TIBIEZA

Citas de la Sagrada Escritura

El camino del perezoso está lleno de espinas. [...] Prov 15, 19.

Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del insensato. Y todo eran cardos y ortigas que habían cubierto su haz y su albarrada estaba destruida. A su vista me puse a reflexionar; aquello fue para mi una lección. Un poco dormir, un poco adormilarse, un poco cruzar las manos descansando. Y sobreviene como vagabundo tu miseria, y como hombre armado tu indigencia. Prov 24, 30-34.

Conozco tus palabras y que no eres ni frio ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Mas, porque eres tibio, y no eres ni caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca. Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo; te aconsejo que compres de mi oro acrisolado por el fuego, para que te enriquezcas y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergúenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos a fin de que veas. Apoc 3, 15-18.

La senda de los justos es como la luz de aurora, que va en aumento hasta ser pleno día. Prov 4, 18.

Sed diligentes sin flojedad, fervorosos de espíritu, como quienes sirven al Señor. Rom 12, 11.

Y aunque me dije: «No me acordaré de él, no volveré a hablar en su nombre",es dentro de mí como fuego abrasador. Jer. 20,9.

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Mt 15, 8.

Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yavé 1...]. Jer 48,10.

Habiendo comenzado en Espíritu, ¿ahora acabáis en carne? Gal 3,3.

Tenía uno plantada una higuera en su viña, y vino en busca del fruto y no lo halló. Lc 13, 6.

Estad alerta, velad, porque no sabéis cuándo será el tiempo. Mc13, 33.

Velad, pues vosotros no sabéis cuándo vendrá el amo de la casa. Mc 13, 3S.

Despierta tú que duermes y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo. Ef 5, 14.

Estáte alerta y consolida lo demás, que está para morir, pues no he hallado perfectas tus obras en la presencia de mi Dios. Apoc 3, 2.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos está en tensión, y los esforzados lo arrebatan. Mt 11, 12.

Los designios del diligente prosperan, mas para el negligente todo son pérdidas. Prov 21, S.

Todo sarmiento que en mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que dé fruto, lo podará, hasta que dé más fruto. Jn 15, 2.

Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Mt 3, 10.

 

SELECCION DE TEXTOS

 

 

Tristeza y pereza en el trato con Dios. Causas

 

5123 Una cierta tristeza, por la que el hombre se vuelve tardo para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1, q. 63, a. 2 ad 2>.

 

5124 Tristeza ante el bien espiritual y divino (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 2-2, q. 35, a. 3).

 

5125 No es razón que amemos con tibieza a un Dios que nos ama con tanto ardor (SAN ALFONsO M.~ DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento, 4).

 

5126 No por causa de faltas aisladas merece uno el reproche de ser tibio. La tibieza es más bien un estado que se caracteriza por no tomar en serio, de un modo más o menos consciente, los pecados veniales, un estado sin celo por parte de la voluntad. No es tibieza el sentirse y hallarse en estado de sequedad, de desconsuelo y de repugnancia de sentimientos contra lo religioso y lo divino, porque, a pesar de todos estos estados, puede subsistir el celo de la voluntad, el querer sincero. Tampoco es tibieza el incurrir con frecuencia en pecados veniales, con tal de que se arrepienta uno seriamente de ellos y los combata. Tibieza es el estado de una falta de celo consciente y querida, una especie de negligencia duradera o de vida de piedad a medias, fundada en ciertas ideas erróneas: que no debe ser uno minucioso, que Dios es demasiado grande para ser tan exigente en las cosas pequeñas, que otros también lo practican así, y excusas semejantes (B. BAUR, La confesión frecuente, p. 103).

 

5127 La diferencia entre la caridad y la devoción es la misma que hay entre el fuego y la llama [...J. Así que la devoción sólo añade al fuego de la caridad la llama que la hace pronta, activa y diligente (SAN FRANCISCO DF SALES, Introd. a la vida devota, 1, 1).

 

5128 Esa tristeza es una carencia de grandeza de ánimo; no quiere proponerse la empresa grande propia de la naturaleza del cristiano. La «acedía» es una humildad pervertida; no~quiere aceptar los bienes sobrenaturales, porque implican esencialmente una exigencia para el que los recibe[...]

La «acedia» es, en la medida en que pasa del terreno del afecto al de la decisión espiritual, una aversión consciente, una auténtica huida de Dios. El hombre huye ante Dios porque le ha elevado a un modo de ser superior, divino, y le ha obligado, por tanto, a una norma superior de deber. La «acedia» finalmente, es una franca «detestatio boni divinis», lo cual significa la monstruosidad de que el hombre tenga la convicción y el deseo expreso de que Dios no le deberia haber elevado sino «dejado en paz».

La pereza como pecado capital es la renuncia malhumorada y triste, estúpidamente egoísta, del hombre a la «nobleza que obliga» de ser hijos de Dios (J. PIEPER, Sobre la Esperanza, pp. 61-63).

 

5129 Y pierden del todo el agua, sin beber poca ni mucha, ni de charco ni de arroyo (SANTA TERESA, Camino de perfección, 21, 5).

 

5130 ¡Oh almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis?, ¿en qué os entretenéis? ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma; pues para tanta luz estáis ciegos, y para tan grandes voces sordos! (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 39).

 

5131 Suelen tener tedio (los principiantes) en las cosas que son más espirituales y huyen de ellas, como son aquellas que contradicen el gusto sensible [...J. Y así por esta acedia posponen el camino de perfección (SAN JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, 1, 7).

 

5132 Debemos observar que el siervo inútil llama duro a su señor, a quien sin embargo rehusa servir, y dice que temió negociar con el talento recibido el que sólo debía temer devolvérselo a su señor sin lucro alguno. Pues hay muchos dentro de la Santa Iglesia de los que es una viva imagen este siervo, los cuales temen emprender el camino de mejor vida y no temen permanecer en la indolencia; y considerándose pecadores, tiemblan de entrar en las vías de la santidad, y no tiemblan de seguir en sus vicios (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 9 sobre los Evang.).

 

Síntomas de la tibieza

 

5133 [...] porque de razón de tibieza es no se le dar mucho, ni tener solicitud interior por las cosas de Dios [...]. Lo que es sólo sequedad purgativa tiene consigo ordinaria solicitud con cuidado y pena, como digo, de que no sirve a Dios [...] (SAN JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, 1, 9).

 

5134 Nadie atribuya su descarrío a un repentino derrumbamiento, sino a haber seguido malos consejos o haberse apartado de la virtud poco a poco, por una pereza mental prolongada. De ese modo es como comienzan a ganar terreno insensiblemente los malos hábitos, y sobreviene una situación extrema. El derrumbamiento -se lee en los Proverbios- viene precedido por un deterioro y éste por un mal pensamiento (Prov 16, 18). Sucede lo mismo que con una casa: se viene abajo un buen día sólo en virtud de un antiguo defecto en los cimientos, o por una desidia prolongada de sus moradores. Gotitas muy pequeñas penetran imperceptiblemente, corroyendo los soportes del techo; y gracias a esa falta de atención repetida, se agrandan los boquetes y los desperfectos. Después la lluvia y la tempestad penetran a mares (CASIANO, Colaciones, 6).

 

5235 (La curiosidad) embaraza los sentidos, inquieta el ánimo y derrámala en muchas partes, y así impide la devoción (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2,3).

 

5136 Así se apodera poco a poco el enemigo del todo, por no resistirle al principio. Y cuanto uno fuere más perezoso en resistir, tanto cada día se hace más flaco, y el enemigo contra él más fuerte (Imitación de Cristo, 1, 13, 5).

 

5137 El alma tibia no está aún absolutamente muerta a los ojos de Dios, ya que no están enteramente extinguidas en ella la fe, la esperanza y la caridad, que constituyen su vida espiritual. Pero su fe es una fe sin celo; su esperanza, una esperanza sin firmeza; y su caridad, una caridad sin ardor (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la tibieza).

 

5138 Otro extremo contrario es el de los regalados, que, so color de discreción, hurtan el cuerpo a los trabajos, el cual, aunque en todo género de persona es muy dañoso, mucho más lo es en los que comienzan, porque [...J siendo aún nuevo y mozo, comienza a tratarse y regalarse como viejo (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2, 5).

 

5139 (El tibio) se parece a una persona que Sintiese deseos de pasear en carro triunfal, mas no se dignase ni tan sólo levantar el pie para subir a él (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la tibieza).

 

5140 Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; si buscas con cálculo o «cuquería» el modo de disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad; si tus conversaciones son ociosas y varías; si no aborreces el pecado venial; si obras por motivos humanos (J. ESCRIvÁ DE BALAGUER, Camino, n. 331).

 

Consecuencias

5141 Muchos hay que envejecen en la tibieza y relajación que han contraído en su adolescencia, intentando granjearse autoridad no por la madurez de su vida, sino por su edad avanzada (CASIANO, Colaciones, 2).

5142 Con el cuerpo pesado y harto de mantenimiento, muy mal aparejado está el ánimo para volar a lo alto (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2, 3>.

5143 (Los demonios, a quienes están metidos en la tibieza y no hacen nada por salir de ella) empiezan a despojarles del te mor y recuerdo de Dios, asi como de la meditación espiritual. Luego, una vez desarmados del socorro y protección divinos, se abalanzan osados sobre sus victimas como sobre una presa fácil. Y así acaban por establecer allí su morada, cual si fuera una posesión que ha sido entregada en sus manos (CASIANO, Colaciones, 7).

 

5144 (De la tibieza) nace la malicia, el rencor, la pusilanimidad, la falta de esperanza, la indolencia en lo tocante a los mandamientos, la divagación de la mente por lo ilícito (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 31).

 

5145 Las imperfecciones de aquellos que caminan con tibieza a la perfección, por más que las sufran los fuertes y tolerantes, los mismos imperfectos no pueden soportarlas. Mejor dicho, no pueden sufrir que les sufran. Viven en su corazón y están connaturalizadas con ellos las causas de sus enojos; por eso no les dejan vivir en paz y armonía. Les sucede lo que a los enfermos, imputan a negligencia de los cocineros o de sus domésticos las repugnancias de su estómago enfermizo. Y por mucho que se esmere uno en atenderles, no dejan de hacer responsables a los sanos de su abatimiento morboso, sin percatarse de que éste se encuentra en sí mismos y responde al estado anormal de su salud quebrantada (CASIANO, Colaciones, 16).

 

5146 En fin, van siempre errantes al albur de una imaginación sin freno. Ni pasa por sus mentes lamentarse cuando se ven alejados de la divina contemplación, que es algo único y simplicísimo. Más: no tienen nada cuya pérdida puedan deplorar. Abriendo su alma de par en par a todo pensamiento que la invade, no tienen ningún objeto en que afincarse y que polarice todos sus deseos (CASIANO Colaciones, 23).

 

5147 Porque dormir es morir. Dormitar antes del sueño significa debilitarse la salud; porque por la enfermedad se llega al sueño de la muerte (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 12 sobre los Evang.).

 

5148 (Palabras de S. Basilio a un monje poco entregado). «Et senatorem perdidisti, et monachum non fecisti»: Has sacrificado al senador y no has hecho al monje (CASIANO, Instituciones, 7).

 

5149 La devoción, que Santo Tomás define como «voluntad decidida para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios», desaparece en el estado de tibieza (cfr. SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 82, a. 1).

 

5150 A medida que el alma se vea endurecida con sus acciones, cuesta más el ablandarla para las cosas que pertenecen al amor de Dios (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 17 sobre los Evang.).

 

5151 Todo le indigna, todo le exaspera; el trabajo le causa tedio y es motivo para que murmure sin cesar. No conoce moderación ninguna, y como un caballo indómito corre vertiginoso y sin freno hacia el precipicio. Vive descontento de todo; del régimen de vida, del vestido, de la convivencia con los hermanos. Y dice paladinamente que no podrá soportar por mucho tiempo tal estado de cosas (CASIANO, Instituciones, 7).

 

5152 Las más de las veces se funda en no haber renunciado en un principio con sinceridad a todas las cosas y en un amor tibio hacia Dios (CASIANO, Instituciones, 7).

 

Remedios

 

5153 Nosotros somos los vasos, Cristo es la fuente (SAN AGUS-TIN, Sermón 289).

 

5154 Hemos de huir siempre del pecado; pero la tentación del pecado hay que vencerla unas veces huyendo y otras ofreciendo resistencia. Huyendo cuando el continuo pensamiento aumenta el incentivo del pecado, como sucede en la lujuria [...]. Resistiendo, empero, cuando el pensar detenidamente en el objeto que la provoca, ayuda a alejar el peligro, que precisamente nace de no considerarlo bien. Tal es el caso de la pereza espiritual o acidia, porque cuanto más pensamos en los bienes espirituales más nos agrada, y más desaparece el tedio que provocaba el conocerlos superficialmente (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 35, a. 1).

 

5155 Tener gran confianza, porque conviene mucho no apocar los deseos, sino creer de Dios, que si nos esforzamos poco a poco, aunque no sea enseguida, podremos llegar con su favor a lo mismo que muchos santos (SANTA TERESA, Vida, 13, 2).

 

5156 Me duele ver el peligro de tibieza en que te encuentras cuando no te veo ir seriamente a la perfección dentro de tu estado.

-Di conmigo: ¡no quiero tibieza!: «confige timore tuo carnes meas!» -¡dadme, Dios mío, un temor filial, que me haga reaccionar! (J. ESCRIvÁ DE BALAGUER, Camino, n. 326).

 

5157 Que siempre vuestros pensamientos sean animosos, que de aquí vendrá el que el Señor OS dé gracias para que lo sean las obras (SANTA TERESA, Meditaciones sobre los cantares, 2, 19).

 

5158 Cristo es fuente de vida: acércate, bebe y vive; es luz: acércate, ilumínate y ve. Sin su influjo estarás seco y ciego (SAN AGUSTíN, Sermón 284).

 

El amor a la Virgen, remedio contra la tibieza

 

5159 El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 492).