LIBERTAD

 


Citas de la Sagrada Escritura

Nuestro Señor ha venido a darnos la verdadera libertad: Lc 4, 19.

Es el conocimiento de la verdad y el apartamiento del pecado: Jn 8, 3 1 -36.

Los que no quieren someterse a Dios se hacen esclavos de su propia carne: Rom 1, 19-32.

O hijos de Dios, o esclavos del pecado: Rom 6, 12-23.

La verdadera libertad consiste en estar en gracia y ser siervos de Dios: Rom 6, 22.

La libertad de la carne es la esclavitud del espíritu, es el pecado y la muerte; la libertad del espíritu es la sumisión y la mortificación de la carne, es la vida en Jesucristo: Rom 8, 1-2.

Sumisión a las autoridades establecidas: Rom 13, 1-7.

La caridad nos hace siervos de todos: I Cor 9, 19-23.

Jesucristo nos ha hecho libres por la fe: Cal4, 21-31.

La falsa libertad es el libertinaje: Cal 5, 13.

La verdadera libertad consiste en la práctica de la caridad: Gal 5, 13-18.

Como si sirviéramos a Nuestro Señor: Ef 6, 5-8.

San Pablo pide a los Efesios que rueguen para que él pueda, aunque preso, predicar libremente: Ef 6, 19-20.

Consejos de San Pablo a los siervos y a los señores: Col 3, 2225; 4-1.

Los pecadores son cautivos del demonio; Dios los puede traer a penitencia para que conozcan la verdad: 2 Tim 2, 25-26.

Verdadera libertad de las almas que obedecen a la gracia y al Espiritu Santo: 2 Cor 3, 17.

 


SELECCIÓN DE TEXTOS

La libertad de los hijos de Dios. Entrega

3307 No es pequeño fruto el desprecio de la gloria humana; y es entonces cuando uno está libre del yugo de los hombres (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. I, p. 380).

3308 Si estáis inclinados a la avaricia, pensad con frecuencia en la locura de este pecado, que nos hace esclavos de lo que ha sido creado para servirnos; pensad que a la muerte, en todo caso, será menester perderlo todo, dejándoselo a quien tal vez lo malversará o se servirá de ello para su ruina y perdición (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, IV, 10).

3309 Eres, al mismo tiempo, siervo y libre; siervo, porque fuiste hecho; libre, porque eres amado de Aquel que te hizo, y también porque amas a tu Hacedor (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 99, 7).

3310 El afirmar que estos enemigos se oponen a nuestro progreso, lo decimos solamente en cuanto nos mueven al mal, no que creamos que nos determinen efectivamente a él.

Por lo demás, ningún hombre podría en absoluto evitar cualquier pecado, si tuvieran tanto poder para vencernos como lo tienen para tentarnos. Si por una parte es verdad que tienen el poder de incitarnos al mal, por otra es también cierto que se nos ha dado a nosotros la fuerza de rechazar sus sugestiones y la libertad de consentir en ellas. Pero si su poder y sus ataques engendran en nosotros el temor, no perdamos de vista que contamos con la protección y la ayuda del Señor.

Su gracia combate a nuestro favor con un poder incomparablemente superior al de toda esa multitud de adversarios que nos acosan. Dios no se limita únicamente a inspirarnos el bien. Nos secunda y nos empuja a cumplirlo. Y más de una vez, sin percatarnos de ello y a pesar nuestro, nos atrae a la salvación. Es, pues, un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es a aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad (CASIANO, Colaciones, 7, 8).

3311 [...] cuando una madre se sacrifica por amor a sus hijos, ha elegido; y, según la medida de ese amor, así se manifestará su libertad. Si ese amor es grande, la libertad aparecerá fecunda, y el bien de los hijos proviene de esa bendita libertad, que supone entrega, y proviene de esa bendita entrega, que es precisamente libertad (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 30).

 

Libertad de las conciencias

3312 [...] los cristianos, comportándose sabiamente con aquellos que no tienen fe, esfuércense por difundir en el Espiritu Santo, en caridad no fingida, en palabras de verdad (2 Cor 6, 6-7), la luz de la vida con toda confianza y fortaleza apostólica, incluso hasta el derramamiento de la sangre (CONC. VAT. 11, Decl. Dignitatis humanare, 14).

3313 Es un crimen de irreligión arrebatar a los hombres la libertad de religión y prohibirles que elijan divinidad, es decir, no permitirme adorar a quien yo quiero adorar y forzarme a adorar a quien yo no quiero adorar [...]. Bien es cierto que Dios es de todos los hombres, queramos o no queramos, y a El pertenecemos todos. Pero entre vosotros está permitido adorarlo todo, menos al Dios verdadero [...] (TERTULIANO, Apologético, 24, 6 y 10).

3314 Es uno de los capitulos principales de la doctrina católica [...], que el hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios, y que, por tanto, nadie debe ser forzado a abrazar la fe contra su voluntad (CONC. VAT. II, Decl. Dignitatis humanare, 10).

3315 Hay que respetar las legitimas ansias de verdad: el hombre tiene obligación grave de buscar al Señor, de conocerle y de adorarle, pero nadie en la tierra debe permitirse imponer al prójimo la práctica de una fe de la que carece; lo mismo que nadie puede arrogarse el derecho de hacer daño al que la ha recibido de Dios (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 32).

3316 Está [...] en total acuerdo con la índole de la fe el excluir cualquier género de coacción por parte de los hombres en materia religiosa. Y por ello, el régimen de libertad religiosa contribuye no poco a fomentar aquel estado de cosas en el que los hombres puedan ser invitados a la fe cristiana, abrazarla por su propia determinación y profesarla activamente en toda la ordenación de la vida (CONC. VAT. II, Decl. Dignitatis humanae, 10).

El pecado oprime y hace esclavos

3317 No fuimos creados para la muerte, sino que morimos por nuestra culpa. La libertad nos perdió; esclavos quedamos los que aramos libres; por el pecado fuimos vencidos. Nada malo fue hecho por Dios, fuimos nosotros los que produjimos la maldad. Pero los que la produjimos somos también capaces de rechazarla (TACIANO, Discursos contra los griegos, 11).

3318 Responder que no a Dios, rechazar ese principio de felicidad nueva y definitiva, ha quedado en manos de la criatura. Pero si obra así, deja de ser hijo para convertirse en esclavo (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 34).

3319 Ya en esta vida servir a Dios es reinar. Cuando Dios libra al hombre del pecado que lo hace esclavo, lo desembaraza de toda servidumbre y lo establece en la verdadera libertad. De otro modo el hombre va siempre de desco en deseo sin calmarse jamás. Cuanto niás tiene más querrá; tratando de buscar satisfacción nunca está contento. En efecto, el que tiene un deseo está poseído por él; se vende a lo que ama; buscando la libertad, siguiendo sus apetitos con ofensa de Dios, se hace esclavo del demonio para siempre (SANTA CATALINA DE GÉNOVA, Le libre arbitre, 1. c., p. l lO-111).

3320 No pienses que aquellas hazañas son meros hechos pasados y que nada tienen que ver contigo, que los escuchas ahora: en ti se realiza su místico significado. En efecto, tú, que acabas de abandonar las tinieblas de la idolatría y deseas ser instruido en la ley divina, eres como si acabaras de salir de la esclavitud de Egipto (ORIGENES. Hom. sobre el libro de Josué, 4, 1).

3321 La primera libertad es carecer de pecados (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 41, 8).

3322 ¿Qué muerte más funesta para el alma como la libertad de errar? (SAN AGUSTIN, Epístola 105, 10).

Jesucristo nos ha ganado la verdadera libertad

3323 Jesucristo mismo, cuando compareció como prisionero ante el tribunal de Pilatos y fue preguntado por él acerca de la acusación hecha contra él por los representantes del Sanedrín, ¿no respondió acaso: Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad ? (Jn 18, 37). Con estas palabras, pronunciadas ante el juez en el momento decisivo, era como si confirmase, una vez más, la frase ya dicha anteriormente: Conoced la verdad y la verdad os hará libres (JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis, 12).

3324 Rechazad el engaño de los que se conforman con un triste vocerío: ¡libertad, libertad! Muchas veces, en ese mismo clamor se esconde una trágica servidumbre: porque la elección que prefiere el error, no libera; el único que libera es Cristo (cfr. Gal 4, 31), ya que sólo El es el Camino, la Verdad y la Vida (cfr. Jn 14, 6) (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 26).

3325 Que Dios te conquiste y ya eres libre (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 41, 10).

3326 Cristo mismo vincula de modo particular la liberación con el conocimiento de la verdad: Conoceréis la verdad, y la verdad os librará (Jn 8, 32). Esta frase atestigua sobre todo el significado intimo de la libertad por la que Cristo nos libera. Liberación significa transformación interior del hombre, que es consecuencia del conocimiento de la verdad. La transformación es, pues, un proceso espiritual en el que el hombre madura en justicia y santidad verdaderas en los diversos ámbitos de la vida social (JUAN PABLO II, Audiencia general, 21 -II-79).

Libertad y Voluntad de Dios

3327 Dios, queriendo que ángeles y hombres siguieran la voluntad de El, determinó crearlos libres para practicar el bien, dotados de razón para conocer de dónde vienen y a quién deben el ser que antes no tenían; y les impuso una ley por la que han de ser juzgados, si no obran conforme a la recta razón (SAN JUSTINO, Diálogo con Trifón, 141, 1).

3328 Nuestra Madre escucha, y pregunta para comprender mejor lo que el Señor le pide; luego, la respuesta firme: fiat (Lc 1, 38)—¡hágase en mí según tu palabra!—, el fruto de la mejor libertad: la de decidirse por Dios (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 25).

3329 Pero como nadie será salvado contra su voluntad (pues somos libres), desea que nosotros queramos el bien (SAN JERÓNIMO, Coment. sobre la Epíst. a los Efesios, 1, 1, 11).

3330 El conocimiento de los secretos del reino de los cielos es puro don de Dios y gracia concedida de lo alto. Sin embargo, no por ser don, Dios suprime la libertad (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 45).