SAGRADA ESCRITURA

Citas de la Sagrada Escritura

 

 

¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más que la miel para mi boca! Sal 118, 103.

Todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la esperanza. Rom 15, 4.

 

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más tajante que una espada de dos filos, y penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Heb 4, 12.

 

Yo les he comunicado las palabras que Tú me diste, y ellos ahora las han recibido, y conocieron verdaderamente que Yo salí de Ti y creyeron que Tu' me has enviado. Jn 17, 8.

 

[...] El les dijo: Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica. Lc 11, 28.

 

El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso vosotros no las ois, porque no sois de Dios. Jn 8, 47.

 

Poned, pues, en vuestro corazón y en vuestra alma las palabras que Yo os digo; atadlas a vuestras manos para recordarlas y ponedlas como frontal ante vuestros ojos. Dt 11, 18.

 

[...] os hago saber, hermanos, que el evangelio por mí predicado no es de los hombres. Gal 1, 11.

 

El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene ya quien le juzgue: la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará en el último día. Jn 12, 48.

 

[...] el que escucha estas palabras y no las pone por obra, será semejante al necio, que edificó su casa sobre arena. Mt 7, 26.

 

[...] recibid con mansedumbre la palabra injertada en vosotros, capaz de salvar vuestras almas. Ponedla en práctica y no os contentéis sólo con oírla [...], pues quien se contente con sólo oír la palabra, sin practicarla, será semejante al varón que contempla en un espejo su rostro, y apenas se contempla, se va y al instante se olvida de cómo era. Sant 1, 21-24.

 

Vienen días, dice Yahvé, en que mandaré yo sobre la tierra hambre, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oir la palabra de Yahvé [...] Am 8, 11.

 

Y tenemos aún algo más firme, a saber: la Palabra, a la cual hacéis muy bien en atender, como a lámpara que luce en lugar tenebroso, hasta que luzca el día y el lucero se levante en vuestros corazones. 2 Pdr 1, 19.

 

Tu palabra es para mis pies una lámpara, la luz de mi sendero. Sal 118, 105.

 

Toda la palabra de Dios es acrisolada, es el escudo de quien en El confia. Prov 30, S.

Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios. Ef 6, 17.

 

SELECCION DE TEXTOS

 

 Luz para nuestra vida y medio para consolidar la fe

 

4753 Si se da una razón contra la autoridad de las divinas Escrituras, por muy aguda que sea, engaña con semejanza a la verdad, pues no puede ser verdadera. (S. AGUSTIN, Epístola 143).

 

4754 Las enseñanzas de la ley y los profetas, cristianamente entendidas, son como la estrella que conduce al conocimiento del Verbo encarnado a todos aquellos que han sido llamados por designio gratuito de Dios. (S. MAXIMO Centuria 1).

 

4755 Después que uno estudia la Escritura se vuelve sensible, es decir, adquiere el discernimiento y gusto de la razón para distinguir lo bueno de lo malo, lo dulce de lo amargo. (SANTO TOMÁS, en Catena Aurea, vol. 1, p. 51).

 

4756 La fe tiene cierta luz propia en las Escrituras, en la profecía, en el Evangelio, en las epístolas apostólicas. Todos estos documentos, que se nos leen en tiempos oportunos, son lámparas colocadas en lugar oscuro para que nos dispongan a recibir la luz del día. (S. AGISTIN, Coment. sobre el Salmo 126).

 

4757 Los preceptos evangélicos no son sino enseñanzas divinas, fundamentos para edificar la esperanza, medios para consolidar la fe, alimento para inflamar el corazón, guía para indicar el camino, amparo para obtener la salvación; ellos, instruyendo las mentes dóciles de los creyentes en la tierra, los conducen a la vida eterna. (S. CIPRIANO, Trat. sobre la oración).

 

4758 El instruido en las Escrituras se hace fuerte para arrostrar todas las adversidades. (SANTO TOMÁS, en Catena Aurea, vol. 1, p. 52).

 

4759 Se equivocan los que no conocen las Escrituras, y cuando las desconocen, desconocen también el poder de Dios. (S. JERÓNIMO, en Catena Aurea, vol. III, p. 78).

 

Veneración por la Sagrada Escritura

 

4760 La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sacra liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo. La Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición, ya que, inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre, nos transmite inmutablemente la palabra del mismo Dios; y en las palabras de los Apóstoles y los Profetas hace resonar la voz del Espíritu Santo. Por tanto, toda la predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura. (CONC. VAT. II, Const. Dei Verbum, 21).

 

4761 En los Libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual. Por eso se aplican a la Escritura de modo especial aquellas palaras: La palabra de Dios es viva y enérgica (Heb 4,12), puede edificar y dar la herencia a todos los consagrados (Hech 20, 32; cf. 1 Tes 2, 13). (CONC. VAT II, Const. Dei Verbum, 21).

 

4762 Todo lo que dicen las Escrituras lo dice el Señor, por lo que son más dignas de fe que el que un muerto resucite, o que un ángel del Señor baje del cielo. (S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 258).

 

«Tesoros ocultos» que encierra

4763 A los israelistas se les dio el maná en el desierto, como a nosotros la dulzura de las Escrituras, para que nos mantengamos animosos en este yermo de la vida humana. (S. AGUSTIN, Sermón 4).

 

4764 Escondió en su palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos a que evocara su reflexión.

La palabra de Dios es el árbol de vida que te ofrece el fruto bendito desde cualquiera de sus lados, como aquella roca que se abrió en el desierto y manó de todos lados una bebida espiritual. (S. EFRÉN, Coment. sobre el Diatessaron, 1),

 

4765 Podría muy bien compararse la Escritura a una tierra exuberante y fértil. En ella nacen y se desarrollan gran abundancia de frutos que han de sustentar y nutrir la vida humana. (CASIANO Colaciones, 8).

 

4766 No os descarriéis entre la niebla, escuchad más bien la voz del pastor. Retiraos a los montes de las santas Escrituras, allí encontraréis las delicias de vuestro corazón, nada hallaréis allí que os pueda envenenar o dañar, pues ricos son los pastizales que allí se encuentra. (S. AGUSTIN, Sermón 46, sobre los pastores).

 

Lectura y meditación de la Sagrada Escritura

 

4767 Nos valemos de ordinario de la lectura asidua y de la meditación de las Escrituras, para procurar a nuestra memoria pensamientos divinos. (CASIANO Colaciones, 1).

 

4768 La Escritura divina es como un campo en el que se va a levantar un edificio. No hay que ser perezosos, no contentarse con edificar en la superficie; hay que cavar hasta llegar hasta la roca viva: esta roca es Cristo. (S. AGUSTíN, Trat. Evang. S. Juan, 23).

 

4769 Que de este modo, por la lectura y estudio de los Libros sagrados, se difunda y brille la palabra de Dios (2 Thes, 3); que el tesoro de la revelación encomendado a la Iglesia vaya llenando el corazón de los hombres. Y como la vida de la Iglesia se desarrolla por la participación asidua del misterio eucarístico, así es de esperar que recibirá nuevo impulso de vida espiritual con la redoblada devoción a la palabra de Dios, que dura para siempre (Is 40, 8; 1 Pedr 1, 23-25). (CONC. VAT. II, Const. Dei Verbum, 26).

 

4770 No basta con tener una idea general del espíritu de Jesús, sino que hay que aprender de El detalles y actitudes. Y, sobre todo, hay que contemplar su paso por la tierra, sus huellas [...]. Porque hace falta que la conozcamos bien (la vida de Jesús), que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón [...]; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor. (J. ESCRIvÁ DE BALAGUER, Es Cristo quepasa, 107).

 

4771 La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo espíritu con que fue escrita. (S. JERÓNIMO, Coment. Epístola a los Gálatas, 5).

 

4772 (A la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo entre Dios y el hombre, pues) a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras (SAN AMBROSIO, Sobre los oficios, 1, 20, 25).

 

4773 Es preciso que meditemos continuamente la Palabra de Dios [...]; esta meditación ayuda poderosamente en la lucha contra el pecado. (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 2, l.c., 52).

 

Alimento del pueblo de Dios

 

4774 La Iglesia, esposa de la Palabra hecha carne, instruida por el Espíritu Santo, procura comprender cada vez más profundamente la Escritura para alimentar constantemente a sus hijos con la palabra de Dios; por eso fomenta el estudio de los Padres de la Iglesia, orientales y occidentales, y el estudio de la liturgia. Los exégetas católicos y los demás teólogos han de trabajar en común esfuerzo y bajo la vigilancia del Magisterio para investigar con medios oportunos la Escritura y para explicarla, de modo que se multipliquen los ministros de la palabra capaces de ofrecer al pueblo de Dios el alimento de la Escritura, que alumbre el entendimiento, confirme la voluntad, encienda el corazón en amor a Dios. (CONC. VAT. II, Const. Dei Verbum, 23).

 

«Alma de la teología»

4775 La Sagrada Escritura contiene la palabra de Dios, y en cuanto inspirada es realmente palabra de Dios; por eso la Escritura debe ser el alma de la teología. El ministerio de la palabra, que incluye la predicación pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana y en puesto privilegiado la homilía, recibe de la palabra de la Escritura alimento saludable y por ella da frutos de santidad. (CONC. VAT. II, Const. Dei Verbum, 24).

 

También el diablo utiliza, deformándola, la Sagrada Escritura para engañar y hacer el mal

 

4776 Alguien podría quizá preguntar: ¿cómo se explica que el diablo utilice las citas de la Sagrada Escritura?

No tiene más que abrir el Evangelio y leer. Encontrará escrito: Entonces el diablo lo tomó -se trata del Señor, del Salvador- y lo puso sobre lo alto del templo y le dijo: si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo; pues está escrito: te he encomendado a los ángeles, los cuales te tomarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra (Mt 4, 5-6).

¿Qué no hará a los pobres mortales el que tuvo la osadía de asaltar, con testimonios de la Escritura, al mismo Señor de la majestad? (S. VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 26).

 

4777 Mas alguien se dirá: ¿es que quizá los herejes no se sirven de los testimonios de la Sagrada Escritura? Ciertamente que se sirven ¡y con cuánta apasionada vehemencia! Se les ve pasar de un libro a otro de la Ley Santa:desde Moisés a los libros de los Reyes, desde los Salmos a los Apóstoles, desde los Evangelios a los Profetas. En sus asambleas, con los extraños, en privado, en público, en los discursos y en los escritos, durante las comidas y en las plazas públicas, es raro que mantengan alguna cosa si antes no la han revestido con la autoridad de la Sagrada Escritura. (S. VICENTE DE LFRINS, Commonitorio, n. 25).

 

4778 Porque ahora y siempre hay personas que con la Escritur~ en sus manos, en su memoria y en sus bocas, cometen grandes errores en cuanto a su interpretación, y esto porque tienen prejuicios contra su verdadero sentido. (CARD. J.H. NEWMAN, Dom. de Quincuagésima, Homilía sobre el prejukio y la fe).

 

 Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio

 

4779 La Tradición y la Escritura están estrechamente unidas y compenetradas; manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal, corren hacia el mismo fin. La Sagrada Escritura es la palabra dé Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo. La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación. (CONC. VAl. II, Const. Dei Verbum, 9).

 

4780 La Escritura es clara en sus palabras, pero el espíritu humano es oscuro y, como la lechuza, no puede ver la claridad [...]. El espíritu de Dios nos ha dado la Escritura, y nos revela su verdadero sentido, pero sólo a su Iglesia, columna y apoyo de la verdad; Iglesia por cuyo ministerio el espíritu divino guarda y mantiene su verdad, es decir, el verdadero sentido de su palabra; Iglesia, en fin, que es la única que cuenta con la asistencia del Espíritu de la verdad para encontrar adecuada e infaliblemente la verdad en la palabra de Dios. El que busque la verdad de la palabra divina fuera de la Iglesia, que es su custodia, nunca la encontrará; y el que quiera poseerla por medio distinto al de su ministerio, en vez de desposarse con la verdad, lo hará con la vanidad; en vez de poseer la claridad del Verbo sagrado, seguirá las ilusiones del ángel mentiroso, que se transfigura en ángel de luz. (S. FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 118, l.c., p. 752).

 

4781 El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado únicamente al Magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo. Pero el Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para se creído. (CONC. VAT. II, Const. Dei Verbum, 10).

 

4782 Así, pues, la Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros;los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas. (CONC. VAT. II, Const. Dei Verbum, 10).

Sagrada Escritura.----Si me presentan un lugar de la Escritura que parezca contraHo a otro, coi-no sé que no hay en ella contradicción, confesaré prontamente que no entiendo lo que dice, y procuraré persuadir a todos que sigan esta opinión. (S. Justino, Diálogo con Trifón, n. 65, sent. 1, Tric. T. 1, p. 61)-

---El libro de los Salmos merece particular consideración entre otros, porque cada uno de los otros libros santos contiene una materia que le es propia; pero el de los Salmos es como un paraíso y un jardín, abundante que lleva todo género de frutos. En efecto, adernás de lo que en este libro se aprende todo cuanto está esparcido en todos los demás en la Escritura, tiene todavía una ventaja singular, y es que en

ellos se descubren todos los rnovimentos que pasan en nuestra almas. y que de él podernos sacar las palabras que nos convienen, y la enseñanza de lo que debemos hacer o decir para curar nuestros males espirituales. (S. Atanasio, ad Marcell., Ep. sent. 3, Tric. T. 2, p. 171

---Toda la Escritura es inspirada de Dios y útil, porque ha sido escrita por movmiento del Espíritu Santo, para que cada uno pueda escoger en ella como en un almacén público destinado a la salud de las almas, los rernedios convenientes y propios para sanar de su enfermedad particular. (S. Basilio, Homil. in Psalm. 1, sent. 2, Ti-¡c. T. 3, p. 19(.)"

"En la Escritura, los libros de los Profetas nos dan enseñanzas diferentes de las que dan los libros históricos: los libros de la Ley nos dan otras, y otras también los de los Proverbios: pero el libro de los Sah-nos contiene sólo cuanto hay útil en todos los demás libros de la Escritura para toda suerte de personas. Profetizan los Salmos con toda certidumbre lo porvenir, refieren histórícamente lo pasado, dan leyes para vivir bien, y prescriben a cada uno lo que debe hacer. (S. Basilio, Hornil. in PsaliD. 1, sent. 3, Tric. ¡bid., p.s 190 y l9l.)"

"Las palabras de los Evangelios son infinitamente más excelentes que todas las otras enseñanzas del Espíritu Santo, que leemos en las Escrituras: porque en todos los demás libros habló el Señor por la boca de sus siervos: pero en el Evangelio nos habló por su misma boca. (S. Basilio, in Evang. Joarm., sent. 19, Tr¡c. T. 3, p. l94.)"

---Salomón compuso tres libros: los Proverbios, el Eclesíastés y el Cántico de los Cánticos. En los Proverbios instruye al niño en sus obligaciones con sentencias: por lo que muchas veces dirige su discurso a su hijo. En el Eclesiastés enseña a personas de rnás adelantada edad, y las hace ver que en este mundo nada es durable, sino caduco y perecedero. Por último, en el Cántico de los Cánticos, acaba de formar un hombre perfecto, que despreciando el siglo presente, está ya preparado para el que ha de venir, y le va guiando a la santa unión y castos abrazos del Esposo celestial. Porque si primero no hemos dejado el vicio y renunciado a las pompas del mundo, si durante esta vida no hemos procurado disponernos a la venida de Jesucristo, no estamos en estado de decirle: Béseme con el beso de su boca. (S. Jerón.. in Ecelesíast. c, 2, sent. 80. Ti-¡c. T. 5, p. 253.)"

---Meditadlas Escrituras. No quiere Jesucristo que nos contentemos con la simple lectura de las Escrituras, sino que profundizando, por decirlo así, hasta la médula, saquemos toda la substancia, pues

acostumbra la Escritura a encerrar en pocas palabras una infinidad de sentidos. (S. Juan Crisóst., Homil. 37, III Genes., sent. 104, Tric. t. 6, p. 318.)"

"Cuanto rnás nos ejercitemos en el Evangelio, rnás claramiente vernos la verdad. (S. Juan Crisóst., Homil., 19, c. 9, sent. 268, Tric. ¡bid., p. 355.)

---El testarnento viejo es, para los que lo entienden bien, profecía del nuevo. (S. Agust., cont. Faust- lib. 19, c. 2, sent. 22, adic., Ti-¡c. T. 7, p. 485.)

---Los libros de éste nada pierden de su autoridad, porque no los entienden los judíos; antes bien, se aumenta; pues en ellos está profetízada la ceguera de estos. (S. Agust., lib. 16, c. 21, sent. 23, adic., Tric. ibid., p. 485.)"

---La Santa Escritura nos enseña cuál es la fuerza del amor a Jesucristo nuestro Salvador: tamibién nos lo enseñó Este por sí mismo, cuando dijo: El que me ama, que me siga y esté comnigo, por todas partes en donde yo estuviere. Porque es preciso que siempre estemos en su presencia; que te amemos, que le sigamos por todas partes, y que no nos alejemos jamás de El. Todo esto lo cumpliremos si buscamos su gloria. (S. Círilo, Alejand., Horníl. 3, sent. 13, Tríc. T. 8, p. 1 «.)"

"Del libro del Cántico de los Cánticos, dice San Gregorio el Grande: De tal modo se espera en este libro, según la voz de la Iglesia, la venida del Señor generalmente, que cada una de las almas pueda mirar la entrada de Dios en su corazón corno si fuera la venida del esposo al tálamo nupcial. Diga, pues, la santa Iglesia que espera por largo tiempo la venida del Señor., y padeces una dilatada sed de la fuente de la vida ¡cuánto desea ver la presencia de su Esposo y cuánto la echa mienos! (S. Greg. el Grande. Ep. in Cant., Psalm. sent. 19, adic., Ti-¡c. T. 9, p. 385.)

---Dice la esposa que se derritió al oír la palabra del esposo: porque cuando Jesucristo entra con su Espíritu en el alma que le desea, inmediatamente se deshace la dureza del corazón, y algunas veces son tantas las lágrimas que se derrite, que apenas puede entender como ha cabido en ella el que con exultación conoce que ha recibido. (S. Greg. el Grande, ibid., c. 5, sent. 20, adic., ibid., ibid., ibid.)

---¿Qué es la Sagrada Escritura'? Es una Epístola, una carta enviada por Dios a los hombres, dirigida por el Omnipotente a la criatura, según los Santos Padres San Atanasio, San Agustín, San Gregorio el

Grande, y San Antonio; Moisés, los Profetas, los Evangelistas y Apóstoles, no fueron nada más que unos amanuenses, o bien la pluma del Espíritu Santo, bajo cuyo dictado escribieron. (S. Cipriano, Serm. de Eleern, Barbier, T. 2, p. 246.)"'

---¿Qué es el Evangelio? Es el libro de Jesucristo: la Filosofía y la Teología de Jesucristo; es la preciosa nueva de la redención, es la gracia, la salvación eterna del género humano que Jesucristo trajo al mundo y concedió a los creyentes. (Barbier, ibid., ibid.)

---La Sagrada Escritura, es el rnás perfecto de todos los libros, la más cierta de todas las ciencias, la más augusta, la más eficaz, la más sabia, la más útil, la más sólida, la más necesaria, la más vasta y elevada. Es la única necesaria, porque es la palabra de Dios. No es Moisés el que habla; es Dios: no son los Patriarcas y los Profetas, los que hablan; es Dios: no son los Evangelistas, San Mateo, San Lucas, San Juan y San Marcos los que hablan; es Dios. Y claro es que Dios posee todas las ciencias y las posee sin error. (Barbier, ¡bid., págs. 249 y 250.)"

"La Sagrada Escritura contiene todo lo que puede saberse: abraza las ciencias naturales y sobrenaturales, y hasta nos da a conocer la ciencia divina con sus divinos atributos.. El Génesis, así como el Eclesiastés y Job, enseñan la Física; los Proverbios, lit Sabiduría y el Eclesiástico, enseñan la Moral. Lit Metafísica, la enseñan Job y el Salmista; allí se cantan con himnos de alabanza el poder, la sabiduría y la imensidad de dios: las incomparables obras de Dios, los Angeles, y todas las criaturas son allí ensalzadas. En el Génesis, el Exodo, el libro de Josué, los libros de los Jueces y de los Reyes, en Esdras y en los Macabeos hallamos la Historia y la Cronología. La Geometría aparece en la construcción del templo y del tabernáculo.. La Sagrada Escritura habla del principio de las cosas, del orden de la naturaleza, y sobre todo de dios, de sus atributos, de la inmortalidad del alma, de la libertad, de la verdadera igualdad, de la fraternidad, de las penas, de las recompensas y de todo cuanto existe: y habla de todo de un modo más exacto, más sólido y claro que todos los sabios reunidos... Historia, literatura, poesía, pintura, escultura, de todo contiene. San Vicente Ferrer, que tantas conversiones hacía con sus predicaciones en España, Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, no llevaba consigo más que la Biblia, ni otra cosa predicaba. A San Antonio de Padua le dio el Soberano Pontífice el nombre de Arca del Testamento, por su elocuencia en explicar y enseñar la Sagrada Escritura, (In ejus vita, Barbier, ibid., p. 25 L)