MUERTE


Citas de la Sagrada Escritura

Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Rom 5, 12.

El estipendio del pecado es la muerte. Rom 6, 23.

Está decretado a los hombres morir una sola vez, y después el juicio. Heb 9, 27.

Bienaventurados los que mueren en el Señor; sí, dice el espíritu, para que descansen de sus trabajos, pues sus obras los acompañan. Apoc 14, 13.

Es cosa preciosa a los ojos de Yahvé, la muerte de sus justos. Sal 115, 15.

Pues sabemos que si la tienda de nuestra mansión terrena se deshace, tenemos de Dios una sólida casa, no hecha por manos de hombres, eterna, en los cielos, 2 Cor 5, 1.

Cuando se dicen: «paz y seguridad» entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores del parto a la preñada. I Tes 5, 3.

No sabéis cuál será nuestra vida mañana, pues sois humo que aparece un momento y al punto se disipa.lPdr4,14.

No queremos, hermanos, que ignoréis lo tocante a la suerte de los muertos, para que no os aflijáis como los demás que carecen de esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios (Padre) tomará consigo por Jesús a los que se durmieron en El. I Tes 4, 13.

Una es la entrada para todos en la vida, e igual la salida. Sab 7, 6.

No temas el fallo de la muerte, acuérdate de los que te precedieron y de los que te seguirán, y que éste es el juicio del Señor sobre toda carne. Eclo 41, 5.

Como vestido, se envejece toda carne, porque ésta es la ley desde el principio: que has de morir. Como las hojas verdes de un árbol frondoso, que unas caen y otras brotan, así es la generación de la carne y de la sangre: unos mueren y otros nacen. Toda obra humana se carcome, al fin acaba, y tras ella se va el que la hizo. Eclo 14, 18-20.

El número de los días del hombre, cuando mucho, son cien años; como una gota de agua en el mar, como un grano de arena, así son sus pocos años a la luz del día de la eternidad. Eclo 18, 8.

No te presentes ante el Señor con las manos vacias. Eclo 35, 6; Ex 23, 15.

- Las almas de los justos están en las manos de Dios, y el tormento no los alcanzará. A los ojos de los necios parecen haber muerto, y su partida es tenida por desdicha. Su salida de entre nosotros, por aniquilamiento; pero están en paz. Pues aunque a los ojos de los hombres fueron atormentados, su esperanza está llena de inmortalidad. Sab 3, 1-4.


SELECCIÓN DE TEXTOS

El pecado y el misterio de la muerte

3628 La muerte no es sólo una necesidad natural. La muerte es un misterio [...]. Cristo Hijo de Dios aceptó la muerte como necesidad de la naturaleza, como parte inevitable de la suerte del hombre sobre la tierra. Jesucristo acepto la muerte como consecuencia del pecado. Desde el principio, la muerte está unida al pecado [...]. Jesucristo aceptó la muerte para vencer al pecado (JUAN PABLO II, Hom. 28-111979).

El cristiano no debe tener miedo a la muerte

3629 Mi mayor bien es morir y ser llevado a Dios para que amanezca en él (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Epístola a los Romanos, 1, 2).

3630 No te perturbe el oír el nombre de muerte, antes bien, deléitate en los dones que te aporta este tránsito feliz. ¿Qué significa en realidad para ti la muerte sino la sepultura de los vicios y la resurrección de las virtudes? (SAN AMBROSIO, Trat. sobre el bien de la muerte).

3631 Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo para el que vive tranquilo con sus posesiones, para el hombre contento que prospera en todo y tiene salud para gozar de los placeres (Ecl 41, 1). Temen mucho la muerte porque aman mucho la vida de este mundo y poco la del otro. Pero el alma que ama a Dios vive más en la otra vida que en ésta, porque el alma vive más donde ama que donde anima (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 11, 10).

3632 [...] Cuando venga la muerte, que vendrá inexorable, la esperaremos con júbilo como he visto que han sabido esperarla tantas personas santas, en medio de su existencia ordinaria. Con alegría: porque, si hemos imitado a Cristo en hacer el bien—en obedecer y en llevar la Cruz, a pesar de nuestras miserias—, resucitaremos como Cristo: surrexit Dominus vere! (Lc 24, 34), que resucitó de verdad (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 21).

3633 ... Y les dijo: Retiraos, porque no está muerta la niña, sino dormida. Estas palabras [...] nos enseñan, además, que no debemos tener miedo a la muerte; porque El mismo habia de morir, y valiéndose de la muerte de otros (como sucedió también con Lázaro: Nuestro amigo Lázaro duerme), inspira confianza a sus discípulos, y les enseña a sufrir con valor la muerte. Porque desde su venida, la muerte no es más que un sueño (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. II, p. 33).

 

3634 No tiene gran importancia escapar a la muerte si es por poco tiempo y hay que morir después; pero gran cosa es escapar a la muerte de manera definitiva, como ocurre con nosotros, por quienes Cristo nuestra Pascua se ha inmolado (ORIGENES, Hom. para el tiempo Pascual).

3635 En Cristo, la muerte ha perdido su poder, le ha sido arrebatado su aguijón, la muerte ha sido derrotada. Esta verdad de nuestra fe puede parecer paradójica, cuando a nuestro alrededor vemos todavía hombres afligidos por la certeza de la muerte y confundidos por el tormento del dolor. Ciertamente el dolor y la muerte desconciertan al espíritu humano y siguen siendo un enigma para aquellos que no creen en Dios, pero por la fe sabemos que serán vencidos, que la victoria se ha logrado ya en la muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro redentor (JUAN PABLO II, Hom. 16-II-1981).

3636 No tengas miedo a la muerte.—Acéptala, desde ahora, generosamente.. ., cuando Dios quiera..., como Dios quiera.., donde Dios quiera.—No lo dudes: vendrá en el tiempo, en el lugar y del modo que más convenga..., enviada por tu Padre-Dios.—¡Bienvenida sea nuestra hermana la muerte! (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 739).

3637 El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solicitos aún de la nuestra (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la muerte, 18).

 

3638 Si tienes miedo a la muerte, ama la vida. Tu vida es Dios, tu vida es Cristo, tu vida es el Espíritu Santo Le desagradas obrando mal. No habita El en templo ruinoso, no entra en templo sucio (SAN AGUSTIN, Sermón 161).

3639 El hombre nace al mundo para el trabajo, y los elegidos pasan del mundo al descanso por la muerte (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. IV, p. 150).

3640 El mejor favor que podéis hacerme es dejar que sea inmolado para Dios, mientras el altar está aún preparado: así, unidos por la caridad en un solo coro, podréis cantar al Padre por Cristo Jesús, porque Dios se ha dignado hacer venir al obispo de Siria desde el oriente hasta occidente. ¡Qué hermoso es que el sol de mi vida se ponga para el mundo y vuelva a salir para Dios! (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Romanos, 1).

Más allá de la muerte

3641 No quedará sobre la tierra ni una señal de lo que somos: la carne cambiará de naturaleza; el cuerpo recibirá otro nombre; «incluso el nombre de cadáver no le durará por mucho tiempo; se convertirá—dice Tertuliano—en no sé qué cosa que no tiene nombre en ninguna lengua»: tan verdad es que todo muere en él, hasta los mismos términos fúnebres con los que se nombraban sus restos mortales (BOSSUET, Sermón sobre la muerte, 1. c., t. IV, p. 279).

3642 La muerte no es un punto final, es un tránsito. Al acabar nuestro viaje en el tiempo, viene el paso a la eternidad (SAN CIPRIANO, Tratado sobre la muerte, 22).

3643 Aunque mis amigos mueran, no muere mi amistad; antes bien, si algún cambio se verifica es para que renazca más viva y firme entre las cenizas, como una especie de fénix místico, pues, si bien las personas a quienes amo son mortales, lo que sobre todo amo yo en ellas es inmortal (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 112, 1. c., p. 746).

3644 Misericordiosa conducta del que socorre nuestras necesidades. Existe el propósito [...] de rehacer la casa que nos han dado: mientras que la destruye y derriba para rehacerla de nuevo, nosotros tenemos que desocuparla. El mismo nos ofrece su palacio; nos concede una habitación para que esperemos con calma la reparación completa de nuestro antiguo edificio (BOSSUET, Sermón sobre la muerte, 1. c., t. IV, p. 279).

3645 Consuélate, alma: si este divino arquitecto que ha emprendido tu reparación deja caer pieza a pieza ese viejo edificio de tu cuerpo, es que quiere devolvértelo en mejor estado, es que quiere reconstruirlo con mejor estilo: poco tiempo estará bajo el imperio de la muerte, pero no dejará nada entre sus manos excepto la mortalidad [...]. Como un viejo edificio irregular que se desecha para levantarlo de nuevo con un orden arquitectónico más hermoso, así Dios deja caer en la ruina esta carne descompuesta por el pecado y la codicia, para rehacerla a su modo y según el primitivo plan de la creación: tiene que reducirse a polvo porque ha servido al pecado (BOSSUET, Sermón sobre la muerte, 1. c., t. IV, p. 279).

 

Nos espera el Señor

3646 ¡Qué gran dignidad y seguridad, salir contento de este mundo, salir glorioso en medio de la aflicción y la angustia, cerrar en un momento estos ojos con los que vemos a los hombres y el mundo para volverlos a abrir en seguida y contemplar a Dios! (SAN CIPRIANO, Trat. a Fortunato, 13).

3647 Llegará aquel dia, que será el último y que no nos causa miedo: confiando firmemente en la gracia de Dios, estamos dispuestos desde este momento, con generosidad, con reciedumbre, con amor en los detalles, a acudir a esa cita con el Señor llevando las lámparas encendidas. Porque nos espera la gran fiesta del Cielo (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 40).

3648 Tu luz es tu Dios, él es tu aurora, porque a ti vendrá después de la noche de este mundo (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 17).

3649 El cristianismo es un programa lleno de vida. Ante la experiencia cotidiana de la muerte, de la que se hace partícipe nuestra humanidad, repite incansablemente: Creo en la vida eterna. Y en esta dimensión de vida se encuentra la realización definitiva del hombre en Dios mismo: Sabemos que... seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es (I Jn 3, 2) (JUAN PABLO II, Hom. en el cementerio de Roma, l -XI- 1979).

3650 Mi amor está crucificado y ya no queda en mi el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de un agua viva que me habla y me dice: «Ven al Padre» (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Romanos, 4, 1-2).

3651 No lo olvidéis nunca: después de la muerte, os recibirá el Amor. Y en el amor de Dios encontraréis, además, todos los amores limpios que habéis tenido en la tierra. El Señor ha dispuesto que pasemos esta breve jornada de nuestra existencia trabajando y, como su Unigénito, haciendo el bien (Hech 10, 38). Entretanto, hemos de estar alerta, a la escucha de aquellas llamadas que San Ignacio de Antioquia notaba en su alma, al acercarse la hora del martirio: ven al Padre, ven hacia tu Padre, que te espera ansioso (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 221).

La muerte revela la riqueza o la pobreza interior de cada hombre

3652 Asi como en los teatros, cuando todo se acaba y los que representan se retiran y se quitan el traje, los que antes parecían reyes o pretores aparecen ahora tal y como son con todas sus miserias, así, cuando viene la muerte y concluye el espectáculo de esta vida, depuestos los disfraces de la riqueza y de la pobreza, sólo por sus obras se juzga quiénes son verdaderamente ricos y quiénes pobres; quiénes dignos y quiénes indignos de gloria (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 249).

3653 Si uno tuviera un hermano rey y se hallara lejos de él, desearía m'archar, encontrarse y vivir con él. Siendo Cristo hermano nuestro, debemos desear estar con El, reunirnos con El [:..]. El Apóstol sentía deseos de morir y estar con Cristo; estos deseos crecen en nosotros al considerar su Encarnación (SANTO TOMAS, Sobre el Credo, 3, 1. c., p. 60).

3654 Sólo la virtud es la que acompaña a los difuntos; únicamente nos sigue la caridad [...] (SAN AMBROSIO en Catena Aurea, vol. Vl, p. 86).

 

3655 La muerte separa el alma del cuerpo, pero no cambia las disposiciones de aquélla (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. I, p. 454).

3656 Para que los hombres encuentren algo en su mano después de la muerte, deben poner antes de ella sus bienes en manos de los necesitados (SAN GREGORIO MAGNO, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 230).

 

Nuestras obras a la luz de la muerte

3657 ¿Quién se acordará y quién rogará por ti después de muerto? Ahora, ahora, hermano, haz lo que pudieras, que no sabes cuándo morirás, ni qué te acaecerá después de la muerte. Ahora que tienes tiempo, allega espirituales riquezas inmortales y no tengas demasiado cuidado, salvo de tu salvación y de las cosas de Dios. Hazte amigo de los santos, hónralos imitando sus obras, para que cuando salieras de esta vida te reciban en las moradas eternas (Imitación de Cristo, 1, 23, 7).

 

3658 Las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, que llevan cada una grabado su propio cuño (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta alos Magnesios, 1).

3659 Cuando llega el anochecer ordena a su pagador que les convoque y les dé sus jornales por el día transcurrido. El significado de esto está muy claro. El dueño de la viña es Nuestro Señor y Salvador. Nosotros somos los trabajadores. El atardecer es la hora de la muerte, cuando cada uno de nosotros recibirá la retribución por nuestro trabajo si hemos trabajado bien [...].

La hora de la muerte está bien descrita como un anochecer. En el anochecer hay algo especialmente solemne y tranquilo, que representa adecuadamente la hora de la muerte (CARD. J. H. NEWMAN, Domingo de Septuagésima, Sermón del juicio).

 

3660 Cuando viniere aquella hora postrera, de otra manera comenzarás a sentir de toda tu vida pasada, y mucho te dolerás porque fuiste tan negligente y perezoso. ¡Cuán bienaventurado y prudente es el que vive de tal manera cual desea ser hallado en la muerte! (Imitación de Cristo, 1, 23, 2).

Todos hemos de morir, y es incierto el día de la muerte

3661 Como los médicos, cuando diagnostican una enfermedad y la encuentran mortal, sentencian: «De ésta muere; no hay escape», así, desde que nace el hombre, hay que diagnosticar: «No hay escape» (SAN AGUSTIN, Sermón 92).

3662 Lo mismo muere el justo y el impío, el bueno y el malo, el limpio y el sucio, el que ofrece sacrificios y el que no. La misma suerte corre para el bueno que para el que peca. El que jura lo mismo que quien teme el juramento. De igual modo se reducen a pavesas y a cenizas hombres y animales (SAN JERÓNIMO, Epístola 39).

3663 Asistimos todos los días a la muerte de muchos, celebramos sus entierros y funerales y seguimos prometiéndonos larga vida (SAN AGUSTIN, Sermón 17).

3664 Es absolutamente cierto que llegara nuestro último día, pero ignoramos del todo cuándo, dónde y como será; sólo sabemos, como se ha dicho, que «la muerte está en el umbral de los ancianos y al acecho de los jóvenes»... Y, como está acechando, debemos prepararla mas, ya que no podemos ni verla ni librarnos de ella. Por lo tanto, la única seguridad es no considerarse nunca seguro (BEATO GUERRIC, Sermón 3. ° para el Adviento, 1. c., p. 119).

3665 ¡Oh loco!, ¿por qué piensas vivir mucho, no teniendo un día seguro? ¡Cuántos han sido engañados y sacados del cuerpo cuando no lo pensaban! ¿Cuántas veces oíste contar que uno murió a espada, otro se ahogó, otro cayó de lo alto y se quebró la cabeza, otro comiendo se quedó pasmado, a otro jugando le vino su fin? Uno muere a fuego, otro a hierro, otro con pestilencia, otro a manos de ladrones, y así la muerte es el fin de todos, y la vida de los hombres pasa como una sombra (Imitación de Cristo, I, 23, 6).

Aceptación de la muerte de las personas queridas

 

3666 [...] en las pérdidas temporales toque Dios y pulse por donde quiera, y en la cuerda que El escoja de nuestro laúd nunca dejará de producir una buena armonía. Jesús, Señor, sin reservas, sin excepción, sin limitación, hágase tu voluntad sobre padre, sobre madre, sobre hija, en todo y siempre.

Aunque Dios nos lo quite todo, nunca nos dejará sín El, mientras no lo queramos. Pero hay más; nuestras pérdidas y separaciones no son más que por breve plazo (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 19, 1. c., p. 653).

 

La vida pasa de prisa

3667 Esta renovación continua del género humano, quiero decir los niños que nacen, a medida que crecen y avanzan, parece que nos empujan por las espaldas y nos dicen: Retiraos, ahora nos toca a nosotros. Así como nosotros vemos que otros pasan, también otros nos verán pasar, y esos darán a sus sucesores el mismo espectáculo (BOSSUET, Sermón sobre la muerte, 1. c., t. IV, p. 266).

3668 Este mundo, mis hijos, se nos va de las manos. No podemos perder el tiempo, que es corto [...]. Entiendo muy bien aquella exclamación que San Pablo escribe a los de Corinto: tempus breve estl, ¡qué breve es la duración de nuestro paso por la tierra! Estas palabras, para un cristiano coherente, suenan en lo más íntimo de su corazón como un reproche ante la falta de generosidad, y como una invitación constante para ser leal. Verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar, para dar, para desagraviar (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Hoja informativa n. I, sobre el proceso de beatificación de este Siervo de Dios, p. 4).

 

Es útil considerar la realidad de la muerte y la brevedad de la vida

3669 Si así pensáramos al levantarnos cada día por la mañana, no consideraríamos que hemos de llegar vivos a la noche, y al acostarnos no tendríamos por seguro que vamos a levantarnos por la mañana; así es de incierta nuestra vida (SAN ATANASIO, Vida de S. Antonio, 19).

3670 Por no pensar con frecuencia en nuestra última hora, cometemos muchos pecados; porque si pensáramos que el Señor ha de venir y que nuestra vida ha de concluir pronto, pecaríamos menos (TEOFILO en Catena Aurea, vol. Vl, p. 111).

3671 Si alguno vive como si hubiese de morir todos los dias, porque es incierta nuestra vida por naturaleza, no pecará, puesto que el temor grande apartará la mayor parte de los malos deseos; y al contrario, el que se prometa una vida larga se llenará de ellos (SAN ATANASIO en Catena Aurea, val. VI, p. 83).

3672 El monje deberia darse al ayuno como si tuviera que vivir cien años. Y deberia refrenar las pasiones de su alma, olvidar las injurias, ahuyentar la tristeza y menospreciar el dolor y la desazón, como si tuviera que morir cada día (CASIANO, Instituciones, 5).


Muerte.- "El que murmura, el que lleva con repugnancia la adversidad y cansado de sufrirla, prorrumpe en maldiciones, este vive en el error y no sigue los movimientos del espíritu. El Señor alaba al que es manso, humano y modesto, los espíritus celestiales le declaran dichoso y los hombres hacen su elogio; pero el que es duro y soberbio, sujeto a la ira, es detestable a los ojos de Dios, ya tiene por alimento una porción de la amargura de los demonios, por vino la hiel de los dragones y por refresco el mortal veneno de los áspides. Los que tienen el corazón puro verán la gloria de Dios; los que tienen el espíritu perverso, no tendrán otro objeto que al demonio. Los que cometen delitos, los que forman malos pensamientos, los que meditan mal contra su prójimo, ellos mismos se separan de la comunión divina. Por último, las personas que se ocupan en dar realce a la hermosura con el color encarnado, y la blancura con pintarse, y las que se componen al espejo para inclinar a los hombres al mal y excitar en ellos las pasiones, encendiendo el amor impuro, serán tratadas en el día del juicio como los impíos, y castigadas por haber despreciado los preceptos de Dios. (S. Cirilo Alejand., sent. 18, Tric. T. 8, p. 103.)"

"Al que cree firmemente la resurrección de los muertos, no le aflige la misma muerte, ni perderá la paciencia en los dolores: ¿qué hay que sentir en la muerte de una persona, si no la tenemos perdida para siempre? No es más que un viaje lo que llamamos muerte, por lo

que no se debe llorar la muerte del que partió antes que nosotros, antes bien, desear seguirle; y aun este mismo deseo se debe moderar con la paciencia. El excesivo sentimiento no es una señal de la más viva esperanza; desacredita nuestra fe, y es injurioso a Jesucristo el tener por infelices y dignos de compasión a los que El llama así. (Tertuliano, lib. de la Paciencia. c. 9, sent. 11, Tric. T. 1, p. 198.)"

"¿Por qué deseamos con tanta pasión permanecer en esta vida, siendo así que cuanto más larga sea, mayor será el peso de nuestros pecados? (S. Ambrosio, c. 2, sent. 16, Tric. T. 4, p. 316.)"

-Para los que tienen grande miedo a la muerte no es grande pena el morir; antes para estos debe ser mucha pena el vivir siempre con tanto miedo de morir. La muerte, pues, no es penosa; el temor de morir es el terrible. Ahora bien, este temor está en la opinión y esta opinión proviene de la flaqueza de nuestro natural; luego es contraria a la verdad. (S. Ambrosio, c. 8, sent. 18, Tric. T. 4, p. 316.)"

"La muerte da horror y la vida mortal aflicción. (San Agust., Psalm. 78, sent. 124, Tric. T. 7, p. 466.)"

"Para el justo siempre es buena la muerte de cualquier modo que le sobrevenga. (S. Agust., Psalm. 148, sent. 177, Tric. T. 7, p. 470.)"

"Yo temo la muerte porque es amarga; tengo miedo del infierno, porque jamás se acaba; tiemblo de oír esta palabra Tártaro, porque allí no hay color; temo las tinieblas, porque están separadas de la luz; temo el venenoso gusano, porque nunca muere; temo por causa de aquellos espíritus que han de asistir a mi juicio, porque son despiadados. Cuando me represento la sentencia terrible e irrevocable de aquel día, el respetable tribunal y el Juez incorruptible, me estremezco. Me horroriza aquel río de fuego que corre delante del tribunal, y su llama penetrante que todo lo consume, y las agudas espadas. Me dan miedo las más crueles penas. Temo un suplicio que no tiene fin. Temo las cadenas que no se pueden romper, el crujido de los dientes y los llantos que no se podrán aplacar. Temo las inevitables pruebas que resultarán contra mí, porque el Juez soberano no necesita de acusadores, testigos, demostraciones, ni probanzas. El mismo Señor expone a los ojos de los culpados sus acciones, intenciones y palabras. Ninguno puede librarse de las penas, ni huir: no el padre, la madre, el hermano, la hermana, los parientes o los vecinos, los amigos o protectores, los regalos ni las riquezas, en una palabra, todo el fausto del poder, de nada servirá; por el contrario, todo se disipará como ceniza y polvo, y se quedará solo el reo para ser condenado o absuelto según sus accio

nes. ¡Ay infeliz de mí, verdaderamente infeliz! Siento mi conciencia que me reprende, y todas las escrituras que claman: miro los abominables y vergonzosos delitos que tú has cometido. Así es, ¡ay de mí! que he profanado el templo de mi cuerpo y causado dolor a vuestro Espíritu Santo. ¡Oh Dios mío! Vuestras obras son sin acepción de personas, vuestros juicios son justos, vuestros caminos rectos, vuestras intenciones impenetrables. Yo padezco eternamente por el contento pasajero, de un pecado; me abraso por haber procurado placeres a mi cuerpo; reconozco la justicia de vuestros juicios; Vos me llamábais, y yo no obedecía; me dábais preceptos, y yo no atendía; me advertíais, y yo me reía de vuestras advertencias; leía y adquiría algunos conocimientos, y los creía; pero todo lo ejecutaba con negligencia, pereza y flojedad; me entregaba ciegamente a diferentes ocupaciones, cuidados y disputas, y triunfando en el seno de la pereza, me abandonaba todo a los excesos y gustos; he pasado mis años, meses y días y he empleado todo mi trabajo y ocupación en las cosas caducas y perecederas; jamás consideraba y reflexionaba el temor, el terror, el combate, la inquietud en que había de hallarse el alma cuando se separa del cuerpo. (S. Cirilo Alejad., sent. 15, Tric. T. 8, p. 100, 101 y l02.)"

"¡Oh hermanos míos! Considerad cuál será nuestro estado cuando cada uno de nosotros haya de dar cuenta de las acciones que haya hecho, así grandes como pequeñas: porque delante de aquel Juez tendremos que exponer hasta las palabras inútiles. ¿Qué será de nosotros en aquella hora? Pero si tenemos a nuestro Dios propicio, ¿qué alegría no sentiremos al vernos colocados a la diestra del Rey? ¿Cuáles serán los sentimientos de gratitud a vista de aquel inefable placer, cuando el Rey de los Reyes diga con aire de benevolencia a los que están a su derecha: Bienvenidos seáis, benditos de mi Padre; poseed el Reino que os está preparado desde el principio del mundo. Entonces entraremos en la posesión de aquellos bienes que los ojos no vieron, ni los oídos oyeron, ni el corazón del hombre los ha llegado a comprender: en una palabra, poseeremos todos los bienes que Dios ha preparado para sus amigos. (San Cirilo Alejandr., ibid., sent. 16, Tric. T. 8, p. l02.)"

"Es necesario practicar la máxima que nos enseñó San Pablo. Dice, que Jesucristo murió por todos, para que los que viven, no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. Pasaron las antiguas figuras: ya todo es nuevo; ninguno, pues, conserve las ante

riores costumbres ni haga una vida camal: procuremos hacer cada día nuevos progresos en la virtud, y renovarnos con las acciones de piedad y devoción; entretanto que el hombre vive sobre la tierra, siempre puede ser mejor; el no adelantar en la virtud, es volver atrás; el que nada adquiere de nuevo, algo pierde de lo que tenía. (S. León, Papa, Serm. 57, sent. 47, Tric. T. 8, p. 393 y 394.)"

"En todo hombre que se muda pasando de un estado a otro se puede mirar como fin el no ser lo que antes era, y como nacimiento el ser lo que antes no era. Pero importa mucho el ver para quién se vive o se muere, porque hay una muerte que es principio de nueva vida, y otra que es principio de peor muerte: debemos, pues, morir, respecto al diablo, y vivir para sólo Dios. Hemos de morir en cuanto a la iniquidad y resucitar para la justicia. (S. León, Papa, Serm. 69, sobre la Resurrec., sent. 57, Tric. T. 8, p. 396.)"

"Si creemos, amados míos, en el corazón lo que confesamos con la boca, nosotros fuimos con Jesucristo crucificados, muertos y sepultados con El, y también resucitados en el mismo tercero día. Por lo que dice el Apóstol: Si resucitásteis con Cristo, buscad las cosas que están arriba, en donde Jesucristo está sentado a la diestra de Dios Padre. Verdaderamente habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo aparezca, que es vuestra vida, entonces también vosotros apareceréis con El en la gloria. Mas para que conozcan los fieles que tienen motivo para elevarse a la superior Sabiduría con desprecio de las concupiscencias del mundo, el mismo Señor nos promete su presencia, y dice: Advertid que estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo. No en vano había dicho el Espíritu Santo por Isaías: Una Virgen concebirá y parirá un Hijo, cuyo nombre será Ernmanuel; esto es, Dios con nosotros. Cumple Jesús con la propiedad de su nombre, y el que subió a los cielos, no desamparó a los hijos adoptivos. El que está sentado a la diestra del Padre habita en todo el cuerpo de los fieles, y el mismo que acá conforta por la paciencia, desde arriba nos convida a la gloria. (S. León, Papa, Serm. 72, sent. 60, Tric. T. 8, p. 397.)"

"Quiso el Señor que se nos ocultase el tiempo de nuestra muerte, para que la misma incertidumbre de aquel momento nos obligase a estar siempre bien dispuestos. (S. Greg. el Grande, lib. 12, c. 38, p. 408, sent. 56, Tric. T. 9, p. 25 l.)"

"Hipócrates enseña a salvar la vida, en el mundo, y Cristo a perderla. (S. Bem., Serm. 3 1, sent. 143, Tric. T. 10, p. 330.)"