JUSTICIA


Citas de la Sagrada Escritura

Conformidad con el derecho. Rige las relaciones del hombre con sus semejantes: Is 32, 1; Am 6, 12.

En sentido más general es también santidad: se opone al pecado: Gen 18, 23; 2 Cor 6, 14.

Consiste en obrar conforme a la voluntad de Dios: Ez 18, 5. También, recompensa que proviene de esta conformidad con la voluntad divina: Dt 6, 25; 24, 13; Prov 21, 21; Lc 1, 6; Mt 23, 29.

Y cumplimiento de los mandamientos: Prov 8, 20; Eclo 16, 22; Sab 14, 7.

Justicia y misericordia: Sal 51, 16; 65, 6.

Justicia y temor de Dios: Lc 2, 25; Hech 10, 22.

Justicia y justificación: Rom 5, 1; 9, 30; Gál2, 16, 21.

La razón de nuestra justicia, y su fuente, es Cristo: I Cor 1, 30; 2 Cor 5, 21.

El modo de participar en la justicia de Dios es la fe en Cristo: Rom 1, 17; 3, 22; Flp 3, 9.

(A Juan el Bautista). Respondióle Jesús: Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Mt 3, 15.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Mt 5, 6.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Mt5, 10.

Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Mt 5, 20.

Porque vino Juan a vosotros caminando en justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Mt21, 32.

(El Señor Dios) juró [...] concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de él todos nuestros días. Lc 1, 73. 74-75.

Y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio [...] Jn 16, 8.

En lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis [...]. Jn 16, 9-10.

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Mt 6, 1.

Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Mt 6, 33.

 


SELECCIÓN DE TEXTOS

Dar a cada uno lo que es debido

3268 La justicia es el hábito según el cual uno, con constante y perpetua voluntad, da a cada cual su derecho (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 58, a. 1).

3269 Ser justo significa dar a cada uno lo que le es debido. Esto concierne a los bienes temporales, de naturaleza material. El mejor ejemplo puede ser aquí la retribución por el trabajo o el llamado así derecho a los futuros del propio trabajo y de la propia tierra. No obstante, al hombre se debe, además, el buen nombre, el respeto, la consideración, la fama que se ha merecido. Cuanto más conocemos al hombre, tanto más se nos revela su personalidad, su carácter, su inteligencia y su corazón. Y tanto más nos damos cuenta—y debemos darnos cuenta de ello—de con qué criterio «medirlo» y qué quiere decir ser justos con él (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI- 1978).

3270 No basta para ser justos que alguno quiera observar esta virtud esporádicamente en algún determinado negocio, porque prácticamente no existe quien quiera obrar en todos injustamente, sino que es menester que el hombre tenga la firme voluntad de conservarla siempre y en todas las cosas (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 58, a. I ad 3).

3271 La justicia es principio de la existencia de la Iglesia como pueblo de Dios y principio de coexistencia de la Iglesia y de las diversas estructuras sociales, en particular del Estado, como igualmente de las organizaciones internacionales. En estq terreno amplio y diferenciado, el hombre y la humanidad buscan continuamente justicia; éste es un proceso permanente y un cometido de la máxima importancia (JUAN PABLO II, Audiencia general 8-XI-1978).

La justicia y las demás virtudes

3272 La fortaleza sin justicia es palanca del mal (SAN AMBROSIO, Sobre los of icios de los ministros, 1, 35).

3273 El hombre no pone su vida en peligro de muerte más que cuando se trata de la salvación de la justicia. De aquí que la dignidad de la fortaleza sea una dignidad que depende de la anterior virtud (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 123, a. 12 ad 3).

3274 En esta norma (el mayor entre vosotros, hágase como el menor) no se excluyen los que tienen una posición elevada: no deben dominar éstos a quienes viven más modestamente [...], ni deben ser ensalzados por sus alabanzas; pero deben obrar enérgicamente contra los que obran mal, por amor a la justicia (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. VI, p. 445).

3275 La justicia, después de la prudencia, es más noble que cualquier otra virtud moral: después, la fortaleza y la templanza (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q.66, a. l c y 4).

3276 Aunque la justicia abraza a la vez todas las virtudes, sin embargo, existen entre todas dos principales que no se pueden separar de ella: la piedad y la equidad [...]. La piedad y la equidad son como su fuente; en ellas se funda toda la justicia. Sin embargo, la primera es su cabeza y origen; la segunda, toda su fuerza y razón (LACTANCIO, Instituciones divinas, V, 15; PL 6, 596).

3277 Mirad, amadísimos, y considerad prudentemente qué rai- ces y frutos nacen de la estirpe de la avaricia, la cual la definió acertadamente el Apóstol como la raíz de todos los males (I Tim 6, 10), porque ningún pecado se comete sin deseo desordenado, y todo apetito ilícito es enfermedad de esta codicia [...]. No hay ningún vestigio de justicia en aquel corazón donde habita la avaricia [...] (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 60, 4).

 

«La caridad es el alma de la justicia>>

3278 La caridad es el alma de la justicia (JUAN PABLO II, Aloc. 6-lX- 1978).

3279...Unicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandes problemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo, lo deifica: Dios es amor (I Jn 4, 16) (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 172).

3280 Amar la justicia no es otra cosa sino amar a Dios. Y como este amor de Dios va siempre unido al amor que se interesa por el bien del prójimo, el hambre de justicia se ve acompañada de la virtud de la misericordia (SAN LEÓN MAGNO, Sermón sobre las bienaventuranzas 95).

3281 La justicia y la misericordia están tan unidas que la una sostiene a la otra. La justicia sin misericordia es crueldad; y la misericordia sin justicia es ruina, destrucción (SANTo TOMÁS, en Catena Aurea, val. l, p. 247).

3282 Cristo nos ha dejado el mandamiento del amor al prójimo. En este mandamiento se encierra todo lo que concierne a la justicia. No puede haber amor sin justicia. El amor desborda la justicia, pero, al mismo tiempo, encuentra su verificación en la justicia. Hasta el padre y la madre, cuando aman al propio hijo, deben ser justos con él. Si vacila la justicia, también el amor corre peligro (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI-1978).

 

3283 La paz es obra de la justicia, indirectamente, en cuanto remueve los obstáculos que a ella se oponen; pero propia y directamente proviene de la caridad, que es la virtud que realiza por excelencia la unión de todos los corazones (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 29, a. 3 ad 3).

3284 La justicia de los fariseos es no matar; la justicia de los que han de entrar en el reino de los cielos es no enojarse sin causa (SAN AGUSTíN, Sobre el Sermón de la Montaña, 1, 9).

 

Lo primero: justicia con Dios

 

3285 ...Primero, justicia con Dios. Esa es la piedra de toque de la verdadera hambre y sed de justicia (Mt 5, 6), que la distingue del griterío de los envidiosos, de los resentidos, de los egoístas y codiciosos... Porque negar a Nuestro Creador y Redentor el reconocimiento de los abundantes e inefables bienes que nos concede, encierra la más tremenda e ingrata de las injusticias (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 167).

3286 Es necesario, pues, que cada uno de nosotros pueda vivir en un contexto de justicia y, más aún, que cada uno de nosotros sea justo y actúe justamente respecto a los seres próximos y lejanos, respecto a la comunidad, respecto a la sociedad de la que es miembro... y respecto a Dios (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI-1978).

3287 Cuando algo se encuentra de por sí en contradicción con el derecho natural, no puede ser justificado por la voluntad humana (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 57, a. 2 ad 2).

3288 Entended bien, pues, si os queda algo de conocimiento, que los crímenes y la injusticia de los hombres consisten principalmente en el culto que rinden a los dioses, y que las desgracias que les afligen continuamente tienen su origen en la ingratitud de haber abandonado al Dios único para seguir supersticiones extravagantes [...] (LACTANCIO, Instituciones divinas, V, 8; PL 6, 573).

 

No se reduce a una simple distribución de bienes materiales

3289...¡Qué pobre idea tienen de la justicia quienes la reducen a una simple distribución de bienes materiales! (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 169).

3290 La justicia es principio fundamental de la existencia y la coexistencia de los hombres, como también de las comunidades humanas, de las sociedades y de los pueblos (JUAN PABLO II, Audiencia General, 8-XI-1978).

Manifestaciones de esta virtud

3291 Como el fundamento de una casa y la quilla de una nave, por muy sólidos que sean, de nada valen ni aprovechan si no se construye también sabiamente lo que sobre ello estriba; así toda esa penitencia no vale para nada si no se le añade y acompaña todo lo que pide la justicia. El temor de Dios enseñe a la lengua a hablar lo que conviene, a no decir cosas vanas, a conocer el momento y, la medida en el hablar, y saber decir lo necesario y dar la respuesta oportuna; a no hablar tumultuosamente y a no dejar caer como una granizada, por la impetuosidad en el hablar, las palabras sobre los que nos salen al paso (SAN GREGORIO DE NISA, Sobre los pobres, I; PG 46, 453).

3292 No debe entenderse que únicamente sean ladrones los que cortan las bolsas o roban en los baños, sino también los que están constituidos en jefes de los ejércitos, y aquellos a quienes se confia el gobierno de las ciudades y de los pueblos, cuando toman furtivamente alguna cosa o la exigen injustamente y por la fuerza (SAN BASILIO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 310).

3293La virtud cristiana es más ambiciosa: nos empuja a mostramos agradecidos, afables, generosos; a comportarnos como amigos leales y honrados, tanto en los tiempos buenos como en la adversidad; a ser cumplidores de las leyes y respetuosos con las autoridades legitimas; a rectificar con alegría, cuando advertimos que nos hemos equivocado al afrontar una cuestión. Sobre todo, si somos justos, nos atendremos a nuestros compromisos profesionales, familiares, sociales..., sin aspavientos ni pregones, trabajando con empeño y ejercitando nuestros derechos, que son también deberes (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 169).

3294 No es ciencia teórica. Es virtud, es capacidad del espiritu humano, de la voluntad humana y también del corazón. Es necesario, además, orar para ser justos y saber ser justos (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI-1978).

 

«Hambre y sed de justicia»

3295 Todo hombre vive y muere con una cierta sensación de insaciabilidad de justicia, porque el mundo no está en condiciones de satisfacer hasta el fondo a un ser creado a imagen de Dios, ni en la profundidad de su persona ni en los diversos aspectos de su vida humana. Y así, mediante este hambre de justicia, el hombre se abre a Dios, que «es la justicia misma». Jesús, en el discurso de la montaña, lo expresó de forma muy clara y concisa cuando dijo: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (Mt 5, 6) (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI-1978).

Justicia.- "Las verdaderas riquezas son la justicia y razón, no se aumentan son la posesión de mayores fondos; son los dones de Dios, que ninguno nos puede quitar. Este inestimable tesoro está depositado en el alma, y es el que verdaderamente puede hacernos felices. El que lo posee, a nada anhela que no esté en su mano, si desea alguna cosa justamente, la consigue de Dios; todo lo tiene el que posee el inmenso tesoro de Dios. (S. Clemente, sent. 7, Pedagogo, lib. 3, c. 1, Tric. T. 1, p. 124.)"

"La justicia en Dios es la plenitud de su divina esencia y la que nos hace ver un Dios perfecto, que reúne las propiedades de Padre y de Señor: es Padre en su misericordia; Señor en su disciplina: Padre por su imperio benigno; Señor por la severidad de su juicio; Padre de un poder dulce y benigno; Señor a quien con razón debemos temer. Debemos, pues, amarle, porque como Padre desea la penitencia de los pecadores. También debemos temerle, porque como Señor condena a los que no se arrepienten. La ley comprende ambas cosas diciendo: Amarás a tu Dios, temerás a tu Dios. Lo primero se dirige a los que observan la ley; lo segundo, a los que la quebrantan. En todo se señala el brazo de Dios, en castigar y sanar: en mortificar y vivificar; en humillar y en ensalzar; en criar los males y en producir la paz. (Tertuliano, lib. 2, c. 1 y 14, sent. 27, Tric. T. 1, p. 203.)"

"En un salmo se dice: Aquel que entra sin mancha en el camino del cielo. Vivir sin mancha de pecado ya es una cosa muy grande; pero no nos hemos de detener aquí, como si hubiéramos llegado al término del viaje; este es el principio de] camino, no es el fin: por lo cual se dice después. Y el que obra la justicia, pues no es suficiente pensar, es preciso ejecutar, y el fruto de querer la justicia, es practicarla. (S. Hilario, Psalm. 14, sent. 24, Trie. T. 2, p. 263.)"

"Vuestro soy, salvadme, porque he buscado vuestras justicias. Estas palabras sólo pueden venir de una alma toda aplicada a Dios, infatigable en el ejercicio de las buenas obras y perseverante en la continencia, ayunos y limosnas. En efecto. ¿cómo hacía profesión de ser de Dios una persona inclinada a la impureza, pronta a la cólera, codiciosa de bienes, entregada al regalo, y deseosa de la gloria y ambición del siglo? porque una persona de estas es más de todas las cosas que de Dios; supuesto que poseída de todas estas pasiones viciosas, más bien se puede decir que es más de aquello a que sirve, que de Dios. Los Gentiles tenían muchos dioses, pero S. Pablo no tenía más que un sólo Dios, de quien todas las cosas vienen, un sólo Señor y Maestro, que es Jesucristo, por quien todas las cosas fueron hechas. El Profeta, pues, asegura, aquí con resolución, que sólo sirve a Dios, y que es suyo, y así le suplica que le salve. (S. Hilario, in Psalm. 118, sent. 30, Tric. T. 2, p. 265.)"

"El Señor es misericordioso y justo. En todos los lugares junto la Sagrada Escritura la justicia de Dios con su misericordia, para enseñarnos que no ejercita una sin otra. De suerte que aun cuando usa de la misericordia, lo hace con alguna justicia, respecto de los que tiene por dignos-, y cuando hace justicia le mide y proporciona de algún modo con nuestra flaqueza, templando sus castigos con su bondad, y no nos da el castigo igual a la gravedad de nuestros pecados. (S. Basilio, in Psalm. 114, sent. 11, Tric. T. 3, p. 192.)"

"Hay muchos que parecen justos a los ojos de los hombres, mas pocos son a los de Dios-, porque el juicio de Dios es diferente del de los hombres. Miran los hombres lo que aparece; pero Dios considera la verdadera pureza del corazón y la sinceridad de la virtud. (S. Ambrosio, c. 11, sent. 12, Tric. T. 4, p. 315.)"

"El Señor en todo es justo, así en los peligros a que nos expone, como en las pérdidas que nos hace sufrir, y en las venganzas que ejerce sobre nosotros. No solamente lo es, por ser muy justo que cada uno reciba la pena de sus pecados, sino también porque el castigo de un pecador, sirve para la correción de ot~os muchos. (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. 66, Tric. T. 4, p. 326.)"

"Todos los que quieren vivir con piedad en Jerusalén padecerán persecución. Todos, dice, a ninguno exceptúa: y a la verdad, unos sufren persecución de la avaricia, otros de la ambición, otros de la soberbia, otros de la impureza: estos son nuestros perseguidores más peligrosos, los cuales, sin herir con la espada, penetran muchas veces nuestro corazón y comúnmente nos vencen más con sus halagos, que con el terror y la violencia; por lo que muchos que lograron la victoria en el público combate, fueron después vencidos en esta persecución secreta: nosotros, dice el Apóstol, padecemos combates en lo exterior, y en el interior penas y temores. Es molestísima guerra la que se hace dentro del hombre cuando pelea contra sí mismo y contra sus propias concupiscencias. (S. Ambrosio, in Psalm., 118, sent. 72, Tric. T. 4, p. 327 y 328.)"

"Así como hay muchas persecuciones diferentes, hay también muchos diferentes martirios. Todos los días eres testigo y mártir de Jesucristo; cuando viéndote tentado del espíritu de impureza, te resuelves por temor del juicio del Señor, a no herir la pureza de tu alma y de tu cuerpo, eres mártir. (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. 73, Tric. T. 4, p. 328.)"

"No destruiré la ciudad si hubiere en ella cincuenta justos. Por aquí entendemos qué baluarte es un justo para conservar la patria. (S. Ambrosio, de Abr., c. 15, sent. 9, Tric. T. 4, p. 395.)"

"La vida del justo es mirar como comunes las riquezas que tiene, y aun repartirlas a los necesitados, cortar de sus propias comodidades, moderar el gusto, añadir la parsimonia a la templanza, contenerse en la prosperidad, tener paciencia en las adversidades, tolerancia en el dolor, magnanimidad en los peligros, no pedir perpetua sanidad, no aterrarse con la proximidad de la muerte, no pensar que es más dichoso el que abunda en parientes, en hijos, en salud, en riquezas y alegrías, que aquel a quien todo esto falta; no pesar las felicidades por las exterioridades del siglo, sino por el mérito de la virtud de la familia. (S. Ambrosio de Jacob. sent. 16, adic., Tric. T. 4, p. 367 y 368.)"

"Para el justo no es la muerte fin de la naturaleza, sino de la culpa. (S . Ambrosio, in Psalm. 61, sent. 31, adic., Tric. T. 4, p. 403.)"

"No oye Dios sino lo que le parece cosa digna de contarse entre sus beneficios; pero oye la voz devota llena de piedad y gracia. (S. Ambrosio, in Psalm., 118, sent. 37, adic., Tric. T. 4, p. 405.)"

"Bienaventurados los que padecen hambre y sed de justicia. No basta tener simple deseo de la justicia, es preciso que apriete el hambre de aquel divino alimento: con esta expresión nos da a entender que jamás debemos creer que somos bastantes justos, sino que continuamente hemos de estar hambrientos de las obras de justicia y santidad. (S. Jerón., lib. 1, in Matth., e. 5, sent. 90, Tric. T. 5, p. 254.)"

"Dios quiere la misericordia y la verdad. Si Dios fuera solamente misericordioso, esto mismo nos inclinaría al pecado-, si solamente

amara la verdad y a la justicia, ninguno pondría su esperanza en la penitencia. Por lo cual, hay en Dios dos atributos que se atemperan el uno con el otro. Si eres pecador, recurre a la misericordia de Dios, no desesperes; haz penitencia; si eres justo, no seas negligente, porque Dios es clemente y bueno; pero también es justo y ama la verdad. (S. Jerónimo, in Psalm. 83, sent. 110, Trie. T. 5, p. 258.)"

"A un mismo tiempo nos sucede desear la venida de¡ Señor, porque siendo miserables, esperamos su misericordia; y asustamos al considerarla, porque siendo pecadores tememos su justicia. (S. Paulino, Ep. 19, ad Delph., sent. 11, Tric. T. 5, p. 33 l.)"

"Sacrificad el sacrificio de justicia. Este sacrificio no pide dinero, cuchillo, altar ni fuego para ser ofrecido; con el corazón de¡ que le ofrece se contenta Dios; para El no es obstáculo la pobreza, ni sirve de impedimento la indigencia, el lugar, ni cosa alguna exterior: en cualquier parte que os halléis podréis ofrecerle a Dios, porque en este sacrificio, vosotros solos sois el sacerdote, el altar, el cuchillo, y la hostia. Es admirable la facilidad que hay en las acciones espirituales, en las cuales no necesitamos ninguna de las cosas exteriores. (S. Juan Crisóst., Homl. in Psalm. 4, sent. 119, Tric. T. 6, p. 322.)"

"Señor, lo que no me deja temer el rigor de vuestra justicia es el que conozco la grandeza de vuestra misericordia. (S. Agust., in Psalm. 43, sent. 58, Trie. T. 7, p. 459.)"

"Con dificultad se hallará una vida inocente y justa a los ojos de aquel Señor, que todo lo juzga por las reglas puras e inviolables de su justicia. (S. Agust., in Psalm. 42, sent. 60, Tric. T. 7, p. 459.)"

"El premio de los justos es el mismo Dios: este es al que aman y quieren, y si aman otra cosa, no será casto su amor. (S. Agust., in Psalm. 72, sent. 117, Tric. T. 7, p. 465.)"

"Ninguno debe presumir de sus propios méritos, ni desconfiar de la misericordia de Dios. Jamás resplandece tanto esta divina misericordia, como cuando el pecador es santificado, y el hombre despreciado adquiere la exaltación. Las gracias del cielo no se miden por la calidad de nuestras acciones. No nos trata Dios, mientras vivimos en este mundo, entre continuas tentaciones, según nuestro mérito. Si aquí atendiera exactamente a todas nuestras iniquidades, ninguno podría sufrir el rigor de sus juicios. (S. León Papa, Serm. 1, sent. 1 Tric. T. 8, p. 382.)"

"Nuestra naturaleza mientras dura la mortalidad, aun cuando haya adelantado mucho en la virtud, es mudable: pero así como tiene en donde caer, también tiene a donde sublimarse. La verdadera justicia de los perfectos, es no presumir jamás que lo son, para que no suceda que, cesando de andar un camino que no se ha concluido, caigan en el peligro de desmayar en donde dejaron los deseos de aprovechar. Nínguno, amados míos, es tan perfecto y tan santo, que no pueda adquirir mayor perfección y santidad. (S. León, Papa,. Senu. 40, c. 1, sent. 33, Tric. T. 8, p. 389.)"

"La justicia perfecta consiste en no hacer a otros el mal que no quisiéramos que se nos hiciese a nosotros: en desear a todos los hombres lo que deseamos para nosotros, y en amar por amor de Dios, no sólo a nuestros amigos, sino también a nuestros enemigos. (S. Cesáreo de Arlés, Serm. 89, sent. 6, Tríc. T. 9, p. 45.)"

"Cuando en este mundo nos sucede alguna cosa que nos desagrada, debemos sujetar nuestra voluntad al que no puede querer cosas injustas; porque es para nosotros grande consuelo en lo que nos molesta el pensar que sucede por orden y voluntad de Aquel a quien solamente lo que es justo puede agradar. Supuesto, pues, que solamente lo que es justo puede agradar a Dios, y por otra parte padecemos lo que Dios quiere, debemos inferir que es justo lo que padecemos y que es injusto y fuera de razón murmurar en los trabajos que son tan justos. (S. Greg. el Grande, lib. 2, in Job., c. 18, sent. 4, Tric. T. 9, p. 23 l.)"

"Si los que le sirven no se han hallado firmes, y encontró Dios depravación en sus mismos Angeles, ¿cuándo más consumidos y carcomidos estarán los que habitan en casas de barro y tienen por fundamento la tierra? Como si nos dijera claramente la Escritura, si los que siempre están armados con los pensamientos de la eternidad contra las tentaciones de las cosas temporales que tienen presentes, no pueden caminar por las sendas de esta vida sin contraer alguna mancha, ¿qué estragos no padecerán los que ponen toda su alegría en los placeres y sensualidades de esta habitación de carne? Porque los que le sirven no permanecen estables: quiere decir, que aun cuando el espíritu se quiera elevar a las cosas celestiales, bien presto le abaten y disipan los pensamientos carnales y terrenos. (S. Greg. el Grande, lib. 5, e. 38, p. 17 1, sent. 13, 'Fric. T. 9, p, 234,)"

"Cuando los escogidos reconocen, examinando su vida, que en otro tiempo han pecado sin que Dios les haya enviado aflicciones, se ven sobrecogidos de( terror, y su alma se turba continuamente con el justo temor en que se hallan, de que la gracia de Dios los abandone para siempre, porque no tienen en que padecer para expiar sus culpas. Recelan que dilate durante esta vida, los efectos de su venganza, para que los sientan más severamente en la vida futura; desean padecer aquí los golpes de la correción paternal; consideran el dolor de las heridas como un remedio favorable y único para procurarles la verdadera salud. (S. Greg. el Grande, lib. 7, c. 19, p. 220, sent. 28, Tric. T. 9, p. 238 y 239.)"

"Los justos hacen reflexiones frecuentes, ya sobre la grandeza y poder del Juez eterno, y ya sobre sus pecados y su propia miseria. Por una parte hacen la revista de las culpas que cometen en todas sus acciones, y por otra aseguran los bienes que reciben de la gracia de su Criador; consideran con cuánta severidad castiga el mal, y con cuánta exactitud examina el bien; preveen que no pueden evitar la condenación si Dios los juzga sin misericordia; porque la vida que a los ojos de los hombres parece la más justa, delante de Dios es iniquidad, si su bondad no nos excusa, o si nos trata con todo rigor. (S. Greg. el Grande, lib. 8, c. 15, p. 156, sent. 34, Tric. T. 9, p. 24 l.)"

"Si los justos no reciben como grandes bienes los que les ofrece el mundo, tampoco tienen como grandes males los que les hacen en esta vida. Usando con moderación de los presentes bienes, siempre están temerosos de los males por venir, y gimiendo con la opresión de los presentes males, se consuelan con los amorosos pensamientos de los bienes futuros. De este modo toman los alivios temporales como un caminante la cama de una posada, en la que sólo por algunas horas se detiene, y esto con impaciencia continua y des--o de salir. Descansa en ella su cuerpo, pero está fuera su espíritu, porque aspira sin cesar al lugar de su destino. Por esto los justos no procuran edificar casas ni habitación permanente en un país en que se consideran como extranjeros y caminantes. Solamente desean ser felices en su patria; y así, no quieren buscar la felicidad en un país que contemplan como extraño, al mismo tiempo que los impíos y los pecadores cavan los fundamentos de sus pretensiones en la tierra con tanta profundidad, cuando más distantes se consideran de la patria celestial. (S. Greg. el Grande, lib. 8, c. 54, p. 283, sent. 40, Tric. T. 9, p. 245 y 246.)"

"Feliz y dichoso aquel que tiene las manos limpias de todo regalo, dice la Escritura. Tres especies de presentes o regalos nos prohíbe la Escritura recibir: el primero, es el presente del corazón, que consiste en la estimación humana; el segundo, es el presente de la boca, que consiste en las alabanzas y en la gloria que se recibe de los aplausos de los hombres; el tercero, es el presente de la mano, que consiste en el precio de los bienes temporales que se dan: pero el justo tiene las manos limpias de todo regalo, porque en todo cuanto hace, no pretende del corazón del hombre la vanagloria, ni de su boca la alabanza, ni de su mano gratificación; de suerte que sólo aquel no comete fraude en la obra de Dios, que ocupándose en la práctica de la virtud, no aspira a recompensas temporales, a los vanos elogios ni al favor y estimación de los hombres. (8. Greg. el Grande, lib. 9, c. 64, p. 112, sent. 44, Tric. 'E. 9, p. 247 y 248.)"

"Ejerce Dios acerca de los hombres dos especies de juicios en este mundo; porque a algunos les envía los presentes males como un principio de los eternos, a otros los castiga con los males temporales para preservarlos de los eternos. (S. Greg. el Grande, ibid., c. 45, p. 319, sent. 45, Trie. T. 9, p. 248.)"

"Es necesario velar continuamente sobre nuestras acciones y pensamientos; porque no suceda que se enrede nuestro espíritu entre una infinidad de inútiles cuidados de las cosas exteriores, o que no se llene de presunción porque los ha moderado; para que viviendo en esta vida con perpetua circunspección a vista de los severos juicios del Señor, evitemos los suplicios de la eternidad. (S. Greg. el Grande, lib. 9, c. 46, p. 336, sent. 47, Tric. T. 9, p. 248 y 249.)"

"Sí más te gusta ser mayor que ser mejor, no esperes premio, sino precipicio. (S. Bern., Ep. 27, ad Ardíct., sent. 41, Trie. T. 10, p. 324.)"

"Con el mismo hierro cortan los cirujanos la carne de los Reyes y lit (le los plebeyos. (S. Bern., I'ract. de Offic., c. 4, sent. 46, Trie. T. 10, p. 325.)"

"No puede menos de ser bueno el que agrada a los buenos o desagrada a los malos. (S. Bern., Ep. 148, sent. 59, Tric. T. 10, p. 325.)"

"Uno y otro agradan a Dios; el pecador compungido y el justo devoto; pero tanto te desagrada el justo ingrato, como el pecador confiado. (S. Beril., Serm. de Divin., n. 4, sent. 158, Trie. T. 10, p. 331.)"

"Los bienes de la conciencia reverdecen: no se secan con los trabajos, no se desvanecen con la muerte, sino que reflorecen, alegran al que vive, consuelan al que muere, y después de muerto, le dan refrigerio, y no falta en toda la eternidad. (S. Bem., Ep. 373, ad Thom. Praepos, sent. 41, adic., Trie. T. 10, p. 36 l.)"