PERDON DE LOS PECADOS

 

Citas de la Sagrada Escritura

Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban sentados alli algunos escribas, que pensaban entre si: ¿Cómo habla asi éste? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Y luego, conociéndo Jesús con su espiritu que asi discurrian en su interior, les dice: ¿Por qué pensáús asi en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paraiitico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu camilla y vete? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —se dirige al paralitico—, yo te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. El se levantó y, tomando luego la camilla, salió a la vista de todos, de manera que todos se maravillaron, y glorificaban a Dios diciendo: Jamás hemos visto cosa tal. Mc 2, 5-12.

Dijoles otra vez: La paz sea con vosotros. Como me envió mi Padre, asi os envio yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid al Espiritu Santo; a quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retuviereis, les serán retenidos. Jn 20, 21-23.

Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañariamos a nosotros mismos y la verdad no estarla en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonarnos y limpiarnos de toda iniquidad. I Jn 1, 8-9.

Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. Comenzaron los convidados a decir entre sí: ¿Quién es éste para perdonar los pecados? Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz. Lc 7, 47-50.

Y tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi sangre de la alianza, que sera derramada por muchos para remisión de los pecados. Mt 26, 27-28.

¿Alguno entre vosotros enferma? Haga llamar a los presbiteros de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe salvara al enfermo, y el Señor le hará levantarse y los pecados que hubiere cometido le serán perdonados. Sant 5, 14-15


.SELECCIÓN DE TEXTOS

Dios está siempre dispuesto a perdonar

4167 No dudéis del perdón, pues, por grandes que sean vuestras  culpas, la magnitud de su misericordia perdonará, sin duda, la enormidad de vuestros muchos pecados (SAN JERÓN!MO, Coment. sobre el profeta Joel).

4168 Dios no se escandaliza de los hombres. Dios no se cansa de  nuestras infidelidades. Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa, cuando el hijo vuelve de nuevo a El, cuando se arrepiente y pide perdón (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 64).

4169 La omnipotencia de Dios se manifiesta, sobre todo, en el  hecho de perdonar y usar de misericordia, porque la manera de demostrar que Dios tiene el poder supremo es perdonar libremente (SANTO TOMÁS, Suma Teológica 1, q. 25 a. 3 ad 3).

4170 La Santa Iglesia es comparada a una red de pescar [...].  Congrega toda clase de peces, porque brinda el perdón de los pecados a los sabios e ignorantes, a los libres y a los esclavos, a los ricos y a los pobres, a los fuertes y a los débiles (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 11 sobre los Evang.).

4171 Con su Pasión, Nuestro Señor nos libró de los pecados casualmente, es decir, instituyendo un procedimiento para liberarnos de nuestras miserias. Algo asi como si un médico preparase una medicina con la que pueden curarse todas las enfermedades (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 3, q. 48, a. l ad2).

Perdón y arrepentimiento

4172 La Iglesia, pues, nada puede perdonar sin Cristo, y Cristo nada quiere perdonar sin la Iglesia. La Iglesia solamente puede perdonar al que se arrepiente, es decir, a aquel a quien Cristo ha tocado ya con su gracia. Y Cristo no quiere perdonar ninguna clase de pecados a quien desprecia a la Iglesia (BEATO ISAAC, Sermón 11).

4173 (Judas) si hubiese orado en nombre de Cristo, habria pedido perdón; si hubiera pedido perdón, habria tenido esperanza; si hubiera tenido esperanza, habria esperado misericordia; si hubiera esperado misericordia, no se habria ahorcado desesperado (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 108).

4174 Sin estas palabras: Padre, he pecado, el hombre no puede entrar verdaderamente en el misterio de la muerte y de la resurrección de Cristo, para sacar de ella los frutos de la redención y de la gracia.

Estas son palabras clave. Evidencian sobre todo la gran apertura interior del hombre hacia Dios: «Padre, he pecado contra Ti». Si es verdad que el pecado, en cierto sentido, cierra al hombre por lo que se refiere a Dios, al contrario, la confesión de los pecados abre a la conciencia del hombre toda la grandeza y la majestad de Dios, y sobre todo su paternidad. El hombre permanece cerrado en relación con Dios mientras falten en sus labios las palabras: Padre he pecado y sobre todo mientras falten en su conciencia, en su «corazón».

Convertirse a Cristo, experimentar la potencia interior de su cruz y de su resurrección, experimentar la plena verdad de la humana existencia en El, «en Cristo», sólo es posible con la fuerza de estas palabras: Padre, he pecado. Y sólo al precio de ellas [...] (JUAN PABLO II, Angelus, 16-III1980).

 

Confianza en la misericordia divina

4175 Si el ladrón obtuvo la gracia del paraíso, ¿por qué el cristiano no ha de obtener el perdón? (SAN MÁXIMO DE TURIN, Sermón 53).

4176 El nos ha prometido el perdón de los pecados y no puede  faltar a su palabra, ya que, al enseñarnos a pedir que sean perdonados nuestras ofensas y pecados, nos ha prometido su misericordia paternal y, en consecuencia, su perdón (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la oración, 18).

4177 Existe, pues, una misericordia terrena y humana, otra celestial y divina. ¿Cuál es la misericordia humana? La que consiste en atender a las miserias de los pobres. ¿Cuál es la misericordia divina? Sin duda, la que consiste en el perdón de los pecados. Todo lo que da la misericordia humana en este tiempo de peregrinación se lo devuelve después la misericordia divina en la patria definitiva (SAN CESAREO DE ARLÉS, Sermón 25).

4178 Consideremos cuán grandes son las entrañas de su miseri-  cordia, que no sólo nos perdona nuestras culpas, sino que promete el reino celestial a los que se arrepienten después de ellas (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 19 sobre los Evang.).

4179...Porque ellos serán consolados. Y aun cuando sea sufi- ciente disfrutar de su perdón, no termina la retribución en el perdón de los pecados, sino que los hace participes de muchos consuelos, tanto para la vida presente como para la futura. El Señor da siempre más retribuciones que trabajos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 15).

Perdón y purificación

4180 Al renovarnos por el perdón de nuestros pecados, nos da  un nuevo ser, un alma como de niños, ya que nos crea de nuevo (BERNABÉ, Carta 5).

4181 Aquel a quien se le perdonan los pecados queda más blan co que la nieve. Por esto dice el Señor por boca de Isaias: Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la.nieve (SAN AMBROSIO, Trat. sobre los misterios cristianos).