PURIFICACION

 

Citas de la Sagrada Escritura

Lávame enteramente de mi iniquidad, y limpiame de mi pecado. Sal 50, 4.

Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones. Dejad de hacer el mal. Is 1, 16.

Cuando lave el Señor la inmundicia de las hijas de Sión, limpie en Jerusalén las manchas de sangre al viento, al viento de la devastación. Is 4, 4.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Mt 5, 8.

Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo que quien no renaciere del agua y del Espiritu, no puede entrar en el reino de los cielos. Jn 3, 5.

Jesús les dijo: El que se ha bañado no necesita lavarse, está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos. Jn 13, 10.

Porque se ha manifestado la gracia salutifera de Dios a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos del mundo, para que vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo con la bienaventurada esperanza en la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús, que se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo propio, celador de buenas obras. Tit 2, 1 1-14.

No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó mediante el lavatorio de la regeneraci6n y renovación del Espiritu Santo. nt 3, 5.

Pero si andamos en la luz, como El está en la Luz, entonces estamos en comunión unos con otros y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado. Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañariamos a nosotros mismos y la verdad no estarla en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonarnos y limpiarnos de toda iniquidad. I Jn 1, 7-9.

Porque todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que procede del mundo. I Jn2, 16.

[...] Jesucristo, el testigo veraz, el primogénito de los muertos, el principe de los reyes de la tierra. El que nos ama, y nos ha absuelto de nuestros pecados por la virtud de su sangre. Apoc 1, 5.

Le respondi: Señor mio, eso tú lo sabes. Y me replico: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y lavaron sus túnicas y las blanquearon en la sangre del Cordero. Apoc 7, 14.

Bienaventurados los que lavan sus túnicas para tener derecho al árbol de la vida y a entrar por las puertas que dan acceso a la ciudad. Apoc 22, 14.

 

SELECCIÓN DE TEXTOS

Para ver a Dios

4477 Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús.—Será, en todo caso,  la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... —Purificate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡El! (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 212).

Para que Dios habite en nosotros

4478 Figúrate que te dice Dios: «Tú me has invocado, ya voy a  ti; pero ¿dónde entraré? ¿voy a soportar tantas suciedades de tu conciencia? Si convidases a un siervo mio a tu casa, ¿no procurarlas antes limpiarla? Me convidas a mi a tu corazón, y está lleno de rapiñas». El lugar al que se convida a Dios está plagado de blasfemias, de adulterios, de fraudes, de malas pasiones, ¿y tú me convidas? (S. AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 30).

4479 Que, a mi parecer, si corno ahora entiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, no le dejara tantas veces solo, alguna me estuviera con El, y más procurara que no estuviera tan sucia (SANTA TERESA, Camino de perfección, 28, 11).

4480 Y asi como sacan poca agua de una fuente los que van alli con vasos pequeños, y sacan mucha quienes los llevan mayores, no distinguiendo la fuente las medidas, y como sucede también a la luz, que extiende más o menos su claridad según las ventanas que se abren, asi se recibe la gracia, según la medida de las disposiciones. (S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt Vl, p. 324).

4481 Es la otra propiedad limpiar cosas no limpias. Si no hubiese agua para lavar, ¿qué seria del mundo? Sabéis que tanto limpia este agua viva, este agua celestial, este agua clara, que de una vez que se beba pienso que deja el alma clara y limpia de todas las culpas. (SANTA TERESA, Camino de perfección, 19, 6).

4482 Y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión en él. Considérese bien qué inefable dicha es dar hospedaje en nuestro corazón a Dios. Si cualquier persona distinguida o que ocupe algún puesto elevado, o algún amigo rico y poderoso nos anunciara que iba a venir a visitarnos en nuestra casa, ¡con qué solicitud limpiariamos y ocultariamos todo aquello que pudiera ofender la vista de esta persona o de este amigo! Lave primero las manchas y suciedades que tiene el que ha ejecutado malas obras, si quiere preparar a Dios una morada en su alma. (S. GREGORIO MAGNO, Hom. 30 sobre los Evang.).

4483 Debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.

¿Deseas encontrar limpia la basilica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basilica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas [...]. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, asi quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos. (S. CESÁREO DE ARLÉS, Sermones).

El dolor y las contrariedades nos pueden servir de purificación

4484 Nuestra pureza y piedad exigen, precisamente porque sois  aceptos y agradables a Dios, que esta pureza sea expurgada mediante repetidos golpes, hasta que llegue a su máxima perfección. Por esto, si a veces se duplica o triplica la espada sobre vosotros, tenedlo por sumo gozo y como una prueba de amor. (S. RAIMUNDO, Cartas, I.c., pp. 84-85).

4485 Si el orfebre martillea repetidamente el oro, es para quitar  de él la escoria; si el metal es frotado una y otra vez con la lima, es para aumentar su brillo. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en la tribulación. (S. PEDRO DAMIÁN, Cartas, 8, 6).

4486 Que, por cuanto aquí purga Dios al alma [...], conviene  que sea puesta en vacío y pobreza y desamparo de todas estas partes (potencias interiores y exteriores), dejándola seca, vacía y en tinieblas. (S. JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, II, 6, 4).

4487 Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor, que todas las consolaciones, visiones y meditaciones que puedas tener. (S. JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y amor, 14).

4488 Si sabes que esos dolores—físicos o morales—son purificación y merecimiento, bendícelos. (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 219).

Purificación y libertad interior

4489 Pero reflexionemos bien sobre estas palabras para que los  perezosos vean con qué solicitud han de apresurarse a dejar la carga de sus almas. Porque si llevasen sobre sus espaldas alguna carga pesada, como de piedras, de madera o de alguna ganancia (v. gr.: trigo, vino o también dinero), se darían prisa para liberarse de su carga. Llevan el peso de sus pecados, y no quieren acelerar su paso. Hay que darse prisa para librarse de esa carga, porque aplasta y hunde. (S. AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 1).

4490 No puedes «subir».—No es extraño: ¡aquella caída ... Persevera y «subirás».—Recuerda lo que dice un autor espiritual: tu pobre alma es pájaro, que todavia lleva pegadas con barro sus alas

Hacen falta soles de cielo y esfuerzos personales, pequeños y constantes, para arrancar esas inclinaciones, esas imaginaciones, ese decaimiento: ese barro pegadizo de tus alas Y te verás libre—Si perseveras, «subirás». (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 991).