prueba de amor: Jn 15, 15.

 

5. Relaciones de Jesús

a) Con los pobres

Nuestro Señor, modelo de pobreza: 2 Cor 8, 9.

La Santísima Virgen reclina al Niño Jesús en un pesebre: Lc 2, 7.

Huida de la Sagrada Familia a Egipto, y su estancia allí en medio de privaciones y pobreza: Mt 2, 14-22.

Pobreza de los Apóstoles: I Cor 4, 11-13; 9, 12-13; 2 Cor 11, 27.

Nuestro Señor y sus Apóstoles padecen hambre: Mt 12, 1; 21, 19.

No tenían dinero para pagar los impuestos: Mt 17, 23-26.

Bienaventurados los pobres: Mt 5, 3; Sant 2, 3.

Nuestro Señor se gloria de evangelizar a los pobres: Mt 11, 5; Lc 4, 18.

Nuestro Señor no quiere la inquietud por el día de mañana: Mt 6, 25-34

b) Con los ricos

José Nicodemo se entrevista con Jesús: Jn 3, 1-29.

Nicodemo y José de Arimatea se declaran discípulos de Jesús y ungen su Cuerpo: Mt 27, 57-60.

Los Magos adoran a Jesús: Mt 2, 1-2.

Fe y humildad del Centurión: Mt 8, 5-13; 7, 1-10.

Lázaro, Marta y Maria, amigos de Jesús: Jn 11, 11-44.

Jesús quiere hospedarse en casa de Zaqueo: Lc 19, 1-10.

Jesús arroja del Templo por dos veces a los mercaderes que intentaban enriquecerse: Jn 11, 1417; Mt 11, 11.

El rico de la parábola se condenó por haber empleado mal sus bienes: Lc 16, 19-31.

El primer anatema de Jesús fue contra los malos ricos: Lc 6, 24-25; Sant 5, 1-7.

c) Con los afligidos y enfermos

Jesús llora sobre Jerusalén: Lc 19, 41.

Se compadece de las almas que yacen como ovejas sin pastor: Mt 10, 36-38.

Se compadece de Marta y Maria, y resucita a Lázaro: Jn 11, 20-37.

Se compadece de Jairo, cuya hija acaba de morir: Mt 9, 18-26; Mc 5, 22-43; Lc 8, 41-46.

Se compadece de la viuda de Naím, a quien dijo: «No llores más»: Lc 7, 11-17.

Se olvida de si mismo, y dice a unas piadosas mujeres: «No lloréis por Mi»: Lc 23, 28.

Lleno de compasión, dice a los afligidos: Venid a Mi todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Mt 11, 28.

¡ Bienaventurados los que lloran! Mt 5, 5.

Salia de El una virtud que curaba a cuantos se le acercaban. Lc 6, 19.

La virtud del Señor se manifestaba curando a los enfermos: Lc 5, 17.

En Cafarnaúm imponia sobre ellos las manos y los curaba: Mt 8, 16; Mc 1, 32-34; Lc 4, 40-41.

Antes de multiplicar los panes y los peces curó a todos los que i~ presentaron: Mt 15, 30; Jn 6, 2.

En la primera Pascua que estuvo en Jerusalén creyeron en El a causa de las curaciones que hacia: Jn 11,23.

El domingo de ramos, en el atrio del Templo, curó también a cojos y a ciegos: Mt 21, 14.

d) Con los pecadores

Ha venido para salvar las ovejas perdidas de la casa de Israel: Mt 15, 24.

No ha venido por los justos, sino por los pecadores: Mt 9, 13; Mc 11, 17; Lc 5, 32.

Hay más alegría en el cielo por

la conversión de un solo pecador que por la perseverancia de noventa y nueve justos: Lc 15, 7.

Parábolas de Nuestro Señor sobre el perdón de los pecadores: la oveja perdida: Mt 18, 12-14; Lc 15, 3-7; la dracma perdida, Lc 15, 8-10; el hijo pródigo, Lc 15, 11-31.

Otorga muchas veces su perdón:

— a la Samaritana, Jn 4, 7-29.

— al paralítico de Cafarnaúm: Mc 11, 5-11.

— al publicano Mateo: Mc 11, 14-27; Lc 5, 27-32.

—a Maria Magdalena: Lc 7, 37-50.

—a la mujer adúltera: Jn 8, 3- 11.

— a Zaqueo: Lc 19, 1-10.

— a Pedro cuando le negó: Lc 22, 61.

— a sus verdugos: Lc 23, 34.

— al buen ladrón: Lc 23, 42-43.

 

6. Promesas

A los pobres: Mt 5, 30; Lc 6, 20.

A los mansos: Mt 5, 4.

A los que lloran: Mt 5, 5; Lc 6, 21.

A los que tienen hambre y sed de justicia: Mt 5, 6.

A los hambrientos: Lc 6, 21.

A los misericordiosos: Mt 5, 7.

A los limpios de corazón: Mt 5, 8.

A los pacificos: Mt 5, 9.

A los que sufren persecuciones por la justicia: Mt 5, 10.

A los que sufren persecuciones por su amor: Mt 5, 11; Lc 6, 22-23.

A los gentiles: Mt 8, 11.

Los gentiles oirán la voz del Buen Pastor: Jn 10, 16.

Jesús envia sus Apóstoles en busca de las ovejas perdidas: Mt 10, 6.

El mismo quiere poner sobre sus hombros la oveja perdida: Lc 15, 4-6.

 

7. Maestro

Vino para predicar el Evangelio: Mc 1, 38.

Enseñaba en las sinagogas: Lc 4, 15.

Recorría las ciudades y aldeas para enseñar el Evangelio: Mt 9, 35.

Vino sobre todo para evangelizar a los pobres: Mt 11, 5; Lc 4, 18.

Enseñó con sus palabras y con sus ejemplos: Jn 13, 15; Hech 1, 1.

Vino para enseñar la Verdad: Jn 18, 34-37.

Nos dio a conocer al verdadero Dios: I Jn 5, 20.

Manifestó el nombre de Dios a sus discípulos: Jn 17, 6.

Enseñó el camino de Dios según la pura verdad: Lc 20, 21.

Todos sus oyentes admiraban su doctrina: Lc 4, 22.

Jamás hombre alguno habló como El: Jn 7, 46.

Sus palabras son espiritu y vida: Jn 6, 64.

Su doctrina es la de su Padre: Jn7, 16.

Tiene palabras de vida eterna: Jn 6, 69.

Busca la gloria del Padre: Jn 7, 16-18.

Su palabra nos hará libres, si la .ponemos en práctica: Jn 8, 31-32.

Su Evangelio es la espada que separa sus fieles de los demás hombres: Mt 10, 34.

Habla de muchas cosas por medio de parábolas: Mt 13, 3.

 

8 Jesucristo, Rey

No temas, Maria [...], sábete que has de concebir en tu seno y parirás un Hijo, a quien pondrás por nombre Jesús [...], al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David y reinará en la casa de Jacob eternamente y su reino no tendrá fin. Lc 1, 31-33.

Replicóle Pilato: ¿Con que tú eres Rey? Respondió Jesús: Asi es como tú dices: yo soy Rey. Jn 28, 37; Lc 23, 3.

Yo os preparo el reino como mi Padre me lo preparó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino. Lc 22, 29-30.

 

9. Principales parábolas

Parábola de la casa bien o mal fundada: Mt 7, 24-27; Lc 6, 47-49.

Del sembrador: Mt 13, 1-23; Mc 4, 1-20; Lc 8, 4-15.

De la buena semilla y de la cizaña: Mt 13, 24-30.

Del grano de mostaza: Mt 13, 31-32; Mc 4, 30-32; Lc 13, 18-19.

De la levadura: Mt 13, 33; Lc 13, 20-21.

Del padre de familia: Mt 13, 51 -52.

Acerca de lo que mancha o no mancha: Mt 15, 10-20.

Del tesoro oculto: Mt 13, 44.

De la perla preciosa: Mt 13, 45-46.

De la red: Mt 13, 47-50.

De los obreros llamados a trabajar en la viña del Padre: Mt 20, 1 -16.

Del padre de familia que debe velar: Mt 24, 42-44; Mc 13, 33-35; Lc 12, 35-38.

Del servidor fiel y prudente, y del servidor malo: Mt 24, 43-51; Mc 13, 33-37; Lc 12, 39-40.

De la lámpara: Lc 8, 16-18; Mt 4, 21-22.

De la medida: Mc 4, 24-25.

Del grano de trigo que crece so10: Mt 4, 26-29.

De los niños caprichosos: Mt 11, 16-19; Lc7, 31-35.

Del buen samaritano: Lc 10, 30-37.

Del intendente: Lc 12, 41-48; Mt 24, 45-51.

Del siervo despiadado: Mt 18, 23-35.

Del huésped nocturno: Lc 11, 5 -8.

Del rico insensato: Lt 12, 16-20.

De la higuera estéril: Lc 13, 6-9.

De los invitados al banquete: Lc 14, 16-24.

De la oveja perdida: Lc 15, 3-7.

De la dracma perdida: Lc 15, 8-10.

Del hijo pródigo: Lc 15, 11-32.

Del mayordomo infiel: Lc 16, 1-13.

De los jornaleros enviados a la viña: Mt 20, 1-16.

Del mal rico y del pobre Lázaro: Lc 16, 19-31.

Del juez inicuo y la viuda: Lc 18, 1-8.

Del fariseo y el publicano: Lc 18, 9-15.

De las diez minas: Lc 19, 11-27; Mt 25, 14-30.

De los hijos enviados a la viña: Mt 21, 28-32.

De los viñadores homicidas: Mt 21, 33-46; Mc 12, 1-9; Lc 20, 9-17.

De las bodas reales: Mt 22, 1-14; repetición de la parábola de los convidados al festín: Lc 14, 16-24.

De las diez vírgenes: Mt 25, 1-13.

De los talentos: Mt 25, 14-30; repetición de la parábola de las minas: Lc 19, 11-27.

Del Buen Pastor: Jn 10, 1-11.

Nuestro Señor debió de exponer otras muchas parábolas (Mt 13, 34; Mc 4, 33-34), que no han sido conservadas.

 

10. Milagros

(Ver MILAGRO).


SELECCIÓN DE TEXTOS

Verdadero Dios y verdadero hombre

3084 No es diverso de quien lo engendra, y tiene igual poder que El. No se confunde con el Padre ni forma con El un ser compuesto. Y porque es distinto del Padre en la generación, es también hermano tuyo éste que rige con su cetro al Universo y señorea con igual autoridad al Cielo, a la tierra y a los mares (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 2).

3085 ¿Qué felicidad más segura que la nuestra, siendo así que quien ora con nosotros es el que da lo que pide? Porque Cristo es hombre y Dios; como hombre, pide; como Dios, otorga (SAN AGUSTIN, Sermón 217).

3086 El mismo Dios verdadero es también hombre verdadero, y en El, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.

[...] Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra [...]. La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente Hiio del hombre (SAN LEÓN MAGNO, Carta 28, 3-4).

3087 Cada vez que los actores imitan la conducta de otros, aunque reproduzcan a la perfección su modo de actuar y de comportarse, ellos no son los personajes representados. En realidad, sirviéndome de términos profanos, cuando un actor hace el papel de un sacerdote o de un rey, él no es ni sacerdote ni rey; terminada la representación teatral, cesa de existir también el personaje representado.

Lejos de nosotros este impío e ignominioso insulto hacia Cristo [...]. La fe católica, en cambio, afirma que el Verbo de Dios se hizo hombre hasta el punto de asumir todo lo que pertenece a nuestra naturaleza, y no por vía de ficción o de apariencia, sino de una manera real y sustancial. Los actos humanos que llevaba a cabo eran actos suyos propios, y no imitación de actos de otro; su actuar era expresión de su ser. Como cuando nosotros hablamos, conocemos, vivimos, existimos, no imitamos a los hombres, sino que somos realmente tales (SAN V!CENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 14).

3088 La fe católica enseña y exige que debemos reconocer en nuestro Salvador dos naturalezas: aunque cada una conserva sus propiedades, están unidas ambas en una tan perfecta unidad que nosotros, desde el momento en que el Verbo se hizo carne en el seno de la bienaventurada Virgen por amor al género humano, no podemos pensar en la divinidad sin lo que es hombre, ni tampoco en el hombre sin lo que es Dios (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 52).

3089 En la persona de Cristo hay una doble naturaleza: es Hijo de Dios e Hijo del hombre, pero un solo Señor. Porque si ha asumido la condición de siervo ha sido movido por su misericordia y de ningún modo forzado por la ley de la necesidad. Por virtud de su poder se ha hecho paciente, se ha hecho mortal y, para destruir el poder que detentaba el pecado y la muerte, la naturaleza humana, con su debilidad,se abrazó al sufrimiento sin que la naturaleza divina, con su fuerza, perdiese nada de su gloria (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 45 sobre la Cuaresma).

3090 Estaba sobre la Naturaleza. Tenia poder sobre ella. Esto es lo que hacia a los hombres maravillarse. Marineros experimentados pueden hacer uso de los vientos y de las olas para llegar a tierra. Más aún, incluso en medio de una tormenta saben cómo aprovecharse de ella, conocen lo que tienen que hacer, y están a la observación para sacar provecho de todo lo que ocurre. Pero Nuestro Señor no condescendió a hacer esto. No les instruyó de cómo manejar las velas, ni de cómo gobernar la embarcación, sino que se dirigió directamente a los vientos y a las olas y los paró, obligándoles a hacer lo que era contra su naturaleza (CARD. J. H. NEWMAN Sermón en el Dom. I V después de Epifania; Cat. S. Cháud 1848).

3091 Dios no ha comenzado nunca a ser cuerpo, ni el cuerpo cesará en ningún momento de ser tal. El ejemplo de la naturaleza humana puede darnos alguna luz al respecto. Cada hombre está compuesto de alma y cuerpo, y así será siempre, y nunca sucederá que el cuerpo se cambie en alma o el alma en cuerpo. Puesto que cada hombre vivirá para siempre en lo sucesivo, en cada uno permanecerá necesariamente siempre la diferencia en las dos sustancias. Asi también en Cristo, la propiedad característica de cada sustancia persistirá por toda la eternidad, quedando siempre a salvo la unidad de persona (SAN V!CENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 13).

3092 Aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo participe de nuestros pecados.

Tomó la condición de esclavo, pero libre de la malicia del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo [...] fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre, es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición de esclavo (SAN LEÓN MAGNO, Carta 28, 3-4).

3093 Hombre verdadero, Dios verdadero; Dios y hombre: Cristo total. Esta es la fe católica [...]; quien ambos términos confiesa, es católico. Este tiene una patria y un camino [...]. El es la patria a donde vamos, El es el camino por donde vamos. Vayamos por El a El y no nos extraviemos (SAN AGUST IN, Sermón 93).

3094 [...] en cuanto Dios, estar sentado a la derecha del Padre significa ser de la misma categoría que Este; en cuanto hombre, quiere decir tener la absoluta prceminencia (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 6, 1. c., p. 80).

3095 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha. No se da la preferencia porque se sienta a la derecha, ni sufre menoscabo porque se le manda; no hay grado de dignidad donde está la plenitud de la divinidad (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea vol. Vl, p. 389).

3096 Llama a este libro el libro de la generación, porque toda la economía de la gracia y la raíz de todos los bienes está en que Dios se ha hecho hombre; una vez verificado esto, lo demás se sigue como una consecuencia lógica (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 2).

3097 La Iglesia adora una sola divinidad en la plenitud de la Trinidad, y la igualdad de la Trinidad en una única y misma majestad; profesa un solo Cristo Jesús, no dos; el cual es igualmente Dios y hombre. Cree que en El hay una sola persona, pero dos sustancias; dos sustancias, pero una sola persona (SAN V1CENTE DE LERINS Conmonitorio, n. 13).

3098 Aunque nació de virgen en el tiempo y como hombre según la carne, es, sin embargo, eterna su generación, porque lo engendró el Padre antes de que las cosas fueran hechas; y así, habiendo recibido de su madre la vida corporal, en la cual depende de ella, permanece no obstante unido al Padre por la virtud divina (SAN AMBROS'O, Sobre las vírgenes, 3, 2).

3099 Todos los errores de los herejes acerca de Cristo se pueden reducir a tres clases: los concernientes a su divinidad, a su humanidad, o a ambas a la vez (SAN AGUSTIN, Sobre las hereitas. 8).

3100 El Creador del tiempo nació en el tiempo, y Aquel por quien fueron hechas todas las cosas empezó a contarse entre las creaturas (SAN LEÓN MAGNO, Carta 31, 2-3).

3101 Dirás: ¿Cómo ha venido la luz a todos por medio de uno solo? ¿De qué manera está la divinidad en la carne? Como el fuego en el hierro: no desplazándose sino comunicándose. En efecto, el fuego no se lanza hacia el hierro, sino que, permaneciendo en su lugar, le comunica su propia fuerza. Con lo cual él no ha quedado disminuido en nada sino que llena enteramente al hierro al que se comunica. De la misma manera, Dios, el Verbo, que puso su morada entre nosotros (Jn I, 14), no salió fuera de sí mismo; el Verbo que se hico carne no quedó sometido al cambio; el cielo no se vio privado de aquel que lo contenía y la tierra recibió en su propio seno al que está en los cielos (SAN BASILIO, Hom. para el Nacimiento de Cristo, 2, 6).

3102 El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla (SAN LEÓN MAGNO, Carta 28, 3-4).

 

En Cristo lo encontramos todo. En El tenemos todos los ideales

3103 El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia (JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis, 1).

3104 El que halla a Jesús, halla un tesoro bueno, y de verdad bueno sobre todo bien. Y el que pierde a Jesús pierde muy mucho y más que todo el mundo. Paupérrimo el que vive sin Jesús y riquísimo el que está con Jesús (Imitación de Cristo, 11, 8, 2).

3105 El tesoro. Imaginad el gozo inmenso del afortunado que lo encuentra. Se terminaron las estrecheces, las angustias. Vende todo lo que posee y compra aquel campo. Todo su corazón lote allí: donde esconde su riqueza (cfr. Mt 6, 21). Nuestro tesoro es Cristo; no nos debe importar echar por la borda todo lo que sea estorbo, para poder seguirle (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 254).

3106 Tu corazón, Jesús, es el rico tesoro, la piedra preciosa que hemos descubierto en tu cuerpo herido, como en campo cavado (SAN BUENAVENTURA, Vitis Mystica, 3, 3).

3107 (El nombre de Jesús es) «refugio de los penitentes, bandera de los que combaten, medicina de los que desfallecen, consuelo de los que sufren, honor de los creyentes, esplendor de los evangelizadores, mérito de los que trabajan, ayuda de los inconstantes, aliento de los que meditan, satisfacción de los que oran, deleite de los contemplativos, gloria de los que triunfan». Es la explicación que da fray Bernardino a los doce rayos áureos que en las tablillas circundan el «trigramma» IHS (SAN BERNAR[~INO, Sermón 49, sobre el glorioso nombre de Jesucristo).

3108 Por El anhela quien repite sus palabras y las medita en su interior. Hablemos siempre de El. Si hablamos de sabiduria, El es la Sabiduría; si de virtud, El es la Virtud; si de justicia, El es la Justicia; si de paz, El es la Paz; si de la verdad, de la vida, de la redención, El es todo esto (SAN AMBROSIO Coment. sobre el Salmo 36).

3109 Escucha quién es el que le pide de beber. Jesús le respondió: Si conocieses el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», seguro que se la pedirias tú a él, y él te daria agua viva. Pide de beber y promete una bebida. Se presenta como quien está necesitado, y tiene en abundancia para saciar a los demás (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan 15, 10-12).

3110 Considera lo más hermoso y grande de la tierra..., lo que place al entendimiento y las otras potencias..., y lo que es recreo de la carne y de los sentidos... Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero.—Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas..., nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! —¡tuyo!—, tesoro infinito, margarita preciosisima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 432).

3111 Si tú buscas descanso y ganancia en los hombres, muchas veces sentirás daño. Mas si en todo buscas a Jesús, muy de verdad hallarás a Jesús. Y si te buscas a ti mismo, también te hallarás; mas será para tu mal. Por cierto, más se daña el hombre a si mismo que todo el mundo y todos sus enemigos le pueden dañar (Imitación de Cristo, Il, 7, 4).

3112 ¡Ah!, si amáis tanto una gota de agua, ¿qué será la misma fuente? (SAN AGUSTIN, Sermón 253, sobre el «alleluia»).

3113 Todo lo tenemos en Cristo; todo es Cristo para nosotros. Si quieres curar tus heridas, El es médico. Si estás ardiendo de fiebre, El es manantial. Si estás oprimido por la iniquidad, El es justicia. Si tienes necesidad de ayuda, El es fuerza. Si temes la muerte, El es vida. Si deseas el cielo, El es el camino. Si refugio de las tinieblas, El es luz. Si buscas manjar, El es alimento (SAN AMBROSIO, Sobre la virginidad, 16, 99).

3114 Y antes que los astros, inmortal e inmenso, Cristo brilla más que el sol sobre todos los seres. Por ello, para nosotros que creemos en El, se instaura un día de luz largo, eterno, que no se acaba: la Pascua maravillosa, prodigio de la virtud divina y obra del poder divino, fiesta verdadera y memorial eterno, impasibilidad que dimana de la Pasión e inmortalidad que fluye de la muerte. Vida que nace de la tumba y curación que brota de la llaga, resurrección que se origina de la caida y ascensión que surge del descenso (SAN HIPÓLITO, Hom. de Pascua).

3115 Este árbol es para mi una planta de salvación eterna; de él me alimento, de él me sacio. Por sus raíces me enraizo y por sus ramas me extiendo, su rocío me regocija y su espiritu como viento delicioso me fertiliza. A su sombra he alzado mi tienda, y huyendo de los grandes calores allí encuentro un abrigo lleno de rocio. Sus hojas son mi follaje, sus frutos mis perfectas delicias, y yo gozo libremente sus frutos, que me estaban reservados desde el principio. El es en el hambre mi alimento, en la sed mi fuente, y mi vestido es la desnudez, porque sus hojas son espíritu de vida: lejos de mi desde ahora las hojas de la higuera. Cuando temo a Dios, él es mi protección; y cuando vacilo, mi apoyo; cuando combato, mi premio; y cuando triunfo, mi trofeo. Es para mi el sendero estrecho y el sendero angosto (SAN HIPÓLITO, Hom. de Pascua).

3116 Donde no está Jesús, se encuentran pleitos y guerras; pero donde está presente, allí todo es serenidad y paz (OR¡GENES, en Catena Aurea, vol. lll, p. 360).

Camino, Verdad y Vida

3117 Si buscas por dónde ir, sigue a Cristo, porque es el camino [...]. Y es mejor caer en el camino que correr fuera de él. Porque quien cae en el camino, por poco que avance, algo se acerca al término; quien en cambio anda fuera de él, cuanto más corra más se aleja del término (SANTO TOMÁS, Coment. Evang. S. Juan, 14).

3118 Dos son las cosas que el hombre principalmente desea: en . primer lugar el conocimiento de la verdad, que le es propio; y en segundo lugar, la continuación de su ser, que es común en todas las cosas. Ahora bien, Cristo es el camino para llegar al conocimiento de la verdad, ya que él mismo es la Verdad [...]. Y es el camino para llegar a la vida, al mismo tiempo que él mismo es la vida (SANTO TOMÁS, Coment. Evang. S. Juan, 14).

3119 Cristo mismo es el camino, y por eso dice: Yo soy el camino. Cosa que es fácil de entender, pues por él tenemos acceso al Padre. Pero como este camino no se halla distante del término, sino unido a él, añade: la verdad y la v¿da, con lo que es al mismo tiempo el camino y su término. El camino por su humanidad, el término por su divinidad. Y por eso dice ramo hombre: Yo soy el camino; y añade como Dios: la verdad y la vida. Expresiones con las que se designa convenientemente el término de este camino (SANTO TOMAS, Coment. Evang. S. Juan, 14).

3120 Fuera de El no hallarás la vida verdadera, ya que El es la única fuente de vida verdadera; fuera de El no hallarás sino muerte y destrucción. El ha de ser el único principio de toda tu actividad y de todas tus energías; debes vivir de El y por El, para que en sí se cumplan aquellas palabras: Ninguno de nosotros vive para si y ninguno muere para si. Que si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, para el Señor morimos (SAN JUAN EUDES. Trat. sobre ei Corazón de Jesús, 1, 5).

3121 Fíjate que el Señor dice en primer lugar: Yo soy el camino. Antes de decirte a dónde, te indica por dónde: Yo soy —dice—el camino. ¿El camino hacia dónde? La verdad y la vida. Primero dice por dónde has de ir, luego a dónde has de ir. Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Permaneciendo junto al Padre, es verdad y vida; haciéndose hombre, se hizo camino (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 34, 8-9).

3122 Unete a Cristo, si quieres vivir seguro; es imposible que te desvíes, porque El es el camino. Por esto, los que a El se unen no van descaminados, sino que van por el camino recto. Tampoco pueden verse engañados, ya que El es la Verdad y enseña la verdad completa, pues dice: Yo para esto nací, y para esto vine al mundo: para declarar, como testigo, en favor de la verdad. Tampoco pueden verse decepcionados, ya que él es la Vida y dador de vida, tal como dice: Yo he venido para que tengan vida, y que la tengan en abandancia (SANTO TOMÁS, Coment. Evang. S. Juan, 14).

3123 Cristo se ha hecho para nosotros camino, y ¿podremos así perder la esperanza de llegar? Este camino no puede tener fin, no se puede cortar, no lo pueden corroer la lluvia ni los diluvios, ni puede ser asaltado por los ladrones. Camina seguro en Cristo, camina; no tropieces, no caigas, no mires atrás, no te detengas en el camino, no te apartes de él. Con tal que cuides esto, habrás llegado (SAN AGUST;N, Sermón 170, ll).

3124 Fijaos que en la conclusión de las oraciones decimos: «Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo»; en cambio, nunca decimos: «Por el Espíritu Santo». Esta práctica universal de la Iglesia tiene su explicación en aquel misterio, según el cual, el mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús (SAN FULGENCIO DE RUSPE, Carta 14, 36-37).

3125 No bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo; quiso que él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por él (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 109).

3126 Jamás daremos gracias suficientemente por este don, en virtud del cual Cristo se ha convertido en «nuestro compañero de camino», ha hecho con nosotros su camino, como nos recuerda el Evangelio [...]. En medio de las sombras que a veces parecen condensarse sobre la humanidad, sobre la convivencia social, sobre la civilización misma del hombre, también nosotros pedimos, impelidos por el impulso del Espíritu: Quédate con nosotros, Señor, porque atardece (Lc 24, 29). Sólo Cristo es nuestra salvación, nuestra paz, nuestra alegría (JUAN PABLO II, Regina Coeli, 3-V-1981).

3127 Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciara capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino, la verdad y la vida (SAN AGUSTIN, Confesiones, 7, lO-18).

Es la luz del mundo

3128 Si el poder de los apóstoles era tan grande, comprendemos por qué Zaqueo, al oír que pasaba el Señor Jesús, subió a un árbol, ya que era pequeño de estatura. Vio a Cristo y encontró la luz, lo vio y él, que antes se apoderaba de lo ajeno, empezó a dar lo que era suyo (SAN AMBROSIO, Coment. al Salmo 43).

3129 Cristo es la luz eterna de las almas, ya que para esto lo envió el Padre al mundo, para que, iluminados por su rostro,podamos esperar las cosas eternas y celestiales, nosotros que antes nos hallábamos impedidos por la oscuridad de este mundo (SAN AMBROSIO, Coment. al Salmo 43).

3130 Quédate con nosotros, porque nos rodean en el alma las tinieblas y sólo Tú eres luz, sólo Tú puedes calmar esta ansia que nos consume. Porque entre las cosas hermosas, honestas, no ignoramos cuál es la primera: poseer siempre a Dios (SAN GREGORIO NACIANCENO, Epístola 212).

3131 El Señor dice: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Esta breve sentencia contiene un mandato y una promesa. Cumplamos, pues, lo que nos manda, y así tendremos derecho a esperar lo que nos promete (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 34).

3132 Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: Conoceréis la verdad y la verdad os librará (Jn 8, 32) (JUAN PAsLo II, Enc. Redemptor hominis, 12).

3133 El salió del seno de la Virgen como el sol naciente, para iluminar con su luz todo el orbe de la tierra (SAN AMBROs~o Coment. al Salmo 18).

Sin El nada podemos. Con El desaparecen todos los obstáculos

3134 El no necesitó de nosotros para salvarnos, nosotros sin él nada podemos hacer; él a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid, nosotros, separados de él, no podemos tener vida (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 84).

3135 El es el Señor de la naturaleza y puede todo cuanto quiere, puesto que hace y dispone todas las cosas gobernando las riendas de la vida y de la muerte (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. V, p. 50).

3136 Cuando Jesús está presente todo es bueno, no hay cosa difícil; mas cuando está ausente todo es duro. Cuando Jesús no habla de dentro, muy vil es la consolación; más si Jesús habla una sola palabra, gran consolación se siente (Imitación de Cristo, II, 8, 1).

3137 El se anticipó a sanarnos, y continuará interviniendo después para que alcancemos nuestro desarrollo; se adelantó para llamarnos, y nos seguirá hasta que logremos la gloria; previno las cosas para que vivamos piadosamente, porque sin El nada podemos (SAN AGUSTIN, Sobre la naturaleza y la gracia, 30, 35).

3138 Y como les había hecho encargos de gran importancia, queriendo animarlos les dice: Y mirad que yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos (Mt 28, 28). Como diciendo: no digáis que es difícil cumplir lo que se os manda, porque estoy con vosotros, que todo lo hago fácil. Y no dijo que estaria solo con ellos, sino con todos los que creyeron después de ellos [...], ya que los Apóstoles no iban a vivir hasta el final de los tiempos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 91).

3139 Habiéndose separado Jesús un poco de sus discípulos, no pudieron velar siquiera una hora en su ausencia; por cuya razón debemos rogar que no se separe de nosotros el Salvador, ni aun por poco tiempo (ORiGENES, Trat. sobre Ev. S. Mateo, 33).

Jesucristo es hoy el mismo que ayer. «No es una figura que pasó»

3140 Jesús es el camino. El ha dejado sobre este mundo las huellas limpias de sus pasos, señales indelebles que ni el desgaste de los años ni la perfidia del enemigo han logrado borrar. Iesus Christus herí, et hodie; ipse et in saecula (Hebr 13, 8). ¡Cuánto me gusta recordarlo!: Jesucristo, el mismo que fue ayer para los Apóstoles y las gentes que le buscaban, vive hoy para nosotros, y vivirá por los siglos. Somos los hombres los que a veces no alcanzamos a descubrir su rostro, perennemente actual, porque miramos con ojos cansados o turbios (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 127).

3141 Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre; es decir, que se trata de un misterio siempre nuevo, que ninguna comprensión humana puede hacer que envejezca (SAN MAXIMO, Centuria 1)

3142 Cristo vive, también como hombre, con aquel mismo cuerpo que asumió en la Encarnación, que resucitó después de la Cruz y subsiste glorificado en la Persona del Verbo juntamente con su alma humana. Cristo, Dios y Hombre verdadero, vive y reina y es el Señor del mundo. Sólo por El se mantiene en vida todo lo que vive (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 180).

Es el Buen Pastor, que cuida de cada uno de los suyas

3143 ¡ Jerusalén, Jerusalén... ! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos...! Esta doble exclamación es propia del que se compadece, y del que ama mucho (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 75).

3144 Todos los buenos pastores son, en realidad, como miembros del único pastor, y forman una sola cosa con El. Cuando ellos apacientan es Cristo quien apacienta (SAN AGUSTIN, Sermón 46, sobre los pastores).

3145 De nadie puede decirse que sea puerta; esta cualidad Cristo se la reservó para si; el oficio, en cambio, de pastor lo dio también a otros y quiso que lo tuvieran sus miembros; por ello, Pedro fue Pastor y pastores fueron también los otros apóstoles, y son pastores todos los buenos obispos. Os daré—dice la Escritura—pastores conforme a mi corazón. Pero aunque los prelados de la Iglesia, que también son hijos, sean todos llamados pastores, sin embargo el Señor dice en singular: Yo soy el buen pastor; con ello quiere estimularlos a la caridad, insinuándoles que nadie puede ser buen pastor si no llega a ser una sola cosa con Cristo por la caridad y se convierte en miembro del verdadero pastor (SANTO TOMÁS, Coment. Evang. S. Juan, 10, 3).

3146 Cristo es, en efecto, quien apacienta su rebaño; él es el único pastor que lo apacienta en medio de los demás buenos pastores, que lo hacen por delegación suya (SAN AGUSTjN, Sermón 47, sobre las ovejas).

3147 Cuando encuentra la oveja que se habla apartado de las otras cien, errante por los montes y colinas, la devuelve al redil, no a golpes y con amenazas ni agotándola de fatiga, sino que, lleno de compasión, la carga sobre sus hombros y la vuelve al grupo de las demás. Por esto también clamaba: Venid a mi todos los que andais rendidos y agobiados, que yo os daré descanso (SAN MÁXIMO, Carta 11).

«Pasó haciendo el bien»

3148 Y en esto (en la maldición de la higuera) encontramos una prueba de la bondad de Jesucristo; porque cuando quiso mostrar la salvación, ejerció su poderío sobre los cuerpos de los hombres [...]; pero ahora que va a declarar la manera como tratará a los contumaces, lo da a conocer a través de la maldición de un árbol. Por esto sigue: nunca jamás nazca fruto de ti (SAN HILARIO, en Catena Aurea, vol. lll, p. 23).

3149 No vino a la higuera (cfr. Mt 21, 18-22) porque tuviera hambre, sino por sus discípulos; porque en todas partes hacia el bien y en ninguna mortificaba a nadie; y conviniendo dar a conocer su poder de castigar, no quiso, sin embargo, demostrarlo en los hombres, sino en la higuera.(SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 68).

3150 Muchas veces he ido a buscar la definición, la biografia de Jesús en la Escritura. La encontré leyendo que, con dos palabras, la hace el Espiritu Santo: Pertransiit benefaciendo (Act 10, 38). Todos los dias de Jesucristo en la tierra, desde su nacimiento hasta su muerte, fueron así: pertransit benefaciendo, los llenó haciendo el bien. Y en otro lugar recoge la Escritura: bene omnia fecit (Mc 7, 37): todo lo acabó bien, terminó todas las cosas bien, no hizo más que el bien (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 16).

3151 La llegada del Salvador es el alejamiento de todo temor (SAN GREGORIO DE NISA, Hom. para el día del Nacimiento del Señor).

3152 Se hizo hombre por los hombres, y se manifestó a ellos lleno de humildad y mansedumbre; no quiso castigar a los pecadores, sino atraerlos hacia si; quiso primeramente corregir con mansedumbre, para tener en el día del juicio a quién salvar (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 30 sobre los Evang.).

Es Médico, y cura todas nuestras enfermedades

3153 Eliseo, observando lo que dice la Ley, no salió y tocó a Naamán, sino que lo envió al Jordán para que allí se lavase. El Señor demuestra aquí (en la curación del leproso) que no obra como siervo, sino que, como Dios, toca y cura: la mano no se vuelve inmunda por haber tocado la lepra, sino que, por el contrario, el cuerpo del leproso se vuelve limpio al simple contacto de una mano santa. El Señor no habia venido solamente a curar los cuerpos, sino también a guiar las almas por el camino de la verdadera sabiduria (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 26).

3154 Se curarán todas tus enfermedades. «Pero es que son muchas», dirás. Más poderoso es el Médico. Para el Médico omnipotente no hay enfermedad insanable; tú déjate sólo curar, ponte en sus manos (SAN AGUSTIN, Coment. al Salmo 102).

3155 «Abrid de par en par vuestras puertas a Cristo». ¿Qué teméis? Tened confianza en El. Arriesgaos a seguirlo. Eso exige evidentemente que salgáis de vosotros mismos, de vuestros razonamientos, de vuestra «prudencia», de vuestra indiferencia, de vuestra suficiencia, de costumbres no cristianas que habéis quizá adquirido. Si; esto pide renuncias, una conversión, que primeramente debéis atreveros a desear, pedirla en la oración y comenzar a practicar. Dejad que Cristo sea para vosotros el camino, la verdad y la vida. Dejad que sea vuestra salvación y vuestra felicidad. Dejad que ocupe toda vuestra vida para alcanzar con El todas sus dimensiones, para que todas vuestras relaciones, actividades, sentimientos, pensamientos sean integrados en El o, por decirlo así, sean «cristificados». Yo os deseo que con Cristo reconozcáis a Dios como el principio y fin de vuestra existencia (JUAN PABLO II, En Montmartre, 1 -VI- 1 980).

3156 Ninguna otra causa impulsó más a Cristo a venir al mundo que salvar a los pecadores. Si se suprimen las enfermedades y las heridas, la medicina no tiene razón de ser. Si, pues, un gran médico bajó del cielo, es porque habia un gran enfermo que curar, todo el mundo (SAN AGUSTIN, Sermón 175)

3157 ¡Ay de mi, Señor! ¡Ten misericordia de mi! [...]. Yo no te oculto mis llagas. Tú eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres misericordioso, y yo soy miserable (SAN AGUSTIN, Confesiones, 10).

3158 En verdad que no todos ven, ni todos andan bien; sólo los que entienden que de nadie sino de Cristo necesitan para curarse, y se acercan al Verbo de Dios, sanan (ORIGENES, en CatenaAurea, val. lll, pp. 18-19).

3159 Porque así como aplicamos calor o frío al enfermo según la orden del médico, para curarle, buscando la salud en diversas medicinas, sin apartarnos un punto de su mandato, antes obedeciéndole ciegamente, como quien espera de sus manos la vida, así hemos de entender de nuestro médico, que es Cristo, que lo que El manda es vida, y en desobedecerlo está nuestra mayor enfermedad (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 24).

Busca a todos y espera con paciencia que volvamos

3160 (Jesucristo) tiene sed de nuestra sed (SAN GREGORIO MAGNO, Sobre el Bautismo, 40, 27).

3161 Al ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: Porque si conociaras tú... Todo esto hizo una vez cuando anunció que la ciudad habia de ser destruida. Esto mismo hace continuamente nuestro Redentor por sus elegidos, cuando ve que algunos de ellos se pasan de la vida honesta a las costumbres reprobables (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 39 sobre los Evang.).

3162 Volvimos la espalda ante el rostro de Aquel cuyas palabras despreciamos, cuyos preceptos conculcamos; pero aun estando a nuestra espalda nos vuelve a llamar El, que se ve despreciado y clama por medio de sus preceptos y nos espera con paciencia (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 34 sobre los Evang.).

3163 Y para que en el mismo nacimiento de Cristo se hallase figurado esto (la universalidad), se dio a conocer a todas las condiciones de hombres; pues, como dice S. Agustín en su sermón de Epifanía: «los pastores eran israelitas; los magos, gentiles. Aquellos eran cercanos, éstos vinieron de lejos. Unos y otros acuden como a la piedra angular» (Sermón 202). Hubo también entre ellos otra diversidad: que los Magos eran sabios y poderosos, los pastores sencillos y de humilde condición. También se manifestó a los justos, como eran Simeón y Ana, y a los gentiles, como los Magos. Se manifestó también a los varones y a las mujeres —a Ana—para indicar por aquí que ninguna condición quedaba excluida de la salud de Cristo (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 3, q. 36, a. 3).

3164 Ahora, cuando baja del monte, le siguen muchas turbas que no habían podido subir al monte, porque aquellos a quienes oprime el peso de la culpa no pueden subir al conocimiento de la sublimidad de los misterios. Bajando el Señor, esto es, inclinándose hacia la enfermedad e impotencia de los demás y compadeciéndose de su imperfección o enfermedad, le siguieron numerosas turbas: unos atraidos por el amor, la mayor parte por la doctrina, y algunos porque los curaba y se cuidaba de ellos (ORIGENES, en Catena Aurea, val. l, pp. 463-464).

Nunca abandona

3165 Si destierras de ti a Jesús y lo pierdes, ¿a dónde irás?, ¿a quién buscarás por amigo? Sin amigo no puedes vivir mucho; y si no fuere Jesús tu especialisimo amigo, estarás muy triste y desconsolado (Imitación de Cristo, 11, 8, 3).

3166 Podemos decir que el Señor viaja con aquellos que viven dentro de la fe [...], y estará con nosotros (en este mundo) hasta que saliendo de nuestros cuerpos nos reunamos con El en el cielo (ORIGENES, Trat. sobre S. Mateo, 33).

3167 Con tan buen amigo presente—nuestro Señor Jesucristo—, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. El ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero (SANTA TERESA, V¿da, 22, 6-7).

3168 Bajó del cielo para estar cerca de los atribulados, para estar con nosotros en la tribulación (SAN BERNARDO, Sermón 17).

Es Maestro, y nos enseña el camino del cielo

3169 Pues juntaos junto a este buen Maestro y muy determinadas a aprender lo que os enseña, que Su Majestad hará que no dejéis de salir buenas discípulas ni os dejará si no le dejáis (SANTA TERESA, Camino de perfecc¿ón, 26, 9).

3170 El madero en que están fijos los miembros del hombre que muere, es también la cátedra del maestro que enseña (SAN AGUST[N, Trat. Evang. S. Juan, l l 9, 2).

3171 Es Maestro de una ciencia que sólo El posee: la del amor sin limites a Dios y, en Dios, a todos los hombres. Er~ la escuela de Cristo se aprende que nuestra existencia no nos pertenece [...]. (J. ESCRIVÁ DE BAEAGUER, Es Cristo que pasa, 93).

Su carga no es pesada

3172 Cualquier otra carga te oprime y abruma, mas la carga de Cristo te alivia del pcso. Cualquier otra carga tiene pcso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso; pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás cómo vuela (SAN AGUSTIN, Sermón 126).

3173 Venid, no para rendir cuentas, sino para ser librados de vuestros pecados; venid [...]. No temáis al oir hablar de yugo, porque es suave; no temáis si hablo de carga, porque es ligera (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 37, 2).

Humildad de Jesús. Ver no. 2907-2921.

«Buscar a Cristo, encontrarle, tratarle, amarle»

3174 Un auténtico cristiano no puede oir el nombre de Cristo sin emoción (CARD. NEWMAN, Sermón del Dom. Il de Cuaresma: mundo y pecado).

3175 En este esfuerzo por identificarse con Cristo, he distinguido como cuatro escalones: buscarle, encontrarle, tratarle, amarle. Quizá comprendais que estáis como en la primera etapa. Buscadlo con hambre, buscadlo en vosotros mismos con todas vuestras fuerzas. Si obráis con este empeño, me atrevo a garantizar que ya lo habéis encontrado, y que habéis comenzado a tratarlo y a amarlo, y a tener vuestra conversación en los cielos (cfr. Phil 3, 20) (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 300).

3176 ¿Qué otra cosa podia deciros mejor que ésta? ¡Aprended a conocer a Cristo y dejaos conocer por El! El conoce a cada uno de vosotros de modo especial. No es conocimiento que suscite oposición y rebelión, una ciencia ante la cual sea necesario huir para salvaguardar el propio misterio interior. No es una ciencia compuesta de hipótesis, que reduce al hombre a las dimensiones socioculturales. La suya es una ciencia llena de sencilla verdad sobre el hombre y, sobre todo, llena de amor. Someteos a esta ciencia, sencilla y llena de amor, del Buen Pastor. Estad seguros de que El conoce a cada uno de vosotros más que cuanto cada uno de vosotros se conoce a si mismo (JUAN PABLO II, Hom. Cracovia 8-VI-1979).

3177 Mirad que no está aguardando otra cosa [...] sino que lo miremos; como le quisiérades le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya (SANTA TERESA, Camino de perfección, 26, 3).

3178 Temer es propio del que no quiere ir a Cristo. No querer ir a Cristo es propio de quien no cree que con Cristo va a empezar a reinar (SAN CIPRIANO, Sobre la mortalidad, 2).

3179 Asi la gloria del Salvador aparece todavía más admirable cuando, después de haber privado a los hombres de una presencia sensible que les inspiraba un respeto tan profundo, la fe pierde sus dudas, la esperanza sus timideces, la caridad sus tibiezas. Es, sin duda, la fuerza de las almas grandes y el efecto de la luz quien ilumina a las almas de los fieles, para creer sin dudar lo que ecapa a los sentidos y para elevar todos los deseos de sus corazones hacia un lugar que la mirada no puede alcanzar (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 72, sobre la Ascensión del Señor).

3180 Penetremos en el corazón humilde de Jesús. La puerta es el costado abierto por la lanza. Aquí está escondido el tesoro inefable y deseable de la caridad; aquí se encuentra la devoción, se obtiene la gracia del arrepentimiento, se aprende la mansedumbre y la paciencia en las adversidades, la compasión con los afligidos; y, sobre todo, aquí se halla un corazón contrito y humillado (SAN BUENAVENTURA, Vitis mystica, 24, 3).

3181 El Padre y yo vendremos a fijar en él nuestra morada. Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta. Abrele tu alma para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia [...]. Si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere sin embargo ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza (SAN AMBROSIO, Coment. al Salmo 18).

3182 Aunque nos separemos ahora unos de otros, procuremos no separarnos de El (SAN AGUSTIN, Trat. sobre Evang. S. Juan, 35).

3183 Muestra una rama verde a una oveja y verás cómo atraes a la oveja; enséñale nueces a un niño y verás cómo lo atraes también y viene corriendo hacia el lugar a donde es atraido; es atraído por el amor, es atraído sin que se violente su cuerpo, es atraído por aquello que desea. Si, pues, estos objetos, que no son más que deleites y aficiones terrenas, atraen, por su simple contemplación, a los que tales cosas aman, porque es cierto que «cada cual va en pos de su apetito», ¿no va a atraernos Cristo revelado por el Padre? ¿Qué otra cosa desea nuestra alma con más vehemencia que la verdad? ¿De qué otra cosa el hombre está más hambriento? (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 26).

3184 [...] no nos debemos mirar tanto a nosotros mismos cuanto a Dios, y en El debemos encontrar ese «suplemento» de energía que nos falta. ¿Acaso no es ésta la invitación que hemos escuchado de labios de Cristo: Venid a mitodos los que estuis fatigados y cargados, que yo os aliviaré (Mt 11, 28)? Es El la luz capaz de iluminar las tinieblas en que se debate nuestra inteligencia limitada; El es la fuerza que puede dar vigor a nuestras flacas voluntades; El es el calor capaz de derretir el hielo de nuestros egoísmos y devolver el ardor a nuestros corazones cansados (JUAN PABLO II, Hom. 21-1-1980).

3185 ¿Qué es lo que nos ha prometido? Seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. La lengua ha expresado lo que ha podido; lo restante ha de ser meditado en el corazón. En comparación de aquel que es, ¿qué puede decir el mismo Juan? ¿Y qué podremos decir nosotros, que tan lejos estamos de igualar sus méritos?Volvamos, pues, a aquella unión de Cristo, a aquella unión que nos enseña desde dentro lo que nosotros no podemos expresar, y, ya que por ahora nos es imposible la visión, sea nuestra tarea el deseo (SAN AGusTiN, Trat. sobre la l.a carta de S. Juan, 4).

3186 Barred la mala levadura, vieja y agriada, y transformaos en la levadura nueva que es Jesucristo. Que El sea la sal que os guarde a todos de la corrupción, pues por vuestro olor se os juzgará (SAN IGNACIO DE ANTIOQU;A, Epist. a los Magnesios).

3187 Si el alma llegara a levantar los ojos hasta su cabeza, que es Cristo [...], seria realmente feliz por la penetración de su visión, al poner sus ojos donde el mal no puede oscurecerlos (SAN GREGORIO DE NISA, Homilía 5).

3188 Tocó delicadamente el ruedo del manto, se acercó con fe, creyó y supo que habia sido sanada... Asi nosotros, si queremos ser salvados, toquemos con fe el vestido de Cristo (SAN AMBROSIO, Trat. sobre el Evang. de S. Lucas 6, 56).

Conocer bien su vida a través del Santo Evangelio

3189 El cielo y la tierra, por su naturaleza de cosas creadas, no son necesariamente inmutables, de manera que pueden no existir; sin embargo las palabras de Cristo, que tienen origen en la eternidad, poseen tal fuerza y poder que permanecen para siempre (SAN H1LARIO, Coment. sobre San MateO, 26).

3190 No basta con tener una idea general del espiritu de Jesús, sino que hay que aprender de El detalles y actitudes. Y, sobre todo, hay que contemplar su paso por la tierra, sus huellas, para sacar de ahí fuerza, luz, serenidad, paz. Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección [...]. Porque hace falta que la conozcamos bien (la vida de Jesús), que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 107).

3191 Acaece que muchos, aunque a menudo oigan el Evangelio, gustan poco de él, porque no tienen el espiritu de Cristo. El que quiera, pues, experimentar todo el sabor de las palabras de Cristo, conviene que procure conformar con él toda su vida (Imitación de Cristo, 1, 1, 2).

3192 Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo (SAN JERÓNIMO, Coment. sobre Isaías).

La Humanidad Santísima de Cristo, camino hacia el Padre

3193 Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere que sea por manos de esta Humanidad sacratisima, en quien dijo Su Majestad se deleita (SANTA TERESA, Vida, 22).

3194 Ir por medio del Verbo hecho carne al Verbo que era en principio con Dios (SAN AGUSTjN, Trat. Evang. S. Juan, 13, 14).

3195 Este, pues, es buen tiempo para que nos enseñe nuestro Maestro, para que le oigamos y besemos los pies porque nos quiso enseñar, y le supliquéis no se vaya de con nosotros.

Si esto habéis de pedir mirando a una imagen de Cristo, bobería me parece dejar la misma persona por mirar el dibujo. ¿No lo sería si tuviéramos un retrato de una persona que quisiésemos mucho y la misma persona nos viniese a ver, dejar de hablar con ella y tener toda la conversación con el retrato? ¿Sabéis para cuándo es bueno y caso en que yo me deleito mucho?: para cuando está ausente la misma persona y quiere darnos a entender que lo está con muchas sequedades, es gran regalo ver una imagen de quien con tanta razón amamos. A cada parte que volviesemos los ojos la querría ver (SANTA TERESA, Camino de perfección, 34, 10-11).

3196 Al admirar y al amar de veras la Humanidad Santísima de Jesús, descubriremos una a una sus Llagas. Y en esos tiempos de purgación pasiva, penosos, fuertes, de lágrimas dulces y amargas que procuramos esconder, necesitaremos meternos dentro de cada una de aquellas Santísimas Heridas: para purificarnos, para gozarnos con esa Sangre redentora, para fortalecernos (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 302).

3197 De tal manera tomó el Hijo de Dios al hombre pasible, que la divinidad permaneció impasible: padeció el Hijo de Dios (no de una manera supuesta, sino real) todo aquello que atestigua la Sagrada Escritura, según aquello en lo que podía padecer, a saber, en cuanto a la naturaleza que tomó (SAN JERONIMO, en Catena Aurea, vol. III, p. 306).

3198 Pues ya andaba mi alma cansada y, aunque quería, no la dejaban descansar las ruines costumbres que tenía. Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habian traído allí a guardar, que se habia buscado para cierta fiesta que se hacia en casa. Era de Cristo muy llagado, y tan devota que, mirándole, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que habia agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandisimo derramamiento de lágrirnas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle (SANTA TERESA, Vida, 9, 1).

3199 Nos narran los Evangelios que Jesús no tenía dónde reclinar su cabeza, pero nos cuentan también que tenía amigos queridos y de confianza, deseosos de acogerlo en su casa. Y nos hablan de su compasión por los enfermos, de su dolor por los que ignoran y yerran, de su enfado ante la hipocresia. Jesús llora por la muerte de Lázaro, se airo con los mercaderes que profanan el templo, deja que se enternezca su corazón ante el dolor de la viuda de Naím.

Cada uno de esos gestos humanos es gesto de Dios. En Cristo habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente (Col 2, 9). Cristo es Dios hecho hombre, hombre perfecto, hombre entero. Y, en lo humano, nos da a conocer la divinidad (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 108-109).

3200 Al llorar al amigo (Lázaro), manifestó la comunidad de naturaleza con nosotros; y al propio tiempo nos libró de caer en el exceso por una u otra parte, no permitiendo que nos afligiésemos demasiado ante las adversidades, ni que tampoco fuésemos completamente insensibles ante la desgracia (SAN BASILIO, Hom. sobre la alegrfa).

Jesucristo es el modelo

3201 Seguir a Cristo: éste es el secreto. Acompañarle tan de cerca, que vivamos con El, como aquellos primeros doce; tan de cerca, que con El nos identifiquemos. No tardaremos en afirmar, cuando no hayamos puesto obstáculos a la gracia, que nos hemos revestido de Nuetro Señor Jesucristo (cfr. Rom 13, 14). Se refleja el Señor en nuestra conducta, como en un espejo. Si el espejo es como debe ser, recogerá el semblante amabilísimo de nuestro Salvador sin desfigurarlo, sin caricaturas: y los demás tendrán la posibilidad de admirarlo, de seguirlo (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 299).

3202 Fue considerado El mismo como carpintero, y fabricó obras de este oficio (yugos y arados) mientras estaba entre los hombres, enseñando por ellas los símbolos de la justicia y lo que es una vida de trabajo (JUSTINO, Diálogo con Trifón, 88, 8).

3203 No puede vivir con Cristo el que prefiere imitar a Judas y no a Cristo (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la oración).

3204 Por mucho que te humilles, jamás podrás llegar tan bajo como llegó tu Señor (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 65).

3205 Supongamos a un arquitecto que deseara construir en el espacio la bóveda de un ábside. Debe trazar toda la circunferencia partiendo de un punto clave: el centro. Guiándose por esta norma infalible, ha de calcular luego la exacta redondez y el diseño de la estructura.

Quien intentara llevar a feliz término la obra haciendo caso omiso de este punto céntrico, por más que presuma de su destreza y de su ingenio es imposible que pueda obtener una forma regular y sin defecto [...]. Para ello necesita referirse constantemente al modelo, que le permitirá conocer la exactitud de las medidas. Con esta luz le será fácil entonces determinar con precisión el contorno interior y exterior de la obra. Así es como un solo punto se convierte en la clave fundamental de una construcción imponente (CAS1ANO, Colaciones, 24).

3206 Cristo se sometió a la circuncisión en el tiempo en que estaba vigente y así su obra se nos ofrece como ejemplo que imitar, para que observemos las cosas que en nuestro tiempo están preceptuadas (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 3, q. 37, a. 1).

3207 Cristo, a quien el universo está sujeto, estaba sujeto a los suyos (SAN AGUSTIN, Sermón 51).

El reino de Cristo

3208 Verdad y justicia; paz y gozo en el Espiritu Santo. Eso es el reino de Cristo: la acción divina que salva a los hombres y que culminará cuando la historia acabe, y el Señor, que se sienta en lo más alto del paraíso, venga a juzgar definitivamente a los hombres (J. que pasa, 180).

3209 El Señor viene con fortaleza y en su mano tiene el reino, la potestad y el imperio (SAN JERÓNIMO, Coment. Evang. S. Mateo, 3, 19).

3210 (Venga a nosotros tu reino). Puede suceder también que el mismo Cristo sea el reino de Dios que todos los dias deseamos que venga, y cuyo advenimiento mueve nuestro deseo, apenas el pensamiento nos lo representa (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, vol. 1, p. 358).

3211 ¿Qué es el advenimiento de Cristo? La liberación de la esclavitud, el principio de la libertad, el honor de la adopción filial, la fuente de la remisión de los pecados y la vida verdaderamente inmortal para todos (SAN HIPÓLITO, Hom. de Pascua).

3212 Cristo no era Rey de Israel para imponer tributos, ni para tener ejércitos armados y guerrear visiblemente contra sus enemigos; era Rey de Israel para gobernar las almas, para dar consejos de vida eterna, para conducir al reino de los cielos a quienes estaban llenos de fe, de esperanza y de amor (SAN AGUST¡N, Trat. Evang. de San Juan, 51, 4).

3213 Posee Cristo la soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada por nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza (SAN CIR!LO DE ALEJANDRiA, Coment. sobre San Lucas, 10).

Santa Maria, Madre de Dios. Ver también no. 5408-5419.

3214 El único nacimiento digno de Dios era el procedente de la Virgen; asimismo, la dignidad de la Virgen demandaba que quien naciera de ella no fuere otro que el mismo Dios. Por esto el Hacedor del hombre, al hacerse hombre, naciendo de la raza humana, tuvo que elegir, mejor dicho,que formar para sí, entre todas, una madre tal cual él sabia que había de serle conveniente y agradable (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre, 2).

3215 [...] Al modo como usamos comúnmente la expresión: madre de un sacerdote o madre de un obispo, no porque estas mujeres hayan engendrado a un presbítero o a un obispo, sino porque han puesto en el mundo hombres que después se han hecho sacerdotes u obispos. No en este sentido, repito, Maria Santísima es Madre de Dios, sino, como se ha dicho antes, porque en su sagrado seno se realizó el misterio sacrosanto por el cual, en razón de una particular y única unidad de persona, el Verbo es carne en la carne, y el hombre es Dios en Dios (SAN VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. IS).

 

 

Jesucristo.- "Los Reyes Magos manifestaron por la naturaleza de sus dones quien era Aquel que adoraban; la mirra indicaba que Aquel era el que había de morir y ser sepultado por el género humano; el oro, que era un Rey cuyo reino no tenía límites; el incienso, que Aquel era el Dios que se había dado a conocer en Judea, y manifestado a las gentes que no le buscaban. (S. Ireneo, sent. 4, Tric. T. 1, p. 86.)"

"Rescindiendo lo que creíste, das pruebas de que antes de rescindirle fue muy diferente lo que creíste que era de otro modo. Ello así había venido por tradición, y a la verdad, lo que había venido por tradición era lo verdadero, como que nos había venido de aquellos a quienes pertenecía comunicar la tradición. Síguese, pues, que rescindiendo lo que era tradición, rescindiste lo que era verdad; no tuviste derecho para ejecutarlo así. (Tertuliano, ha. de carne Christi, c. 2, sent. 23, adic., Tric. T. 1, p. 366 y 367.)"

"Para Dios solamente es imposible lo que no quiere. (Tertuliano, ibid., c. 3, sent. 24, Tríe. T. 1, p. 367.)"

"Nació el Hijo de Dios: esto no avergüenza por la misma razón de ser cosa vergonzosa. Murió el Hijo de Dios, por esto mismo es creíble, porque no lo alcanza la razón: sepultado resucitó; esto es cierto porque es imposible (a la naturaleza). (Tertuliano, ¡bid., c. 5, sent. 25, adic., Trie. T. 1, p. 367.)"

"El que había de ofrecer una nueva natividad, debía nacer de un nuevo modo. (Tertuliano, ¡bid., c. 17, sent. 26, adic., Trie. ibid.)"

11 ¿Quién es el que con una poderosa e invisible mano, ha destruido de la sociedad de los hombres como a monstruos horribles aquella tropa tanto tiempo ha nociva y perniciosa, aquella cohorte de demonios que antes devoraban a todo el género humano, y por medio de los ídolos obraban entre los hombres una multitud de prodigios? ¿Quién

sino nuestro Salvador es el que ha dado a los que abrazan la regla de esta vida pura y sincera, aquella filosofía que recibieron de su espíritu? ¿Quién sino este Señor les ha dado el poder para quitar de en medio de los hombres las reliquias de aquellos espíritus malignos, con la invocación de su nombre y las oraciones más puras que por El se dirigen al Supremo Dios del universo? ¿Quién sino nuestro Salvador ha enseñado a sus discípulos, sacrificios no sangrientos, en los que una víctima racional es ofrecida a Dios con oraciones y con palabras divinas e inefables? De suerte que ya en toda la tierra se erigen altares y lugares consagrados a la concurrencia de los fieles, y en todas las naciones se ofrece a Dios, Monarca del universo, un culto digno de su infinita santidad, que consiste en sacrificios espirituales y en una víctima razonable. (Eusebio de Cesarea, sent. 8, Tric. T. 2, p. 85.)"

"El Hijo de Dios tomó sobre sí nuestra pobreza y miseria para participamos su opulencia y sus riquezas. Su pasión nos hará algún día impasibles, y su muerte inmortales: sus lágrimas son nuestro gozo, su sepultura nuestra resurrección, y su bautismo nuestra santificación, según aquellas palabras del Evangelio: Para ellos yo me santifico, con el fin de que sean santos de verdad. (S. Atanasio, sent. 1, Tric. T. 2, p. 171.)"

"Como Jesucristo es el capitán de todos los santos, el demonio es el jefe de todos los pecadores. (S. Hilario, Psalm. 139, sent. 18, Tric. T. 2, p, 26 l.)"

"Considerar como una grande prueba de la divinidad del Salvador, ver que la predicación del Evangelio no ha seguido el orden de la naturaleza; a la verdad, si lo que se predica de Jesucristo estuviera reducido a los límites de la naturaleza, ¿en dónde estaría su divinidad? Pues si lo que se os dice del Salvador es superior a la naturaleza, esas mismas cosas, para cuya creencia sentis repugnancia, son pruebas de la divinidad de Aquel que se os predica. (S. Greg. de Nisa. -Cath. Orat., c. 13-, sent. 26, Tric. T. 4, p. 117 y 118.)"

"Si el propio carácter de la Divinidad es la benevolencia para con los hombres, no es necesario buscar otra razón para que viniese Jesucristo a visitarnos: estando enferma nuestra naturaleza, necesitada de quien la sanase; habiendo caído, de quien la levantase; habiendo perdido la vida, de quien la vivificase; habiendo perdido el derecho de participar del verdadero bien, necesitaba de quien se lo renovase; hallándose envuelta en tinieblas, de quien la iluminase, estando cautiva, de quien la rescatase; estando aprisionada, de quien rompiera sus cadenas; estando oprimida con el yugo de la servidumbre, de quien la pusiese en libertad. ¿Os parecerá que estos motivos no son suficientes y dignos de obligar la bondad de Dios a bajar a la tierra para socorrer a la naturaleza humana que había criado? (San Greg. de Nisa, c. 15, sent. 27, Trie. T. 4, p. 118.)"

 

"El que Dios quisiese traemos la salud, es un efecto de su bondad; que nos rescatase de la cautividad con ciertas condiciones, es un efecto de su justicia, y el que lo ejecutase de un modo tan ingenioso que sorprendiese a nuestro enemigo, es un efecto de su soberana sabiduría. (S. Greg. de Nisa. e. 23, sent. 28, Tric. T. 4, p. 11 S.)"

"Dijo muy bien el Apóstol: que Dios entregó a su Hijo a la muerte por todos nosotros, para dar a entender que el que a todos nos amó con tanto exceso, que entregó a su amado Hijo a la pasión por cada uno de nosotros, ¡cómo será posible que no le de todo a aquellos a quienes ha dado al que es infinitamente mejor que todas las cosas! No tenemos, pues motivo para recelar que después de este beneficio nos niegue nada, ni debemos desconfiar en punto de la continuación de la liberalidad divina, supuesto que ha tanto tiempo que sentimos esos efectos, con tanta profusión. (S. Ambrosio de Jacob, vita beat., lib. 1, e. 6, sent. 21, Tric. T. 4, p. 317.)"

11 ¡Podría ser creible que el Padre celestial quisiese recoger estos mismos beneficios que nos ha comunicado, o retirar su afecto paternal de los que adoptó por hijos suyos! Pero me dirá alguno que tenemos en Dios un Juez severo. Consideremos bien quien es el Juez: esto es Jesucristo, al que el Padre ha concedido todo el poder para juzgar al mundo. ¡Cómo ha de querer este Salvador condenar a los que rescató del poder de la muerte, sujetándose a sufrirla, cuando sabe que la vida de los redimidos es el precio de la muerte! No dirá más bien, ¿qué utilidad hay en mi sangre si condeno a los mismos que he salvado? (S. Ambrosio, ibid., ibid., sent. 22, Tric. T. 4, p. 317 y 318.)"

"Estoy tan distante de excusar en nuestro Señor el sentimiento de tristeza que manifestó en el huerto, que no me parece que hay cosa alguna en que más se admire su bondad y majestad; pues me hubiera dado mucho menos si no se hubiera revestido de mis propios afectos. Por mí, pues, sufrió el dolor, el que en si nada tenía que se te pudiera causar-, y suspendiendo en su alma el divino contento que eternamente goza, quiso que le alcanzase el abatimiento de la enfermedad humana. Tomó sobre sí mi tristeza para comunicarme su alegría, y conformándose con nuestra flaqueza, se abatió hasta afligirse con la cercanía de la muerte, para que haciéndonos seguir sus pisadas, nos llevase a la eterna vida. (S. Ambrosio, lib. 10, c. 22, sent. 91, Tric. T. 4, p. 33 l.)"

"Acusan a nuestro Señor, y calla; con razón calla el que no necesita defenderse. Aquellos deben defenderse que temen ser vencidos, no confirmó, pues, su acusación con el silencio; antes bien, la despreció, no dignándose de responder. (S. Ambrosio, in e. 23, sent. 93, Tric. T. 4, p. 332.)"

"Hoy estarás conmigo en el Paraíso. En donde quiera que esté Jesucristo, allí está nuestra vida y nuestro reino. (S. Ambrosio, ibid., sent. 94, Trie. ibid., ¡bid.)"

"Dice el Profeta: Adorad el escabel de sus pies: y en otra parte leemos: La tierra es el escabel de mis pies. Veamos si quiso decimos el Profeta, que es preciso adorar aquella tierra de que el Señor se quiso vestir en la Encarnación. Es preciso entender la tierra por el escabel que dijo el Profeta, y por esta tierra la carne de Jesucristo, que adoramos hoy en los santos misterios; la misma que adoraron los Apóstoles en su persona; pues Jesucristo no está dividido, sino que es un solo Cristo. (S. Ambrosio, de Spir. Sanct., lib. 3, c. 12, sent. 105, Tric. T. 4, p. 334.)"

"¿Quién es el autor de los Sacramentos sino nuestro Señor Jesucristo? Porque estos Sacramentos, del cielo han venido. (S. Ambrosio, lib. 3, de Sacram., c. 4, sent. 106, Tric. T. 4, p. 334 y 335.)"

"Sólo Jesucristo es para nosotros todas las cosas. Si estás herido, es tu médico; si te abrasa la ardiente calentura, El es la fuente; si estás oprimido, con el peso de la iniquidad, El es la justificación; si necesitas auxilios, El será tu protector; si temes la muerte, El es la vida; si deseas ir al cielo, El es el camino; si huyes de las tinieblas, El es la luz; si necesitas comer, El es tu alimento. Gustad, pues, y ved cuán suave es el Señor. ¡Dichoso el hombre que espera en El! (S. Ambrosio, de Virgin., lib. 2, sent. 136, Tric. T. 4, p. 342.)"

"Es preciso hacer todas nuestras acciones en nombre de Jesucristo, de suerte, que aun el tomar alimento corporal se puede referir al sagrado culto de nuestra religión. (S. Ambrosio, de Viduis, sent. 141, Tric. T. 4, p. 343.)"

"Recurramos al médico que nos sanó de nuestras anteriores heridas. Si son graves las flaquezas, tenemos un grande médico, hemos recibido la excelente medicina de su gracia. (S. Ambrosio, de Elinae jejun., c. 4, sent. 22, adic., Tric. T. 4, p. 400.)"

"Nunca hemos conocido mejor a nuestro Salvador Divino, que cuando nos hizo bien y padeció la muerte por nuestros pecados, no por atención al mérito de los que salvaba, sino por la gloria de su nombre: a no ser esto, nuestra vida llena de delitos, sólo merecía castigo y no misericordia. (S. Jerón., in c. 20, sent. 78, Tric. T. 5, p. 252.)"

"No me avergüenzo ni callo. Cuanto más viles son las cosas que Cristo pasó por mí, tanto más le debo. (S. Jerón., ady. Helvid., sent. 5, Adic., Tric. T. 5, p. 353.)"

"Todavía padece Jesucristo el día de hoy nuestras enfermedades y males; porque siempre es Aquel hombre cubierto de llagas por nosotros, que quiso llevar nuestros trabajos: porque sin él no podríamos sufrirlos, ni aun conocerlos. (S. Paulino, Ep. 38, ad Apr., sent. 15, Tric. T. 5, p. 33 l.)"

"Gloríense cuanto quieran los oradores de su elocuencia: los filósofos, de su sabiduría; los ricos, de sus tesoros; los monarcas, de sus imperios; para nosotros Jesucristo es nuestra gloria y nuestro reino. (S. Paulino, Ep. 38, ad. Apr., sent. 17, Tric. T. 5, p. 332.)"

 

"No nos ama el mundo, pero Cristo nos ama: el hombre nos desprecia, pero Dios nos aprecia. (S. Paulino, Ep. 5, ad Sever., sent. 6, adic. Tric. T. 5, p. 361.)"

 

"Imitando al imitador de Cristo, llegaremos a la imitación de Cristo. (Ibid., sent. 7, adic. Tric., ibid., ibid.)"

"¿Cómo piensas que podrás seguir a Cristo, sino en la ley que nos enseñó, y en el ejemplo que nos dio? (S. Paulino, ibid., sent. 8, adic., Tric. ibid., ¡bid.)"

"Nada tenemos sino a Jesucristo: mira bien, si nada tenemos, cuando tenemos al que todo lo tiene. (S. Paulino, ibid., sent. 9, adic., Tric. ibid., ibid.)"

"Solamente cuando se vive para Jesucristo y se sirve a El sólo, es el hombre libre y está desprendido de los cuidados e impedimentos del mundo. (S. Juan Crisóst., e. 4, sent. 181, Tric., T. 6, p. 335.)"

11 ¿Cómo podéis permanecer incrédulos después de tan visibles pruebas del poder de Jesucristo? Las profecías previnieron tantos siglos antes su venida, y claramente estáis viento tan exactamente cumplidos los sucesos profetizados, que ninguno se ha quedado sin cumplir. Por otra parte, no podéis decir que nosotros hemos compuesto todas estas cosas, porque los primeros que recibieron los libros sagrados en donde se contienen estas profecías, y todavía los conservan y guardan, son nuestros mismos enemigos y los descendientes de los que crucificaron a Jesucristo. (S. Juan Crisóst., lib. "quod Christus sit Deus' , n. 11, sent. 230, Tric. T. 6, p. 346.)"

"Jesucristo había hecho muchos milagros antes de su muerte, pero después que le crucificaron, dijeron los pérfidos judíos, que no había resucitado; pero se les puede responder: Si Jesucristo no resucitó, ¿cómo los que predicaron su resurrección, hicieron para probarle, mayores prodigios que los que había hecho el mismo Señor antes de su muerte? (S. Juan Crisóst., sent. 241, Tric. T. 6, p. 340.)"

"No está Jesucristo en donde entran los violones y las músicas profanas. (S. Juan Crisóst., homl. 12, ad Colon., sent. 360, Tric. T. 6, p.378.)"

El fin y objeto de todos nuestros deseos es aquel que nos ha hecho sus promesas: sin duda se nos dará, pues ya se nos dio a sí mismo. (S. Agust. Psalm. 42, sent. 59, Tric. T. 7, p.459.)"

"La tarde fue la hora de la muerte de Jesucristo; la mañana, la de su resurrección, y el medio día, la de su ascensión. Meditaré, pues, por la tarde la paciencia del Señor en su muerte: anunciaré por la mañana la nueva vida del que resucitó, y le suplicaré al medio día que me oiga, sentado a la diestra de su Padre. (San Agust., Psalm. 54, sent. 77, Trie. T. 7, p. 46 l.)"

"Vos, Señor, sois el Sacerdote y la víctima: vos sois al mismo tiempo la ofrenda y la oblación. (S. Agust., Psalm. 64, sent. 100, Tric. T. 7, p. 463.)"

"Si son mías las verdades que os anuncio, no me creáis; pero si las dice el mismo Jesucristo, infeliz de aquel que no las creyere. (S. Agust., Psalm. 66, sent. 103, Tric. T. 7, p. 464.)"

"Asistidme, Señor Jesús: pues me decís; no os canséis en el carnino estrecho, pues yo le pasé primero y yo mismo soy el camino; yo soy el que guío, por mí mismo guío y a mi mismo os llevo. (S. Agust., Psalm. 70, sent. 114,I'ric. 'l'. 7, p. 465.)"

"Nuestra divina cabeza intercede a la diestra de su Padre por todos los miembros, no obstante hay algunos a quienes castiga, otros purifica, otros consuela, otros que cría, otros que llama, otros que corrige y otros que convierte. (S. Agust., Psalm. 78, sent. 130, Tric. T. 7, p. 466.)"

"Jesucristo nos dejó su camino muy estrecho: pero cualquiera otro camino es resbaladizo y peligroso. (San Agust., Psalm. 103, sent. 149, Trie. '1'. 7, p. 468.)"

"Dios se hizo hombre, para que imitando el ejemplo de un hombre, lo cual es cosa posible podáis llegar a Dios, lo que antes era imposible. (S. Agust., Psalm. 134, sent. 161, Tric. T. 7, p. 469.)"

"Grande miseria es el hombre soberbio; pero mayor misericordia es Dios humillado. (S. Agust., de Cath., rud., c. 4, sent. 14, adic., Tric. T. 7, p. 484.)"

"¿Qué es seguir a Cristo sino imitarle? Pues cada uno le sigue en aquello que le imita? (S. Agust., de Sanct., Virg., c. 27, sent. 28, adic., Tric. T. 7, p. 487.)"

"Hoy, muy amados míos, ha nacido nuestro Salvador: alegrémonos. No debe tener lugar la tristeza cuando es día del nacimiento de la vida; lo cual, quitando el temor de la mortalidad, introduce en nosotros la alegría con las promesas de la eternidad. Ninguno queda separado de la participación de este contento; todos tienen el mismo motivo en el gozo común y general, porque nuestro Señor, que destruyó la muerte y el pecado, así como no halló a alguno que estuviese libre de reato, así también vino a liberar a todos. (S. León Papa. Serin., 21, c. 1, p. 64, sent. 13, Tric. T. 8, p. 385.)"

"Adoran los Magos al Verbo en la carne, a la sabiduría en la infancia, al poder en la flaqueza, y en la realidad de hombre al Señor de la majestad: y para explicar el Sacramento de su fe y de su inteligencia, protestan con los dones que ofrecen lo que creen en sus corazones; le ofrecen incienso como a Dios, mirra, como a hombre mortal, y oro, como a Rey venerando en la unidad de persona las dos naturalezas, la divina y la humana; porque lo que era propio del Hijo de Dios por su esencia, no se había mudado en su persona. (S. León Papa, Serm. 3 1, in ep., c. 2, p. 113, sent. 2 1, Tric. T. 8, p. 385.)"

"Levantad vuestros fieles corazones a la brillante gracia de la eterna luz, y venerando los misterios de santidad que Dios dispensa para la salud de los hombres, emplead vuestros afectos en lo mismo que Dios obra en favor vuestro. Absteneos de los deseos de la carne que pelean contra el espíritu. Como el Apóstol nos exhorta presente en sus mismas palabras: Sed niños en la malicia, pues el Señor de la gloria se ha sujetado a tomar la forma de Niño. Segu,' ' la humildad que el Señor se dignó enseñar a sus Discípulos; revestíos del valor de la sabiduría para ganar vuestras almas, pues el que es la redención de todos, también es la fortaleza universal. Sabed las cosas de arriba y no las que están sobre la tierra. Caminad constantes por la senda de la vida y la verdad; no os impidan las cosas terrenas, pues tenéis preparadas las celestiales por nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. (S. León Papa, ibid., c. 3, sent. 22, Trie. ibid., p. 385 y 386.)"

"Conozcamos, amados míos, las primicias de nuestra vocación y fe en los Magos que adoraron a Cristo, y celebremos con exaltación de los corazones los principios de nuestra feliz esperanza. Desde entonces verdaderamente empezamos a entrar en la herencia eterna. Desde entonces se nos hicieron patentes los arcanos de las Escrituras que hablan de Jesucristo, y la verdad que la ceguedad de los judíos no recibió, introdujo su luz a todas las naciones del mundo. Honremos, pues, el día que se manifestó el Autor de nuestra salud, y adoremos Omnipotente en el cielo al que los Magos veneraron en la cuna. Y como ellos ofrecieron al Señor las misteriosas especies de sus presentes, saquemos nosotros de nuestros corazones aquellas cosas dignas de Dios. Aunque El es el que da todos los bienes, quiere recibir el fruto de nuestra industria. No llega el reino de los cielos a los dormidos y perezosos, sino a los que trabajan y velan en cumplir los Mandamientos de Dios, para que si no recibimos en vano sus dones, merezcamos con los que nos ha dado conseguir lo que nos tiene prometido. Os exhortamos, pues, a que sigáis lo justo y casto, absteniéndoos de toda obra mala. Los hijos de la luz deben estar muy distantes de las obras de tinieblas. Huid, pues, de los odios; no haya mentira; destruid con la humildad la soberbia: vaya fuera la avaricia; amad la libertad, porque es razón que los miembros digan proporción con la cabeza para merecer acompañarla en las felicidades prometidas por Ntro. Señor Jesucristo, etc. (S. León Papa, Serm. 32, c. 4, sent. 23, Trie. T. 8, p. 386.)"

"Determinando la Providencia de la misericordia de Dios salvar en los últimos tiempos del mundo, quiso poner en Jesucristo la salud de todos los hombres; y cuando el error tenía todas las naciones separadas del culto del verdadero Dios, y aun el mismo pueblo escogido de Israel, despreciando los preceptos de la ley, estaba casi todo envuelto en pecados, al vemos generalmente pecadores, tuvo de todos misericordia. La justicia estaba casi extinguida en el mundo; los hombres sepultados en el vicio y seducidos por la vanidad, estaban a cada momento para oir la sentencia de su condenación, si Dios por su bondad no hubiera diferido el juicio. La ira divina se cambió en mansedumbre, y para que más se conociese la grandeza del favor, concedió a los hombres el perdón general de sus ofensas, cuando ninguno podía poner la confianza en sus propios méritos. (S. León Papa, Serm. 32, sent. 24, Tric. T. 8, p. 387.)"

"Aquel ser que tomó el Hijo de Dios naciendo de la Virgen María, es un motivo poderoso para inclinarse a la devoción; porque a un mismo tiempo se presentan a los corazones justos en una misma persona la humildad humana y la Majestad divina. Al mismo tiempo que la cuna declara tierno Niño, el cielo y cuanto en este se contiene le publican su Creador. Un infante en un pequeño cuerpo es el Señor y Gobernador del mundo; al seno de María está reducido el incomprensible. Pero en estos prodigios está la curación de nuestras heridas y la elevación de nuestro abatimiento; porque si no se juntara en una sola persona tanta diversidad, no pudiera la humana naturaleza reconciliarse con su Dios. (S. León Papa, Serm. 35, e. 1, sent. 28, Tric. T. 8, p. 388.)"

"Los remedios que Dios nos aplicó determinaron nuestra ley, y la misma medicina debe ser el modelo de nuestras costumbres. No carece de misterio que los Magos fuesen guiados por la claridad de una nueva estrella a adorar a Jesucristo: ¿pues no le vieron resucitando los muertos, dando vista a los ciegos, lengua a los mudos, o ejercitando acción alguna del poder Divino, sino Niño, sin palabras, tranquilo, manso y pendiente del cuidado de su Madre. En esto no se ve señal alguna de poder; pero se nos ofrece un grande milagro de humildad. En la misma figura de tan sagrada infancia, cual era la que el Hijo de Dios tomó, estaba entrando por los ojos la predicación que después se había de intimar por los oídos, para que aprendiese con la vista de Dios Niño lo que todavía no enseñaba con los acentos de la voz. (S. León Papa, Serm. 36, c. 2, sent. 29, Trie. ibid., ibid.)"

"Ama Jesucristo la inocencia de los niños desde que El mismo se hizo Niño en el cuerpo y en los afectos. Ama Cristo la infancia, como maestra de humildad, regla de inocencia y modelo de mansedumbre. Ama Cristo la infancia y la propone por ejemplo de costumbres a los hombres ya provectos; quiere que todas las edades se conformen con la sencillez de los niños y que se arreglen a ella los que ha de elevar al eterno reino. (S. León Papa, ibid., sent. 30, Tric. ibid., p. 389.)"

"Pues la Ascensión de Jesucristo es nuestra elevación, y a donde entró primero la gloria de la cabeza, es llamada la esperanza del cuerpo; alegrémonos con recogijaos dignos y sea nuestra alegría la devota acción de gracias. No solamente se ha confirmado hoy nuestro derecho al paraíso, sino que de algún modo hemos entrado en el cielo con Jesucristo. (S. León Papa, Serm. 73, sent. 61, Tric. T. 8, p. 397.)"

"El misterio de la Ascensión del Salvador aumenta nuestra fe, y de tal modo la confianza el Espíritu Santo, que ni las cadenas, ni las cárceles, ni los destierros, ni el hambre, ni el fuego, ni las garras de las fieras, ni los extraordinarios suplicios de los perseguidores, nos aterraron con sus crueldades. Por esta fe pelearon en todo el mundo, hasta derramar su sangre, no solamente los niños, sino también las delicadas doncellas. (S. León Papa, Serm. 73, c. 2, p. 244, -sent. 62, Tric. T. 8, p. 397.)"

"Después que Dios se hizo hombre podemos pintar la imagen de su forma humana, su nacimiento de la Virgen, su bautismo en el Jordán, su transfiguración en el Tabor, sus tormentos en la Cruz, su sepultura, su resurrección, su ascensión y expresar todo esto con los colores, como con las palabras. (S. Juan Damasc., Orat. 1, de sinag., sent. 5, Tric. T. 9, p. 292.)"

"Asegura el Apóstol que vosotros sois el cuerpo de Jesucristo, y miembros de sus propios miembros. Conservad, pues, vuestros cuerpos y vuestros miembros con la decencia conveniente, no sea que si los deshonráis con alguna liviandad o alguna pasión, sea a proporción del premio que hubiérais tenido en ' el cielo, el castigo en el infierno por haberles deshonrado con un abuso indigno y vergonzoso: vuestros ojos son los ojos de Jesucristo; no es lícito hacer que sirvan los ojos de Jesucristo para mirar los objetos profanos ni la vanidad; porque Jesucristo es la misma verdad, a la que no puede menos de ser contraria toda especie de vanidad. Vuestra boca, Cristianos, es la boca de Jesucristo: no debéis, pues, abrirla, no digo para la murmuración, ni las mentiras, pero ni aun para las palabras inútiles.'Esta boca consagrada solamente a las palabras con que Dios puede ser alabado y el prójimo edificando, debe abstenerse de toda otra especie de conservación. De este modo debe entenderse todo lo demás, y explicarse según las mismas reglas de prudencia y santidad, cuando se trata de saber el uso que ha de hacer el cristiano de los otros miembros de su cuerpo, que son igualmente miembros de Jesucristo, confiados a su custodia. (S. Anselmo, sent. 39, Tric. T. 9, p. 349 y 350.)"

"Teniendo delante de los ojos el infinito precio de nuestra redención, la muerte del Salvador quiero decir, y la sangre que derramó por el perdón de nuestros pecados; teniendo también a la vista el ejemplo del Buen Ladrón y de otros grandes pecadores, cargados de muchas y enormes culpas, a los que Jesucristo, fuente de las gracias, recibió en su santa santidad, por su grande misericordia, no desesperemos de conseguir el mismo favor; antes bien, con la seguridad del perdón de los pecados, recurramos con entera confianza a la fuente de la Divina misericordia, en cuyo seno sabemos, y estamos viendo cada día, que han sido recibidos y justificados tantos y tan grandes pecadores. Tengamos por cierto que esta adorable fuente de donde corren las gracias, nos lavará también y nos purificará del pecado, si le renunciamos y procuramos en adelante hacer el bien en cuanto nos sea posible; mas no podemos con solas nuestras fuerzas abstenemos de¡ mal ni practicar el bien que Dios nos manda. Para esto es preciso que nos prevenga y ayude el socorro desde lo alto. Supliquemos, pues, a la inefable bondad de Dios, nuestro piadosísimo Salvador, que se dignó sacamos de la nada cuando no teníamos ser, que nos conceda la gracia de convertirnos, y la de corregirnos de tal modo de todos nuestros desórdenes, mientras estamos en esta vida, y antes que la dejemos con la muerte, y de purificamos con tan repetidos ejercicios de compunción y penitencia, que al fin de esta vida mortal podamos ir derechos a El sin obstáculo ni impedimento, para gozar con El aquel día eterno, cuyo sol es el mismo Dios, en la compañía de los Angeles, y de todos los Santos que están ya gozando de su gloria, y gustando una alegría pura y eterna en la posesión de la suprema bienaventuranza. (S. Anselmo, 6, Meditat., sent. 44, Tric. T. 9, p. 352.)"

"Apiadaos de mí, Señor, apiadaos de mí. No permitáis que esta alma culpada, por la cual os dignásteis de nacer de una Virgen, y de morir en la Cruz, se separe de este cuerpo mortal, antes que me comuniquéis la gracia de convertirme perfectamente y la de expiar mis pecados con frutos dignos de penitencia. Haced que yo quede lavado con vuestra sangre adorable, y en el agua de mi llanto, de todos los pecados que he cometido después del bautismo, y casi desde la cuna, así con conocimiento, como por ignorancia, malicia o fragilidad, para que en el día de mi muerte, purificado de todas mis culpas, enteramente corregido, y con las más puras costumbres, me pueda presentar con confianza y alegría ante vuestra Majestad, y contemplar en el exceso de amor y de divinos placeres vuestro adorable rostro, lleno de benignidad y de atractivo, por causa de vuestra inmensa bondad y de vuestra infinita misericordia. (S. Anselmo, 18, Meditat., sent. 48, Tric. T. 9, p. 355.)"

"Por estar corrompida con la culpa toda la naturaleza humana en el alma y en el cuerpo, fue preciso que se uniese a esto Dios, que venía a rescatar el cuerpo y el alma, para que el rescate del hombre correspondiese al alma de Jesucristo, y el del cuerpo, al cuerpo de Jesucristo. Esto se nos representa cuando se ofrece en el altar pan y vino: recibiendo dignamente aquel pan convertido en el cuerpo del Señor, participa nuestro cuerpo de la inmortalidad de Jesucristo, y nuestra alma se conforma con la de Jesucristo, tomando el vino convertido en su sangre. (S. Anselmo, Ep. 177, lib. 4, sent. 54, Tric. T. 9, p. 357.)"

"Por más que se apodere en mi memoria la recordación de mis maldades, por más que me aterre la horrible consideración de mi vida pasada, hagan otros lo que les parezca conveniente; pero yo siempre sentiré en bondad de la dulzura de mi Señor Jesucristo: siempre pondré mis ojos en su misericordia, porque se y algunas veces experimento en mí, que es mucho más su dulzura para consolar, y mucho más pronta su benignidad para perdonar, que mi iniquidad para delinquir. Bien se que no hay maldad como mi maldad. Mas en paralelo no hay dolor como mi dolor. Si pequé sobremanera, no desespero, porque he llorado sobremanera, por lo cual respiro. Si Dios se irrita con la monstruosidad de mi delito, no hay duda que se mitiga con el dolor de la satisfacción de su Hijo, porque aquel manso e inocente Cordero que calló pendiente en la Cruz como en presencia del que le trasquila, no daba su rostro a los circunstantes furiosos contra El; antes bien, inspiraba dulcemente a los que pasaban por el camino, y le miraban, porque así está escrito: ¡Oh, vosotros, todos los que pasáis por el camino, poned vuestra atención, y ved si hay dolor que sea como mi dolor! (S. Bem., Epist. 385, ad quosdam noviter conversos, sent. 46, adic., Tric. T. 10, p. 362, 363 y 364.)"

"¿Quién podrá dignamente ponderar cuánta humildad, mansedumbre y dignación fue, que el Señor de la Majestad vistiese nuestra carne, fuese condenado a muerte, y afeado en una Cruz? Me dirá alguno: ¿no pudo el Criador haber reparado su obra sin tanta dificultad? Bien pudo, pero escogió renovarla, sufriendo tantas injurias, para que el peor y más odioso vicio, que es el de la ingratitud, no hallase ya ocasión en el hombre. A la verdad, se tomó el Señor muchas fatigas para tener al hombre por deudor de mucho amor y para que la dificultad de la redención hiciese presente la acción de gracias, al que no había hecho devoto la felicidad con que Dios le crió. (S. Bem., Sertn. 12, ad quosdam nov. conver., sent. 49, adic., Tric. T. 10, p. 365.)"