PENITENCIA


Citas de la Sagrada Escritura

En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Haced penitencia, porque el reino de los cielos está cerca. Mt 3, 1-2.

Haced frutos dignos de penitencia. Mt 3, 8.

Comenzó entonces a increpar a las ciudades en que había hecho muchos milagros, porque no habian hecho penitencia. ¡Ay de ti, Corazein; ay de ti, Betsaida!, porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en ti, hace mucho que en saco y ceniza hubieran hecho penitencia. Mt 11, 20-21.

Y no he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia. Lc 5, 32.

Os digo que si no hiciéreis penitencia, todos igualmente pereceréis. Lc 13, 5.

Yo reprendo y corrijo a cuantos amo; ten, pues, celo y arrepiéntete. Apoc 3, 19.

Ni se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus maleficios, ni de su

fornicación, ni de sus robos. Apoc 9, 21.

Consumido estoy a fuerza de gemir; todas las noches inundo mi lecho y con mis lágrimas riego mi estrado. Sal 6, 7.

Le dijo uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? El les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos serán los que busquen entrar y no podrán. Lc 13, 23-24.

Considera, pues, de dónde has caldo, y arrepiéntete, y practica las obras primeras; si no, vendré a ti y removeré tu candelero de su lugar si no te arrepientes. Apoc 2, 5.

¿O es que desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y longanimidad, desconociendo que la bondad de Dios te trae a penitencia? Rom 2, 4.

Pues os he llamado y habéis rehusado; tendí mis brazos y nadie se dio por entendido. Prov I, 24.

¡Ay de los pecadores timidos y de las manos flojas, y del pecador que va por doble camino! Eclo 2, 14.

Apiádate de mi, ¡oh Dios!, según tu benignidad. Por tu gran misericordia borra mi iniquidad. Lávame enteramente de mi iniquidad y limpiame de mi pecado, pues reconozco mi transgresión, y mi pecado está siempre delante de mi. Contra ti, contra ti solo he pecado; he hecho lo malo a tus ojos, para que seas reconocido justo en tu sentencia y seas irreprochable en tu juicio. He aquí que en maldad fui formado y en pecado me concibió mi madre. Puesto que amas la verdad en lo intimo, ¡instruyeme en el secreto de la sabiduria! Sal 51, 3-8.


SELECCIÓN DE TEXTOS

Fines y motivos para la penitencia

4131 La finalidad última de la penitencia consiste en lograr que  amemos intensamente a Dios y nos consagremos a El (PABLO VI, Const. Poenitemini, 17-2-1967, n. 11).

4132 ¿Motivos para la penitencia? Desagravio, reparacion, petición, hacimiento de gracias: medio para ir adelante ..: por ti, por mi, por los demás, por tu familia, por tu pais, por la Iglesia... Y mil motivos más. (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 232).

4133 Para salvar nuestras almas, la penitencia nos es tan necesaria, a fin de perseverar en la gracia de Dios, como la respiración para vivir, para conservar la vida del cuerpo (SANTO CURA DE ARS, Sobre la penitencia).

4134 Piensa que los actos de penitencia te son tan necesarios para detener la violencia de las pasiones y mantenerte dentro de los límites del deber, como la brida y el freno para domar un caballo impetuoso (J. PECCI—León XIII—, Práctica de la humildad, 34).

4135 (La penitencia) purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad (SAN AGUSTIN, Sermón 73).

4136 Todos los que han querido rogar por alguna necesidad, han unido siempre el ayuno (la penitencia) a la oración, porque el ayuno es el soporte de la oración (SAN JUAN CRISOSTOMO en Catena Aurea, vol. I, p. 377).

 

Nos prepara el camino hacia el Señor

4137 El cual preparará tu camino ante ti... El camino por el que viene el Señor, penetrando hasta dentro del hombre, es la penitencia, por la cual Dios baja a nosotros. De aquí el principio de la predicación de Juan: haced penitencia (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea, volt IV, p. ll).

4138 El que desea la almendra de la nuez rompe la cáscara; la dulzura de la fruta compensa la amargura de la raíz; la esperanza del lucro hace agradables los peligros en el mar; la esperanza de la salud mitiga el dolor que causa la medicina [...]; quien desea verdaderamente el reino de Dios, hace penitencia. (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea, vol. IV, p. 11).

4139 Lo que ha de llenarse ha de empezar por estar vacío. Si has de llenarte del bien, comienza por echar fuera el mal. Imagina que Dios te quiere hacer rebosar de miel: si estás lleno de vinagre, ¿dónde va a depositar la miel? Primero hay que vaciar lo que contenia el recipiente; hay que limpiar el mismo vaso; hay que limpiarlo aunque sea con esfuerzo, a fuerza de frotarlo, para que sea capaz de recibir esta realidad misteriosa (SAN AGUSTIN, Trat. I Epistola de S. Juan, 4 ).

Por nuestros pecados

4140 [...] nada nos consuela tanto durante nuestra vida y nos  conforta a la hora de la muerte como las lágrimas que derramamos por nuestros pecados, el dolor que por los mismos experimentamos y las penitencias a que nos entregamos. Es esto muy fácil de comprender, puesto que por semejante medio tenemos la dicha de expiar nuestras culpas o satisfacer a la justicia de Dios. Por él merecemos nuevas gracias, para que nos ayuden a tener la dicha de perseverar (SANTO CURA DE ARS, Sobre la penitencia).

4141 Conoce el Señor la fragilidad humana para caer en el pecado, pero, como es bueno, no nos deja desesperar, sino más bien se compadece y nos da la penitencia como remedio saludable (SAN CIRILO, en Catena Aurea, volt Vl, p. 104).

4142 Entierra con la penitencia, en el hoyo profundo que abra  tu humildad, tus negligencias, ofensas y pecados.—Asi entierra el labrador, al pie del árbol que los produjo, frutos podridos, ramillas secas y hojas caducas.—Y lo que era estéril, mejor, lo que era perjudicial, contribuye eficazmente a una nueva fecundidad. Aprende a sacar, de las caldas, impulso: de la muerte, vida. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 211).

4143 No os aterre la austeridad de la penitencia, pues no tienen  proporción los trabajos del tiempo presente con las culpas pasadas que se perdonan; no tiene proporción el consuelo que al presente Dios envia, con la futura gloria que se nos promete (SAN BERNARDO, Sobre la convivencia, 21).

4144 Omnipotente es Dios para acoger benévolamente nuestra  penitencia, y ocultar en su juicio nuestros errores (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 29 sobre el Evang. de S. Marcos).

4145 Haga cada cual desfilar la vida pasada ante sus ojos, y veremos cuánta necesidad tenemos todos de penitencia (SANTO CURA DE ARS, Sobre la penitencia).

4146 La penitencia borra el pecado y la sabiduria lo evita (SAN AMBROSIO, en Catena A urea, volt Vl, p. 407).

4147 Fue permitida esta negación para que en el mismo principio de la Iglesia tuviese principio el remedio de la penitencia, y nadie se atreviera a confiar en sus propias fuerzas cuando ni el mismo S. Pedro pudo evadirse del peligro de la inconstancia (SAN LEÓN, Sermón sobre la Pasión).

4148 La Iglesia no sólo llama a la penitencia por la predicación de la Palabra de Dios, sino que también intercede por los pecadores y ayuda al penitente con atención y solicitud maternal, para que reconczca y confiese sus pecados y asi alcance la misericordia de Dios, ya que sólo él puede perdonar los pecados Pero, además, la misma Iglesia ha sido constituida instrumento de conversión y absolución del penitente por el ministerio entregado por Cristo a los apóstoles y a sus sucesores (cfr. Mt 18, 18; Jn 20, 23) (Orco paenitentiae, n. 8).

 

Algunos ejemplos y modos de hacer penitencia

4149 El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre el tentador, 6) .

4150 La pobreza no impide de ninguna manera el andar por aquel camino de penitencia que consiste en seguir el mandato del Señor, distribuyendo los propios bienes—hablo de la limosna—, pues esto lo realizó incluso aquella viuda pobre que dio sus dos pequeñas monedas (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom sobre el tentador, 6).

4151 (Cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu cara...). Aqui se habla de la costumbre que existia en Palestina de ungirse la cabeza los cias de fiesta, y mandó el Señor que cuando ayunemos nos manifestemos contentos y alegres (SAN JE. RONIMO, en Catena Aurea, vol I, p 380)

4152 Y aunque en todo tiempo haga falta aplicarse a santificar  el cuerpo, ahora sobre todo, durante los ayunos de la Cuaresma, debéis perfeccionaros por la práctica de una piedad más activa. Dad limosna, que es muy eficaz para corregirnos de nuestras faltas; pero perdonad también las ofensas, abandonad las quejas contra aquellos que os han hecho algún mal (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 45 sobre la Cuaresma).