PEREZA

Citas de la Sagrada Escritura

Todo lo que puedas hacer, hazlo en tu (pleno) vigor, porque no hay en el sepulcro, adonde vas, ni obra, ni razón, ni ciencia, ni sabiduría. Eclo 9, 10.

Los deseos matan al haragán, porque sus manos no quieren trabajar. Prov 21, 25.

Respondióle su amo: Siervo malo y haragán, ¿conque sabias   que yo quiero cosechar donde no sembraste y recoger donde no esparciste? Mt 25, 16.

La mano perezosa empobrece, la diligente enriquece. Prov 10, 4.

Ve, ¡oh perezoso!, a la hormiga; mira sus caminos y hazte sabio. No tiene juez, ni inspector, ni amo. Y se prepara en el verano su mantenimiento, reúne su comida al tiempo de la mies. O ve a la abeja y aprende cómo trabaja y produce rica labor, que reyes y vasallos buscan para sí y íodos apetecen, y, siendo como es pequeña y flaca, es por su sabiduría tenida en mucha estima. ¿Hasta cuándo, perezoso, acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño? Prov 6, 6-9.

Por eso vendrá sobre él de improviso la ruina y será quebrantado súbitamente y sin remedio. Prov 6, 15.

Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del insensato. Y todo eran cardos y oríigas que habían cubierto su haz, y su albarrada estaba destruida. Prov 24, 30-3 1.

La mano laboriosa señorea; la perezosa se hace tributaria. La angustia del corazón deprime al hombre, mas una palabra buena le alegra. Prov 12, 24-25.

Todavía os exhortamos, hermanos, a progresar más, y a que os esforcéis por llevar una vida quieta, laboriosa, en vuestros negocios y trabajos con vuestras manos, como os lo hemos recomendado. I Tes4, 11.

Y mientras estuvimos entre vosotros, os advertíamos que el que no quiere trabajar que no coma. 2 Tes 3, I 0.


SELECCIÓN DE TEXTOS

Los males que se originan de la pereza

4182 La parálisis es imagen del entorpecimiento que padece el perezoso (SAN JERONIMO, en Catena Aurea, volt IV, p. 56).

4183 Otro extremo contrario es el de los regalados, que, so color de discreción, hurtan el cuerpo a los trabajos, el cual, aunque en todo género de personas es muy dañoso, mucho más lo es en los que comienzan, porque (...) siendo aun nuevo y mozo, comienza a tratarse y regalarse como viejo (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, II, 5, av 6°)

 

4184 Quienes no quieren hacer nada se condenan, por su inactividad, a una agitación continua (CASIANO, Instituciones, 10).

4185 [...] la concupiscencia de la carne no se reduce exclusiva-  mente al desorden de la sensualidad, sino también a la comodidad, a la falta de vibración, que empuja a buscar lo más fácil, lo más placentero, el camino en apariencia más corto, aun a costa de ceder en la fidelidad a Dios (J.ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 5).

4186 Cuando se estudia mucho, se conoce a Dios: la ignorancia  es hija de la pereza (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt III, p. 78).

4187 Colocar el talento en un sudario, es lo mismo que sepultar  los dones recibidos bajo la capa de la pereza (SAN BEDA, en Catena Aurea, volt VI, p. 344).

4188 Quienes viven al albur de las circunstancias y sin regla al-  guna es imposible que no adolezcan de todos los vicios (CASIANO, Instituciones, 10).

4189 El buen trabajador recibe con libertad el pan de su traba-  jo; pero el perezoso y holgazán no se atreve a mirar la cara del amo (SAN CLEMENTE, Epfstola a los Corintios, 34).

4190 Al perezoso se le ha de hacer saber que muchas veces,  cuando no queremos hacer oportunamente las cosas que podemos, poco después, cuando queremos, ya no podemos; porque la desidia del alma, si no se sacude con el oportuno ardor, aumenta furtivamente con el sopor, el cual hace decaer todo deseo de bien (SAN GREGORIO MAGNO, Regla Pastoral).

4191 Este vicio de la ociosidad lo estigmatiza sin ambages Salo-  món en varios lugares de la Escritura: El que va con los ociosos—afirma—se hartará de pobreza (Prov 28, 19). Esto es, de una indigencia temporal y espiritual a la vez (CASIANO, Instituciones, lO).

4192 Se dice que la pereza hace venir al sueño porque, cuando se   deja de querer obrar bien, poco a poco se pierde además el cuidado de pensar bien. Por lo que acertadamente se añade: «Y el alma negligente padecerá hambre»; porque el alma, cuando no aspira con ardor a lo más alto, se derrama perezosa por los bajos deseos; y por lo mismo que se dispensa de someterse a disciplina, se derrama en deseos de placeres. (SAN GREGORIO MAGNO, Regla Pastoral).

Laboriosidad y diligencia

4193 Hay dos virtudes humanas —la laboriosidad y la diligencia—, que se confunden en una sola: en el empeño por sacar partido a los talentos que cada uno ha recibido de Dios. Son virtudes porque inducen a acabar las cosas bien. (J. ESCRIVÁ DE BAEAGUER, Amigos de Dios, 81).

4194 Para aquellos que tienden hacia la santidad cualquier dilación es peligrosa (CASIANO, Colaciones, 17).

4195 Como a hijos y enfermos, les da (S. Pablo) un consejo provechoso que es al propio tiempo un remedio para sus heridas: A estos tales les ordenamos y rogamos por el amor del Señor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan.

Médico experto entre muchos, cura sus llagas y conjura el peligro atacando directamente la causa, la ociosidad, echando mano de un solo precepto: el trabajo. Sabe perfectamente que todas las enfermedades que pululan en un tronco común desaparecen al instante si se logra eliminar la infección principal que las origina (CASIANO,Instituciones, 10, 14).

4196 De ahi aquella preciosa máxima—muy en boga entre los monjes egipcios—que nos legaron los antiguos Padres: «El monje que trabaja no tiene más que un demonio para tentarle, mientras que al ocioso y holgazán le tortura una legión de espiritus malvados» (CASIANO, Instituciones, 11).

4197 El que es laborioso aprovecha el tiempo, que no sólo es oro, ¡es gloria de Dios! Hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada. Por eso es diligente. El uso normal de esta palabra—diligente—nos evoca ya su origen latino. Diligente viene del verbo diligo, que es amar, apreciar, escoger como fruto de una atención esmerada y cuidadosa. No es diligente el que se precipita, sino el que trabaja con amor, primorosamente (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 81).

4198 Es señal manifiesta de amor la prontitud en la observancia   de los mandamientos de Dios (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., p. 203).

El alma que ama a Dios de veras no deja por pereza de ha- 4199 cer lo que puede para encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y después que ha hecho todo lo que puede, no se queda satisfecha y piensa que no ha hecho nada (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 3, 1).