MANSEDUMBRE


Citas de la Sagrada Escritura

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Mt 5, 4.

Aprended de Mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis reposo para vuestras almas. Mt 11, 29.

Al siervo de Dios no le conviene el altercar, sino ser manso con todos. 2 Tim 2, 24.

Amonéstales que no sean pendencieros, sino modestos, dando pruebas de mansedumbre con todos los hombres. Tit 3, 1-2.

Los frutos del Espiritu Santo son: caridad... mansedumbre... Gal 5, 22-23.

(Jesucristo), un Rey lleno de mansedumbre: Mt 21, 5.

Consejos de mansedumbre: Mt 5, 38-42; Lc 6, 27-30; EJ4, 31-32; Col 3, 12-15; 1 Pdr 3, 8-9.

Es una forma de la caridad: / Cor 13, 4-7.

Bendecid a los que os persiguen, bendecidlos y no los maldigáis. Rom 12, 14.

La falsa masedumbre de los hipócritas: Rom 16, 18.

Estemos siempre dispuestos a responder con dulzura y respeto a quien nos pida razón de la esperanza en que vivimos. I Pdr 3, 15.

Hermanos, si alguno fuere hallado en falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espiritu de mansedumbre [...]. Cal 6, 1.

Así, pues, os exhorto yo, preso en el Señor, a andar de una manera digna de la vocación con que fuisíeis llamados. Ef 4, 1.

Inclina al pobre tu oído y con mansedumbre respóndele palabras amables. Eclo 4, 8.

 


SELECCIÓN DE TEXTOS

Mansedumbre, caridad y fortaleza

3464 Te recomiendo la mansa y sincera cortesía que, sin molestar a nadie, a todos obliga; que busca el amor con preferencia al honor; que no se divierte nunca a expensas de otra persona, ni zahiere, ni rechaza, ni es rechazada, a no ser alguna vez por excepción. (SAN FRANCISCO DE SALES, Carta 8-XII-1616, I.c., p. 839).

3465 Los justos también suelen algunas veces indignarse con ra- zón contra los pecadores. Mas una cosa es lo que se hace movidos por la soberbia, y otra lo que se verifica por celo del bien: se indignan sin indignarse, desesperan sin desesperar, mueven persecución pero amando; porque, aunque exteriormente parecen extremar la represensión para corregir, interiormente conservan la dulzura en virtud de la caridad. En su corazón prefieren las más veces a aquellos mismos a quienes corrigen, y tienen como mejores a aquellos a quienes juzgan (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 34 sobre los Evang.).

3466 Quien lleva en sus ojos la viga de la indignación, ¿podrá observar serenamente la paja en el ojo de su hermano? (CASIANO, Instituciones, 8).

3467 Ser manso y humilde es la mejor custodia de la caridad (SAN AGUSTIN, Coment. Epístola a los Gálatas).

3468 Es necesario persuadirse de que no está permitido encolerizarse bajo ningún pretexto (CASIANO, Colaciones, 16).

3469 El que está en paz no piensa mal de nadie. En cambio, el descontento e inquieto es atormentado por muchas sospechas; ni descansa él ni deja descansar a los demás (Imitación de Cristo, II, 2-3).

3470 El Señor conoce más que nadie la naturaleza de las cosas: él sabe que la violencia no se vence con la violencia, sino con la mansedumbre (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 33).

3471 Bienaventurados los mansos porque ellos en la guerra de este mundo están amparados del demonio y los golpes de las persecuciones del mundo. Son como vasos de vidrio cubiertos de paja o heno, y que así no se quiebran al recibir golpes. La mansedumbre les es como escudo muy fuerte en que se estrellan y rompen los golpes de las agudas saetas de la ira. Van vestidos con vestidura de algodón muy suave que les defiende sin molestar a nadie. (F. DE OSUNA, Tercer abecedario espiritual, III, 4).

En el trato con los demás

3472 Conviene no forjarnos ilusiones. La paz de nuestro espiritu no depende del buen carácter y benevolencia de los demás. Ese carácter bueno y esa benignidad de nuestros prójimos no están sometidos en modo alguno a nuestro poder y a nuestro arbitrio. Esto seria absurdo. La tranquilidad de nuestro corazón depende de nosotros mismos. El evitar los efectos ridículos de la ira debe estar en nosotros y no supeditarlo a la manera de ser de los demás. El poder superar la cólera no ha de depender de la perfección ajena, sino de nuestra virtud (CASIANO, Instituciones, 8).

3473 Bienaventurados son los mansos porque tienen la virtud del imán, que atrae el hierro con atracción natural. No hay manera mejor de atraer y ablandar la dureza de los corazones ásperos que con la mansedumbre, como se lee del manso David, (cfr. 1 Sam 24, 17-18), que muchas veces ablandó el corazón de su gran enemigo Saúl e incluso le hizo llorar y le acercó a él con su misericordia. F. DE OSUNA, Tercer abecedario espiritual, III, 4).

3474 Era su labor profesional (de S. José) una ocupación orientada hacia el servicio, para hacer agradable la vida a las demás familias de la aldea, y acompañada de una sonrisa,de una palabra amable, de un comentario dicho como de pasada, pero que devuelve la fe y la alegría a quien está a punto de perderlas (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 51).

3475 No juzguéis y no seréis juzgados (Mt 7, 1). Al decir esto, no descarta el discernimiento y la sabiduría; lo que él llama juicio es una condenación demasiado severa (ASTERIO DE AMASES, Hom. 13; PG 40, 355).