ORACION


Citas de la Sagrada Escritura

1. Oración de Jesucristo

Oración del Señor en la intimidad con su Padre: Mt 14, 23; 11, 25-26; Lc 6, 12, etc.

Oración de Jesús por sí mismo: Mc 14, 35-36; Lc 23, 34-36.

Oración por sus apóstoles y futuros discipulos: Lc 22, 32; Jn 17, 14.

La intercesión del Señor tiene carácter permanente: Heb 7, 25.

Junto a la oración personal la oración Litúrgica: Mc 14, 26.

Usó de pasajes de los salmos para expresar una oración personal: Mt 27,46 (Sal 22,2); Lc 23,46 (Sal 31).

2. Oración del cristiano

Necesaria para resistir la tentación: Mt 26, 41.

Para obtener los dones necesarios: Jn 4, 10; 6, 27.

Oración individual, en el secreto de la casa: Mt 6, 5-ó.

Oración colectiva. Mt 19-20.

Debe ser discreta: Mt 6, 7-8 (cfr. 1 Re 18, 26-29; Is 1, 15).

Debe ser humilde: Lc 18, 9-14.

Perseverante: Lc 11, 5-8; 18, 1 -8.

Confiada: Mc 11, 23.

El Señor nos concederá también lo indispensable para la vida material: Mt 7, 7-11; Lc 11, 9-13.

3. La oración de la Iglesia

Los Apóstoles, unidos en la oración para recibir el Espíritu Santo: Hech 1, 1.

Fundamento de la Iglesia: Hech 1, 24-26; 6, 6, etc.; 1 Tim 2, 8; Apoc 6, 9-14.

Oración constante de acción de gracias: I Cor 1, 4; Flp 1, 9.

Se dirige al Padre por Jesucristo: Ef 5, 20.

Doxologías e himnos litúrgicos: Flp 2, 6-11; I Tim 1, 17.

Los Apóstoles exhortan continuamente a los cristianos a cuidar la oración: Rom 12, 12; Col 14, 2; I Pdr 4, 7; Sant 5, 16.

San Pablo se encomienda a las oraciones de los fieles: Rom 15, 30.

Los tiene continuamente presentes en sus oraciones: Rom 1, 9-10; Ef 1, 16; Col4, 12; i Tes 1, 2.

Los Sacramentos, especialmente la Penitencia y la Sagrada Eucaristía, encuentros íntimos con el Señor: Mt 9, 2-8; Jn 8, 10-11; Jn 6, 56.


SELECCIÓN DE TEXTOS

Qué es la oración

 

3736 No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (SANTA TERESA, Vida, 8, 2).

3737 La oración es la elevación del alma hacia Dios y la petición de lo que se necesita de Dios (SAN PEDRO DAMIAN, en Catena Aurea, vol. III, p. 304).

3738 (La oración es) la elevación de la mente a Dios para pedirle cosas convenientes (SAN JUAN DAMASCENO. Sobre la fe, 3).

3739 Oración mental es ese diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad. Una meditación que contribuye a dar valor sobrenatural a nuestra pobre vida humana, nuestra vida diaria corriente (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 119).

 

3740  La oración es la elevación de nuestro corazón a Dios, una  dulce conversación entre la criatura y su Criador (SANTo CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

3741 La adoración es el acto por el que uno se dirige a Dios con   ánimo de alabarle (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 14).

3742 La oración es el acto propio de la criatura racional (SANTO  TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 83, a. 10).

3743 La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de  nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por tanto, no podemos menos de abandonarnos a El, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza [...]. La oración es, ante todo, un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dado la vida por amor. La oración es un diálogo misterioso, pero real, con Dios, un diálogo de confianza y amor (JUAN PABLO II, Aloc. 14-III-1979).

Necesidad de la oración

3744 Vuestro Dios está siempre cerca de vosotros, y aun dentro de vosotros: en él tenemos vida, movimiento y ser (Hech 17, 28). Aquí no le sale al paso un portero a quien desee hablarle; a Dios le gusta que tratéis familiarmente con él. Tratad con él vuestros asuntos, vuestros proyectos, vuestros trabajos, vuestros temores y todo lo que os interese. Hacedlo sobre todo con confianza y el corazón abierto, porque Dios no acostumbra a hablar al alma que no le habla; si ésta no se acostumbra a conversar con él, comprenderá muy poco su lenguaje cuando le hable (SAN ALFONSO M. a DE LIGORIO, Cómo conversar continua y familiarmente con Dios, 1. c., volt I, pp. 316-317).

 

3745 ¿Quién de nosotros podrá oír, sin llorar de compasión, a  esos pobres cristianos que se atrever a deciros que no tienen tiempo para orar? ¡Pobres ciegos! ¿Qué obra es más preciosa, la de trabajar por agradar a Dios y salvar el alma, o la de dar de comer al ganado de las cuadras, o bien llamar a los hijos o sirvientes para enviarlos a remover la tierra o el estercolero? ¡ Dios mío, cuán ciego es el hombre!... ¡No tenéis tiempo!, mas, decidme, ingratos, si Dios os hubiese enviado la muerte esta noche, ¿habriais trabajado? Si Dios os hubiese enviado tres o cuatro meses de enfermedad, ¿habriais trabajado? (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

3746 El sendero, que conduce a la santidad, es sendero de oración; y la oración debe prender poco a poco en el alma, como la pequeña semilla que se convertirá más tarde en árbol frondoso (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 295).

3747 De lo que yo tengo experiencia puedo decir, y es que por males que haga quien la ha comenzado (la oración) no le deje; pues es el medio por donde puede tornarse a remediar, y sin ella será muy más dificultoso (SANTA TERESA, Vida, 8, 2).

3748 Todos los males que nos agobian en la tierra vienen precisamente de que no oramos o lo hacemos mal (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

3749 Es, pues, por la oración por la que todos los santos no sólo se han salvado, sino que han llegado a ser santos. Los condenados se han condenado por no haber orado; si hubieran orado no se hubieran condenado (SAN ALFONSO M. a DE LIGORIO, Del gran medio de la oración).

3750 La oración es el medio necesario y seguro para conseguir la salvación y para obtener todas las gracias necesarias para conseguirla (SAN ALFONSO M a DE LIGORIO, Del gran medio de la oración).

3751 Todo hombre está obligado a orar por el hecho de que está obligado a procurarse los bienes espirituales, que no le pueden venir sino de Dios y no pueden serle dados sin que él los pida (SANTO ToMAS, Coment. Libre I V Sentencias d. 15q.4a. 1 ad3).

3752 Sin este cimiento fuerte (de la oración) todo edificio va falso (SANTA TERESA, Camino de perfección, 4, 5).

3753 Si la oración no mantiene este edificio y sostiene todas sus partes conjugándolas entre si, no podrá ser firme y sólido, ni subsistir por mucho tiempo (CASIANO, Colaciones, 9).

3754 Aquel que ora, ciertamente se salva, y quien no ora, ciertamente se condena (SAN ALFONSO M. a DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento).

3755 Vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo agranda y  lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, es un rebose del paraiso Jamás nos deja sin alguna dulzura. Es una miel que desciende sobre el alma y lo endulza todo. Las penas se deshacen ante una oración bien hecha, como la nieve ante el sol (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre /a oración).

3756 Siempre que sentimos en nuestro corazón deseos de mejorar, de responder más generosamente al Señor, y buscamos una guia, un norte claro para nuestra existencia cristiana, el Espiritu Santo trae a nuestra memoria las palabras del Evangelio: conviene orar perseverantemente y no desfallecer (Lc 18, 1). La oración es el fundamento de toda la labor sobrenatural; con la oración somos omnipotentes y, si prescindiésemos de este recurso, no lograriamos nada (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 238).

Poder de la oración

3757 La oración era entonces, como hoy, la única arma, el medio más poderoso para vencer en las batallas de la lucha interior: ¿ hay entre vosotros alguno que está triste? Que se recoja en oración (Sant 5, 13). Y San Pablo resume: orad sin interrupción (I Tes 5, 17), no os canséis nunca de implorar (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 242).

3758 Orad, orad, orad; la oración es la llave de los tesoros de  Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda lucha por el bien y contra el mal. ¿Qué no puede la oración, adorando, propiciando, suplicando, dando gracias? (Pio XII, Aloc. 4-9-1940).

3759 Elias, después de estar cerrado el cielo a los impios durante  tres años y tres meses, lo abrió de nuevo con su palabra divina; y esto mismo hace siempre el que con su oración obtiene para el alma la lluvia antes denegada a los hombres por sus pecados (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 14).

3760 Con la oración todo lo podéis, sois dueños, por decirlo asi, del querer de Dios (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la perseverancia)

3761 Cuando hablamos con Dios en la oración el Hijo está unido a nosotros, y cuando ruega el cuerpo del Hijo lo hace unido a su cabeza; de este modo, el único Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tiempo es a El a quien dirigimos nuestra oración.
Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios. (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 85).

3762 Los grandes prodigios que Samuel realizó, según las Escrituras, mediante la oración, los pueden realizar también ahora cualquiera de los que están verdaderamente dedicados a Dios (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 13).

3763 Sin la oración de Esteban, la Iglesia no tendría a Pablo (SAN AGUSTIN, Sermón 382).

3764 No nos extrañe, pues, que el demonio haga todo lo posible para movernos a dejar la oración o a practicarla más, pues sabe mejor que nosotros cuán temible sea ella al infierno y cómo es imposible que Dios pueda denegarnos lo que le pedimos al orar. ¡Cuántos pecadores saldrian del pecado, si acertasen a recurrir a la oración! (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

Cómo orar

3765 Ha de hacer cuenta el que comienza, que comienza a hacer un huerto en tierra muy infructuosa, que lleva muy malas hierbas, para que se deleite el Señor. Su Majestad arranca las malas hierbas, y ha de plantar las buenas. Pues hagamos cuenta que está ya hecho esto cuando se determina a tener oración un alma, y lo ha comenzado a usar. Y, con ayuda de Dios, hemos de procurar, como buenos hortelanos, que crezcan estas plantas y tener cuidado de regarlas, para que no se pierdan, sino que vengan a echar flores que den de si gran olor, para dar recreación a este Señor nuestro, y así se venga a deleitar muchas veces a este huerta y a holgarse entre estas virtudes (SANTA TERESA, Vida, 11, 2).

3766 En cuanto al lugar, hay que saber que todo lugar es apto  para que haga oración quien bien ora: Of reced en todo lugar a mi nombre un sacrificio humeante, dice el Señor; y Quiero que los hombres oren en todo lugar. Para practicar las devociones con más tranquilidad y menos expuestos a distracción se puede, si es cómodamente factible, elegir en las casas particulares un determinado lugar a ello destinado, un recinto por asi decir más santo, y alli hacer la oración (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 30).

3767 Me ha parecido necesario exponer estas cosas al considerar  el lugar de la oración y al establecer que el mejor lugar para ella es el de las asambleas de los santos que se congregan piadosamente en la iglesia (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 6).

3768 Dediquemos a esta norma de piedad un tiempo suficiente;  a hora fija, si es posible. Al lado del Sagrario, acompañando al que se quedó por Amor. Y si no hubiese más remedio, en cualquier parte, porque nuestro Dios está de modo inefable en nuestra alma en gracia (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 249).

3769 No son menester fuerzas corporales para ella, sino sólo  amar y costumbre; que el Señor da siempre oportunidad si queremos (SANTA TERESA, Vida, 7, 4).

3770 En la oración, si podemos hablar al Señor, hablémosle,  alabémosle, roguémosle, escuchémosle. Si no podemos hablar con El porque estamos afónicos, permanezcamos en la estancia y hagámosle reverencia; alli nos verá, agradecerá nuestra paciencia y recompensará nuestro silencio. Un dia en que nos hallemos desvanecidos, nos dará la mano, platicará con nosotros y dará en nuestra compañia cien vueltas por las avenidas de su jardin; pero, en tanto que no lo haga, conformémonos con que nuestro deber sea ir en su busca, pensando que ya es gracia muy señalada y honor demasiado alto el que nos sufra en su presencia (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 149, 1. c., p. 784).

3771 Será útil el recuerdo de Dios que está presente y que capta todos los movimientos, aun los más leves, del alma, mientras ésta se dispone a sí misma para agradar a quien sabe que está presente, y que va y examina el corazón, y que escruta las entrañas (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 8).

3772 Pensar y entender lo que hablamos y con quién hablamos y quién somos los que osamos hablar con tan gran Señor; pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le habemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración mental; no penséis que es otra algarabía ni os espante el nombre (SANTA TERESA, Camino de perfección, 25, 3).

3773 Al principio costará; hay que esforzarse en dirigirse al Señor, en agradecer su piedad paterna y concreta con nosotros. Poco a poco el amor de Dios se palpa—aunque no es cosa de sentimientos—, como un zarpazo en el alma. Es Cristo, que nos persigue amorosamente: He aqui que estoy a tu puerta, y llamo (Apoc 3, 20) (J. ESCRIVÁ DE BALACUER, Es Cristo que pasa, 8).

3774 Conténtese el hombre con hacer buenamente lo que es de su parte, que es hallarse presente a lo que el Señor padeció, mirando con una vista sencilla y sosegada, y con un corazón tierno y compasivo y aparejado para cualquier sentimiento que el Señor le quisiere dar, lo que por El padeció, más dispuesto para recibir el efecto que su misericordia le diere, que para exprimirlo a fuerza de brazos. Y esto hecho, no se acongoje por lo demás, cuando no le fuere dado (SAN PEDRO DE ALCANTARA, Trat. de la oración y meditación, I, 12, aviso 3°).

3775 Es sumamente provechoso al pretender hacer oración ponerse—durante toda ella—en actitud de presencia de Dios y hablar con El como con quien está presente y lo ve (ORIGENES, Trat sobre la oración, 8).

3776 Que le oigamos dentro de nuestro corazón, que le escuchemos con aquella atención que pedía Jesús cuando dijo: el que tenga oidos que oiga (SAN AGUSTIN, Sermón 25).

3777 Si no era acabando de comulgar, jamás osaba comenzar a  tener oración sin libro; que tanto temía mi alma estar sin él en oración, como si con mucha gente fuera a pelear Con este remedio, que era como una compañía o escudo en que había de recibir los golpes de los muchos pensamientos, andaba consolada (SANTA TERESA, Vida, 4, 7).

3778 Puede representarse delante de Cristo y acostumbrarse  a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad, y traerle siempre consigo, y hablar con El, pedirle para sus necesidades y quejársele de sus trabajos, alegrarse con El en sus contentos y no olvidarle por ellos; sin usar oraciones compuestas, sino palabras conforme a sus deseos y necesidad. Es excelente manera de aprovechar, y muy en breve; y quien trabajare para traer consigo esta preciosa compañia, y de veras cobrase amor a este Señor a quien tanto debemos, yo le doy por aprovechado. Para esto no se nos ha de dar nada de no tener devoción —como tengo dicho—, sino agradecer al Señor que nos deja estar deseosos de contentarle, aunque sean pocas las obras. Este modo de traer a Cristo con nosotros aprovecha en todos los estados, y es un medio segurisimo para ir adelantando. (SANTO TERESA, Vida, 12).

3779 Antes que entremos en la meditación es necesario aparejar  el corazón para este santo ejercicio, que es como quien templa la vihuela para tañer (SAN PEDRO DE ALCANTARA, Trat. de la oración y meditación, 1, 5).

3780 De los que comienzan a tener oración, podemos decir son  los que sacan el agua del pozo, que es muy a su trabajo, como tengo dicho, que han de cansarse en recoger los sentidos, que como están acostumbrados a andar derramados, es harto trabajo (SANTA TERESA, Vida, 11, 3).

3781 No calles, no guardes silencio en su presencia. Háblale para que también El te hable (SAN BERNARDO, Hom. en la Natividad de la B. Virgen Maria, 15).

3782 Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este  glorioso Santo (S. José) por maestro y no errará en el camino (SANTA TERESA, Vida, 6, 3).

Distracciones y dificultades en la oración.

3783 Creo, pues, que si el que va a la oración se recoge un instante y se compone a sí mismo, se hallará más dispuesto y atento a lo largo de toda la oración. Igualmente, si todas las angustias de su alma y los pensamientos perturbadores los echa fuera y se esfuerza con todo interés en recordar la majestad de Aquel a quien se va a acercar y qué impío es presentarse a El con laxitud, abandono y casi desprecio. Finalmente, si aparta toda cosa ajena a la oración, viniendo a orar en esta forma; extendiendo, por así decir, el alma ante las manos; dirigiendo, más que los ojos, la mente a Dios; antes de ponerse en pie, levantando de la tierra la razón y poniéndose en presencia del Señor de todo; rechazando en fin todo recuerdo de las injurias que crea haber recibido de parte de otro [...] (ORIGENES, Ttat. sobre la oración, 30).

3784 Siempre es bueno separarse de la vanagloria, especialmente cuando se está en oración (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt I, p. 346).

3785 El que no ora más que cuando está de rodillas, ora muy poco. Pero quien, estando de rodillas, se abandona a todas las distracciones, no ora nada en absoluto (CASIANO, Colaciones, 10).

3786 No me estéis hablando con Dios y pensando en otras cosas, que esto hace no entender qué cosa sea oración mental (SANTA TERESA, Camino de perfección, 22, 8).

3787 A medida que nos entregamos a la oración, las mismas cosas que hicimos con gran complacencia las tenemos que sufrir más tarde en nuestras oraciones como inoportunas y violentas [...]. Pero cuando insistimos vehementemente en nuestra oración, paramos en nuestra alma a Jesús que pasa; pues se dice en el Evangelio: Mas deteniéndose Jesús, mandó que se condujese al cielo a su presencia. Ved que se detiene el que antes pasaba, porque mientras que en la oración consentimos a las turbas de fantasmas, sentimos en cierto modo a Jesús que pasa; pero cuando insistimos con vehemencia en la oración, Jesús se detiene para restituir la luz porque Dios se detiene en el corazón y éste recupera la luz que habla perdido (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).

3788 El corazón, como saben los que entran en él, es todo puertas, y necesita de muchos porteros, y que todos despidan con ese no, cuyo valor conocen más los que más se recogen, porque en este caso del recogimiento ese no afirma más que niega. (F. DE OSUNA, Tercer abecedario espiritual, VII, 8).

3789 Y si [...] te inquietaren los pensamientos, y tú todavía  perseverantemente les resistieres e hicieres lo que es en ti, debes tener por cierto que mucho más terreno ganas en esta resistencia que si estuvieras gozando de Dios a todo sabor (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso, 4°).

3790 Muy muchas veces, algunos años, tenla más cuenta con  desear se acabase la hora que tenía por mí de estar y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no sé qué penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oración (SANTA TERESA, Vida, 8, 3).

3791 Contra la tentación de los pensamientos importunos que  nos suelen combatir en la oración, el remedio es pelear varonil y perseve'rantemente contra ellos, aunque esta resistencia no ha de ser con demasiada fatiga y congoja de espíritu, porque no es este negocio tanto de fuerza cuanto de gracia y humildad (SAN PEDRO DE ALCANTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso 4°).

3792Apenas nos demos cuenta de que nuestro espiritu se distrae, es necesario ponerse de nuevo ante la presencia de Dios, humillarnos ante la divina Majestad, y no dejar nunca la oración porque no experimentemos gusto al orar. Por el contrario, hemos de pensar que, cuanta más pesadez sintamos, más meritoria será nuestra oración a los ojos de Dios, si perseveramos en ella siempre con la intención de agradarle. Refiérese en la historia que, en cierta ocasión, un santo decia a otro santo: «¿A qué será debido que, mientras oramos, nuestro espiritu se llena de mil pensamientos ajenos, los cuales quizá no nos acudirian, si no estuviésemos ocupados en la oración?» El otro le contestó: «Ello no es extraño, amigo mio: ante todo, el demonio prevé las abundantes gracias que por la oración podemos alcanzar, y, por consiguiente, desespera de ganar a una persona que ore debidamente; además, cuanto mayor es el fervor con que oramos más excitamos su furor» (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

3793 ¿Cómo deseas ser oido por el Señor, cuando tú mismo no te oyes? (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, volt 1, p. 348).

3794 Es como llegarnos al fuego, que aunque le haya muy grande, si estáis desviadas y escondéis las manos mal os podéis calentar, aunque todavia da más calor que no estar a donde no hay fuego. Mas otra cosa es querernos llegar a él, que si el alma está dispuesta—digo que esté con deseo de perder el frio—y se está alli un rato, queda para muchas horas con calor (SANTA TERESA, Camino de perfección, 35, 1)

 

3795 Aprovecha también considerar que ni el demonio ni otra cosa es poderosa para nos dañar, sin licencia de Nuestro Señor. También aprovecha considerar que tenemos al Angel de nuestra guarda a nuestro lado, y en la oración mejor que en otra parte, porque alli existe él para nos ayudar y llevar nuestras oraciones al cielo y defendernos del enemigo, que nos puede hacer mal (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso 5°).

3796 Para que la mente no se altere con pensamientos extraños, conviene durante el tiempo de la oración olvidar todos aquellos asuntos ajenos a la misma (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 9).

3797 ¿Que no ganáis nada en la oración? Mostrad a Dios vuestra miseria. La más bella introducción de los mendigos es descubrir a nuestros ojos sus úlceras e indigencia. Pero, a veces, según me decis, ni a eso llegáis, sino que permanecéis como fantasma o estatua. No es poco. En los palacios de los reyes y los principes se colocan estatuas, que no sirven más que para deleitar la vista del monarca; contentaos con servir de eso en presencia de Dios. El animará la estatua cuando quiera (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 149, 1. c., p. 784).

3798 Cuando hagas oración haz circular las ideas inoportunas,  como si fueras un guardia del tráfico; para eso tienes la voluntad enérgica que te corresponde por tu vida de niño. —Detén, a veces, aquel pensamiento para encomendar a los protagonistas del recuerdo inoportuno. ¡Hala!, adelante... Asi, hasta que dé la hora.—Cuan~do tu oración por este estilo te parezca inútil, alégrate y cree que has sabido agradar a Jesús (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 891).

3799 En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el  espiritu señor, sino esclavo; y asi no me podia encerrar dentro de mi, que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración, sin encerrar conmigo mil vanidades (SANTA TERESA, Vida, 7, 6).

 

La oración da sentido a la vida en cualquier circunstancia

3800 Es solamente en la oración, en la intimidad del diálogo  inmediato y personal con Dios, que abre los corazones y las inteligencias (cfr. Hech 16, 14), donde el hombre de fe puede ahondar en la comprensión de la voluntad divina respecto a su propia vida (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, pp. 92-93).

3801 [...] oración constante, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Cuando todo sale con facilidad: ¡gracias, Dios mío! Cuando llega un momento dificil: ¡Señor, no me abandones! Y ese Dios, manso y humilde de corazón (Mt 11, 29), no olvidará nuestros ruegos, ni permanecerá indiferente, porque El ha afirmado: pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá (Lc 11, 9) (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 247).

3802 La Iglesia ora y quiere orar para responder a las necesida-  des que na'cen de lo más profundo del hombre, que a veces está sumamente agobiado y acosado por las condiciones contingentes de la vida diaria, por todo lo que es temporal,la debilidad, el pecado, el abatimiento, y una vida que parece no tener sentido. La oración da sentido a toda la vida en cada momento y en cualquier circunstancia (JUAN PABLO II, Aloc. 23-10-1978).

3803 Por muchas que sean las penas que experimentemos, si oramos, tendremos la dicha de soportarlas enteramente resignados a la voluntad de Dios; y por violentas que sean las tentaciones, si recurrimos a la oración, las dominaremos (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

3804 La verdadera prueba del hombre no es el gusto de la oración, sino la paciencia de la tribulación, la abnegación de sí mismo y el cumplimiento de la divina voluntad, aunque para todo esto aprovecha grandemente así la oración como los gustos y consolaciones que en ellas se dan (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, II,5).

3805 En tiempos pasados, la oración liberaba del fuego, de las bestias, de la falta de alimento, y sin embargo no había recibido aún de Cristo su forma propia.

¡Cuánta más eficacia no tendrá, pues, la oración cristiana! Ciertamente, no hace venir el rocío angélico en medio del fuego, ni cierra la boca de los leones, ni transporta a los hambrientos la comida de los segadores (como en aquellos casos del Antiguo Testamento); no impide milagrosamente el sufrimiento, sino que, sin evitarles el dolor a los que sufren, los fortalece con la resignación, con su fuerza les aumenta la gracia para que vean, con los ojos de la fe, el premio reservado a los que sufren por el nombre de Dios (TERTULIANO, Trat. sobre la oración, 28-29).

3806 Hemos de orar con frecuencia, pero debemos redoblar nuestras oraciones en las horas de prueba, en los momentos en que sentimos el ataque de la tentación (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

Oración continua

3807 El saludo es cierta especie de oración (SANTO TOMÁS, en Catena Aurea, vol. I, p. 3341. )

3808 Toda la jornada puede ser tiempo de oración: de la noche  a la mañana y de la mañana a la noche. Más aún: como nos recuerda la Escritura Santa, también el sueño debe ser oración (cfr. Dt 6, 6 y 7) (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 119).

3809 La oración no consiste sólo en las palabras con que invocamos la clemencia divina, sino también todo lo que hacemos en obsequio de nuestro Creador movidos pbr la fe (SAN BEDA, Coment. Evang. S. Marcos).

3810 Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios ....Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón, que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar dia y noche (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 6 sobre la oración).

3811 La oración no es el efecto de una actitud exterior, sino que  procede del corazón. No se reduce a unas horas o momentos determinados, sino que está en continua actividad, lo mismo de dia que de noche. No hay que contentarse con orientar a Dios el pensamiento cuando se dedica exclusivamente a la oración; sino que, aun cuando se encuentre absorbida por otras preocupaciones [...] hay que sembrarlas del deseo y el recuerdo de Dios [...] (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. 6 sobre la oración).

3812 Pero ¿vamos a tener siempre hincadas las rodillas, inclinado el cuerpo, las manos levantadas, porque San Pablo diga: orad sin interrupción? Si en eso consiste la oración, creo que no podemos hacerla sin interrupción. Hay otra oración interior e ininterrumpida: el deseo. Hagas lo que hagas, si deseas el reposo del cielo, no ceses de orar. Por eso, si no quieres dejar de orar, no dejes de desear. Tu continuo deseo será como un clamor ininterrumpido. Y si dejas de amar, caerás en el mutismo (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 37).

3813 Se dice de nuestros hermanos de Egipto que dicen frecuentes oraciones pero muy cortas, y jaculatorias pronunciadas de modo secreto, temerosos de que la atención, que tan necesaria es al que ora, no puede prolongarse mucho tiempo con fervor (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, volt I, p. 349).

3814 Ora sin cesar el que a las obras debidas une la oración, y a la oración une las obras convenientes; pues la recomendación orad sin cesar la podemos considerar como un precepto realizable únicamente si pudiéramos decir que la vida toda de un varón es una gran oración continuada (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 12).

3815 Mientras mantenemos esta habitual entrega amorosa a Dios y a su voluntad, estamos orando también con nuestro trabajo, con nuestros sacrificios y nuestros sufrimientos, aunque no realicemos actos de oración y no pensemos en orar. Sólo en virtud de ese modo estable de ser del alma nos es posible el orar sin interrupción (1 Tes 5, 17), el orar siempre que nos exige el Señor (Lc 18, 1). Hay momentos en que debemos concentrar la atención en el trabajo y no podemos pensar al mismo tiempo en Dios y en las cosas divinas; esto nos ocurre continuamente a través de la jornada; pero, no obstante, en virtud de esa disposición habitual del alma, de esa unión con Dios, de ese ánimo de hacerlo y sufrirlo todo por Dios, estamos orando ininterrumpidamente (B. BAUR. En la intimidad con Dios, p. 174).

 

El Señor está atento siempre a nuestra oración

3816 La oración que sale con toda pureza de lo intimo de la fe se eleva como el incienso desde el altar sagrado. Ningún otro aroma es más agradable a Dios que éste; este aroma debe ser ofrecido a él por los creyentes (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 140).

3817 Cuando insistimos en la oración con toda vehemencia, Dios se detiene en nuestro corazón, y recobramos la vista perdida (SAN GREGORIO MAGNO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 326).

3818 Dios, que es amoroso espectador de nuestro día entero, preside nuestra intima plegaria: y tú y yo [...] hemos de confiarnos con El como se conga en un hermano, en un amigo, en un padre (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 246).

3819 No sólo podemos siempre acercarnos a saciar nuestra sed,  sino que además, siempre que lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador (SAN ATANASIO, Carta 5).

3820 No por el deseo de hacerse rogar nos escucha Dios, que  siempre está dispuesto a darnos su luz [...], sino que nosotros no siempre parece que estemos dispuestos a recibirla, cuando nos inclinamos a otras cosas y el deseo de lo temporal entenebrece nuestra alma. Prodúcese, pues, entra oración una conversión de nuestro corazón hacia Aquel que siempre está pronto a dar (SAN AGUSTIN, Sobre el Sermón de la Montaña, 2, 14).

3821 Y aquellas palabras sabia que siempre me oyes (Jn 11, 42),   pronunciadas por el Señor, muestran que quien siempre ora es también escuchado siempre (ORIGENES, Trat. sobre laoración, 13).

Cualidades de la buena oración

3822 La oración ha de ser confiada, recta, ordenada, devota y  humilde (SANTO TOMÁS, Sobre el Padrenuestro, 1. c., 121).

3823 Toda la pretensión de quien comienza oración—y no se  olvide que esto importa mucho—ha de ser trabajar y determinarse y disponerse, con cuantas diligencias pueda, a hacer su voluntad conforme a la de Dios [...]. Quien más perfectamente tuviera esto, más recibirá del Señor, y más adelante estará en el camino (SANTA TERESA, Las Moradas, 11, 8).

3824 En lo que está la suma perfección claro está que no es en  regalos interiores ni en grandes arrobamientos [...], sino en estar nuestra voluntad tan conforme a la voluntad de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiera, que no la queramos con toda nuestra voluntad (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 10).

3825 La oración es perfecta cuando reúne la fe y la confesión; el  leproso demostró su fe postrándose y confesó su necesidad con sus palabras (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 25).

3826 No todos los deseos y afectos llegan a Dios, sino solamente aquellos que nacen de amor verdadero (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 2, 2).

3827 No es menester dar voces para hablar con Dios, porque Su Majestad dará a sentir cómo está alli. De esta suerte rezaremos con mucho sosiego vocalmente y es quitarnos de trabajo, porque, a poco tiempo que forcemos a nosotras mismas para estarnos cerca de este Señor, nos será más fácil (SANTA TERESA, Camino de perfección, 29, 6).

 

3828 No es amigo de que nos quebremos las cabezas hablándole mucho (SANTA TERESA, Camino de perfección, 29, 6).

3829 Lejos de la oración las muchas palabras; pero no falte la oración continuada, si la intención persevera fervorosa Hablar mucho en la oración es tratar una cosa necesaria con palabras superfluas: orar mucho es mover, con ejercicio continuado del corazón, a aquel a quien suplicamos, pues, de ordinario, este negocio se trata mejor con gemidos que con discursos, mejor con lágrimas que con palabras (SAN AGUSTIN, Epistola a Proba 121).

3830 Al orar no hemos de recitar palabras huecas, sino que hemos de hablar dignamente con Dios. Y decimos cosas vanas cuando ni a nosotros mismos nos examinamos con severidad, ni examinamos las palabras que pronunciamos en la oración (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 21).

3831 (Estemos atentos) para que entendamos con quién estamos hablando y que nos responde el Señor a nuestras peticiones. No penséis que se está callando, que, aunque no le olmos, bien habla el corazón cuando le pedimos de corazón (SANTA TERESA, Camino de perfección, 24, 5).

3832 Ved la manera de orar que tiene un pecador suponiendo que ore, pues la mayor parte de los pecadores no lo hacen; veréis que se levantan y se acuestan como bestias. Mas observemos a aquel pecador orando: vedle recostado en una poltrona, o echado sobre la cama rezando mientras se viste o se desnuda, o va andando o gritando [...] 1° Para que la oración sea agradable a Dios y provechosa al que la hace, es necesario hallarse en estado de gracia o al menos tener una firme resolución de salir cuanto antes del pecado, puesto que la oración de un pecador que no quiere salir del pecado es un insulto que se hace a Dios. 2.° Para que nuestra oración esté bien hecha, es necesario habernos preparado antes. Toda oración hecha sin prepararse es una oración defectuosa, y esta preparación consiste en pensar un rato en Dios antes de arrodillarnos en su presencia, considerando a quién vamos a hablar y lo que le hemos de pedir (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

3833 Fue asi como vivieron aquellos primeros, y como debemos  vivir nosotros: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristia, el diálogo personal —la oración sin anonimato— cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 134).

3834 Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración   que tienen y muy encapotadas cuando están en ella (que parecen no osan bullir, ni menear el pensamiento, porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido), trácese ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión Y piensan que alli está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor y que, si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada en perder esa devoción y te compadezcas de ella [...] (SANTA TERESA, Las Moradas, V, 3).

3835 Las palabras del que ora han de ser mesuradas y llenas de   sosiego y respeto. Pensemos que estamos en la presencia de Dios. Debemos agradar a Dios con la actitud corporal y con la moderación de nuestra voz. Porque asi como es propio del falto de educación hablar a gritos, asi, por el contrario, es propio del hombre respetuoso orar con un tono de voz moderado [...]

Y cuando nos reunimos con los hermanos para celebrar los sagrados misterios, presididos por el sacerdote de Dios, no debemos olvidar este respeto y moderación (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la oración, 4-6).

3836 Advertid mucho en esto, que cuando de estas cosas acaecen a un alma en la oración que he dicho de contemplación perfecta, y si se la ofrece no la pone por obra de perdonar cualquier injuria, por grave que sea, no fíe mucho de su oración (SANTA TERESA, Camino de perfección, 36, 8).

Frutos de la oración

3837 Bien podemos decir que la oración lo hace todo: ella es la que nos da a conocer nuestros deberes, la que nos pone de manifiesto el estado miserable de nuestra alma después del pecado, la que nos procura las disposiciones necesarias para recibir los sacramentos; la que nos hace comprender cuán poca cosa sean la vida y los bienes de este mundo, lo cual nos lleva a no aficionarnos demasiado a lo terreno; ella, por fin, es la que imprime vivamente en el espíritu el saludable temor de la muerte, del juicio, del infierno y de la pérdida del cielo. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

3838 Como fruto, saldrán siempre propósitos claros, prácticos, de mejorar tu conducta, de tratar finamente con caridad a todos los hombres, de emplearte a fondo—con el afán de los buenos deportistas—en esta lucha cotidiana de amor y de paz (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 8).

3839 Por no estar arrimada a esta fuerte columna de la oración, pasé este mar tempestuoso casi veinte años con estas caídas (SANTA TERESA, Vida, 8, 1-4)

3840 Hay que orar, no para dejar de ser tentados—cosa imposible—, sino para no ser enredados por la tentación, como sucede a los que son atrapados y vencidos por ella (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 29).

3841 Cuando una persona sale de alguna profunda y devota oración, allí se le renuevan todos los buenos propósitos; allí son los favores y determinaciones de bien obrar; allí el deseo de agradar y amar a un Señor tan bueno y dulce como allí se le ha mostrado, y de padecer nuevos trabajos y asperezas, y aun derramar sangre por El; y finalmente, reverdece y se renueva toda la frescura de nuestra alma (SAN PEDRO DE ALCANTARA, Trat. de la oración y meditación, I, I).

3842 La oración abre los ojos del alma, le hace sentir la magnitud de su miseria, la necesidad de recurrir a Dios y de temer su propia debilidad (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

3843 En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia  Dios, y la purificación del corazón (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. I, p. 352).

3844 Son estos gozos de oración como deben ser los que están  en el Cielo, que como no han visto más de lo que el Señor —conforme a lo que merecen—quiere que vean, y ven sus pocos méritos, cada uno está contento con el lugar en que está, con haber tan grandísima diferencia de gozar a gozar en el Cielo, mucho más que acá hay de unos gozos espirituales a otros, que es grandisima (SANTA TERESA, Vida, 10, 3).

3845 Todos los santos comenzaron su conversión por la oración  y por ella perseveraron; y todos los condenados se perdieron por su negligencia en la oración. Digo, pues, que la oración nos es absolutamente necesaria para perseverar [...](SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la perseverancia).

3846 Así como los árboles y los cuerpos humanos quieren sus riegos y mantenimientos ordinarios, y en faltando esto luego desfallecen y desmedran, asi también lo hace la devoción, cuando le falta el riego y mantenimiento de la consideración (SAN PEDRO DE ALCANTARA, Trat. de la oración y meditación, II, 3).

3847 La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de  Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espiritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables; por ella nuestro espiritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 6, sobre la oración).

3848 La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 6, sobre la oración).

3849 Si la fe falta, la oración es imposible. Luego, cuando oremos, creamos y oremos para que no falte la fe. La fe produce la oración, y la oración produce a su vez la firmeza de la fe (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. VI, p. 297).

3850 Su finalidad es servir de naufragio a las almas de los difuntos, robustecer a los débiles, curar a los enfermos, liberar a los posesos, abrir las puertas de las cárceles, deshacer las ataduras de los inocentes. La oración sirve también para perdonar los pecados, para apartar las tentaciones, para hacer que cesen las persecuciones, para consolar a los abatidos, para deleitar a los magnánimos, para guiar a los peregrinos, para mitigar las tempestades, para impedir su actuación a los ladrones, para alimentar a los pobres, para llevar por buen camino a los ricos, para levantar a los caídos, para sostener a los que van a caer, para hacer que resistan los que están en pie (TERTULIANO, Trat. sobre la oración, 28-29).

3851 Oración, que es adonde el Señor da luz para entender las verdades (SANTA TERESA, Fundaciones, l0, 13).

3852 Saben bien quienes se dedican con asiduidad a la oración, cómo aparta del pecado y cómo invita al ejercicio de las virtudes (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 8).

3853 La luz para nosotros es la inteligencia, que se muestra oscura o iluminada, según la cantidad de luz. Si se descuida la oración, que alimenta la luz, la inteligencia bien pronto se queda a oscuras (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt IV, p. 102).

3854 La oración hace que hallemos menos pesada nuestra cruz, endulza nuestras penas y nos vuelve menos apegados a la vida, atrae sobre nosotros la mirada misericordiosa de Dios, fortalece nuestra alma contra el pecado, nos hace desear la penitencia y nos inclina a practicarla con gusto, nos hace comprender y sentir hasta qué punto el pecado ultraja a Dios Nuestro Señor Mejor dicho, mediante la oración agradamos a Dios, enriquecemos nuestras almas y nos aseguramos la vida eterna (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

Perseverancia en la oración

3855 Sabe el traidor que alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida, y que todas las caldas que la hace dar la ayudan, por la bondad de Dios, a dar después mayor salto en lo que es su servicio: algo le va en ello (SANTA TERESA, Vida, 19, 5).

3856 La oración es la fuente de todos los bienes y de toda la felicidad que podemos esperar aquí en la tierra. Siendo esto asi, si nos hallamos tan pobres, tan faltos de luces y de dones de la gracia, es porque no oramos o lo hacemos mal. Digámoslo con pena: muchos ni siquiera saben lo que sea orar, y otros sólo sienten repugnancia por un ejercicio tan dulce y consolador para todo buen cristiano. En cambio, vemos a algunos orar pero sin alcanzar nada, lo cual proviene de que oran mal: es decir, sin preparación y hasta sin saber lo que van a pedir a Dios (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

3857 Y el que no deja de andar e ir adelante, aunque tarde, llega. No me parece es otra cosa perder el camino sino dejar la oración (SANTA TERESA, Vida, 19, 5).

3858 Todos ellos—dice la Escritura—perseveraban en la oración, con un m¿smo espir¿tu, en compañia de algunas mujeres y Maria, la madre de Jesús, y de los hermanos de éste. Perseveraban unánimes en la oración, manifestando con esta asiduidad y concordia de su oración que Dios sólo admite en la casa divina y eterna a los que oran unidos en un mismo espiritu (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la oración, 8-9).

3859 Digo que no desmaye nadie de los que han comenzado a  tener oración con decir: Si torno a ser malo, es peor ir adelante con el ejercicio de ella. Yo lo creo, si se deja la oración y no se enmienda del mal; mas, si no la deja, crea que le sacará a puerto de luz (SANTA TERESA, Vida, 19, 2).

3860 [...] entendiendo con quién hablamos [...]. Yo lo he probado algunas veces, y el mejor remedio que hallo es procurar tener el pensamiento en la persona a quien endereza las palabras; por eso tened paciencia y procurad hacer costumbre de cosa tan necesaria (SANTA TERESA, Camino de perfección, 24, 6).

3861 Las fiestas se han hecho para promover la alegria espiritual, y esa alegria la produce la oración; por lo cual en dia festivo se han de multiplicar las plegarias (SANTO TOMÁS, Sobre los mandamientos, 1. c., p. 245).

3862 Y aunque no halle gusto en estos ejercicios, no desista de ellos, porque no se requiere que sea siempre sabroso lo que ha de ser provechoso (SAN PEDRO DE ALCANTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso 1°).

3863 No por eso desmaye y deje la oración y de hacer lo que todas, que a las veces viene el Señor muy tarde, y paga tan bien y tan junto como pagó en muchos años (SANTA TERESA, Camino de perfección, 17, 2).

3864 Persevera en la oración.—Persevera, aunque tu labor parezca estéril.—La oración es siempre fecunda. (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. l0l).

3865 Pues, ¿qué menos merece este Señor para que burlemos de El dando y tomando una nonada que le damos? Sino que este poquito de tiempo que nos determinamos de darle —de cuanto gastamos en otras cosas y con quien no nos lo agradecerá—, ya que aquel rato le queremos dar, démosle libre el pensamiento y desocupado y con toda determinación de nunca jamás se lo tornar a tomar, por trabajos que por ello nos vengan ni por contradicciones ni por sequedades; sino que ya como cosa no mia tenga aquel tiempo y piense que me lo pueden pedir por justicia cuando del todo no se lo quisiere dar (SANTA TERESA, Camino de perfección, 23, 2).

3866 Todas las veces que el hombre persevera en la oración con un poco de atención y cuidando y haciendo buenamente lo que puede, al cabo sale de alli consolado y alegre (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, II, 4, aviso 1.°).

 

 

El ejemplo de Jesús

3867 Si Jesús practica la oración [...], ¿quién de nosotros será  negligente en ella? Dice, en efecto, S. Marcos: Y a la mañana, mucho antes de amanecer, se levantó, salió y se fue a un lugar desierto y alli oraba (Mc 1, 35). Y S. Lucas: Y açaeció que, hallándose El orando en cierto lugar, asi que acabó, le dirigió la palabra a uno de sus discipulos; y en otro lugar: Pasó la noche orando a Dios (Lc 11, 1; 6,`12). Y por su parte, S. Juan describe la oración de Cristo cuando nos dice: Esto dijo Jesús, y levantando sus ojos al cielo, añadió: Padre, llegó la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique (Jn 17, 1). (ORiGENES, Trat. sobre la oración, 13).

Oración pública y privada

3868 Las oraciones por las que el pueblo se ordena inmediatamente a Dios las dicen sólo los sacerdotes, que son mediadores entre Dios y el pueblo: de éstas, son pronunciadas públicamente las que se refieren a todo el pueblo, en cuyo nombre las expone a Dios solamente el sacerdote, como las oraciones y acciones de gracias; son pronunciadas privadamente otras que competen únicamente al oficio del sacerdote, como las consagraciones y oraciones de este estilo, que aquel hace en favor del pueblo, pero no orando en nombre del pueblo (SANTO TOMÁS, Comentario al libro I V de las Sentencias, d. 8).

3869  [...] la participación en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto (cfr. Mt 6, 6); más aún, debe orar sin tregua, según enseña el Apóstol (cfr. I Tes 5, 17). (CONC. VAT. 11 Const. Sacrosanctum Concilium, 12).

3870 El cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante,  entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua, segun enseña el Apóstol. (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 12).

3871 Nuestro divino Salvador no sólo vive en estrechisima  unión con la Iglesia, su inmaculada esposa, sino que se halla también intimamente unido con el alma de cada uno de los fieles y desea mantener, sobre todo después de la sagrada comunión, un coloquio intimo con ellos [ ..]. Estas oraciones contribuyen también en gran medida al bien de todo el cuerpo mistico. En efecto, todas las buenas obras y todos los actos de virtud que realizan los miembros del cuerpo, redundan en provecho de la totalidad en virtud de la comunión de los santos (Pio XII, Enc. Mystici Corporis, n. 40).

3872 El rezo del oficio divino es la oración del cuerpo mistico de Cristo, la cual se of rece a Dios en nombre y en beneficio de todos los cristianos [...]. El espiritu y la perfección se deriva de las palabras, que la Iglesia sugiere [...], que deben rezarse digna, atenta y devotamente [...]. La piedad personal de nuestra alma debe procurar corresponder a la alta dignidad de esta plegaria de la Iglesia (Pio XII, Enc. Mediator Dei, n. 35).

 

La oración vocal

 

3873 No olvides tus oraciones de niño, aprendidas quizá de labios de tu madre.—Recitalas cada dia con sencillez, como entonces (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 553).

3874 Mirad que perdéis un gran tesoro y que hacéis mucho más con una palabra de cuando en cuando del Pater noster, que con decirle muchas veces aprisa: estad muy junto a quien pedis, no os dejará de oir; y creed que aqui es el verdadero alabar y santificar de su nombre (SANTA TERESA, Camino de perfección, 31, 13).

3875 Si nos fijamos en lo que es absolutamente necesario, hay que distinguir en la oración vocal un triple efecto: meritorio, impetratorio y cierto deleite espiritual que produce en el alma del que ora. Para los efectos meritorio e impetratorio n'o es necesario que la oración sea atenta de una manera constantemente habitual (como seria deseable), sino que basta y es suficiente la intención virtual, que es aquella que se puso al principio de la oración y perdura a lo largo de ella aunque se produzcan distracciones involuntarias. Desde luego, si falta la primera intención, la oración no sería meritoria ni impetratoria. En cambio, la atención actual es absolutamente necesaria para obtener aquel deleite espiritual que lleva consigo la oración fervorosa, que es incompatible con la distracción, aunque sea involuntaria (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 83, a. 13).

3876 Mas si estáis como es razón se esté hablando con tan gran  Señor, es bien que estéis mirando con quién habláis y quién sois vos, siquiera para hablar con crianza (SANTA TERESA, Camino de perfección, 22, 1).

3877 El corazón se desahogará habitualmente con palabras, en  esas oraciones vocales que nos ha enseñado el mismo Dios, Padre nuestro, o sus ángeles, Ave Maria. Otras veces utilizaremos oraciones acrisoladas por el tiempo, en las que se ha vertido la piedad de millones de hermanos en la fe: las de la liturgia—lex orandi—, las que han nacido de la pasión de un corazón enamorado, como tantas antifonas marianas: Sub tuum praesidium..., Memorare..., Salve Regina (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 119).

3878 La mayoria de las oraciones vocales, tanto las de la liturgia  como las que fueron compuestas por los Santos, han dado sus pruebas, han santificado a muchos cristianos antes que a nosotros y han sido escuchadas muchas veces desde haçe varios siglos. Cuando recurrimos a ellas utilizamos la Comunión de los Santos, y apoyamos nuestra fe sobre la fe de la Iglesia (G. CHEVROT, En lo secreto, pp. 100-101)

3879 Si vas discurriendo por todas las plegarias de la santa Escritura, creo que nada hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical (Padrenuestro) (SAN AGUSTIN, Carta 130, a Proba).

3880 Padre nuestro que estás en los cielos. Y al decir en los cielos, el Señor no pretende, como quien dice, encerrar a Dios en el cielo, sino arrancar de la tierra al que ora. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 19).

3881 (Santificado sea tu nombre). También pedimos todos los  dias que sea santificado. Necesitamos de la santificación continuamente, porque los que pecamos todos los dias debemos purificar nuestros pecados mediante una contrición continua (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, vol. I, p. 357).

3882 A1 decir santificado sea tu nombre nos amonestamos a nosotros mismos para que deseemos que el nombre del Señor, que siempre es santo en sí mismo, sea también tenido como santo por los hombres, es decir, que no sea nunca despreciado por ellos; lo cual, ciertamente, redunda en bien de los mismos hombres y no en bien de Dios (SAN AGUSTIN, Carta 130, a Proba).

3883 Cuando añadimos Venga tu reino, lo que pedimos es que crezca nuestro deseo de que este reino llegue a nosotros y de que nosotros podamos reinar en él, pues el reino de Dios vendrá ciertamente, lo queramos o no (SAN AGUSTIN, Carta 130, a Proba).

 

3884 Cuando decimos: Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo pedimos que el Señor nos otorgue la virtud de la óbediencia, para que así cumplamos su voluntad como la cumplen sus ángeles en el cielo (SAN AGUSTIN, Carta 130, a Proba).

3885 (Hágase tu voluntad, asi en...). Se nos manda a-tui a cada uno de nosotros que oremos por todo el mundo 1...] para que desaparezca el error y se establezca la verdad, se destierre la malicia y vuelva la virtud, y para que ya no se diferencie el cielo de la tierra (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, volt I, p. 360).

3886 Cuando dices: El pan nuestro de cada dia dánosle hoy, te confiesas mendigo de Dios; mas no te sonrojes; por muy rico que sea uno en la tierra, es mendigo de Dios. Está el mendigo a la puerta del rico, y el rico a la puerta del Gran Rico. Al rico se le pide, y él pide a su vez. Si no fuera mendigo, no llamarla con la oración en los oidos de Dios. ¿Y qué necesita el rico? Me atrevo a decirlo: necesita también el pan cotidiano (SAN AGUSTIN, Sermón 56).

3887 Cuando decimos: Danos hoy nuestro pan de cada dia, con el hoy queremos significar el tiempo presente, para el cual, al pedir el alimento principal, pedimos ya lo suficiente, pues con la palabrapan significamos todo cuanto necesitamos, incluso el sacramento de los fieles, el cual nos es necesario en esta vida temporal, aunque no sea para alimentarla, sino para conseguir la vida eterna (SAN AGUSTIN, Carta 130, a Proba).

 

3888 (Mas líbranos del mal). Nada quedá ya que deba pedirse al   Señor cuando hemos pedido su proteción contra todo lo malo; una vez obtenida ésta, ya podemos considerarnos seguros contra todas las cosas que el demonio y el rntundo pueden hacer. ¿Qué miedo puede darnos el siglo, si en él tenemos a Dios por defensor? (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, vol. l, pp. 371-372).

3889 Cuando digo Credo, razón me parece que será entender y  saber lo que creo; y cuando Padre nuestro, amor será entender quién es este Padre nuestro y quién es el Maestro que nos enseñó la oración (SANTA TERESA, Camino de perfección, 24, 8).

3890 En este entramado, en este actuar de la fe cristiana se engarzan, como joyas, las oraciones vocales. Son fórmulas divinas: Padre Nuestro..., Dios te salve, Maria..., Cloria al Padre, y al Hijo y al Espfritu Santo. Esa corona de alabanzas a Dios y a Nuestra Madre que es el Santo Rosario, y tantas, tantas otras aclamaciones llenas de piedad que nuestros hermanos cristianos han recitado desde el principio (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 248).

3891 Con objeto de mantener vivo este deseo de Dios, debemos, en ciertos momentos, apartar nuestra mente de las preocupaciones y quehaceres que de algún modo nos distraen de él, y amonestarnos a nosotros mismos con la oración vocal; no vaya a ocurrir que nuestro deseo comience a entibiarse y llegase a quedar totalmente frío, y, al no renovar con frecuencia el fervor, acabe por extinguirse del todo (SAN AGUSTIN, Carta 130, a Proba).

3892 Porque sé que muchas personas, rezando vocalmente  —como ya queda dicho—, las levanta Dios, sin saber ellas cómo, a subida contemplación (SANTA TERESA, Camino de perfección, 30, 7).

Orar para hablar de Dios

3893 (No ser como esos) predicadores vacíos de la palabra que no la escuchan por dentro (SAN AGUSTIN, Sermón 179).

3894 (El Bautista) escuchaba en su interior la voz de la verdad para manifestar al exterior lo que oia (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 20 sobre los Evang.).

3895 Antes de permitir a la lengua que hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma sedienta, con el fin de dar lo que hubiere bebido y esparcir aquello de que la haya llenado (SAN AGUSTIN, Sobre la doctrina cristiana, 4).

Oración.- "Ninguno yerre: el que no estuviere presente al altar, se priva del pan de Dios. Si la oración de una u otra persona tiene tanta fuerza, ¿cuánto será más eficaz la oración del Obispo con toda la Iglesia? Aquél, pues, que no concurre a la junta, ya está hinchado con la soberbia, ya se ha separado y juzgado a sí mismo, porque escrito está: Dios resiste a los soberbios. (S. Ignacio, sent. 1, Tric. T. 1, p. 338.)"

"La oración es una conversación con Dios, sin que se oiga la voz, y aun sin mover los labios estamos clamando en el fondo de nuestro corazón: el Señor oye las súplicas que le dirige nuestro corazón. Para orar, levantamos la cabeza y las manos al cielo, nos esforzamos a arrancar de la tierra nuestro cuerpo, elevando nuestra alma con las alas del deseo de los bienes eternos hasta el santuario de Dios; y mirando con los ojos de un espíritu sublime, consideramos como inferiores a El los lazos de nuestra carne como dignos de desprecio siempre que se opongan a la vida eterna. (S. Clemente, sent. 17, lib. 7, Tric. T. 1, p. l26.)"

"Algunos destinan ciertas horas fijas para la oración, como la de tercia, sexta y nona: mas el hombre verdaderamente espiritual, y que tiene verdadero conocimiento de Dios, procura estar toda la vida en la presencia de Dios por medio de la oración: cuando llega a este grado eminente de caridad, corta todo cuanto le es inútil, y sólo mira a Dios en sus deseos. (S. Clemente, sent. 18, ibid., ibid., ibid.)"

"El varón espiritual en todo lugar hará oración, pero sin dar a entender que ora: hace oración cuando camina, cuando descansa, cuando habla, cuando lee, y en todo cuanto ejecuta con deliberada intención; cuando él no haga más que pensar en Dios en lo secreto de su corazón, y enviarle de él afectuosos suspiros, está bien cierto de que Dios está pronto para oirle, aun antes de concluir su oración. (S. Clemente, sent. 19, ibid., ibid., ibid.).

"El que trae a Dios en su corazón, ninguna otra cosa desea: y dirigiéndose a El únicamente, abandona cuanto puede retraerle de unirse al Señor con estrechos lazos, y se aplica todo a la contemplación de las cosas divinas. (S. Clemente, sent. 20, ibid., ibid., ibid.)"

"Muchos se excusan de asistir a todas las oraciones del sacrificio, y les parece que pueden retirarse porque ya han recibido el cuerpo del Señor: ¿acaso la Eucaristía no podrá dispensar de las obligaciones de piedad y devoción, siendo un beneficio que por sí mismo nos pone en más estrecha obligación? (Tertuliano, lib. de la Oración, c. 14, sent. 8, adic., Tric. T. 1, p. l97.)"

"Pidiendo el pan cotidiano, pedimos la perpetuidad de Cristo y ser individuo de su cuerpo místico. (Tertuliano, ibid., c. 6, sent. 9, adic., Tric. T. 1, p. 36l.)"

"Absolutamente se nos manda no volver mal por el mal: a un hecho igual corresponder igualmente... ¿Qué honra sacrificaremos al Señor, nuestro Dios, si le usurpamos el arbitrio de nuestra defensa? (Tertuliano, ibid., c. 10, sent. 10, adic., Tric. ibid., ibid., ibid.)"

"Cuando decimos en las oraciones de la iglesia: Dios omnipotente, admítenos con tus Profetas y con los Apóstoles de Jesucristo, no se yo si penetramos el sentido de estas palabras: ellas quieren decir: Haced que seamos participantes de las persecuciones que padecieron los Profetas, y permítenos padecer lo que padecieron los Apóstoles: haced que prediquemos vuestra verdad a los hombres, de tal modo, que éstos nos persigan y aborrezcan. Es una cosa bien impropia que el que está pronto a padecer y sufrir con los Apóstoles y Profetas, le diga el Señor: Dame para con tus Profetas y Apóstoles. (Orígenes, Homl. 14, in Jerem., sent. 9, Tric. T. 1, p. 249.)"

"El que tenga sed, lléguese a mí y beba, clamaba Jesucristo. La misma piedra nos convida con amorosos pechos para alimentamos; pero los impíos han abandonado la fuente de agua viva: no es la fuente la que se retira, pues Dios jamás se aparta de los que le buscan; mas los que se retiran lejos de Dios, perecerán. (Orígenes, Homl. 118, in Jerem., Tric. T. 1, p. 249.)"

"Sea nuestra ocupación un continuo llanto y una continua oración: estas son las armas celestiales con que perseveran y se defienden nuestras almas. Ayudémonos unos a otros con oraciones, y consolémonos con recíproca caridad en nuestros trabajos. Aquel que por la misericordia del Señor mereciere ir primero, conserve siempre en la presencia de Dios su caridad, para con sus hermanos, para implorar la clemencia divina a favor de los fieles que dejó en el mundo. (S. Cipriano, carta 56 a Comelio, sent. 7, Tric. T. 1, p. 296.)"

"Cuando oramos para conseguir el perdón de nuestras culpas, tomemos las mismas palabras de Aquel que es nuestro mediador y abogado. Y pues nos asegura que el Padre celestial nos concederá cuanto le pidamos en su nombre: ¿con cuánta mayor prontitud nos lo concederá, si no solamente en su nombre le suplicamos, sino que oramos con sus mismas palabras? (S. Cipriano, de Orat. Dominica, sent. 18, Tric. T. 1, p. 300.)"

"La voluntad de Dios es la que hizo Jesucristo, y la que nos enseñó. Esto es, que seamos humildes por toda la duración de nuestra vida, firmes en nuestra fe, modestos en nuestras palabras, justos en nuestras acciones, caritativos en nuestras obras, arreglados en nuestras costumbres, incapaces de hacer injuria a los otros, y determinados a sufrir las que nos hagan, viviendo siempre pacíficos con nuestros hermanos. También quiere Dios que le amemos con todo nuestro corazón, que le estimemos como a nuestro Padre, y le temamos como a nuestro Dios: que ninguna cosa miremos con preferencia a Jesucristo, así como este Señor a todo nos prefirió; que nos aficionemos inviolablemente a su amor: que abracemos su cruz con valor y confianza; que cuando se trata de confesar su nombre, o de defender su honra, manifestemos constancia en nuestras palabras, aliento en los tormentos, y paciencia en la muerte para conseguir la corona. Esto es propiamente ser coherederos de Jesucristo, esto es observar los preceptos de Dios, esto es cumplir la voluntad del Padre celestial (S. Cipriano, ibid., sent. 19, Tric. T. 1, p. 300 y 30l.)"

"Pedimos que este pan, que es nuestro, nos lo de Dios todos los días, temiendo que nos suceda, el que los que estamos incorporados con Jesucristo y recibimos todos los días la Eucaristía como un alimento para la salud, nos veamos separados del cuerpo de Jesucristo, por haber merecido que nos priven de la comunión y de la participación de este pan celestial con alguna culpa grave. (S. Cipriano, ibid., sent. 20, Tric. T. 1, p. 30l.)"

"No debemos suspirar por una vida dilatada: pues hay una especie de contradicción es desear permanecer por largo tiempo en el mundo, y con todo eso suplican a Dios que llegue pronto su reino. (S. Cipriano, ibid., sent. 21, Tric. ibid., ibid.)"

"Cuando empezamos nuestras súplicas, confesemos humildemente nuestra insufuciencia, y cuando todo el bien le atribuimos a Dios, nos concede benéfico el Señor cuanto le pedimos con humildad y con aquel respeto y temor que le debemos. (S. Cipriano, sent. 22, Tric. ibid., ibid.)"

"Cuando oramos debemos aplicar todo nuestro corazón: es preciso desterrar todos los pensamientos carnales y del siglo, y atender únicamente a la acción que estamos ejecutando. Por esta razón el Sacerdote u Obispo antes de empezar la oración, prepara los espíritus de los fieles con esta advertencia: Elevad vuestros corazones, para que el pueblo responda: Ya los tenemos levantados al Señor, se acuerde de que por entonces solamente en Dios ha de pensar. (S. Cipriano, sent. 23, Tric. T. 1, p. 30 y 302.)"

" ¿Cómo queréis que Dios os entienda en la oración, si vosotros mismos no os entendéis? ¿Cómo podéis pedirle que no os olvide, al mismo tiempo que vosotros os estáis olvidando? El que así ora con tanta negligencia, ofende a la Divina Majestad: están vigilantes nuestros ojos, y dormido nuestro corazón, siendo así que el corazón de un cristiano debe velar aun cuando sus ojos duerman, según aquellas palabras que dijo la Esposa en el Cántico de los Cánticos, y en nombre de la Iglesia: Yo duermo, pero mi corazón vela. (S. Cipriano, sent. 24, ¡bid., Tric. ibid., p. 302.)"

"Empleemos nuestros ojos en la lección de las divinas Escrituras: nuestras manos, en el ejercicio de las buenas obras; y nuestro espíritu en pensar en Dios: oremos sin cesar aplicándonos continuamente a las santas acciones, para que siempre que nuestro enemigo se acerque a sorprendemos, nos halle armados para rechazarle, y cerradas todas las avenidas de nuestro corazón. (S. Cipriano, lib. de la Orat., sent. 34, Tric. T. 1, p. 305.)"

"Cuando decimos a Dios: Hágase vuestra voluntad, así en la tierra como en el cielo, no queremos decir que Dios haga lo que quiere, sino que nos conceda que hagamos nosotros lo que es voluntad de Dios. Porque ¿quién habrá que pueda resistir a Dios e impedirle que haga lo que quiere? Mas porque el demonio hace resistencia procurando que nuestros deseos y acciones no se sujeten en todo a Dios, oramos y pedimos que se haga en nosotros la voluntad de Dios; esto es, de su protección y del socorro de su gracia; porque ninguno hay que por sus propias fuerzas adquiera tanta fortaleza, y solamente puede vivir seguro por un efecto de la bondad y misericordia de Dios (S. Cipriano, ibid., sent. 36, Trie. T. 1, p. 306.)"

"Muchas cosas acordes y juntas no se pueden vencer del todo: lo que muchos piden juntos, lo concede Dios a los pacíficos. (S. Cipriano, Epist. 57, ad Cornel., sent. 5, adic., Tric. T. 1, p. 379.)"

"Dios viene a ser padre de los criados por su bondad, recibiendo en sus corazones su Espíritu Santo, que los hace clamar: Padre mío, Padre mío. Porque siendo los hombres por su naturaleza unas puras criaturas, no pueden llegar a ser hijos de Dios, si no reciben en sí el Espíritu del Aquel que por su naturaleza es Hijo de Dios. (S. Atanasio, sent. 16, Tric. T. 2, p. l75.)"

"Porque el Hijo de Dios invoca en nosotros a su Padre, se llama Dios Padre, nuestro. Por lo cual, los que tienen al Hijo de Dios en el corazón, no tienen derecho para llamar a Dios Padre nuestro. (S. Atanasio, sent. 17, Tric. T. 2, p. l75.)"

"El justo ora sin cesar cuando todas sus acciones son agradables a Dios y hechas con el fin de su bondad y gloria: toda su vida es una continua oración, y como pasa los días y las noches en continua oración según el orden de la ley de Dios, se puede decir que todo el tiempo de la noche y del día es en él una perpetua meditación de la ley divina. (S. Hilario, in Psalm. prim., sent. 9, Tric. T. 2, p. 258.)"

"Yo me acordé de vuestro nombre por la noche. El Profeta sabía muy bien que en especial durante la noche debemos recurrir a Dios. Sabía que entonces es preciso atender más a observar la ley, por ser el tiempo en que los impuros deseos se introducen en el alma. Este es el tiempo en que estando el cuerpo lleno de viandas, excitan más las pasiones impuras. Entonces, pues, se debe apelar al nombre de Dios. Entonces es cuando se debe apelar su ley, la que prescribe el pudor, la continencia y el temor de Dios. Por lo que, cuando en tan peligroso tiempo despertamos, no se abandone el espíritu a la ociosidad, antes bien; ocúpese en la oración y confesión de sus pecados, para que en aquellos momentos que son tan favorables a los vicios del cuerpo, pueda destruirlos y disiparlos la meditación de la ley divina. (S. Hilarío, Salm. 118, sent. 11, Tric. T. 2, p. 259.)"

"El Señor es la porción de mi herencia. Pocos hay que puedan decir a Dios estas palabras con esta confianza. Es preciso renunciar al mundo y a cuando está pendiente de él, para que sea verdad que el Señor es la porción única de nuestra herencia. Si la ambición nos da el impulso, si la avaricia nos posee, sí los encantos de la sensualidad nos arrebatan, si los cuidados de nuestros domésticos enteramente nos ocupan entonces no será Dios la única suerte de nuestra herencia, porque estaremos divididos o poseídos de las pasiones e inquietudes por las cosas del mundo. (S. Hilario, Salm. 118, sent. 12, Tric. 17. 2, p. 259.)"

"En el Evangelio nos pide Dios, que oremos en silencio en secreto de nuestras almas, para que nuestra oración sea más bien obra del corazón que de la lengua. Podrá ser esta sentencia contraria a las palabras del Profeta: ¿Yo he clamado con todo mi corazón? No por cierto: pues sabía muy bien aquel Profeta, que más consiste en el clamor del corazón que en el de la boca. Es la oración un grito de la fe, un grito del alma que penetra el cielo y sube hasta el trono de Dios, no con el esfuerzo de la voz, sino con la virtud de la fe. Aquel, pues, clama a Dios con todo su corazón, que le pide grandes cosas, que le suplica le de los bienes celestiales, que espera los bienes eternos, y vive entre tanto en la inocencia y temor de Dios. (S. Hilario, ibid., sent. 13, Tric. T. 2, p. 260.)"

"Pedimos la salud como una cosa que se nos debe, y como sí Dios estuviera obligado a concederla. Desde luego pedimos, pero sin preparamos con nuestras oraciones, y aun siquiera que le suplicásemos con el clamor de nuestro corazón: pero las más veces movemos los labios, entre tanto que el corazón o el espíritu está disipado y ocupado en otras cosas, y por consiguiente, incapaz de seguir con los afectos, el oficio de la lengua. (S. Hilario, ibid., sent. 14, Tric. ibid., ibid.)"

"Cuando decimos a Dios, santificado sea tu nombre, venga a nos vuestro reino, hágase vuestra voluntad en la tierra como en el cielo, no es porque deseamos que esto suceda para gloria de Dios, más bien lo queremos por nuestra utilidad: no es con el fin de que todas nuestras acciones sirvan para que el nombre de Dios sea santificado, y de que no tengamos otra esperanza, sino en la que puede contribuir para establecer en nosotros su reino, ni con el de querer que nada nos agrade, sino aquello que puede hacer que alabemos a Dios eternamente. (S. Hilario, in Psalm. 134, sent. 15, Tric. ibid., ibid.)"

"No despreciéis mi oración. Dios desprecia las oraciones hechas con ligereza, destituídas de confianza, aplicadas a cosas inútiles, turbadas con los cuidados del siglo, embarazadas con diversos deseos, y estériles en buenas obras. Estas son unas oraciones dignas del desprecio de Dios, indignas de su atención: de las que dice el Profeta Isaías: Cuando levantéis vuestras manos para orar, yo apartaré de vosotros mis ojos. (S. Hilario, in Psalm. 54, sent. 29, Tric. T. 2, p. 265.)"

"Vivid siempre llenos de confianza; jamás os alejéis por desaliento en las buenas obras ni en los combates que tengáis por la piedad, porque debéis estar ciertos de que nada se ha de perder de cuanto hagáis. Todas vuestras oraciones están escritas en la presencia de Dios: no cantáis un Salmo, sea en particular o en público, que no se apunte como en una especie de diario. (S. Cirilo de Jerusalén, Cath. 15, sent. 9, Tric. T. 2, p. 338.)"

"Jamás ceséis de orar: arrodillaos cuando podáis, y cuando no, invocad a Dios de corazón, por la noche, por la mañana y al mediodía. Si tenéis cuidado de orar antes de poneros al trabajo, y si al levantaros empezáis por ofrecer a Dios vuestra oración, como las primicias de vuestras acciones, persuadios a que el pecado no hallará entrada en vuestra alma. (S. Efreén, de Oratione, sent. 5, Tric. T. 3, p. 78.)"

"Es preciso implorar el auxilio divino, procurando no pedirle con tibieza; porque si se ora sin aplicación, en vez de conseguir lo que se pide, se merece la indignación de Dios, y la oración se convierte en pecado. Cuando estamos en presencia de algún Príncipe, o le hablamos, estamos con grande respeto de cuerpo y de alma, y sólo con grande molestia levantamos los ojos; ¿con cuánta reverencia, pues, será razón que estemos en la presencia de Dios y cuánta deberá ser la atención de nuestro espíritu para no permitir que otra cosa le dístraiga? (S. Basilio, Const. c. 1, sent. 77, Tric. T. 3, p. 204.)"

"Hasta que sea voluntad de Dios no se conseguirán nuestros deseos: porque el Señor conoce mejor que nosotros lo que conviene; y aún puede ser que dilate concedemos lo que nos ha dado, con el fin de que se lo pidamos con más frecuencia y fervor, o para que conozcamos que es don suyo y que si nos le confiere debemos conservarle con cuidado. (S. Basilio, ibid., sent. 78, Tric. T. 3, p. 204.)"

"Orarás sin intermisión si tu oración no se reduce a solas palabras,sino que todo el método de tu vida es conforme a la divina voluntad, de tal modo, que puede y merezca tu vida llamarse una continua oración. (S. Basilio, Homl. in Martyr. Julittam, sent. 5, adic., Tric. T. 3, p. 380.)"

"Suele el piloto mirar al cielo, y en sus disposiciones conoce el curso de su navegación... Tú, pues, levanta al cielo los ojos, según lo que dice David: A ti, Señor, que habitas en los cielos, levanté mis ojos: mira aquel Sol de justicia que está en el cielo, y observa tú como astros resplandecientes sus Mandamientos. (S. Basilio, sent. 8, adic., Tric. T. 3, p. 38 l.)"

"Admirad la grande bondad de Dios: pues recibe nuestro deseo como si fuera una cosa preciosísima. Se abrasa en deseos de que nosotros nos abrasemos en su amor. Recibe como beneficio el que nosotros le pidamos sus favores: más gusto tiene Dios en dar, que nosotros en recibir lo que El nos da: no tengamos otro cuidado que el de no ser indiferentes ni cortos en nuestras pretensiones con el Señor: jamás le pidamos cosas pequeñas o indignas de la divina magnificencia. (S. Gregorio Nacian., Orat, 40, sent. 50, Tric. T. 3, p. 360.)"

"Es grande locura pedir solamente cosas temporales a Dios, que es eterno: bienes terrenos al Dios del cielo; dones viles y despreciables al que es infinitamente superior a todo; una felicidad baja y terrena al que da un reino celestial, y, por último, pedir al que nos hace esperar bienes perpetuos que nadie nos puede quitar el uso por poco tiempo de aquellos bienes que poseemos como extraños, cuya pérdida es infalible, cuyo usufructo es temporal, y cuya administración es muy peligrosa. (S. Gregorio de Nisa, de Orat., or., sent. 8, Tric. T. 4, p. ll4.)"

"El que dice a Dios en la oración, santificado sea tu nombre, le dice, según las fuerzas de estas palabras: Haced, Señor, por medio de vuestra protección y vuestros auxilios que yo sea irreprensible, justo y piadoso; que yo diga la verdad y haga lo bueno; porque es cierto que Dios no puede ser glorificado por el hombre, sino cuando su virtud y piedad son tan excelentes, que persuadan a los otros que es preciso que sea la omnipotencia de Dios la que ha producido tan grande efecto. (S. Gregorio de Nisa, Orat. 2, de or. Dom., sent. 9, Tric. T. 4, p.114.)"

"La oración del Señor nos enseña a purificar de tal modo nuestra vida, que haciéndola semejante a la vida del cielo, halle en nosotros el cumplimiento de la voluntad de Dios tan poco obstáculo como en los espíritus celestiales: los que jamás sienten impedimento alguno para la ejecución del bien. (S. Gregorio de Nisa, Orat., 4, set. 11, Tric. T. 4, p. 114.) "

"El señor nos manda buscar sólo lo suficiente para la conservación de la vida, cuando dice: Dadnos nuestro pan; no lo que sirve para el lujo y las delicias, no las riquezas ni alguno de los otros bienes de la tierra que apartan de nuestra alma el cuidado principal que debe emplear en las cosas de Dios, sino sencillamente dadnos pan. (S. Gregorio de Nisa, ibid., sent. 12, Tric. T. 4, p. ll5.)"

"Es la oración una conversación con Dios, contemplación de las cosas invisibles, confianza cierta de conseguir lo que se desea, elevación a la misma honra de los Angeles, progreso y aumento de los bienes, ruina de los males, enmienda de las culpas, fruto de lo presente y seguridad de lo futuro. (S. Gregorio de Nisa, in Eccles. H. 2, sent. 7, adic., Tric. T. 4, p. 385.)"

"Cuando el Señor enseña a invocar a mi Padre celestial, se ve que pretende traerme a la memoria aquella buena patria, para volver a ponerme en el camino que allá guía, infudiéndome deseos más vehementes de poseer aquellos bienes. (S. Greg. de Nisa, ¡bid., sent. 8, adic., Trie. T. 4, p. 358.)"

"El principal de todos los bienes, es que el nombre Dios sea glorificado por medio de mi vida. (S. Gregorio de Nisa, ibid., sent. 9, adic., Tric. T. 4, p. 359.)"

"Sería desconfiar del poder de Dios pensar que no nos puede oír si no resuenan a sus oídos los clamores de nuestra boca. Clamemos a Dios con nuestra buenas obras, clamemos con nuestra fe, clamemos con nuestros afectos, clamemos con nuestra paciencia en los trabajos, clame nuestra sangre como la de Abel: porque Aquel que nos purifica en el secreto de nuestro corazón, nos oye también en lo más oculto de nuestros pensamientos. (S. Ambrosio, de Abel y Caín, lib. 1, e. 9, sent. 10, Tríc. T. 4, p. 315.)"

"Mis ojos previnieron al día para meditar desde la madrugada sobre vuestras palabras. Debe serviros de grande vergüenza que los rayos del sol que sale, os halle ociosos en la cama sin haber pensado en orar: es una pereza digna de reprensión haber pasado toda la noche sin haber ofrecido a Dios algún fruto de vuestra devoción, ni sacrificio alguno espiritual. ¿No sabes, ¡oh cristiano! que todos los días debes presentarle las primicias de tu corazón y de tu voz? No hay día en que no tengas cosecha nueva y nuevos frutos que recoger. (S. Ambrosio, in Psalin. 118, sent. 70, Tric. T. 4, p. 326 y 327.)"

"¿Hasta cuándo te han de tener atado el sueño o las cosas del mundo? A lo menos reparte tu tiempo entre Dios y el mundo; y cuando la oscuridad te impida emplearte por fuera en tus negocios, dale a Dios una parte de la noche: empléala en la oración, y canta salmos para despertar de tu somnolencia; prívate con este piadoso engaño de alguna parte del sueño; levántate temprano, para ir a la iglesia a llevar las primicias de tus oraciones y de tu piedad; y si después te llaman a otra parte los asuntos del mundo, no te impedirán antes que digas: Mis ojos han prevenido al día para meditar desde la madrugada sobre vuestras palabras. Entonces podrás ocuparte con seguridad en tus negocios. ¡Qué agradable cosa es empezar el día con himnos y cánticos en alabanza de Dios! ¡Cuánta ventaja llevamos en que su palabra nos prevenga desde el amanecer con sus bendiciones. Pero al mismo tiempo que repasas en tu memoria con los cánticos espirituales las misericordias de Dios, aplícate también al estudio y práctica de alguna virtud particular, para reconocer en tus acciones el mérito y los efectos de la bendición divina. (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. 71, Tric. T. 4, p. 327.)"

"Dice el Apóstol: Yo rogué al Señor por tres veces: para damos a entender que no siempre concede Dios lo que le pedimos, porque sabe que no nos conviene. (S. Ambrosio, lib. 7, in c. 11, sent. 86, Tric. T. 4, p. 330.)"

"Por todo el cuerpo se debe orar, por todos los que son miembros de tu madre, que tiene la mutua caridad por divisa. Porque si solamente orara por ti, serás solo a rogar por ti; y no se consigue tanta gracia cuando cada uno ora por sí. Mas todos piden para el que ruega por todos. Si orares, pues, por todos, todos suplicarán por ti. En esto no hay arrogancia alguna; antes bien, es mayor la humildad y más abundante el fruto. (S. Ambrosio, de Abel y Caín, c. 9, sent. 5, adic., Tric. T. 4, p. 394.)"

"Tened siempre un libro en la mano: aprended de memoria todo el Salterio; sea continua vuestra oración; velad sin cesar sobre los sentidos, y no os dejéis distraer con vanos y malos pensamientos. Por último, trabajad en alguna obra para que el demonio os halle siempre ocupados. (S. Jerónimo, Ep. ad Rust. 125, sent. 11, Tric. T. 5, p. 240.)"

"Así que sintáis algún movimiento impuro, clamad a Dios y decidie: ¡Señor, Vos sois mi protector! No debéis permitir que crezca en vosotros este mal pensamiento ni dejar que se forme alguna producción de Babilonia. Quitad la vida a este enemigo antes que sea mayor y más fuerte; arrancad esa cizaña antes que tenga tiempo para crecer. Miserable hijo de Babilonia, dice la Escritura, dichoso aquel que toma tus pequeños hijos y los estrella contra la piedra. En esta piedra está significado Jesucristo. (S. Jerónimo, ad Eustoch., c. 22, sent. 17, Tric. T. 5, p. 34 l.)"

"Aunque el Apóstol nos mandó orar siempre, y a los Santos, aun el mismo sueño les sirve de oración, conviene, no obstante, destinar a este ejercicio ciertas horas, para que si sucede hallarnos empeñados en alguna ocupación, la misma hora nos advierte que es preciso ir a la obligación. (S. Jerónimo, Ep. ad Eustoch., c. 22, sent. 23, Tric. T. 5, p.242.)"

"Cuando yo habré clamado y suplicado, El desechará mi oración. Dios Todopoderoso, conociendo lo que nos conviene, hace del que no oye la voz de nuestro dolor, con el fin de procuramos lo que sabe que nos es más conveniente para purificar nuestra vida con las penas que nos deja padecer, y para obligamos a buscar en otra parte la tranquilidad y descanso que no se puede hallar en este mundo. Pero hay muchos (aun entre los fieles) que no conocen la gracia que se oculta en esta disposición de la Divina Providencia. (S. Jerón. in Lament. Jerm., lib. 2, sent. 67, Tric. T. 5, p. 249 y 250.)"

"Levantemos a Dios nuestros corazones al mismo tiempo que nuestras manos: porque dos cosas deben concurrir en la presencia de Dios, esto es: es preciso que las buenas obras sostengan y den fuerzas a la oración, y que la oración sostenga y confirme las buenas obras. (S. Jerón., in Lament. Jerem., lib. 2, sent. 70, Tric. T. 5, p. 250.)"

"A los que, no conociendo lo que les conviene, piden a Dios lo contrario, les importa mucho que el Señor no los oiga. Por esto en la oración dominical, decimos al Padre que está en el cielo: Hágase vuestra voluntad: esto es, aquella voluntad que procede del conocimiento cierto de las cosas que están por venir, y no nuestra voluntad, que es tan ciega y tan expuesta a engañarse. De este modo, es algunas veces grande felicidad no conseguir que Dios nos oiga. (S. Jerónimo, lib. 3, in Ezech., c. 8, sent. 74, Tric. T. 5, p. 25 l.)"

"Buscadrne y viviréis: porque desde el punto que se busca al Señor, se empieza a vivir. (S. Jerón., in amos, c. 5, sent. 85, Tric. T. 5, p.254.)"

"Pues es cierto que Dios da a los que le piden, que los que buscan hallan y que se abre a los que llaman a la puerta: se ve claro que aquel

que no ha recibido, que no ha hallado, ni le han abierto, no pidió bien, no buscó bien, ni llamó bien a la puerta. (S. Jerónimo, lib. 1, in Matth., c. 5, sent. 93, Tric. T. 5, p. 255.)"

"Es preciso pedir a Dios que destruya en nosotros todo cuanto es extraño, y lo que proviene de nosotros mismos, para edificar solamente lo que es suyo. (San Paulino, Ep. 24, ad Sever., sent. 4, Tric. T. 5, p.330.)"

"Pidamos a Dios que nos haga conocer nuestro fin, para que veamos lo que nos falta, y que nos haga cumplir lo bueno que no hemos ejecutado, para que no estemos sin cesar pasando días inútiles, o tejiendo toda nuestra vida una tela de araña, ocupados continuamente en obras vacías de todo bien. (S. Paulino, Ep. 36, ad Amand., sent. 12, Tric. T. 5, p. 33 l.)"

"No temáis, no dudéis, en nada os detengáis: haced fuerza al mismo Dios, y arrebatadle el reino de los cielos: aquel Señor que nos prohíbe tocar los bienes de otro, gusta de que le robemos los suyos: al mismo tiempo que condena la rapiña de la avaricia, alaba y aprueba el santo robo que su ley nos manda hacer. (San Paulino, Ep. 34, sent. 21, Tric. T. 5, p. 332.)"

"Son las oraciones unas armas maravillosas, tesoros inagotables y puertos seguros. Son las causas, principios, fuentes y raíces de todos los bienes. No digo esto de las oraciones tibias, flojas e indiferentes: solamente lo entiendo de las oraciones vivas que salen de un alma penetrada del arrepentimiento de sus pecados, y de un corazón verdaderamente contrito. Porque estas oraciones son las que verdaderamente tienen virtud para llegar hasta el cielo. (S. Juan Crisóst., Honil. 30, de incompr., Dei Nat. 5, sent. 25, Tric. T. 6, p. 305.)"

"Cuando nos presentamos a Dios para pedirle alguna cosa, lo hacemos con tanta flojedad, que parece que no tenemos gran deseo de conseguirla. No llevamos a la oración un corazón lleno de fe y de fervor, estamos como si nada tuviéramos que pedir y desear: estamos como soñolientos, sin aplicación y sin vigor. (S. Juan Crisóst., Honil. 123, sent. 48, Tric. T. 6, p. 309.)"

"Dos condiciones debe tener la oración, es a saber: pedir con fervor, y no pedir sino lo que se debe. (San Juan Crisóst., Honil. 24, sent. 50, Tric. T. 6, p. 309.)"

"Puede ser que me digáis: ¿En qué consiste que pidiendo yo a Dios cosas espirituales, no me las concede? Eso es porque no la pedís con fervor; es porque os habéis hecho indignos de recibirlas o porque habéis dejado de suplicar antes de tiempo. (S. Juan Crisóst., Homl. 24, sent. 51, Tric. ¡bid., ¡bid.)"

"Orad sierpre, dice el Apóstol, y orad en espíritu. No solamente con la lengua , sino con incesantes aplicación y en espíritu; quiero decir, pidiendo siempre cosas espirituales y razonables, orando con la mayor atención. (S. Juan Crisóst., HomI. 30, sent. 98, Tric. T. p. 3l7.)"

"Bien pudiera Dios damos lo que nos conviene, antes de pedírselo, pero dilata el concederlo para hacemos dignos de su cuidado. Suceda, pues, que consigamos, o que no consigamos lo que les hemos pedido, siempre debemos perseverar en la oración, y darle gracias, no sólo cuando concede, sino también cuando niega nuestras peticiones. Porque como sólo Dios conoce lo que nos conviene, y nosotros lo ignoramos, le debemos el mismo reconocimiento que si nos lo concediera. (S. Juan Crisóst., Homl. 30, sent. 99, Tric. T. 6, p. 317 y 3l8.)"

"Cuando llegó Jacob al pozo del juramento, sacrificó a Dios. En esto nos enseña que cuando queremos emprender una acción, un negocio, un viaje, debemos empezar ofreciendo a Dios el sacrificio de oración, invocando su asistencia: de este modo debemos dar principio a nuestras empresas, imitando la piedad de aquellos antiguos justos. (S. Juan Crisóst., Homl. 65, in Génes., sent. 109, Tric. t. 6, p. 3l9.)"

"Jesucristo y después San Pablo, nos enseñaron a hacer oraciones cortas y frecuentes, y a reiterarlas de cuándo en cuándo: porque si las hacemos muy largas, como regularmente no las acompaña mucha atención, damos motivos al demonio para que nos entre y aparte nuestro espíritu de la aplicación con que debemos estar cuando pedimos a Dios. Si de tiempo en tiempo interrumpimos nuestras oraciones y la reiteramos a menudo, adquiriremos mucha vigilancia, y las diremos con exacta atención. (S. Juan Crisóst., Serm. 1, sent. 112, Tric. T. 6, p. 320.)"

"Muchas razones hay (además de su bondad) para que Dios nos oiga: primero, si nos juzga dignos; segundo, si nuestra oraciones son conformes a su santa ley; tercero, porque son perseverantes y frecuentes; cuarto, porque nada pedimos de lo que sólo pertenece a esta vida, sin respecto a la eterna: quinto, porque solamente deseamos lo que conviene a nuestra salvación; sexto, porque hacemos todo cuanto está de nuestra parte. Muchas personas nos propone la Escritura, a quienes oyó Dios por alguna de estas razones, es a saber: al Centurión Cornelio, por su buena vida: a la Cananea, por su perseverancia en la oración; a Salomón, por el estilo de su súplica, y al Publicano, por causa de su humildad: mas en todo necesitamos su gracia. (S. Juan Crisóst., HomI. Psalm. 7, sent. 121, Tric. T. 6, p. 322.)"

"Cantad los Salmos con sabiduría. Quiere decir no oréis solamente con las palabras, sino también con las acciones; no con la lengua simplemente, sino también con la vida. (S. Juan Crisóst., in Psalm., 48, sent. 127, Tric. T. 6, p. 323.)"

"Todos nuestros deseos tiran a la vida eterna, refiriendo todas nuestras acciones a aquel último fin; porque con el de ejercitamos a no perder de vista aquella morada celestial, nos ordenó Jesucristo que dijéramos: Venga a nos el tu reino. (S. Juan Crisóst., in Psaim. 114, sent. 138, Tric. T. 6, p. 325.)"

"Los judíos solamente en Sión invocaban a Dios: pero los cristianos, en todas partes le invocan, en el campo, en su casa, en las calles, en la soledad, en el mar y en sus camas. Por último, no hay lugar en donde les esté prohibido el orar, si sus costumbres corresponden a sus oraciones. (S. Juan Crisóst., in Psalm. 133, sent. 141, Tric. T. 6, p. 326.)"

"Todos los que somos perezosos y flojos en la oración, consideremos cuánta es su virtud y eficacia. Aquel mal siervo que el Evangelio nos representa cargado de una deuda excesiva para con su Señor, no le hizo presente sus ayunos, su pobreza, ni otra consideración semejante: mas con estar tan desnudo de virtudes, así que conoció la obligación de suplicarle, el mismo divino Dueño se inclinó a tratarle con misericordia. No nos cansemos, pues, de orar. (S. Juan Crisóst., Serm. in Parb., sent. 187, Tric. T. 6, p. 337.)"

"Cuando Jesucristo ordenó a sus discípulos que dijesen en su oración: No nos dejes caer en la tentación: y esto es lo que el Señor practicó, cuando estando para sufrir su pasión, dijo a su Padre: Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz: pretendió enseñar a los Santos a no exponerse por sí mismos a los riesgos, y a no precipitarse temerariamente en las ocasiones peligrosas. (S. Juan Crisóst., Homi. 7, sent. 195, Tric. T. 6, p. 338.)"

"Considerad pues, la fuerza de las palabras de la oración M Señor, y la virtud, de las doctrinas que contiene; y advertí como prescribe la ley al amor recíproco entre los hombres, pues no nos mandó decir: Padre mío, sino Padre nuestro, para que enseñándonos que tenemos un Padre común, nos inclinase a tener todos el afecto de hermanos unos a otros. (S. Juan Crisóst., sent. 196, Tric. T. 6, p. 338.)"

"Cuando decimos a Dios: Santificado sea tu nombre, no le conferimos la santidad, sino que nos esforzamos por ensalzar con nuestras alabanzas la santidad que tiene por naturaleza: porque es lo mismo que decir: Glorificado sea tu nombre. Lo que nos advierte, cuán virtuosa debe ser nuestra vida, para que los hombres que la ven, glorifiquen a nuestro padre que está en el cielo. (S. Juan Crisóst., sent. 197, Tric. T. 6, p. 339.)"

"Venga a nos el tu reino. Oprimidos, como lo estamos, por la tiranía de nuestras pasiones, y expuestos a tentaciones infinitas, tenemos grande necesidad del reino de Dios. (S. Juan Crisóst., sent. 198, Tric. ibid., ibid.)"

"El Señor, después que nos hace renunciar a todos los deseos de la tierra, y vivir en continua esperanza de su reino, quiere que digamos: Hágase tu voluntad, así en la tierra, corno en el cielo. Cuando ya nos ha inspirado el amor de los eternos bienes, quiere que poseídos de este deseo, le digamos: Haced, Señor, que nosotros imitemos aquí la vida del cielo, y que queramos todo lo que Vos queréis: ayudadnos en el cumplimiento de las buenas intenciones de nuestra alma, que aún está muy débil, para que de este modo ejecute lo que desea hacer por serviros, a pesar de la enfermedad de esta carne que la detiene. (S. Juan Crisóst., sent. 199, Tric. T. 6, p. 339.)"

"Dadnos hoy nuestro pan sustancial: no la vianda superflua, sino el alimento necesario que repare en nosotros lo que cada día pierde nuestro cuerpo de su sustancia, y aparte de nosotros la muerte, que nos podía sobrevenir por falta de sustento: porque el cristiano, según estas palabras, no debe desear la diversidad de manjares delicados, ni todas esas pastas, ni esas viandas exquisitas que no hacen otra cosa que cargar el estómago, agravar el alma, cegar el espíritu y dar el cuerpo armas para combatirle; no es esto lo que nos enseña esta divina oración que pidamos a Dios; sino el pan sustancial, que es propio para convertirse en la sustancia de nuestro cuerpo, y aun no le pedimos para largo tiempo, sino solamente para el día, conforme a otro precepto del Evangelio, que nos dice: No estéis solícitos del día siguiente. (S. Juan Crisóst., sent. 20, Tric. ibid. ibid.)"

"Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. Aquí nos da el Señor tres advertencias: primera, enseña a los que han llegado a más alto grado de virtud a concebir siempre humildes sentimientos de sí mismo, y a no confiar en sus mismas fuerzas, antes bien, a vivir temerosos con la memoria de sus culpas, como el Apóstol San Pablo; segunda, quiere que los que han caído después del bautismo, no caigan también en la desesperación de su salvación, enseñándole cuanto deben esperar de aquel Soberano médico de las almas el remedio de sus pecados; tercera, nos dice cuánta debe ser nuestra benevolencia y humildad para con nuestros hermanos, porque solamente seremos dignos del perdón, a proporción que le concedamos a los que nos han ofendido. (S. Juan Crisóst., 201, Tric. T. 6, p. 340.)"

"Si queremos aliviar las penas de los difuntos hagamos por ellos mucha oración y demos mucha limosna. Y si no están en estado de recibir misericordia, servirán siempre para hacemos a Dios más favorable. (S. Juan Crisóst., HomI. 24, sent. 269, Tric. T. 6, p. 355.)"

"A los que hacéis vida cristiana, os declaro que mereceréis un severo juicio de Dios, si viendo alguno de vuestro hermanos inmodesto y desordenado, principalmente al tiempo de la oración de los fieles, no le advertís y reprendéis: más os valdrá esta corrección, que la oración que pudiéreis hacer. Interrumpid sin escrúpulo vuestra oración para corregirle, y ganaréis lo uno y lo otro. (S. Juan Crisóst., HomI. 24, c. 11, sent. 272, Tric. T. 6, p. 356.)"

" No hizo Dios la noche solamente para dormir o para divertimos en la ociosidad y la pereza. Los artesanos y las gentes de tráfico nos hacen ver esta verdad; y la misma Iglesia se levanta a media noche a la oración, porque entonces el alma está más depurada, más desprendida de pensamientos del mundo, y más capaz de contemplar las cosas celestiales. También contribuyen mucho la oscuridad y el silencio para inspirarnos sentimientos de compunción. Levantaos, pues, y conservad esta loable costumbre de velar en oración una parte de la noche. (S. Juan Crisóst., HomI. 26, c. 13, sent. 273, Tric. ibid., ibid.)"

"Tengamos en nuestra casa un bolsillo cerca del lugar donde acostumbramos a orar, para que todas las veces que entremos a hacer oración, echemos alguna limosna antes de empezarla. (S. Juan Crisóst., HomI. 43, c. 16, sent. 324, Tric. T. 6, p. 370.)"

"Sin duda nos aplicaríamos con más atención a orar, si considerásemos quién es el Dios con quien hablamos, si nos representásemos que es un misterioso sacrificio el que le ofrecemos y para él le llevamos en nuestras manos la espada, la leña y el fuego: si abrimos con el pensamiento las puertas del cielo, si entramos en espíritu, si degollamos la víctima con el cuchillo que el Espíritu Santo nos ha puesto en la mano, si le sacrificamos nuestra vigilancia, si derramamos en su presencia lágrimas de compunción, que son la verdadera sangre de la víctima espiritual. No os dejéis, pues, ocupar el corazón en aquel momento de ningunos pensamientos humanos. Representaos que cuando Abraham quiso ofrecer a Dios semejante sacrificio, no permitió que asistiesen a él, ni su mujer ni sus criados: haced vosotros lo mismo, y no permitáis que ningún pensamiento ni afecto civil y temporal ocupa vuestro espíritu mientras oráis; subid solos a lo alto del monte, como el Santo Patriarca, y nadie suba con vosotros. Si advertís que se levanta en vuestra alma algún pensamiento que quiera subir con vosotros, mandadle absolutamente que se quede fuera, como lo ejecutó Abraham, hasta que hayáis adorado a Dios. Desterrad, pues, todo pensamiento bajo y criminal, así como Abraham dejó el asnillo con los criados al pie del monte; y elevaos y subid a Dios con todo lo que sea racional y espiritual en vuestra alma, así como llevó Abraham consiguió a su hijo Isaac. (S. Juan Crisóst., HomI. 5, ad Corint., sent. 333, Tric. T. 6, p. 372, y 373.)"

"Empezad por la oración todo cuanto emprendáis. Si tenéis que hablar, orad antes de hablar. Por esta razón ponemos el nombre de Dios a la cabeza de todas las cartas que escribimos: porque bajo el nombre del Señor, todo es favorable y venturoso. (S. Juan Crisóstomo. Homil. 9, in Ep. ad Colon., sent. 358. Tric. T. 6, p. 378.)"

"¿Queréis que Dios os oiga? Pues pedidle el único bien. Sea Dios sólo el fin de vuestros deseos, pues El es el único que les puede dar satisfacción. (S. Agust., Psalin. 26, sent. 8, Tric. T. 7, p. 454.)"

"Si el salmo ora, orad con él; si gime, gemid también: si se alegra en Dios, alegraos igualmente: si espera, esperad asimismo, si teme, temed también: porque todo cuanto está escrito en el salmo, es como un espejo, con el cual se debe conformar nuestra alma. (S. Agust., Psalin. 30, sent. 15, Tric. T. 7, p. 455.)"

"Los verdaderos clamores que Dios oye, no salen de la boca, sino del corazón: muchos en el silencio de los labios han clamado fuertemente a Dios desde lo íntimo del corazón y otros, por el contrario, dando grandes gritos con la boca, al mismo tiempo que su corazón estaba apartado de Dios, nada han podido conseguir. Si clamáis, pues, a Dios, clamad en lo interior, que es donde os oye. (S. Agust., Psalm. 30, sent. 18, Tric. T. 7, p. 455.)"

"El que todo lo ha hecho, os dice: Pedidrne lo que quisiéreis. Pedid, pues, al mismo que todo lo hizo, y tendréis en El y de El todas las cosas que ha hecho. (S. Agust., Psalin. 32, sent. 33, Tric. T. 7, p. 457.)"

"Si queréis orar sin cesar, desead continuamente el eterno descanso. (S. Agust., Psalin. 37, sent. 40, Tric. T. 7, p. 458.)"

"El que clama a Dios desde lo más profundo de su miseria, ya no está en lo profundo, ya empieza a levantar su voz. Otros hay que están en lo profundo de este abismo, y éstos son los que no conocen que están en él. (S. Agus., Psalin. 39, sent. 50, Tric. T. 7, p. 458.)"

%Pedís que Dios os de alguna cosa que pueda ser vuestra? Pues el mismo Dios que todo lo puede dar, es vuestro. ¿Qué cosa hay más preciosa ni más grande? Buscáis sus dádivas y sanáis al mismo que las da. (S. Agust., Psalin. 49, sent. 66, Tric. T. 7, p. 460.)"

"Oid los clamores de David en sus salmos, para clamar a Dios con él; escuchad sus gemidos para gemir con él; y sus llantos, para juntar los vuestros, oid su voz después que se convirtió; para que os sirva de consuelo y esperanza. (S. Agust., Psalin. 50, sent. 68, Tric. ¡bid., ¡bid.)"

"¿Queréis que Dios oiga vuestra oración? Sed como los pobres: salga vuestra voz del fondo de la necesidad y del dolor, y no de la plenitud y del fastidio. (S. Agust., Psalin. 67, sent. 110, Tric. T. 7, p. 464.)"

"Yo me veo como un pobrecito huérfano; mi alma está destituída de consuelo y asistencia: clamo por vuestro socorro y confieso sin cesar mi flaqueza. (S. Agust., Psalin. 69, sent. 111, Tric. T. 7, p. 465.)"

"Cuando leéis, os habla Dios, cuando oráis, estáis hablando con Dios. (S. Agust., Psalin. 78, sent. 133, Tric. T. 7, p. 467.)"

"Nosotros no sabemos lo que debemos pedir a Dios. Algunas veces nos conviene que no suceda lo que deseamos. Dios es justo, y su bondad infinita. Por un efecto de su misericordia, nos niega lo que sin duda nos había de perjudicar. (S. León, Papa, Serm. 54, sent. 44, Tric. T. 8, p. 393.)"

"Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo le beba, hágase vuestra voluntad. Estas palabras de nuestra cabeza son la salud de todo el cuerpo, y la instrucción de todos los fieles. Estas son las que encendieron el celo de todos los confesores, y las que coronaron a los mártires. ¡Quién hubiera podido sufrir las persecuciones del mundo, el ímpetu de las tentaciones y el furor de los perseguidores, si Jesucristo no nos hubiera enseñado a decir a su Eterno Padre: Hágase vuestra voluntad! Aprendan esta lección los que fueron rescatados con tan subido precio, para cuando se vean en alguna violenta tentación, y recurran a la oración eficaz para vencer los temores y sufrir con paciencia, los trabajos. (S. León Papa, Serm. 56, sent. 45, Tric. T. 8, p. 393-)"

"Lo que debemos pedir a Dios, en todo tiempo, así para nosotros, corno para los demás, es que se digne concedernos lo que sabe que conviene a nuestras almas. Sobre todas las oraciones hemos de dirigir al Señor la del Padre nuestro, pues no debemos dudar que oirá una oración que El mismo instituyó. (S. Cesáreo de Arlés, Senn. 82, sent. 17, Tric. T. 9, p. 47.)"

"No es suficiente complacerse con la suavidad del canto, es necesario entrar en los afectos que inspiran los salmos que se rezan, y forman interiorniente los actos de las virtudes que allí se expresan. (S. Cesáreo de Arlés, Serm. Aug., sent. 20, Tric. T. 9, p. 47.)"

"Orar verdaderamente, es que resuenen con la compunción los gernidos del amor y no las palabras estudiadas. (S. Greg. el Grande, lib. 30, Mor., e. 21, sent. 5, adic., Tric. T. 0, p. 379.)"

"Orad con incesante lágrimas: orad continuamente y en todo tiempo: aplicaos a menudo a la oración; rogad a Dios de día y de noche; sea la oración frecuente, y orad siempre con continuación; gemid como la paloma; levantáis de noche a orar, y pasadla algunas veces toda en este santo ejercicio; multiplicad las vigilas para hablar con Dios: no interrumpa el sueño por mucho tiempo esta sagrada conversación, y en tornando un breve reposo, volved a orar. (S. Anselmo, Exhort. ad contemptum temporaliurn, sent. 7, Tríc. T. 9, p. 340.)"

"Rogad a Dios de día y de noche, sin dejar correr vuestra vida por diferentes objetos, y sin conceder cosa alguna a la curiosidad de los ojos. Quitad la ocasión: cortad todo cuanto pueda ser materia de pecado o puerta de la tentación. Disponedlo todo sin perturbación y con paz. A ninguno juzguéis con más severidad que a vosotros mismos. (S. Anselmo, ¡bid., sent. 3 1, Tric. T. 9, p. 346.)"

%En qué podéis pensar que sea más útil que la salvación, que en tan digna ocupación de vuestro entendimiento, (hablo de la oración) que en los inmensos beneficios de vuestro Criador? Meditad, pues, con el más suave sentimiento, y con la dilatación de un corazón humilde y penetrado de Dios: considerar la nobleza y excelencia que el Señor os dio desde el instante de la creación, y pensad bien con qué amor y con qué profundo respeto le debéis adorar. (S. Anselmo, 1.11 Meditat., sent. 36, Tric. T. 9, p. 348.)"

"La acción, acredita las palabras; pero la oración, atrae la gracia que hace eficaces las obras y las palabras. (S. Bem., Epist., 221, n. 3, sent. 116, Tric. T. 10, p. 329.)"

"Después de cenar no hemos de ir a la cama, sino a la oración, si no queremos vivir una vida más animal que las de las mismas bestias. (S. Juan Crisóst., de Lázaro, Conc. 1, n. 8, sent, 190, Tric. T. 6, p. 332.)"