RECTITUD DE INTENCION

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA

Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa ante vuestro Padre, que está en los cielos. Mt.6, 1.

Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. I Cor 10, 31.

Buscad a Yavé y su poder, buscad siempre su rostro. Sal 104, 4.

El sabio tiene ojos en la frente y el necio anda en tinieblas. Ecle 2, 14.

Crea en mi ¡Oh Dios! un corazón puro, y renueva dentro de mi un espiritu recto. Sa/ 50, 12.

Siervos obedeced [...], no sirviendo al ojo, como buscando agradar al hombre, sino como siervos de Cristo, que cumplen de corazón la voluntad de Dios. Ef 6, 5.

Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre que ve lo oculto, te premiará. Mt 6, 3.

La lámpara del cuerpo es el ojo, si tu ojo estuviese sano, todo tu cuerpo estará luminoso, pero si tu ojo estuviese enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Mt 6, 22.

Me hubiera avergonzado de pedir al rey una escolta y caballeria para protegernos del enemigo durante el camino, pues hablamos dicho al rey: «La mano de nuestro Dios está para bien de los que le buscan» Esd 8, 22.

Honra al Dios de tu hacienda, da las primicias de todos los frutos. Y estarán llenas tus trojes y rebosará de mosto tu lagar. Prov 3, 9-10.

Que si las primicias son santas también la masa, si la raiz es santa, también las ramas. Rom 11, 16.

Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra. Jn 4, 34.

Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Lc 2, 14.

Ahora, pues, en los cielos está mi testigo y allá arriba está mi fiador. Job 16, 19.

No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orin los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orin los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban. Donde está tu tesoro alli estará tu corazón Mt 6, 19.

Alli buscaréis a Yavé, vuestro Dios, y le hallarás y con todo tu corazón, y con toda tu alma le buscarás. Dt 4, 29.

Lo verán los afligidos y se alegrarán, y que viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios. Sa/ 68, 33.

Pero los justos viven para siempre, y su recompensa está en el Señor, y el cuidado de ellos en el Altisimo. Sab 5, 15.

 

SELECCIÓN DE TEXTOS

Actuar de cara a Dios y no de cara a los hombres

4520 No te preocupes demasiado por saber quién está por ti o contra ti; busca más bien que Dios esté contigo en todo lo que haces. (Imitación de Cristo, II, 2, 3).

 

4521 Pureza de intención.—La tendrás siempre, si, siempre y   en todo, sólo buscas agradar a Dios. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 287).

4522 La presencia y el respeto de los hombres no le moverá a ser   más honesto, ni disminuirá en nada su virtud la soledad Siempre y dondequiera, lleva consigo el árbitro supremo de sus actos y de sus pensamientos: su conciencia. Y todo su empeño consiste en complacer a Aquel a quien sabe que no se puede eludir ni defraudar. (CASIANO. Colaciones, 11).

4523 El corazón del hombre camina derecho cuando va de   acuerdo con la voluntad divina. (SANTO TOMÁS. Sobre el Padrenuestro, I.c., 142).

4524 En los trabajos con que busco la nave, no es la nave lo que busco, sino la patria. (S. AGUSTIN, Sobre el Sermón de la Montaña, 2).

4525 No nos seduzca ninguna prosperidad halagueña, porque es   un viajero necio el que se para en el camino a contemplar los paisajes amenos y se olvida del punto al que se dirige. (S. GREGORIO MAGNO, Hom. 14 sobre los Evang.).

4526  Es imposible al que tiene una doble voluntad pelear y salir airoso de las batallas del Señor: El hombre de doble corazón—dice la Escritura—es inconstante en todos su caminos. (CASIANO, Instituciones, 7).

4527 Hay muchos que se sienten impulsados a hacer cosas buenas refiriéndolo todo a Dios, de modo que no son ellos mismos sino su Padre celestial quien resulta glorificado (S. GREGORIO MAGNO. Moralia, 19).

4528 La pureza de intenciones no es más que presencia de Dios:   Dios nuestro Señor está presente en todas nuestras intenciones. ¡Qué libre estará nuestro corazón de todo impedimento terrenal, qué limpia será nuestra mirada y qué sobrenatural todo nuestro modo de obrar cuando Jesucristo reine de verdad en el mundo de nuestra intimidad y presida toda nuestra intención! (S. CANALS, Ascética meditada, p. 143).

Si quieres tener espectadores de las cosas que haces, ahí los 4529 tienes: los ángeles, los arcángeles y hasta el mismo Dios del Universo. (S. JUAN CRISÓSTOMO, Catena Aurea, volt I, p. 344).

4530 El que no procura ser visto por los hombres, aun cuando haga algo en presencia de los hombres, no puede decirse que actúa en presencia de ellos: el que hace algo por Dios, no ve más que a Dios en su corazón, por quien hace aquello, como el artista tiene siempre presente a aquella persona que le encargó la obra en que se ocupa. (S. JUAN CRiSÓS TOMO, en Catena Aurea, volt I, p. 337).

4531 Tened confianza, carísimo amigo, le decía el sacerdote que le asistía, después de haberle administrado los últimos sacramentos. Os habéis comportado con suma integridad en vuestra vida sacerdotal, y los millares de sermones que habéis predicado sostendrán vuestra causa ante Dios, defendiéndoos contra la insuficiencia de la vida interior de que habláis.—¡Mis sermones! ¡Con qué ojos tan distintos los contemplo en estos momentos! ¡Ah! Si Nuestro Señor no empieza a hablarme de ellos, seguramente que no seré yo el primero en mencionarlos. (J.B. CHAUTARD, El alma de todo apostolado, pp. 107-108).

 

Rectificar muchas veces la intención

4532 El que desea saber si habita en él Dios, examine sinceramente el fondo de su corazón e indague con empeño con qué humildad resiste al orgullo, con qué benevolencia combate la envidia, en qué medida vence los halagos y se alegra con el bien ajeno. Examine si no desea volver mal por mal y si prefiere perdonar las injurias antes que perder la imagen y semejanza de su Creador. (S. LEÓN MAGNO, Sermón 8, para la Epifania).

4533 (Debemos) examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor. (S. GREGORIO MAGNO Hom. sobre Ezequiel 2).

4534 La inclinación de la carne, la propia voluntad, la esperanza del galardón, la afección del provecho pocas veces nos dejan. (Imitación de Cristo, I, 15, 2).

 

4535 Pureza de intención.—Las sugestiones de la soberbia y los   ímpetus de la carne los conoces pronto... y peleas y, con la gracia, vences. Pero los motivos que te llevan a obrar, aun en las acciones más santas, no te parecen claros... y sientes una voz allá dentro que te hace ver razones humanas..., con tal sutileza, que se infiltra en tu alma la intranquilidad de pensar que no trabajas como debes hacerlo—por puro Amor, sola y exclusivamente por dar a Dios toda su gloria. Reacciona en seguida cada vez y di: «Señor, para mí nada quiero.—Todo para tu gloria y por Amor». (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 788).

4536 Todos los males mortifican a los hijos del diablo, pero el   deseo de la vanagloria mortifica más bien a los hijos de Dios que a los hijos del diablo. (S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt I, p. 336).

4537 Volved, hermanos carísimos, dentro de vuestro corazón y   ved siempre qué es lo que a todas horas estáis revolviendo en vuestros pensamientos: el uno en los honores, el otro en las riquezas, aquel en la extensión de sus predios. Todas estas cosas de abajo son, y cuando el alma se enreda en ellas, declina el estado de su rectitud. (S. GREGORIO MAGNO Moralia, 31).

Huir del aplauso humano

4538 Examina bien los motivos que te impulsan a obrar para   descubrir las emboscadas de la vanidad y del amor propio; sólo a Dios debes referir todo el bien que hagas, porque has de saber que es una gran ganancia mantener oculta y secreta una obra buena de modo que sólo Dios la conozca; si por descuido tuyo viene a ser conocida de los hombres, pierde casi todo su valor, como un hermoso fruto que los pájaros han empezado a picotear. (J.PE CC! —León XIII—, Práctica de la humildad, 48).

4539 De nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás. (S. BASILIO, Discurso a los jóvenes).

4540 Tampoco aquí se dice que sea ilicito el ser vistos de los hombres, sino el obrar para ser vistos de ellos. Es superfluo repetir siempre lo mismo, ya que la regla que debe observarse es una sola: temer y rehuir, no que los hombres conozcan nuestras buenas obras, sino el hacerlas con la intención de que nuestro galardón sea el aplauso humano. (S. AGUSTIN, Sobre el Sermón de la Montaña, 2).

4541 Todo lo que a tu alrededor o en ti mismo te conduce a la presunción, recházalo. No presumas más que de Dios; ten necesidad únicamente de él y él te llenará. (S. AGusTiN, Coment. sobre el salmo 85).

 

El premio de las obras hechas con rectitud de intención

4542 Jamás llegaremos a comprender el grado de gloria que nos proporcionará en el cielo cada acción buena, si la realizamos puramente por Dios. (SANTO CURA DE ARS. Sermón sobre la esperanza).

4543 La serpiente (se refiere a la vanagloria) que debemos vigilar es invisible; entra en secreto y seduce. Si esta invasión del enemigo sucede en un corazón puro, bien pronto conoce el justo que sufre las influencias de un espíritu extraño (y puede rectificar); pero si el corazón está lleno de iniquidades no comprende fácilmente las sugestiones del demonio. (S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt I, p. 336).

4544 [...] En todo el bien que hacemos a nuestro prójimo, hemos de tener como objetivo el agradar a Dios y salvar nuestra alma. Cuando vuestras limosnas no vayan acompañadas de estas dos intenciones, la obra buena resultará perdida para el cielo. (SANTO CURA DE ARS. Sermón sobre la limosna).

4545 Cuánto poder tenga para hacer daño el deseo de la vanagloria, nadie lo conoce mejor que aquel que le declara la guerra; porque es fácil no buscar la propia alabanza cuando ésta es negada, pero es dificil no complacerse en ella cuando se of rece. (S. AGUSTIN. en Catena Aurea, volt 1, p. 336).

4546 Aquel que, después de ser menospreciado, deja de hacer el bien que hacía, da a entender que actúa por el aplauso de los hombres; pero si en cualquier circunstancia hacemos el bien a los demás, tendremos una grandisima recompensa. (S. JUAN CRISÓSTOMO, en CatenaA urea, volt II, p. 43).

Frutos

4547 No existen los fracasos, si se obra con rectitud de intención  y queriendo cumplir la voluntad de Dios, contando siempre con su gracia y con nuestra nada. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 76).

4548 Si fuese Dios siempre el fin último de nuestro deseo, no  tan presto nos turbaría la contradicción de nuestra sensualidad. Pero muchas veces tenemos algo de dentro escondido, o algo ocurre fuera cuya afición nos lleva tras sí. Muchos buscan su propio interés secretamente en las obras que hacen, y no lo entienden; y paréceles estar en buena paz cuando se hacen las cosas a su propósito; mas si de otra manera suceden, presto se alteran y entristecen (Imitación de Cristo, 1, 14, 2)

4549 Si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te responderé:  «Muéstrame primero qué tal sea tu persona», y entonces te mostraré a mi Dios. Muéstrame primero si los ojos de tu mente ven, si los oídos de tu corazón oyen. (S. TEÓFILO DE ANTIOQUIA, Libro 1)

4550No es pequeño fruto el desprecio de la gloria humana; y es  entonces cuando uno está libre del yugo de los hombres. (S.JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, volt 1, p. 380).

Rectitud de intención del sacerdote

4551 He aquí las señales por las que se conoce si un sacerdote  obra con recta intención: 1. Si ama los trabajos de su mayor desagrado y de menos relieve. 2. Si se queda tranquilo cuando sus planes no tienen éxito; quien obra por Dios alcanza su fin, que es agradarle; quien, por el contrario, se intranquiliza al considerar el fracaso de sus planes, da indicios de que no ha obrado sólo por Dios.3. Si disfruta del bien que hacen los demás como si él mismo lo hiciera, y ve sin envidia que los demás emprendan las obras que emprenden, deseando que todos procuren la gloria de Dios. S. ALFONSO Mª DE LIGORIO, Plática sobre el amor a Dios, 1.C., P. 312).